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jueves, 20 de septiembre de 2018

Mr Holmes


Y a veces dos más dos no es cuatro, sino tres, aunque las matemáticas se contraríen. Todo está para ganar y sin embargo, se pierde. Una buena historia, que anda por tres carriles. La que la memoria se resiste a recordar, la del chico que se inicia en el mundo de la madurez y la del japonés que consigue la planta que no devuelve la memoria, pero que al menos da excusas para que las cosas se repiensen. Se basa en una novela, (A slight trick of the mind de Mitch Cullin) lo que bueno ya que genera solidez. El casting es perfecto de tan impecable. El inmenso y ya legendario Ian McKellen es ideal como el Sherlock Holmes viejo que no puede recordar la resolución de su último caso, que sabrá Dios por qué lo condenó a este exilio campestre en el que vive. La siempre maravillosa Laura Linney es el ama de llaves que lo cuida a regañadientes. (Dentro del drama o de la comedia dramática, ¿hay algo que Linney no pueda hacer?) Y el chico Milo Parker es el hijo del ama de llaves, un chico deslumbrado, como medio mundo, salvo su madre, por el pasado de este detective achacoso, y a veces insólitamente lúcido. Milo es de esos chicos que solo el cine puede crear, es fotogénico, expresivo, encantador, conmovedor, el hijo ideal de toda madre, el sobrino ideal de toda tía. Y a pesar de tantos elementos ganadores, y de contar con un director, Bill Condon (Dioses y Monstruos, 1998, Kinsey, 2004, Dreamgirls, 2006) que al menos en los papeles parece soñado para el proyecto, la película no levanta vuelo jamás. No se cohesiona, es pura suma de las partes. Y la culpa, claro, es del director, que sin inspiración, pone oficio, y el oficio no siempre alcanza.


Me hizo acordar de otra película a la que le pasaba lo mismo. La lejana Confesiones verdaderas de ¡1981, cómo pasa el tiempo!, con los dos Robert de lujo. Duvall y DeNiro. Se basaba en una excelente novela de John Gregory Dunne, lo que garantizaba una base armónica. Era sobre dos hermanos en pugna ética. Duvall era un policía que sabía deletrear la corrupción policial, pero que no estaba dispuesto a ocultar bajo la alfombra la mugre de la iglesia y más si su hermano, DeNiro en óptima forma, está por ser nombrado obispo. Pero el director Ulu Grosbard tampoco hizo que la película levantara vuelo, y hoy se la recuerda como una  oportunidad perdida. Una buena historia con dos buenas actuaciones en un film que se quedó en promesas.


Pero aunque la suma de tres, Mr Holmes merece tener su oportunidad, como en el caso de Confesiones verdaderas, por los actores. Los tres protagonistas mencionados, más un elenco que no desentona, hacen un siempre bienvenido desparramo de talento. Y eso no es algo como para dejar pasar. Después de todo, no toda película tiene que ser la gloria en bicicleta. Ah, la historia también es muy seductora.


Mr. Holmes puede verse desde hace un tiempito en Netflix

Gustavo Monteros




jueves, 30 de agosto de 2018

Ozark



Ozark fue una de las mejores sorpresas que nos deparó Netflix la temporada pasada. 

Un policial bien negro sobre una hermosa familia tipo que de tipo termina teniendo solo la conformación. Papá es un asesor financiero de la puerta para afuera, porque en realidad lava plata para un importante cartel mexicano y mamá, entre otras cosas, le pone los cuernos. Los dos hijos adolescentes, de la noche a la mañana se ven transplantados desde Chicago a Ozark, un pueblito para vacacionar, en apariencia apacible. ¿Estarán todos a las alturas de las nuevas circunstancias? Claro, si no no habría serie, la cuestión es cómo y hasta dónde. 

Los creadores de la serie son Bill Dubuque y Mark Williams y es motorizada por el inquieto Jason Bateman (aquí actor, productor y a veces director), que es secundado por la inmensa Laura Linney como su esposa. 

La segunda temporada podrá verse a partir de mañana, 31 de agosto, por Netflix. No me busquen este fin de semana. 

Gustavo Monteros

jueves, 1 de diciembre de 2016

Sully - Hazaña en el Hudson

Clint Eastwood abandona el insoportable patrioterismo de su película anterior (Francotirador, 2014) y se concentra en otra indagación del heroísmo, más accidental que nunca, porque es tanto azaroso como casual o contingente. Bueno, si somos rigurosos el patrioterismo sigue presente, aunque esta vez no justifica asesinatos sino que se felicita por la eficiencia estadounidense, pero no nos adelantemos ya llegaremos a eso.


Eastwood no la tiene tan fácil esta vez, parte de un hecho conocido, el jueves 15 de enero de 2009, el capitán Chesley Sullenberger, Sully para los íntimos y los no tan íntimos, logró con singular éxito y sin víctimas fatales un aterrizaje de emergencia en el río Hudson, en plena Nueva York. Su público primero, los estadounidenses tienen muy presente la hazaña, la vieron y revieron por televisión, la leyeron en los diarios y vieron hasta el hartazgo las fotografías.  Pero Eastwood, como el excelente narrador que es, no se ocupa tanto de recrearlo como de deconstruirlo. Pone a Sully (Tom Hanks) y a su primer oficial, Jeff Skiles (Aaron Eckhart) frente a una junta presidida por Jamey Sheridan, Mike O’ Malley y ¡Anna Gunn! que investiga si pudo hacerse otra cosa (se menciona por ahí la preocupación de las compañías de seguro y de la empresa). De modo que nuestra inmediata simpatía por Sully y Skiles es puesta a prueba y no nos queda más que indignarnos ante la sugerencia de un heroísmo inútil o fallido. Para agravar más las cosas, Lorraine (Laura Linney) la esposa de Sully nos dice que tienen problemas bancarios y que a la larga quizá pierdan hasta la casa. Sully es también un consultor de seguridad aeronáutica, con una pequeña empresa a cargo que no termina de despegar (ya que estamos entre aviones, usemos terminología afín). Si lo despiden, adiós consultoría, el desprestigio le haría perder autoridad y credibilidad.


Estas situaciones y circunstancias hacen que nos involucremos con los personajes principales, pero de no haber sido tan astutos, director y guionista, todavía contaban con un as bajo la manga, o más bien a la vista de todos, el poder estelar del carismático elenco. Comenzando por el inmenso Tom Hanks que corporiza como nadie la pulsante humanidad de los personajes que le tocan en suerte.


Todo terminará satisfactoriamente, aclaradas las dudas, Sully en un ataque de modestia, dirá que el mérito no es solo suyo sino también de todos los policías, bomberos, enfermeros que participaron del rescate. La autocongratulación está justificada, el paranoico entrenamiento para emergencias que ejercitan con asiduidad esta vez fue ejercido con aceitada perfección.


En resumen, Eastwood reverdece sus laureles de gran narrador con una historia que podemos compartir sin que se nos desaten todas las alarmas antiimperialistas. Cine puro, protagonizado por el hipnótico heredero directo de James Stewart o de Henry Fonda.

Gustavo Monteros