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viernes, 13 de febrero de 2026

Los esenciales - Hoy: Bogart no solo era un duro, también era un romántico.


 

La culpa la debe tener Casablanca, porque cuando me cruzo con una foto de Humphrey Bogart no se me viene el malandra de pistola en mano y réplica rápida, sino el héroe romántico, permanentemente signado por el amor equivocado, el de Casablanca, el de El halcón maltés, que es también un enamorado, aunque la ética le pese más que olvido, el de Sabrina, aunque esté muy envarado porque él, el actor, tenía mucho miedo de ya no dar lo que se necesitaba para que una Audrey Hepburn se enamorara de su personaje, el de La reina africana, aunque ella lo deje sin una gota de alcohol, esos.



Nunca se me vienen primero el convicto pícaro de No somos ángeles, el ilusionado de El tesoro de Sierra Madre, el forajido que quería a los perritos en Su último refugio (High Sierra), ni el gánster filosófico de El bosque petrificado.



Y eso que no incluyo en las que enamora a Lauren Bacall, sobre todo Tener o no tener y Al borde del abismo (The Big Sleep).


La culpa la debe tener Casablanca y sus frases matadoras de “Ellos iban de gris y vos vestías de azul”, “De todos los tugurios de la Tierra, ella tiene que venir al mío”, “Siempre tendremos París” y así.

 

El Bogart nuestro de cada día, dánosle hoy. Señor, hazme superar muchas cosas, pero nunca me hagas superar a Humphrey.

Y como a los cinéfilos, nos gustan mucho las listas, hago la mía de las 10 citas ineludibles con Humphrey Bogart.



Una. El bosque petrificado (The Petrified Forest, Archie Mayo, 1936. Se basa en un drama poético de Robert Emmet Sherwood, que Leslie Howard y Humphrey Bogart habían estrenado en Broadway. Sin embargo, cuando Warner Brothers decidió llevarla al cine, dijeron que prescindirían de Bogart, porque querían al instalado y seguro rendidor de Edward G. Robinson en el papel del gánster. Leslie Howard que se había asegurado los derechos de la obra se puso firme: al Duke Mantee lo interpretaba Bogart o la película no se hacía. Y se hizo nomás y fue la película que cimentó la carrera de Bogart, que ya venía larga y con muchos altibajos. Bogart se lo agradeció a Leslie Howard de por vida. Tanto que en 1952 cuando Lauren Bacall y Bogart tuvieron su primera hija le pusieron Leslie. Homenaje que Howard no llegó a saber, había muerto en 1943 en el Golfo de Vizcaya cuando los alemanes derribaron el avión en que viajaba.

La trama transcurre en un bar / grill de una carretera apartada. Ahí llega un trashumante escritor, Alan (Leslie Howard) y sin que lo pretenda, enamora a la camarera Gabrielle (Bette Davis) que cree que no cumplirá sus sueños de darse a conocer como pintora y viajar a París. Su pretendiente, Boze (Dick Foran) tiene más músculos que intelecto y no comprende que Gabrielle quiera ser otra cosa que esposa y madre. Llega el gánster Duke Mantee y toma a todos los que allí están (los mencionados, más los que trabajan en el lugar, un matrimonio de turistas mayores, y otros) de rehenes mientras espera reunirse con su novia Doris, que no llegará porque le ha confesado a la Policía dónde iban a encontrarse. Entonces…


Dos. Su último refugio (High Sierra, Roaul Walsh, 1941). Es sobre un robo de joyas que sale mal y hay amores cruzados, el gánster que hace Bogart adopta un perrito que será esencial en el final y todo culminará en una persecución montañosa que copiaran en muchos otros filmes noir y westerns. Bogart hace la transición de personaje secundario a protagonista con solvencia y éxito.



Tres. El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941). Se basa en la ineludible novela clásica noir de Dashiell Hammett. Unos maleantes, por separado, a cuál más atractivo y tortuoso, le piden al detective Samuel Spade (Humphrey Bogart) que los ayude a localizar una reliquia valiosa, el halcón del título. Las ambiciones los perderán y habrá unas cuantas frases matadoras que se citan hasta hoy. Es la primera obra maestra de Huston.




