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viernes, 11 de octubre de 2024

Andá, mirá si se va a morir Maggie Smith, ¿acaso no va a haber sol mañana?


 

Se me hace que la primera vez que la vi fue en La máquina de hacer millones (Hot Millions, Eric Till, 1968), porque la daban mucho por la tele de cinco canales y porque por entonces no me perdía película en la que estuviera Peter Ustinov.

 

La vi también en El jarro de miel (The Honey Pot, Joseph L. Mankiewicz, 1967) porque tampoco me perdía películas con Rex Harrison.

 

Y la vi, claro, en El soñador rebelde (Young Cassidy, que comenzó a dirigir John Ford y que la dejó porque se enfermó o se hartó y la terminó Jack Cardiff, 1965 y que se supone es sobre la vida del autor Sean O’ Casey, aunque Rod Taylor que lo corporiza no se le parece en nada.

 

Y recuerdo haberla visto también por aquella época en otra que daban mucho en la tele, Hotel Internacional (The V.I.Ps, Anthony Asquith, 1963) en la que era la secretaria enamorada de su jefe, Rod Taylor otra vez. Este hotel tenía un montón de estrellas, por eso insistían en darla: la pareja más renombrada de esos años, o sea la de Liz Taylor y Richard Burton, aunque andaban también por ahí, Louis Jourdan, Margaret Rutherford, Orson Welles y Elsa Martinelli.

 

Y sin duda no la vi en Esclava y seductora (The Pumpkin Eater, Jack Clayton, 1964) que protagonizaban Ann Bancroft y Peter Finch y James Mason), es más, a esta película la vi finalmente durante la cuarentena covideña), ni vi su Desdémona para el Otelo de Laurence Olivier (1965) (película que siempre vi por partes porque invariablemente siempre encuentro algo más interesante que hacer), ni la vi en ¡Oh, qué guerra tan bonita! (Oh! What a Lovely War, Richard Attenborough, 1969) que terminé por ver, o más bien dormitar, en el auge del videoclub.

 

Y aunque estuve al tanto de su fama, no vi en ese momento The Prime of Miss Jean Brodie (por aquí Primavera de una solterona, Ronald Neame, 1969), no me acuerdo porque elegir no verla, pero fue mejor al final. Cuando estaba en la facultad, o sea en algún momento entre 1976 y 1981, me crucé con la novela en la mesa de saldos de la librería Rodríguez de Buenos Aires donde íbamos a comprar libros en inglés. La compré porque Maggie estaba en la tapa y porque era un librito breve como un catecismo. La empecé a leer en el viaje de vuelta en el Río de la Plata y me enamoré de la novela, que es una de mis favoritas y que releo de vez en cuando con mucho placer. Y a la película la vi ya en la tele a color en una trasnoche de canal 7 y decí que ya estaba enamorado de Maggie a más no poder, que si no me enamoraba de nuevo.

 

Menos mal que le dieron el Óscar porque si no había que haberle prendido fuego a la Academia. Y eso que ese año competía contra Liza Minnelli en su inolvidable Pookie Adams para Los años verdes, contra Jane Fonda y su desparramo de talento en Baile de ilusiones que es They Shoot Horses, don’t they?, que se basa en la novela de Horace McDoy que se conoce como ¿Acaso no matan a los caballos?, título que los distribuidores del filme no debieron cambiar, contra Genevieve Bujold y su Ana de los mil días y contra una de las eternamente postergadas del Oscar, Jean Simmons y su Final feliz. Contendientes duras si las hay, pero lo de Maggie como Jean Brodie es tan contundente que cierra toda discusión.

 

Eso si, vi en estreno en el cine Gran Ocho, u Ocho como se lo conocía antes de ser una multiplex, Viajes con mi tía, no se lo digan a nadie, pero todavía no leí la novela de Graham Greene en la que se basa y eso que leí casi todo Greene y más de una vez. Como media humanidad, la amé como la extravagante Tía Augusta.

 

Y después vino Amor, dolor y todo el resto o sea Love and Pain and the Whole Damn Thing, Alan J. Pakula, 1973. Y no la vi (y sigo sin verla, aunque uno de estos días abandono el invicto) porque ya por entonces me disgustaban las películas en que uno de los protagonistas está enfermo y se muere, uno de los argumentos más efectivos y pobres del mundo, porque ¿quién no se va a conmover con un personaje tan condenado?

 

A la que siguió no me la perdí y se convirtió en una de mis favoritas de inmediato: Crimen por muerte (Murder by Death, Robert Moore, 1976) sobre guion de Neil Simon con Peter Falk, Alec Guinness, Peter Sellers, Eileen Brennan, Truman Capote, James Coco, Elsa Lanchester, Nancy Walker, Estelle Winwood, James Cromwell y Richard Narita. Maggie hace pareja con uno de mis favoritos de toda la vida, ¡David Niven!, y se supone, bah, no se supone, son William Powell y Myrna Loy, o sea Nick y Nora Charles de la saga del Hombre delgado o sea The Thin Man. Porque esta regocijante comedia es un misterio que homenajea a los más famosos detectives del cine o de las novelas policiales, como Hercule Poirot, Fu Man Chu, la señorita Marple, Sam Spade o Philip Marlowe (tamizados por Humphrey Bogart, claro) La vi una siesta gloriosa en el Gran Rocha.

