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viernes, 1 de noviembre de 2024

Historias dos veces contadas - Hoy: No hables con extraños


 

En un principio pensé que se trataba de otra instancia de eso que está tan de moda últimamente y que yo llamo “original y fotocopias” Es decir el fenómeno comercial de cuando una cinematografía comercial de algún país produce un argumento, que es repetido, casi sin reelaboraciones, por otras cinematografías, como la argentina Corazón de león (Marco Carnevale, 2013) (la de Francella que es enano y Julieta Díaz se enamora de él) que hasta la fecha tiene una copia colombiana, Corazón de león, Emilio T.Caballero, 2015, una francesa Un homme à la hauteur, Laurent Tirard, 2016, una peruana El gran León, Ricardo Maldonado, 2018, una mexicana, Mi pequeño gran hombre, Jorge Ramírez Suárez, 2018 y una brasileña, Amor Sem Medida, Ale McHaddo, 2021.

 

La dinamarco-holandesa Speak no evil Christian Tafdrup, 2022, y la estadounidense-croata-canadiense Speak No Evil (No hables con extraños), James Watkins, 2024, caen dentro de la lógica habitual de make y remake.

 

Comencé por la estadounidense, porque el tráiler me dejó con las ganas de saber si James McAvoy acentuaba la “intensidad” de su personaje a propósito o si sufría de los efectos secundarios de los anabólicos a los que se somete para tener cuerpo de patovica. No prolongaré la intriga, es lo primero con arrebatos incontrolables de lo segundo.

 

(En la nueva serie de HBO, The Franchise, que divierte con moderación, porque la comicidad depende en exclusivo de la enajenación de todos los personajes, que están relacionados con el mundo de las narraciones visuales, cine, televisión, juegos, etc., el personaje del actor que hace Billy Magnussen sufre precisamente de meterse en el cuerpo anabólicos y aledaños para dar el supuesto volumen corporal que su caracterización requiere, lo que le provoca trastornos físicos y psíquicos. ¿La burla te alcanza, querido James?)

 

El argumento de las dos Speak No Evil es muy sencillo y tiene dos partes claramente discernibles. En la de James McAvoy, una pareja de edad mediana, Louise (Mackenzie Davis) y Ben (Scoot McNairy), padres de una hija preadolescente, Agnes (Alix West Leffer) veranean con un contingente en la Toscana. Allí conocen a la pareja compuesta por Paddy (James McAvoy) y Clara (Aisling Franciosi), también con un hijo preadolescente, Ant (Dan Hough). La paridad de sus situaciones (misma edad, hijos de edad parecida) los lleva a relacionarse, y congeniar en líneas generales. Las vacaciones terminan, cada pareja vuelve a su hábitat, pasa un corto tiempo, y Louise, Ben y Agnes son invitados por Paddy, Clara y Ant a pasar un fin de semana en la casa grande en la que estos viven, que queda en una comarca apartada, donde los celulares no reciben conexión satelital. Las peculiaridades de los dueños de casa surgirán sin restricciones y los invitados enfrentarán dilemas de pesadilla.

 

Por tratarse de una película anglosajona, las motivaciones de todos los personajes se explicitan (no hasta la obviedad, como acostumbran, pero sí con una claridad subrayada) y así sabremos que el matrimonio de Louise y Ben está más cerca de la disolución que de la continuación, con el perdón de la rima, que Agnes se resiste a abandonar la infancia, de ahí que no pueda estar sin su peluche, al que, sin embargo, olvida en todas partes.

 

También la relación de Paddy y Clara, y las historias que los llevaron a unirse serán dilucidadas en detalle y el final no se apartará de lo que el público aprendió a esperar.




La original del director dinamarqués Christian Tafdrup tiene otra agenda y a pesar de todo los que las dos películas tienen en común en su primera parte, pueden verse una después de la otra sin problema y con gran interés.

 

Como dijimos la apertura es paralela, el conocimiento en la Toscana y la invitación que surge a continuación, después todo es diferente.

 

El equivalente al matrimonio de Louise y Ben es la pareja compuesta por Louise (Sidsel Siem Koch) y Bjørn (Morten Burain) y la hija sigue llamándose Agnes (Liva Forsberg). Se nota que Bjørn y Louise no están muy cómodos en su matrimonio, pero los motivos nunca se desarrollan, están implícitos y abiertos a las contingencias que el espectador pueda atribuirles. Agnes sigue sin poder estar sin su peluche, pero igual lo pierde a la primera de cambio.

