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viernes, 13 de febrero de 2026

Los esenciales - Hoy: Bogart no solo era un duro, también era un romántico.


 

La culpa la debe tener Casablanca, porque cuando me cruzo con una foto de Humphrey Bogart no se me viene el malandra de pistola en mano y réplica rápida, sino el héroe romántico, permanentemente signado por el amor equivocado, el de Casablanca, el de El halcón maltés, que es también un enamorado, aunque la ética le pese más que olvido, el de Sabrina, aunque esté muy envarado porque él, el actor, tenía mucho miedo de ya no dar lo que se necesitaba para que una Audrey Hepburn se enamorara de su personaje, el de La reina africana, aunque ella lo deje sin una gota de alcohol, esos.



Nunca se me vienen primero el convicto pícaro de No somos ángeles, el ilusionado de El tesoro de Sierra Madre, el forajido que quería a los perritos en Su último refugio (High Sierra), ni el gánster filosófico de El bosque petrificado.



Y eso que no incluyo en las que enamora a Lauren Bacall, sobre todo Tener o no tener y Al borde del abismo (The Big Sleep).


La culpa la debe tener Casablanca y sus frases matadoras de “Ellos iban de gris y vos vestías de azul”, “De todos los tugurios de la Tierra, ella tiene que venir al mío”, “Siempre tendremos París” y así.

 

El Bogart nuestro de cada día, dánosle hoy. Señor, hazme superar muchas cosas, pero nunca me hagas superar a Humphrey.

Y como a los cinéfilos, nos gustan mucho las listas, hago la mía de las 10 citas ineludibles con Humphrey Bogart.



Una. El bosque petrificado (The Petrified Forest, Archie Mayo, 1936. Se basa en un drama poético de Robert Emmet Sherwood, que Leslie Howard y Humphrey Bogart habían estrenado en Broadway. Sin embargo, cuando Warner Brothers decidió llevarla al cine, dijeron que prescindirían de Bogart, porque querían al instalado y seguro rendidor de Edward G. Robinson en el papel del gánster. Leslie Howard que se había asegurado los derechos de la obra se puso firme: al Duke Mantee lo interpretaba Bogart o la película no se hacía. Y se hizo nomás y fue la película que cimentó la carrera de Bogart, que ya venía larga y con muchos altibajos. Bogart se lo agradeció a Leslie Howard de por vida. Tanto que en 1952 cuando Lauren Bacall y Bogart tuvieron su primera hija le pusieron Leslie. Homenaje que Howard no llegó a saber, había muerto en 1943 en el Golfo de Vizcaya cuando los alemanes derribaron el avión en que viajaba.

La trama transcurre en un bar / grill de una carretera apartada. Ahí llega un trashumante escritor, Alan (Leslie Howard) y sin que lo pretenda, enamora a la camarera Gabrielle (Bette Davis) que cree que no cumplirá sus sueños de darse a conocer como pintora y viajar a París. Su pretendiente, Boze (Dick Foran) tiene más músculos que intelecto y no comprende que Gabrielle quiera ser otra cosa que esposa y madre. Llega el gánster Duke Mantee y toma a todos los que allí están (los mencionados, más los que trabajan en el lugar, un matrimonio de turistas mayores, y otros) de rehenes mientras espera reunirse con su novia Doris, que no llegará porque le ha confesado a la Policía dónde iban a encontrarse. Entonces…


Dos. Su último refugio (High Sierra, Roaul Walsh, 1941). Es sobre un robo de joyas que sale mal y hay amores cruzados, el gánster que hace Bogart adopta un perrito que será esencial en el final y todo culminará en una persecución montañosa que copiaran en muchos otros filmes noir y westerns. Bogart hace la transición de personaje secundario a protagonista con solvencia y éxito.



Tres. El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941). Se basa en la ineludible novela clásica noir de Dashiell Hammett. Unos maleantes, por separado, a cuál más atractivo y tortuoso, le piden al detective Samuel Spade (Humphrey Bogart) que los ayude a localizar una reliquia valiosa, el halcón del título. Las ambiciones los perderán y habrá unas cuantas frases matadoras que se citan hasta hoy. Es la primera obra maestra de Huston.




Cuatro. Casablanca (Michael Curtiz, 1942) Se han escrito centenares de libros y artículos sobre Casablanca. Mi contribución es: Casablanca es Casablanca. Y si ustedes tienen una ligera inclinación por el cine, deben verla al menos una vez. Y juro que será “el comienzo de una gran amistad”



Cinco. Tener y no tener (To Have and Have Not, Howard Hawks, 1944). Se basa en una novela de Ernest Hemingway y del guion, entre otros, participó un tal William Faulkner. Es de amor y aventuras durante la Segunda Guerra Mundial en la colonia de la Martinica, que estaba bajo la égida pro alemana del Gobierno de Vichy. Lauren Bacall dirá una definición de cómo silbar y enamorará a Bogart y a todos los que vean la película, hombres, mujeres, niños, perros, gatos y canarios.




