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viernes, 19 de julio de 2024

Querido diario - Hoy: El rey



 

A los fines prácticos, The King es la historia de una venganza. Pero ¿una deliberada, concebida, planeada? O ¿una accidental, azarosa, improvisada?

 

Elvis (Gael García Bernal) sale de la Marina con un rifle y un dinero ahorrado y se dirige a un pueblo de Texas para contactarse con su padre, al que no conoce, Dave (William Hurt) hoy un pastor evangelista a cargo de una comunidad cristiana.

 

Dave le pide a Elvis que se mantenga alejado de su nueva familia. A su esposa Twyla (Laura Harring), a su hija Malerie (Pell James) y a su hijo Paul (Paul Dano) les pide que no se relacionen con Elvis, pero no les cuenta que es un hijo carnal que tuvo con una mexicana en su tumultuoso pasado, del que se dice reformado.

 

Pero Elvis ya ha conocido a Malerie y se embarca en una seducción irrestricta. Paul, frustrado por no haber sido elegido en la universidad local en la que ha decidido seguir sus estudios y serenamente furioso por haber sido retado por su padre por hacer en la iglesia un número musical no doctrinario sino catártico, al descubrir una noche que Elvis ha estado en la pieza de Malerie lo sigue hasta el hotel en que vive y le ordena que no vea más a su hermana. Elvis, con una frialdad ¿insospechada?, lo mata y esconde su cadáver, a la vez que organiza circunstancias para que se crea que Paul ha huido de la familia por sus propios medios. Entonces…

 

En el afiche se lee un slogan publicitario que dice: “El diablo me ha obligado a hacerlo”. En un momento clave de la historia, Elvis dirá: “Dios me ha obligado a hacerlo”. Las dos versiones de la frase no son un error ni un truco publicitario. Son la declaración de principios de para dónde va la película.

 

Dios y el diablo no son las dos caras de una misma moneda, pero cuando se habla tanto en que todo se hace en el nombre de Dios, el diablo no tarda en meter la cola. Dave es un evangelista obcecado, fanático, irreductible, no solo dice hacer las cosas en nombre de Dios, sino que erige en su representante, en su vocero, porque cree en Dios piensa que Dios habita en él.

 

Cuando Paul desaparece no entra en crisis de fe sino en desazón. ¿Por qué Dios habría de quitarle a su hijo? No haya respuesta y ve en Elvis al hijo pródigo. Y lo lleva a su casa, lo pone en la habitación de Paul. Reemplaza al hijo perdido con el recién encontrado.

 

Error. Puede que participemos (por ser hijos) de la naturaleza divina, pero ni por asomo somos dioses. En el caso de Dave, ¿la redención obtenida no borra su pasado? Al parecer no, sobre todo cuando se ha intentado negar las consecuencias del mismo, o sea al hijo. El supuesto puro ve peligrar su imagen santurrona y prohíbe al hijo recién llegado y a la familia que no se traten.

 

Estas son solo algunas de las preguntas que van surgiendo a medida que avanza la historia. Cada decisión que cada uno de los personajes toma trae consecuencias arrasadoras. Elvis, un rey de pacotilla con corona de cartón de restaurant de comida basura, ¿ha destronado al profeta hipócrita? ¿Esa era su misión?

 

Este film de 2005 de James Marsh crece con lentitud, pero es apasionante. Gael García Bernal y Willliam Hurt están soberbios en sus personajes y ratifican que son actores maravillosos.

 

Por desgracia ha habido guerras, masacres, persecuciones atroces por las mismas pretensiones que ostentan estos personajes. La fe pueda que mueva montañas, pero también puede destruirlas.

Gustavo Monteros

viernes, 13 de noviembre de 2009

Una historia de violencia

De vez en cuando a propósito compro golosinas que ya existían en mi tierna y lejana infancia (galletitas Rumba, Tita, alfajores Jorgito, pastillas D.R.F., caramelos Media Hora, etc.). Lo hago para comprobar si tienen el mismo gusto que tenían en la antigüedad. Inútil y frustrante ejercicio de memoria emotiva. No saben cómo sabían. No porque mi memoria sea quisquillosa o amnésica sino por la sencilla razón de que las firmas que las producían fueron absorbidas por compañías multinacionales a las que les importa un bledo y tres pepinos el sabor, la calidad y la tradición.


Me va mejor cuando hago el mismo ejercicio con películas que en su momento me gustaron mucho. De tanto en tanto vuelvo a verlas para comprobar si están envejeciendo bien.


A history of violence de David Cronenberg sigue tan perfecta y potente como en su estreno en el 2005. Es un cóctel delicioso del western del héroe misterioso y el policial negro retinto del pasado turbulento que vuelve.


Sam Stall (Viggo Mortensen) es un padre de familia irreprochable que atiende un bar. Cuando dos maleantes llegan a asaltarlo, revela una pericia inusitada para matar gente. Este hecho acabará con su bajo perfil y la fama hará que enfrente algunas deudas pendientes.


La clave está en el título porque no es una story sino una history. Ambas pueden traducirse como historia, pero story en su primera acepción es cuento mientras que history en su primera acepción es historia. Esto viene a cuento no porque tenga un ataque de etimología pelotudo sino porque en este relato cinematográfico hay un recorte de tiempo con principio y final. Un círculo, válgame la redundancia, redondísimo entre la escena familiar de apertura (la pesadilla de la nena) y la escena familiar de cierre (la cena). Más un perturbador prólogo que delimitará magistralmente el ámbito en el que se desatará la violencia.


Es una parábola ejemplar que no nos dejará indiferentes y que más allá de su simpleza suscitará tantas interpretaciones como espectadores tenga. Porque cuando las ideas son claras, no hay nada más profundo que lo simple.


Los caballeros confirman su derecho a portar todos los adjetivos admirativos que les han tributado. Viggo Mortensen es el candidato ideal para retratar a este hombre que es tanto un padre soñado como un asesino implacable. A Ed Harris le bastan tres o cuatro escenas para ratificar su estatura de actor inmenso. Y un audaz William Hurt camina por el precipicio de la sobreactuación sin desbarrancarse jamás, regocijándonos con su histrionismo sin par. Pero la sorpresa la da la dama, María Bello se revela como una actriz talentosísima y personalísima. Sincera, plena, segura, una auténtica maravilla. Muy hermosa, además.


Si no la han visto, no se la pierdan. Y si ya la han visto, vuélvanla a ver: vale la pena. La da ISAT, las próximas emisiones son el jueves 19 de noviembre (La Plata Day) a las 22hs y el domingo 29 a las 0:00 y a las 22.

Un abrazo,
Gustavo Monteros