...nos tomamos una pausa. Volvemos en agosto. Y no olvide, en caso de duda, elija un clásico (reciente, no tanto, lejano, legendario, antiquísimo) ¡Nos vemos a la vuelta!
Gustavo Monteros
por Gustavo Monteros
...nos tomamos una pausa. Volvemos en agosto. Y no olvide, en caso de duda, elija un clásico (reciente, no tanto, lejano, legendario, antiquísimo) ¡Nos vemos a la vuelta!
Gustavo Monteros
Parece haberse salido con la suya. En la ciudad de La Plata
apenas un par de escuelas llevan su nombre (una de gestión privada y la otra,
pública), la plazoleta que está frente a la placa del caserón ya derruido donde
vivió, y una biblioteca. Y sabrá Dios si los alumnos, los que pasan por la
plazoleta o los socios de la biblioteca tienen idea de quién era el hombre
detrás del nombre y a qué debe su fama.
Cien años atrás todos sabían quién era Benito Lynch y si no
habían leído sus novelas, conocían sus tramas y personajes. Pero él era un
hombre muy reservado, poco sociable, misantrópico.
No siempre había sido así, de joven fue lo opuesto. Aunque
un día se retiró de la vida pública, se encerró en la casona familiar y casi ni
salía. Vivió recluido los últimos 20 años de su vida, a medida que perdía la
audición y daba de comer el pescado diario al yacaré del estanque de su jardín
(su padre había sido hombre de campo, diputado provincial, director del
zoológico e intendente de La Plata).
Comenzó publicando cuentos, pero fueron sus novelas de
ambiente gauchesco las que llamaron la atención. La segunda, Los caranchos
de La Florida en 1916 le dio un nombre y la séptima, El inglés de los
güesos, en 1924 le dio la fama que lo perseguiría hasta su muerte en 1951.
Toleró el éxito y el reconocimiento con paciencia y sin
falsa modestia. En vida se negó a que reeditaran sus libros, que si lo fueron a
su deceso y con tal resonancia que pasaron a integrar el canon de lo que había
que leer en las escuelas.
Sus libros reflejaban la realidad que él conoció de chico
cuando vivieron un tiempo en Bolívar, pero que ya no existía cuando se
publicaron. Los cambios sociales, económicos, de tratamiento de clases y género
cambiaban con celeridad, aunque los problemas humanos que abarcaban no perdían
vigencia. De a poco las modas inhabilitaron su literatura y lo que Benito Lynch
ambicionaba se produjo: el abandono y el olvido.
Antes, en el apogeo de su vigencia, tres novelas suyas se
llevaron al cine. En 1938, Alberto de Zavalía dirigió Los caranchos de La
Florida, con guion del propio Zabalía y Carlos Aden. La trama se centra en
un triángulo pasional conformado por el hijo Panchito (José Gola), que vuelve
de Europa donde estuvo estudiando cinco años, el padre Don Pancho (Domingo
Sapelli) y la Marcelina (Amelia Bence), hija de los aparceros.
Cuando antes de ver la película, leí una sinopsis parecida,
pensé que me aburriría cuál hongo. Pero no, al triángulo central hay que
sumarle unos cuantos personajes a cuál más atractivo, que interfieren en la
acción con sus anhelos y sus traiciones.
El director Zavalía enreda bien el nudo antes de empezar a
desatarlo. De allí que la trama se siga siempre con un interés que no decae.
Más allá de unos primitivismos propios de la época en que se filmó, la
narración cinematográfica es sostenida y elocuente. Las actuaciones son buenas
y despiertan adhesiones y rechazos según lo que pongan en acción.
La copia conseguible es pobre, sin embargo, se oye muy
bien. Alguien se tomó la molestia de filtrar ruidos, definir volúmenes,
clarificar diálogos. Incluso con presbiacusia se entiende todo. Hay un
problemita, sin embargo, una escena se ve dos veces, una a continuación de la
otra. Error técnico que no se repite.
Alberto de Zavalía llegaría a ser uno de los autores más destacados del cine argentino. Y dirigía y fotografiaba muy bien a Delia Garcés que supo ser su esposa. Delia Garcés es una de las estrellas más refulgentes de nuestro cine, aquí no está, pero es imposible hablar de Zavalía sin mencionar a Garcés.
En 1940, Carlos Hugo Christensen dirigió El inglés de
los güesos, con guion propio. El argumento gira alrededor de la estadía en
casa de unos aparceros de un inglés que vino a desenterrar huesos de indios
cerca de la laguna del lugar.
Los aparceros tienen dos hijos, una chica de unos 15 años y
un varón de unos 10. La chica detestará al inglés con toda su ansia al
principio, para después enamorarse de él.
Al contrario de la película de Zavalía, esta a pesar de
preciosismos que más tarde deleitarían al público de Christensen, es bastante
mala. Para empezar, sabrá Dios por qué decisión artística, los personajes
hablan a los gritos. Más cuando no se entienden, porque todos hablan español,
menos el inglés, claro, aunque se da maña con el idioma local (aparte de los
consabidas y graciosas metidas de pata con el género y el número). Por momentos
dan la impresión de estar sordos.
El conflicto principal de tan azucarado, parece bobo. La
chica, al margen de estrenarse en el amor, tiene un obvio despertar sexual.
Este aspecto se da por sobreentendido y lo ignoran por completo.
Al inglés se lo salva de culpa y cargo. Se supone que no
hizo nada para desatar este amor-pasión, pero ¿es tan así? No hace nada adrede,
aunque por momentos, estimula lo que la chica siente.
