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jueves, 19 de septiembre de 2019

Inconcebible



Unbelieavable, muy bien rebautizada al español como Inconcebible es una serie creada por Susannah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman que acaba de estrenar Netflix.


Se trata de lo que ahora se llama Policial de procedimiento, o sea de seguimiento del trabajo policial paso a paso. En este caso una seguidilla de violaciones a mujeres que bien podrían deberse a un mismo perpetrador.

En el primer caso, la víctima es una adolescente, Marie (Kaitlyn Dever) a la que por diversos motivos terminan por no creerle y hasta es acusada de falsa denuncia.

El segundo caso nos mostrará el trabajo de la detective Karen Duvall (Merritt Wever) quien por estar casada con otro policía se enterará de la investigación que lleva en un pueblo cercano la detective Grace Rasmussen (la maravillosa Toni Collette). Las dos detectives al cotejar datos concluirán que pueda tratarse de un mismo victimario.

La serie ilustra el tratamiento que se le da a lo que nosotros llamamos cuestiones de género. Y como parte de un realismo llano es curioso ver como los trámites de tan repetitivos se vuelven engorrosos para las víctimas, revictimizadas una y otra vez por un supuesto mecanismo diseñado para protegerlas. El primer episodio solo puede calificarse de kafkiano, parece un pie de página de El proceso.

La serie consta de 8 episodios, y si bien voy por el quinto, me animo a recomendarla porque no creo que descarrile en lo que me queda por ver.

Hay excelencia por todos lados, en el armado de la historia (el azar como en los buenos policiales participa mucho), en el compromiso de las detectives, en la delicadeza del tratamiento del tema y esas cosas que hacen que uno siga viendo algo con ganas hasta el final.

Las tres actrices mencionadas, como el resto del elenco, desbordan talento. Eso sí, si como yo, la ven por Toni Collette, sepan que recién aparece en el final del episodio dos.

Inconcebible puede verse  en Netflix.

Gustavo Monteros

jueves, 20 de junio de 2019

About a boy - Un gran chico

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(¿No es que una imagen vale más que mil palabras? Me ahorro las mil palabras, pero por si no hubiera quedado claro, recomiendo rever o ver uno de los clásicos recientes: About a boy o Un gran chico (2002) de Chris y Paul Weitz con una de las más notables actuaciones del gigantesco Hugh Grant, a la que le sumamos una performance inolvidable de la genia de Toni Colette, más la hermosa y talentosa Rachel Weisz, más el papel que le dio el espaldarazo a la carrera del por entonces pequeño Nicholas Hoult. Más una historia inolvidable, llena de réplicas brillantes. ¿Qué más se puede pedir?

About a boy o Un gran chico puede verse en Netflix. 

¡Buen día de la Bandera!

Gustavo Monteros 

jueves, 19 de abril de 2018

Madame


Madame de Amanda Sthers arranca como una comedia social de costumbres y se despeña de a poco a la comedia romántica.


La cosa es así, la madame del título es Anne Fredericks (Toni Collette) una ricachona egoísta y snob como pocas, que dará una exclusiva cena para 12 en su palacete de París. Está casada con un hombre que le lleva unos cuantos años, Bob (Harvey Keitel) y que está dispuesto a hacer lo que sea para que tenga una vida sin privaciones de ninguna clase, por eso venderá incluso un Caravaggio que está en su familia desde siempre. La venta se hará a través de un amigo marchante, David Morgan (Michael Smiley) y el comprador es Antoine Bernard (Stanislav Merhar) que aunque está casado con la bella Hélène (Violaine Gilibert) , mantiene con Anne una relación extramatrimonial. El proyecto de la cena se desbarata por la súbita llegada del primogénito de Bob, Steven (Tom Hughes), vástago de un matrimonio anterior de Bob y que no simpatiza para nada con Anne,  los comensales ya no son 12 y pasan a la fatídica suma de 13, y como la hora se viene encima no queda más remedio que sentar a la mesa a María (Rossy de Palma) mezcla rara de mucama, niñera y secretaria de Anne. María, que pasa por una misteriosa aristócrata española, provocará la curiosidad de David, a quien no se quiere sacar del error hasta que la venta del Caravaggio se consume. Y entonces…


Madame es una película rara, no porque ostente cosas extrañas, sino porque toma decisiones muy erradas y uno la sigue viendo. Toni Collette y Harvey Keitel están miscast como nunca, no responden ni por asomo al tipo de personaje que les dieron, pero defienden lo que les toca con gracia y esmero. La crítica a las convenciones sociales de clase luce tibia, elemental y hasta obvia. Con las réplicas hay que suponer que son brillantes, cuando en realidad son sosas y a veces vergonzosas, como el supuesto chiste que involucra a HBO, que ya era malo la primera vez y no obstante ¡se lo repite! Hay líneas de conflictos que se abren para no cerrarse, como el amorío de Bob con su profesora de francés. Y si bien Rossy de Palma da el rango del personaje que se le pide, no le escatiman molestias, como cuando al principio la hacen ponerse una flor en la boca e impostar un olé.


