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viernes, 10 de marzo de 2023

Festival LGBTQ+ - Primera Jornada

Repaso en mi colección de películas las que me faltan ver y compruebo que se me han acumulado las de temática LGBTQ+. Decido hacer un festival privado.


Para comenzar la primera jornada voy a lo seguro. God’s Own Country (por aquí Tierra de Dios, 2017), el aclamado debut en el largometraje del actor Francis Lee.

Dice la gacetilla que acompaña el film: “Primavera. Yorkshire. El joven granjero Johnny Saxby adormece sus frustraciones diarias con las borracheras y el sexo casual, hasta que la llegada de un trabajador migrante rumano para la “paridera” (época en la nacen los corderos) enciende una relación intensa que pone a Johnny en un nuevo camino.”

La trama se resuelve con cuatro personajes, Johnny (trabajo consagratorio del joven Josh O’Connor al que le darían el personaje del Príncipe Carlos en The Crown), su padre Martin (el siempre excelente y querible Ian Hart), su abuela Deirdre (Gemma Jones) y el ya mencionado objeto amoroso Gheorghe Ionescu (el también rumano Alec Secareanu).

Johnny no se quiere mucho, de ahí que beba hasta el desmayo y practique un sexo duro, seco, al borde de la animalidad. La homosexualidad no tiene cabida en el ambiente en que se ha criado. El padre fue víctima reciente de un ACV que lo ha dejado incapacitado para el trabajo rural. La abuela Deirdre tiene siempre la comida lista, la ropa de Johnny lavada y planchada, pero no es afectuosa.  Gheorghe es todo lo contrario de estos tres ingleses. Sabe quién es, no se avergüenza, no rehúye de la intimidad y la ternura y tiene la prestancia de no aceptar el maltrato, así venga justificado por las circunstancias.

Hermosa historia de amor, contada como los dioses (por ahí ayuda ponerlo en el título), actuada inolvidablemente.


 

Sigo con Riot (Jeffrey Walker, 2018), película para la televisión australiana, vista en los cines en el resto del mundo. Está protagonizada por Damon Herriman, actor al que conocí en la mejor miniserie que vi el verano pasado, The Tourist (Harry y Jack Williams, 2022), encabezada por el magnético Jamie Dornan y la irresistible Danielle Macdonald. Damon Herriman era uno de los villanos y sus peculiaridades lo hacían inolvidable, gracias a la impar caracterización a puro talento del actor.

Riot se hizo para conmemorar el 40 aniversario del Primer Mardi Gras (la traducción sería Carnaval, equivalente a lo que llamamos Marcha del Orgullo Gay-Lésbico de Sydney, que se llevó a cabo el sábado 24 de junio de 1978.

El film comienza en esa noche y va para atrás para contarnos vida y obra de los que gestaron el evento y los precios personales y profesionales que tuvieron que pagar para luchar por derechos, que hoy de tan asentados se dan casi por añadidura y se olvida la violencia, la desolación y la tristeza que trajo conquistarlos.

Se trata de una crónica elocuente, muy bien contada y recreada que nos recuerda que todo, absolutamente todo, lo que se apartaba de la heteronormativa patriarcal, era lisa y llanamente una aberración, que se penaba con exclusión, cárcel y más casos de los que se quiere admitir martirologios. Altamente recomendable.



Termino esta primera jornada de mi festival con otra película para televisión, The Normal Heart (Ryan Murphy, 2014) llena de estrellas (entre las más rutilantes: Mark Ruffalo, Jonathan Groff, Taylor Kitsch, BD Wong, Jim Parsons, Matt Bomer, Alfred Molina y last but not least, ¡qué va!, la inmensa Julia Roberts.

Se basa en la obra de teatro del mismo nombre de Larry Kramer, que junto con Angels in America, el grandioso díptico de Tony Kushner, interpelan a la sociedad norteamericana en su tratamiento inicial de la pandemia del HIV-SIDA.

The Normal Heart tiene dos ejes, el personaje de Mark Ruffalo, Ned Weeks, un activista y el de Julia Roberts, la Dra. Emma Brookner. Ella está postrada en una silla de ruedas y fue víctima del anterior virus mundialmente dañino, el de la poliomielitis. Alrededor de Weeks-Ruffalo se nuclean los aspectos personales y políticos de la comunidad homosexual y alrededor de Brookner-Roberts, los científicos y también los políticos.

El surgimiento de la crisis HIV-SIDA promovió en sus primeros tiempos lo que llamaríamos una tormenta perfecta: una negación casi suicida en la comunidad gay, más la inacción del gobierno de Ronald Reagan, más las divisiones en los movimientos de obtención de derechos, más la indiferencia primero y luego las actitudes oscurantistas del resto de la sociedad. El escalamiento del número de víctimas terminó por poner las cosas en su lugar y encarriló la lucha, sino unificada al menos cohesiva contra el virus.

El prolífico Ryan Murphy (creador de Glee, Nip/Tuck, The New Normal, Scream Queens, Feud, Hollywood, The Politician, Pose, Halston, American Horror Stories, Dahmer-Monster: The Jeffrey Dahmer Story, 9-1-1, The Watcher, Ratched, y menciono solo las series) garantiza elencos tan estelares como talentosos.

