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viernes, 27 de febrero de 2026

Historias dos veces contadas - Hoy: The Running Man



 

Entre 1977 y 1984, Stephen King publicó cinco novelas con el seudónimo de Richard Bachman. Se vio obligado, en realidad. Escribía más rápido que lo que el mundo editorial podía digerir. El mercado estaba saturado por la firma de Stephen King. Estimaron que otra novela firmada por él marearía a sus lectores, ya apabullados por su prodigalidad. De ahí la necesidad o la obligación de usar un seudónimo.


La cuarta de esa serie inicial (más adelante volvería a enmascararse como Richard Bachman, más por ganas de jugar que por otra cosa) The Running Man (publicada en castellano como El fugitivo) llegó al cine por primera vez en 1987, protagonizada por Arnold Schwarzenegger, María Conchita Alonso, Yaphet Kotto y Jim Brown, y dirigida por Paul Michael Glaser (alguna vez el Starsky de la televisión). En la Argentina se la conoció como Carrera contra la muerte.


En esa primera versión, Stephen King no está en los créditos sino el tal Richard Bachman.


En 2025 aparece la segunda versión de esta novela, protagonizada por Glen Powell, Lee Pace, Josh Brolin y Colman Domingo. Esta vez el nombre de Stephen King sí aparece en los créditos y se la llamó El sobreviviente en la distribución para la Argentina.


Dirigió Edgard Wright, el de Shaun of the Dead / Muertos de risa (2004), Hot Fuzz / Arma fatal (2007), Scott Pilgrim vs the Workd /Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños (2010), The World’s End  / Bienvenidos al fin del mundo (2013), Baby Driver / Baby, el aprendiz del crimen (2017) y The Sparks Brothers (2021) un documental sobre la banda Sparks.

 

Las dos versiones cinematográficas de The Running Man son diferentes, aunque mantienen la trama central. Estamos en 2017 en la de Swarzenegger y en un futuro cercano en la de Glenn Powell.

 

El capitalismo feroz ha triunfado sin mucha oposición. Los grandes conglomerados gobiernan. Hay una tremenda brecha en la distribución de ingresos (los muy ricos y los pobres).

 

Una única versión engañosa de la verdad se propaga por una televisión dominante en la de 1987 y por el pantallismo que conocemos (celulares, tabletas, plasmas) en la de 2025.

 

Estas empresas monopólicas tapan sus chanchullos (como los desastres ecológicos ocasionados por su codicia, la propagación de enfermedades evitables por la falta de seguridad en sus fábricas) silenciándolos.

 

Y a los excesos policiales en la represión de las masas que protestan se los adjudican a quienes necesitan inculpar porque se han resistido a sus manejos o porque los necesitan de enemigos inventados.

 

Hay un juego sangriento, “The Running Man”, que domina el entretenimiento: los concursantes, transformados para la ocasión en delincuentes deleznables son perseguidos por sabuesos sangrientos por parte de la producción del programa, mientras se estimula a toda la población a que los denuncien o entreguen no bien los vean o los acaben por su cuenta.

 

Lo único necesario e imprescindible es que se filme la aniquilación. De ese modo, se garantiza la paz social y se anulan los posibles estallidos.

 

Se estimula el odio y la violencia a la vez que se entrega el chivo expiatorio para canalizarla.

 

Los concursantes que logran escapar durante 30 días son perdonados de sus delitos inventados y se los considera rehabilitados. Se verá que pocos o ninguno lo logran.

 

La de Swarzenegger funciona mejor que la de Glenn Powell porque se atiene a la lógica del héroe y lo social es periférico e intercambiable, el enemigo es el estado totalitario, aunque bien podría ser otra cosa, la mafia, la hermandad aria, el cartel o policías corruptos. Lo esencial es que el héroe vengue las afrentas sufridas y quede de pie en la escena final.

 

La película de 1987 ofrece también otros encantos: el glamour ochentoso de ropa y peinados y el modo en que imaginaban serían los adelantos tecnológicos, que ni se acercaron ni por asomo a lo que sería y conocemos tan bien.

