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viernes, 15 de mayo de 2026

Especial Cannes 2026 - Novena parte - Cannes Classics


 

El Festival de Cannes 2026 refuerza una de sus secciones más consistentes y conceptualmente definidas: Cannes Classics. Lejos de ser un simple escaparate patrimonial, la sección se ha consolidado como un dispositivo activo de relectura histórica, donde restauración, circulación y resignificación del cine dialogan con las formas contemporáneas de producción y recepción.

Esta edición estará dedicada a la memoria del director artístico Dean Tavoularis, figura clave en la construcción visual del cine estadounidense moderno.

Un archivo vivo: restaurar, recontextualizar, reestrenar

Desde su creación hace casi dos décadas, Cannes Classics anticipó una mutación estructural: el paso del cine analógico a un ecosistema digital donde la preservación se vuelve estratégica. Hoy, la sección no solo exhibe copias restauradas, sino que legitima procesos industriales y culturales que implican a cinematecas, archivos nacionales, laboratorios y plataformas.

La edición 2026 incluye:

21 largometrajes restaurados

3 cortometrajes

6 documentales

2 obras contemporáneas

La programación se despliega en espacios clave del festival como la Sala Buñuel, la Sala Agnès Varda y el Cinéma de la Plage, subrayando la vocación híbrida entre cinefilia institucional y experiencia popular.

Dos nuevas miradas sobre el siglo XX

Entre las novedades, Cannes Classics incorpora dos películas recientes que operan como relecturas históricas desde el presente:

L’Âge d’or — Bérenger Thouin

Ficción que sigue la trayectoria de Jeanne Lavaur a través del siglo XX, articulando relato íntimo e Historia con un uso híbrido de archivo.

Une vie manifeste — Jean-Gabriel Périot

Documental sobre Michèle Firk, crítica, cineasta y militante revolucionaria, que propone una reconstrucción política y afectiva de una figura marginal del canon.

Ambas obras comparten un eje: biografías femeninas que tensionan los relatos históricos dominantes.

Cortometrajes: laboratorio formal contemporáneo

El programa especial de cortos introduce tres piezas que dialogan con el lenguaje contemporáneo:

Goodnight Lamby — Dustin Yellin (con producción de Darren Aronofsky)

Torino Shadow — Jia Zhang-Ke, con Zhao Tao

Playground — Amirhossein Shojaei (producido por Saeed Roustaee)

Aquí, Cannes Classics funciona como espacio de transición entre memoria e invención formal.

Documentales: cartografía de autores y formas

La no ficción ocupa un lugar central con títulos que examinan figuras clave del cine:

Dernsie — sobre Bruce Dern y Laura Dern

Maverick — retrato de David Lean

Vittorio De Sica – La vita in scena — sobre Vittorio De Sica

Nostalgia for the Future — exploración del universo de Chris Marker

The Story of Documentary Film (The 70s) — de Mark Cousins

Estos trabajos competirán por el L’Œil d’Or, consolidando el estatuto del documental como herramienta historiográfica.

Restauraciones: el canon en disputa

El núcleo de Cannes Classics sigue siendo la restauración. En 2026, el programa combina títulos canónicos con obras menos visibles, ampliando la idea de patrimonio.

Apertura simbólica: Pan’s Labyrinth

De Guillermo del Toro, presentado en versión 4K veinte años después de su estreno en Cannes.

Los demás títulos:

Moonlighting — Jerzy Skolimowski

The Devils — Ken Russell

The Stranger — Orson Welles

La ciociara — Vittorio De Sica

Sugata Sanshiro — Akira Kurosawa

Man of Iron — Andrzej Wajda

Farewell My Concubine — Chen Kaige

La casa del ángel – Leopoldo Torre Nilsson

Eva – Maria Plyta

La dérive – Paula Delsol

La symphonie pastorale – Jean Delannoy

Machine Gun Kelly – Roger Corman

Meeuvwen Sterver in de Haven – Rick Keypers, Roland Verhavert, Ivo Michiels

Metti una sera a cena – Giuseppe Patroni Griffi

Sierra de Teruel – André Malraux

The Dull-Ice Flower – Yang Li-Kuo

The Fast and the Furious – Rob Cohen

Tilai – Idrissa Quedraogo

Amma Ariyan – John Abraham

L’innocente – Luchino Visconti

A esto se suma el proyecto dedicado a Artavazd Pelechian, figura clave del cine de montaje, y la recuperación de obras vinculadas a contextos políticos e históricos diversos.

Cannes Classics 2026 no se limita a preservar el pasado; lo reactiva como campo de disputa cultural. En un contexto donde la circulación audiovisual está dominada por algoritmos y plataformas, la sección reivindica la materialidad del cine, su historia y su capacidad de resignificación.