Madame tiene todo para ser desestimada como un bodrio hecho y derecho y sin embargo se la ve con resignada simpatía. ¿Por qué? Por el arte de los actores. Toni Collette, por ejemplo, puede que no sea la actriz ideal para corporizar una snob inflexible, pero la acompaña el aura de personajes que amamos y le agradecemos el convite. Puede que no sea el mejor festín que compartiremos con ella, pero al menos no nos deja con hambre.

Gustavo Monteros

miércoles, 1 de abril de 2015

Héctor y el secreto de la felicidad



Héctor y el secreto de la felicidad es de esas películas que uno comienza y termina de ver con una sonrisa. Sonrisa constante que nos obliga a masajearnos las comisuras a la salida.


Arranca como un cuento de hadas para adultos: “Había una vez un joven psiquiatra que…” Y sí, Héctor (Simon Pegg) cree tener la vida ordenada y compartimentada. Ilusión incentivada por su novia (Rosamund Pike). Pero no hay fachada que dure 100 años y un buen día comienza a resquebrajarse. Entonces Héctor se pregunta qué corno es la felicidad. Responderse lo obliga a emprender un viaje con escalas en China, India, África y Norteamérica.


Como toda película de viajes es fragmentaria, con historias que varían de registro e intensidad. Y como se trata de un viaje espiritual aparecerán tanto respuestas filosóficas serias como otras de libro de autoayuda. Como sea, la pregunta es válida y una de las más interesantes para resolver.


Simon Pegg no solo es un cómico excepcional sino también un actor (así, a secas) excelente. Si no lo conocen o no lo tienen del todo, esta es una oportunidad óptima de familiarizarse con él. Rosamund Pike, que pasó al Olimpo de las Grandes de Verdad con su inolvidable actuación en Perdida, ratifica su exquisito talento. Y ¿para qué mentirse?, ninguna película con Toni Colette y Christopher Plummer puede ser mala del todo. Ella eleva el interés de lo que fuera en que esté, aunque más no sea por la gloria de verla. Él, de tan magnífico, ya es un prócer. Y por si fuera poco, está también… Jean Reno y ¡Stellan Skarsgård!


Dirigió Peter Chelsom y se basa en una novela de François Lelord (Le voyage d'Hector ou la recherche de bonheur).


En resumen, un viaje reconfortante, sin fatigas, inconvenientes, esperas o jet lags.
Gustavo Monteros

jueves, 9 de enero de 2014

Una segunda oportunidad




Siempre procuro ser cohesivo, elocuente. Esta vez me permitiré balbucear, ser incoherente incluso.


 Si tienen más de 40 años, pongan su vida entre paréntesis por un rato y vayan a ver esta película. Si tienen menos de 40, vayan igual porque vislumbrarán lo que les espera. Que hacerse mayor no es crecer sino volverse más niño. Con disfraces de adultez.


Eva (Julia Louis-Dreyfus) una masajista (divorciada y con una hija lista para partir a la universidad) acompaña a su amiga psicóloga, Sarah (Toni Collette) y al marido de ésta, Will (Ben Falcone) a una fiesta en la que por separado conoce a Albert (James Gandolfini) y a Marianne (Catherine Keener). Saldrá con Albert y desde una relación profesional al principio desarrollará con Marianne una amistad. Que Albert haya estado casado con Marianne es una coincidencia de película que Eva descubrirá y callará… Hum…


Toda ficción es un artilugio y una comedia más todavía, como nunca la parte chispeante de la vida sin los momentos aburridos. Sin embargo, una buena comedia (y ésta lo es en grado sumo) desnuda más verdades que el más altisonante de los dramas. Porque el hombre en el fondo es ridículo, a pesar del alto concepto que tiene de sí mismo.


Los nudos de las comedias se atan mejor de a tríos. Y aquí hay varios. Al ya mencionado se suma que hay tres mujeres jóvenes (la hija de Albert y Marianne, la hija de Eva y su amiga Chloe) a punto de abrirse camino. Y claro sus madres que ya se han abierto camino. Hay dos ex maridos y un esposo. Y así sucesivamente. Después de verla desanden los tríos y disfrutarán aun más de sus relaciones y sus consecuencias.


