viernes, 30 de septiembre de 2022

Programa doble: Mira como corren - La casa torcida

 



Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Mira como corren – La casa torcida


Aparte de hacer el mejor Shakespeare, de pulir el musical hasta que reluzca como el oro, beber como si no fuera a haber un mañana, los ingleses son imbatibles en escenificar misterios de Agatha Christie o alla Agatha Christie.


Crooked House (2017), dirigida por Gilles Paquet-Brenner, se basa en una novela de la Christie, adaptada por el siempre atendible Julian Fellowes, sí, sí,  el creador de Downton Abbey. Como fuera sancionado por la ahora inaugural de esta tradición de adaptaciones cinematográficas Christie, Crimen en el Expreso de Oriente, la de 1974, la de Sidney Lumet, no la que hizo Kenneth Branagh en el 17 para competir con la House esta de la que hablamos ahora, el multitudinario elenco que cubre la sinuosa trama debe estar integrado por figuras de renombre.


Sophia Leonides (Stefanie Martini), la nieta de un magnate anglo-griego, un tal Aristide Leonides (Gino Picciano), busca la ayuda del joven detective Charles Hayward (Max Irons)  para que investigue la sospechosa muerte de su abuelo. Sophia y Charles se conocieron no hace mucho en El Cairo y tuvieron un breve romance. Charles acepta el caso con renuencia y pide el aval del Inspector en Jefe de Scotland Yard, Taverner (Terence Stamp), amigo del difunto padre de Charles, un comisario de merecida fama. Se ve que esto de investigar secretos delictuales viene de familia.


Charles se dirige a la casa solariega del supuestamente asesinado magnate para entrevistar a la larga lista de sospechosos, que incluye en la vanguardia a la hermana de su primera mujer, Lady Edith de Haviland (Glenn Close), dama de rancia alcurnia y de armas tomar. Y como la cosa pudo ser un parricidio, los hijos adquieren su relevancia. Aristide tuvo dos hijos con aquella primera esposa, el mayor Philip (Julian Sands), un novelista que nadie lee, casado con Magda (Gillian Anderson) una actriz de escaso éxito. Philip está resentido porque papá Aristide lo pasó por alto y entregó el control de las empresas a su hermano menor Roger (Christian McKay), casado con Clemency (Amanda Abbington), una bióloga que sabe todo, pero absolutamente todo sobre venenos. Roger no es precisamente una luz para los negocios y necesitaba que Aristide lo rescatara asiduamente de sus malas decisiones comerciales. Por su parte Philip y Magda le dieron a Aristide tres nietos, que no están excluidos en las sospechas: Sophia, la mayor, la que nos introdujo en la historia, Eustace (Preston Nyman), un adolescente que adolece a lo pavote, y Josephine (Honor Kneafsey) , una avispadísima niña de 12 años que espía a todos y anota lo que observa en un cuaderno. Para complicar más el panorama, Aristide, en un viaje de negocios a Las Vegas, conoció a su segunda esposa, la joven Brenda (Christina Hendricks), una excorista a la que los demás integrantes de la familia acusan, como mínimo, de arribista y de engañar al viejo patriarca con Laurence Brown (John Heffernan), un tutor contratado para instruir a los nietos de Aristide. Hay también una vieja Nana (Jenny Galloway)  a la que la avispada Josephine cuestiona su autoridad.


Por supuesto, como en todo misterio de la Christie habrá inesperadas vueltas de tuerca y un sorprendente final a toda orquesta.


Mira como corren o See How They Run (2022) en el original, film dirigido por Tom George y escrito por Mark Chappell no le va a la zaga a la Casa Torcida en esto de vueltas de tuerca y finales que dejan la boca abierta.


En 1953 la noche en que el elenco de La ratonera (The Mousetrap) la exitosa pieza de Agatha Christie festeja la función número 100, el manolarga y mujeriego director hollywoodense Leo Köpernick (Adrien Brody) es asesinado. El productor John Wolf lo había llamado para que se ocupara de la versión cinematográfica de la pieza. Todos los presentes en la fiesta son sospechosos. Incluido el productor nombrado, la empresaria teatral Petula Spencer (Ruth Wilson), su madre (Ania Marson) de apetito voraz como La nona de Tito Cossa, la esposa de Wolf, Edana Rommey (Sian Clifford), la secretaria de Wolf, que es también su amante secreta, Ann Saville (Pippa Bennett-Warner), el divo teatral (más tarde también gran estrella de cine y eventualmente director) Richard Attenborough (Harris Dickinson), su esposa, la actriz Sheila Sim (Pearl Chanda), el dramaturgo Mervyn Cocker-Norris (David Oyelowo) que iba a ocuparse del guión adaptado de la obra, su “sobrino” el temperamental Gio (Jacob Fortune-Lloyd) (lo de sobrino es un eufemismo de época que disimulaba que eran pareja), y el acomodador Dennis (Charlie Cooper). El caso será investigado por el Inspector de Scotland Yard, Stoppard (Sam Rockwell) que a instancias del Comisionado Harrold Scott (Tim Key) será secundado por la inexperta agente Stalker (Saoirse Ronan) para que haga trabajo de campo ya que se apresta a rendir examen para sargento. En algún momento de la trama, todos terminarán en casa de Agatha Christie (Shirley Henderson) donde serán recibidos a regañadientes por el mayordomo Fellowes (Paul Chahidi) y más amablemente por el esposo de Christie, el arqueólogo Max Mallowan (Lucian Msamati).