 

Y la fiesta con Maggie siguió al año siguiente porque vino Muerte en el Nilo, John Guillermin, 1978, respuesta al éxito que había tenido Crimen en el Expreso de Oriente. Y otra vez, un elenco multiestelar y otra vez Maggie codeándose con leyendas del viejo Hollywood como Bette Davis, Angela Lansbury, David Niven, George Kennedy y Jack Warden, y los juveniles, por entonces, de Jane Birkin, Lois Chiles, Jon Finch, Simon MacCorkindale, y Mia Farrow. Maggie era la dama de compañía y quizás algo más de ¡Bette Davis!, ¡juntas no solo en la misma película sino en casi todas las escenas en que sus personajes tenían relevancia! La vi en el viejo San Martín.

 

Y llegó su segundo Oscar y una de las historias de amor que más me conmueven y revisitan, la de su estrella de cine apabullada, casada con un anticuario, Michael Caine, por pura fachada porque se supone que las estrellas están casadas y así la dejan en paz, pero hete aquí que ella sin querer ni poder evitarlo se enamora de él, que no puede corresponderla, porque es gay, y no quiere ni puede decirle qué hace en las tardes en que ella lo llama y no contesta el teléfono. Son solo unas escenas porque el filme se arma con otras historias pergeñadas por Neil Simon y que corporizan Jane Fonda y Alan Alda, Walter Matthau y Elaine May, Richard Pryor, Gloria Gifford, Bill Cosby y Sheila Frazier, pero son Caine y Smith los que se quedan con la película y nuestro recuerdo. La vi, por supuesto, faltaba más, en estreno en el Ocho.

 

La siguiente la vi en el San Martín y fue la primera vez de Maggie en un filme de James Ivory, Quartet sobre novela de Jean Rhys, que transcurre en París en los años treinta, y esta vez el placer era ver a Maggie con la estrella francesa refulgente de esos años, Isabelle Adjani, que hacía de una joven casada con Anthony Higgins, hombre que termina en la cárcel, obligándola a aceptar la hospitalidad de los Heidler, que no eran otros que Maggie y el glorioso Alan Bates.

 

A la siguiente Furia de titanes (Clash of Titans, Desmond Davis, 1981) no la vi. Porque las de fantasía mucho no me atraen y la mitología griega menos. Y eso que estaban Claire Bloom, la siempre perturbadora Ursula Andress, Burges Meredith, Sian Philips, Flora Robson, musculito Harry Hamlin y Judi Bowker (la chica de Hermano Sol, Hermana Luna) en los protagónicos. Maggie tenía escenas con Laurence Olivier, que se había jurado no trabajar más con Maggie porque sentía que lo opacaba, pero el juramento parece que abarcaba solo el teatro, ya que aquí compartió planos con ella.

 

En 1982, Maggie volvió con otro misterio de Agatha Christie, El demonio bajo el sol (Evil Under the Sun, Guy Hamilton) en la que Peter Ustinov volvía a ser Poirot. El elenco incluía a Diana Rigg, Jane Birkin, James Mason, Colin Blakely, Nicholas Clay, Roddy McDowall, Sylvia Miles, Denis Quilley y guion era de ¡Anthony Shaffer! Transcurría en los treinta, claro, con mucho Art Decó. Una delicia. La vi en estreno en el cine Astro.

 

De 1982 es también El misionero (The Missionary, Richard Loncraine) en la que Maggie hacía pareja con Michael Palin que era un pastor que, a principios del siglo XX, volvía del extranjero a Londres y le tocaba ocuparse de una parroquia con prostitutas. Trevor Howward, David Suchet, un joven Timothy Spall, y el gran Denholm Elliott completaban el elenco. La vi en un cine de la calle Lavalle, porque ya no todas las películas que se estrenaban en Capital llegaban a La Plata.

 

En 1983 participó de un acto de amor, Más vale tarde que nunca (Better Late Than Never, Bryan Forbes) David Niven se moría de complicaciones de ALS (esclerosis lateral amiotrófica) y su hijo Jr decidió fortificarle el ánimo produciéndole una película, que filmó en Monte Carlo cerca de la villa que David Niven tenía ahí y que se llamaba La Fleur du Cap Mansion. Una comedia de acción con el coprotagónico de Art Carney y la participación especial de Maggie. Un afectuoso canto del cisne del gran David Niven.

 

En 1984, Maggie estuvo en una más que atendible y en una insoslayable. La primera es Jugando para ganar (Lily in Love, Károly Makk) en la que un astro de Broadway (Christopher Plummer) recelaba que su esposa (Maggie, of course) una dramaturga de éxito ya no lo quería y prefería escribir para otros, de ahí que se disfraza de italiano seductor para encantarla y darse la razón. Elke Sommer y Adolph Green sobresalían en un elenco con mucho húngaro. Y la insoslayable es A Private Function (Malcolm Mowbray) En 1947 en una Inglaterra todavía bajo racionamiento, en un pueblito, los notables del lugar deciden festejar la boda de Isabel II con un banquete, en el que una cerda adquiere un gran protagónico. Maggie aquí es la esposa del pedicuro del lugar (Michael Palin) y tiene ambiciones de ascender socialmente. El libro es del director con ¡Alan Bennett! Y entre un elenco de notables, imposible no nombrar a Denholm Elliott, Richard Griffiths, Alison Seadman, Liz Smith, Jim Carter, Pete Postlethwaite. Una sátira social de aquellas. Para chuparse los dedos.