Cuatro. Casablanca (Michael Curtiz, 1942) Se han escrito centenares de libros y artículos sobre Casablanca. Mi contribución es: Casablanca es Casablanca. Y si ustedes tienen una ligera inclinación por el cine, deben verla al menos una vez. Y juro que será “el comienzo de una gran amistad”



Cinco. Tener y no tener (To Have and Have Not, Howard Hawks, 1944). Se basa en una novela de Ernest Hemingway y del guion, entre otros, participó un tal William Faulkner. Es de amor y aventuras durante la Segunda Guerra Mundial en la colonia de la Martinica, que estaba bajo la égida pro alemana del Gobierno de Vichy. Lauren Bacall dirá una definición de cómo silbar y enamorará a Bogart y a todos los que vean la película, hombres, mujeres, niños, perros, gatos y canarios.




Seis. Al borde del abismo (The Big Sleep, Howard Hawks, 1946). Se basa en la gran novela del genial Raymond Chandler y de este guion participó también William Faukner. Si de algo sirve, es una de las películas que no me canso de ver. Bogart es el detective Philip Marlowe y un tal General Sternwood (Charles Waldron) le pide que pague unas deudas de juego contraídas por su hija menor, Carmen (Martha Vickers), aunque la hija mayor, Vivian (Lauren Bacall) sospecha que el viejo está más interesado en saber qué le pasó a su empleado, Sean Reagan, que desapareció de la noche a la mañana. Entonces… Un policial magistral que es deleite puro.




Siete. El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, John Huston, 1948) Cuando nada se tiene, se lo puede arriesgar todo. Tres pobres desgraciados reúnen un poco de dinero y se lanzan tras el sueño de conseguir oro. Pero para todo se necesita algo que ellos no tienen: suerte. De ahí que en el emprendimiento de esta aventura, nuestro corazón estará con ellos en cada recodo del camino. Rompieron el molde después que la hicieron. Maravillosa.


Ocho. La reina africana (The African Queen, John Huston, 1951) Durante la Primera Guerra Mundial, en Africa del este, el capitán de un pequeño barco, La reina africana, es persuadido por unos misioneros, padre (Robert Morley) e hija (Katharine Hepburn) para emprender un peligroso viaje por un río traicionero y atacar un buque de guerra alemán. Aparte de ser un film de aventuras es un romance de opuestos. El capitán bebe lo que sea que tenga alcohol, la misionera es abstemia. Ella se las arregla para ser pulcra en todas las circunstancias, él luce siempre una barba de dos días y la necesidad de algún baño pendiente, ella es una creyente devota, él no ha dejado de creer en Dios, pero quiere que este le pague las deudas que le debe. Ejemplo antológico de romance inolvidable.



Nueve. Sabrina (Billy Wilder, 1954). Si uno fuera una chica de los años cincuenta y la pretendieran dos hermanos, David (William Holden), un casanova tarambana, lindo como un diamante, seductor como una cuenta bancaria abultada y hueco como bola de Telgopor y Linus (Humphrey Bogart) serio como un diagnóstico, solemne como una estatua, lindo como un susto, pero con una capacidad de amor y compromiso invalorables, ¿con cuál nos quedaríamos? Bueno, Audrey Hepburn tomó la misma decisión. Es un film de Billy Wilder y está todo dicho.


Diez. No somos ángeles (We’re no angels, Michael Curtiz, 1955) Tres convictos (Bogart, el gran Peter Ustinov y Aldo Ray) escapados de la Isla del Diablo a principios del siglo XX, terminan refugiados en la casa de una familia amable e inocente, cercada por unos villanos inexorables. Los tres convictos pondrán a prueba sus talentos para el robo, la estafa y el crimen, para corregir las injusticias. Para sonreír de principio a fin. Deliciosa.

 

Y con este artículo iniciamos la sección de Los esenciales. Bogart fue un actor de talento y su mito se erigió sobre un perfil de contrastes. Un flaco feo que podía más que cuatro lindos. Un enclenque que tenía más fuerza y fiereza que cualquier matón, profesional o amateur. Un hablador de lengua filosa que a fuerzas de cinismos se protegía de las ternezas que podrían desarmarlo.