Más que una retrospectiva, funciona como un sistema crítico: una arqueología del cine proyectada hacia el presente.

(Extraído de tegustamuchoelcine.com)


jueves, 10 de marzo de 2016

La jugada maestra



Cuando Bobby Fischer deja de ser niño y aparece en pantalla Tobey Maguire, uno piensa que sigue teniendo cara de chico aunque ya tiene cuarenta años, sí, nació en el 75. Tobey era el actor ideal para hacer de Bobby Fisher, porque aparte de seguir pareciendo joven, tiene cara de chico abstraído, de estar pensando en cualquier otra cosa que bien puede ser una genialidad. Al ratito, aparece la hermana, que de adulta es Lily Rabe y uno dice ojalá que le vaya mejor que con The whispers en la que terminó la temporada abducida por los extraterrestres y así quedará, porque no habrá temporada dos. Y ahícito nomás aparece Michael Stuhlbarg que hace de abogado que se ofrece a ser representante de Bobby Fischer. Stuhlbarg está excedido de peso. Y pegadito nomás, aparece Peter Sarsgaard, que no está excedido de peso para nada, lejos de ello, sigue tan flaco como una vara. No es que los pesos me obsesionen, pero da la casualidad de que estoy a dieta. No, para adelgazar, sino de tonificación, con complejos vitamínicos y esas cosas, porque los docentes no seremos atletas, pero tenemos nuestras exigencias, pasamos de golpe de estar en nuestra casa a deambular por catorce escuelas, con directivos que demandan papeles y alumnos que no demandan nada o de todo, y si uno no está fuerte, capaz que se enferma. El que parece que está sanito, en su justo peso y muy en forma como se ratifica después en la escena de la playa es Liev Schreiber, que hace de Boris Spassky, sí, no está para nada gordo como lo estaba en Spotlight.


Como pueden comprobar me costaba mucho concentrarme en La jugada maestra o Pawn Sacrifice, según el original en inglés o sea El sacrificio del peón. Por los nombres que ya mencioné, habrán deducido que va de ajedrez y recrea los enfrentamientos de Bobby Fischer con Boris Spassky. O sea otra biopic o película biográfica más. Otra más y van dos millones, trescientas mil cuarenta dos. No, cuarenta y tres contando esta.


Es prolija, prolija, prolija. Prolijo es el guión de Steven Knight (Negocios entrañables, Himno de libertad, Promesas del Este, Locke, Un viaje de diez metros, El séptimo hijo, Una buena receta, entre otras). Prolija es la dirección de Edward Zwick (Glory, Leyendas de pasión, Valor bajo fuego, Contra el enemigo, El último samurái, Diamante de sangre, Desafío, De amor y otras adicciones, entre otras). Prolijas son las actuaciones de todo el elenco. Todo es tan, tan prolijo… que aburre. Soberanamente. A menos, claro, que se tenga afición por el tema o curiosidad por la paranoia de Fischer.


Ah, a todos los que decidan hacer otra biopic, uno les recomendaría hacerse un pequeño ciclo con las películas biográficas de Ken Russell como La otra cara del amor, 1970, que era sobre Tchaikovski, El mesías salvaje, 1972, que era sobre el escultor francés Henri Gaudier-Brzeska, Mahler, 1974, sobre la vida de Gustav, no Ángel, Litsztomanía, 1975, que como su nombre lo indica era sobre Litsz, y Valentino, 1977, que era con Rudolf Nureyev que hacía de Rodolfo Valentino, claro, y una excepcional Leslie Caron que se divertía a lo grande haciendo de Alla Nazimova. Películas acusadas de ser más de Russell que de los retratados en cuestión. Puede que así sea, pero si bien los retratados eran la excusa para la parafernalia visual de Russell, uno aprendía sobre ellos inolvidablemente. Si Russell quería contar que la esposa de Mahler se sentía su sombra, por una escalera bajaba Mahler y un escalón detrás la esposa, trajeada igual que Mahler con la cara cubierta con un tul negro. Algunos decían que semejante imagen era una estupidez, puede que sí, ¿por qué no?, pero que nos quedaba claro como la señora se sentían, no había ninguna duda. Pueden que fueran espectáculos extravagantes, barrocos, recargados, pero eran PELÍCULAS, no la superficial ilustración de un artículo de revista dominical.


En resumen, solo si es fanático del ajedrez, si no se conoce la historia de Bobby Fischer o se quiere rememorarla, o se está en síndrome de abstinencia de Tobey Maguire.

Gustavo Monteros