 

En 1985 Maggie estuvo en su segundo James Ivory, la súper oscarizada Un amor en Florencia (A Room with a View) romance de época sobre la novela de E.M. Forster, en el que Helena Bonham Carter se enamoraba de Julian Sands ¿brevemente o hasta el Y vivieron felices?) Maggie capitaneaba un elenco en el que estaban Judi Dench, Denholm Elliott, Simon Callow, Rupert Graves y ¡Daniel Day Lewis! Maggie obtuvo una nominación para el Oscar de reparto, pero no ganó. (Se lo quedó Dianne Weist por Hannah y sus hermanas de Woody Allen). La vi en estreno en el Cine San Martín.

 

En 1987 nos compensó por no haber hecho ninguna película en 1986 con esa maravilla que es The Lonely Passion of Judith Hearne (Jack Clayton) en la que Maggie es una solterona de trago fácil que se enamora de uno de los huéspedes (Bob Hoskins) de la pensión que regentea y que le lleva el apunte porque cree que es rica cuando no lo es ni remotamente. Otra actuación inolvidable por la que ganó el BAFTA. La vi en video en el auge del video club.

 

En 1991 con el Hook de Steven Spielberg inaugura una serie de participaciones especiales que sigue con Cambio de hábito (Sister Act, Emile Ardonlino) en 1992, The Secret Garden (Agnieszka Holland), Cambio de hábito 2 (Sister Act 2: Back in the Habit) en 1993, Richard III (Richard Loncraine) en 1995, El club de las divorciadas (The First Wives Club, Hugh Wilson) en 1996, Washington Square (Agnieszka Holland) en 1997. Las vi a todas en estreno en diferentes cines. Que sus participaciones fueran breves no significó que pasaran desapercibidas, ¡lejos de ello! Todas nos dejaron su recompensa.

 

En 1998 volvió al protagónico con Curtain Call, comedia en la que con Michael Caine oficiaban de fantasmales deux-ex-machina para un desorientado en amores James Spader. Cumplía, pero dejaba con las ganas, uno esperaba más de la reunión de Caine-Smith.

 

En 1999 participó de la comedia coral Té con Mussolini (Franco Zeffirelli) sobre la fascinación que experimentaron algunas damas inglesas en la bella Italia con el fascismo, después, claro, habrían de desilusionarse. Judi Dench, Joan Plowright, Lili Tomlin, Cher descollaban con Maggie. No era un té muy cargado, pero Florencia con semejante elenco siempre merece una vista. La vi en estreno con Horacio en el cine Ocho.

 

En 1999 se vieron también dos películas históricas, una sobre el fin de una era The Last September (Deborah Warren) sobre la etapa final en Irlanda de los Anglo-irlandeses que, después de la revuelta de 1916, quedaran atrapados entre dos fuegos, el los irlandeses republicanos y el del ejército británico. En la casa solariega de un matrimonio mayor (Maggie y Michael Gambon), la sobrina de ambos, Keeley Hawes, se debate entre entregarse al amor de un soldado inglés (David Tennant) o al de un revolucionario irlandés (Gary Lydon), hay también un romance secundario entre Fiona Shaw a la que ama Lambert Wilson, casado con Jane Birkin. La vi hace poco a instancias de los recuerdos de un crítico inglés por la partida de Maggie. Buena película, muy bien actuada y contada. Y la otra fue All the King’s Men (Julian Jarrold) sobre una compañía de soldados británicos que desapareció en Gallipolli, en 1915, sin dejar rastro, entraron en acción, los envolvió una niebla y nada más se supo de ellos.

 

Entre 2001 y 2011, Maggie participó de la saga de Harry Potter, alcanzando fama mundial, niños y jóvenes que hasta ese momento jamás habían sabido nada de ella, de pronto la conocían y la admiraban. Pero a Daniel Radcliffe ya lo había conocido en 1999, cuando filmaron para la BBC una versión de David Copperfield, en la que Radcliffe era el personaje del título en tamaño niño. Aparte del suyo, nombres preeminentes aparecían en el reparto: Bob Hoskins, Ian McKellen, Imelda Stauton, y Tom Wilkinson.

 

En 2001 estuvo en la obra maestra de Robert Altman, Gosford Park. Y se dice que el guionista Julian Fellowes, el de Downton Abbey, claro, le regaló un personaje que sería predecesor directo del que inmortalizaría en la serie. Aunque una diferencia importante los separa, el dinero. La Violet de Downton Abbey tiene más plata que los ladrones, mientras que la Constance Trentham de Gosford Park no tiene donde caerse muerta (para seguir con los lugares comunes). En esta oscura comedia coral participaban también Ryan Philippe, Michael Gambon, Kristin Scott Thomas, Tom Hollander, Charles Dance, Jeremy Northam, James Wilby, Stephen Fry, ¡Kelly Macdonald!, Clive Owen, Helen Mirren, Eileen Atkins, Emily Watson, Alan Bates, Derek Jacobi, Richard E. Grant, y el también guionista del film, Bob Balaban. Lisa y sencillamente, una fiesta. La vi en estreno en el San Martín.

