La Srta. Sloane (Jessica Chastain) hace su trabajo tan bien
que los que la rodean, o trabajan con ella, la resienten y desprecian. Sus
jefes la detestan, porque siempre tienen razón. Nadie la envidia, porque no
tiene vida privada. Aunque se la pasa de evento en evento, y es más conocida
que el Papa, nadie se relaciona con ella.
Es que tiene menos escrúpulos que una garrapata y si
cuadra, vende al padre, al hijo, y te hace una rebaja por el espíritu santo.
Miente a la perfección y manipula sin que se la caiga un remordimiento.
No tiene tiempo para disfrutar de las comidas, por eso come
en un restaurant de comidas ultra rápidas. De coqueteos ni hablar, se las
arregla con un servicio de sexo en hoteles. Sufre de insomnios machazos y los
tranquilizantes son sus amigos más fieles.
Fuera de su círculo de acción, no puede vanagloriarse por
lo bien que hace lo que hace, porque es lobista.
La democracia sigue siendo el modelo o pacto de gobierno
más apreciable. No es perfecta, requiere de ajustes constantes. Sobre todo,
cuando alguno de sus poderes tiende a salirse de cauce o sobrepasar a los
otros.
Cada modelo democrático tiene sus lacras, una de las más
perniciosas del sistema norteamericano es la existencia de los lobbies, la
intermediación a la que recurren las grandes empresas para convencer a los
representantes (diputados, senadores, gobernadores, etc.) de que sus
representados necesitan sus servicios. En el mejor de los casos esa
intermediación es innecesaria y sospechosa, y en el peor es un soborno
encubierto.
Sin embargo, a pesar de la mugre de la profesión, a lo
largo del relato, nuestro corazoncito está siempre con Jessica Chastein.
Entonces una pregunta se impone: ¿por qué simpatizamos con
un personaje tan desagradable? ¿Porque lo hace Jessica Chastain, a la que
aprendimos a querer por películas vistas anteriormente? ¿Porque estamos tan
habituados a adherir a la protagonista que ya no consideremos sus cualidades
morales? ¿Porque de tanto comprar lo que nos venden, suspendemos por completo
la incredulidad, incluso cuando deberíamos discernir con más claridad y sin
tanto apego?
La Srta. Sloane será la protagonista, pero es una persona
horrible, a la que no querríamos ni por asomo en nuestra vida.
El género de la película oscila entre el retrato de un
personaje singularísimo y el melodrama de juicio (Courtroom melodrama es su
nombre técnico en inglés) Porque si bien no transcurre en un juzgado, sino en
una audiencia en el Senado, tiene las vueltas y sorpresas de un melodrama de
juicio.
Por supuesto hay una lógica maniquea para que la Srta.
Sloane goce de nuestra simpatía. Al principio de la película, ella está en una
empresa inescrupulosa, que está por aceptar ser promotora del uso
indiscriminado de armas. Sloane se pasa a una empresa contraria que atiende a
las necesidades de lobby de las ONG (los buenos) que en esta instancia se
oponen al acceso libre de armas.
Pero, por más que Sloane se haya pasado al bando de los
“buenos” sigue usando las triquiñuelas sucias del oficio lobista.
En el final habrá premiados y castigados, pero de basarse
en hechos reales, Sloane no contaría en cuento. Los ricos y poderosos son malos
perdedores y eliminan a los contrincantes que les hicieron daño o que podrían
volver a ocasionárselo.
Pero Miss Sloane es una película de los dos mil y
pico y no de los años setenta del siglo pasado, que tendían a pasarse de
realistas cuando se trataba de enfrentar las consecuencias de embestir contra
los intereses empresariales. De ahí que tenga más de cuento de hadas que thriller
paranoide.
Y si el miedo no es tonto, entonces la paranoia bien
fundada debería considerarse sabia. Porque gato confiado no llega a tener nueve
vidas. Eso sí, sea como sea, la Srta. Sloane entretiene y mucho.
Miss Sloane o Sola contra el
poder (John Madden, 2016) puede verse en Prime Video.
Gustavo Monteros

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