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viernes, 20 de enero de 2023

Intermezzo musical - Hoy: Victor/Victoria

 Julie Andrews está en tres títulos claves de la historia del musical en el cine: The Sound of Music / La novicia rebelde (Robert Wise, 1965), Mary Poppins (Richard Anderson, 1964) y Victor/Victoria (Blake Edwards, 1982). Cada film tiene, claro, su número icónico. Repasemos hoy el de Victor/Victoria, Le Jazz Hot, que repercute hasta hoy.  Gustavo Monteros

viernes, 8 de abril de 2022

Hawai



 

Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

 

Hoy: Hawai

 

Con Hawaii (George Roy Hill, 1966), es la vez que una gran producción de Hollywood más cerca estuvo de Las venas abiertas de América Latina. En espíritu, digo, e involuntariamente, porque se centraron más en el lado sentimental del increíble y triste destino del Reverendo Abner Hale (Max von Sydow) que en el costado más político, más Ibsen o Shaw, del asunto.

 

Esta tragedia, en su fondo, es más política que sentimental y si la hubieran narrado desde las devastadoras consecuencias político-sociales, la película hubiera sido mucho más conmovedora, aunque no sé si tan exitosa, se habrían corrido demasiado de lo que era el canon hollywoodense.

 

El susodicho reverendo estaba entre los que encabezaron la cruzada misionera evangelista al archipiélago de Hawaii en 1818. El hombre era un fanático sin imaginación ni misericordia que interpretaba la Biblia y los preceptos religiosos literalmente. Recalco, porque el detalle es muy importante, sin grises, con literalidad absoluta, al pie de la letra.

 

Un peligro andante, de ahí que los Elders (Mayores) establecieran que no pudiera evangelizar a menos que se consiguiera una esposa, tarea que en los papeles era sencillamente titánica, sino imposible. Almas caritativas lo acercan a Jerusha (Julie Andrews), solterona de 22 años, atada a la espera de cartas casamenteras de un marino que se fue a hacer fortuna, el capitán Rafer Hoxworth (Richard Harris).

 

Por supuesto, las cartas llegan cuando el complot de casarla con Abner ya está en marcha y se las ocultan, condenándola a consorte del nada atractivo reverendo. Convengamos que el personaje de Max von Sydow debe figurar entre los protagonistas más obtusos, pesados, indigestos y desabridos de la historia del cine. En dos palabras es un pelmazo mayúsculo.

 

En fin, casados que fueron, se embarcan y después de un viaje con inconvenientes como corresponde a toda travesía de film con gran presupuesto, llegan a las islas. (Entre los que viajan está el doctor John Whipple, interpretado por un joven e incipiente Gene Hackman, que, sin embargo, no se hace notar por lo insulso de su papel).

 

Una vez en la paradisíaca Hawaii, Abner se enfrentará con la reina del lugar, Malama Kanakoa (Jocelyne LaGarde), que terminará por abrazar la fe con fervor infantil. Entre el infantilismo de la gobernante y el fanatismo del evangelizador, el choque de culturas es punzante.

 

En el transcurso, habrá partos traumáticos, luchas por la moralidad, epidemias, amores encontrados y muertes significativas.

 

Y después de haber arruinado la vida a medio mundo de todas las maneras imaginables, incluida la dieta alimentaria, le llega a Abner la posibilidad de redimirse: evitar la esclavitud de los lugareños a los que vino a evangelizar y la devastación de los recursos naturales de las islas por la explotación de monocultivos invasivos y dañinos como el de la caña de azúcar.

 

Porque mientras él pulía su fanatismo y estupidez, la misión evangelizadora había mostrado su verdadera cara, ser la vanguardia de un capitalismo rapaz, colonizador, miserable y abusador (aquí es cuando la película revela su conexión con lo que cuenta el libro de Galeano, la contracara de la cruz que fue la espada y las dos venían por la dominación y la explotación, y no por la civilización)

 

Subrayo que si este cuento se hubiera contado desde este aspecto, el film hubiera sido mucho más resonante y desgarrador, tal como está, es un relato eficaz logrado más con oficio que arte.

