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viernes, 1 de septiembre de 2023

Programa doble - Hoy: Daisy Miller - Nuestros años dorados



 

Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Daisy Miller – Nuestros años dorados

 

Uno de los lugares comunes más repetidos en la historia del cine dice que es muy difícil adaptar al medio audiovisual la narrativa de Henry James. El sitio IMDB registra que, hasta la fecha, entre adaptaciones al cine y la televisión sobre material de Henry James hay ¡159 proyectos! Es hora de replantearse el concepto de la tal dificultad, porque si uno lo repite queda como un auténtico idiota ante el bien informado.

 

La adaptación más recurrente es la de su clásica historia de fantasmas Otra vuelta de tuerca, pero las de sus dramas sentimentales no le van a la zaga. Estas últimas tienen más que ver con su registro de los devaneos de las clases acomodadas, aquella incursión en el terror con los fantasmas fue casi una excepción.

 

Cybill Shepherd, de indiscutible fotogenia, fue una modelo precoz que llegó al cine a los 21 años en The Last Picture Show / La última película bajo dirección de Peter Bogdanovich.  Y dominó el mundo del espectáculo en dos períodos. Entre 1971 y 1980 reinó absoluta en el cine. Sus participaciones podían ser breves o protagónicas, sus filmes tener un éxito apabullante o hundirse en los abismos del fracaso, pero era la cara infaltable de todas las revistas que se dedicaran a la actividad. Y entre 1983 y 1989 con los 66 episodios de Moonlighting junto a Bruce Willis y entre 1995 y 1998 con los 87 episodios de Cybill junto a Christine Baranski y Alicia Witt fue la reina absoluta de la televisión. Antes o después tuvo y tendrá sus altibajos, pero nadie le quitará el sitial de honor que disfrutó. Los nombres de los reyes pueden que se olviden, pero quedan grabados en piedra y siempre resurgen.

 

De su período Bogdanovich es Daisy Miller (Peter Bogdanovich, 1974). Bogdanovich quería que Orson Welles la dirigiera, pero Welles, a pesar de sostener que el guion de Frederic Raphael de tan perfecto se filmaba solo, desistió del convite. Todos coincidían que Cybill era la elegida insoslayable para protagonizar a la joven, rica, pizpireta, locuaz, desafiante Daisy apellidada Miller. Parte de la familia de tal apellido, mamá (Cloris Leachman), hija Daisy, hermano menor Randolph (James McMurtry) (uno de los niños más insoportables de toda la historia del cine mundial), acompañados y protegidos por el mucamo Eugenio (George Morfogen) deambulan por Europa mientras en los Estados Unidos, papá Miller empolla sus billones. Porque los Miller son ricos de toda riqueza. Pero estamos a fines del siglo XIX y no hay millones de dólares que te pongan a salvo de las rígidas convenciones sociales, dictadas y vigiladas por Sra. Walker (Eileen Brennan) y la Sra. Costello (Mildred Natwick) relaciones directas del joven Frederick Winterbourne (Barry Brown) con el que Daisy coquetea. Ese coqueteo entre iguales está permitido, pero Daisy, que no tolera que le digan lo que le conviene, coquetea también con el italiano pobre Sr. Giovanelli (Duilio Del Prete), cosa que no está tan bien vista porque no es relación entre iguales. Que para las normas de la época y de esa clase, Daisy juega con fuego no hay quien lo dude, pero ¿por qué? Por la más obvias de las respuestas, Daisy está poniendo a prueba a Frederick para ver si está a la altura del hombre que ambiciona. ¿Acaso lo está? Vean la película y averígüenlo.