Por ejemplo, Sarah (la inmensa Toni Collette) jamás dejará a su marido ni despedirá a su mucama, relaciones tan arraigadas como poco asumidas. Ser psicóloga la despista más que hacerla más sabia.


Una buena comedia se agiganta con actores que saben jugar las implicancias y el estilo. Y este elenco juega como nadie, mejor que nadie.


Esta comedia, más allá de todas sus virtudes, se destaca por ser el primer trabajo póstumo que se conoce de Gandolfini. Muchos lo han dicho y lo repito porque es exacto, el personaje que encarna aquí es el opuesto perfecto de su célebre Tony Soprano. Si Tony Soprano era un duro que dejaba entrever el tierno que había debajo, aquí su Albert es un tierno que deja entrever el duro que pueden desatar.


Perdón, llego tarde en mi recomendación, esta película ya se exhibe en horarios acotados: a las 21:15 y 23:15 en el Cinema Paradiso, pero es verano y es mejor ir al cine de noche. Tardé porque todavía estoy peleado con Gandolfini por haberse ido de gira. Y soy lento con los duelos… todavía no perdoné a Humphrey Bogart…


Un abrazo, Gustavo Monteros
 
 Ah, dirigió y escribió este film la buena de Nicole Holofcener (Amigos con dinero) y su título original es Enough said (Está todo dicho).

viernes, 1 de noviembre de 2013

Un camino hacia mí



Fui un chico difícil y un adolescente incluso más difícil. Al abrir los ojos cada mañana, los primeros que tenían que lidiar con mis dificultades eran los miembros de mi familia, quienes las ignoraban o hacían lo posible por intensificarlas. Sobreviví a mis dificultades y a ellos. En mi primera juventud acomodé cómo pude las cosas, me di y les di a cada cual su culpa y empecé a desandar mi vida con la niñez y la adolescencia detrás y sus cuentas relativamente saldadas. Pero de verdad dejé de culparlos al entrar a la treintena larga. Comprendí que cuando era adolescente, mis padres tenían la edad a la que yo había arribado. ¿Cómo pedirles, pues, que me contuvieran, me comprendieran cuando yo, llegado a esa etapa, no entendía nada ni podía contener ni a un peluche? Fue un alivio y una condena. Ahora por fin mi vida era mía y a nadie podía atribuirle los desastres que cometía. Crecer siempre es difícil, aunque la adolescencia es el peor ritual de pasaje. La pena y la dicha son más intensas, de colores refulgentes, sin matices, todo es extremo y el alboroto hormonal poco ayuda. Se acabaron las ternezas de la infancia y lejos están las certezas de la madurez. Me acojo a lo que dice la canción de Gigi: I’m glad I’m not young anymore (me alegra ya no ser joven).

Desde el principio sabemos que Duncan (Liam James) está en problemas. Un camino hacia mí se abre con una de las escenas más crueles desde que Ingrid Bergman se sentara al piano y humillara a Liv Ullman en Sonata otoñal. Trent (Steve Carell) el novio de la madre de Duncan, Pam (Toni Collette) le pregunta a Duncan: “Entre 1 y 10 ¿qué puntaje te das?” Duncan a regañadientes se da un 6. Trent le retruca: “Para mí sos un 3”. La escena está muy bien filmada, transcurre en un auto y de Trent sólo se ven los ojos en el espejo retrovisor, en cambio de Duncan se ve todo su rostro que refleja el dolor infringido. Por suerte, más adelante Duncan se topará con Owen (Sam Rockwell) un adulto inmaduro, que todavía se lame las heridas de la adolescencia, por eso los comprende tanto, que le dirá: “No te preocupes, no te conoce, esa respuesta habla más de él que de vos”. Menos mal, sino pequeño trauma tendría Duncan que superar. Y siguiendo con los números, es imperativo aclarar que Duncan tiene sólo 14 años.

Un camino hacia mí transcurre en unas acotadas vacaciones de verano en las que Duncan y todos los que lo rodean harán unos cuantos ajustes. Es una pequeña película que como los ejemplos mencionados en el afiche (Pequeña Miss Sunshine y La joven vida de Juno)  se vuelve entrañable, porque si bien parte de una peripecia chiquitita, ésta se vuelve trascendente en sus alcances. 

