Mostrando entradas con la etiqueta Paul Thomas Anderson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Thomas Anderson. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de marzo de 2018

El hilo fantasma


El hilo fantasma se centra en el viejo y querido tema del juego de poder en una pareja, el choque de voluntades, el equilibrio o el desequilibrio de quien lidera y quien sigue. Paul Thomas Anderson (Boogie Nights/Noches de placer, 1997, Magnolia, 1999, Punch-Drunk Love/Embriagado de amor, 2002, There will be blood/Petróleo sangriento, 2007, The master, 2012, Inherent Vice/Vicio propio, 2014) elige ambientar su cuento en el mundo de la alta costura a principios de los años cincuenta. Su personaje principal Reynolds Woodcock se inspira, según confesión de partes, en Cristóbal Balenciaga, misterioso creador (nunca concedió una entrevista) casi un recluso. La casa donde transcurre gran parte de la acción se basa en la que tuvo Charles James, el gran couturier estadounidense y algunos vestidos y trajes transitan The New Look de Christian Dior, su glamorosa reacción de 1947 a las pasadas restricciones sufridas durante la Segunda Guerra.


Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis)  vive abstraído en su creación, su hermana Cyrill (Lesley Manville) maneja los aspectos prácticos del negocio y hasta los desvíos sentimentales, ya que es la que se ocupa de “despedir” con un cheque y un vestido a la amante pasada de moda, valga la obvia metáfora. En un descanso en el campo, conocerá en un restaurant a una mesera, Alma (Vicky Krieps) que será su nuevo amor y que procurará revolucionar una vida cerrada en férreas rutinas.


Paul Thomas Anderson declaró en una entrevista con The New York Times. “En mi experiencia y en las experiencias que he visto en la gente que me rodea, los cambios en la situación de poder en una relación nunca tienen fin. (...) Es algo natural para todos aquellos que deciden compartir su vida con otra persona. En la película, simplemente llevamos el volumen a 10 como forma de destacarlo y subrayarlo”. Detengámonos en esto de subir el volumen a 10, algo que bien podría definir no solo su estilo sino su método de trabajo.


En lo personal, esta vez, el planteo y el desarrollo me resultaron embriagadores y fascinantes, pero el final, perdón, me pareció una boutade, que según la Real Academia Española es una “Intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar.” No, no expresa del todo lo que quiero decir, creo que “disparate” está más cerca. Si Strindberg es el campeón de las pujas matrimoniales de voluntades, este final es un Strindberg sadomasoquista tamizado a puro glamour. No solo exige la suspensión de la incredulidad, sino un salto de fe a que tomemos por verosímil un absurdo irredimible. Si obviamos el final, lo demás es muy placentero y elocuente.


Se supone que es el último trabajo de Daniel Day-Lewis, que ha anunciado su retiro de la actuación. Ojalá no sea así, es de los imprescindibles, aquí ratifica una vez más su inmenso talento. Lesley Manville, como la hermana omnipresente, dibuja un personaje apasionante, lleno de dobleces y matices. Vicky Krieps convierte a su Alma en una consorte a la altura de Day-Lewis, y no hay elogio mayor que pueda prodigársele.

Gustavo Monteros

viernes, 27 de marzo de 2015

Vicio propio - Mommy



Dos de las películas de estreno coinciden en que son de autor y requieren advertencia. Algo así como: “Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”… de reclamo a la salida, habéis sido advertidos de que podría no gustaros.