 

En The Golden Bowl (La copa dorada fue la traducción del título de la novela, los imaginativos distribuidores cinematográficos le pusieron Nuestros años dorados, en reminiscencia de Nuestros años felices que vivieron Barbra Streisand y Robert Redford, a estos creativos señores no se les cae una idea y cuando se les cae, queda en el piso, de tan pedestre, no se distingue), retomamos: en The Golden Bowl (Nuestros años dorados, James Ivory, 2000) seguimos en Italia, en la misma época. La venida a menos, Charlotte Stant (Uma Thurman) anda en amoríos con el príncipe Amerigo (Jeremy Northan), cuya única riqueza es el título y un castillo que no puede mantener. Y en esos ámbitos, la pobreza impide al amor, más que las enemistades familiares de Romeo y Julieta, por lo que Charlotte y Amerigo deben separarse. Amerigo se casará a la brevedad en Inglaterra con su prometida Maggie Verver (Kate Beckinsale), hija del billonario Adam Verver (Nick Nolte). Pero hete aquí que Charlotte y Maggie son amigas, y que Adam, viudo él, no es inmune a los encantos de Charlotte, así que no pasa mucho antes de que Adam y Charlotte desanden la marcha nupcial. Padre e hija, o sea Adam y Maggie son muy cercanos y de andar de allá para acá juntos, así que dejan a sus consortes, los examantes Amerigo y Charlotte con mucho tiempo libre y como la ocasión hace al traidor, reanudan su amor ilícito. Adam y Maggie tienen una confianza ciega hacia sus parejas. Ahora bien, puede que la confianza sea ciega, pero ¿es idiota? El guion de The Golden Bowl al contrario del de Daisy Miller no solo no es perfecto, sino que tiene diálogos que de tan explícitos se ponen zonzos. Convengamos que la historia es más compleja que la de Daisy Miller y las corrientes subterráneas que dominan a los personajes son más oscuras e inaprensibles, aunque allí radica el atractivo, ¿hasta dónde los engañados saben lo que no saben y hasta dónde los traidores traicionan o toman solo lo que les corresponde? Cuando estas preguntas tallan, la cosa se pone atrapante, cuando no, hay que combatir el tedio posible con la dirección de arte que llena el ojo con lujos de tan buen gusto que son una fiesta. Otro punto a favor son las damas, Uma Thurman le entrega al personaje una pasión deslumbradora, es sensual, volátil, desenfrenada, temeraria, y Kate Beckinsale nos sugiere una inocencia perturbadora que pasa de la intolerancia a la sabiduría. Las dos están regocijantes e imperdibles. Además, en un breve papel de celestina responsable Anjelica Huston no pasa desapercibida. Los varones mencionados más el ubicuo James Fox como marido de la Huston cumplen, pero la inspiración esta vez es femenina.

 

No hay con qué darle a eso de cuenta lo qué conocés, que te harás universal. Henry James solo habla de su realidad de ricos más que ricos y en vez de espantar o asquear a los pobres más que pobres como yo, nos seduce y nos abarca. La buena literatura tiene esas cosas.

Gustavo Monteros

 

(En un momento el billonario que hace Nick Nolte dice que tiene obreros que trabajan 12 horas por día, sin descanso, los 12 meses y que, para compensarlos, compartirá con ellos la belleza de su colección de arte y abrirá un museo para que la disfruten, todo bien, pero ¿no sería mejor pagarles más y ser menos esclavista en las condiciones de trabajo? Ni se lo ocurre…Cosas de ricos)


viernes, 17 de febrero de 2023

Desafío del mes de San Valentín - Tercera semana

Este Febrero es un mes complicado para mí. Tengo que despejar incógnitas, tomar decisiones, aceptar condicionamientos que no dependen de mí, etc. Pero para no obsesionarme, desarrollar ideas satélites o hacer de mi mente un embudo atascado, me conviene pensar en otras cosas. Y como el cine es una de las pocas cosas que siempre me divirtió, nunca me traicionó y si alguna vez me decepcionó, me recompensó casi de inmediato, me planteé un desafío. Como es el mes de San Valentín, voy a ver si puedo completar una lista de 28 películas de amor que me gusten de verdad.

