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viernes, 30 de mayo de 2025

Querido diario - Hoy: Bring Them Down / Acaba con ellos


 

Si nada se sabe de esta película, Bring Them Down / Acaba con ellos (Chris Andrews, 2024), su primera parte puede resultar desconcertante, pero si se persiste con ella, lo que no resulta muy difícil porque la narración es atrapante, de a poco las piezas se acomodan y la historia alcanza su plenitud.

 

Estamos en Irlanda, en la zona rural, entre pastores de ovejas, que intentan duramente sobrevivir en este ambiente agreste. En el prólogo hay un accidente cuyas consecuencias se comprenderán luego. Hay un salto a unos veinte años después, o sea la actualidad.

 

Michael (Christopher Abbott) ha vuelto recientemente a ayudar a su padre Ray (Colm Meaney) que está impedido de ocuparse de las tareas de granja y pastoreo de ovejas. Michael nota que una tranquera está derribada.

 

Ray recibe un llamado telefónico de un granjero vecino Gary (Paul Ready) que le dice que dos carneros han aparecido muertos en su propiedad. Gary está casado con Caroline (Nora-Jane Noone) exnovia de Michael (presente en el accidente que vimos al principio) con quien tiene un hijo, Jack (Barry Keoghan).

 

Michael va al mercado de animales a reponer los animales perdidos y comprende que Gary ha mentido respecto de los corderos. Entonces le pide a Gary que se los restituya, este dice que no y casi se van a las manos, lo que otros granjeros impiden.

 

Cuando Ray se entera de que Gary tiene los carneros, le exige a Michael que los rescate a cualquier precio. Todo derivará en un enfrentamiento que tendrá derramamiento de sangre.

 

A medida que nos vamos enterando de estos acontecimientos, notamos que hay saltos en el desarrollo de la historia, huecos que hacen que el desenvolvimiento de los personajes sea un poco extraño, lógico quizá, pero no del todo comprensible.

 

Es que la historia será contada desde dos costados. Primero veremos la versión de Michael y después veremos la versión de Jack y todos los elementos se integrarán y completarán la trama. Y en el final acordaremos que esta historia que se perfilaba como un thriller de venganza quizá roce la tragedia.

 

Hay un viejo chiste de music-hall que dice que el campo es el lugar en que los pollos andan vivos. El chiste contrasta campo y ciudad. En la ciudad, los pollos pertenecen a las carnicerías. Y los citadinos nos desentendemos de que antes de que su carne estuviera lista para nuestro consumo, fueron alimentados y criados. Andaban vivos por ahí. Las historias campestres nos enfrentan a realidades que cotidianamente elegimos ignorar. Para decirlo con humor comprendemos que la carne que comemos no crece en los árboles, ni se cultiva de la tierra. Todo este palabrerío viene a cuento de que hay en esta película un elemento de salvajismo sobre el que conviene advertir.

 

En un momento de la trama, las ovejas sufren un ataque criminal que espanta incluso a los granjeros y pastores que tienen con los animales una relación menos parcial que la nuestra, saben que los crían para matarlos. Matarlos, sí, pero no para someterlos a sufrimientos inútiles. Estos actos de salvajismos no se ven, solo atestiguamos sus consecuencias. O sea, nuestra sensibilidad está comprometida, pero no interpelada, lo que se agradece. No es la intención de los narradores escandalizarnos.

 

Bring Them Down / Acaba con ellos es el primer largometraje de Chris Andrews que lo presenta como un director a no descuidar. Narra con brío, sabe dirigir actores, y mantiene el interés de lo que cuenta. No es poco.

 

Christopher Abbott nos da un personaje con el que nos relacionamos fácilmente, a pesar de su parquedad. Barry Keoghan vuelve a estar muy bien, pero se lo nota un poco crecidito para el papel, la verdad sea dicha.

 

Y nos reencontramos con Nora-Jane Noone, lo que nos regocija, aunque aquí no tenga un personaje muy proactivo, más bien reacciona a los entreveros de sus hombres. (Nora-Jane Noone es una de las protagonistas de The Magdalene Sisters / En el nombre de Dios (Peter Mullan, 2002) y quien allí la ha visto no la olvida ni en la desmemoria más rampante, Irlanda tiene historias movilizadoras como pocas)

 

En resumen, Bring Them Down / Acaba con ellos atrapa, entretiene y nos hace reflexionar. A mí me dejó una idea resonante: pocas cosas hay más perniciosas que lo que no se dice.

Gustavo Monteros

jueves, 15 de febrero de 2018

El sacrificio del ciervo sagrado


El sacrificio del ciervo sagrado me resultó misteriosa, elusiva, fascinante. Ojo, a mí. No es una película para andar recomendando sin advertencias. A otros pueda que le parezca superficial, lenta, tonta. Como su título lo indica juega con la noción de sacrificio de Isaac o el de Ifigenia.

El griego Yorgos Lanthimos tiene una manera única de hacer las cosas. En los primeros 20 minutos nos presenta los términos en los que desarrollará su narración, cómo son sus personajes, cómo hablan, cómo conciben el mundo. Por ejemplo, hablan de cosas concretas, parecen no tener opiniones. Las relaciones se perciben extrañas, singulares. Y los personajes parecen peculiares, excéntricos.

La película se abre con lo que puede parecer un golpe bajo y que quizá lo sea: una operación de corazón, porque Steven Murphy, el personaje de Colin Farrell es un cirujano. A mí me impresionó. Los zombies me acostumbraron a los despanzurramientos y las visceralidades gore ya no me hacen mella. Pero una operación de corazón me resultó algo muy directo como preámbulo. Es muy improbable que alguna vez haya zombies que nos despanzurren, en cambio no es tan lejano que nos operen del corazón.  Quizá abra la película así no solo para presentar al protagonista sino para decirnos que en este sacrificio de eviscerar se trata.

Es la segunda vez que trabaja con Colin Farrell y como en La langosta, la película anterior que hicieron juntos lo engorda. Parece una frivolidad, pero es imposible no notarlo. Aquí tal vez para agregarle años y sortear con kilos y con canas los años que lo separan de Nicole Kidman, que hace de su esposa y que fuera del set es unos años mayor que Colin y aquí se supone que son contemporáneos. Los dos ratifican aquí que no tienen la fama que tienen en vano. Y el pibe Barry Keoghan, visto recientemente en Dunkerque perfila también un innegable talento. Los otros dos pibes Raffey Cassidy y Sunny Suljic, que hacen de hijos de Kidman y Farrell también están muy bien. Al igual que Bill Camp y una casi irreconocible Alicia Silverstone.

Una obra de autor al que creo que hay que descubrir. Ir prevenidos, está a años luz del típico producto pochoclero con el que, por desgracia, ya estamos domesticados.

Ya que lo mencioné, lo completo, tienen el 6 y el 7 invertidos, Farrell nació en el 76 y Kidman en el 67.

Gustavo Monteros