 

La de Glenn Powell ahora, aunque más cercana a la novela original, no termina de abrazar el nihilismo extremo que la habita: si bien el héroe se venga de la cara visible del sistema opresor, la maquinaria sigue intacta.

 

En realidad, el punto más débil de su narración es la falta de una idea rectora clara. Es como si quisieran nombrar el problema, pero no enunciarlo.

 

Hoy los paralelismos entre las circunstancias inventadas de la novela y nuestra realidad son muy elocuentes. ¿Hay monopolios o conglomerados dominantes de empresas? Sí. ¿Tapan los desastres ecológicos, sanitarios, sociales que sus políticas empresariales provocan? Sí. ¿Se tiende a una verdad única, más bien falsa y creada prepotentemente por una posición de dominio? Sí. ¿Se estimula el odio y la violencia? Sí. Solo no hay juegos de masacre todavía.

 

Hubiera sido al menos interesante que el cine industrial, que es más monopólico cada día que pasa, hubiera tratado los problemas que se suscitan cuando no hay oposición a los designios arbitrarios de los que comandan.

 

¿Y quiénes son los que de verdad comandan? En la película de 2025, el personaje de Colman Domingo es la cara visible de la Cadena (The Network en el original) y el personaje de Josh Brolin es la cara empresarial, pero como en el poema sobre el ajedrez de Jorge Luis Borges, ¿quiénes son los supremos, los iniciadores de las tramas. (Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonía?)

 

Este Running Man de 2025 fue un estrepitoso fracaso. Es una película sosa, no parece dirigida por Edgard Wright o por alguien si nos ponemos quisquillosos. Es impersonal, eficiente por momentos, y en otros como trabajada a reglamento, como dirigida por IA.

 

Quizá este parecer sea por la cobardía de no abrazar la idea política que el argumento plantea. La sociedad presentada provoca, más tarde que temprano, rebeldía. Los sojuzgados eventualmente despiertan y comienzan a luchar por algo diferente, aunque más no sea porque han sido llevados tan al extremo de lo tolerable que ya no tienen nada que perder.

 

Esta idea sobrevuela y tímidamente aparece en el final, pero no se desarrolla ni se sostiene con firmeza, como si los ejecutivos de la compañía que financia la película tuvieran miedo de avivar giles. Sin culpa, muchachos, los giles tardan, pero al final se avivan. (Es mi esperanza al menos)

 

Gustavo Monteros


viernes, 4 de octubre de 2024

Querido diario - Hoy: Sing Sing


 

Las películas con presos que hacen teatro ya son prácticamente un género. La mayoría se basa en historias reales. Y Sing Sing (Greg Kwedar, 2024) es, sin duda, la más militante. Ejemplifica y aboga por el programa Sing Sing’s RTA (Reformed Thorough Art) (Reformados por el Arte).

 

Salvo Colman Domingo y alguno más, el resto del elenco estuvo en la cárcel y actuó en la compañía creada por el programa RTA. Dato que sorprende porque si no lo supiéramos, habríamos jurado que se trataba de actores profesionales de frondosa experiencia.

 

El argumento es sencillo. Asistimos al detrás de escena del montaje de una obra. Vemos primero escenas de la anterior obra presentada, una versión muy peculiar de Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Está implícito que la voluntad de la mayoría es no insistir con Shakespeare, al menos de inmediato.

 

Antes de decidir sobre la nueva obra, tienen que discutir y votar nuevas incorporaciones al elenco. Los interesados se inscriben, son probados y el elenco estable vota. Clarence Maclin es aceptado, entre otros.

 

Los nuevos y los viejos actores discuten ahora qué obra poner en escena. Maclin inclina la balanza por una comedia, lo que no sería el fuerte de Colman Domingo (su personaje no solo hace años que está preso, sino que fue fundador del programa y cuenta ya con una extensa trayectoria escénica, hasta ha escrito obras que fueron publicadas, incluso hasta firma autógrafos en copias de sus libros, y eso que no tenía un pasado artístico, toda su experiencia la obtuvo en la cárcel).