El hermano de la chica tiene un perrito blanco, un Westie,
creo. Perdón una Westie porque en la película es una perrita. ¡Se actúa todo le
perrite! Es de una expresividad envidiable. Es una de las mejores actuaciones
caninas de la historia del cine. Verla casi vale la película. Casi, repito, la
película está muy poco lograda. La buena historia merecería una remake que le
sacara jugo.
En 1961 Rubén W. Cavalloti dirigió El romance de un
gaucho, sobre otra novela de Lynch, esta vez con guion de Ulises Petit de
Murat.
Un chico de unos 18 años (Walter Vidarte), hijo de una
viuda (Lydia Lamaison) se enamora de la esposa (Julia Sandoval) de una pareja
(el marido es Rolando Chávez) de recién afincados en la zona.
Otra vez el centro de la trama es el amor-pasión. Pero esta
vez el protagonista tiene un rasgo trágico que desata más de una desgracia: su
estupidez.
Con más simpatía podríamos decir que su falla trágica es en
realidad la juventud, porque los errores que comete son de no tener contención
ni guía ni posibilidad de redención. Puede ser, pero para mí, perdonen la
franqueza, me parece un imbécil que, por no razonar jamás, hace una metida de
pata tras otra. Ni en el final se permite un asomo de sensatez.
El uruguayo Cavalloti no es un autor cinematográfico. Fue más bien un artesano eficiente al que se le podía encargar proyectos comerciales, tales como comedias sin pretensiones o películas de cantantes, pero aquí me provocó una linda sorpresa.
Si se lo proponía podía trascender su experiencia y dar una
muy buena película. Porque esta es eso, una muy buena película. Por supuesto,
los gauchos son parientes cinematográficos de los cowboys. Más allá de los
miles de diferencias, unos y otros andan a caballo por inmensidades. Y en 1961,
Cavalloti hace acopio de los westerns que vio y lo gasta en darnos una del
oeste, solo que esta vez en la pampa. El final el glorioso. La copia no es muy
buena, pero se oye bien, algo es algo.
¿Por qué se me ha dado por proponer y defender antiguallas?
Porque tenemos que volver a construir una identidad. Tenemos un bagaje cultural
impresionante y hay que desentrañarlo otra vez y enorgullecernos de él.
No somos una hojita en el viento para que venga cualquier
idiota a soplarnos. Tenemos que ponernos de pie, erguirnos y caminar firmes. Si
nos reconocemos en nuestra inmensa cultura, por ahí dejamos de hacer
estupideces. No pensar, no recordar es imitar al gauchito de la última película
comentada, o sea hacer macanas.
Y hay que contradecir a Benito Lynch. ¿Cómo un autor como
él va a estar en el abandono y el olvido? ¡Que se deje de joder y asuma que,
por más que le pese, él es un buen novelista!
Gustavo Monteros
Las tres películas se hallan en YouTube
Los españoles (¡Dios los bendiga!) han logrado
circunscribir comedias (irremediablemente dramáticas, pero comedias al fin)
durante y en las postrimerías de la Guerra Civil. Ejemplos notables: ¡Ay,
Carmela! (Carlos Saura, 1990), La vaquilla (Luis García Berlanga,
1985), Las bicicletas son para el verano (Jaime Chávarri, 1984), ¡Biba
la banda! (Ricardo Palacios, 1987), Madregilda (Francisco Regueiro,
1993), La corte de Faraón (José Luis García Sánchez, 1985), Espérame
en el cielo (Antonio Mercero, 1988), entre otras.
El secreto para poder reírse hasta de la Guerra Civil quizá
radique en no juzgar a ningún personaje de antemano, incluso a los más
nefastos, y darles a todos, los buenos y los crueles, motivaciones claras para
sus acciones. Así cuando accionen, lo harán con propósitos discernibles, y el
público puede que no condone, se identifique o compartan lo que hagan, pero los
comprenderán, incluso cuando los rechacen. Algo así como rechazo que mengano
mate a zutano, pero entiendo por qué lo hace. Tener presentes motivaciones
claras quita monstruosidad, los personajes serán deleznables, pero siguen
siendo humanos. El drama y la comedia son siempre efectivos, en la medida de lo
humano, si se inclinan para las excelsitudes o las monstruosidades se vuelven
distantes y aburridos.
Ahora vuelven a las andadas con La cena (Manuel
Gómez Pereira, 2025). La excusa argumental es sencilla y complejas sus
derivaciones.
Es 1939, la Guerra Civil hace dos semanas que ha terminado
y el General Franco decide que haya una cena de festejos en el Hotel Palace.
Hay unos cuantos inconvenientes a vencer, el principal y no
menor de ellos, es que el lujoso hotel no está en funcionamiento. Sus
instalaciones se usan temporariamente como un hospital.
Tampoco hay cocineros o camareros disponibles, los que
desempeñaban esos puestos, algunos están prisioneros a punto de ser fusilados y
otros, los del lado triunfante, están tan pobres y hambrientos como los
perdedores.
Pero como dice el dicho inglés “When there´s a will,
there’s a way”, que bien se traduce como “Querer es poder”, porque hasta lo
imposible puede allanarse si hay ganas.
La cena es una comedia coral (tanto
de texto como de enredos) con doble comando, por el lado de la Milicia, está el
teniente Medina (Mario Casas) y por el lado de los civiles, el gerente del
hotel, Genaro (Alberto San Juan).
