Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Sondheim. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Sondheim. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de febrero de 2024

Querido diario - Hoy: Past Lives - Of an Age


 

¡Bienvenidos a un nuevo año de Crónicas de cine!

Mientras duró el descanso, elegí películas para nuestras secciones habituales de Programa doble, Películas que ya tendría que haber visto o Películas con títulos de una palabra evocadoras de ciudades, países o accidentes geográficos, etc. Pensé también en nuevas secciones: 50 años no es nada (donde repasaría films que este año cumplen 50 años de su estreno, como Chinatown), Reverdeciendo laureles (en la que vería si algunos clásicos sigue vigentes o ya perecieron), El original y la copia (análisis de obras que tuvieron su remake feliz o desafortunada) o Al mal tiempo, feel-good movies (espacio para contrarrestar la deshumanización ya instalada o para celebrar la poca humanidad que nos queda, revitalizando costumbres perdidas, como la solidaridad, la generosidad, la amabilidad) Pero a medida que se acercaba el momento de concretar las ideas y sentarme a escribir, me dominaba un sentimiento de Déjà vu, de ya lo hice antes y mejor quizá, de para qué insistir. ¿Acaso se me habían pasado las ganas de hablar sobre cine? No, me contesté. Solo es hora de variar el ángulo, de correrse de las estructuras practicadas, de abandonar las rigideces a las que obligan las formas elegidas de ejercer este amor por la narración audiovisual. Se me ocurrió entonces intentar uno de los recursos más viejos: el clásico y confesional Diario. Allá vamos.

 

Diario de un cinéfilo desesperado en tiempos de oscuridades político-sociales

 

Las transculturizaciones me pudren. Me asusta que Halloween se instale o que la pérdida de raigambre cultural nos lleve a abrazar Acción de gracias. Pero suprema contradicción (¿a la Maryland?) San Valentín ya no me cae tan mal y San Patricio me seduce mucho. O sea, me perdono con aquello de Si no podés contra ellos, úneteles. Y como todo es compraventa y dado que no tenemos un mango que nos sobre, no intentan campañas agresivas para vendernos flores o bombones (algo complicado en tiempos de olas de calor) y se conforman con alentarnos a que celebremos nuestros San Valentines con cenas afueras que pueden ser con amigos si no tenemos parajes estables, en vías de serlo o palenques donde rascarnos. Eso sí, como siempre están vendiendo streamings varios, nos recuerdan hasta el hartazgo las películas de amor que tenemos disponibles en tal o cual plataforma. Yo, sin ir más lejos, enumeré el año pasado para estas fechas algunas de mis favoritas. ¿Tengo algunas nuevas para agregar a la lista?

 

De las que vi últimamente dos se me hicieron recuerdos recurrentes. Y bien que podrían haber terminado en la sección de Programa doble, porque las dos juegan con (para citar un clásico) Lo que no fue, pero bien pudo haber sido. Ellas son la nominada a dos Óscares 2024 (por Mejor Película Mejor Guion Original) Past Lives, escrita y dirigida por Celine Song con Greta Lee, Teo Yoo y John Magaro en los protagónicos y la no Oscarizada y un poquito más vieja, es del 2022, Of an Age, escrita y dirigida por Goran Stolevski con Thom Green y Elias Anton en los protagónicos.

 

En el comienzo de Past Lives vemos a la futura Nora y a Hae, dos chicos de 10 años en Seul, son compañeros de escuela, se complementan, se apoyan mutuamente y si no es el famoso primer amor, le pasa raspando. Pero la familia de Nora emigra a Canadá y la relación se suspende. Pasan 10 años y Nora que ahora está en Nueva York como dramaturga en ciernes, una noche jugando con su madre con las redes sociales descubre que Hae la anduvo buscando, le responde y se reencuentra por zoom. La relación reverdece, pero ante la imposibilidad de verse a la brevedad en persona, deciden darse un año sin comunicarse. Cuando este lapso haya pasado, unas cuantas cosas habrán pasado y llegado el momento de reencontrarse en persona, algunas cuestiones se han vuelto insalvables.

 

En Of an Age, estamos en el verano de 1999 en Australia, Kol (Elias Anton) un adolescente de 17 años tiene que participar en una competencia de ballroom con Ebony (Hattie Hook) una tarambana fiestera que despierta la tarde del concurso en una playa muy lejana de donde tienen que participar. Ebony le pide a su hermano mayor, Adam (Thom Green) que la pase a buscar. Y así Kol y Adam se conocen. Habrá idas y vueltas, y Adam y Kol pasaran una noche de amor. Pero, siempre hay un pero. Adam al día siguiente se va a estudiar a las antípodas. Se despiden para siempre jamás. Aunque 10 o 12 años más tarde, el casamiento de Ebony volverá a juntarlos. Pero el tiempo transcurrido y el océano de por medio habrán levantado barreras infranqueables, incluso cuando el amor siga tan vivo como en aquella noche fundacional.