Vicio propio (Inherent vice) es del gran Paul Thomas Anderson (Boogie nights/Noches de placer, 1997, Magnolia, 1999, Punch-drunk love/Embriagado de amor, 2002, There will be blood/Petróleo sangriento, 2007, The master, 2012) y se basa en la novela de Thomas Pynchon, autor hasta la fecha considerado infilmable. El film abreva en el policial negro con características muy peculiares. Es como si Raymond Chandler hubiera concebido una nueva novela, después de haber asimilado toda la literatura norteamericana de los años sesenta, mientras se fumaba un porro tras otro. Transcurre a principios de los setenta y parte de una situación clásica del género: el detective privado, un “fumón” de aquellos, Larry “Doc” Sportello (Joaquin Phoenix, en otro gran trabajo) recibe la visita de una ex pareja, Shasta (Katherine Waterson) que le pide ayuda para salir de un dilema que incluye a la nueva pareja, su esposa y el amante de esta. Y se desatará, claro, una intriga sinuosa que se bifurca en subtramas paralelas que convergen finalmente en la “gran” verdad, que no es otra cosa que la resolución del caso o al menos el despeje del enigma. Los cinéfilos hallarán ecos de El largo adiós, 1973, del prodigioso Robert Altman, de El gran Lebowski de los no menos fabulosos hermanos Coen y hasta ¿por qué no? dejo de azahares de los naranjales de Chinatown/Barrio chino, 1974, clásico imperecedero de Roman Polanski, aunque Anderson declara que su influencia en este film fueron los hermanos Zucker más Abrahams responsables irresponsables, entre otras cosas, de ese gozoso delirio llamado Y… ¿dónde está el piloto? (¿¡!?) Allá él…


Algunos hallarán a esta película muy rebuscada, demasiado estilizada, un poco larga, medio desmembrada, algo tediosa sino por momentos decididamente aburrida. No fue mi caso, sea porque soy fanático del noir, sea porque adhiero a la “mirada” de Anderson, sea porque me gusta ver a los actores enfrentar desafíos inhabituales, o sea porque extraño sobremanera la creatividad de los setenta, la disfruté de cabo a rabo.


Aparte de Joaquin Phoenix, deslumbran los sospechosos de siempre: Josh Brolin, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro y Martin Short. El resto del elenco, con nombres menos fulgurantes aunque de igual talento, también descuella. 


Mommy, 2014,  es la obra del enfant terrible canadiense, Xavier Dolan. Criatura con mucha suerte, que como todo enfant terrible fue antes un niño mimado, o sea que tuvo la fortuna primera de hallar quien lo mime y considere sus berrinches el colmo de la frescura y la originalidad. Frescura y originalidad que a veces no es más que pis en los pañales. Pero el mundo es mundo y gusta de los caprichos.


La película tiene una pantalla de 1:1 o sea cuadrada, supuestamente porque Dolan quiere asimilarla a la de un celular gigante en posición vertical. Ajá. Se abre con una toma larga de un calzoncillo colgado en una soga junto a otros calzoncillos. Ajá. Pasamos a otra toma, borrosa en un principio, en la que se ve una manzana en un árbol, a la que una mano corta, vemos a una mujer madura (Anne Dorval) enfundada en jeans estilo Oxford, bordados y con piedritas, que sonríe mientras come la manzana. Se oye una canción pop anodina, como si alguien en el cuarto de montaje hubiera dejado una radio FM prendida. Ajá. La mujer ahora va en un auto, la canción pop persiste. La mujer ve un accidente. Ajá. Pero resulta que después ella también está accidentada (¿¡!?, ¿un homenaje al Week-end, 1967, de Godard, quizá?) No sé, pero ajá. La mujer llega, herida, a una escuela, donde su hijo, Steve (Antoine-Olivier Pilon) que sufre de trastorno de atención por hiperactividad es echado. Como estamos en un Canadá inventado, el Estado puede ocuparse de “enderezarlo”, pero ella, la madre, dice que no. Vamos viendo que mamá es medio tarambana, no importa. Ajá. Toman el ómnibus, llegan a la cuadra donde vive mamá ahora, quien le presenta al hijito un vecino, el hijo hace como que la va a dar la mano, pero no. Lo que pasa es que el hijo es un jodón bárbaro, ja, ja, ja. Entran a la casa, el chico quiere saber cuál será su cuarto. Se tira en el colchón como en una propaganda de colchones. La toma se repite desde varios ángulos como en una propaganda de colchones. Ajá. El chico, en el cuarto y la mamá, en la cocina, prenden la radio y la ponen en emisoras diferentes. La mamá se queja porque el efecto es cacofónico. Yo resuelvo que es caca-fónico y los mando a la mierda a la mamá, al hijo y a Dolan.