Seis. Al borde del abismo (The Big Sleep, Howard Hawks, 1946). Se basa en la gran novela del genial Raymond Chandler y de este guion participó también William Faukner. Si de algo sirve, es una de las películas que no me canso de ver. Bogart es el detective Philip Marlowe y un tal General Sternwood (Charles Waldron) le pide que pague unas deudas de juego contraídas por su hija menor, Carmen (Martha Vickers), aunque la hija mayor, Vivian (Lauren Bacall) sospecha que el viejo está más interesado en saber qué le pasó a su empleado, Sean Reagan, que desapareció de la noche a la mañana. Entonces… Un policial magistral que es deleite puro.




Siete. El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, John Huston, 1948) Cuando nada se tiene, se lo puede arriesgar todo. Tres pobres desgraciados reúnen un poco de dinero y se lanzan tras el sueño de conseguir oro. Pero para todo se necesita algo que ellos no tienen: suerte. De ahí que en el emprendimiento de esta aventura, nuestro corazón estará con ellos en cada recodo del camino. Rompieron el molde después que la hicieron. Maravillosa.


Ocho. La reina africana (The African Queen, John Huston, 1951) Durante la Primera Guerra Mundial, en Africa del este, el capitán de un pequeño barco, La reina africana, es persuadido por unos misioneros, padre (Robert Morley) e hija (Katharine Hepburn) para emprender un peligroso viaje por un río traicionero y atacar un buque de guerra alemán. Aparte de ser un film de aventuras es un romance de opuestos. El capitán bebe lo que sea que tenga alcohol, la misionera es abstemia. Ella se las arregla para ser pulcra en todas las circunstancias, él luce siempre una barba de dos días y la necesidad de algún baño pendiente, ella es una creyente devota, él no ha dejado de creer en Dios, pero quiere que este le pague las deudas que le debe. Ejemplo antológico de romance inolvidable.



Nueve. Sabrina (Billy Wilder, 1954). Si uno fuera una chica de los años cincuenta y la pretendieran dos hermanos, David (William Holden), un casanova tarambana, lindo como un diamante, seductor como una cuenta bancaria abultada y hueco como bola de Telgopor y Linus (Humphrey Bogart) serio como un diagnóstico, solemne como una estatua, lindo como un susto, pero con una capacidad de amor y compromiso invalorables, ¿con cuál nos quedaríamos? Bueno, Audrey Hepburn tomó la misma decisión. Es un film de Billy Wilder y está todo dicho.


Diez. No somos ángeles (We’re no angels, Michael Curtiz, 1955) Tres convictos (Bogart, el gran Peter Ustinov y Aldo Ray) escapados de la Isla del Diablo a principios del siglo XX, terminan refugiados en la casa de una familia amable e inocente, cercada por unos villanos inexorables. Los tres convictos pondrán a prueba sus talentos para el robo, la estafa y el crimen, para corregir las injusticias. Para sonreír de principio a fin. Deliciosa.

 

Y con este artículo iniciamos la sección de Los esenciales. Bogart fue un actor de talento y su mito se erigió sobre un perfil de contrastes. Un flaco feo que podía más que cuatro lindos. Un enclenque que tenía más fuerza y fiereza que cualquier matón, profesional o amateur. Un hablador de lengua filosa que a fuerzas de cinismos se protegía de las ternezas que podrían desarmarlo.

Gustavo Monteros

¡Último momento! Dessde el jueves 19 de febrero de 2026 regresa a los cines platenses, al menos por una semana, Casablanca. 

viernes, 27 de diciembre de 2024

viernes, 26 de julio de 2024

Querido diario - Hoy: La condesa descalza


La condesa descalza (1954) es una película mezquina porque todo lo que tiene de interesante pasa fuera de cámara. Es la historia de una mujer excepcional en tres etapas (el camino de ascenso al estrellato, las consecuencias del estrellato alcanzado y su salida de escena), contada por tres narradores (un director de cine, un relacionista público y el conde con el que se casó y que justifica el título).

 

María Vargas (Ava Gardner, ¿quién si no) es un animalito de Dios, sensual, libre, volátil. Baila en un cabaret de Madrid y ha logrado que se hable de ella hasta en Roma. De allí vienen Kirk Edwards (Warren Stevens) un heredero reciente de un par de millones de dólares que quiere producir un film, Myrna (Mari Aldon) una buscavidas cínica y de escasa autoestima, Harry Dawes (Humphrey Bogart) un director de cine, alcohólico en recuperación, que procura salir de una mala racha con un proyecto para un nuevo film que es lo que se traen entre manos y Oscar Muldoon (Edmond O’Brien) un relacionista público de ricos y famosos con una alta tolerancia para las humillaciones.

