Mostrando entradas con la etiqueta María Onetto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Onetto. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de abril de 2017

Paréntesis

Amigxs, con su permiso, abriré un pequeño paréntesis, vuelvo después de Semana Santa. Ah, si no la vieron todavía, dense una vuelta por la película de Fernán Mirás: El peso de la ley, por suerte sigue en cartel, está en Cinema Paradiso y va en su ya acostumbrados dos horarios: 18:30 y 23:05. Es una buena película y de paso apoyamos el cine nacional. Abrazo. 



viernes, 31 de marzo de 2017

El peso de la ley

Voy a hacer una excepción. En alguna crónica pasada declaré que no escribiría sobre películas argentinas porque no perdía la esperanza de participar de alguna y no quería que, llegado por fin el caso, se me reprochara un comentario trasnochado. Pero hoy hablaré de El peso de la ley con libertad y sin renuencias por la sencilla razón que no tengo nada malo que decir de ella.


La veo en una función del Espacio Incaa en el cine Gaumont de Buenos Aires, de cara a la Plaza Congreso. Es en la sala 1 que parece inmensa para albergar a la cincuentena de espectadores que somos. Terminada la proyección se da una tímida salva de aplausos, que se vuelve cálida porque nos sumamos casi todos. Camino a la salida, escucho que una espectadora le preguntaba a la chica, que había entrado con escoba y palita para adecentar otra vez el lugar, si alguna vez la sala se había llenado con esta película. A la señora le resultaba increíble que una película tan buena no convocara multitudes.


Camino del subte, que me llevará a Retiro, repaso mentalmente las reviews que leí sobre la película. Desacuerdo fervientemente con ellas. Una vez en casa, entro a la página argentina equivalente a Rotten Tomatoes, o sea, que rejunta todas, o casi todas, o más o menos todas las críticas publicadas sobre tal o cual film. Veo que los mismos motivos derivan en elogios o descalificaciones. Ratifican mi creencia de la inutilidad de las críticas. Lo mejor que uno puede hacer es describir lo que la película nos despertó y confiar que esto le sirva como orientación a los probables espectadores. Ponerse por encima de lo se ve y levantar el dedito para calificar o bajar línea es tan anacrónico como un dinosaurio en la Revolución Francesa.


El peso de la ley, como su título lo indica, viene de abogados y sus casos. Y es el debut como director del actor Fernán Mirás. En una nota del diario La Capital de Mar del Plata hallo lo siguiente (quien habla es el coguionista Roberto Gispert): “La historia la escribimos con Fernán, está basada en un expediente real, que utilicé para recibirme (de abogado) y cuyo hecho ocurrió en un pueblo del interior”, agregó Gispert, quien contó que el filme se sostiene “en el humor negro” para narrar una historia que ocurre en 1983, a poco de que termine la dictadura cívico militar. “No caímos en mostrar hechos escabrosos ni escatológicos, es un filme sobre las luchas intestinas que se viven en el poder judicial”, agregó Gispert. (…)  Según el coguionista, motivó el filme un expediente que, de tan absurdo, los abogados se lo pasaban entre ellos como un chiste. Pero hubo personas que padecieron las decisiones de ese expediente, seguramente por las condiciones sociales a las que pertenecían.


De un lado tenemos a Gloria Soriano (Paola Barrientos), una abogada a la que le toca defender al Gringo (Daniel Lambertini) acusado de violar al idiota del pueblo, Mamfredo (Fernán Mirás), la fiscal del caso Mercedes Rivas (María Onetto) fue profesora de Gloria. El expediente es casi un chiste de mal gusto de tan precario y prejuicioso. Darío Grandinetti será el juez, personaje comprometido en el caso por más de un aspecto.


Los detractores del film insisten con que el tratamiento del tema es enfático, los personajes está subrayados y que el contenido es discursivo. Los defensores damos vuelta esos argumentos y decimos que no hay énfasis sino voluntad de claridad, no hay personajes subrayados sino caracterizaciones claras y que el contenido no es discursivo sino elocuente. Eso sí, todos coincidimos en que la historia es muy atrayente y que las actuaciones son excelentes.


