Mostrando entradas con la etiqueta David Fincher. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Fincher. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de agosto de 2019

Mindhunter



Mindhunter es una serie que indaga lo que hay detrás de una de las ficciones más populares del planeta, o sea, El silencio de los inocentes, esto de que una agente del FBI, la célebre Clarice (la divina de Jodie Foster) vaya a ver un asesino serial, nada menos que Hannibal Lecter (Anthony Hopkins encumbrándose entre los grandes para siempre) para que la ayude a pescar a otro.


Mindhunter se basa en el libro Mind Hunter, Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit de Mark Olshaker y John E. Douglas. Tiene como desarrollador y director principal a David Fincher (Alien 3, 1992, Seven, Pecados capitales, 1995, The game / Al filo de la muerte, 1997, El club de la pelea, 1999, La habitación del pánico, 2002, Zodíaco, 2007, El curioso caso de Benjamín Button, 2008, Red social, 2010, La chica del dragón tatuado, 2011, y la híper fabulosa Perdida, 2014). Se entronca, claro, con su Zodíaco, que contaba la caza del asesino serial con el mismo nombre que la película.


Mindhunter orbita sobre tres personajes: Holden Ford (Jonathan Groff), agente especial de la Unidad de Análisis de Conducta, basado en John E. Douglas; Bill Tench (Holt McCallany) compañero de la misma unidad, basado en Robert K. Ressler y Wendy Carr (Anna Torv) basada en la doctora Ann Wolbert Burgess. Y en la segunda temporada adquirirá especial relevancia el personaje de la esposa de Bill, Nancy Tech (Stacey Roca).


Esta serie que pisa la excelencia todo el tiempo tiene tres ejes narrativos, el retrato de los agentes y sus circunstancias, las entrevistas con los asesinos, y las intrigas palaciegas dentro del FBI. Más la injerencia de lo que van aprendiendo sobre un caso en particular, en la segunda temporada, por ejemplo, se concentra sobre los asesinatos de Atlanta durante los años setenta.


Además de Fincher, en la temporada uno, dirigen los distintos episodios:  Asif Kapadia, Tobias Lindholm y Andrew Douglas. En la temporada dos, solo dirigen David Fincher y Carl Franklin (Un paso en falso / One false movement, 1992, El demonio vestido de azul, 1995, Tiempo límite / Out of time, 2003)


Mindhunter puede verse en Netflix y los que deseen pueden también en la misma plataforma repasar algunos de los títulos de David Fincher. Hoy por hoy pueden verse La chica del dragón tatuado, Se7ven Pecados capitales, Red social, Zodíaco y la ineludible Perdida / Gone girl.

Gustavo Monteros



viernes, 3 de octubre de 2014

Perdida



Contar una historia es seducir. Presentar una situación inicial atrapante, intrigante. Introducir personajes en los que por algún lado podamos vernos. Ahondar en la situación y en los personajes, y facetar, que ninguna realidad es lineal o maniquea. Dosificar la información para mantener tanto el entusiasmo como la credulidad. Y se tiene la audacia o la pericia necesaria, cambiar la perspectiva, el punto de vista, dar vuelta lo que se ha mostrado sin traicionar la historia y los personajes. Seducir es manipular.


Nick Dunne (Ben Affleck) va una mañana a trabajar al bar que regentea con su hermana melliza, Margo (Carrie Coon). Es el quinto aniversario de su casamiento con Amy (Rosamund Pike). Recibe el llamado de un vecino quien le dice que el gato está afuera y que la puerta de entrada de su casa está abierta. Nick va a ver y descubre que en el living la mesa de café está rota, los sillones dados vueltas y que Amy no está. Llama a la policía. Viene un patrullero con la detective Rhonda Bonney (Kim Dickens) y el oficial Jim Gilpin (Patrick Fugit). Es de manual investigar primero a quien denuncia para descartarlo o no. Y entonces… Y entonces… Y entonces…