 

Este cuarteto de notables viene al cabaret para ver el número de María y convencerla de que se vuelva con ellos a Roma para que le hagan una prueba de cámara. Están en problemas, han llegado tarde para la actuación y María no se sienta en la mesa de los clientes. Kirk, que se revela como un déspota medio bobo, manda primero a Oscar y luego a Harry para que la traigan a su presencia. Entre estas idas y vueltas, un mal chiste de Myrna hace que Kirk se la saque del medio de mala manera.

 

Como ni Oscar ni Harry consiguen acercar a María a la mesa, Kirk le ordena a Harry que se quede en Madrid hasta que María acepte ir con él a Roma y si no lo logra que se olvide de filmar la película. Como vemos Kirk no se postula para Miss Simpatía. Harry y María se hacen amigos y ella le cuenta que necesita que la quieran cómo es (¿quién no?) y que no soporta los zapatos, que pasan a ser símbolo de su resistencia a adaptarse al status quo.

 

Su retrato es contradictorio, porque es una salvaje de lo más civilizada. En el camarín la hemos visto, intuido más bien, entrelazarse con uno de los músicos, al que presenta como un primo. Digo intuido, porque solo vimos los pies de ambos, el resto de sus cuerpos quedó cubierto por una cortina.

 

Esta parte está contada por Harry. La segunda etapa la cuenta Oscar y tiene dos partes, en la primera atestiguamos que su estrellato es tan sólido como para sobrevivir un escándalo policial (su padre ha matado a su madre, hay un juicio, María declara y el público se pone de su parte) En la segunda parte asistimos a la caída en desgracia de Kirk y a su reemplazo por Alberto Bravano (Marius Goring) otro ricachón más inútil y pusilánime que Kirk (todo un logro porque Kirk en esas cualidades sobresalía con honores) Oscar y María se inclinan por Bravano, Harry ha recuperado su independencia y ha retomado su carrera con honores. Pero Kirk no se queda solo, Myrna, que en sus ratos de hastío se pisotea el amor propio se va con él. Harry ha visto que en la casa de la piscina, María guarda otro “primo” para desahogos eróticos y ¡se lo recrimina!

 

La tercera y última etapa está contada por el conde Vincenzo Torlato-Favrini (Rossano Brazzi) que se enamora de María con solo verla. La seduce, se casa con ella y espera a la luna de miel ¡para contarle que una herida en la Segunda Guerra Mundial lo ha incapacitado sexualmente! María que está loca por el conde, en su animalidad erótica, interpreta mal lo que se espera de ella. Cree que Vincenzo se ha casado con la esperanza de que le dé un hijo. De ahí que María se ha conseguido otro “primo” para tal fin, pero Vincenzo, cuando se entera, reacciona a los balazos y mata a María y al “primo”. Y volvemos al principio, al entierro de María bajo la lluvia, con todos los hombres que han participado en estas etapas de su vida de pilotos y con paraguas.

 

La recordaba mejor de lo que es. Bueno, la vi a los 13 o 14 años y por entonces todo lo que expresara alguna idea con dos esdrújulas seguidas me parecía serio y profundo. Ahora a la vuelta de la esquina, algo discerní.

 

Es una película con muchos problemas y malas elecciones. Para empezar, es teatral en el peor sentido. Cada vez que alguien toma la palabra no la suelta por un buen rato. Y son parrafadas más farragosas que elocuentes. Además, el diálogo suple información que podría desarrollarse más dramáticamente, con mayor profusión de escenas. Parece una de las películas perezosas de Woody Allen, en las que prefiere contar con escenas largas, en un solo ambiente, con solo un par de cámaras, en vez de que con escenas más cortas y más ricamente planeadas. Por supuesto, de tanto en cuando hay logros en los diálogos. Después de todo, está escrita y dirigida por Joseph L. Mankiewicz, que de escrituras y dirección entendía largo y tendido, aunque no era infalible, claro.

 

Otro problema que tiene es que los personajes son muy poco atractivos y son tan simpáticos como una hiena con hambre. Se hace difícil empatizar con ninguno. Un poco tal vez con la María Vargas de Ava, por su supuesto impulso vital al menos. Los demás nos importan poco o nada. Incluido Humphrey (¡Dios me perdone!) Su personaje es testigo de la peripecia de vida de la Vargas, un amigo, un confidente, un psicoanalista improvisado. Un personaje opaco para alguien como Bogart. Ojo, demuestra que es un buen actor, que entiendo qué función cumple su papel y lo defiende con un entusiasta profesionalismo. Lo que hace es irreprochable, pero uno lo siente como un desperdicio. El cartel dice Bogart y Ava y uno se pone a imaginar algo más desafiante o apasionado que estrellita en ascenso recibe ayuda y consejo de director curtido.