 

Estas dos historias juegan con el esquema de Romeo y Julieta. Las circunstancias de las dos familias enfrentadas son sustituidas por elecciones profesionales, ambiciones personales y destiempos desafortunados. Pero lo más corrosivo y con lo que nos identificamos es con la idea de lo que pudo haber sido. Todos tenemos historias inconclusas que pudieron haber tenido derroteros con los que solo podemos fantasear. La vida nos llevó para otros lados, para otros brazos, para otros destinos. Sin embargo, en noches de insomnio o en esperas en los que la mente divaga, nos preguntamos y si…

 

Past Lives y Of an Age son historias conmovedoras que acompañan y se vuelven imperecederas. Y nada expresa su pernicioso sustrato como la letra de esta canción de Stephen Sonheim que canta el personaje Benjamin Stone en Follies

 

The road you didn’t take

 

You're either a poet

Or you're a lover

Or you're the famous

Benjamin Stone

 

You take one road

You try one door

There isn't time for any more

One's life consists of either/or

One has regrets

Which one forgets

And as the years go on

 

The road you didn't take

Hardly comes to mind

Does it?

The door you didn't try

Where could it have led?

 

The choice you didn't make

Never was defined

Was it?

Dreams you didn't dare

Are dead

Were they ever there?

Who said?

I don't remember

I don't remember

At all...

 

The books I'll never read

Wouldn't change a thing

Would they?

The girls I'll never know

I'm too tired for

 

The lives I'll never lead

Couldn't make me sing

Could they?

Could they?

Could they?

 

Chances that you miss

Ignore

Ignorance is bliss—

What's more

You won't remember

You won't remember

At all

Not at all...

 

You yearn for the women

Long for the money

Envy the famous

Benjamin Stones

 

You take your road

The decades fly

The yearnings fade, the longings die

You learn to bid them all goodbye

And oh, the peace

The blessed peace...

At last you come to know

 

The roads you never take

Go through rocky ground

Don't they?

The choices that you make

Aren't all that grim

 

The worlds you never see

Still will be around

Won't they?

The Ben I'll never be

Who remembers him?

El camino que no elegiste

 

O sos un poeta

O sos un amante

O sos el famoso Benjamin Stone

 

 

Tomás un camino

Abrís una puerta

No hay tiempo para nada más

La vida consiste en es esto o aquello

Uno tiene arrepentimientos

De los que se olvida

A medida que pasan los años

 

El camino que no elegiste

Apenas si te lo acordás

¿No?

La puerta que no abriste

¿Dónde te pudo llevar?

 

La elección que no hiciste

Nunca se definió

¿No?

Los sueños a los que no te atreviste

Están muertos

¿Alguna vez existieron?

¿Quién dijo qué?

No me acuerdo

No me acuerdo

Para nada…

 

Los libros que nunca leíste

Nada cambiaron

¿No?

Las chicas que nunca conocerás

Porque estoy cansado para hacerlo

 

Las vidas que no vivirás

No te hubieran hecho cantar

¿No?

¿No?

¿No?

 

A las oportunidades perdidas

Ignóralas

La ignorancia es felicidad

Lo que es más

No te acordarás

No te acordarás

De nada

Absolutamente nada…

 

Añoraste mujeres

Anhelaste dinero

Envidiaste a los famosos

Benjamin Stone

 

Tomás un camino

Las décadas vuelan

Las añoranzas se apagan, los anhelos mueren

Aprendés a despedirte de todo eso

Y, ah, la paz

La paz bendita

Por fin la llegás a conocer

 

Los caminos que nunca elegiste

Van por terreno pedregoso

¿No?

Las elecciones que hiciste

No son todas siniestras

 

Los mundos que nunca verás

Todavía andarán por ahí

¿No?

El Ben que nunca serás

¿quién se acuerda de él?

 

 

Stephen Sondheim

Traducción de quien les habla

 

Gustavo Monteros



jueves, 5 de febrero de 2015

En el bosque



Stephen Sondheim, el compositor y letrista de Broadway, es un genio. No  porque lo diga yo sino por la diamantina contundencia de su producción. Se dice que se requiere una dosis de conocimiento o sofisticación para apreciarlo, puede que eso fuera cierto cuando comenzó, hoy sus innovaciones ya están incorporadas a las resoluciones de la música popular, porque como con todo genio, los compositores que admiraron su trabajo y surgieron después lo hicieron asequible al gran público. Tanto es así que Disney, que no produce nada que no llegue a generar adhesiones millonarias en almas y billetes, se anima a llevar al cine este musical suyo. Se dice también que es un gusto adquirido, que es necesario escucharlo más de una vez para comenzar a degustarlo, dicho así suena trabajoso, pero Patricio Rey y los redonditos de ricota también lo son y eso no impidió que se transformaran en un culto multitudinario. A lo que voy es que no será Palito Ortega, pero tampoco es Schoenberg. No tendrá la fácil y verificable melodía típica del sonido Broadway, pero tampoco se sale de sus obras sin tararear alguna canción. Él es otra cosa. Sus devotos siempre debemos sacarnos de encima primero estas consideraciones, porque más de una vez nos hemos chocado al mencionarlo con un “Ah, Sondheim”, con el que se quiere descalificarlo por raro o demandante.


