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jueves, 21 de septiembre de 2017

Viento salvaje

El actor Taylor Sheridan (Sons of Anarchy) devenido guionista (Sicario, Denis Villenueve, 2015, Hell or High Water/Sin nada que perder, David Mackenzie, 2016) devenido director y guionista (Wind River/Viento Salvaje, 2017) es saludado como la ascendente estrella promisoria del neo-noir.


Lamento disentir, pero tanto elogio me parece un poco exagerado. No le quito mérito a su escritura, a su favor diré que no pretende presentarse como un revolucionario del género, más bien como dice el título de la canción de Peter Allen que bailan Ann Reinking y Erzsebet Foldi en All that jazz (Bob Fosse, 1979) Everything old is new again. O sea revitalizar lo viejo para que parezca nuevo. Esa reformulación que puede ser muy estimulante para el público se vuelve rancia si se hace con los mismos viejos elementos combinados de la misma manera.


Si no se ha visto Hell or High Water/Sin nada que perder y se pretende hacerlo, saltarse el presente párrafo que contiene spoilers. En esta película, se utiliza por enésima vez un artilugio que llamo Morituri en honor a la vieja película de Bernhard Wicki de 1965 con Yul Brynner y Marlon Brando. Morituri sale de la frase latina Ave, Caesar, morituri te salutant (Salve, César, los que van a morir te saludan) que se atribuye a los condenados a muerte obligados a presentarse como gladiadores en un combate fatal. Llamo Morituri a esos momentos antes de un combate, duelo, enfrentamiento en los que uno de los personajes que participará habla de planes futuros, bien, ese personaje morirá y la mención de dichos planes se hizo para crear pathos, o sea conmoción, emoción, empatía. En los géneros policiales, de guerra, westerns, de acción, de ciencia-ficción, este instrumento se usó hasta el hartazgo desde el principio de los tiempos, ya es hora de darlo de baja e inventar otro. En Hell or High Water/Sin nada que perder, el personaje de Jeff Brigdes acosa con comentarios racistas al de Gil Birmingham, que se jubilará después de este caso. Y cuando en medio de las pujas denigratorias, Birmingham se explaya una noche sobre lo que hará cuando se jubile, uno ya sabe que no saldrá ileso del tiroteo final, cosa que ocurre…


Con tres guiones en su haber, ya podemos hablar de rasgos en común que se corroboran. Se agradece que parta siempre de conflictos entre los personajes principales, eso evita recurrir a la dialéctica del pasillo (contar antecedentes de la historia y de los personajes como chusmaje del lugar de trabajo) o el montaje de noticieros con el mismo objetivo que la dialéctica del pasillo. Sheridan en cambio contrapone personajes lo que dinamiza mejor la historia. En Sicario como en Viento salvaje las protagonistas femeninas (Emily Blunt en el primer caso, Elizabeth Olsen, en el segundo) inician trabajos en ambientes nuevos del que desconocen casi todo. En Hell or High Water/Sin nada que perder los dos viejos investigadores de historiales opuestos se ven obligados a convivir en la misma habitación de hotel.


Y en las tres historias hay una sorpresa final que resignifica lo que aconteció, más rica en Sicario y Hell or High Water/Sin nada que perder que en este Viento salvaje.


Y si bien los tres filmes son policiales, transitan ese sendero estrecho que participa tanto del western como del drama policial.


Ahora atengámonos a Viento salvaje. En un inhóspito ambiente nevado, se produce un crimen contra una adolescente india. El FBI se ve obligado a intervenir y manda a una novata, Jane Banner (la mencionada Elizabeth Olsen) para que comande la investigación. Estará por encima del cowboy del lugar, Ben (el siempre impecable Graham Greene) y procurará la ayuda de un rastreador, Cory Lambert (Jeremy Renner) de triste pasado.


Taylor Sheridan ganó el premio al mejor director en Cannes 2017 en la sección Un Certain Regard, y durante la primera parte del film uno se pregunta cómo habrán sido los otros candidatos, porque lo que se ve no supera lo genérico, sin vuelo ni imaginación, por suerte en el flashback ilustrativo de lo que pasó y en el enfrentamiento final Sheridan muestra nervio y mano firme en el manejo de la violencia y justifica el lauro recibido.


Jeremy Renner está bien, pero se supone que su secreto es más terrible de lo que muestra.  El personaje de Elizabeth Olsen tendría que repensar su elección de carrera, si bien es inexperta, es demasiado emocional para enfrentar los problemas  que vienen con su cargo.


