Mostrando entradas con la etiqueta Andrew Garfield. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andrew Garfield. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de noviembre de 2025

Cacería de brujas


 

Aunque en los papeles era una de las favoritas, Cacería de brujas (After the Hunt, Luca Guadagnino, 2025) no avanzó en la temporada de premios. Su presentación en el Festival de Venecia no entusiasmó a la crítica y tras su estreno mundial, el público se abstuvo de verla. ¿Por qué? Esto incentivó más mi curiosidad que si hubiera seguido en carrera.

 

A los pocos minutos de iniciada, ya tenía una pista firme. Un cartel nos informa que estamos en Yale. De inmediato, estamos en una fiesta con muchos universitarios, muy pagados de sí mismos al punto de creerse la hostia, aunque para demostrarlo intercambian obviedades, eso sí, enunciadas en “difícil” para que creamos que son muy “profundos”. Punto en contra, todos los personajes nos caen antipáticos y nos empieza a dar lo mismo lo que pase con ellos.

 

Vemos que todos los personajes giran alrededor del de Julia Roberts que es Alma. La tal Alma ha vuelto a la universidad después de unos cuantos años de ausencia a dictar filosofía o ética.

 

Compite por el nombramiento definitivo con un colega que ella ha formado, Hank (Andrew Garfield), con el que tiene un juego de seducción, que sulfura al marido de Alma, el psiquiatra, Frederik (Michael Stuhlbarg), el que también tiene ojeriza por la asistente de cátedra de Alma, Maggie (Ayo Edebiri), que es lesbiana, negra y muy rica, tres características que la chica exhibe como si fueran títulos nobiliarios, ante los cuales los demás deben respetar al punto de la pleitesía.

 

Maggie es también alumna de Hank, los dos, como bien señala el marido Frederik, aspiran a más que la atención de Alma y por ello se detestan visiblemente.

 

Partidos todos los invitados, Alma se dobla de dolor (¿el motivo por el que estuvo tantos años sin trabajar?, ¿es algo físico?, ¿es psico-somático?) Tendremos un indicio claro más adelante.

 

Maggie, esa noche en particular está sola en su casa porque su pareja transexual, Alex (Lío Mehiel) está de viaje. Maggie y Hank dejan la fiesta juntos.

 

Al día siguiente, Maggie le contará a Alma que Hank ha abusado de ella. Dice que cuando llegaron a la puerta del edificio en el que vive, le pidió a Hank que subiera a tomar el trago del estribo, (¿para qué?, si no lo aguanta) y que él, aunque ella se resistió, pasó todos los límites. Fue al hospital para someterse al protocolo de violación, pero se arrepintió a último momento, insiste, eso sí, que las cámaras deben haber registrado que entró al hospital, y que dio la vuelta. Raro.

 

Alma que, ante el tema, por algo que sabremos después, debería excusarse, le dice a Maggie en un principio que prefiere no ponerse de lado de nadie, porque no fue testigo de nada.

 

Puro sentido común que no podrá sostener por dos razones, una, porque es imposible mantenerse neutral en temas así, el entorno exige una postura, y dos, Maggie la manipula para que se ponga de su lado, porque, como docente y como mujer, es la única posición correcta.

 

Alma habla con Hank que dice no recordar nada, por lo que sospecha que ha sido drogado. De paso dice que Maggie le tiene particular inquina porque él ha descubierto a quien le está plagiando las ideas para la tesis en la que trabaja y que además la pescó copiándose en un examen tan ostensiblemente que tuvo que quitárselo. (Frederik también sospecha que Maggie está plagiando ideas ajenas para la tesis).

 

La película comienza a manejar los conflictos dualmente, como un drama de abuso y como un policial (¿quién dice la verdad?, ¿quién es el o la “culpable”?) Punto en contra: no es que un genero (drama o policial) anule al otro, pero muestra indefinición de miras, y banalización.

 

Mientras la historia va de acá para allá, se desarrolla una subtrama entre Alma y su amiga Kim (Chlöe Sevigny) psiquiatra que trabaja también en la universidad y que junto al decano y otros notables integra el consejo administrativo superior.

