Mostrando entradas con la etiqueta Hany Abu-Assad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hany Abu-Assad. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de mayo de 2017

El ídolo

El ídolo de Hany Abu-Assad trata algunos aspectos de la vida de Mohammad Assaf, que durante un tiempo gozó de la aprobación y la popularidad que alguna vez tuvo la Selección Argentina-México 86. Ahora bien ¿quién es Mohammad Assaf? Un cantante de gran voz, ganador de la segunda versión de Arab Idol en 2013.


Hany Abu-Assad, el director de Paradise Now (2005) y Omar (2013) manifestó en estas dos películas, más allá de las aristas sociales y políticas, un gusto por el cine popular industrial. Ahora con El ídolo (Ya tayr el tayer, en el original, 2005) se da el gusto de explorarlo a sus anchas.


De no saber que se basa en hechos reales, diríamos que director y guionista se permiten todas las ambivalencias del típico melodrama, a saber, bienaventuranza-desgracia, felicidad-enfermedad, humillación-reparación, sacrificio-redención, vejación-triunfo y desventura-suerte.


Es decir, de no ser cierta la historia de este aspirante a cantante que triunfa apoteóticamente, la acusaríamos de regodearse en los tópicos más ramplones y usados de los melodramas más vergonzantes (hoy, no ayer que eran la usanza obligada) de Libertad Lamarque, tanto en Argentina como México.


Pero a Dios a veces le gusta emular a los más atrevidos guionistas de telenovelas y le da a sus criaturas destinos de contrastes tan fuertes que parecen cuento. No en vano el dicho dice: La realidad supera a la ficción.


Eso sí, como corresponde al melodrama o a la telenovela, todo es llano, directo, sin espesor ni dobleces, se debe aceptar que los buenos son buenos por designio primero y que los fanáticos pueden dar un volantazo porque tienen también corazón.


De todos modos, de puro escasa y nada frecuente, es hermosa la idea de que las diferencias políticas y religiosas puedan superarse por ir detrás de la voz evocadora de un artista único.


Se deja ver, aunque se la puede esperar que llegue al cable, las plataformas de contenidos o las mantas de la calle.


Gustavo Monteros

jueves, 27 de agosto de 2015

Omar



Omar (Adam Bakri) un joven palestino, parece tenerlo todo claro y resuelto. Ahorra para casarse con Nadia (Leem Lubany) y entrena con sus amigos de infancia, Tarek (Eyad Hourani) el hermano de Nadia, y Amjad (Samer Bisharat) que también pretende a Nadia como esposa, para pelear contra la dominación israelí en Cisjordania. Tarek determinará un bautismo de fuego, bajar a un soldado israelí, que desatará circunstancias nuevas y cambiantes, traiciones varias y lealtades férreas.


El director y también guionista Hany Abu-Assad (Paradise now, 2005) concibe una trama que se bifurca en nuestras propias narices y que repliega tanto como muestra. Omar es a la vez un thriller político como una inolvidable historia de amor. Sí, en la suprema línea de las mejores novelas de Le Carré o de Grahame Greene cuando se le daba por los espías. Y armada en el final toda la historia, nos deja con una ironía punzante, que no se aleja con los títulos finales. La manipulación es también un búmeran.


De tanto usarse respecto al cine, los adjetivos “electrizante”, “atrapante”, “apasionante” han perdido su poder descriptivo y son un lugar común que casi no dicen nada. Sin embargo, no se me ocurren otros que describan más acertadamente a Omar y sus peripecias.


Visualmente es impecable (las corridas por entre las casas que parecen venírsenos encima dan tanto vértigo como angustia) y ofrece una lección que el cine industrial contemporáneo debería al menos comenzar a deletrear, salvo la incidental, no tiene música que subraye o que cree la tensión o el clima que debe construir la trama. Si la trama se sostiene y los personajes se corporizan con nitidez, los agregados sobran o molestan.


Omar se da cuenta tarde de algunas verdades ineludibles. No hagamos lo mismo y lo dejemos pasar. Omar nos devuelve la esperanza de que el buen cine siempre es posible.

Gustavo Monteros