 

Encima su papel y el del relacionista público que hace Edmond O’Brien tienen características tan similares que parecen mellizos. Dos cínicos duchos del mundo del espectáculo, que saben cuándo agachar la cabeza y tragarse el insulto y cuándo devolver los golpes recibidos con resignada sabiduría. Los diferencia un poco el amor al dinero que tiene el personaje de O’Brien. También que, en mitad del film, el Harry de Bogart se suaviza por presencia de su amada esposa, Jerry (Elizabeth Sellars) que lo contiene y lo robustece. Ella corta de raíz el más mínimo intento de doblegar o ningunear a Harry. Ahora que lo pienso, es un personaje agradable, no como el resto.

 

Y es extraño (si no extraño, al menos curioso) que todo erotismo, sensualidad o apasionamiento, esté fuera de cámara. Detalle que se manifiesta en el principio, no se ve qué es lo que la Vargas hace en el escenario del cabaret, solo se registra las reacciones del público. Después, como ya dijimos, se ven los pies de Ava y su “primo” en el camarín, una cortina los tapa pudorosamente. En la casa de la piscina, el otro “primo” es una luz en la ventana. Y no se ve cuando el conde Vincenzo la mata junto al amante, nosotros, el público, al igual que Bogart solo oímos los disparos.

 

La única excepción a algo parecido a la sensualidad es cuando el conde que hace Brazzi la ve por primera vez. Ella está ensayando un baile un tanto parsimonioso con un gitano, al que después le dará dinero que le sacó a Bravano. No es para menos, el gitano es un “primo”.

 

Eso sí, Mankiewicz ratifica que el dinero no hace a la felicidad (o tal vez odia a los ricos tanto o más que su hermano). Aquí los ricos puede que tengan asegurado el futuro, pero son infelices, neuróticos, frustrados e impotentes. A cuál peor.

 

Y si bien se supone que María Vargas es una fuerza vital, el erotismo irrestricto que ostenta es algo que todos quieren aplacar. Como si les molestara que una mujer fuera capaz de ser libre y plena en el sexo. Todos andan como catequistas procurando reformarla. Sin duda su voluptuosidad los amenaza.

 

Para no cargar tanto las tintas sobre estos hombres, podemos decir que son muy producto de su época, muy personajes de postguerra o más bien de post bomba atómica. Todos andan con la crisis existencial, saboreando la angustia de saber que el hombre es un miserable irredimible, que de tanto insistir en ser lobo del hombre, poco de humano le queda.

 

Pero ¿no es que la chica descalza es una alternativa? ¿Algo así como a coger que hay que replantear el mundo? Sin embargo, lo que le sale a Mankiewicz es más bien: Matémosla ya, no sea cosa que con su vitalidad nos salve de esta angustia tan sentadora que estamos disfrutando.

Gustavo Monteros

 

viernes, 17 de febrero de 2023

Desafío del mes de San Valentín - Tercera semana

Este Febrero es un mes complicado para mí. Tengo que despejar incógnitas, tomar decisiones, aceptar condicionamientos que no dependen de mí, etc. Pero para no obsesionarme, desarrollar ideas satélites o hacer de mi mente un embudo atascado, me conviene pensar en otras cosas. Y como el cine es una de las pocas cosas que siempre me divirtió, nunca me traicionó y si alguna vez me decepcionó, me recompensó casi de inmediato, me planteé un desafío. Como es el mes de San Valentín, voy a ver si puedo completar una lista de 28 películas de amor que me gusten de verdad.

Sábado 11 de febrero de 2023 


Día 11: Deux (Nosotras, Filippo Meneghetti, 2019)

Madeleine (Martine Chevallier), Madó en la intimidad, es una persona témpano, no porque sea fría como el hielo, en su caso lo contrario, sino porque tiene más por debajo de lo que muestra en la superficie. Es viuda, jubilada con dos hijos en la treintena larga. La hija (Léa Drucker) considera que el padre la tiranizó y que mamá no se separó por privilegiar la familia. El hijo (Jérôme Varanfrain) cree que mamá no quiso a papá lo suficiente y que lo desvaloró. La verdad, como acostumbra, quizá ande por el medio de tanto y tan poco. Madeleine oculta que desde hace más de 20 años está en relación con Nina (Barbara Sukowa) que vive en el otro departamento, el de enfrente al suyo, en el piso que comparten de un viejo y señorial edificio. Planean vender los dos departamentos, comprarse uno en Roma e ir allí a transcurrir los años dorados. Pero Madeleine no se anima a comunicárselo a sus hijos, porque equivale a blanquear la situación. Madeleine sufrirá un derrame cerebral y lo no dicho se revelará de la peor manera. Porque Nina no pasará, así como así, de ser el alma de Madó a la vecina entrometida de tan solícita, nadie, una casi extraña. Entre tanto adulto patético, el nieto de Madó, un chico de 7 años, al ver una foto vieja de un contingente de turistas por Roma deducirá por donde vienen los tiros y como todavía no está contaminado por prejuicios ni religiosidades, aceptará que el amor es amor y que todo lo demás no importa.