 

La pareja que los invitará a la casa perdida en regiones apartadas está compuesta esta vez por Patrick (Fedja van Huêt) y Karin (Karina Smulders) y el hijo se llama Abel (Marius Damslev). Y como con Louise y Ben, las circunstancias que los llevaron a unirse y ser cómo son no se perfilan con minucia, quedan al arbitrio del espectador.

 

Y como también ya mencionamos el final (siempre en versión thriller sangriento a toda orquesta en ambas) es muy distinto y hace hincapié en atavismos perdidos. En un momento Bjørn le preguntará a Patrick: ¿Por qué nos hacen esto? Y Patrick responderá: Porque ustedes nos lo permiten. Y por desgracia, cualquier parecido con la situación social actual de la Argentina no es pura coincidencia. O sea, machaco yo a mi vez: El mal no es invencible, solo se expande porque se lo deja.

Gustavo Monteros

jueves, 24 de noviembre de 2016

Atentado en París

Tres requisitos son indispensables para disfrutar de Atentado en París (Bastille Day, 2016) en plenitud. 


Primero: ser simpatizante de Idris Elba o Richard Madden. El escocés Madden es una figura en ascenso, fue el Príncipe de la Cenicienta en el que la madrasta era Su Majestad, Kate Blanchett, fue Romeo en una reciente puesta teatral del drama de Shakespeare dirigido por Kenneth Branagh, coprotagoniza con Dustin Hoffman la serie Los Medici, pero fue Game of Thrones la que lo puso en el mapa. Allí fue Robb Stark y en el episodio 9 de la tercera temporada, junto a su madre Catelyn Stark, pasaron a mejor vida tras un sangriento y sorpresivo enfrentamiento con enemigos traicioneros ¡durante una boda!, todo un climax, no tan devastador como el falso destino final de Jon Snow, pero, bueno, por entonces todavía quedaba mucha gente por despanzurrar. Como sea, el muchacho no actúa mal, es de buen ver y se perfila de galán. Para los amantes del policial, en su variante negra-negrísima, entre los que me cuento, el grandote de voz cavernosa de Idris Elba es una referencia insoslayable: el hombre no es nada más ni nada menos que Luther, policía de tan poca suerte que todo el que se involucra con él, en amistad o en amor, termina contando el cuento desde el otro mundo. Peripecia que lejos de apagar nuestra simpatía, la acrecienta. Este londinense tiene una presencia hipnótica y parece un favorito de San Cayetano, tiene incluso más trabajo que Darín.


Segundo: no ser muy quisquilloso con los vericuetos de la trama. No es que haya que dejar el cerebro a la entrada, pero tampoco darle mucho uso durante el despliegue de una trama que no es novedosa ni original, aunque ostenta brío y despierta interés casi constante. Un carterista, Madden, se ve envuelto en un atentado al robarle un paquete con una bomba a una crédula aspirante a desestabilizada social (la también ascendente Charlotte Le Bon, vista recientemente en Operación Anthropoid y en 2014 junto a Helen Mirren en Un viaje de diez metros), lo que atraerá la atención y posterior participación en los hechos de un agente norteamericano, Idris Elba, que como buen yanqui, es policía del mundo. Por suerte, a pesar del título rebautizado para estos pagos y la bomba, no abusa del triste tema de los terrorismos y sus funestos fundamentalismos, no, se inclina para el lado de policías y ladrones y esas cosas.


Tercero y no por eso furgón de cola: amar París. No tengo el gusto de conocer la Ciudad Luz personalmente, pero tengo tanto cine encima como para poder enorgullecerme de conocerla mucho… vicariamente. Es tan hermosa que hasta sus techos lo son, razón por la cual hay una persecución por dichas alturas (aquí puede verse que se inscribe en una tradición por la que ya han andado Jean-Paul Belmondo y Harrison Ford. Ver link al final de esta crónica.


En resumen, no es una joya del cine, pero cumple con lo que promete: entretener. En tiempos de un presidente chanta que pisoteó todas y cada una de las promesas electorales que le hicieron ganar el puesto, esta peliculita, al no defraudar expectativas, se erige como un bastión de ética.


Dirigió James Watkins (Eden Lake, 2008, La dama de negro, 2012).

Gustavo Monteros

http://enunbelmondo.blogspot.com.ar/2016/11/por-los-techos-de-paris.html