Me pongo a investigar. En Wikipedia subrayan (¿sorprendidos, quizá?) la apabullantemente óptima recepción crítica. Leo algunas y me pregunto bajo qué medicación se encuentran los que las escriben. Y si habrá que tomar lo mismo para llegar a la admiración de semejante pelotudez.
 

Concluyo que no hay que exagerar. Ante un enfant terrible, al igual que ante el heavy metal, el cubismo, la ópera barroca, el animé o la música de Satie, uno adhiere o rechaza. Visceralmente. En fin, es muy posible que yo no vaya jamás a una retrospectiva de Xavier Dolan. Total, ya veo tomas de calzoncillos cada vez que cuelgo los míos. 

Gustavo Monteros

viernes, 1 de marzo de 2013

The master




Cuando Hollywood no era más que un naranjal soleado y las películas mudas se hacían con la celeridad con que se hierven las salchichas del hot-dog, surgió entre los productores la manía de reducir los argumentos a unas cuantas oraciones, tales como las de la famosa enunciación: chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica, y su variación: chico conoce chica, chico pierde chica, chico no recupera chica. La costumbre persiste hasta hoy y si tuviera que reducir el argumento de The master a sus esencias diría que es: Tornillo Flojo conoce a Manipulador Irresponsable, Manipulador Irresponsable pierde a Tornillo Flojo, ¿Tornillo flojo vuelve con Manipulador Irresponsable? Ojo, aunque por hacerme el vivo parece que equiparo el argumento a la fórmula de romance 1 y 2, no hay aquí ningún Secreto en la montaña, no, entre Tornillo Flojo y Manipulador Irresponsable hay una cosa como de amistad a secas, más de padre e hijo, o como el título sugiere más de maestro y discípulo.

Tornillo Flojo es Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un marinero que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y más que uno tiene varios tornillos flojos. Ya venía medio “Tocame un vals” de antes, pero la guerra terminó de “Soltarle la cadena”. Y por esas cosas de la vida, del destino y de los argumentos de las películas conoce a Manipulador Irresponsable o sea Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), un charlatán mayúsculo que podría o no (más bien no, según declara el guionista y director, porque estamos en la década de los 50 en los EE UU y estos personajes abundaban) ser L. Ron Hubbard, el creador de la Cientología. La cosa es que Manipulador Irresponsable ha inventado una especie de filosofía religioso-científica llamada La Causa,  y por medio de sugestión o de hipnosis te conecta con los millones de vidas que tuviste antes, y si sorteas las trampas de malvados alienígenas, puede que ese contacto te dé algo de felicidad y hasta te cure de algún mal grave. Y no va que Manipulador Irresponsable toma a Tornillo Flojo bajo su tutela como un proyecto personal. Algo que es alternativamente aceptado o rechazado por la Esposa Tenebrosa (Amy Adams) de Manipulador Irresponsable.

Y dado que estamos en una película de Paul Thomas Anderson (Juegos de placer, Magnolia, Embriagado de amor y Petróleo sangriento), a quien se le dan muy bien los líderes, los pioneros y las familias disfuncionales, la relación entre los protagonistas es misteriosa, profunda, embriagadora. Los tres actores mencionados, nominados para su correspondiente Óscar, dan cátedra y sientan precedente de cómo actuar en una película.

También, como en toda película de Anderson, pueden destilarse reflexiones de por qué los Estados Unidos son como son, cosa que a mí ya no me importa, porque por más que me diera la cabeza para llegar al epicentro de la contradicción caminante que son, igual van a seguir invadiendo países, matando de hambre a medio mundo y destruyendo las reservas naturales. De todos modos, la premisa tiene validez universal, porque locos y mesiánicos hay en todos lados.