 

Este proyecto basado en un libro de James A.Michener estuvo en un principio a cargo del director Fred Zinnemann que consideró a Audrey Hepburn para el papel de Jerusha. Audrey hubiera provocado más patetismo que Julie Andrews que está francamente miscast (mal elegida, fuera de rol) A Julie por su pasado de María von Trapp (The Sound of Music / La novicia rebelde, Robert Wise, 1965) y de Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964) se la presupone una mujer espirituosa con recursos prácticos que bien puede prever y soportar lo que aquí le sucede. Audrey por sus antecedentes de princesa delicada, (Roman Holiday / La princesa que quería vivir, William Wyler, 1953) más ingenua y delicada que curtida y pragmática, nos hubiera despertado más pena y lástima. Pero como Julie es una auténtica trooper (disciplinado soldado de una causa) por excelencia se las arregla para redondear un personaje sólido y desatar la terneza y emoción apropiadas al desventurado devenir de su personaje.

 

Hawaii puede verse en los canales que dan películas viejas. La programan con frecuencia. Aloha.

Gustavo Monteros


lunes, 21 de julio de 2014

El rey James Garner ha muerto, ¡viva el rey!



Al revés de tanto bodoque que se cree la hostia sin serlo, James Garner fue la hostia y jamás se lo creyó. Quizás porque llegó a la profesión casi por accidente, quiso ser marino mercante hasta que descubrió que se mareaba. De allí, quizás también, su mejor perfil fue el del héroe a pesar suyo, aquel hombre que terminaba haciendo la hazaña porque no le quedaba otra.


Sus más grandes éxitos fueron series en la tele, primero con Maverick (de 1957 a 1962) y después con Archivo confidencial o The Rockford files (de 1974 a 1980) y que se ramificó en películas para la TV hasta bien entrados los noventa). Aunque también en el cine nos regaló protagonistas inolvidables. Sin ser su intención desbarataba el tácito amor que había entre Audrey Hepburn y Shirley Mc Laine en La mentira infame (The children’s hour, William Wyler, 1961). En el mismo año, 1963 fue dos veces galán de Doris Day, primero en La salsa de la vida (The thrill of it all, Norman Jewison) y después Yo, ella y la otra (Move over, darling, Michael Gordon). Fue uno de los dos mejores galanes de Julie Andrews (el otro, claro, es Christopher Plummer) primero en la fabulosa  Nunca comprarás mi amor (The Americanization of Emily, Arthur Hiller, 1964), en la ahora mítica Víctor-Victoria (Blake Edwards, 1982) y en el telefilme navideño Una noche especial (Roger Young, 1999). Se ganó su única nominación para el Óscar (y sí, los actores que nos hacen felices jamás ganan premios) como el maduro galán de la querible Sally Field en El romance de Murphy (Martin Ritt, 1985). Y ya que hablamos de romance, la purretada lo recuerda por el viejito enamorado de Gena Rowlands en Diario de una pasión (The notebook, Nick Cassavetes, 2004).


También estuvo en muchas películas para varoncitos: El gran escape (John Sturges, 1963), 36 horas (George Seaton, 1965), Grand Prix (John Frankenheimer, 1966), La hora del revólver (John Sturges, 1967), Apoye a su comisario (Burt Kennedy, 1969), Marlowe (Paul Bogart, 1969), Un hombre llamado Sledge (Vic Morrow, 1970), Látigo (Suppor your local gunfighter, Burt Kennedy, 1971), Sólo matan a sus dueños (James Goldstone, 1972), Asesinato en Hollywood (Sunset, Blake Edwards, 1988) en la que compartía honores con el también inmenso Bruce Willis, no pudo faltar en la versión cinematográfica de Maverick (Richard Donner, 1994) delicia en la que estaban uno de los mejores Mel Gibson y la siempre resplandeciente Jodie Foster, y tampoco faltó en la comedia geriátrica espacial de Clint Eastwood, Jinetes del espcio, 2000.