Sábado 11 de febrero de 2023 


Día 11: Deux (Nosotras, Filippo Meneghetti, 2019)

Madeleine (Martine Chevallier), Madó en la intimidad, es una persona témpano, no porque sea fría como el hielo, en su caso lo contrario, sino porque tiene más por debajo de lo que muestra en la superficie. Es viuda, jubilada con dos hijos en la treintena larga. La hija (Léa Drucker) considera que el padre la tiranizó y que mamá no se separó por privilegiar la familia. El hijo (Jérôme Varanfrain) cree que mamá no quiso a papá lo suficiente y que lo desvaloró. La verdad, como acostumbra, quizá ande por el medio de tanto y tan poco. Madeleine oculta que desde hace más de 20 años está en relación con Nina (Barbara Sukowa) que vive en el otro departamento, el de enfrente al suyo, en el piso que comparten de un viejo y señorial edificio. Planean vender los dos departamentos, comprarse uno en Roma e ir allí a transcurrir los años dorados. Pero Madeleine no se anima a comunicárselo a sus hijos, porque equivale a blanquear la situación. Madeleine sufrirá un derrame cerebral y lo no dicho se revelará de la peor manera. Porque Nina no pasará, así como así, de ser el alma de Madó a la vecina entrometida de tan solícita, nadie, una casi extraña. Entre tanto adulto patético, el nieto de Madó, un chico de 7 años, al ver una foto vieja de un contingente de turistas por Roma deducirá por donde vienen los tiros y como todavía no está contaminado por prejuicios ni religiosidades, aceptará que el amor es amor y que todo lo demás no importa.

 

Domingo 12 de febrero de 2023


Día 12: The Remains of the Day (Lo que queda del día, James Ivory, 1993)

Esta es una tragedia sobre la impotencia, no la que se cura con té de yuyos, un dedo artero donde no da nunca la luz del sol o con la célebre pastilla azul, sino la peor, la más difícil, la que viene de la voluntad, del corazón, del espíritu. El mayordomo Stevens (Anthony Hopkins) ama a y es amado por la señorita Kenton (Emma Thompson), el ama de llaves de la mansión solariega en la que trabajan. ¿Por qué entonces llegado aquel momento de arrebatadora intimidad Stevens no puede cruzar el límite y dar el beso que le arde en el cuerpo? Sí, sí, las rigideces del espacio-tiempo en el que se desenvuelven le dan la excusa perfecta. Está bien, está bien, en los fines de los años treinta, en un palacete inglés, en los rangos de la servidumbre, el amor puede parecer una trasgresión. Tampoco son dos generales en una tienda de campaña, o dos enfermeras en el armario de ropa limpia de un hospital, donde la trasgresión puede ser titánica. Son un hombre y una mujer, el modelo de pareja aceptada en esos tiempos de almidón y pruritos. Sin embargo, cuánto más grande es la trasgresión, más urgente es cruzar el límite. Si es chiquita, se la subestima y no se la reconoce en su dificultad. Y en el fondo, Stevens y Miss Kenton son dos soldados. Inglaterra llegó a ser un imperio y hasta hoy, a pesar de vaivenes y encogimientos, sigue siendo un país (más bien, una nación) fuerte. Y una nación se construye con máscaras, prototipos, mitos. Stevens elige la máscara del sirviente perfecto y desde esa máscara contribuye al engrandecimiento de su nación. Su sentido del deber le impide sacársela aun en la intimidad. Suprema ironía que haya sido el mayordormo perfecto de aristócratas simpatizantes nazis, algo que él supo y no quiso asumir porque el perfecto sirviente no juzga al amo. Y así Stevens se queda solo y le niega a Miss Kenton la posibilidad de ser feliz. El deber a ultranza no hace la felicidad y la miopía política, menos que menos.

 

Lunes 13 de febrero de 2023



Día 13: The French Lieutenant's Woman (La amante del teniente francés, Karel Reisz, 1981).