 

Domingo 12 de febrero de 2023


Día 12: The Remains of the Day (Lo que queda del día, James Ivory, 1993)

Esta es una tragedia sobre la impotencia, no la que se cura con té de yuyos, un dedo artero donde no da nunca la luz del sol o con la célebre pastilla azul, sino la peor, la más difícil, la que viene de la voluntad, del corazón, del espíritu. El mayordomo Stevens (Anthony Hopkins) ama a y es amado por la señorita Kenton (Emma Thompson), el ama de llaves de la mansión solariega en la que trabajan. ¿Por qué entonces llegado aquel momento de arrebatadora intimidad Stevens no puede cruzar el límite y dar el beso que le arde en el cuerpo? Sí, sí, las rigideces del espacio-tiempo en el que se desenvuelven le dan la excusa perfecta. Está bien, está bien, en los fines de los años treinta, en un palacete inglés, en los rangos de la servidumbre, el amor puede parecer una trasgresión. Tampoco son dos generales en una tienda de campaña, o dos enfermeras en el armario de ropa limpia de un hospital, donde la trasgresión puede ser titánica. Son un hombre y una mujer, el modelo de pareja aceptada en esos tiempos de almidón y pruritos. Sin embargo, cuánto más grande es la trasgresión, más urgente es cruzar el límite. Si es chiquita, se la subestima y no se la reconoce en su dificultad. Y en el fondo, Stevens y Miss Kenton son dos soldados. Inglaterra llegó a ser un imperio y hasta hoy, a pesar de vaivenes y encogimientos, sigue siendo un país (más bien, una nación) fuerte. Y una nación se construye con máscaras, prototipos, mitos. Stevens elige la máscara del sirviente perfecto y desde esa máscara contribuye al engrandecimiento de su nación. Su sentido del deber le impide sacársela aun en la intimidad. Suprema ironía que haya sido el mayordormo perfecto de aristócratas simpatizantes nazis, algo que él supo y no quiso asumir porque el perfecto sirviente no juzga al amo. Y así Stevens se queda solo y le niega a Miss Kenton la posibilidad de ser feliz. El deber a ultranza no hace la felicidad y la miopía política, menos que menos.

 

Lunes 13 de febrero de 2023



Día 13: The French Lieutenant's Woman (La amante del teniente francés, Karel Reisz, 1981).

Vista desde el amor y esos incendios, Sarah Woodruff (Meryl Streep) es una reverenda hija de puta. Y se salva de ser catalogada como una histérica de campeonato porque la maravillosa novela de John Fowles que la concibe, la erige como una protofeminista. Estamos en la Inglaterra de los 1850, o sea en el período victoriano, Sarah trabaja como dama de compañía de una vieja de mierda y se pone a pensar en su futuro. Para no caer en la servidumbre a secas (por ser dama de compañía / institutriz, se considera una sirvienta glorificada) o en la prostitución, la única salida que le queda es casarse bien, para lo cual no cuenta con los dos requisitos básicos, ser de buena familia y tener contactos. Se inventa entonces una historia trágica, la de haber sido seducida y abandonada por un teniente francés. A la falta de prosapia, la sustituye con una leyenda destinada a atrapar curiosos galanes transgresores, y que de paso le asegura espantar a los timoratos o santurrones. Y la fortifica paseándose por las tardes, embozada de negro, por un malecón golpeado por las olas, con la mirada hacia la costa francesa. Cae en la trampa un paleontólogo, Charles Henry Smithson (Jeremy Irons) que llegó a la región a conocer a sus ricos suegros. Sarah logra obnubilarlo de pasión. Charles ya no se casará con la bella y noble Ernestina (Lynsey Baxter), la que le inicia un juicio por ruptura de compromiso (algo que hace por supervivencia, el escándalo le resta posibilidades de conseguirse otro buen partido). Pero cuando Charles, enamorado y libre, va a buscar a Sarah, descubre que esta se ha ido. Desesperado de amor, contrata detectives para que la busquen. Sarah para no ser encontrada se ha cambiado de nombre, ahora pasa por Mrs Roughwood. Tres años más tarde, le da a conocer su paradero a Charles, está como institutriz de los hijos de un arquitecto progresista en Escocia. Se había fugado para encontrarse a sí misma. Charles la putea en todos los idiomas que conoce y en otros que improvisa, aunque termina por perdonarla. (La trama paralela que inventa Harold Pinter en el guion, para dar cuenta del final alternativo en la novela y de las disquisiciones sociológicas, la de los actores contemporáneos que protagonizan el relato victoriano, tampoco deja bien parada a la contrafigura actual de Sarah). Y si no fuera por el amor perruno que tan bien expresa Jeremy Irons, esta no sería considerada una historia de amor nunca de los jamases. Meryl Streep es justamente idolatrada por un currículum impresionante, pero entre sus primeros logros, yo siempre elijo el de La amante del teniente francés, porque solo una grande pudo habernos vendido como heroína romántica a semejante turra.

 

Martes 14 de febrero de 2023


Día 14: Casablanca (Michael Curtiz, 1942).

