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jueves, 17 de enero de 2019

Atipycal


Ya es oficial, Atypical tendrá su tercera temporada. Algo que alegra y mucho a sus seguidores incondicionales, entre los que me cuento.



“Toda familia es atípica” dice el afiche original de la serie creada por Robia Rashid, y esta vez no solo refiere a la disfuncionalidad familiar que se ha vuelto habitual cuando se retrata familias, sino también a la peculiaridad de su epicentro, el hijo menor, Sam (Keir Gilchrist) que es autista. 



En la primera temporada, Sam querrá debutar en el sexo, lo que hará que su protectora (o ¿sobreprotectora?) madre, Elsa (Jennifer Jason Leigh) se cuestione algunas cosas.


Lo importante (¿esencial?) en toda serie es crear una galería de personajes secundarios tan característicos como entrañables. Además de los mencionados, conforman esta familia típica-atípica, el padre, Doug (Michael Rapoport) y la hija/hermana (según el caso) Casey (Brigette Lundy-Paine).


La psicóloga de Sam, Julia (Amy Osuka) tiene también bemoles propios y el compañero de trabajo de Sam, Zahid (Nik Dodani) ostenta una completa paleta de colores.


Los y las cortejantes de los hermanos son también muy especiales.


En tiempos de Trump, Bolsonaro y demás, se vuelven más que relevantes estos retratos de peculiaridades que invitan a la comprensión, a ponerse en los zapatos del otro, a no tipificar desde el prejuicio ignorante.


Divertida y abridora de cabezas. No es poco.


Atypical puede verse por Netflix.

Gustavo Monteros

jueves, 4 de febrero de 2016

Anomalisa



Con ¿Quieres ser John Malkovich? (Spike Jonze, 1999) a Charlie Kaufman le dieron patente de genio y no queda más remedio que lustrársela si no querés que te echen del club de la “cool”tura. Algo que me importaría si no estuviera demasiado viejo para pelotudeces. Y no lo digo por voluntad de ser iconoclasta, sino porque hay que tener muchas ganas de respetarlo después de Synecdoche, New York-Todas las vidas, mi vida, tremendo bodrio de proporciones épicas. Como sea, Anomalisa no me devolvió la admiración que alguna vez le profesé por su Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (guión que también firmaron el director del film, Michael Gondry,  y Pierre Bismuth), pero al menos no quise trompearlo cuando terminó.


Anomalisa (palabra que surge de la mezcla de Anomalía y el nombre Lisa) es un film animado para adultos, codirigido por Charlie Kaufman y Duke Johnson. Michael Stone (voz de David Thewlis) es un motivador que mejora la relación entre los vendedores de servicios, preferentemente por teléfono, y sus clientes. Se dirige a dar una charla en Cincinnati. No parece pasar por su mejor momento ni con su mujer ni con su hijito que quedaron en Los Ángeles. Aprovechará esta estadía para reconectarse con una mujer que dejó plantada años atrás. Encuentro que lejos estará de ser satisfactorio. La casualidad lo llevará a Lisa (voz de Jennifer Jason Leigh) con quien tendrá una aventura. ¿Duradera? ¿Efímera? Se verá. 


Según el diccionario, anomalía es 1) desviación o discrepancia de una regla o de un uso. 2) defecto de forma o de funcionamiento. 3) (Astronomía) ángulo que fija la posición de un astro en su órbita elíptica, contado a partir de su eje mayor y en sentido de su movimiento. 4) (Biología) malformación, alteración biológica, congénita o adquirida.


Este ataque etimológico viene a cuento, porque Lisa es una anomalía en más de un sentido, pero fundamentalmente porque aporta un “color” a la uniformidad y monotonía “auditiva” que se venía manejando. Hecho que suscita lo más interesante de esta propuesta. En el film se oyen solo tres voces, la de Michael, que como dijimos es del actor David Thewlis, la de Lisa, que es de Jason Leigh, mientras que las de todos los demás personajes, sean hombres o mujeres, pertenece a Tom Noonan. Y hasta la aparición de Lisa, existe una notable monocromía auditiva (si se me permite la sinestesia) que su voz viene a desbaratar.


La súbita aparición de este nuevo elemento hace que de repente sintamos empatía por personajes, que hasta ese instante, nos parecían francamente antipáticos. Si es un experimento, funciona. Inconscientemente volcamos nuestra simpatía, renovamos nuestra atención a lo que pasa en escena, erradicada la uniformidad hasta entonces manejada. Creo que esto interesará más a los que hacen teatro, cine o artes performativas que al espectador común, pero es algo valioso o novedoso y merece destacarse.


Ahora bien, ¿sufre Michael una crisis existencial muy años sesenta, tipo nouvelle vague o La tregua benedittiana o es un hombre que no puede hacer que las relaciones le duren como el Grandinetti de El lado oscuro del corazón? Y… eso dependerá de cada espectador. También las mil interpretaciones que están en el medio de ambas premisas.