Mira como corren se anima al metalenguaje (la víctima, Leo Köpernick le hablará al espectador como Joe Gillis el personaje de William Holden en la obra maestra de Billy Wilder, Sunset Boulevard (1950) y en algún momento el mismo Leo detallará un storyboard que se hará verdad cerca del final), dialoga con datos de la realidad, (Attenborough estuvo en el elenco que estrenó La ratonera, el caso descripto en esta obra sucedió, los asesinatos del 10 Rillington Place por desgracia ocurrieron, etc.) hace referencias a gente famosa (hay personajes con apellidos de dramaturgos renombrados, Stoppard, Priestley, Fellowes), y remite intrínsecamente a la trama de La ratonera. También hay chistes internos, Richard Attenborough, que fue toda una estrella a lo largo de su carrera, aunque más recordado por el último tramo de la misma como el director de Gandhi (1982) y por corporizar a Hammond en la celebérrima Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993) es aquí representado por un actor alto (1,88) cuando en la vida real fue un divo atormentado por su baja estatura (1,69). Y se le da el apellido del creador de Downton Abbey, Fellowes, al mayordomo de la Christie. (No comments, please) Pero todos estos datos no son sino fuegos de artificio que pueden no interesarle al espectador común y que no empañarán para nada el hecho de que pasará todo la duración de la película con una sonrisa en los labios o riendo a mandíbula batiente.


Y ya que mencionamos a Fellowes, volvamos a la Casa torcida. Fellowes por haberle escrito a su amiga y musa, Maggie Smith, líneas inolvidables en Downton Abbey quedó signado como un escritor de réplicas viperinas para jugosos personajes femeninos. Da cuenta de esto en Crooked House, todas las señoras, pero en especial los personajes de Glenn Close y de Gillian Anderson desgranan maldades con una elegancia suprema. Hay también buenas líneas en See how they run, pero mientras esta última es una comedia hecha y derecha, Crooked House es un misterio serio, clásico y puro, sin mucho humor, aunque con algunos toques de sarcasmo. Y si de hacer reír se trata, Mira como corren tiene un par de ases matadores, Sam Rockwell y Saoirse Ronan. Tienen una química sexual perfecta y se complementan actoralmente como Jack Lemmon y Walter Matthau. Ella está hilarante con su agente que toma todo al pie de la letra y él que se espeja en los trabajos de Peter Sellers y Charles Chaplin está, lisa y llanamente, a la altura de los maestros homenajeados. Su Stoppard es delicia pura.


Crooked House anda por el cable, el streaming, el éter. Mira como corren gira en este preciso momento por las salas de cine. Ambas garantizan entretenimiento y diversión. Algo nada desdeñable en estos tiempos aciagos.

Gustavo Monteros

viernes, 23 de septiembre de 2022

Programa doble: Felicitaciones por la boda - Temporada de bodas



 

Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Felicitaciones por la boda – Temporada de bodas

 

En Felicitaciones por la boda (Badhaai Do en el original, con dirección de Harshavardhan Kulkarni, 2022) Sumi (Bhumi Pednekar) y Shardul (Rajkummar Rao) viven en la India contemporánea y están en serios problemas. Tienen treinta años, no están casados y, horror de los horrores, son gay. Él, Shardul, es oficial de policía. Ella, Sumi, es profesora de educación física. Para aliviar la presión de sendas familias contraen un matrimonio de conveniencia, puertas afuera son marido y mujer, puertas adentro son apenas compañeros de piso, en el que pueden albergar compañerxs ocasionales o permanentes. Pero el entorno familiar es insaciable, como pasado el año de casamiento no hay descendencia en camino, la multitud de parientes decide intervenir, entonces...

 

En Temporada de bodas (Wedding season en el original, con dirección de Tom Dey, 2022) Asha (Pallavi Sharda) y Ravi (Suraj Sharma) viven en la Nueva York contemporánea y están en serios problemas. Tienen treinta años, no están casados y horror de los horrores, si bien son heterosexuales están más preocupados por la realización personal y profesional que en el matrimonio. Para aliviar la presión de sendas familias, fingirán ser novios camino de comprometerse en la temporada de bodas que se avecina. Mentira va, mentira viene, el amor nace y se enseñorea, pero hay mentiras inaceptables, entonces...

 

Creo que no es necesario acentuar el factor común que enlaza a estas dos películas. Pero nos detendremos en señalar que ambos filmes muestran una sociedad heteronormativa, cerrada en sus tradiciones, con la sola aceptación del  tipo de familia tradicional y muy participativa en los modos de vida comunitarios. Lo que se ha hecho siempre debe seguir haciéndose, sin cambio posible, sufra quien sufra. La pertenencia a una tradición férrea y las seguridades que otorga esa pertenencia lo son todo. Primero la casta con todo lo que implica y trae aparejado, por último el individuo y sus necesidades. No hay tregua, arreglo, componenda, compromiso de ningún tipo.

 

Felicitaciones por la boda expone su conflicto de frente y sin vueltas en tono de comedia dramática. Y si se le aceptan algunos exabruptos que más tienen que ver con el modo en que se concibe localmente la comedia, es eficaz y muy elocuente. Viene claro con una agenda. Cuando es oportuno, no duda en ponerse pedagógica. Subraya que el prejuicio a la homosexualidad es pura ignorancia y que el temor que engendra esa ignorancia conduce a la estupidez redoblante más temprano que tarde.

 

Si bien Temporada de bodas ataca el mismo mal (la apabullante intromisión familiar que asfixia todo atisbo de libertad) es más convencional en su desarrollo y exhibe en su desenlace una buena cantidad de lugares comunes que intentan hacer pasar axiomas pedestres de la autoayuda como profundas rigurosidades filosóficas. Si se los pasa por alto con indulgencia se puede apreciar que es una comedia fluida, colorida, más cercana a los cuentos de hadas que a Moliere.

 

Cortedades o exabruptos al margen, son dos películas que se ven con facilidad y agrado y deparan más de una sonrisa ante estupideces que pueden y deben corregirse. Al menos, planteadas así las cosas, los finales felices son posibles.