¿Es posible resumir el argumento de una película transcribiendo algunos de sus diálogos? Intentémoslo.

Casablanca, Marruecos, 1941

En el bar de Rick

Capitán Renault: ¿Qué diablos te trajo a Casablanca, Rick?

Rick: Mi salud. Vine por las aguas termales.

Capitán Renault: ¿Qué aguas? Si estamos en el desierto.

Rick: Me informaron mal

……………….

En el bar de Rick

Rick (viendo entrar a Ilse y a Victor Laszlo): De todos los bares de mala muerte del mundo, ella tiene que venir al mío.

………………..

En el bar de Rick

Ilse: No estaba segura de que fueras el mismo. Veamos, la última vez que nos vimos…

Rick: Fue en La bella Aurora.

Ilse: Qué lindo que te acuerdes. Pero, claro, fue el día que los alemanes entraron a París.

Rick: No es un día fácil de olvidar.

Ilse: No.

Rick: Recuerdo cada detalle. Los alemanes vestían de gris, vos, de azul.

………………..

En el bar de Rick

Rick: Lo felicito.

Victor Laszlo: ¿Por qué?

Rick: Por su trabajo.

Victor Laszlo: Intento hacerlo bien.

Rick: Nosotros lo intentamos, usted lo logra.

…………………….

En el bar de Rick

Rick: ¿Cree que vale la pena pelear por lo que pelea?

Victor Laszlo: Debería preguntar si vale la pena respirar. Si dejamos de respirar, morimos. Si dejamos de combatir a nuestros enemigos, el mundo morirá.

………………….

En el bar de Rick

Ilsa (llorando): Sos nuestra última esperanza, Rick. Si no nos ayudás, Victor Laszlo morirá en Casablanca.

Rick: ¿Y qué? Yo moriré en Casablanca. Es un buen lugar para hacerlo.

……………………

Victor Laszlo: Sé más de usted de lo que sospecha. Sé, por ejemplo, que está enamorado de una mujer. Y es curioso de los dos estemos enamorados de la misma. Cuando entré a este bar por primera vez, supe que había algo entre usted e Ilsa. Como nadie tiene la culpa, no exijo ninguna explicación. Solo le pido una cosa, ya que no me dará los salvoconductos, salve a mi esposa. Sáquela de Casablanca.

Rick: ¿Tanto la quiere?

Victor Laszlo: Usted me considera solo el líder de una causa. También soy un ser humano. Sí, tanto la quiero.

……………………….

En el aeropuerto

Ilsa: Lo decís para que me vaya.

Rick: Lo digo porque es verdad. Los dos sabemos que le pertenecés a Victor. Sos parte de su trabajo. La parte que no lo hace claudicar. Si el avión despega y no estás con él, te arrepentirás. Tal vez, no hoy ni mañana, pero pronto y por el resto de tu vida.

Ilse: ¿Y nosotros?

Rick: Siempre tendremos París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que volviste a Casablanca. Lo recuperamos anoche.

……………………

En el aeropuerto

Capitán Renault: No solo sos un sentimental, ahora sos también un patriota.

Rick: Parecía el momento para empezar.

Capitán Renault: Te convendría salir de Casablanca por un tiempo. Hay una plaza libre en Brazzaville. Podría ocuparme del pasaje.

Rick: ¿Y mi salvoconducto?

El capitán Renault asiente (…)

Rick: Creo que este es el comienzo de una linda amistad.

………………………

Y NOSOTROS SIEMPRE TENDREMOS CASABLANCA

 

Miércoles 15 de febrero de 2023


 

Día 15: Gone with the wind (Lo que el viento se llevo, Victor Fleming, 1939)

Lo que el viento se llevó es muchas cosas. Un fresco épico de la Guerra de Secesión norteamericana, la visión de la problemática negra de una autora blanca a fines de los años treinta y sobre todo, una formidable historia de amor con una protagonista excepcional. Scarlett O'Hara (Vivien Leigh) más que una heroína romántica, es una heroína a secas. Décadas antes de los principios de autoayuda, ella ya nos formaba con el Mañana será otro día. Y cuando se redondeó el concepto de resiliencia, demostró ser uno de los ejemplos más acabados. A pesar de haber sido criada como una mimada niña rica, no era una frágil muñequita de porcelana, era de armas tomar y a la hora de defender sus caprichos tenía más recursos que almacén de ramos generales. Eso sí, conseguía lo que se proponía sin ninguna consideración ética o moral. Y al final, cuando la horma de su zapato, el hombre de su vida, Rhett Butler (Clark Gable), harto de toda hartura, le cerraba la puerta en la cara con el histórico: Francamente, querida, me importa un bledo, se suponía que debíamos plantearnos si lo recuperaría. Suspenso vano, porque nadie en su sano juicio dudaba de que si así era su voluntad, lograría más temprano que tarde que él volviera a su lado. En lo personal, siempre me he quedado con lo que he dado en llamar "el juramento de los rabanitos". Al final de la primera parte, después de muchas penurias, logra regresar a su heredad, la mansión apenas se mantiene en pie y los campos están arrasados. Muerta de hambre, cae de rodillas y se debate sobre si comer tierra. Mete las manos en la tierra y logra dar con unos rabanitos. Se pone de pie con los rabanitos en la mano y se jura ¡Nunca más! (en mi interpretación desafía a Dios, le jura que ni Él va a volver a ponerla en una situación de vulnerabilidad nunca más) Yo, muchas veces en mi vida, hice el juramento de los rabanitos. No siempre tuve la determinación de cumplir el juramento cabalmente. Es que estar a la altura de Scarlett no es para cualquiera.

