¿Qué es lo mejor que se puede decir de un contenido visual digital
contemporáneo? Que se parece a una película vieja.
No estoy dando vueltas al divino botón. El cine no ha
muerto, pero está en evolución, técnica y narrativamente. Va en transición a
formas nuevas, que ya no están contenidas en las palabras “película” o “film”
De ahí la pregunta inicial.
El cine nació documentando salidas de fábricas o llegadas
de trenes a la estación y terminó madurando en géneros: musicales, comedias,
dramas, policiales, westerns, etc.
En los años ochenta del siglo XX, el cine industrial
arrancó con el multitarget (películas apuntadas para distintos públicos) y como
consecuencia natural surgió la mezcla de géneros.
También con la fiebre del alquiler de videos se borraron
los límites de las categorías antiguas (cine A y B, películas industriales y de
autor, películas comerciales e independientes).
Desdibujamiento de límites que se extendió con el
advenimiento del cable y ahora con el streaming.
O sea, cada boca de expendio (telefilms, video, cable,
streaming) determinó nuevos cambios en el formato o planteo de cómo contar lo
que antes era desarrollado en una “película”.
De ahí que a los quisquillosos puristas (entre los que me
encuentro) los contenidos audiovisuales que vemos hoy habitualmente no pueden
en rigor denominarse “películas”
Pero hay excepciones, El afinador es una de ellas. Por
eso para elogiarla dijeron que tenía el encanto de las películas del viejo
Hollywood (no el del cuarenta, sino el “setentoso”, ¡cómo pasa el tiempo!,
¡hablan de mi adolescencia!)
El afinador (Tuner, 2025)
es el primer contenido de ficción del hasta ahora documentalista Daniel Roher.
Y si bien tiene algo de películas de atracos, de buddy movie, de romance, es
por sobre todo el retrato de un tipo muy singular, Niki White (Leo Woodall)
Afina pianos para una empresita regenteada por Harry
Horowitz (Dustin Hoffman), un viejito tan molesto como simpático, que anda
perdiendo la mente, aunque lo apuntala con amor y paciencia su esposa, Marla
(Tovah Feldshuh).
Niki tiene un oído absoluto, pero también hiperacusia.
Parece ser un músico entrenado y talentoso que interrumpió su carrera
ascendente. ¿Por qué? Ya se sabrá a su debido momento.
El trabajo hace que se cruce con una concertista /
compositora excepcional, Ruthie (Havana Rose Liu) y con unos maleantes harto
peculiares bajo el mando de Uri (Lior Raz) para los que terminará abriendo
cajas fuertes con el uso de las virtudes de su oído.
Se trata de una buena historia contada con destreza, con
personajes bien definidos y buena música. Creo que está todo dicho, ¿no?
Gustavo Monteros