Ambas películas pueden verse en Netflix.

 Gustavo Monteros

viernes, 16 de septiembre de 2022

Programa doble: El cordero enardecido - El viejo fusil



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: El cordero enardecido – El viejo fusil

 

En El cordero enardecido (Le mouton enragé, Michel Deville, 1974) dos hechos sin importancia se unen. A Claude Fabre (Jean-Pierre Cassel), profesor universitario, le acaban de rechazar otro manuscrito con una novela y a Nicolas Mallet (Jean-Louis Trintignant) un oscuro empleado bancario en la hora libre del almuerzo casi ha logrado seducir con una frase feliz a Marie-Paule (Jane Birkin) que puede o no ser una prostituta. Claude, ante estos dos hechos, decide no escribir otra novela, sino “vivirla”. De ahora en más guiará a Nicolas para que seduzca mujeres y a través de ellas consiga dinero y una mejor posición social. Nicolas seguirá por su cuenta con la seducción a Marie-Paul y por designio de Claude conquistará a la esposa de un colega universitario, Roberte (Romy Schneider). El éxito será imparable y Nicolas hasta dejará su trabajo en el banco. Pero toda acción tiene su consecuencia, claro y entonces…

 

En El viejo fusil (Le vieux fusil, Robert Enrico, 1975) estamos en los estertores de la dominación nazi en Francia. En una apacible vecindad agrícola, uno de los doctores del lugar, Julien Dandieu (Philippe Noiret), un hombre que es la imagen de la felicidad, ante el temor de que las últimas escaramuzas sean las más cruentas envía a su esposa Clara (Romy Schneider) y a su hija Florence (Catherine Delaporte) a una granja perdida en un lugar más agreste con la esperanza de que allí no pase gran cosa. Pero en la guerra nadie está a salvo, entonces…

 

El cordero enardecido es una sátira social en ropajes de comedia negra que no ha perdido mordacidad. Puede que algunas circunstancias (la violencia hacia las mujeres, el ciego prejuicio homofóbico) hayan cambiado un poco, pero por desgracia las mañas burguesas, la lógica de relaciones de pareja, la facilidad con que toda relación se equipara a la dinámica de amo-esclavo, patrón-sirviente o dominador-dominado siguen incólumes. El hombre ha avanzado en muchos aspectos, quizá hasta haya mejorado, pero en cuestiones básicas, atávicas, de fondo, no sé, quien sabe, quizá siga igual. Es una película que se enriquece y se profundiza cada vez que vuelve a vérsela. Es ideal para ver con amigos recalcitrantes y hacerles después preguntas punzantes.

 

El viejo fusil, aunque transcurra en la Segunda Guerra, es un western. Sus tópicos más determinantes están presentes: el hecho de sangre que clama venganza, el hombre pacífico que despierta y es una tromba letal, el destino cruel que no borra el pasado feliz, el apoyo constante y final de la amistad, la paz conquistada a balazos. Dos citas literarias me vienen a la cabeza respecto de este film, al principio entronca con el mito mesopotámico de la Cita en Samarra y al final es una revalorización de Death, be not proud.

 

Estas películas tienen envolventes participaciones secundarias con ínfulas de protagonismo de Romy Schneider, que en las dos hace gala, como en todas las que hizo en los setenta, de una sensualidad pecaminosamente arrolladora. La pobre luchaba denodadamente por sacarse de encima la pureza y los remilgos del personaje que la hizo famosa, la Sissi, carita de muñeca, que llegó a emperatriz, a pesar de, o más bien, gracias a austríacos mohines y melindres.

Gustavo Monteros

viernes, 9 de septiembre de 2022

Programa doble: El libro del amor - Best Sellers






Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: El libro del amor – Best Sellers

En Book of Love (El libro del amor, Analeine Cal y Mayor, 2022) a Henry Copper (Sam Claflin) la suerte solo le alcanzó para que le publicaran su libro. Una pena que el libro revelara que no es un autor con muchas cosas para decir ni con los recursos imprescindibles para comunicarlas. El libro no se vende y acumula polvo en los estantes y una crítica peor que la otra en los medios. Curiosamente en México donde fue traducido por una tal María Rodríguez (Verónica Echegui) el libro se vende y gusta mucho. La firma editorial, ni lerda ni perezosa, manda a Henry a México a una gira promocional para asegurar el éxito y ver si se puede después remontar el fracaso en el Reino Unido. En la gira no tarda en salir a la luz que la tal María hizo algo más que traducir el libro, prácticamente lo reescribió, por eso atrapa y encanta, entonces…

 

En Best Sellers (Lina Roessler, 2021) a Lucy Stanbridge (Audrey Plaza) la suerte le alcanzó solo para hacerse cargo de la firma editorial de la familia. Una pena que no la acompañara en las primeras decisiones sobre los libros a publicar y los autores a promover y que hoy firma y ella estén al borde de la bancarrota. En busca de una salida posible repasa la nómina de autores publicados y descubre que el mítico autor de un solo libro hasta la fecha, Harris Shaw (Michael Caine) recibió hace una punta de años el adelanto por un libro que jamás entregó. Va a cobrárselo justo cuando un huraño y alicaído de salud Harris acaba de terminar uno. A regañadientes Harris acepta que se lo publique y sin ningún espíritu colaborativo accede a una gira promocional con Lucy. El anciano gruñón por sus actitudes iconoclastas se convierte en la nueva estrella punk de las redes sociales, pero no vende un libro. Entonces…

 