Con la COVID todavía pisándonos los talones, no queda sino preguntarnos ¿estaremos alguna vez, si no todos, la gran mayoría a la altura de la circunstancia planteada por una crisis epidemiológica? Aprender de las precedentes ya no es una opción, es una obligación.

Fin de la primera jornada

Gustavo Monteros

jueves, 11 de febrero de 2016

En primera plana



En primera plana o Spotlight se inscribe en la escuela de las películas de denuncia y egresa, no con notas para el cuadro de honor, pero sí con un buen promedio. Cuenta la minuciosa  investigación periodística llevada a cabo por un grupo de periodistas de la sección Spotlight, que depende del Boston Globe, y que terminó el 6 de enero de 2002 con la impunidad de los acosos sexuales contra niños cometidos sistemáticamente por miembros de la iglesia católica y que fueron silenciados por las autoridades eclesiásticas. El film sigue cronológicamente la investigación.


En el principio vemos en una comisaría a un cura detenido (bah, más bien “retenido”) a punto de salir libre ya que en un cuarto contiguo otro cura y un abogado convencen a la familia de la víctima de retirar la denuncia. Algo en apariencia tan habitual que no sorprende a los policías, pero que llama ligeramente la atención al periodista presente en el lugar. Tirará del hilo y con sus compañeros darán con un ovillo gigante. Será crucial para el desvelamiento de la verdad la llegada de un nuevo editor en jefe, Marty Baron (Liev Schreiber) quien les pedirá a sus periodistas que no se queden en lo anecdótico sino que vayan tras lo estructural, que revelen el ocultamiento sistemático que hizo la iglesia. Lo lograrán, no sin esfuerzo.


El buen guión de Josh Singer (El quinto poder, The West Wing) y del director Tom McCarthy (The station agent, Visita inesperada, Ganar ganar, En tus zapatos) trabaja mayormente por implicancia, tangencialmente, con el conocimiento tácito que tenemos de los horrores  del abuso sexual a niños, no se permite flashbacks morbosos con curas en acción, lo que se agradece. Bordea también siempre el camino de cornisa del discurso, de la declaración de principios, de la furia tan justificada pero altisonante, sin caer en el precipicio. Lo que también se agradece. Pero no alcanza para llegar al status de obra mayor indiscutible, porque se pone insegura o no confía del todo en el espectador y subraya innecesariamente aspectos que tendrían que estar mejor integrados y no tan declamados, como la subtrama de la casa de retiro para sacerdotes abusadores en el vecindario de uno de los periodistas, Matt Carroll (Brian d’Arcy James) o que en la última visita del periodista, Mike Rezendes (Mark Ruffalo) al abogado Mitchell Garabedian (Stanley Tucci) haya justo niños abusados en la consulta; o la misma furia de Rezendes/Ruffalo a Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton) por la demora en la publicación. No llegan a tirar abajo los buenos logros, pero empañan una superficie que debió brillar sin opacidades. Otro punto en contra es la banda sonora del veterano Howard Shore (Ed Wood, la saga de El señor de los Anillos, la saga de The hobbit, varios filmes de Scorsese, más de un Cronenberg,  entre muchas otras). Si bien no hizo la típica composición efectista, que parece más bien alternancia de ruidos y violines, ensayó algo cercano al jazz, pero que conspira con lo que pasa en pantalla, tan torpe es que el silencio no solo habría sido preferible sino incluso más eficiente.  


Entre los puntos más altos, el elenco, a los nombrados hay que agregar a Rachel McAdams, John Slattery, entre los periodistas, a James Sheridan, Billy Crudup, entre los abogados y a Neal Huff, Michael Cyril Creighton, Jimmy LeBlanc, entre las víctimas. Si bien Mark Ruffalo y Rachel McAdams lograron nominaciones para el Óscar como Mejor Actor y Actriz de reparto respectivamente, esta película es de “ensamble”, necesitaba de un elenco parejo, comprometido y talentoso y lo consiguió. Un trabajo grupal compacto como pocos. Ahora que hay premios para elencos, acaban de ganar con orgullo y con justicia, el del Sindicato de Actores Cinematográficos (Screen Actors Guild Awards).


En resumen, más allá de los “peros” que le encontré, más cabronadas de andropáusico que otra cosa, merece con creces entrar en la sección de películas "tres eses"; ya que es seria, sólida y sincera.

Gustavo Monteros

viernes, 9 de enero de 2015

Foxcatcher



A Bennett Miller le bastaron dos películas (Capote, 2005 y Moneyball rompiendo las reglas, 2011) para hacerse de un nombre y un prestigio que ratifica ahora como merecidos con Foxcatcher. Hasta ha perfilado un estilo que comienza a ser reconocible al primer fotograma. No importa cuán lujoso sea el ambiente que describe, en su puesta luce despojado porque prefiere subrayar la amplitud antes que la acumulación de muebles y objetos. Las historias que cuenta, quiere que calen hondo, y las construye con envidiable parsimonia. Y Dios lo bendiga, las relaciones que presenta jamás son a blanco o negro, y aunque filme historias verdaderas, no intenta contar toda una vida sino un momento puntual y, Dios lo colme con más bendiciones, no atribuye toda la conducta de un personaje a un solo (y quizá insignificante) trauma de infancia.