Ojo, no es una película fácil, la querida Vicky Lago jamás la va a presentar con sus diminutivos en su ciclo de películas vespertinas, porque puede incomodar, desconcertar y exasperar; y aunque la observación de las conductas de los personajes es artera, las habituales “lecciones de vida”, que tanto pregona la talentosa actriz, están más lejos que el Polo Norte.

En lo personal confieso que me resistía a entrar en el juego que propone Paul Thomas Anderson, el film comienza contándonos por qué Tornillo Flojo es Tornillo Flojo y los retratos de locura me dan una tristeza infinita y me devastan, pero cuando Tornillo Flojo sube al barco, con sus lucecitas y los invitados bailando el mambo o el calipso y la banderita ondeando y la cámara los ve irse, me inundó una sensación de belleza, como de cuadro de Edward Hopper, y entré. Al ratito nomás comienza la relación con Manipulador Irresponsable y el asunto se vuelve más oscuro, aunque más claro en lo vital (si ven el film comprobarán que este disparate en el que parezco caer no es tal). Cuando terminó, me encariñé con Phoenix y su Tornillo Flojo, no sé si con el tiempo llegaré a quererlo tanto como al peligroso Travis Bicke, taxista, que hizo una vez un tal Robert De Niro, pero este loco tiene, allá atrás, bien en el fondo, una inocencia que desarma.

En resumen, ojalá puedan entrar en el código personalísimo que Paul Thomas Anderson maneja, si lo logran podrán disfrutar de un mundo sencillamente fascinante.
Un abrazo, Gustavo Monteros

sábado, 1 de marzo de 2008

Petróleo sangriento

Queridos Amigos:

¿Vieron Petróleo Sangriento (There will be blood)?¿Qué les pareció?

Yo la vi. Me pareció una película excelente, excelsa, excepcional; pero en lo personal me resultó tan o más aburrida que Paris-Texas (dura más o menos lo mismo y sin el paliativo de Nastassja Kinski en la escena final).


El film cuenta la clásica historia del self-made man que pasa de rata a multimillonario. Hay dos o tres subtramas; una de las cuales concierne a un falso fanático que ve en la religión la posibilidad de obtener poder y hacer mucha plata. La pugna y el contraste entre el capitalista sátrapa y el religioso hipócrita quizá sean lo más atractivo del film.


Aunque tiene nudos dramáticos muy interesantes y muy bien resueltos, la anécdota es más episódica que evolutiva, y hay por lo tanto muuuuchas mesetas narrativas en las que dan ganas de tener un control remoto gigante y hacer fast foward.
La novedosa música de Jonny Greenwood (entre minimalista y vanguardista) no desagrada. Eso sí que no se ponga de moda, dos o tres películas más con este tipo de música y la gente va a ir al cine con los Winchester a hacer tiro al blanco con los parlantes del Dolby. La fotografía de Robert Elswit es talentosísima, da el adecuado tono épico y una espectacularidad millonaria a un film que no costó más de dos pesos.


El director Paul Thomas Anderson, un geniecito del nuevo cine yanqui, me deslumbró más con sus películas anteriores Boogie Nights, Magnolia y Punch-Drunk Love (Embriagado de Amor) que con este film tan logrado como tedioso.


Daniel Day-Lewis confirma lo que ya sabemos: le preocupa más gustarse él que que intentar comunicarnos algo a nosotros, los sufridos espectadores. Emocionarnos o al menos procurar conmocionarnos ni se le cruza por la cabeza. Leía hoy en un reportaje a George Clooney algo con lo que no podía menos que estar de acuerdo. Decía el querido George que Danielito no hizo una composición, sino una impecable imitación de John Huston.
Artero pero certero.

Un abrazo
Gustavo Gustavo