 

En 2002 volvió a la participación especial en Divinos secretos (Divine Secrets of the Ya-Ya Sisterhood, Callie Khouri) en la que Sandra Bullock y Ashley Judd encabezaban el cartel, que secundaban Maggie, Ellen Burstyn y James Garner. Confieso no haberla visto.

 

En 2003 volvió al protagónico para el telefilm Mi casa en Umbria (Richard Loncraine) sobre un grupo de personas que se conocen por culpa de un ataque terrorista. Junto a Maggie estaban Chris Cooper, Ronnie Barker, Benno Fürmann, ¡Giancarlo Giannini!, y Timothy Spall. La vi por cable.

 

En 2005 hizo El violinista que llegó del mar (Ladies in Lavender, Charles Dance) en la que en los años treinta, en la costa de Cornish, se peleaba con Judi Dench por las atenciones de un violista náufrago, el bueno de Daniel Brühl. Freddie Jones, Miriam Margolyes, Clive Russell, Toby Jones y Natasha McElhone completaban el elenco. La vi en cable.

 

En 2005 la vimos en ¡Sálvese quien pueda! (Keeping Mum, Niall Johnson) como una madre que se las trae para el atribulado pastor Roman Atkinson. Kristin Scott Thomas, Liz Smith y Patrick Swayze redondeaban el elenco. La vi en estreno en el Cine Ocho.

 

En 2007 en otra participación especial para una película de época, Becoming Jane (Julian Jarrold) fue Lady Gresham, ante una todavía desconocida Jane Austen (Anne Hathaway) que andaba de romance con un irlandés, James McAvoy. Componían el resto del reparto, James Cromwell, Ian Richardson, Julie Walters, Helen McCrory. No la vi todavía, pero la tiene Prime Video.

 

En 2007 estuvo en un telefilme de Stephen Poliakoff, Capturing Mary, con Ruth Wilson, David Walliams, Gemma Artenton, que es difícil de encontrar, pero vi que está online con subtítulos rarísimos, arábigos, creo. Uno de estos días me le animo, después de todo, algo de inglés sé. LOL.

 

En 2009 participó de una película escrita y dirigida por Julian Fellowes, From Time to Time, sobre un chico de 13 años que puede viajar en el tiempo y desenterrar secretos familiares, a los que darles resolución. Alex Etel es el chico y aparte de Maggie, Timothy Spall, Pauline Collins, Carice van Houten, Christopher Villiers, Dominic West, Hugh Bonneville pueblan el elenco. Modestamente atractiva. La vi en cable.

 

En 2010 estuvo en la segunda de Nanny McPhee o sea Nanny McPhee and the Big Bang (El regreso de la nana mágica, por estos lados, la dirigió Susanna White) con Emma Thompson, que es la nana, claro, y Maggie Gyllenhaal, Ralph Fiennes, Asa Butterfield, Daniel Mays, Rhys Ifans, Ewan McGregor, entre los notables del elenco. No la vi todavía.

 

Entre 2010 y 2015 estuvo haciendo historia con Downton Abbey y agrandando su popularidad aún más. Estuvo también en los dos filmes que se desprendieron de la serie: Downton Abbey (Michael Engler, 2019) y Downton Abbey: A New Era (Simon Curtis, 2022) (Ahora se viene un tercer film, pero su personaje ya no está, fue enterrado en la de 2022)

 

Estuvo jubilada, en la India, en las dos del hotel Marigold. The Best Exotic Marigold Hotel (John Madden, 2011) con Judi Dench, Bill Nighy, Dev Patel, Tom Wilkinson, Penelope Wilton, Celia Imrie, Ronald Pickup. Y en The Second Best Exotic Marigold Hotel (John Madden, 2015) con los ya mencionados más David Strathairn y Richard Gere.

 

Prestó su voz en Gnomeo & Juliet (Kelly Asbury, 2011) y para el mismo personaje, Lady Bluebury, en Sherloc Gnomes (John Stevetson, 2018)

 

En 2012 hizo de jubilada otra vez, en esta oportunidad una ex prima donna, en un asilo para músicos. Se llamó Quartet (Dustin Hoffman), igual título que la que hizo para Ivory con otra historia, claro. (Esta se basa en una obra de Ronald Harwood, aquella en una novela de Jean Rhys) Michael Gambon, Billy Connolly, Pauline Collins, Sheridan Smith, Tom Courtenay se sumaban al elenco. La vi en el cinema Paradiso con Ingrid.

 

En 2014 fue parte del departamento que heredaba Kevin Kline en París en Mi vieja y querida dama (My Old Lady, Israel Horovitz) Kristin Scott Thomas era su hija y como todos suponíamos, enamoraba al cascarrabias de Kevin Kline. Cumple, si no se le pide mucho. La vi en streaming.