Mark (Channing Tatum) y David Schultz (Mark Ruffalo) son dos excelsos exponentes de la lucha libre, tanto que acaban de ganar medallas doradas en la última olimpíada. Ahora estamos en 1988 y Mark es invitado por el multimillonario John du Pont (Steve Carell) a formar un equipo que aspire al oro en los próximos juegos de Seúl. Mark aceptará y desatará una serie de reacciones que terminarán en un hecho de sangre.


Como buen lector de policiales nunca deja de intrigarme el cómo y el por qué se llega a un hecho de sangre. Aquí el trámite es apasionante, porque no hay subrayados ni diagnósticos ya estipulados. Conocemos primero cómo viven estos personajes y después el particular modo en que se relacionan. Y allí está el secreto del éxito de esta película, porque cuando la historia, que ocurrió de verdad, llegue a su fin, podremos vislumbrar el por qué en una epifanía reveladora. 


Steve Carell, como todo buen comediante, se desenvuelve con comodidad en el drama. Su caracterización es casi impecable, digo casi porque hay momentos en los que el maquillaje se impone por sobre el personaje. Channing Tatum y Mark Ruffalo atraviesan un momento de plenitud en sus carreras y verlos fluir en sus roles es un deleite. Por astucia del director, la gran Vanessa Redgrave gravita en los bordes del relato lo que le da una insidiosa relevancia a la madre que compone.


Foxcatcher abre para nosotros lo que se llama la temporada de premios, esa etapa en la que aparecen los filmes que serán coronados o no con algún galardón en las numerosas premiaciones y que culmina con la consabida entrega de los Óscars. Sabrá Dios si Foxcathcer se alza con alguna nominación para la estatuilla de la Academia, aunque a la larga no importará. Premio más, premio menos, no dejará de ser la muy buena película que es.

jueves, 2 de octubre de 2014

¿Puede una canción de amor cambiar tu vida?




Me siento a ver esta película a regañadientes. Estoy más para una de tiros y no para una de amor con música. Para colmo, si bien respeto a Keira Knightly y a Mark Ruffalo, no están entre mis favoritos. Ella porque apuntó a la corrección en papeles que exigían pasión (ejemplos: Expiación, deseo y pecado o Nunca me abandones) y por los que unas más jóvenes Meryl Streep, Emma Thompson o Susan Sarandon hubieran asesinado a sus madres para conseguirlos. Él porque, aunque talentoso, tiene una fea voz y tiende a ser monocorde con su histrionismo.


A los 10 minutos creo que al afiche tendrían que añadirle una leyenda que dijera: “Abandonad toda esperanza los que pretendan originalidad de algún tipo”.


A Gretta (Keira Knightly), una talentosa cantautora la engaña su novio (Adam Levine), también un talentoso cantautor, quien está cegado por la fama, ya que de la noche a la mañana se convirtió en una superestrella. Mientras que Dan (Mark Ruffalo) rumia problemas con cigarrillos en cadenas y tragos ídem, el pobre es un productor discográfico en caída libre profesional, al que su esposa (Catherine Keener) y su hija (Hailee Steinfeld) le perdieron el respeto y la paciencia. Y como el film se llama Begin again (Comenzar de nuevo) en el original, no se necesita ser muy suspicaz para saber qué caminos transitarán y qué obstáculos hallarán.


Sin embargo en el minuto 11, Keira canta solita con su guitarra una canción deprimente medio pedorra y Mark concibe en su imaginación la misma canción pero producida, con arreglos más seductores y con otra instrumentación más elocuente. Entonces me intereso y hago bien, porque la historia se vuelve menos predecible, los personajes alcanzan cierta hondura y las canciones, escritas por Gregg Alexander, se pones algo buenas.


Y que estén James Corden (el gordito de The history boys y Mi gran oportunidad), Hailee Steinfeld (la chica de Temple de acero de los hermanos Coen), Mos Def (el negrito que acompañó a Bruce Willis en 16 calles) y la gran Catherine Keener en los secundarios siempre paga.


Keira Knightly, al igual que en Ana Karenina y Un método peligroso, seamos justos, ya no se entretiene y deja pasar el ómnibus que la deje en la perdurabilidad, sino que se sube a él y redondea una actuación destacable. Mark Ruffalo se concentra, le da matices a su personaje y ya no es tan monocorde; su voz sigue fea, pero como no creo que nadie se lo diga, no parece factible que en el futuro se consiga un profesor Higgings o al menos un fonoaudiólogo.


John Carney (Once), el director y guionista, cocina su historia a fuego lento, la sazona con detalles, termina por despertar el apetito y satisfacerlo. Este film no será un contundente pollo al horno con papas, pero sí una omelette sabrosa y reparadora.


En resumen, no sé si una canción de amor puede salvar tu vida, pero al menos espantarte el aburrimiento durante una hora y media seguro que sí.
 
Un abrazo, Gustavo Monteros