La cosa se basa en una obra de teatro de José Luis Alonso
de Santos, con guion del dramaturgo mencionado y de Yolanda García Serrano,
Joaquín Oristell y el director Manuel Gómez Pereira, que tiene copiosos
antecedentes en la comedia, como que ha dirigido, entre otras, Salsa rosa
(1992), ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? (1993), Todos
los hombres sois iguales (1994), Boca a boca (1995), El amor
perjudica seriamente a la salud (1996), Entre las piernas (1999), Off
Key (2001) (su incursión en Hollywood, el elenco lo conformaban Joe
Mantegna, Danny Aiello y George Hamilton), Cosas que hacen que la vida valga
la pena (2004) y Reinas (2005). O sea, el hombre tiene su
experiencia y aquí la luce.
Los ingleses no solo se superan en policiales de crímenes
de pueblitos, también saben reír, no en vano se habla del British Humour. Y a
la hora de la parodia no serán el Mel Brooks de El joven Frankenstein
(1974) o el Jim Abrahams, el David Zucker o el Jerry Zucker de ¿Dónde está
el piloto? (Airplane!, 1980), pero si se lo proponen les pueden
competir en logros y carcajadas.
En Facklam Hall (Jim O’Halon, 2025) con la
complicidad de los guionistas Steve Dawson, Andrew Dawson y Tim Inman se ríen
(¡Dios los perdone!) de nada más ni nada menos que de ¡Downton Abbey!
Catedral televisiva de Julian Fellowes de 52 episodios, divididos en 6
temporadas, que inició en 2010 y terminó en 2015 y que concluyó en tres
películas, Downton Abbey, la película (Michael Engler, 2019), Downton
Abbey: A New Era / una nueva era (Simon Curtis, 2022) y Downton Abbey:
The Grand Finale / El gran final (Simon Curtis, 2025).
Este monumento serial, como algunos otros que han sido o
que serán (The Sopranos, Breaking Bad, Game of Thrones, entre los
indiscutibles) para algunos más que una serie es una religión.
De ahí que, a los más devotos, esta película que
comentamos, les parezca una herejía. Aunque los menos solemnes y con restos de
humor, la hallarán regocijante y la más de las veces, muy cómica.
La parodia es el género bastardo por excelencia. Y es
parasitario, depende de algo ya establecido. Carece de toda originalidad y
pureza. Y si en el drama o en la alta comedia premiamos la corrección, la
prolijidad, el esmero y la elegancia, en la parodia, para que sea efectiva, hay
que permitirse todo, la vulgaridad, el doble sentido, la escatología, sin
privarse de buenas líneas, gags certeros y resoluciones brillantes.
Hay que respetar a rajatabla la máxima del music-hall que
ante un chiste flojo decía: “Es malo, pero va sumando”. Sumar, sumar, sumar es
el mandamiento. Porque un chiste malo puede dar pie a uno bueno y este a uno
muy bueno y así se va sumando, hasta que la riqueza alcanzada se prodiga en
sonrisas, risas y carcajadas incontenibles.
El argumento, como corresponde al género, es tenue y burla
al original. Eric (Ben Radcliffe), un huérfano criado por las monjas (que
sospechamos no es tan huérfano) recibe el encargo de llevar una carta para Lord
Davenport (Damian Lewis), cabeza de Fackham Hall. Accidentalmente lo confunden
con alguien que viene a buscar trabajo y termina de lacayo, olvidándose de la
carta a entregar.
Lord Davenport y su nobilísima esposa, Lady Davenport
(Katherine Waterson) pueden perder la propiedad si Rose (Thomasin McKenzie) o
Poppy (Emma Laird) no se casan con el primo Archibald (Tom Feldon). Rose no quiere saber nada de casarse y la
tarea recae en Poppy, pero no se necesita ser vidente para presumir que Poppy y
Archibald ni serán felices ni comerán perdices.
Fackham Hall (que puede pronunciarse para que suene como
Fuck them all (algo así como “A la mierda con todos ellos”) como buena parodia
que es respeta aquello de no privarse de nada y es una sucesión de gags y
chistes, que van desde los más nuevos hasta algunos manidos y antediluvianos.
Usan todos los recursos verbales y van desde la literalidad
(o sea no entender metáforas y tomar todo racional o lógicamente (ejemplo, el
policía toca la puerta y dice cuando le abren: “Vengo por el asesinato de Lord
Tanto”, que obtiene como respuesta “Llega tarde, ya lo cometieron”), a la
puntuación errada, que es cuando alguien al leer no hace el punto seguido donde
va y al unir con la oración siguiente dice una barbaridad. Ejemplo: un cura
dice en una boda: “Pueden besarse los chicos del coro” cuando en realidad debe
leer: “Pueden besarse. Los chicos del coro cantarán el Ave María”.
Y los gags van desde el viejísimo de enganchar la rueda de
la bicicleta en la raya del culo de alguien hasta el novedoso de que los nobles
son tan vagos e inútiles que los sirvientes parados detrás de ellos les
sostienen las tazas con las que beben.
Cuando los tiempos son malos, suelen florecer distintas
formas de comicidad. Estos tiempos son tan malos que hasta la comicidad
escasea. Bienvenidas entonces estas dos comedias que hacen reír con buenas
armas y muy oportunamente.
Gustavo Monteros
Virginia Luque, con justicia y merecimiento, fue apodada
“La estrella de Buenos Aires” No le quedó medio por triunfar: el teatro, la
radio, el cine y la televisión la vieron brillar. Su fuerte era el canto. Tenía
una voz muy bella y bien timbrada. El gastado adjetivo aterciopelada, en su
caso le cuadraba justo. Comenzó de muy chica y grandes nombres, como Francisco
Canaro, Cátulo Castillo, Azucena Maizani, entre otros, fueron muy generosos con
ella.