 

En 2014 fue The Lady in the Van (Nicholas Hytner) sobre texto de Alan Bennett. Y se alejó de las damas ricas, educadas e integradas que le venían endilgando. Está sencillamente soberbia. Tan enojosa como conmovedora. Es la historia real que vivió el propio Bennett. Trata de una señora que vive en una furgoneta instalada en la entrada de la casa de un dramaturgo. La vi en streaming.

 

En 2021 participó en la navideña, El chico que salvó la Navidad (A Boy Called Christmas, Gil Kenan) junto con Henry Lawfull, Michael Huisman, Jim Broadbent, Joel Fry, e Isabella O’Sullivan. No pasé del tráiler, las navideñas me dan pereza de verlas, está en Netflix.

 

Y en 2023, la última (o la penúltima, nunca se sabe) The Miracle Club (Thaddeus O’Sullivan) sobre una peregrinación a Lurdes a fines de los cincuenta. Con Kathy Bates, Laura Linney, Stephen Rea, Brenda Flicker, Agnes O’Casey, Mark O’Halloran, entre otros, en el elenco. La veré pronto, lo juro.  

 

Y hasta aquí el recuerdo de Maggie, ahora una anécdota del tuyo, tocaya de la Bergman. Íbamos en el Misión a Buenos Aires a ver una obra de teatro. Nuestra habitual conversación laberíntica se bifurcaba en recovecos. De pronto me preguntaste si reconocía la melodía que te pusiste a tararear (terminó siendo una de Morricone para una vieja película con Florinda Bolkan y Tony Musante), en ese momento te reconocí que me resultaba familiar, pero que no podía ubicarla. Y no sé porque me puse a decir que de viejo, me había puesto llorón, y que cada vez que alguien del cine o del teatro moría, aunque jamás los había conocido personalmente, si eran significativos para mí, me desataban gruesos lagrimones. Entonces dijiste que cuando muriera Maggie ibas a llorar hasta pasparte. Y no va que te morís antes y me dejás solo, llorando a Maggie no sé si hasta pasparme, pero al menos hasta agotar un par de paquetes de pañuelos descartables. Maggie me acompañó toda la vida, vos un par de décadas. Las dos me dejaron más bello y más sabio. Y cuando se me pasa la congoja de la partida, más feliz. Para ser un cinéfilo se necesitan dos cosas, buena memoria y ganas de ser agradecido. Porque siéndolo se vive de recuerdos y de dar gracias por lo acumulado. Y el cinéfilo también es un deudo, que lamenta lo que ya terminó, pero sin aflicción, porque fue feliz. Y ahora vos también sos una película. El cine de mi mente te proyecta con asiduidad. Y ya no estás y sin embargo estás. Como las actuaciones de Maggie. Sombras que emocionan porque aluden a momentos buenos. Sé que te haya puesto en un mismo párrafo con Maggie, te llena de satisfacción y eso solo ya justifica estas páginas. Y ojalá que nunca me falle la memoria, y si me falla por veleidades del destino, sepan que igual voy a estar sonriendo sin saber por qué, pero con tozudez. Lo que se vive no se pierde. Es eterno, como lo bello, y ni la falta de memoria puede anularlo.

Gustavo Monteros




viernes, 20 de septiembre de 2024

Querido diario - Hoy: El final feliz


 

Si no se me hubiera dado por hacerme el erudito quien sabe si hubiera vuelto a ver esta película. Todo empezó porque me crucé Facebook con una foto de una jovencísima Liza Minnelli conversando animadamente con una igualmente joven Barbra Streisand. El epígrafe decía: Entrega de los Oscars de 1970. Y me picó la curiosidad de saber qué hacían ahí porque nadie va a los Oscars si no tiene algún motivo concreto, ya sea estar nominado, entregarle el premio a alguien o actuar en la gala. Me remití entonces a ver quienes habían estado nominados ese año.

 

Barbra directamente no, pero su inminente exmarido sí (Elliott Gould, actor impar si los hay, estaba nominado como actor de reparto por Bob&Carol&Ted&Alice), aunque no solo lo acompañaba, sino que de paso le ponía el cuerpo a las múltiples nominaciones técnicas que había recibido Hello, Dolly!, recientemente estrenada.

 

Liza estaba nominada como mejor actriz protagónica por Los años verdes (The Sterile Cuckoo), actuación inolvidable que ya había recibido el premio de nuestro Festival de Mar del Plata. Sin embargo esa noche perdió el Oscar ante Maggie Smith y su apabullante Primavera de una solterona. Las otras nominadas eran Jane Fonda por Baile de ilusiones (They Shoot Horses, Don’t They? /¿Acaso no matan a los caballos?), otra actuación histórica, Geneviève Bujold por Ana de los mil días, otro destacable desparramo de talento y Jean Simmons por The Happy Ending, de la que no me acordaba nada.

 

Después de repicar la foto en el Facebook y de consignar estos datos y algún otro que se me ocurrió, agregué que buscaría The Happy Ending y que la vería. La suerte quiso que este film anduviera por internet y que no me fuera difícil acceder a él. Si bien podía verla en vivo, elegí bajarla para visionarla entre clases.