 

La nueva obra es una comedia abarcadora escrita para la ocasión por el director de la compañía, Paul Raci (él sí un actor profesional en la vida real). Como todos expresaron lo que querían que la comedia incluyera, para que no fuera una sucesión de sketches, Raci le dio el marco contenedor de un viaje a través del tiempo.

 

Hay un solo papel dramático, el de Hamlet, que recitará en un momento apropiado, su famoso monólogo de Ser o no ser. Se supone que será de Colman Domingo, pero no, Maclin competirá también por dicho papel. Vemos así que procura subvertir el rol de preeminencia que Colman Domingo tiene en el grupo, primero hizo que optaran por una comedia y una vez logrado el objetivo, quiere aspirar al único personaje dramático.

 

Maclin es un hombre complejo, en el patio es un gánster y aquí, en los ensayos, quiere disminuir la influencia ganada por el personaje de Colman Domingo como sea. La dinámica entre estos dos personajes será el centro del relato.

 

¿Por qué quieren hacer teatro? Por la más sencilla (y bella) de las razones, para recuperar la humanidad perdida. El teatro es el misterio más transparente que existe. Unos juegan a ser otros y son tomados en serios por algunos que los ven y juegan a aceptar que de verdad son otros, cuando es obvio y evidente de que no lo son.

 

Y en este relato que crean comprometiéndose a jugar y ser creídos, se produce una emoción (¿catarsis?, ¿sublimación?, ¿trascendencia?) que hace que todos los que participan del juego (si este ha sido bien jugado) terminen mejor a la salida. Es un engaño consensuado. Una estafa lícita. Una mentira certera.

 

En la defensa que la película hace del programa está incorporada una discusión (que ellos ya tienen resuelta) y que los espectadores quizá no (o al menos no todos). La cárcel debe reformar. Lo hecho por terrible que haya sido, hecho está. No se trata del perdón ni de la absolución, sino de que quienes eventualmente salgan, puedan incluirse otra vez en la sociedad. Para ello una reforma tan amplia como sea posible es necesaria. La búsqueda del perdón de las víctimas, o de la absolución del estamento superior en el que crean, divino o profano puede o no ser consecuencia de la reforma (generalmente lo es). Y el teatro los ayuda a recuperar lo esencial para una reforma, el humanismo conducente.

 

Toda esta elucubración corre bajo mi cuenta y riesgo, es mi modo de llenar los puntos suspensivos. La película solo insiste con que el programa RTA es muy bueno y da contundentes muestras de que lo es, no la menor de todas, mi aseveración de que cualquiera de los presos que pasó por el programa puede ser confundido por un profesional hecho y derecho.

 

Lo demás, insisto, es de mi cosecha. Mi contribución al debate en un país en el que el debate se ha perdido. Cuando se quiere discutir de seguridad, se habla solo de la rebaja en la edad de la imputabilidad, como si hacer a la gente responsable de un delito en el destete fuera a cambiar algo.

 

Lo mismo pasa con la educación, cuando se les da por considerar los resultados de las pruebas tales o cuales, se llega a la conclusión de que lo mejor es aumentar los días de clases, sin considerar que tener más tiempo para hacer lo que se supone hacemos mal no va a mejorar ningún resultado. Y así, cuando las pruebas vuelven a dar negativas, se aumentan más días. Quizá cuando lleguemos a la eliminación total de los días de descanso y las pruebas sigan dando negativas, se sopese algún pro o contra de lo que hacemos, de la cantidad de días de trabajo, etc.

 

Y si eso que es universal no se discute, menos que menos la situación de las cárceles, para qué deben servir y qué hacer con las condenas y la reinserción social. Quizá algún día, quizá. Como sea, ver Sing Sing tiene sus recompensas. Es una película bien planteada y actuada como los dioses. Nadie le va a la zaga y eso que Colman Domingo, como siempre, pica alto. Lisa y llanamente rozando la genialidad.

Gustavo Monteros