En resumen, interesante, aunque a muchos puede exasperar… mucho

Gustavo Monteros

jueves, 14 de enero de 2016

Los 8 más odiados



Supongamos que alguien que jamás haya visto una película de Tarantino nos preguntase cómo es el cine de este señor. ¿Qué le contestaríamos? Algo así como que es muy diestro con la puesta en escena, que le gusta citar y referir sus influencias cinematográficas, las que van de los grandes maestros como Sergio Leone a los directores más bizarros en todas las acepciones de esta palabra, y sin embargo, paradojalmente, cuánto más los cita más personal se vuelve, que le gusta culminar sus películas en un festival de sangre, tan pero tan gore que más que intimidar invita a sonreír. Y por sobre todo, es un dialoguista de primera. Como Ingmar Bergman, salvando todas las distancias, es un dramaturgo cinematográfico. Algunos consideran sus diálogos su talón de Aquiles, que demoran la acción innecesariamente y que persisten hasta la enajenación en sus vanos fuegos de artificio; otros los consideran su cima de gloria y reniegan que no sean más. Como sea, unos y otros reconocen que el hombre sabe escribir un buen diálogo.


Los 8 más odiados filmado en Ultra Panavisión 70 mm remite por formato y duración (dos partes con un intervalo en medio) a los operáticos westerns de Leone o las grandes superproducciones que con su sola presencia reemplazaban el habitual programa doble de los cines de antaño (sí, en la época de las carretas se daban dos películas). Y de movida veremos que la fabulosa fotografía de Robert Richardson oscila entre nevados paisajes panorámicos e interiores, que no por acotados son claustrofóbicos. Siempre con la  superlativa banda sonora del maestro Ennio Morricone.


Los 8 en cuestión son John Ruth (Kurt Russell) un caza-recompensas que lleva en una diligencia tirada por seis caballos, en un invernal ventoso y nevado Wyoming, a la asesina Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) a que la cuelguen en Red Rock. Deberán socorrer a otro caza-recompensas varado en la nieve, al mayor Marquis Warren (Samuel L Jackson), “héroe” de la Guerra de Secesión que tiene una carta de Abraham Lincoln dirigida a su persona. Más adelante deberán volver a parar para recoger a Chris Mannix (Walton Goggins) quien dice ser el nuevo sheriff de Red Rock. Como la tormenta arrecia, en vez de solo parar para estirar las piernas, comer algo o hacer descansar a los caballos,  en la Mercería de Minnie, deberán permanecer en ella hasta que el temporal amaine. El lugar está temporariamente a cargo del Señor Bob (Demián Bichir) y allí ya están refugiados, un inglés que dice ser un verdugo itinerante camino a Red Rock, Oswaldo Mobray (Tim Roth), un veterano general que lucho por el Sur, Sandy Smithers (Bruce Dern), y un parco cowboy, Joe Cage (Michael Madsen) que dice regresar a visitar a sus padres por la Navidad. Hasta ahí los 8 del título, que en realidad son 9, porque está también el conductor de la diligencia, O. B Jackson (James Park). No es que le fallen las matemáticas a Tarantino, quizá sea un chiste, o que uno de los mencionados no cae en la categoría de “más odiado”.


Y como bien se sabe por las novelas de Agatha Christie y sus versiones cinematográficas, el encierro de personajes peligrosos no es aconsejable ni saludable, al menos no para todos. Más que un “quién lo hizo”, aquí habrá más “un quién lo hará y por qué”.


El film se estructura en dos partes muy definidas, una primera parte en que presenta los personajes y sus peculiares circunstancias, con un clímax a punta de pistola, telón, y después del intervalo, una segunda parte con resolución de intrigas a puro vertimiento de sangre, tanta que el final de la Carrie de Brian De Palma parece, en comparación, un pinchacito para una curita. Como en la ópera o en su Perros de la calle, que haya personajes heridos mortalmente no es óbice para que dejen de hablar o de ser un peligro para sus congéneres.


Recomendar un Tarantino es, no sé, como recomendar el fernet con cola. Los que lo prefieren beberán con fruición y se deleitarán con cada trago. A los que les disgusta, se abstendrán o esperarán a ver qué otras bebidas trae la temporada. Y a los que no lo conocen, se recomienda probar. Un nuevo adepto o detractor habrá nacido.

Gustavo Monteros

jueves, 27 de marzo de 2008

Margot y la boda

Margot at the wedding es de esas películas, cuya mayor virtud es también su mayor defecto. Este recorte de unos días en la vida de una familia muy disfuncional parece demasiado artificioso para ser plausible. Sus personajes son demasiado conscientes de sus limitaciones para estar tan dominados por ellas. Pero este conocimiento de sí mismos los lleva a sostener diálogos infrecuentemente brillantes que producen un gran deleite.


El trío protagónico, Nicole Kidman, Jennifer Jason Leigh y Jack Black, tuvo mejores instancias para lucir sus recursos. Pero es interesante atestiguar este primer encuentro entre dos de las mejores actrices que nos presentó el penúltimo cine yanqui. Jack Black ratifica aquello de que cualquier gran actor cómico, cuando se le canta, puede dar una actuación dramática impecable. Cosa que no se da del lado contrario: son contados con los dedos de la mano los grandes actores dramáticos que pueden transitar con éxito la cuerda cómica sin caer en el abismo del ridículo.


Margot at the wedding (Margot y la boda es su título local) es un postre demasiado sutil para el paladar pochoclero y no pasó por los cines; se la encuentra ahora en las góndolas de su club de DVD amigo.


Su autor y director, el neoyorquino de 38 años Noah Baumbach, debe su fama a su film anterior: Historias de familia ( The Squid and the Whale ), tragicomedia de tono autobiográfico ambientada en el Brooklyn de 1986 con Jeff Daniels y Laura Linney.

Un abrazo
Gustavo Monteros