Yo, ya es obvio, milito en las filas de los defensores de un film, que me pareció lisa y llanamente el mejor que he visto este año hasta la fecha. Por su audacia, por sus logros, por su historia, por volver inolvidables a sus personajes. (Y porque antes de los títulos finales reconocí las locaciones necochenses utilizadas)


En resumen, asúmase como juez de este film impar y emita sentencia. (Se exhibe en el Cinema Paradiso en solo dos horarios, uno muy cómodo: 18:40 y otro no tanto: 23:05, incluso a pesar de esta incomodidad, no se lo pierda)


Gustavo Monteros

viernes, 18 de octubre de 2013

Nunca estuviste tan adorable



Sin exageración ni obnubilación alguna, asevero y firmo que Nunca estuviste tan adorable es una de las obras teatrales más hermosas que se hayan escrito. En 2004 para el ciclo Biodrama (de obras que se gestan a partir de algún elemento biográfico) que coordinaba Vivi Tellas, Javier Daulte estrenó esta, insisto, bellísima pieza en el Teatro Sarmiento. Debido a su éxito pasó al año siguiente al Teatro de la Rivera (donde pude verla) para terminar en el 2006 en la calle Corrientes, más precisamente en el Broadway.

La talentosa actriz Mausi Martínez se enamoró de ella y decidió llevarla al cine en el 2009. Compartió el guión con Daulte y escribió las letras de las canciones que se oyen en el film (en la puesta original había interludios musicales sin letra).  La obra cuenta hechos de la vida de la abuela materna de Daulte.

La primera parte es apabullantemente locuaz y de incesante ritmo, no hay que desesperar, de a poco se comprende cuáles son las relaciones entre los que hablan  y de quienes hablan. En mi cabeza, este inicio se equipara al famoso arranque de la novela de Manuel Puig, La traición de Rita Hayworth, con aquel larguísimo diálogo pelado en el que no se especifica quienes hablan, dónde y en qué momento. Y ya que hablamos de Rita Hayworth, digamos que el título es la traducción literal del nombre del film que Rita coprotagonizó en 1942 con Fred Astaire (You were never lovelier), que aquí se conoció como Bailando nace el amor y que no es otra cosa que la remake de Los martes, orquídeas, película de 1941 que transformó a Mirtha Legrand en estrella de la noche a la mañana. De allí que en el monólogo de Mirta Busnelli donde narra la anécdota que pagará tan caro, ven en un cine Los martes, orquídeas.

Como en ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, 1966, de Mike Nichols, Mausi Martínez no disimula el origen teatral sino que más bien lo celebra. Excelente decisión ya que el texto es muy rico. Martínez estiliza la escenografía y el vestuario y ofrece una película tan sencilla como elegante. María Onetto, de pelo corto y teñido de rojo, tiene un aire a la Gwen Verdon de los años 60, tiempo en que transcurre la acción.

Martínez conservó a parte del elenco original, a las dos insustituibles protagonistas, María Onetto y Mirta Busnelli, y a Lorena Forte, Lucrecia Oviedo y William Prociuk. Reemplazó a Carlos Portaluppi (Guillermo Arengo hizo también ese papel en la obra) por Luis Luque y a Luciano Cáceres por Gonzalo Valenzuela. Luque está perfecto, pero me cuesta olvidar lo maravilloso que estaba Portaluppi. Valenzuela está también muy bien como el padre de Daulte.
Este domingo 20 de octubre, día de la madre, a las 18 hs puede verse Nunca estuviste tan adorable en Incaa TV. Si tienen la suerte de tener este canal en la grilla de su cable, no se la pierdan. La película se distribuyó poco, no se editó en DVD y merece verse. Por los valores propios del film y por las virtudes de un texto ineludible.

Un abrazo, Gustavo Monteros