Y en esta lista de próceres de la cultura argentina, no
debe faltar el nombre de Manuel Romero, que la dirigió en su penúltima película
Arriba el telón o El patio de la morocha (1951). Romero ya la había
dirigido antes en Un tropezón cualquiera da en la vida (1949) y en La
historia del tango (también de 1949).
Dice Wikipedia de Manuel Romero: “fue un comediógrafo,
letrista de tango, director de cine y productor de teatro de revista argentino.
Fue uno de los directores más prolíficos e influyentes del cine clásico
argentino, especialmente a través de la productora Lumiton. Como letrista de
tangos, consiguió numerosos éxitos perdurables a lo largo del tiempo.”
Tanta prolificidad lo hacía más expeditivo que
quisquilloso. En las películas tendía a ser sencillo, rodar lo más rápido
posible para terminar más pronto que tarde.
El rodaje de Arriba el telón o El patio de la morocha
debió agarrar a Manuel Romero con el caballo cansado. Era la tercera que rodaba
ese año de 1951. Antes había hecho Derecho viejo y la gloriosa El
hincha, con Enrique Santos Discépolo y Diana Maggi.
Se trataba de una comedia musical con el detrás de escena
del montaje de una revista y el argumento era ramplón. Dice la sinopsis
oficial: “La nieta del sereno de un teatro que se va a demoler tiene el
sueño de ser una cancionista de éxito como su madre y el hijo del dueño del
teatro lo hace posible.”
De base estaba el repetido conflicto de clases en el
romance protagónico. La chica (Virginia Luque) representaba a la clase
trabajadora y el chico (Juan Carlos Mareco, Pinocho) a la burguesía de aires
aristocráticos. La resolución, claro, estaba cantada. La chica se haría
estrella y el chico que ya venía con inclinaciones artísticas optaría por el
arte antes que la familia.
La trama se resolvía en cuatro o cinco sets todos de
estudio (prácticamente no hay exteriores). Y la gran parte era cubierta por
planos generales de varios minutos (el plano secuencia ni se les pasaba por la
cabeza, traía más problemas de logística que resoluciones). Alguno que otro
plano medio para dar variedad, sin casi primeros planos. El todo luce torpe,
descuidado.
Lo impecable pasaba por lo musical. Eran conscientes de lo
que vendían (la voz de Luque) y ponían en ello especial cuidado. Las orejas,
agradecidas.
Habría que hacer una investigación de cuándo las
coreografías en el cine hispanoamericano dejaron de ser pobres y elementales. (Por
el tema del cuplé que mencionaremos a continuación, vi películas musicales
españolas, mexicanas y argentinas de fines de los años cincuenta y las
coreografías son más de amontonar gente alrededor del o de la cantante que otra
cosa. Los pasos lucen poco profesionales, los movimientos son básicos y por
momentos todos hacen una cosa diferente, como si se los hubiera librado a su suerte.
Los bailarines más que contribuir, hacen bulto, son como estatuas del decorado
que se mueven para dar más volumen.)
Desde los orígenes del mundo del espectáculo lo que no ha
cambiado es la regla aquella de que, si algo tiene éxito, se repite la fórmula
hasta agotarla.
En la década del cincuenta, Sarita Montiel venía traficando
nostalgia por el cuplé en muchas de sus películas. En 1957 este tipo de canción
fue dominante en su El último cuplé, que dirigió Juan de Orduña. Tuvo un
éxito arrollador y los productores cinematográficos pusieron a cuánta chica que
cantaba a hacer cuplés en películas que avisaban la presencia de estos temas ya
desde el título.
En 1958 se hicieron: Aquellos tiempos del cuplé, con
dirección de Mateo Cano y José Luis Merino, con Lilián de Celis en el
protagónico; y la que comentaremos, Del cuplé al tango, de Julio
Saraceni, con Virginia Luque. En 1959 fue el turno de Miss Cuplé, con
dirección de Pedro Lazaga y el protagónico de Mary Santpere, y de Y después
del cuplé de Ernesto Arancibia con nuestra conocida Marujita Díaz.
Pero nosotros nos concentraremos en la de Virginia Luque.
La trama esta vez es un poquito más compleja, al menos en comparación con la de
Arriba el telón o El patio de la morocha.
Hay dos tiempos. Arrancamos en los años anteriores a la
Primera Guerra Mundial. Estamos en Madrid y en el teatro triunfa Pepita Cádiz
(Virginia Luque), la secunda en guitarra, su hermano Jaime (José Comellas). Una
noche en el público hay cuatro dibujantes argentinos Ernesto Fernández
(Fernando Siro), Camilo Croti (René Jolivet), Juan Carlos Gorner (Juan Carlos
Galván) y Osvaldo Lavalle (Orlando Marconi).
Ernesto terminará conquistando a Pepita. Eventualmente se
casarán. Por la muerte de su padre, Ernesto deberá regresar a Buenos Aires.
Pepita se quedará a cumplir el contrato que la ata al teatro y después se unirá
a Ernesto. Algo que no sucederá.
Pepita tendrá una hija, Violeta (ya mayorcita también
Virginia Luque) y morirá a poco de parir.