 

Jueves 16 de febrero de 2023


 Día 16: Frankie & Johnny.

Si bien Frankie and Johnny (Garry Marshall, 1991) está centrada en la conmovedora historia de amor de Frankie (Michelle Pfeiffer) y Johnny (Al Pacino), la corte de milagros que los rodea en el Apollo Café Grill y adyacencias también nos enamora y aledaños. Porque está cascoteados, boicoteados, negados, resistidos, solos, acompañados, depreciados, valorados, enorgullecidos, embrabecidos, apechugados, amuchados, abúlicos, entusiastas, sorprendidos, elegidos, traicionados, puestos en pie, vencidos, victoriosos, encandilados, despabilados, alertas, somnolientos, esperanzados, muertos de frío, de calor, de hambre, de sed, venidos a menos, a más, con ganas, sin ganas, bellos, feos, regular, bien, mal. Como algunos, como uno, como ninguno. Amados siempre y con ganas de amar más cada vez. Como vos, yo y los de más allá. Como todos, como nadie. Hasta que el amor nos encuentre y la muerte nos separe.

 

Viernes 17 de febrero de 2023

Día 17: Goodbye Mr. Chips (Adiós, Mr. Chips, Herbert Ross, 1969)

Era muy improbable que pasara, pero pasó. Arthur Chipping (Peter O'Toole) era un profesor de Latín (ya en las primeras décadas del siglo XX, importaba poco y nada y junto con su pariente Griego estaban a un tris de desaparecer como insumo pedagógico) que aburría y desagradaba a sus alumnos en partes iguales. Retraído y tímido hasta la exasperación, con solo las imprescindibles argucias sociales, lo evitaban hasta los mosquitos. Salvo a sus colegas del encumbrado colegio donde enseñaba, con su conversión sumía en la somnolencia al mejor predispuesto. Así y todo, deslumbró y sedujo a una estrella del music-hall, Katherine Bridges (Petula Clark). Claro, la conoció en el lugar ideal para que desatara toda su sapiencia y el encanto que se le alborotaba cuando el tema lo apasionaba: ¡en las ruinas de Pompeya! Como fuera, ella supo ver al príncipe y no al sapo. Las vacaciones de verano terminaron y el nuevo año lectivo sorprendió a todos con la llegada de la Sra. Chipping, que no solo alegró la vida del vetusto maestro sino también la del claustro académico y la de los alumnos, que se revolucionaban cuando la farándula teatral caía de visita, porque Katherine había abandonado la vida escénica para ser la esposa más colorida de un opaco profesor. Pero la guerra metió la cola y ella, una auténtica patriota, no se iba a quedar sin entretener a las tropas. Una bomba transformó la felicidad en un recreo. Y a Mr. Chips no le quedaron más que las lágrimas, y asumido el duelo, los recuerdos y los alumnos. Y por increíble que parezca, los alumnos son seres humanos que a veces están a la altura de la circunstancia. A pesar del espinoso Latín, arduamente aprendido, cuando el profesor se jubila, en un homenaje final los alumnos justifican la vida del viejo maestro. Porque como se sabe, nadie que ha aprendido a amar, pasa sin dejar huella.

Gustavo Monteros

viernes, 4 de marzo de 2022

Casablanca


 Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc) 


Hoy: Casablanca

¿Qué podemos decir que no se haya dicho de Casablanca? Nada. Resumamos con un "Es una de las más hermosas historias de amor", entre muchas otras cosas, claro, y tiene algunas de las réplicas más citadas y citables de la cinematografía mundial. 


Si no la has visto todavía, ¡no te la pierdas!

Si ya la has visto, ninguna cantidad de veces es suficiente. La primera tarde de lluvia que tengas libre, recuerda que Here's looking at you, kid.


Gustavo Monteros

viernes, 15 de mayo de 2020

Programa doble: Un detective curioso - El halcón negro



Ningún adolescente solitario que hubiera leído un libro de Raymond Chandler o Dashiell Hammett volvía a ser el mismo. Quedaba marcado de por vida con el amor al noir más puro y excelso. Y si con los años, el tal adolescente se inmiscuía en los caminos del arte, en algún momento sentía que tenía que exorcizar ese temprano amor en la recreación, la copia, la parodia o la burla.