Book of Love y Best Sellers son películas de género dirigidas por mujeres y ambientadas en el mundo editorial. Book of Love es una comedia romántica y Best Sellers es una buddy movie (o sea una protagonizada por dos personajes con poco o nada en común que deben llegar a un objetivo mancomunado). Book of Love se apega demasiado a la fórmula y no aprovecha la excelente situación inicial, la de que una traductora traicione por todo lo alto su cometido y reescriba un libro. La película deja de lado muy pronto esta original premisa y se pone a abonar el romance. Best Sellers, en cambio, patea la fórmula y nos sorprende paso a paso. Todos sabemos que sus personajes deben terminar congeniando, comprendiéndose, respetándose y queriéndose, pero cuando creemos que tal o cual cosa va a suceder, no pasa del modo que prevemos sino de otro que nos intriga. Hay algo agridulce en la decrepitud del personaje de Michael Caine, nos recuerda la frase que dijo la actriz Nora Cárpena ante la muerte del colega Rodolfo Bebán: “Somos una generación en retirada”. Caine es un sobreviviente de la generación que triunfó en los sesenta y nos guste o no, está en retirada. Cada nuevo trabajo suyo nos acerca a la despedida profesional o definitiva. Pero a no llorar de antemano, el futuro es hoy qué joder.

Gustavo Monteros

Book of Love puede verse en Prime Video y Best Sellers en Movistar+


viernes, 26 de agosto de 2022

Programa doble: El deseo en mí - Wild Rose, sigue tu propia canción



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: El deseo en mí – Wild Rose, sigue tu propia canción

 

En El deseo en mí (Bo we mnie jest seks en el original, Autumn Girl en su título en inglés, dirección de Katarzyna Klimkiewicz, 2021), la actriz y cantante polaca, Kalina Jedrusic (Maria Debksa) anda por la vida guiada primordial y exclusivamente por su sensualidad. Tiene si no un matrimonio abierto con Stanislaw (Leszek Lichota), uno con menos restricciones que el del resto de los mortales, lo que permite que incluya un vínculo estrecho con un cantante de moda, Lucek (Krzysztof Zalewski). Kalina, considerada la Marilyn Monroe polaca, es un sex-symbol que brilla fulgurante sobre todo en la televisión, hasta que se cruza con el nuevo director de la emisora, Ryszard (Bartlomiej Kotschedoff) que se aprovecha de quejas sobre exhibición obscena (un escote pronunciado con un crucifijo, imperdonable para parte de la sociedad mojigata de la Polonia de principios de los sesenta) y la destierra de ese medio. Entonces…

 

En Wild Rose (o Wild Rose, sigue tu propia canción según título de Argentina, Tom Harper, 2018) la joven escocesa Rose-Lynn (Jessie Buckley) ha venido viviendo a los tumbos, con la única contención de su madre, Marion (Julie Walters). Anda por la veintena pero ya carga dos hijos, un pasado de drogadicta y una estadía en la cárcel. Y a pesar de que Glasgow es un lugar poco propicio para la música que le gusta (el country estadounidense), desde los catorce canta canciones de esa corriente con singular talento. Su ambición es visitar y cantar en la Meca del country o sea Nashville, Tennessee. Recién salida de la cárcel va a trabajar de sirvienta a casa de la rica e influyente Susannah (Sophie Okonedo) que puede ayudarla a cruzar el Atlántico, pero a la que nuestra Rose le oculta, al principio casi de casualidad, después a propósito, su presente maternal y su pasado de errores. Entonces…

 

Estas son dos películas protagonizadas por mujeres que cantan para vivir (y a veces sobrevivir) a las que el entorno busca doblegar. A Kalina para que se amolde a una sociedad reprimida y agobiante, a Rose para que deje de ser un torbellino de irresponsabilidades y se haga cargo de lo que sus elecciones de vida le han deparado. Podríamos decir, sin caer en spoilers que Kalina se sale con la suya, pero que Rose es doblegada (no hay spoiler, insisto, porque lo que importa es lo que no cuento o sea el cómo).

 

Los que tendemos a vivir más por la razón nos cuesta aceptar y entender a los que como Kalina viven según la sensualidad, la intuición, la sensación. Los sensuales siempre nos parecen individualistas, arrogantes, narcisistas. No siempre lo son, pero así nos parecen. Y aunque no es mi caso, comprendo que muchos como la madre de Rose consideren que los que viven a los tumbos son unos irresponsables autodestructivos incapaces de asentarse o echar raíces. Como hay hijos de por medio, uno tiende a darle la razón a la mamá de Rose, aunque hay mucha belleza en vivir como si no hubiera un mañana y fuéramos a quedarnos por siempre jóvenes. No todo es blanco o negro. Y nunca sabremos cómo debe haber sido vivir de otro modo al que nos tocó o elegimos vivir, sin embargo para eso están las películas, para darnos una idea y no andar levantando tanto el dedo como si la única verdad nos perteneciera.

Gustavo Monteros

El deseo en mí puede verse en Netflix y Wild Rose en Prime Video 

viernes, 19 de agosto de 2022

Programa doble: Combate en la isla - Con gusto a rabia


 

Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Combate en la isla - Con gusto a rabia