Gustavo Monteros

¡Último momento! Dessde el jueves 19 de febrero de 2026 regresa a los cines platenses, al menos por una semana, Casablanca. 

viernes, 3 de febrero de 2023

Desafío del mes de San Valentín - Primera semana

Este Febrero es un mes complicado para mí. Tengo que despejar incógnitas, tomar decisiones, aceptar condicionamientos que no dependen de mí, etc. Pero para no obsesionarme, desarrollar ideas satélites o hacer de mi mente un embudo atascado, me conviene pensar en otras cosas. Y como el cine es una de las pocas cosas que siempre me divirtió, nunca me traicionó y si alguna vez me decepcionó, me recompensó casi de inmediato, me planteé un desafío. Como es el mes de San Valentín, voy a ver si puedo completar una lista de 28 películas de amor que me gusten de verdad.


Miércoles 1 de febrero de 2023


Día 1: Roman Holiday o La princesa que quería vivir (William Wyler, 1953), en la que Gregory Peck y el resto del mundo se enamoró de Audrey Hepburn para siempre jamás. Comedia romántica clásica de dos mundos opuestos que colisionan, el de un reportero y el de una princesa de verdad. Romance imposible si los hay, pero por breve que uno prevea el romance, ¿por qué no vivirlo? Y esa es la magia que transmite el director Wyler, como espectadores durante todo el transcurso de la historia, hacemos de cuenta que va a durar por siempre, aunque sabemos que no.


Jueves 2 de febrero de 2023


Día 2: Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995) o como de una novela pedorra se puede hacer una película inolvidable. Por el talento, claro, de Clint Eastwood, como director primero y prototipo de galán inoxidable después (ojo, actuar, actúa cualquiera, hacer soñar, algunos, los muy pocos) y el compromiso irrenunciable de Meryl Streep. Eso sí, yo hubiera preferido que su Francesca como la querida y aguerrida Nora Helmer de Casa de muñecas de Ibsen pegara el portazo liberador de esposo e hijos y se fuera a seguir un destino menos sacrificado y opaco. Pero como me dijo un profesor de la facultad, se analiza lo que hay en una historia y si usted se pone a especular sobre lo que los personajes pudieron haber hecho, o es usted muy ingenuo o el autor logró su cometido con creces. Ingenuo no soy, así que gracias Clint.


Viernes 3 de febrero de 2023


Día 3: Y vivieron felices (More than a miracle, para el mercado anglosajón, Céra una volta en el original) (Francesco Rosi, 1967). Un cuento de hadas, o más bien de santos, porque aquí el deux-ex-machina es un santo. Se invierten los roles de La princesa que quería vivir. Isabella Candeloro (Sophia Loren, bella, bella) es una campesina y Rodrigo Fernández (Omar Sharif en el pináculo de su galanura) es el príncipe a ganar. Para desafiar a su madre (Dolores del Río, bella como pocas en su madurez) Rodrigo organiza un concurso para fregonas, seguro de que Isabella ganará. Pero por la traición de clase del cocinero, que es apenas un campesino encumbrado (Georges Wilson) que por tratar con los nobles se cree de alcurnia, una princesa hará trampa y dejará a Isabella fuera de carrera. Moraleja social: no es que los ricos no roban, más bien todo lo contrario, porque no hay fortuna bien habida. Y al que lo olvida, no hay santo que le haga el milagro.

Gustavo Monteros

viernes, 8 de abril de 2022

Hawai



 

Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

 

Hoy: Hawai

 

Con Hawaii (George Roy Hill, 1966), es la vez que una gran producción de Hollywood más cerca estuvo de Las venas abiertas de América Latina. En espíritu, digo, e involuntariamente, porque se centraron más en el lado sentimental del increíble y triste destino del Reverendo Abner Hale (Max von Sydow) que en el costado más político, más Ibsen o Shaw, del asunto.