Ya expresé mi admiración por la novelista Gillian Flynn (http://enunbelmondo.blogspot.com.ar/2014/07/gillian-flynn-soy-tu-fan.html). La señora ha dado con la manera perfecta de cometer un crimen y librarse del castigo. Y como esos créditos no se comparten, ella misma hace la adaptación de su novela para el cine. Y se comporta con la debida crueldad. Respeta la historia que creó, no cada aspecto de la misma. No se embelesó con lo que había concebido. Una novela y una película son medios diferentes, que no cuentan del mismo modo ni con la misma progresión. Y volvió a salirse con la suya. Los que leímos la novela, no nos sentimos defraudados con la película. Menos lo harán, los que vean primero la película y vayan a la novela después.


Y se unió al mejor cómplice posible, a David Fincher (Pecados capitales, El club de la pelea, Zodíaco, Red social) Y juntos eligieron el elenco ideal. Esta vez más que necesaria, es imprescindible la famosa parquedad expresiva de Ben Affleck que, suprema ironía, se vuelve elocuente. Rosamund Pike hace lo que hay que hacer con un personaje único, darlo todo y convertirse en leyenda.


Y cuando hablamos del crimen perfecto de la Sra. Flynn nos referimos al de la representación. El qué, quién, cómo y por qué siguen importando, pero en estos tiempos de manipulación tan generalizada, importa menos la verdad que el modo en que se la presenta.


Y si la Biblia es el libro madre, no porque hable de Dios sino porque es el que más odios, amores, crímenes, codicia, traiciones y dobleces abarca, podemos concluir entonces que el policial, género considerado menor con toda injusticia, es el que mejor expresa los vaivenes humanos.


Y como el cine engendra cinefilia, tal como dijo KennethTuran, el crítico de Los Angeles Times, “Perdida es el retrato de un matrimonio que habría salido si Alfred Hitchcock hubiera visto  mucho Ingmar Bergman antes de ir a trabajar.”


Perdida es un film excepcional, de apenas 150 minutos que se pasan volando. Pero qué hermoso sería si su rigurosidad e inteligencia no fueran la excepción sino la regla.

 En resumen, una mujer Perdida que merece ser encontrada.
 
Un abrazo, Gustavo Monteros

sábado, 7 de febrero de 2009

El extraño caso de Benjamin Button

Francis Scott Fitzgerald es un gran novelista norteamericano. Es el autor de El gran Gatsby y Tierna es la noche, novelas ejemplares que bordean la perfección. Cuentan sus biógrafos que escribió El extraño caso de Benjamin Button a las apuradas para venderlo a una revista y hacerse de unos dólares. Concluyen que es un cuento interesante, pero deficientemente ejecutado, que la adjetivación es imprecisa y la caracterización muy precaria. Parte de una idea seductora. Si la niñez y la vejez necesitan de la ayuda de otros para poder sobrevivir, ¿por qué no invertir la norma?, ¿por qué no plantear el caso de un hombre que nace viejo y muere hecho un bebé?


Vi las colas de El extraño caso de Benjamín Button en agosto cuando fui a ver Mamma mia! Las imágenes me sedujeron. Y el director David Fincher (Aliens 3, Seven, El club de la pelea, La habitación del pánico, Zodíaco) era garantía de buen espectáculo.

Llegué al cine con grandes expectativas. Me senté entusiasmado. Los primeros 15 minutos satisfacían las expectativas. Y al minuto 16…


Uno establece con un film, un libro, una obra de teatro, un cuadro, una ópera, etc. una relación que admite la comparación con un vínculo afectivo. Uno comienza una relación con deslumbramiento y la esperanza de que sea algo satisfactorio y duradero. Eso a veces se confirma y uno encuentra el rostro que completa nuestra moneda y es el inicio de una felicidad eterna. Pero otras veces se produce el momento revelador en que uno descubre que, por más buena que sea la otra persona, nunca congeniaremos del todo y que es mejor terminar la relación antes de que sea demasiado tarde. De ahí que supe en el minuto 16 que El extraño caso de Benjamín Button no era una película para mí.