Terminada la guerra y retornados los viajes
transatlánticos, Jaime se llevará a la niña Violeta a ver si encuentran a
Ernesto. Se alojan en una pensión, donde vive también Ramírez (Tito Lusiardo),
un eximio bailarín de tango que le infundirá a Violeta su pasión por el dos por
cuatro. Algo que Jaime rechaza de plano, Violeta solo debe cantar cuplés.
A todo esto, Violeta anda por sus veintitantos. Ramírez
hará que Violeta triunfe con el tango, gracias a la ayuda de Julián Moreno
(Osvaldo Miranda), que se enamorará de Violeta, aunque no será correspondido,
porque ella noviará con Jorge Acuña Figueroa (Rodolfo Salerno), un ricachón que
en un principio no podrá casarse con Violeta porque es una doña nadie (pero
como no lo es en realidad porque su padre es Fernández Dávila, al tener el abolengo
requerido, el tránsito al altar se verá despejado).
El guion es de Abel Santa Cruz, un señor talentoso que
enriqueció la trama de esta vida de cantantes con unas cuantas vueltas, en las
que hay amantes despechadas y desencuentros azarosos.
No es su culpa, es la del género, el melodrama encumbrado,
pero hay momentos de psicología cero, ejemplo, el reencuentro entre padre e
hija, por convención de género se tenía que hacer por una canción, pero si se
hiciera así en la vida, hay un infarto seguro, y si sobrevivís, ni te cuento el
trauma, enriquecés a cuatro psicoterapeutas, ¡seguro!
Del cuplé al tango es
mucho más película que Arriba el telón o El patio de la morocha tanto en
cuidados formales como en desarrollo de trama. Comparte con la anterior que su
fuerte es el canto de Virginia Luque, un placer de aquellos.
Me puse a ver estas películas porque andaba con ganas de
que me cantaran y bailaran en castellano. Por lo que dije antes, bailar (salvo
los momentos de Tito Lusiardo) me bailaron poco y mal, pero me cantaron como
los dioses.
El cine argentino clásico puede parecer anticuado en muchos
aspectos, pero tiene estrellas de una calidad irrepetible. Hay que acercar el
viejo cine a las nuevas generaciones. Hay que construir identidad. No venimos
de un zapallo ni de un repollo. Las formas, las modas, los estilos en
apariencia son obsoletos, pero el amar, las ganas de triunfar, tener sueños no
se oxidan. Estas dos películas y todas las que tienen cuplé en su título pueden
verse en YouTube.
Y Cannes llegó y se fue. Dejó (algunos dicen que más
pronunciados, no sé, no creo) lo que deja estos último años, decepción y
desasosiego. Es que los autores (grandes maestros ya no hay) andan anonadados
ante el advenimiento de la ultraderecha por todos lados. No es que los
muchachos no sepan qué decir, es que la ultraderecha, que es terraplanista y
esas cosas, tira todo tan para abajo que desorienta. Es muy bajo caer en su
terreno, pero si elevás la respuesta, ¿entienden algo sus seguidores?
En este Cannes, como es habitual, hubo polémica con los
premios. Mínima esta vez, porque la discusión estuvo en el orden. Al margen de
los específicos (mejor director, guion, actor, actriz), el jurado da tres
premios que se suponen sin orden de mérito. Pero hay quienes los ven como
primer premio (la Palma de Oro), segundo (Grand Prix) y tercero (Gran premio
del jurado)
La palma se la llevó Fiordo del rumano Mungiu, el Grand
Prix, Minotauro del ruso Zviaguintsev que competía por Letonia, y el
gran premio del jurado fue para The Dreamed Adventure de la alemana
Grisenbach.
La polémica está en el supuesto orden, hay quien dice que Minotauro
tendría que haber tenido la Palma, y Fiordo el gran premio del jurado y
eso.
Y el del director fue ex-aequo entre los Javis (Javier
Calvo y Javier Ambrossi) españoles ellos, por La bola negra, y el polaco
Pawlikowski por Fatherland.
Hubo, habitual también, mucho LGBTQ+, La bola negra
muestra tres generaciones de gays perseguidos en España y los dos protagonistas
de la belga Coward ganaron por mejores actores y encarnan una historia
de amor en una compañía de teatro en el frente de la Primera Guerra Mundial (el
premio a la mejor actriz también fue doble, las dos protagonistas de All of
a Sudden, un gran drama sobre agonías)
Ah, el mejor guion fue para el francés de Notre Salut,
que cuenta las desventuras reales de su abuelo, un arribista en el gobierno de
Vichy en la Segunda Guerra)
The Dreamed Adventure,
dicen, es elusiva y misteriosa, o sea hay cosas que quedan poco claras, pero se
supone habla del tráfico de personas. Fatherland es sobre el regreso de
Thomas Mann a su país después de la guerra. Minotauro es sobre la
corrupción de algunos rusos en el comienzo de la guerra con Ucrania, y Fiordo
sobre el choque de culturas entre unos emigrados rumanos, muy conservadores y
fanáticos religiosos y los servicios sociales noruegos. Estos rumanos castigan
corporalmente a los hijos y se permiten manipulaciones psicológicas que los
noruegos no pueden aceptar.
La crítica es que el retrato termina por iluminar el
comportamiento de los rumanos y que los progresistas servicios sociales
noruegos son demonizados en sus rigideces categóricas y estrechas. Los bien
intencionados dicen que una crítica tan feroz puede invitar a que estos
servicios, que hacen en general un muy buen trabajo, sean eliminados.