En Le combat dans l'île (Combate en la isla, Alain Cavalier, 1962) Anne (Romy Schneider) no anda haciendo buenas elecciones de vida. Dejó una promisoria carrera de actriz teatral para centrar toda su atención en Clément (Jean-Louis Trintignant) el que, si mis tenues nociones psicoanalíticas no me fallan, es un psicópata de aquellos. Y cuando no le pega ni tortura a Anne, canaliza su violencia entrenando en la célula terrorista de ultraderecha a la que pertenece con orgullo. Clément, que no tiene nada de clemente, participa en un atentado que tiene curiosas consecuencias. Debe por ello alejarse de una brumosa París en blanco y negro y refugiarse en el campo. Anne se empeña en acompañarlo, es una chica muy abnegada para decirlo con amabilidad. Los acoge un amigo de Clément, Paul (Henri Serre) que nada sabe de las oscuras conexiones políticas de Clément, y cuando se entera, lo echa. A Clément no le queda otra que salir del país y recala en, adivinen dónde, sí, en la Argentina, no comments, please. Anne se queda unos días más en el campo y así llega a conocer mejor a Paul, que es más bueno que Lassie atada and, of course, se enamora de él. Paul la impulsa a volver al teatro, donde triunfa en una obra escrita por la esposa muerta de Paul. Y cuando están por comer perdices, cha, cha, cha, chán, aparece el loquito de Clément, más inclemente que nunca, entonces…

 

En Con gusto a rabia (Fernando Ayala, 1965) Ana (Mirtha Legrand) es una alta burguesa sin ninguna otra ocupación que gastar la plata de un marido ricachón al que no quiere mucho, o sea Ramón, al que hace Jorge Barreiro. De puro aburrida se enreda con Diego (Alfredo Alcón) un provinciano venido a menos que compensa frustraciones participando en las andanzas de una célula extremista de ultraderecha de afiliación nazi-fascista. Diego, en realidad, es novio de Teresa (Marcela López Rey), pero Ana no anda como para fijarse en lealtades, además Diego como que lo hace Alcón, no solo es de buen ver sino que es muy complejo (para decirlo con amabilidad) lo que lo hace más atractivo. El tortuoso Diego alterna tardes apasionadas con Ana con robos a mano armada a hospitales, raides a festivales judíos y trifulcas con manifestantes gremiales. Después de un asalto de consecuencias trágicas, debe huir con Ana al campo que perteneció a la familia hasta que fue absorbido por deudas a los bienes de Ramón. Entonces…

 

Estas dos películas, además de contar con dos protagonistas femeninas con el nombre de Ana, exhiben en la trama lateral grupos extremistas de derechas filonazis. El clímax de la película argentina se inspira en el Asalto al Policlínico Bancario. Recurro a Wikipedia y cito: “El asalto al Policlínico Bancario sucedió en Buenos Aires, Argentina el 29 de agosto de 1963. Una banda mató a dos empleados, causó heridas a otros tres y huyó con un importe que equivalía aproximadamente a 100 000 dólares estadounidenses. Parte del dinero obtenido financió actividades del Movimiento Nacionalista Tacuara, la primera guerrilla urbana de Argentina, a la que pertenecían los promotores del grupo. (…) El hecho, que causó gran conmoción en el país por la violencia y precisión con la que fue ejecutado, fue atribuido por la policía a delincuentes comunes y se estimó esclarecido; sin embargo, meses más tarde la información proveniente de la Sureté, la repartición policial francesa de que billetes provenientes del robo habían sido gastados por argentinos en un cabaret de París hizo que se reabriera la investigación y permitió individualizar a sus verdaderos autores. (…) Casi todos los participantes fueron detenidos y enjuiciados, otros permanecieron prófugos y algunos estuvieron incorporados más adelante en otras organizaciones guerrilleras.” Respecto al Grupo Tacuara, dice Wikipedia: “El grupo Tacuara fue una organización que nació formalmente en Argentina a fines de 1957, con el nombre de «Grupo Tacuara de la Juventud Nacionalista» creada por jóvenes simpatizantes del franquismo y del nacionalismo católico que en su mayoría habían militado en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES). Tenía como antecedentes tanto en el aspecto ideológico como en su aceptación de métodos violentos de acción, a la Liga Patriótica que actuó en el país en la década de 1930 y a la Alianza Restauradora Nacionalista que tenía actividad desde comienzos de la década de 1940.” Por lo expuesto, se deduce también que a estas películas las une una evidente conexión Argentina-Francia en simpatías por ideologías filonazis extremas.

 

Como puede verse en los sesenta no solo se cocían las habas de la revolución sexual y el impulso de los movimientos feministas y de derechos civiles, sino también las de movimientos de derecha y ultraderecha que provocarían cruentos golpes de estado genocidas y de sometimiento económico a las grandes potencias que derivarían en pobreza, impedimento de crecimiento industrial y científico. Como quien dice, dar un paso para retroceder dos.

Gustavo Monteros

viernes, 12 de agosto de 2022

Programa doble: Todo en todas partes al mismo tiempo - El peso del talento



 

Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Todo en todas partes al mismo tiempo – El peso del talento

En Everything Everywhere All at Once (Dan Kwan, Daniel Sheinert, 2022) Evelyn Wang (Michelle Yeoh) tiene un día para el olvido que por los motivos equivocados se volverá inolvidable. En la lavandería, que dirige con su marido Waymond (Ke Huy Quan) que anda buscando la manera de pedirle el divorcio, festejarán el Año Nuevo Chico, con familiares, clientes y amigos. Su hija Joy (Stephanie Hsu) quiere que presente a su novia Becky (Tallie Medel) al abuelo Gong (James Hong) no como una amiga sino como lo que es, su pareja, algo a lo que Evelyn se resiste, un poco por negación y otro poco para evitarse explicaciones y reproches. Antes de los festejos nocturnos, ese mismísimo día, Evelyn, Waymond y Gong deben presentar la liquidación anual de impuestos ante una sádica agente, Deirdre Beaubeirdre (Jamie Lee Curtis). En un momento del trámite, un Waymond alternativo le explicará a una más que confundida Evelyn que existen realidades simultáneas en la que ella vive versiones paralelas de su vida, y que por esas cosas del universo, es la única que puede salvar nada menos que al Mundo de la destrucción que pretende una villana maldita que no es sino…

 