Vista desde el amor y esos incendios, Sarah Woodruff (Meryl Streep) es una reverenda hija de puta. Y se salva de ser catalogada como una histérica de campeonato porque la maravillosa novela de John Fowles que la concibe, la erige como una protofeminista. Estamos en la Inglaterra de los 1850, o sea en el período victoriano, Sarah trabaja como dama de compañía de una vieja de mierda y se pone a pensar en su futuro. Para no caer en la servidumbre a secas (por ser dama de compañía / institutriz, se considera una sirvienta glorificada) o en la prostitución, la única salida que le queda es casarse bien, para lo cual no cuenta con los dos requisitos básicos, ser de buena familia y tener contactos. Se inventa entonces una historia trágica, la de haber sido seducida y abandonada por un teniente francés. A la falta de prosapia, la sustituye con una leyenda destinada a atrapar curiosos galanes transgresores, y que de paso le asegura espantar a los timoratos o santurrones. Y la fortifica paseándose por las tardes, embozada de negro, por un malecón golpeado por las olas, con la mirada hacia la costa francesa. Cae en la trampa un paleontólogo, Charles Henry Smithson (Jeremy Irons) que llegó a la región a conocer a sus ricos suegros. Sarah logra obnubilarlo de pasión. Charles ya no se casará con la bella y noble Ernestina (Lynsey Baxter), la que le inicia un juicio por ruptura de compromiso (algo que hace por supervivencia, el escándalo le resta posibilidades de conseguirse otro buen partido). Pero cuando Charles, enamorado y libre, va a buscar a Sarah, descubre que esta se ha ido. Desesperado de amor, contrata detectives para que la busquen. Sarah para no ser encontrada se ha cambiado de nombre, ahora pasa por Mrs Roughwood. Tres años más tarde, le da a conocer su paradero a Charles, está como institutriz de los hijos de un arquitecto progresista en Escocia. Se había fugado para encontrarse a sí misma. Charles la putea en todos los idiomas que conoce y en otros que improvisa, aunque termina por perdonarla. (La trama paralela que inventa Harold Pinter en el guion, para dar cuenta del final alternativo en la novela y de las disquisiciones sociológicas, la de los actores contemporáneos que protagonizan el relato victoriano, tampoco deja bien parada a la contrafigura actual de Sarah). Y si no fuera por el amor perruno que tan bien expresa Jeremy Irons, esta no sería considerada una historia de amor nunca de los jamases. Meryl Streep es justamente idolatrada por un currículum impresionante, pero entre sus primeros logros, yo siempre elijo el de La amante del teniente francés, porque solo una grande pudo habernos vendido como heroína romántica a semejante turra.

 

Martes 14 de febrero de 2023


Día 14: Casablanca (Michael Curtiz, 1942).

¿Es posible resumir el argumento de una película transcribiendo algunos de sus diálogos? Intentémoslo.

Casablanca, Marruecos, 1941

En el bar de Rick

Capitán Renault: ¿Qué diablos te trajo a Casablanca, Rick?

Rick: Mi salud. Vine por las aguas termales.

Capitán Renault: ¿Qué aguas? Si estamos en el desierto.

Rick: Me informaron mal

……………….

En el bar de Rick

Rick (viendo entrar a Ilse y a Victor Laszlo): De todos los bares de mala muerte del mundo, ella tiene que venir al mío.

………………..

En el bar de Rick

Ilse: No estaba segura de que fueras el mismo. Veamos, la última vez que nos vimos…

Rick: Fue en La bella Aurora.

Ilse: Qué lindo que te acuerdes. Pero, claro, fue el día que los alemanes entraron a París.

Rick: No es un día fácil de olvidar.

Ilse: No.

Rick: Recuerdo cada detalle. Los alemanes vestían de gris, vos, de azul.

………………..

En el bar de Rick

Rick: Lo felicito.

Victor Laszlo: ¿Por qué?

Rick: Por su trabajo.

Victor Laszlo: Intento hacerlo bien.

Rick: Nosotros lo intentamos, usted lo logra.

…………………….

En el bar de Rick

Rick: ¿Cree que vale la pena pelear por lo que pelea?

Victor Laszlo: Debería preguntar si vale la pena respirar. Si dejamos de respirar, morimos. Si dejamos de combatir a nuestros enemigos, el mundo morirá.

………………….

En el bar de Rick

Ilsa (llorando): Sos nuestra última esperanza, Rick. Si no nos ayudás, Victor Laszlo morirá en Casablanca.

Rick: ¿Y qué? Yo moriré en Casablanca. Es un buen lugar para hacerlo.