 

Se trata de una película de 1969, escrita y dirigida por Richard Brooks, un narrador talentoso al que se recuerda sobre todo por dar versiones cinematográficas impecables de obras de teatro y novelas tales como Los hermanos Karamazov, Una gata sobre el tejado de zinc caliente, Elmer Gantry, Dulce pájaro de juventud, Lord Jim, o A sangre fría.

 

Aquí estamos en el territorio de las burguesas ricas a las que Stephen Sondheim les regaló ese inoxidable himno de batalla que es The Ladies Who Lunch, canción que pertenece al musical Company. Hoy estas mujeres son una excepción, por entonces eran legión. Tiempo que puede ejemplificarse con la carrera de Mary Tyler Moore. En El Show de Dick Van Dyke era la esposa ama de casa, dependiente emocional y económicamente de su esposo, el personaje que hacía Van Dyke. En El Show de Mary Tyler Moore era una mujer sin lazos emocionales ni económicos con ningún hombre a la vista.

 

El personaje que hace Jean Simmons, Mary Wilson, en este The Happy Ending pertenece a la primera etapa de Tyler Moore, la de la esposa ama de casa que depende casi para todo de su marido, interpretado por John Forsythe, unos cuantos años antes de que Linda Evans y Joan Collins se pelearan por él en Dinastía.

 

Estas amas de casa casadas con un profesional rico, es decir exitoso mensurable en dinero, además de ser bellas y dispuestas a gastar mucha plata, debían proveer decendencia, mandato que Mary Wilson / Jean Simmons ya había cumplido en la forma de una adolescente, más volcada hacia su padre como era de esperarse.

 

Mary / Jean Simmons, como la mayoría de sus contemporáneas en la misma situación se deprimían, tomaban muchas pastillas, se emborrachaban, iban a peluquerías, gimnasios, masajistas todos los días, o a lo sumo día por medio, compraban toneladas de ropa que apenas usaban, sombreros como para abrir una sombrerería, innumerables tapados de piel (todavía ni se soñaba con proteger a los animales) que arrastraban gustosas, visitaban con frecuencia cirujanos plásticos y pensaban en el amor de sus maridos más que todas las películas francesas sobre racionalización de los sentimientos juntas.

 

Como esta Mary / Jean Simmons, que dado que tiene tiempo libre de sobra, se le da por indagar en el Y vivieron felices que cierra los cuentos de hadas que terminan en el casamiento significativo. La pobre descubre que la pasión se acaba y el amor romántico trasmuta en algo más parecido a un hábito.

 

Anda muy inquieta porque es inminente la fiesta de aniversario de bodas que no tiene ganas de aguantar. Huye con dificultad (el marido le quitó el acceso a las tarjetas de crédito debido a incidentes graves relacionados con el alcoholismo) a Nasáu para tomar distancia y despabilarse un poco. Por suerte se topa en el avión con una excompañera de facultad, Florence Harrigan / Shirley Jones azafata ella, que es todo lo contrario a Mary / Jean Simmons.

 

La chica es independiente, amante habitual de hombres casados, que (nos enteramos después) hasta se pagó la carrera universitaria no con el dinero de papá y mamá (por otra parte, más que ausentes) sino con su propio cuerpo, prostituyéndose como chica de lujo.

 

Florence / Shirley Jones pasará en Nasáu unos días con su amante, el más que casado, Sam / Lloyd Bridges. Mary / Jean Simmons será asediada por Franco / Bobby Darin, un soltero fotógrafo italiano, que resultará ni fotógrafo ni italiano sino un gigoló estadounidense, que dejará abruptamente de acariciarla cuando sepa que Mary / Jean Simmons no está casada con un multimillonario.

 

Mary / Jean Simmons, más asoleada y menos apabullada volverá a casa. Casa, entendida no como el nido matrimonial sino la ciudad de pertenencia, donde alquilará un departamentito, conseguirá un trabajo de vendedora (para horror de su hija) y tomará cursos nocturnos para ver si puede conseguir mejores trabajos.

 

Yendo a uno de estos cursos será interceptada por su marido Fred Wilson / John Forsythe que la instará a volver con él, aunque parece que no será el caso.

 

Es curioso como a estas mujeres no se les ocurría ni remotamente profesionalizarse retomando estudios, adoptar intereses sociales como contribuir a las mejoras de vida de los poco privilegiados, abrazar las causas feministas o entrar en política.

 

Aunque pensándolo bien no es tan curioso, todos sus mandatos de clase las mantenían prisioneras en cárceles de lujo.

 

Mary / Jean Simmons se libera un poco por casualidad, y de no haber sido así quizá nunca se hubiera liberado. O hubiera seguido gastando dinero a lo pavote o un día hubiera tomado una pastilla de más y hubiera salido de escena.

 

Hoy estas mujeres están casi extinguidas, ¿alguien las extrañara? Sí, los maridos nostálgicos de los patriarcalismos perdidos.

 

A medida que veía esta película recordé por detalles haberla visto. Duró brevemente en mi memoria porque a la edad que la vi me interesaba de poquito a nada las películas sobre las tristezas de los niñas o niños ricos. De puro resentido, supongo. Obligado a labrarme un futuro estudiando y trabajando, me daba mucha envidia los que tenían desde siempre un colchón donde caer sin siquiera despeinarse. Con el tiempo aprendí a ser empático y comprendí que a la hora de la angustia por la existencia y de la desesperación de no saber de qué va la vida no hay riqueza que valga. Puede que el alcohol (como símbolo posible de oráculo falso) sea mejor y más caro, pero sigue sin dar respuestas.