En The Unbearable Weight of Massive Talent (Tom Gormican), un Nicolas Cage, narcisista insoportable, que puede o no ser el Nicolas verdadero, pero sí uno bastante cercano al que todos imaginamos o sospechamos que es, está desesperado por obtener el rol en una película en preproducción que finalmente no conseguirá. Su representante Richard (Neil Patrick Harris) le mostrará que su situación económica es desesperada y le pedirá que acepte la oferta de “solo” aparecer en la fiesta de un fanático ricachón, Javi Gutiérrez (Pedro Pascal). Pero lo que Javi se trae bajo el poncho no es fotografiarse con él para lucirse en redes sociales ni arrastrarlo a una orgía, ni sumarlo a una colección de logros, no, lo que pretende es que Nicolas Cage lea un guión que ha escrito con la esperanza de que lo protagonice. Pero la CIA cree que Javi es el responsable del secuestro de la hija de un candidato a presidente del país innominado donde transcurre esta parte de la acción, de ahí que la CIA pretenda usar a Nicolas Cage como Caballo de Troya en la mansión de Javi, pero nada es lo que parece, ni Cage puede salir “actuando” del embrollo, entonces…

 

Estas dos películas se atreven a ser originales sin perder sus ambiciones de obtener la mayor popularidad posible. Algo que han logrado porque el espectador contemporáneo ya está ducho con los mulitiversos, las realidades paralelas, los juegos posmodernos de ficción dentro de una ficción dentro de otra ficción que remite quizá a una realidad que puede ser ¿por qué no? otra ficción. De metalenguajes está lleno el universo actual. Algo muy bueno para descifrar ficciones y algo muy malo para la realidad. Hay personas que van por la vida creyendo que la realidad no es aquello objetivo que es, independientemente de nosotros, sino lo que estas personas creen que es. Sus “subjetividades” se contraponen o anteponen a lo que es, pasa o deviene. ¿Una locura? No, una modernidad vigente. Comenzó con lo político, pero ya se extiende o otros órdenes de la vida. Confiemos que una nueva santa inquisición no esté a la vuelta de la esquina. Cruzo los dedos.

Gustavo Monteros

viernes, 5 de agosto de 2022

Programa doble: La cascada - Refugiado



Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: La cascada - Refugiado

 

En Pu bu (The Falls, La cascada, Mong-Hong Chung, 2021) Xiao Jing (Gingle Wang) parece al principio de la película la típica adolescente en crisis, le hace la vida imposible a su mamá, Lo Pin-wen (Alyssa Chia), la maltrata y destrata todo lo que puede. Pero estamos en Taiwán en plena cuarentena por la COVID y el encierro hace que a mamá la mente le juegue una mala pasada y deba depender de la hija, que se ve en la obligación de madurar a la máxima celeridad posible. La pobre mamá Lo Pin-wen tenía motivos de sobra para que le lloviera el techo: no había terminado de asimilar un divorcio con un conyugue que hasta ya tenía un hijo con la otra antes de separarse, la echaron del trabajo, está acuciada de deudas porque lleva años viviendo más allá de sus posibilidades y siente que la hija la culpa hasta del aire que respira. Pero como no todo es maldad y es posible hallar remedio si uno identifica el problema y puede expresarlo, de a poco irá saliendo. La razón de por qué el film se titula como se titula, le agrega un elemento fantástico al desencadenamiento de la psicosis que la llevó a perder la razón.

 

En Refugiado (Diego Lerman, 2014) Matías (Sebastián Molinaro) espera en vano en un pelotero que su mamá Laura (Julieta Díaz) lo venga a buscar al término de una fiesta de cumpleaños. La mamá de la cumpleañera lo llevará a su casa y al llegar descubrirán a Laura en el piso de la cocina, inconsciente y golpeada, tras una paliza propinada por su pareja Fabián (Agustín Rittano). Laura y Matías empiezan, entonces, un accidentado peregrinaje para apartarse de la violencia incontenida de Fabián. Laura intuye, y todos concordamos, que no habrá una próxima vez en que ella pueda contar el cuento. Si la hay, ella saldrá muerta. Pero los malos amores como los peores hábitos son difíciles de dejar. ¿Podrá?

 

La cascada y Refugiado se centran en dos mujeres desvalidas. Por suerte en ambas historias (más en La cascada, a decir verdad) hay gente buena, generosa, amable, dispuesta a ayudar. La corroboración, aunque sea en la ficción, devuelve la fe en lo humano. Por un rato.

Gustavo Monteros

La cascada y Refugiado pueden verse actualmente en Netflix


viernes, 29 de julio de 2022

Programa doble: Foxtrot - Antonieta



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Foxtrot – Antonieta

 

En Foxtrot (Arturo Ripstein, 1976) cuando la Segunda Guerra Mundial se cierne inminente, Liviu (Peter O’Toole) un conde polaco, con su mujer Julia (Charlotte Rampling) más un sirviente personal, Eusebio (Jorge Luke) se alejan de la guerra y de su pasado retirándose a una isla tropical deshabitada y casi desconocida. En la isla los espera Larsen (Max von Sydow) un exmilitar con conocimientos de ingeniería que se ocupará del armado de las casas cuando lleguen los materiales. Mientras tanto viven en lujosas carpas que despertarían las envidias de un jeque árabe. La llegada de un yate con numerosos no invitados inesperados diezmarán las provisiones y destruirán la fauna del lugar con cacerías a mansalva. Otra vez solos, los cuatro habitantes de la isla tendrán que enfrentar el racionamiento de lo poco que queda para comer, beber y fumar, lo que provocará la disrupción de las categorías sociales de amos y criados. Sin condicionamientos sociales en los que recostarse, más la amenaza de una pronta inanición y con la incertidumbre de un futuro satisfactorio, los cuatro protagonistas se despeñarán en una sinrazón destructiva.