En 1987, o sea siglos antes de que a algunos productores se les ocurriera la serie, en mi modesta opinión un tanto pedorra, Once upon a time, el dramaturgo James Lapine y nuestro Sondheim estrenaron en Broadway Into the woods. La obra mezclaba algunos personajes de cuentos infantiles clásicos como Caperucita Roja, la Cenicienta, Jack (el de las habichuelas mágicas), Rapunzel, con otros de su propia cosecha tales como el Panadero, su Mujer, la Bruja y el Narrador, quien podría ser también el padre fugitivo del Panadero. La obra fue un éxito arrollador inmediato y conoció una larga temporada inicial, celebrados montajes en grandes capitales teatrales y diversos reestrenos.


Como en toda obra de Sondheim, la música está al servicio de la teatralidad de la trama, que tiene una notable profundidad temática, aunque el seguimiento de la misma sea algo sencillo y muy disfrutable. Como con los imperecederos clásicos setentistas, Tiburón o Cabaret  las ideas surgen de una trama asequible y atrapante, no están impresas en ella, de allí su éxito instantáneo. Y como en los cuentos cuyos personajes toma, las vueltas del argumento por momentos son  oscuras y ostentan hechos de sangre, y el tono es, también por momentos,  reflexivo, asertivo, aleccionador. Y parte de la noción, inserta en la tradición cultural anglosajona, de que el bosque es un lugar misterioso, en el que no se sale nunca de la manera en que se entró, es un lugar de aprendizaje en el que pueden pasar cosas que se salen de lo normal, tales como el sexo irrestricto o el crimen. Todo con mucho humor, gracia inspirada e ingenio envidiable.


Las canciones claves nos dan la pista de cuáles son los ejes de la obra. Children will listen (Los chicos escuchan) testimonia que los deseos, sueños o anhelos de los padres forman o deforman los de los hijos. No one is alone (Nadie está solo) ratifica que toda acción o elección tienen su consecuencia y que muchas veces nuestro egocentrismo nos impide ver que nuestras acciones o elecciones exceden nuestro encierro y tienen repercusiones sociales. Las canciones de Jack y de Caperucita, después de hechos decisivos sobre los que no conviene adelantar mucho, ratifican que crecer es inevitable, y que por más traumático que sea es mejor que vegetar. Agony (Agonía) el vals de los príncipes da cuenta de la necesidad de tener a veces anhelos incumplidos para poder ser con plenitud o poder seguir adelante. La bruja dice por ahí que amar a veces es meter la pata y que no hay disculpas pero tampoco salidas.


La obra es rica de toda riqueza, elijan cualquier personaje, sigan su derrotero y se toparán con unas cuantas revelaciones sobre las conductas humanas, las concepciones sociales o sexuales heredadas y lo divertidamente equivocadas que pueden estar.


Rob Marshall, después de Chicago, es como el señor de los musicales para el cine yanqui. Como se inició también como coreógrafo, yo digo con maldad que se cree Bob Fosse, y por las dudas no se entienda la maldad, agrego: Pobre. Esta vez procuraré ser justo con él. Como fanático de Sondheim que soy, no coincidiré plenamente con nadie que acometa este material. Al único director que no le objetaría decisión alguna hubiera sido Ingmar Bergman, que entendía mucho de bosques, mitos y reveses humanos. Un sueño, claro, porque Bergman que llegó a conocer y admirar la pieza, ni se le cruzó por la cabeza la posibilidad de dirigirla.


Uno de los méritos de Marshall, y no es poca cosa, consiste en reunir elencos maravillosos. Este no es la excepción: Emily Blunt, James Corden, Meryl Streep, Anna Kendrick, Chris Pine, Johnny Depp, Simon Russell Beale, Frances de la Tour, Christine Baranski, Tracey Ullman; los casi debutantes Daniel Huttlestone (Jack) y Lila Crawford (Caperucita); y los jóvenes aunque experimentados Billy Magnussen (el Príncipe de Rapunzel) y Mackenzie Mauzy (Rapunzel) que acceden a medirse con Meryl Streep y gente así.


Mi corazoncito late más por algunos (Blunt, Corden, Kendrick) que por otros, pero la dueña de la velada es , otra vez, Meryl Streep. Meryl vive en el  prodigio, cuando uno cree que ya tocó techo y que comenzará a desandar sus logros, repitiéndolos, revitalizándolos, lo que no estaría mal, porque tiene joyas como para varias coronas, alcanza nuevas alturas y uno se queda pasmado, con la boca abierta y con el alma otra vez de fiesta. De allí que aunque parezca un abuso, una prepotencia, merezca todas y cada una de las nominaciones que ganó por este trabajo. Lo que hace es perfecto y podrían darse clases de cómo actuar en un musical, desmenuzando este casi milagro que ejecuta aquí. Hace que cada inflexión, respiración cuenten. Las intenciones, los subtextos, los matices son infinitos. Sabe que Sondheim es genial y se abalanza con espíritu sibarita para saborear y hacernos partícipes del banquete. 






Puede que no todas las decisiones de Rob Marshall sean las acertadas, pero Stephen Sondheim y Meryl Streep hacen ineludible un paseo En el bosque.