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sábado, 1 de diciembre de 2012

7 psicópatas


 El bueno de Colin Farrell en un arrebato de entusiasmo cae en una barrabasada lógica para describir esta película, dice que es “muy única”. Algo así como el viejo chiste de la mujer que insiste en que sólo está un poco embarazada. La unicidad como el embarazo no admite aumentativos, diminutivos ni medias tintas. Pero por puras ganas de embromar, aceptemos por un rato el absurdo que nos propone Colin (después de todo, despropósitos mucho peores y menos simpáticos hemos aceptado en nuestra vida) y preguntémonos ¿es tan así? ¿Es tan muy única esta película? La respuesta es quizá, aunque para evitar discusiones, yo focalizaría la descabellada descripción en la figura de su autor y director, Martin McDonagh. El hombre de quien conociéramos por estos parajes La reina de la belleza de Leenane y The pillowman (en teatro) y Escondidos en Brujas (en cine) es de verdad “muy único”. Dos notorios atributos le dan singularidad: un salvaje humor irlandés y un peculiar manejo de la violencia. Más otros que no le son privativos y que (gracias a Dios) comparte con muchos otros: un ejemplar manejo de la estructura dramática y una desbocada imaginación.
 
Ahora bien, ¿por qué no coincido con Colin y le atribuyo lo de muy único a McDonagh? A las pruebas me remito. Marty (Farrell) es un guionista empantanado que debe escribir un guión llamado 7 psicópatas. Un amigo, Billy (Sam Rockwell) que se dedica junto con Hans (Christopher Walken) al secuestro de perros para luego pedir rescate, lo ayuda a salir del paso contándole historias de asesinos. Pero no va que Billy y Hans secuestran el Shih Tzu de un mafioso (Woody Harrelson) de lo más apegado a su mascota, quien no dudará de apretar el gatillo para recuperarlo.
 
Como puede verse todo es muy “Tarantino” con un juego metacinematográfico (se discuten las dificultades de un guión que se reflejan en lo que uno ve en pantalla) muy “Charlie Kaufman”. Eso sí, los personajes y los diálogos son muy “McDonagh”. El resultado es desparejo aunque disfrutable y entrañable. Porque McDonagh es un hombre de talento y cuando la pega, vuela alto muy alto.
 
Contribuye al deleite el antológico desempeño del elenco mencionado, al que se suma el gran Tom Waits, y el lujo de contar en breves participaciones con Michael Pitt, Michael Stuhlbarg, Harry Dean Stanton y Gabourey Sidibe (la inolvidable protagonista de Preciosa).
 
7 psicópatas ganó el Premio del Público en el último festival de Toronto, lo que es muy comprensible, porque más allá de (o debido a) sus desniveles, su violencia feroz, su provocadora incorrección política (hay líneas poco halagüeñas sobre las mujeres, los gays, los negros, los ingleses, etc.) el todo es muy irreverente, absurdo y altamente divertido (al menos para los que gustamos de ciertas excentricidades y buenas actuaciones.)
 
Un abrazo, Gustavo Monteros

domingo, 14 de febrero de 2010

Preciosa

El nombre es irónico. Si Pampita o Michelle Pfeiffer son el modelo de belleza indiscutido, Precious, aunque agradable y atractiva a su modo, dista mucho de ser "Preciosa". Carga además con un sobrepeso notable. Pero su supuesta fealdad o su verificable peso no son el problema principal, porque Precious tampoco es valorada "preciosa" por su familia. La pobre está sonada, fregada, jodida, cagada a más no poder. Papá y mamá la someten a vejaciones, abusos y humillaciones que demolerían al más pintado. Por suerte Precious tiene su rinconcito privado, unas fantasías tan pedorras que dan pena, sin embargo a ella le sirven para ir tirando. Tiene sólo 16 años y ha padecido más martirios que un par de santos en sus largas vidas.


Como no se puede apagar el fulgor de nadie a menos que se lo mate y el asesinato no figura entre los planes inmediatos de su familia, Precious sobrevivirá. Conocerla no es fácil. Intuirla es menos complicado. Lo que se intuye alcanza para querer darle una mano. La ayuda vendrá, y esto es quizá lo más conmovedor de la película, no de una manera espectacular, al estilo de los viejos deus-ex-machina que lo solucionaban todo. No, le brindarán sólo una mano, ella tendrá que poner el resto.


Precious es una inolvidable historia de redención. Lee Daniels cuenta con astucia y tiene un as en la manga, dos actrices capaces de conmover a los cactus. Gabourey Sidibe es Precious, una grande y no sólo de tamaño. Mo'Nique es la madre. No sé qué hará de ahora en más, qué papeles le tocarán en suerte, pero su actuación en esta película marca un antes y un después en mi carrera de espectador cinematográfico.


Sorprenden también una repentinamente talentosa Mariah Carey, un simpático Lenny Kravitz y la bella Paula Patton.


Por más dura, conmocionante o desgarradora que sea, debe verse. Aunque más no sea para reconocer a las Preciosas que nos rodean y darles una mano. O dos.

Un abrazo,
Gustavo Monteros