 

Alma tiene unos cuantos secretos que hasta la fecha ha mantenido bajo siete llaves. Y no es la única.

 

Terminaremos, claro, por saber cuáles son los secretos de todos, pero a medida que nos vamos enterando, los conflictos son manejados con alta importancia, como si les fuera la vida, como si no tuvieran otras opciones.

 

Todo llega a una apoteosis, apocalíptica, casi. Vamos a fundido al viejo y querido fundido a negro y creemos que van a empezar a rodar los créditos finales del film. No, aparece un cartel que nos dice: Cinco años después.

 

Lo que sigue es prácticamente una escena de otra película. El registro es leve, se nos ratifica que hay siempre segundas oportunidades, que en definitiva nada es tan serio ni tan decisivo. Punto en contra. ¿Para qué diablos expresaron todo lo contrario en las dos horas anteriores?

 

Dos horas en las que obviaron el sentido común y ahora lo esgrimen como la panacea universal. Punto en contra: suena a tomada de pelo.

 

Y en el último segundo hay una coda final con una voz en off que muy postmodernamente nos revela que estuvimos en una ficción, en una dramatización, perdidos en un relato. ¿Es necesario? ¿Es una confesión de que nos tomaron por tontos?

 

Entre las muchas cosas que se dijeron sobre esta película (con las que no estamos de acuerdo con ninguna, ni las que están a favor ni las que están en contra), la más repetida es la protesta de que Julia Roberts está fuera de registro y tipo (lo que se define como miscast en inglés).

 

No nos parece que sea el caso. No es que no pueda interpretar un personaje antipático o malo (el que hace aquí incluso lo redimen), sin ir más lejos, Bette Davis hasta tuvo una carrera con tales personajes, el problema en realidad no es el perfil del personaje, sino cómo está desarrollado: nunca nos atrapa o importa. Y eso no es culpa de la Roberts y de su gran talento. Es responsabilidad del guion y del director.

 

Muchas películas que fueron rechazadas en sus estrenos fueron después rescatadas y revalorizadas. Lo que se leyó en principio como falla, se consideró después como factor constitutivo de una visión superadora.  

 

¿Será este otro ejemplo de eso? El tiempo lo dirá. Objetivamente hablando, no es un desastre absoluto, tiene apuntes logrados. ¿Bastarán en un futuro cercano o se olvidarán? No sé.

Gustavo Monteros

jueves, 16 de marzo de 2017

Silence


En mi modesta opinión, que no tiene por qué ser compartida por nadie, de todos los Scorsese que conviven en la carrera de Martin Scorsese director, el  que menos me gusta y menos revisito (por no decir jamás) es el religioso. Por censuras varias llegamos tarde a La última tentación de Cristo, 1988, y cuando la vimos lucía antigua, superada, parecía Los diez mandamientos de Cecil B De Mille reversionada por el Pier Paolo Pasolini de El evangelio según San Mateo, o sea desprovista de luz, color y magnificencia, era un tedio que solo Willen Dafoe y Barbara Hershey hacían soportable. Kundun, 1997, en cambio, era todo luz, color y lujo, pero más seca que hueso que da la luz mala e igual o más aburrida que la mencionada antes, uno se tenía que pellizcar cada cinco segundos y decirse que era una profunda exploración religiosa para no caer en el sopor que nos acuciaba. La que le siguió, si bien no se la incluye entre las religiosas-religiosas, igual indagaba sobre Dios, el destino, la culpa y demás, Vidas al límite (Bringing out the dead, 1999) esa en la que Nicolas Cage subrayaba su natural cara de vagina afligida, obra que podría figurar entre las interesantes-pero-no-logradas del currículum de ambos. Y como no hay dos sin tres, llega Silence para integrar, hasta la fecha, una trilogía religiosa, sabrá Dios si hay más y se conforma una tetralogía, y otra y una pentalogía, después quizá una hexalogía, una heptalogía, una octología, una enealogía o nonalogía, una decalogía y así sucesivamente.