Nosotros ya sabemos que es un planteo falso. Los
progresismos ganados no desaparecen por funcionamientos discutibles sino per
se. Aquí, por ejemplo, la secretaría de la mujer no se cerró por mal
funcionamiento sino solo por existir, por ideología. La ultraderecha no anda
con sutilezas.
Este año todo el Palmarés de la Competencia Oficial es muy
vendible (El de Un Certain Regard hasta un cierto punto, también. Fiordo,
Minotaur, Fatherland, La bola negra, Coward funcionarán muy bien en
boleterías y se desempeñarán con eficacia en la temporada de premios.
El año pasado no pudieron vender la película, La petite
dernière por la que Nadia Melliti ganó el Premio a la Mejor Actriz del
Festival. Se distribuyó escasamente cuando el presente Festival ya se
inauguraba.
Dicen que The Dreamed Adventure con su Premio del
Jurado es elusiva, sutil y deja muchos puntos suspensivos, todo lo cual no
augura una apertura exitosa al gran público. Como El agente secreto el
año pasado. La película brasileña era maravillosa, pero demandante. Ostentaba
una narración típica de los años que evocaba, los setenta, y hubo gente no
entrenada en esas escrituras, que se perdió en los meandros expositivos.
También el año pasado, entre las que concursaron y no se
llevaron ningún premio, como Eddington, probaron ser huesos duros de
roer para el público popular. Este año tanto The Man I Love, con sus agonías,
subgénero exitoso, o Paper Tiger y su mafia rusa en EEUU y la coreana Hope
y sus monstruitos pueden venderse muy, muy bien.
Después Gentle Monster y su marido abusador desatará
el morbo y puede que lleve gente al cine. Y las sutilezas de Nagi Notes
también pueden hallar público dispuesto.
Las ganadoras, por Mejor Actriz, incluye a una estrella
carismática como pocas (Virginie Efira) en otro drama de agonías, hordas de
gente con pañuelos descartables se avizoran. Los actores ganadores se lucen en
un drama de amor, que sea queer no le resta atractivos.
En Un Certain Regard, el actor ganador protagoniza (Bradley
Fiomona Dembeasset) una película, Congo Boy, de salir adelante y
triunfar en concursos, (muy Hollywood, a decir verdad) y las actrices ganadoras
(Marina de Tavira, Daniela Marín Navarro, Mariangel Villegas. están en un drama
de familias disfuncionales, Siempre soy tu animal materno, ¡plin!, ¡caja!
Como sea, las ofertas vistas en Cannes siguen siendo la
esperanza de un año cinematográfico no muy árido. No esperen nada superador
desde Hollywood. En los próximos días llegarán del maestro Spielberg (Disclosure
Day / El día de la revelación) y del siempre atendible Ridley Scott (The
Dog Stars / La constelación del perro / La guerra de los últimos) y a
juzgar por los tráileres, más de lo mismo, de lo que ya hemos visto hasta el
hartazgo.
Gustavo Monteros
Palmarés de Cannes 2026
Competencia Oficial
Palma de Oro - Fjord, dir. Cristian Mungiu
FJORD (Fiordo) (Una familia inmigrante rumana que reside en Noruega está siendo investigada y se enfrenta al escrutinio del sistema judicial local.)
Grand Prix - Minotaur, dir. Andrey Zvyagintsev
MINOTAUR (Minotauro) (La existencia meticulosamente controlada de un ejecutivo de alto nivel se desmorona cuando las crisis profesionales, el caos global y la traición conyugal convergen, empujándolo hacia un peligroso punto de quiebre.)
Mejor Director, ex-aequo - Javier Calvo, Javier Ambrossi por La bola negra y Pawel Pawlikowski por Fatherland (Patria)
LA BOLA NEGRA (Explora lo que significa ser gay a lo largo de diferentes épocas, centrándose en "tres existencias" que están conectadas a través de temas de sexualidad, deseo, dolor y herencia.)
FATHERLAND (Patria) (Explora la vida de Thomas Mann en la Alemania de posguerra, la postura de su familia contra el dominio nazi y su viaje al exilio.)
Premio del jurado - The Dreamed Adventure, dir. Valeska Grisebach
DAS GETRAÜMTE ABENTEUER/THE DREAMED ADVENTURE (La aventura soñada) (Una mujer acepta un trato para ayudar a un viejo conocido. Sigue al héroe en su aventura y se adentra en un territorio peligroso donde se enfrenta a sus propios deseos.)
Mejor actriz - Tao Okamoto, Virginie Efira for All Of A Sudden
ALL OF A SUDDEN/SOUDAIN (De repente) (Dos académicos intercambian cartas sobre el azar y el riesgo. Cuando el filósofo enferma, su correspondencia académica se transforma en conversaciones íntimas sobre la mortalidad y se forja un vínculo más profundo entre ellos.)
Mejor guion - Emmanuel Marre por Notre salut / A Man Of His Time
NOTRE SALUT (Nuestra salvación) / A MAN OF HIS TIME (Un hombre de su tiempo) (En 1940, Henri Marre llega a Vichy con la aspiración de publicar su manuscrito Notre Salut, con el que espera rescatar a Francia del régimen de Vichy)
Mejor Actor - Emmanuel Macchia, Valentin Campagne por Coward
COWARD (Cobarde) (Pierre, un joven soldado belga, quiere demostrar su valía en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Detrás de las líneas del frente, conoce a Francis, a quien se le pide que encuentre la manera de levantar la moral de las tropas.