Gustavo Monteros


viernes, 3 de marzo de 2023

Desafío del mes de San Valentín - Quinta semana

Y llegué nomás al final y completé la lista. Y el desafío cumplió con el propósito de crearme una línea secundaria de pensamiento y así no me encerré en las decisiones a tomar y en los condicionamientos a aceptar. Me dijeron que la premisa era falsa, que con la cantidad de películas de amor que había, cómo no iba a encontrar 28. Sí, pero la dificultad radicaba en el “que de verdad me gustaran”. Uno es uno y soy parcial, por ejemplo, con el policial negro, con la comedia o con el musical, pero con las de amor, soy peculiar y quisquilloso. Aunque no solo llegué a completar la lista sino que hasta me quedaron muchas en el tintero. No sé si llegan a otras 28, cosa que no comprobaré porque no se trata de llegar al fondo del baúl sino de entretenerse un rato con juegos de charla de café.

Sábado 25 de febrero de 2023


Día 25: Notting Hill (Un lugar llamado Notting Hill, Roger Michell, 1999)

Estamos siempre tan hambreados de justicia que cada vez que nos cuentan una versión de la Cenicienta, como la copita de ginebra holandesa, nos estimula y sienta bien. Notting Hill es eso, una Cenicienta invertida en la que él (Hugh Grant) es la fregona y ella (Julia Roberts) el príncipe azul que no destiñe. Claro que como todo es moderno, él no friega sino que tiene otros encantos. Es un librero, que entre los mercachifles, es el más encumbrado. Vende al menos sustento para el alma y el intelecto y no cigarrillos o tuercas. Ella es perfecta como toda estrella. Pero como sabemos los que tuvimos la suerte de conocer alguna de entre casa, las estrellas son como todos los demás, solo que con las ventajas y peculiaridades del empleo elegido. Por eso le puede decir aquello de Soy solo una chica parada frente a un chico pidiéndole que la quiera, que es el fino y poético de Soy accesible hasta para vos, chabón. Claro que él todavía tiene que perder el zapato que en su caso es enredarse con la baja estima y comportarse como un reverendo pelotudo. Pero como no es una novela rusa clásica, el final feliz está en ciernes y entonces ponen She de Aznavour cantado por Elvis Costello y si bien ya veníamos enamorados de Julia Roberts desde los tiempos de Pretty Girl (otra Cenicienta), la canción nos recordaba todos los motivos para amarla y obedientes nos volvíamos a enamorar de Julia hasta la masmédula, que no existe, que es un invento de Oliverio Girondo, pero que debería existir. Y por más policiales negros que consumamos, siempre nos van a gustar las versiones de la Cenicienta porque es un cuento de progresión social ascendente y por más que el garcaje le enseñó a algunos de nosotros a odiar a los que de mal van para bien en términos de ascenso, los demás nos vamos a enganchar con la esperanza secreta de que alguna vez nos toque echar buena y quedarnos con la Julia Roberts que liguemos, porque con ella hasta el pan y cebolla va a ser caviar y centolla.

 

Domingo 26 de febrero de 2023


 Día 26: Zee and Co. (Salvaje y peligrosa, Brian G. Hutton, 1972)

Preguntas del millón. ¿Qué es el adulterio? ¿Cuándo empieza? ¿Por qué? Es una enfermedad de pareja monogámica. En parejas abiertas o poliamorosas no aplica. ¿Es venial si es solo sexual? ¿Es mortal si involucra sentimientos? ¿Es ignorado o negado? ¿Es un juego de poder? ¿Surge para salpimentar una relación agotada? ¿Comienza en la mente mucho antes de ocurrir o solo se da? La o el tercero en discordia ¿ambiciona ocupar el lugar del o de la traicionada? ¿Acepta participar en un juego en el que tiene más para perder que ganar? Ya sea que se supere ¿el fantasma de lo que pasó queda de por vida? ¿Es consentido si no se hace nada para evitarlo? ¿Gana el o la que se queda con la convivencia del objeto de pasión? ¿Hay ganadores o solo perdedores? ¿Hay verdadero amor en una relación que nace en la clandestinidad y que implica traición? ¿Surge de la insatisfacción ante la pareja o de un impulso ingobernable de una de las partes? Una vez establecido y tolerado ¿es para toda la vida como el matrimonio católico? ¿Hay víctimas y victimarios o solo victimarios? Si surge como una aventura y no se corta a tiempo ¿se complica? ¿Es más grave entre los tradicionalistas que entre los bohemios? Elizabeth Taylor como la esposa, Michael Caine como el marido y Susannah York como la amante barajan respuestas en Salvaje y peligrosa. Pero ¿hay respuestas correctas cuando se presenta una anomalía donde no debería haberla?