……………………

Victor Laszlo: Sé más de usted de lo que sospecha. Sé, por ejemplo, que está enamorado de una mujer. Y es curioso de los dos estemos enamorados de la misma. Cuando entré a este bar por primera vez, supe que había algo entre usted e Ilsa. Como nadie tiene la culpa, no exijo ninguna explicación. Solo le pido una cosa, ya que no me dará los salvoconductos, salve a mi esposa. Sáquela de Casablanca.

Rick: ¿Tanto la quiere?

Victor Laszlo: Usted me considera solo el líder de una causa. También soy un ser humano. Sí, tanto la quiero.

……………………….

En el aeropuerto

Ilsa: Lo decís para que me vaya.

Rick: Lo digo porque es verdad. Los dos sabemos que le pertenecés a Victor. Sos parte de su trabajo. La parte que no lo hace claudicar. Si el avión despega y no estás con él, te arrepentirás. Tal vez, no hoy ni mañana, pero pronto y por el resto de tu vida.

Ilse: ¿Y nosotros?

Rick: Siempre tendremos París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que volviste a Casablanca. Lo recuperamos anoche.

……………………

En el aeropuerto

Capitán Renault: No solo sos un sentimental, ahora sos también un patriota.

Rick: Parecía el momento para empezar.

Capitán Renault: Te convendría salir de Casablanca por un tiempo. Hay una plaza libre en Brazzaville. Podría ocuparme del pasaje.

Rick: ¿Y mi salvoconducto?

El capitán Renault asiente (…)

Rick: Creo que este es el comienzo de una linda amistad.

………………………

Y NOSOTROS SIEMPRE TENDREMOS CASABLANCA

 

Miércoles 15 de febrero de 2023


 

Día 15: Gone with the wind (Lo que el viento se llevo, Victor Fleming, 1939)

Lo que el viento se llevó es muchas cosas. Un fresco épico de la Guerra de Secesión norteamericana, la visión de la problemática negra de una autora blanca a fines de los años treinta y sobre todo, una formidable historia de amor con una protagonista excepcional. Scarlett O'Hara (Vivien Leigh) más que una heroína romántica, es una heroína a secas. Décadas antes de los principios de autoayuda, ella ya nos formaba con el Mañana será otro día. Y cuando se redondeó el concepto de resiliencia, demostró ser uno de los ejemplos más acabados. A pesar de haber sido criada como una mimada niña rica, no era una frágil muñequita de porcelana, era de armas tomar y a la hora de defender sus caprichos tenía más recursos que almacén de ramos generales. Eso sí, conseguía lo que se proponía sin ninguna consideración ética o moral. Y al final, cuando la horma de su zapato, el hombre de su vida, Rhett Butler (Clark Gable), harto de toda hartura, le cerraba la puerta en la cara con el histórico: Francamente, querida, me importa un bledo, se suponía que debíamos plantearnos si lo recuperaría. Suspenso vano, porque nadie en su sano juicio dudaba de que si así era su voluntad, lograría más temprano que tarde que él volviera a su lado. En lo personal, siempre me he quedado con lo que he dado en llamar "el juramento de los rabanitos". Al final de la primera parte, después de muchas penurias, logra regresar a su heredad, la mansión apenas se mantiene en pie y los campos están arrasados. Muerta de hambre, cae de rodillas y se debate sobre si comer tierra. Mete las manos en la tierra y logra dar con unos rabanitos. Se pone de pie con los rabanitos en la mano y se jura ¡Nunca más! (en mi interpretación desafía a Dios, le jura que ni Él va a volver a ponerla en una situación de vulnerabilidad nunca más) Yo, muchas veces en mi vida, hice el juramento de los rabanitos. No siempre tuve la determinación de cumplir el juramento cabalmente. Es que estar a la altura de Scarlett no es para cualquiera.

 

Jueves 16 de febrero de 2023


 Día 16: Frankie & Johnny.