Se distingue debido a que parte de tres ejes imbatibles: un elenco impecable, un guión bien estructurado con algunas frases brillantes y una dirección que sabe servirlo. Steve Carell y Amanda Peet se lucen en papeles antipáticos esta vez. La extraordinaria Toni Collette hace lo suyo o sea algo extraordinario. La no menos enorme Allison Janney descuella en la vecina Betty. Maya Rudolph entrega una hermosa actuación  salvaje con Caitlin y el bueno de Sam Rockwell le da aristas y sutilezas a su Owen. El pequeño Peter de River Alexander con su ojo ladeado es una delicia. Están también muy bien las adolescentes Zoe Levin (Steph) y AnnaSophia Robb (Susanna), pero nada sería lo mismo sin un protagonista luminoso, imposible no identificarse con el Duncan de Liam James.

Los actores y guionistas, Nat Faxon y Jim Rash debutan en la dirección con esta honestamente manipuladora historia, honestamente porque no cae jamás en la tentación del golpe bajo berreta. Y si bien pudieron evitarse la competencia final, debieron sentir que conducía mejor al abrazo, lo cual es verdad.

El lema del afiche dice: “We’ve all been there”. Y sí todos hemos estado ahí, en una transición dolorosa, de adolescentes, de adultos, en cualquier edad, bah.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 8 de marzo de 2013

Hitchcock



Nada traiciono si digo que Hitchcock es un cuento que termina bien. Todos sabemos que Psicosis fue un gran éxito y que Hitch jamás se separó de su esposa Alma. Sí, esta película se asienta en estos ejes: los entretelones de la filmación de Psicosis y una de las crisis matrimoniales que sorteó con Alma.

Hitchcock apunta a los cinéfilos como su primer público y a los cinéfilos, como buenos niños que somos, nos gusta oír el mismo cuento una y otra vez. Este film no nos cuenta nada que no sepamos. Se nos vuelve a referir la azarosa elección del proyecto Psicosis, la pelea de Hitch con productores y censores, el armado del reparto, la ingeniosa promoción de la película y la ratificación, claro, de su perfil psicológico, el católico reprimido que sublima a más no poder, el voyeur, el onanista y el perverso en ciernes en su relación con las estrellas a medio hacer. En cuanto a Alma siempre supimos que fue un gran talento opacado por el genio de su marido, una “doctora” de guiones sin igual y una montajista de primera línea. Aquí se ilustra cómo piloteaba el hecho de vivir en las sombras, de ser dejada de lado. Y si la crisis matrimonial no es sangrienta se debe a que ella lo amaba de verdad.

Como no podía ser de otro modo, abundan también los chismes conocidos: que Hitch prefería a las estrellitas en ascenso antes que a las consumadas, porque éstas ofrecían más resistencia a doblegarse a sus caprichos; que Vera Miles fue la única actriz que se negó a ser manipulada para ser otra rubia de la colección, que su humor aunque cáustico no caía mal, que sufría los premios que se le negaban, y que detrás de la fachada de autoridad monolítica se escondía un hombre temeroso, inseguro y dubitativo.

El tono de la película es amable, tampoco podría ser de otro modo si se quería ser más o menos fiel a la verdad. Durante años se socavó el mito para descubrir sobre qué barro se aposentaba y se encontró poco o nada. Más allá de conductas discutibles y quizá hasta reprochables, Hitch por sobre todo era un buen tipo, y su peor costado se recortaba por las muchas frustraciones que halló irremontables. Y perdón por lo evangélico, pero el que esté libre… que tire la primera piedra.

El elenco de notables que interpreta personajes ídem es antológico: Anthony Hopkins (Hitchcock), Helen Mirren (Alma), Scarlett Johansson (Janet Leigh), James D’Arcy (Anthony Perkins) y Jessica Biel (Vera Miles). No les van a la zaga en personajes menos glamorosos: Danny Huston (Whitfield Cook), Toni Collette (Peggy Robertson), Michael Stulhbarg (Lew Wasserman), Richard Portnow (Barney Balaban), Ralph Macchio (Joseph Stefano) y Michael Wincott como Ed Gain, el asesino de las ensoñaciones. Como al pasar aparecen dos ídolos absolutos de los cinéfilos, nada más ni nada menos que Bernard Herrmann y Saul Bass, Paul Schackman es el músico Herrmann y Wallace Langham es el diseñador gráfico Bass. Y Josh Yeo hace del actor John Gavin que recibe el comentario más venenoso de toda la película. Todos y cada uno de ellos se divierten a lo grande y lo comparten con la platea. Y si bien, por elección propia, lo de Hopkins está más cerca de la mimesis que de la composición no por eso su trabajo se invalida.

En resumen, Hitchcock de Sacha Gervasi es una cita obligada para los cinéfilos y para los no cinéfilos también ¿por qué quién no disfruta de un buen chisme? Lo digo con autoridad porque pertenezco a las dos categorías. La de los cinéfilos y la de los chismosos.
Un abrazo, Gustavo Monteros