 

Lunes 27 de febrero de 2023

 
Día 27: The Shop Around the Corner (El bazar de las sorpresas, Ernest Lubitsch, 1940)

Con una falta de originalidad digna de ninguna causa, en las aulas, ante las peleas reiteradas, se intenta disuadirlas con un perogrullo que se supone freudiano: Los que se pelean, se quieren. Casi nunca es verdad y en escasísimas oportunidades es disuasorio, pero en el caso de Klara Novak (Margaret Sullavan) y Alfred Kralik (James Stewart) es cierto de toda certeza y se puede jurar sobre su veracidad no sobre una, sino sobre siete Biblias. Los dos trabajan en el Bazar Matuschek que queda a la vuelta de alguna esquina en el centro de Budapest. Estamos en los años precedentes a la Segunda Guerra Mundial y nada presagia los funestos delirios expansionistas de Hitler. En este ¿bazar? que es más bien una marroquinería, su vendedor estrella, el mencionado Kralik y su vendedora más reciente, la susodicha Novak, en persona, se detestan a más no poder, pero, por carta, (sin saber quiénes son en realidad porque usan seudónimos) están más que cerca de formalizar un noviazgo. Solo hace falta el detonante para que la tensión sexual ya desatada y el amor en ciernes exploten, se fusionen y comiencen los prolegómenos de cazar perdices. El bazar de las sorpresas es una de las piezas claves del maestro Ernest Lubitsch y reapareció en 1949 como un vehículo de lucimiento para Judy Garland (In the Good Old Summertime, llamado aquí La novia incógnita) dirigida por Robert Z, Leonard, acompañada por Van Johnson (en la escena final hace su debut en el cine una nena de tres años llamada Liza Minnelli) y en 1998, convenientemente aggiornada, para que otra vez se enreden sentimentalmente Tom Hanks y Meg Ryan (You've Got Mail / Tienes un e-mail) con dirección de Nora Ephron) Y desde 1963 es un delicioso y logradísimo musical de Broadway con el título de She Loves Me, con libro de Joe Masteroff, música de Jerry Bock y letras de Sheldon Harnick. Todas se basan en la obra teatral de 1937, Parfumerie, del húngaro Miklós László. Pero como suele suceder en algunas familias es la primigenia la más agraciada y querida. Los que vienen detrás, a llorar a la iglesia o a rumiar a terapia.

 

Martes 28 de febrero de 2023

Día 28: New York, New York (Martin Scorsese, 1977)

Fue un fogonazo de luz, calor y belleza, cuando en la calle hasta el aire diáfano olía a sangre, los alaridos sospechados te desvelaban en el silencio de la siesta y el miedo nos atería de frío incluso en el ardiente calor del verano. Se estrenó el 5 de enero de 1978. Y menos mal que no era ni crédula ni jovial. No andábamos como para ingenuidades ni optimismos. María von Trapp nos hubiera fastidiado hasta la indigestión. Scorsese dice que es un noir musical y no le falta razón. La Segunda Guerra Mundial acaba de terminar y él, el saxofonista Jimmy Doyle (Robert De Niro), quizás por haber visitado el Infierno, es un desencantado que por más que lo intenta no puede confiar ni querer y la rabia por no poder hacerlo se le vuelve violencia y desprecio por sí mismo. Ella, la cantante Francine Evans (Liza Minnelli) no es perfecta, muchas veces no sabe qué hacer con él, pero comparte el perfil de las nobles minas del tango, es fiel y de gran corazón, y hasta le da un hijo. Cuando él por fin consigue un poco de paz y aquieta sus demonios, ella ya está en otra y no quiere volver atrás. La frase matadora del afiche decía: El amor es como una canción, es hermoso mientras dura. Y yo, un veinteañero reciente que alcanzaba la edad de oro en años de plomo, mientras duraba esta película casi no tenía miedo y el mundo me parecía menos hostil y doloroso. Por eso la amo. Fin.

Gustavo Monteros

viernes, 16 de diciembre de 2022

Intermezzo musical - Hoy: Cabaret

 Peino canas, ya no tengo todos los dientes, se me pasó la edad para jubilarme en la profesión que más ejercí, todos los días descubro molestias o dolencias nuevas, me cuesta levantarme de la cama con dignidad...ah, pero ¡vi jugar a Maradona y vi Cabaret en los cines cuando se estrenó! 

Gustavo Monteros


domingo, 13 de febrero de 2022

50 años con Cabaret




 Hoy Cabaret cumple 50 años de su estreno. Come to the cabaret! Si la vieron y hace mucho que no la ven, véanla otra vez y comprueben que, gracias a Dios, por suerte, o por la tenaz gloria del cine, sigue tan vigente como el primer día. Si no la vieron nunca, son unos afortunados, ¡véanla! y disfruten una de las maravillas cinematográficas de todos los tiempos. Y si son de haberla visto en su estreno y no la perdieron y la vieron con regularidad durante todos estos años, descórchense un champán o sírvanse la bebida de su preferencia y ¡brindemos! La vida, nuestra vida, es mucho mejor porque hubo, hay y habrá un Cabaret...(El cine hace el mundo mejor y más feliz...aunque nos advierta que haya que cuidarse de los totalitarismos y que no hay salida individual...como dice Bob Fosse con Cabaret...la sabiduría nunca viene mal)

Gustavo Monteros