 

Esta tragedia, en su fondo, es más política que sentimental y si la hubieran narrado desde las devastadoras consecuencias político-sociales, la película hubiera sido mucho más conmovedora, aunque no sé si tan exitosa, se habrían corrido demasiado de lo que era el canon hollywoodense.

 

El susodicho reverendo estaba entre los que encabezaron la cruzada misionera evangelista al archipiélago de Hawaii en 1818. El hombre era un fanático sin imaginación ni misericordia que interpretaba la Biblia y los preceptos religiosos literalmente. Recalco, porque el detalle es muy importante, sin grises, con literalidad absoluta, al pie de la letra.

 

Un peligro andante, de ahí que los Elders (Mayores) establecieran que no pudiera evangelizar a menos que se consiguiera una esposa, tarea que en los papeles era sencillamente titánica, sino imposible. Almas caritativas lo acercan a Jerusha (Julie Andrews), solterona de 22 años, atada a la espera de cartas casamenteras de un marino que se fue a hacer fortuna, el capitán Rafer Hoxworth (Richard Harris).

 

Por supuesto, las cartas llegan cuando el complot de casarla con Abner ya está en marcha y se las ocultan, condenándola a consorte del nada atractivo reverendo. Convengamos que el personaje de Max von Sydow debe figurar entre los protagonistas más obtusos, pesados, indigestos y desabridos de la historia del cine. En dos palabras es un pelmazo mayúsculo.

 

En fin, casados que fueron, se embarcan y después de un viaje con inconvenientes como corresponde a toda travesía de film con gran presupuesto, llegan a las islas. (Entre los que viajan está el doctor John Whipple, interpretado por un joven e incipiente Gene Hackman, que, sin embargo, no se hace notar por lo insulso de su papel).

 

Una vez en la paradisíaca Hawaii, Abner se enfrentará con la reina del lugar, Malama Kanakoa (Jocelyne LaGarde), que terminará por abrazar la fe con fervor infantil. Entre el infantilismo de la gobernante y el fanatismo del evangelizador, el choque de culturas es punzante.

 

En el transcurso, habrá partos traumáticos, luchas por la moralidad, epidemias, amores encontrados y muertes significativas.

 

Y después de haber arruinado la vida a medio mundo de todas las maneras imaginables, incluida la dieta alimentaria, le llega a Abner la posibilidad de redimirse: evitar la esclavitud de los lugareños a los que vino a evangelizar y la devastación de los recursos naturales de las islas por la explotación de monocultivos invasivos y dañinos como el de la caña de azúcar.

 

Porque mientras él pulía su fanatismo y estupidez, la misión evangelizadora había mostrado su verdadera cara, ser la vanguardia de un capitalismo rapaz, colonizador, miserable y abusador (aquí es cuando la película revela su conexión con lo que cuenta el libro de Galeano, la contracara de la cruz que fue la espada y las dos venían por la dominación y la explotación, y no por la civilización)

 

Subrayo que si este cuento se hubiera contado desde este aspecto, el film hubiera sido mucho más resonante y desgarrador, tal como está, es un relato eficaz logrado más con oficio que arte.

 

Este proyecto basado en un libro de James A.Michener estuvo en un principio a cargo del director Fred Zinnemann que consideró a Audrey Hepburn para el papel de Jerusha. Audrey hubiera provocado más patetismo que Julie Andrews que está francamente miscast (mal elegida, fuera de rol) A Julie por su pasado de María von Trapp (The Sound of Music / La novicia rebelde, Robert Wise, 1965) y de Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964) se la presupone una mujer espirituosa con recursos prácticos que bien puede prever y soportar lo que aquí le sucede. Audrey por sus antecedentes de princesa delicada, (Roman Holiday / La princesa que quería vivir, William Wyler, 1953) más ingenua y delicada que curtida y pragmática, nos hubiera despertado más pena y lástima. Pero como Julie es una auténtica trooper (disciplinado soldado de una causa) por excelencia se las arregla para redondear un personaje sólido y desatar la terneza y emoción apropiadas al desventurado devenir de su personaje.

 

Hawaii puede verse en los canales que dan películas viejas. La programan con frecuencia. Aloha.

Gustavo Monteros