 

En Antonieta (Carlos Saura, 1982) Anna (Hanna Schygulla) una psicóloga francesa investiga las causas del suicidio femenino. Se topa con el caso de Antonieta Rivas Mercado (Isabelle Adjani) una escritora mexicana que se suicidó en Notre Dame en 1931. La investigación la llevará a México donde circunscribirá la vida de Antonieta, la hija de un escultor con estrechos vínculos con la alta burguesía y el poder, a los convulsionados vaivenes políticos de los tiempos en que le tocó devenir.

 

Son películas atípicas en las carreras de estos dos maestros. Si bien no se alejan de las obsesiones temáticas y estéticas que definieron sus mundos creativos, esta vez temas y estilos están como atemperados para un público más masivo. Son también dos coproducciones internacionales con estrellas que no forman parte de su canon actoral habitual. Las unen asimismo los preciosismos de un vestuario deslumbrante y una dirección de arte particularmente bella. Uno querría mudarse a las carpas con todas las comodidades que aparecen en Foxtrot o a las casas solariegas con galerías con arcadas y con patios o jardines frondosos de Antonieta. Adjani y Rampling lucen bellísimas en sus trajes de época y Schygulla nos recuerda cómo era la moda Prêt-à-porter de comienzo de los ochenta (hoy tan de época como las de Adjani y Rampling). En un abrir y cerrar de ojos ya todo es pasado.

Gustavo Monteros

viernes, 22 de julio de 2022

Programa doble: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto - La hija de un soldado nunca llora



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto – La hija de un soldado nunca llora

 

En Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995) a la pobre Gloria (Victoria Abril) no le puede ir peor. Su marido torero está en estado vegetativo tras una corrida fatal. Ella se fue a México a ver si podía reunir un poco de dinero y terminó de prostituta. Una noche en que le practicaba fellatio a unos matones vio como una operación de la DEA salió mal y ahora la persiguen los narcos para que entregue un cuaderno con información sensible con el que se quedó. La deportan a Madrid y se reencuentra con su suegra, Doña Julia (Pilar Bardem) que cuida al torero postrado y paga la hipoteca sobre el departamento dando clases a los chicos del barrio. La señora es una ex republicana, más roja que el gorro frigio, que es su tiempo padeció cárcel y tortura, pero que sabe que la educación saca de aprietos al más desprotegido mejor que el tentador delito. Eduardo (Federico Luppi) es el matón encomendado por la líder de los narcos, Doña Esperanza, para perseguir a Gloria, recuperar el cuaderno y devolverla a México para que la interroguen y la escarmienten. Cosa que se le dificulta a Eduardo porque el hombre anda en problemas nada más ni nada menos que con Dios. Entonces…

 

En La hija de un soldado nunca llora (A Soldier’s Daughter Never Cries, James Ivory, 1998) si bien hay una trama dominante que se despliega a lo largo de toda la película, está estructurada en tres bloques que semejan episodios de una película de mediometrajes independientes. El primero se centra en Billy, un niño de unos 10 años que en París es adoptado por una pareja norteamericana compuesta por un autor de éxito, exmilitar heroico, Bill Willis (Kris Kristofferson) (personaje ficcional que oculta al novelista James Jones, célebre por su De aquí a la eternidad) y su esposa Marcella (Barbara Hershey). El chico también tendrá que adaptarse a su hermana Channe, fusión de los rimbombantes nombres de la chica, Charlotte Anne. El segundo bloque es sobre Francis (Anthony Roth Costanzo) un compañero de escuela de Channe (ahora interpretada por Leelee Sobieski porque los chicos ya están en la preadolescencia). Francis es hijo de madre soltera, la Sra. Fortescue (Jane Birkin) y un precursor (estamos en los cincuenta) de las identidades no binarias y de los géneros líquidos de tan fluidos. Channe tendrá su menarca y Billy, integrado en la escuela y en la familia, verán su realidad disruptiva por la decisión del padre famoso de volver a su Norteamérica natal dado que su salud declina. La tercera y última parte es sobre Bill Willis, cuyo frágil corazón lo está llevando a la muerte. Lo vemos enfrentarla con valor y sabiduría. Tampoco son tiempos fáciles para Marcella que pelea por vivir el día a día sin ceder al duelo que ya la abarca. Channe ha despertado al sexo, lo vive sin prejuicios y es despreciada por los remilgos de una sociedad hipócritamente puritana. Billy niega su pasado y se resiste a leer el diario que su madre le legó para que conozca las razones por las que lo abandonó y no la juzgue con excesiva dureza.

 

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto como algunos platos que gustan al paladar español está muy condimentado. Por momentos son tantos los ingredientes en juego que los sabores se anulan entre sí. Pero así como uno no se queja de que el jamón crudo sea salado, es inútil pretender que lo español no sea saleroso, a sus historias hay que aceptarlas como son. Para platos más sosos o menos exuberantes, hay que recurrir a otras cinematografías.

 

James Ivory y su fiel guionista Ruth Prawer Jhabvala hicieron una carrera de llevar al cine novelas consideradas infilmables y difuminarse hasta fundirse en una manera de contar que los transparentaba, como si las novelas que exponían en pantalla se filmaran solas. Esta novela de Kaylie Jones no es una excepción y ellos hacen su habitual disappearing act. El mérito no es poco, cuánto más astuto el prestidigitador, mejor el truco.

 

Estas dos películas tienen en común títulos que son una oración completa. Poner buenos títulos es todo un arte que no se valora con justicia.