Si bien Frankie and Johnny (Garry Marshall, 1991) está centrada en la conmovedora historia de amor de Frankie (Michelle Pfeiffer) y Johnny (Al Pacino), la corte de milagros que los rodea en el Apollo Café Grill y adyacencias también nos enamora y aledaños. Porque está cascoteados, boicoteados, negados, resistidos, solos, acompañados, depreciados, valorados, enorgullecidos, embrabecidos, apechugados, amuchados, abúlicos, entusiastas, sorprendidos, elegidos, traicionados, puestos en pie, vencidos, victoriosos, encandilados, despabilados, alertas, somnolientos, esperanzados, muertos de frío, de calor, de hambre, de sed, venidos a menos, a más, con ganas, sin ganas, bellos, feos, regular, bien, mal. Como algunos, como uno, como ninguno. Amados siempre y con ganas de amar más cada vez. Como vos, yo y los de más allá. Como todos, como nadie. Hasta que el amor nos encuentre y la muerte nos separe.

 

Viernes 17 de febrero de 2023

Día 17: Goodbye Mr. Chips (Adiós, Mr. Chips, Herbert Ross, 1969)

Era muy improbable que pasara, pero pasó. Arthur Chipping (Peter O'Toole) era un profesor de Latín (ya en las primeras décadas del siglo XX, importaba poco y nada y junto con su pariente Griego estaban a un tris de desaparecer como insumo pedagógico) que aburría y desagradaba a sus alumnos en partes iguales. Retraído y tímido hasta la exasperación, con solo las imprescindibles argucias sociales, lo evitaban hasta los mosquitos. Salvo a sus colegas del encumbrado colegio donde enseñaba, con su conversión sumía en la somnolencia al mejor predispuesto. Así y todo, deslumbró y sedujo a una estrella del music-hall, Katherine Bridges (Petula Clark). Claro, la conoció en el lugar ideal para que desatara toda su sapiencia y el encanto que se le alborotaba cuando el tema lo apasionaba: ¡en las ruinas de Pompeya! Como fuera, ella supo ver al príncipe y no al sapo. Las vacaciones de verano terminaron y el nuevo año lectivo sorprendió a todos con la llegada de la Sra. Chipping, que no solo alegró la vida del vetusto maestro sino también la del claustro académico y la de los alumnos, que se revolucionaban cuando la farándula teatral caía de visita, porque Katherine había abandonado la vida escénica para ser la esposa más colorida de un opaco profesor. Pero la guerra metió la cola y ella, una auténtica patriota, no se iba a quedar sin entretener a las tropas. Una bomba transformó la felicidad en un recreo. Y a Mr. Chips no le quedaron más que las lágrimas, y asumido el duelo, los recuerdos y los alumnos. Y por increíble que parezca, los alumnos son seres humanos que a veces están a la altura de la circunstancia. A pesar del espinoso Latín, arduamente aprendido, cuando el profesor se jubila, en un homenaje final los alumnos justifican la vida del viejo maestro. Porque como se sabe, nadie que ha aprendido a amar, pasa sin dejar huella.

Gustavo Monteros

viernes, 22 de julio de 2022

Programa doble: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto - La hija de un soldado nunca llora



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto – La hija de un soldado nunca llora

 

En Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995) a la pobre Gloria (Victoria Abril) no le puede ir peor. Su marido torero está en estado vegetativo tras una corrida fatal. Ella se fue a México a ver si podía reunir un poco de dinero y terminó de prostituta. Una noche en que le practicaba fellatio a unos matones vio como una operación de la DEA salió mal y ahora la persiguen los narcos para que entregue un cuaderno con información sensible con el que se quedó. La deportan a Madrid y se reencuentra con su suegra, Doña Julia (Pilar Bardem) que cuida al torero postrado y paga la hipoteca sobre el departamento dando clases a los chicos del barrio. La señora es una ex republicana, más roja que el gorro frigio, que es su tiempo padeció cárcel y tortura, pero que sabe que la educación saca de aprietos al más desprotegido mejor que el tentador delito. Eduardo (Federico Luppi) es el matón encomendado por la líder de los narcos, Doña Esperanza, para perseguir a Gloria, recuperar el cuaderno y devolverla a México para que la interroguen y la escarmienten. Cosa que se le dificulta a Eduardo porque el hombre anda en problemas nada más ni nada menos que con Dios. Entonces…