Cada vez que entrabas a escena me desatabas una sonrisa que me duraba hasta la palabra fin, no creo que te guste que cambie ahora porque te hayas ido. Aunque, amigo, la verdad sea dicha, con la sonrisa se me mezcla ahora un lagrimón. 



lunes, 30 de junio de 2008

Nunca comprarás mi amor

¿Pudo Hollywood alguna vez producir una comedia dramática original a la manera de Ibsen o Shaw, con un argumento que progresara no sólo por los conflictos de personajes carismáticos sino que discurriera ideas también? ¿Pudo James Garner, ese espléndido comediante mezcla rara de Cary Grant, James Steward y Burt Reynolds (porque tenía el timing y la elegancia actoral de Cary, la naturalidad y simpatía de Jimmy y el físico rotundo de Burt) corporizar un canalla hecho y derecho que tuviera sin embargo toda la razón? ¿Pudo Julie Andrews, antes de ser sacralizada como ente angelical por las novicias rebeldes y las mary poppins que le tocaron en suerte, interpretar a una mujer sensual normal con apetitos carnales que satisfacía noblemente? (Debido a esta película, durante años Sammy Davis Jr. hizo este chiste: que Julie Andrews era la única estrella cinematográfica que había tenido sexo antes de ser oficializada virgen universal). ¿Pudo el gran Melvyn Douglas conmover con un personaje tan enfermo como equivocado? ¿Pudo James Coburn redondear un papel secundario compacto que lo perfilaría como un futuro protagonista muy interesante? ¿Pudo Paddy Chayefsky, el rey del naturalismo cinematográfico gracias a Marty y Banquete de Bodas (The Catered Affair) afilar la punta del lápiz y superar su realismo tan efectivo como pedestre? ¿Pudo Arthur Hiller, un artesano correcto, elevarse de su medianía y volar a la altura de este proyecto? La respuesta a todos estos interrogantes es un Sí unánime. Se llama Nunca Comprarás Mi Amor (The Americanization of Emily) y la da mañana a las 17:30 TCM.


A pesar de ser un éxito de público y crítica no se reestrenó, como era el hábito comercial de entonces ni se pasó mucho por tele. Idéntico destino sufrió Cortina Rasgada, en la que Julie Andrews retozaba alegremente en la cama nada más ni nada menos que con Paul Newman en el pináculo de su lozanía. Torn Curtain no era el mejor de los Hitchcocks, pero junto con La Ventana Siniestra ofrecía las escenas más perfectas de la salvación por un pelo Hitchcockoniana. Si en Rear Window, Jimmy Steward se salvaba de que Raymond Burr lo matara encegueciéndolo con el flash de su cámara fotográfica; en Torn Curtain, Paul, sentado con Julie en un teatro viendo ballet, rodeados por media KGB y casi todo el ejército rojo, evita que terminen en Siberia, gritando “fuego” y provocando una estampida feroz.


El chusmaje de los historiadores de cine dice que tanto Nunca Comprarás Mi Amor como Cortina Rasgada fueron cajoneadas por pedido de la Disney y de la Fox para ocultar el pasado pecaminoso y sexual de la Andrews. Es que tanto Mary Poppins como La Novicia Rebelde eran dos minas de oro que producían enormes dividendos con cada reestreno y relanzamiento y había que preservar la asexualidad de la Andrews.


¡Pobre Julie! Años después tuvo que pasar por la ignominia de un topless cómico en S.O.B. (iniciales de son of a bitch, que aquí como reinaba la censura de la dictadura militar se llamó Se Acabó el Mundo, y los turgentes senos de Julie más otros momentos picarescos que protagonizaba fueron más adivinados que vistos), ser cuerneada por Bo Derek en 10, la mujer perfecta y ser travestida en Víctor-Victoria para recobrar algo de su sexualidad.


Pero ahora que reponen en teatro tanto Mary Poppins como La Novicia Rebelde, los directores de casting dicen que encontrar una actriz para la Poppins es relativamente sencillo por el disfraz y el paraguas volador, pero hallar una actriz para María Von Trapp que sea buena, dulce, candorosa, sin que parezca una reverenda pelotuda es toda una odisea,


Ésa bien puede ser la venganza de Julie Andrews.

Un abrazo,
Gustavo