Silence se basa en una novela de 1966 del autor católico japonés Shūsaku Endō, que ya fuera llevada al cine por Masahiro Shinoda con el mismo título en 1971, y hasta hay quien dice que también por João Mario Grilo porque su The Eyes of Asia de 1994 se nutriría en esta novela.


Estamos en 1639, dos sacerdotes portugueses, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) llegan a Japón en busca de su mentor, Ferreira (Liam Neeson) quien no solo habría dejado de difundir la fe católica sino que también habría apostatado al abrazar el budismo y que incluso viviría amancebado con una japonesita. El cristianismo católico sobrevive a duras penas una persecución oficial, igual de cruenta que la Santa Inquisición, quienes se nieguen a renegar del credo son quemados vivos, crucificados hasta ahogarse con las mareas, o colgados boca abajo con una herida precisa que los desangra gota a gota.


Scorsese no es Scorsese al divino botón, aquí filma con la amplitud de un despojado David Lean, su puesta en escena es siempre creativa, elocuente, grandiosa. El guión peca de demasiado declamativo, algo que es casi de rigor en las disquisiciones religiosas o filosóficas. Dos problemas graves preocupan a los fieles seguidores de Scorsese, entre los que me cuento, uno, el relato no fluye con naturalidad, tropieza una y otra vez con una solemnidad, con una pretenciosidad, con una autoconsciencia de importancia, que poco ayudan para involucrarnos con lo que sucede en pantalla, salvo las escenificaciones de los martirologios que conmocionan con su salvajismo, el resto nos aburre más que misa en latín.


Y dos, los protagonistas, Andrew Garfield no tiene madera de estrella, no puede sostener nuestra atención, carece de brillo, de presencia, de recursos, por más que angustie su cara de niño no pasa nada, en Hasta el último hombre, 2016, de Mel Gibson o en su El sorprendente Hombre Araña, 2012, de Marc Webb le iba mejor porque estaba rodeado de carismáticos e inflado de efectos especiales, aquí no hay ni una cosa ni la otra. Su coequiper, Adam Driver, tiene cara y cuerpo como para estar en El entierro del conde de Orgaz de El Greco, y ahí se acaba su contribución a la imaginería religiosa, como Andrew Garfield, su atractivo estelar va de poco a nulo. Uno comienza a rezar que aparezca Liam Neeson de una buena vez y le dé espesor, presencia, interés al cuento.


Pobre Scorsese, terminar con Andrew Garfield y Adam Driver, él que tiene ciclos con algunos de los más grandes actores que han existido, De Niro, Di Caprio, Daniel Day Lewis en un par, y en solo una vez  por ahora, estrellas como Jack Nicholson, Jerry Lewis, Nicolas Cage, Tom Cruise o el inolvidable Paul Newman. Mientras se elaboraba este proyecto, algo que tomó muchos años, se barajaron nombres como los de Daniel Day Lewis, Benicio del Toro, o Gael García Bernal como posibles participantes de esta aventura creativa. Otra cosa hubiera sido con ellos o con cualquier otro de la guía telefónica. Otro detalle, en tiempos en que se apunta a un verosímil más certero (como por ejemplo la serie The Americans en la que los personajes rusos hablan en ruso, con su correspondiente subtítulo, claro), que estos supuestos portugueses se traben cada vez que tengan que decir Ferreira suena a que practicaste poco, y eso que es solo una palabra que debieron aprenderse, no a leer Saramago en voz alta, recitar poemas de Pessoa o cantar fados. No se trata de que te den solo el protagónico, también hay que poner huevo y sudar la camiseta. La empatía a despertar no crece en los árboles, ni se da con tener cara bonita o interesante, hay que seducir a la cámara con lo que se tenga. Y si no se tiene nada, se construye algo. En cine si el protagonista no tiene hambre de gloria, la película está en serios problemas y nuestro interés también. Ante cualquier arte, aburrirse en más fácil que interesarse.