Camera d’Or para la mejor opera prima - Ben’Imana, dir. Marie Clementine Dusabejambo
BEN’IMANA (Vénéranda trabaja en el ámbito de la justicia comunitaria y la reconciliación tras el genocidio. Una crisis familiar pone a prueba sus convicciones. La película sigue a mujeres que reconstruyen sus vidas en medio de un trauma compartido, mostrando cómo el pasado moldea su presente)
Competencia de Cortometrajes
Palme d’Or - Para lo contrincantes / For The Opponents, dir. Federico Luis
PARA LOS CONTRINCANTES / FOR THE OPPONENTS (En el barrio conflictivo de Tepito, un joven persigue el gran sueño mexicano: convertirse en campeón de boxeo)
De todas las secciones de Cannes, esta, Cinéma de la Plage es la equivalente a lo que se pide en reuniones de amigos: Tocate una que sepamos todos. Porque generalmente se exhiben aquí títulos muy populares que engendraron cálidos recuerdos. Digo generalmente, porque este año incluyeron un estreno. Las explicaciones expresaron más verborragia que elocuencia porque en realidad incluyeron aquí un estreno por la simple y sencilla razón de que ya no les quedaba otro lugar dónde ponerlo. El festival crece y crece y ya no da abasto.
Este año la muestra incluyó:
TOP GUN (Tony Scott, 1986)
Dice la gacetilla oficial: “Para celebrar su 40
aniversario, el clásico de Tony Scott, Top Gun, regresa a la gran pantalla este
año en Cannes. Con secuencias aéreas llenas de adrenalina, personajes
inolvidables y una banda sonora icónica, Top Gun sigue siendo un hito del cine
popular. Con el papel que catapultó a Tom Cruise al estrellato y unas imágenes
impresionantes, continúa siendo una experiencia cinematográfica legendaria.
Proyección con la presencia de Frédéric Moget, director
general de Paramount Pictures Francia, y Charles H. Rivkin, director ejecutivo
de la Motion Picture Association (MPA).”
Jueves 14 de mayo de 2026
SHINKANSEN DAIBAKUHA (The Bullet Train / Super Express 109)
(Junya Sato, 1975) (En la Argentina se la conoció como PÁNICO EN EL TREN BALA)
Dice la gacetilla oficial: “1500 pasajeros, un Shinkansen a
toda velocidad entre Tokio y Hakata, y una bomba que explotará si baja de los
80 km/h. El país está en alerta máxima para evitar una catástrofe. ¡Este
trepidante thriller de acción a 250 km/h, que inspiró a Hollywood —desde Speed
hasta Unstoppable— llega a la playa a toda velocidad!
La película fue restaurada a partir de un escaneo 4K del
negativo original de 35 mm utilizando un sistema ARRISCAN de alta precisión por
TOEI LABO TECH CO., LTD.
Proyección con la presencia de Kota Saka (Toei Company,
Ltd.).”
Viernes 15 de mayo de 2026
Estreno mundial de LES CAPRICES DE L’ENFANT ROI (Molière, Cyrano and the Young King) (Michel Leclerc,
2026)
Dice la gacetilla oficial: 1651. Luis (aún no XIV) es un
joven adolescente. Ante la amenaza de la Fronda, su madre, Ana de Austria,
decide ponerlo a salvo y lo sustituye por un doble. D'Artagnan lo confía a
Cyrano de Bergerac, y Luis se esconde entre la compañía teatral de Madeleine
Béjart y Molière. Mientras Madeleine y Cyrano descubren una pasión compartida
por el joven Molière, Luis descubre la vida y sus placeres, el arte y el
trabajo, el valor y la estrategia: todo aquello que lo convertirá en el Rey
Sol.
Proyección con la presencia de Michel Leclerc, Artus,
Franck Dubosc, Julia Piaton, Doria Tillier, Suzanne de Baecque, Niels
Hamel-Brochen y Nemo Schiffman. La película también se proyectará en una sesión
especial en la Sala Agnès Varda el jueves 14 de mayo a las 21:00 horas.”
Sábado 16 de mayo de 2026
UN HOMME ET UNE FEMME (A Man and a Woman) (Conocida en la
Argentina: UN HOMBRE Y UNA MUJER) (Claude Lelouch, 1965)
Dice la gacetilla oficial: “Un hombre, una mujer, un
encuentro que desafía el azar y el tiempo en las playas de Deauville. Un amor
frágil, suspendido entre la pasión y la contención, inmortalizado en la
pantalla. Una película para enamorarse en la playa, en presencia de Claude Lelouch,
celebrando el 60 aniversario de su Palma de Oro.
Presentada por Les Films 13, con el apoyo de Cartier.
Nueva restauración en 4K realizada para el 60 aniversario
de la película por el laboratorio Éclair Classics, basada en escaneos en 4K del
negativo original de 35 mm (color y blanco y negro). Esta nueva restauración
incluyó una revisión completa del trabajo digital, así como una nueva
corrección de color en 4K, realizada por Alexandra Nou (Éclair Classics), bajo
la supervisión del director Claude Lelouch y Carol Oriot-Couraye (Les Films
13). Directora del proyecto: Karine Grebet (Éclair Classics).
La restauración del sonido fue realizada por L.E. Diapason,
basada en la pista magnética mono de 35 mm original.
Proyección en presencia de Claude Lelouch. (¡Tomá mate!)
ALL THE PRESIDENT’S MEN (Les Hommes du Président) (Alan J.
Pakula, 1976) (Conocida en la Argentina como TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE)
Dice la gacetilla oficial: “Con las leyendas del cine
Robert Redford y Dustin Hoffman, esta es la historia de la investigación del
escándalo Watergate que llevó a la renuncia del presidente Nixon. Este
apasionante thriller político, que compitió en el Festival de Cannes de 1976,
regresa a la playa. ¡Imperdible!