David Fincher logra una destreza visual envidiable. Todas y cada una de las secuencias que pueblan los 167 minutos de proyección son hermosas. Pero para mí, un cuadro sin contrastes, por más luminoso que sea, no me conmueve.
La historia no tiene progresión dramática. Prima lo narrativo, novelístico sobre lo dramático o teatral. Y para mí, una historia que no expone conflictos me deja indiferente.



Todos los personajes saben vivir o se benefician rápidamente de las lecciones que les da la vida. La bondad les es afín, desconocen la maldad. A mí, los personajes tan unívocos no me atraen.



Todo el tiempo declaman frases que podrían convertirse en lemas de vida. A mí me dejan afuera cuando me predican mucho y no me dejan elaborar nada.
La historia es una sucesión de anécdotas que podrían propagarse al infinito. Se nota mucho que el guionista es el mismo de Forrest Gump. Son innumerables los paralelos que pueden establecerse entre este guión y el del film de Robert Zemeckis y Tom Hanks, lo que me dejaba la sensación de que ya había visto esto antes, y mejor.



Y aunque me gane la inquina de las muchachas y muchachos adherentes a Brad Pitt, debo ser sincero y decir lo que pienso. Jamás podré negar que es una auténtica estrella cinematográfica y que es de buen ver el hombre, pero como actor es muy malo. Tiene problemas técnicos básicos y a esta altura de su carrera, insalvables. La noción de personajes y la ejecución de conflictos le son naturalmente ajenas. Ni siquiera puede reaccionar o adaptarse a lo que le dan sus colegas. Si ven este film, presten atención a cuando vuelve de la guerra o cuando lo dejan solo después de la fiesta teatral en Nueva York. Es la inexpresividad hecha persona.
Y cuando Cate Blanchett de luz a su hija, dan ganas de zamarrearlo para que dé algo parecido a una reacción humana. A veces se esfuerza tanto que su rostro registra emociones, pero son tan breves y forzadas que no tienen peso.
Una actuación es tanto lo que el actor da como lo que el público está dispuesto a creer. Los adherentes a su lindura están dispuestos a creerle cualquier cosa, pero si toman una mínima distancia comprobarán que todo lo ponen ellos, que él no da nada.
Aquí el maquillaje ayuda mucho, pero cuando el guión o la dirección lo ponen a prueba, demuestra una orfandad actoral vergonzante.



Cate Blanchett en un relato mayoritariamente descriptivo es poco lo que puede hacer y la salva el oficio. La única que se luce es Taraji P. Henson, una actriz negra que hace de la madre adoptiva. Pone en juego una humanidad contundente que la hace muy conmovedora. Quizá porque para ella era hacerse notar y conseguir otros trabajos o pasar desapercibida y desocupada el resto de su carrera. El hambre de gloria siempre ayuda.



En mi modesta opinión, la catarata de nominaciones para el Óscar que recibió este film es una celebración a la capacidad técnica alcanzada por la industria. Los envejecimientos y rejuvenecimientos de los personajes y el embellecimiento de las imágenes son logros técnicos notables y verosímiles. Hacen bien en felicitarse y celebrarse. En algún momento los utilizarán de un modo que nos deslumbre y conmueva a todos.




Cada creador concreta su obra como se le dé su talento o su momento. Usa elementos que nos hace comulgar con él o ser sus ateos.
Mucha gente aceptará las convenciones utilizadas en El extraño caso de Benjamín Button y la amará.
A mí sólo me dio tedio, fastidio y una desesperante sensación de estar atrapado en un limbo. Aunque parezca angustiante, en el fondo no lo es, simplemente no era un film para mí.
Es como a esas personas a las que le deseamos lo mejor, pero nos bendecimos por no habernos unidos a ellas, porque a pesar de sus virtudes, nuestra vida hubiera sido un infierno.
En resumen, pasé 167 minutos horribles, pero por suerte ahora liberado, puedo comenzar a olvidarlos convenientemente.

Un abrazo,
Gustavo Monteros