 

En La hija de un soldado nunca llora (A Soldier’s Daughter Never Cries, James Ivory, 1998) si bien hay una trama dominante que se despliega a lo largo de toda la película, está estructurada en tres bloques que semejan episodios de una película de mediometrajes independientes. El primero se centra en Billy, un niño de unos 10 años que en París es adoptado por una pareja norteamericana compuesta por un autor de éxito, exmilitar heroico, Bill Willis (Kris Kristofferson) (personaje ficcional que oculta al novelista James Jones, célebre por su De aquí a la eternidad) y su esposa Marcella (Barbara Hershey). El chico también tendrá que adaptarse a su hermana Channe, fusión de los rimbombantes nombres de la chica, Charlotte Anne. El segundo bloque es sobre Francis (Anthony Roth Costanzo) un compañero de escuela de Channe (ahora interpretada por Leelee Sobieski porque los chicos ya están en la preadolescencia). Francis es hijo de madre soltera, la Sra. Fortescue (Jane Birkin) y un precursor (estamos en los cincuenta) de las identidades no binarias y de los géneros líquidos de tan fluidos. Channe tendrá su menarca y Billy, integrado en la escuela y en la familia, verán su realidad disruptiva por la decisión del padre famoso de volver a su Norteamérica natal dado que su salud declina. La tercera y última parte es sobre Bill Willis, cuyo frágil corazón lo está llevando a la muerte. Lo vemos enfrentarla con valor y sabiduría. Tampoco son tiempos fáciles para Marcella que pelea por vivir el día a día sin ceder al duelo que ya la abarca. Channe ha despertado al sexo, lo vive sin prejuicios y es despreciada por los remilgos de una sociedad hipócritamente puritana. Billy niega su pasado y se resiste a leer el diario que su madre le legó para que conozca las razones por las que lo abandonó y no la juzgue con excesiva dureza.

 

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto como algunos platos que gustan al paladar español está muy condimentado. Por momentos son tantos los ingredientes en juego que los sabores se anulan entre sí. Pero así como uno no se queja de que el jamón crudo sea salado, es inútil pretender que lo español no sea saleroso, a sus historias hay que aceptarlas como son. Para platos más sosos o menos exuberantes, hay que recurrir a otras cinematografías.

 

James Ivory y su fiel guionista Ruth Prawer Jhabvala hicieron una carrera de llevar al cine novelas consideradas infilmables y difuminarse hasta fundirse en una manera de contar que los transparentaba, como si las novelas que exponían en pantalla se filmaran solas. Esta novela de Kaylie Jones no es una excepción y ellos hacen su habitual disappearing act. El mérito no es poco, cuánto más astuto el prestidigitador, mejor el truco.

 

Estas dos películas tienen en común títulos que son una oración completa. Poner buenos títulos es todo un arte que no se valora con justicia.

Gustavo Monteros

jueves, 28 de junio de 2018

Lo que queda del día

Para descubrir, para rever, una de las grandes películas de la historia del cine, una de las historias de amor más conmovedoras jamás hechas. 

Ahora disponible en Netflix

Gustavo Monteros

jueves, 22 de febrero de 2018

Llámame por tu nombre


Ya que el titulo propone un juego de nombres. Hagamos uno propio y resolvamos todo a partir de nombres.


Timothée Chalemet interpreta a Elio, un joven de 17 años, que en el verano de 1983 en el norte de Italia, descubre lo que es el amor. Esta actuación le viene dando con toda justicia reconocimientos y premios. Sabe expresar y trasmitir todas las dudas, contradicciones, angustias y dichas de su personaje con la intensidad con que los adolescentes viven estas inauguraciones.