Desde mediados de los sesenta hasta bien entrados los ochenta, hubo una ola de reformulaciones del noir clásico de los cuarenta. Y se erigieron dos cumbres irremontables, en cine: Chinatown (1974, Roman Polanski, con guión de Robert Towne) y en la novela (gracias a Dios nos tocó a nosotros) Triste, solitario y final (1973) de Osvaldo Soriano.


Y en medio de esa ola, en 1975 los estudios hollywoodenses concretaron dos proyectos similares en estilo e intención (para no quedarse atrás, se copian y así todo viene de a dos o tres): unas comedias de detectives privados a la manera de los de Chandler / Hammett. Una un poco más lograda que la otra, aunque ambas fallidas.


Peeper (Un detective curioso, 1975) gira alrededor de Leslie C. Tucker (Michael Caine) un inglés que a fines de los cuarenta se gana la vida en Los Ángeles como investigador. Una noche le aparece en su oficina/dormitorio un perseguido (literal) cliente, Anglich (Michael Constantine) que le pide ubique a una hija que años atrás dejó en un orfanato, porque quiere entregarle un dinero que se ganó. Tucker terminará desovillando enredos que incluye a dos hermanas, Ellen (Natalie Wood) y Mianne (Kitty Winn) y otras ramificaciones familiares.


Caine, desentendido de hacer un acento americano, fluye encantador y devuelve la entrada a puro talento. Por lo que fuera, no era un buen momento para Wood, a pesar de un profesionalismo irreprochable, se la adivina tristona, opaca, sin el brillo que le supo dar a comedias como Penélope (Arthur Hiller, 1966) o La carrera del siglo (Blake Edwards, 1965)




The black bird (El halcón negro, David Giler, 1975) es contemporánea a los tiempos en que fue producida o sea transcurre en los setenta. A Sam Spade Jr (George Segal), hijo del Sam Spade de El halcón maltés (John Huston, 1941, según novela de Hammett, of course) le ofrecen pagarle una gran suma si encuentra y entrega el famoso pajarraco negro sobre el que giraba la acción de la novela clásica y de la posterior película (también clásica). A Sam Junior la oferta le parece sospechosa y se pone a investigar qué puede haber detrás. En la trama terminará por aparecerle una femme fatale de ascendencia rusa, Anna Kemidov (una deliciosa Stéphane Audran). En un elenco variopinto sobresalen Lionel Stander y Signe Hasso, gloriosa en su falsamente remilgada experta en lenguas antiguas.


Ambas películas están atravesadas por el fantasma de Humphrey Bogart. No olvidemos que corporizó a los dos detectives emblemáticos de Hammett y Chandler. Hizo a Sam Spade en El halcón maltés y a Philipe Marlowe (la creación de Chandler) en Al borde del abismo (The Big Sleep, Howard Hawks, 1941).


En Peeper / El detective curioso no hay créditos iniciales sino que un actor personificado de Bogart le dice a la platea el título y los nombres que cubren los rubros principales. En The Black Bird / El halcón negro, George Segal es tan esmirriado como Humphrey y la actriz (Lee Patrick) que hace de secretaria es la misma que hizo igual rol (Effie Perine) en El halcón maltés del 41.


Ambas comedias no llegan a buen puerto. Peeper es un poco más coherente, más cohesionada que The Black Bird que es irremediablemente deshilachada, ilógica, incongruente.
Al margen de la importancia de los actores, ¿qué hace que estas comedias no sean desestimadas y a otra cosa? Los diálogos, que son chispeantes, ocurrentes, ingeniosos, verdaderamente brillantes. David Giler, Gordon Cotler y Don Mankiewicz firman los de The Black Bird y W.D. Richter, según novela de Keith Lautner los de Peeper. El “bantering” la devolución de réplicas es irresistiblemente irónico en casi todos los casos.


Cuando repasamos la carrera de George Segal durante los setenta nos sorprende que no haya defendido después su status de primera figura. Era normal que con el paso del tiempo, los protagonistas jóvenes resignaran su preeminencia y pasaran al reparto, pero al extenderse el promedio de vida y la entereza que lo acompaña, Jack Lemmon, Paul Newman, Walter Matthau, Robert Redford, Michael Caine, Alan Arkin, Donald Sutherland o Christopher Plummer mantuvieron en su otoño su cargo de estelaridad y si bien participaron en ciertos proyectos como secundarios, no dejaron de ser protagonistas. Otros, como Elliott Gould o George Segal, en cambio, un buen día pasaron a los repartos y no volvieron a estar antes del título. Elecciones que se hacen. A veces por necesidad, otras por convicción.


Cuando uno se reencuentra con Segal en un reparto, cuesta reconocer al rey del cartel y de la boletería de antaño. Sin embargo, se lo ve cómodo y feliz, que a la larga es lo único que importa.

Gustavo Monteros