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jueves, 27 de abril de 2017

Personal shopper

Olivier Assayas, después de filmar El otro lado del éxito (Clouds of Sils Maria, 2014), se quedó con ganas de seguir trabajando con Kristen Stewart, lo bien que hizo, porque entre las estrellas jóvenes es una de las más dúctiles, flexibles, hipnóticas y arrebatadoras. Se pasea por la vida y por la pantalla como poseedora de un secreto que uno siempre va a querer desentrañar, y no se equivoca, uno la ve venir y ya no la quiere perder de vista, queremos seguirla, acompañarla, aliviarle los pesares, desentrañarle los problemas, alegrarle los días y despertarle los placeres. Además, aunque tiene todas las curvas en los lugares correctos, ostenta un algo perturbadoramente andrógino, y en su mirada, ávida y vivaz, hay una tristeza de lago perdido que uno quiere desbaratar, para rescatarla, de una vez y para siempre, de traumas añejos y quizá olvidados.


Esta vez Assayas la sumerge en una historia de fantasmas, que es también un thriller y un retrato psicológico de soledades huérfanas en laberintos glamorosos. Maureen Cartwright (Kristen Stewart) tuvo un hermano mellizo, que se ha muerto, no hace mucho, de un ataque al corazón por una malformación congénita, que ella también padece, claro. Dicho hermano era médium, ella quizá también,  y se prometieron que el que muriera primero procuraría comunicarse desde el más allá con el que quedara vivo, para tranquilizarlo (o no). Maureen se gana la vida como personal shopper (compradora, asesora) de una súper modelo de alto perfil, que de tan famosa no puede dignarse a pasearse por las casas de alta costura, zapaterías inaccesibles y joyerías de renombre. Por eso, allá va Maureen, en su motito, por el París para los very few, llevando y trayendo trapos, calzados y joyas tan exclusivas como caras, no, carísimas. Tiene un novio antropólogo, si no entendí mal, que está en Sultanato de Omán y que la espera con paciencia, ella le insiste que no puede dejar París hasta que no se haya comunicado con el hermano partido. En esta misión la ayuda la novia-viuda. Entre intentos de comunicación con el otro lado de las cosas y las idas y vueltas por las casas de fashionistas, se verá involucrada en un crimen.


Assayas juega con los géneros fantástico y policial, citando sus tropos determinantes para escaparse de ellos y trascenderlos con la elegancia y la perversión del cine arte. Junto con su protagonista va redondeando un film tan fascinante como enigmático, que se resignifica a cada paso y que nos perturba hasta el último segundo con su coda final.


Kristen Stewart logra una actuación deslumbrante, doblemente seductora porque hace cosas dificilísimas como si no le costaran nada, talento más puro no se puede hallar.


En resumen, un film tan desconcertante y perturbador como su protagonista, y que nos deja con unos cuantos puntos suspensivos que debemos rellenar a la salida y que nos llevarán a tales o cuales conclusiones, según sea lo que prioricemos, tarea para el hogar que no pesa como un deber, porque es de lo más estimulante.


Gustavo Monteros

viernes, 12 de junio de 2015

El otro lado del éxito



Los cinéfilos, a veces, por presumir de enciclopedismo son ilógicos o, lisa y llanamente, tontos. Alguien dice por ahí que esta película es La malvada (All about Eve, Joseph Mankiewicz, 1950) sin los sarcasmos o Persona (Ingmar Bergman, 1966) sin la angustia. (La absurda comparación surge porque todas estas películas cuentan con actrices teatrales como personajes principales). Claro que es así, pero no por falencia sino porque este film tiene otras intenciones. Hablar desde la calidez o desde el respeto, por ejemplo.



Hace unos veinte años, María Enders (Juliette Binoche) ganó renombre interpretando, en teatro primero y en cine después,  a Sigrid, una chica que enamoraba hasta el delirio, y quizá el suicidio, a su jefa, Helena. (Cualquier parecido con Las amargas lágrimas de Petra von Kant de Rainer Werner Fassbinder no es pura coincidencia, confesión del director/guionista, Olivier Assayas). Ahora, un importante director teatral le pide a María que vuelva a interpretar, nada menos que en Londres, la misma obra, esta vez, por supuesto, su papel será el de Elena. El de Sigrid lo hará una escandalosa actriz hollywoodense, Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz).



María y su asistenta personal, Valentine (Kristen Stewart) se hospedarán en un hermoso chalet de Sils Maria, Suiza, y prepararán la obra en cuestión. Valentine leerá la parte de Sigrid mientras María se adentra en el personaje de Helena, y de a poco la barrera entre realidad y ficción se desdibujará hasta desaparecer entre las nubes del título original (Clouds of Sils Maria). No en vano un fenómeno nuboso da nombre a la obra que ensayan: Maloja Snake (La serpiente de Maloja).



El juego de realidad y ficción es clave porque las historias que se cuentan surgen de enfrentamientos de espejos, y se sabe que al jugar con reflejos no se puede discernir con claridad dónde está la persona y dónde solo su imagen. Y aquí el juego es tanto dentro de la película en sí como con elementos fuera de ella. Dentro de la película más de una vez, María y Valentine intercambiarán roles. Elementos externos a la película se perciben, por ejemplo, cuando Valentine habla sobre cómo actúa Jo-Ann en películas pochocleras, sus palabras remiten directamente a la actuación de la propia Stewart en la saga Crepúsculo. También porque la anécdota central es el regreso de María a su Pigmalión, y que Binoche vuelva a actuar con Olivier Assayas es asimismo una revisita a un mentor primero, Assayas fue el guionista de Apasionados (Rendez-vous de André Téchiné, 1985) película que consolidó el estrellato de Juliette.



Lo fascinante es que si nos importa un bledo esta cuestión de metalenguaje (en este caso el juego de cine dentro del cine y esas cosas) igual podemos entretenernos a lo grande con el viaje a la intimidad de una estrella, atestiguar cómo viven, cómo se relacionan, el siempre atractivo lado B que promete el título en español. Algo así como Todo lo que siempre quiso saber cómo viven las estrellas, pero nunca se atrevió a preguntar.



Las talentosísimas Juliette Binoche y Kristen Stewart son dos actrices hipnóticas con estilos diferentes, que, enfrentados, conviven con grandeza. La naturalidad de Binoche se complementa a la perfección con la franqueza histriónica, casi salvaje, de Stewart. Es una fiesta que el grueso de la  película pase por ellas, cada segundo esté lleno de una elocuente riqueza, hay detalles que solo el talento puede proveer. Stewart, a pesar de su juventud, está en el mismo nivel de excelencia que Binoche, quien sabe por experiencia que lo mejor se logra por complementación, y no por la competencia inútil de lucirse más que quien se tiene en frente. Y la película, que surgió de una idea que ella le contó al director, en última instancia quizá hable de eso, de que el hecho creativo está por encima de todo, y que los actores, por más fragilidad o inseguridad que ostenten, son seres nobles y audaces, siempre a la altura del desafío que acometen. 



En resumen, una película valiosa que quizá no sea una suprema e indiscutida obra de arte, pero que cuenta con dos actrices que sí lo son. 

Gustavo Monteros