Armie Hammer interpreta a Oliver, un joven de 24 años, ex alumno del padre de Oliver, que viene a pasar 6 semanas a su Villa para ayudarlo en clasificar material para su cátedra. Termina por ser el amor de Oliver. Nadie actúa solo (a menos que se trate de un monólogo, claro). Armie Hammer desde su irrupción como los mellizos Winklevoss en Red Social es una figura consolidada y de vasta experiencia. Experiencia que permite realzar el trabajo de Chalemet, quien está soberbio como Elio, pero sin la solidez y la generosidad de Hammer no habría brillado tanto. En las escenas de amor es donde más se nota la contribución de Hammer, no habrían salido tan fluidas sin su entrega. Su actuación puede que no sea tan halagada y postulada a premios como la de Chalamet, pero es igual de notable y no existiría una sin la otra.


Amira Casar y Michael Stuhlbarg interpretan a los padres que todos querríamos tener. El verosímil está muy bien trabajado. Aman lo que hacen, son respetados en sus profesiones, son cultos según todas las definiciones de cultura, no tienen preocupaciones económicas, son queridos por quienes tienen su trato diario, y se los adivina con poquísimas frustraciones, de ahí que no exhiban mezquindades ni remilgos a la hora del amor. Cuando la historia concluye y uno comprende su participación en la misma, renovamos nuestra admiración tanto a los personajes como a la exquisitez de sus actores.


André Aciman es el autor de la novela en que se basa esta historia de amor homosexual. Fue su novela debut y tuvo éxito de crítica y ventas.


James Ivory, sí, el mismísimo director de Lo que queda del día (1993), La mansión Howard (1992), Un amor en Florencia (1985), es el guionista. Como en su última película The city of your final destination (2009), filmada aquí cerca, en Punta Indio, la naturaleza juega un rol importante en la historia. Su guión exhibe la sabiduría de años de oficio, está tan lleno de silencios como de palabras y todas las incertidumbres, las certezas, las revelaciones del descubrimiento del amor se exhiben con envidiable maestría. Cuando se generaliza con que las historias de amor gay son sombrías, lúgubres y de finales desastrosos y se destaca a esta como todo lo contrario, se olvida que Ivory ya contó un amor entre hombres con luminosidad, Maurice (1987)


Sayombhu Mukdeeprom es el director de fotografía. Un tailandés, talentoso como el que más, que con el viejo 35mm, logra una sensualidad y una paleta de colores notables.


Moscazzano, Crema, Bergamo. Pandino, Montodine, Valbondione, Capralba, Corte Palasio, Ricengo, Campagnola Cremasca, Parco Regionale del Serio, Pizzighettone y Sirmione son las locaciones que componen este universo denominado al principio de la película como En algún lugar del norte de Italia. Pocas veces una zona italiana lució tan hermosa.


Bill Paxton, el actor que se fue de gira en las postrimerías de una intervención quirúrgica, es a quien le está dedicada la película. El marido de uno de los productores era representante de Paxton y camino a Cannes, donde presentarían una película, pasaron de visita por la filmación, y Paxton y el director Guadigno que se admiraban mutuamente se hicieron amigos, de ahí la dedicatoria.


Luca Guadagnino es el director de este prodigio de expresividad y belleza. Por aquí lo conocimos con El amante (Io sono l’amore, 2009) y se consigue por ahí su A bigger splash (2015) su obra inmediatamente anterior. Ha logrado con esta una de las historias de amor más bellas del cine. Puede que sea entre dos hombres, pero el amor es universal, y esa inquietud, ese caminar por las nubes, esas ganas de cantar y de andar a los saltos, ese andar fuera de uno, ese mirar de nuevo lo viejo y lo feo y hallarlo hermoso y dorado, bah, esa cosa que se dice amor está aquí presente y cómo.


Gustavo Monteros es quien esto escribe y se permite darles un amistoso consejo. No vean esta película cuando estén cansados, con dolor de cabeza, ganados por las preocupaciones que con asiduidad los obseden, véanla cuando estén más receptivos o predispuestos a dialogar con una película impar. La inmensa mayoría de las películas que vemos le faltan 5 para el peso, son incompletas, flojas o abiertamente malas, esta es una de las pocas buenas de verdad y no conviene desperdiciar la oportunidad de descubrirla acarreando alguna energía dañina.