En 2001 Sean Penn dirigió The Pledge, llamada aquí Código de honor, con Jack Nicholson, Patricia Clarkson y Robin Wright entre otros notables. La refiero porque con personajes que arrastraban penas similares que las padecidas por estos personajes, establecieron una vara de actuación que los intérpretes de esta película no llegan ni por asomo. Gil Birmingham, como el padre de la víctima, está muy bien en sus dos escenas con Jeremy Renner y conmueve, pero su tragedia no llega a ser devastadora.


La película tiene una agenda noble, visibilizar los femicidios contra las mujeres indias. Sin embargo, esta loable intención le resta espontaneidad a la narración.


En resumen, si no se es un hinchapelotas como yo respecto del policial y sus variables, y no se es impresionable con escenas de violación, puede verse con complacencia y apreciación.


Gustavo Monteros

sábado, 4 de febrero de 2012

Los descendientes


Hay un dicho en inglés: “one man’s meat is another man’s poison”, que literalmente podría traducirse como “lo que a uno alimenta, a otro mata”, pero cuyo equivalente en español es el viejo y querido “Sobre gustos…”

Los descendientes podrá gustar a muchos, no es una mala película, pero a mí me dejó afuera. Lo que sigue no es una crítica, es sólo una explicación de por qué no me interesaba lo que pasaba en pantalla y me aburría casi todo el tiempo. El tema no era. Es más, el punto de partida es intrigante. Un padre (George Clooney) más interesado en su trabajo que en su familia, debe hacerse cargo de sus hijas, una de 10 (Amara Miller) y otra de 17 (Shailene Woodley) cuando su esposa cae en coma por un accidente. Pero hete aquí que la hija mayor le cuenta que está enojada con la madre porque la vio metiéndole los cuernos. Oh!

Es en las derivaciones de este entuerto donde me perdieron. El tono elegido es el de una comedia dramática. En mí, el drama era efectivo, pero la comedia me resultaba forzada, rebuscada, ridícula. Y en las situaciones en que drama y comedia se mezclaban, el quicio se me incineraba por lo torpes y tontas que me parecían, como cuando el querido George increpa al matrimonio amigo por no haberle contado que era un cornudo. Ni que decir del viejo golpe bajo de presentar un personaje tarambana que uno detesta al instante, pero al que después se le desnuda un drama, que nos deja como miserables por haberlo odiado. Las manipulaciones en arte son lícitas, pero hay límites. Insisto, mucha gente puede navegar cómodamente en este continuo fluir de comedia y drama, pero yo no terminaba de encontrar el Norte. Las transiciones me olían a frívolas, las motivaciones a superficiales, los personajes a desangelados, las decisiones a convencionales. La brújula me funcionaba en el drama puro, me conmovía, pero como predominaba el pretendido tono humorístico, estaba perdido la mayor parte del metraje.

George Clooney está bien y bastonea lo mejor que puede el ritmo que le da el guionista y director. Y si su trabajo no se potencia es porque la cuerda a tocar no es la más agradecida para su temperamento actoral. Lo tragicómico no es el registro que le queda más cómodo. Al resto del elenco, en menor caso y responsabilidad, le pasa lo mismo.

Por lo expresado queda claro, creo, que la película no me gustó. Y eso que los films anteriores de Alexander Payne me dejaron recuerdos imborrables. Tanto La elección, comedia feroz si las hay, en la que Reese Witherspoon desbarataba la vida de Mathew Broderick; Entre copas delicia que reverdeció los laureles de Virginia Madsen, solidificó la carrera de Sandra Oh, puso en el mapa a Thomas Haden Church y catapultó al gran Paul Giamatti; y Las confesiones del Sr. Schmidt que nos regaló una maravillosa caracterización del inmenso, en todo sentido, Jack Nicholson, son películas muy buenas, que reveo con gusto cuando me las cruzo en el cable. George Clooney no tuvo tanta suerte como los actores mencionados, bah, puede que gane su segundo Óscar como actor, pero su personaje no perdurará en la memoria, ya que no tiene mística ni carnadura, será un cornudo más en la historia del cine.

Hay películas con suerte a la hora de los premios, ésta es una de ellas, ya ganó unos cuantos y quizá se quede con algunos más, pero cuando el viento en popa amaine, se descubrirá que si bien no es mala, es una película más profesional que inspirada.
Un abrazo, Gustavo Monteros