Presentada por Park Circus. Esta restauración se realizó a
partir del negativo original de 35 mm, escaneado en 8K para una calidad de
imagen excepcional. Cada fotograma se restauró cuidadosamente para eliminar
imperfecciones y garantizar una proyección impecable.
La película se etalonó en HDR, basándose en una copia de
referencia de la época para preservar su aspecto original. El resultado ofrece
una imagen más precisa, con contraste y colores mejorados.
La banda sonora original en mono también se restauró a
partir de las mejores fuentes disponibles, ofreciendo una experiencia de audio
nítida, ideal para las salas de cine modernas.
Proyección con la presencia del equipo de Park Circus.”
VIVA MARIA! (Louis Malle, 1965) (Conocida en la Argentina
como ¡VIVA MARÍA)
Dice la gacetilla oficial: “A principios del siglo XX, en
San Miguel de Allende, se conocen María I y María II, formando un dúo teatral
antes de embarcarse en una lucha revolucionaria. Una sorprendente variación de
la revolución, que combina comedia y western, protagonizada por Jeanne Moreau y
Brigitte Bardot.
Proyección con la presencia de Nicolas Seydoux, presidente
de Gaumont.
Esta proyección se organiza en colaboración con la ciudad
de Cannes, cuyo alcalde, David Lisnard, inaugurará una placa en la playa de
Macé en honor a Brigitte Bardot.”
Martes 19 de mayo de 2026
LAND AND FREEDOM (Ken Loach,1995) (Conocida en Argentina
como TIERRA Y LIBERTAD)
Dice la gacetilla oficial: “Primavera de 1936. David, un
joven activista desilusionado de Liverpool, se une a las fuerzas republicanas
españolas para luchar contra el franquismo. Una película sobre el compromiso
revolucionario y la lucha contra el fascismo.
Versión restaurada en 4K.
Proyección con la presencia de Ken Loach.” (¡Tomá mate!)
Miércoles 20 de mayo de 2026
CRÍA CUERVOS (Carlos Saura, 1976)
Dice la gacetilla oficial: “En una casa silenciosa, una niña
observa cómo el mundo adulto se desmorona bajo el peso de secretos, dolor e
ilusiones. En sueños y recuerdos, la inocencia se torna inquietante, casi
perturbadora. Compitió en el Festival de Cannes de 1976, donde ganó el Premio
del Jurado, la fuerza emocional de la película estará presente.
Esta versión fue restaurada en 2026 por el laboratorio
Cherry Towers (Madrid) a partir de los negativos originales de imagen y sonido,
escaneados en 4K. Todo el proceso fue realizado por Video Mercury Films, que
también se encargó de la corrección de color y la restauración digital de
imagen y sonido.
La proyección contará con la presencia de la cantante
Jeannette, quien interpretará la icónica canción «Porque te vas» de la banda
sonora, junto a los hijos del director, Antonio y Anne Saura. (¡Tomá mate!)
Jueves 21 de mayo de 2026
SIGNORE & SIGNORI (Ces Messieurs Dames / The Birds, the
Bees and the Italians) (Pietro Germi,1966) (Conocida en la Argentina como SEÑORAS
Y SEÑORES)
Dice la gacetilla oficial: “Entre la hipocresía refinada y
los deseos apenas disimulados, la burguesía italiana se quita la máscara… y
mucho más. Mentiras, romances y sátira mordaz: cuando la respetabilidad se
desvanece, todo se vuelve deliciosamente escandaloso. ¡La segunda Palma de Oro
de 1966, para disfrutar con humor!
Cortesía de la Cineteca di Bologna y Orium SA.”
Viernes 22 de mayo de 2026
JE HAIS LES ACTEURS (I
Hate Actors) (Gérard Krawczyk, 1986) (No se estrenó en Argentina)
En el Hollywood de los años 40, un rodaje se ve truncado
por un productor tiránico, un director paranoico, una estrella prometida
veinticuatro veces, un actor que se niega a envejecer y una extraña serie de
asesinatos. Una sátira disparatada de la época dorada de Hollywood, con la
presencia del director en el 40 aniversario de la película.
Restauración en 2K realizada a partir de los negativos
originales de imagen y sonido por Éclair Cinéma para Gaumont.
Proyección con la presencia de Gérard Krawczyk.
MON ONCLE (Jacques Tati, 1958) Conocida en la Argentina
como MI TÍO)
Dice la gacetilla oficial: “Gérard, hijo del muy formal Sr.
Arpel, disfruta pasando tiempo con su soñador y bohemio tío, el Sr. Hulot.
Cinéma de la Plage cierra con un gran clásico de la comedia francesa, ganador
del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1958. ¡Una película
con un estilo verdaderamente único!
La digitalización en 4K de la imagen y el sonido, así como
la restauración y la corrección de color de la película, fueron realizadas por
L’Image Retrouvée, con el apoyo del CNC. Este trabajo fue supervisado por los
equipos de Les Films de Mon Oncle (Margaux Chalançon y Jérôme Deschamps) y de
Studiocanal (Sophie Boyer y Jean-Pierre Boiget).
En presencia de Macha Makeïeff y Jérôme Deschamps,
fundadores de Les Films de Mon Oncle, y Juliette Hochart, Vicepresidenta
Ejecutiva de Catálogo de Studiocanal.
Gustavo Monteros