Eso sí, no hay que ser injusto con los actores japoneses que hacen una faena maravillosa. El flaquísimo Yōsuke Kubozuka es Kichijiro, un equivalente de Judas para el padre Rodrigues. Yoshi Oida es Ichizo, el jefe del primer pueblo que visitan los sacerdotes, sobre cuyas espaldas cae una pesada decisión. Issey Ogata es el fatigado y hastiado Inquisidor, que mira casi con desdén y abulia los tormentos que infringe. Y last but not least, para nada en absoluto, el traductor que hace Tadanobu Asano, un viscoso divertido como pocos, de esos personajes que seducen en la pantalla con su humor y sus dobleces, pero que son letales en la vida real. Un verdadero actor de cine el señor, no como los dos bodoques que protagonizan.


Terminada la película, uno comprende que la borgeana victoria secreta final está mejor contada que la bergmaniana angustia por el silencio de Dios. 


Más allá de los reparos, es un Scorsese, o sea, más temprano que tarde hay que verlo, aunque sea una vez, que Scorsese no es Scorsese al divino botón.


Gustavo Monteros
Todanobu Asano

viernes, 25 de abril de 2014

Tres estrenos Tres





Tres estrenos renuevan nuestra cartelera cinematográfica, dos argentinos y uno yanqui.

El secreto de Lucía, escrito por Graciela Maglie y Becky Garello, y dirigido por Becky Garello.

Dice la gacetilla de prensa: A los 14 años de edad Lucía pierde a su madre y como nunca conoció a su padre, queda desamparada en Chacabuco. A través del flamenco, logrará salir adelante. Los años la llevarán a un pueblo cercano a trabajar en un bar como cantante y bailarina donde conocerá a Juan.

Actúan la bellísima Emilia Attias, con Carlos Belloso, Adrián Navarro, Roberto Carnaghi, y Arturo Bonín.


Fermín, escrito por Oliver Kolker y dirigido por Hernán Findling y Oliver Kolker.

Dice la gacetilla de prensa: El Dr Ezequiel Kaufman (Gastón Pauls) entra a trabajar como médico psiquiatra en un Neuropsiquiátrico Público. Entre sus pacientes descubrirá uno en particular, Fermín Turdera (Héctor Alterio) quien cuenta con su nieta Eva Turdera (Antonella Costa), único familiar, criada por él. Internado por más de 10 años, Fermín reúne características peculiarmente sorprendentes no comprendidas por los médicos hasta entonces. Ezequiel descubre que solo se expresa únicamente a través de palabras y/o frases que ha escuchado en Tangos. A partir de este descubrimiento y una intensa relación entre el psiquiatra y su paciente, Fermín revelará la gran época y costumbres de la Argentina de 1940, la relación con sus amigos mas íntimos, los celos y traiciones y a Zulma Prando, su gran amor. En contrapartida, Ezequiel irá investigando el interior del Submundo del Tango en el pasado y en la actualidad, afectando su vida personal y sentimental teniendo que decidir su futuro en base a su nuevo presente Dicho tratamiento permitirá a Fermín tomar confianza y descubrir que nunca, nunca es tarde para saldar deudas con el pasado. Ezequiel transitará el camino que siempre lo motivó, romper las reglas.

Actúan Gastón Pauls, Héctor Alterio, Antonella Costa, Luciano Cáceres, Emilio Disi, Luis Ziembrowski, y Dalma Maradona.



El sorprendente hombre araña 2, dirigió Marc Webb y actúan Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Paul Giamatti, Sally Field, Embeth Davidtz, Colm Feore.

Me viene a la memoria el tema que cantaba Tina Turner para Mad Max III: No necesitamos otro héroe. Al menos yo no necesito otro, mucha otra gente parece que sí porque no pasa semana en que no nos tiren por la cabeza con un superhéroe. También me viene a la memoria una cumbia: La cosecha de mujeres nunca se acaba. Bien podríamos cantarla con un ligero cambio: La cosecha de héroes nunca se acaba…

Un abrazo, Gustavo Monteros