Gustavo Monteros

viernes, 15 de julio de 2022

Programa doble: Sombras en una batalla - La flaqueza del bolchevique



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Sombras en una batalla – La flaqueza del bolchevique


En Sombras en una batalla (Mario Camus, 1993) Ana (Carmen Maura) se esconde a plena luz. Es veterinaria en un pueblito cerca de la frontera de España y Portugal. Está asociada a otro veterinario, Darío (Tito Valverde) con él que se lleva más que bien y que la ayuda a criar a su hija de 13 años, Blanca (Sonia Martín). La casualidad la hace conocer a y relacionarse con José (Joaquim de Almeida) hasta que este revela pertenecer a la organización que mató a su esposo. Porque el secreto de Ana es haber pertenecido a la ETA (para los que no lo sepan, organización terrorista nacionalista vasca) y José anduvo mezclado con los GAL (para los que no lo sepan, agrupaciones parapoliciales financiadas por altos funcionarios del Ministerio del Interior español que practicaron terrorismo de estado contra la ETA) Y ya se sabe, los secretos expuestos desatan consecuencias inesperadas…


En La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003, según novela de Lorenzo Silva) Pablo (Luis Tosar) un ejecutivo treintañero en crisis con sus elecciones de vida se ve envuelto en un accidente de tránsito inconsecuente con Sonsoles (Mar Regueras) que de pura antipatía le inicia una querella. Pablo comienza a hostigarla y así conoce a la hermana menor de Sonsoles, María (María Valverde) una adolescente de 14 años con la que empieza una relación enriquecedora y movilizadora. Pero la obcecación de Sonsoles empuja el asunto a la tragedia.


Estas dos películas tienen bellos títulos evocadores y arman un buen programa doble para un domingo de frío. En mi opinión, el final de Sombras en una batalla es demasiado ecuménico-cristiano y suena falso, pero como siempre donde anda Carmen Maura, su sola presencia eleva el material y evita que se torne desdeñable. La flaqueza del bolchevique juega lícitamente con nuestras advertidas expectativas (¿es María una nueva Lolita?, ¿Pablo es una pedófilo en ciernes?) para desafiarlas y sorprendernos. Tosar es hipnótico como acostumbra y la Valverde no en vano se convirtió después de esta película en una gran estrella.


¿Hay elecciones inevitables? No, es una contradicción de términos. Elegir implica algún grado de libertad. Los condicionamientos son irremediables, uno no elige dónde nacer ni cuándo. Y las elecciones siempre dejan afuera las otras opciones que pudieron llevarnos por otros caminos. ¿Mejores? Quizá, ¡quién sabe! No me lleven el apunte. Son solo elucubraciones de domingo.

Gustavo Monteros

viernes, 8 de julio de 2022

Programa doble: La cita - Mi prima Raquel


Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: La cita – Mi prima Raquel


En The Appointment / La cita (Sidney Lumet, 1969) el abogado Frederico Fendi (Omar Sharif) se cruza en un restaurant con un colega con el que estudió, Renzo (Fausto Tozzi) que le presenta a su novia, Carla (Anouk Aimée), una modelo profesional. Frederico queda prendado de la belleza y del misterio de Carla. Ella se comporta extrañamente, es demasiado dócil, dispersa, blanda. Pasa el tiempo y por un caso que los dos abogados tienen en común, Frederico se entera de que Renzo ha dejado a Carla, porque de buena fuente le han dicho que ella trabaja también como ocasional prostituta de lujo. Más tarde, Carla le pide a Frederico que interceda ante Renzo y lo convenza de que lo que le han dicho es mentira. Renzo se muestra renuente a escucharla. Frederico primero intenta averiguar sin éxito si lo que le han dicho a Renzo es verdad, y después, convenciéndose de que el rumor es falso, se casa con Carla. Pero la duda persiste y se transforma en una obsesión que empañará su mente.


En My Cousin Rachel / Mi prima Raquel (Henry Koster,1952) Philip Ashley (Richard Burton) ha sido criado por Ambrose (John Sutton) que al ver declinar su salud se muda a Florencia para reponerse. Por cartas, Philip se entera de que Ambrose se ha casado con una prima con la que se reencontró en Italia, Rachel (Olivia de Havilland). Luego la correspondencia se vuelve confusa, Ambrose aparentemente en raptos de delirio aduce que Rachel lo está envenenando con unas tisanas que ella le jura son para mejorarlo. Philip decide viajar a Florencia para ver en persona qué está pasando. Llega unos días después de la muerte de Ambrose. El casero le informa que ha muerto de un tumor cerebral, el mismo diagnóstico que le sugirió el abogado de la familia Nicholas Kendall (Ronald Squire). No es que Nicholas fuera vidente, supuso que podría tratarse de la misma enfermedad que mató al padre de Nicholas. Contra las sospechas de Philip, Ambrose no cambió el testamento, le deja todos los bienes a Philip y nada dispone para Rachel, que partió para Roma después del entierro. Philip regresa a Cornwall y un buen día Nicholas le informa que Rachel está en el pueblo de visita. Philip, con la intención de vengarse de la que él cree asesina de su primo, invita a Rachel a pasar unos días en la casa solariega que habita. Pero, claro, Rachel no es ni por asomo la mujer que él se había figurado y se enamora de ella. Primero hace que Nicholas le disponga de una generosa asignación monetaria mensual y después arregla para que le cedan todos los bienes de Ambrose. Él cree que no se despoja de nada porque está convencido de que Rachel se casará con él, pero…


Philip y Frederico son dos hombres profundamente equivocados respecto a sus objetos de amor. Frederico, maníacamente, Philip, neuróticamente, jamás confían en lo que sienten, prefieren dejarse llevar por lo que dicen otros y por lo que suponen erróneamente, porque en el fondo están más enamorados de su idea de amor que de las mujeres por las que se apasionan.

Es que no basta con amar, también hay que saber hacerlo.

Gustavo Monteros