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viernes, 8 de mayo de 2026

Especial Cannes 2026 - Sexta parte - Proyecciones especiales



REHEARSALS FOR A REVOLUTION (Ensayos para una revolución) (A través de cinco retratos de familiares y mentores, cinco expresiones de resistencia, Pegah Ahangarani traza la historia de su vida. Recurriendo a archivos personales, vídeos caseros, grabaciones de protestas callejeras, periódicos y voces grabadas, reconstruye más de 40 años de historia de Irán. Desde los primeros días de 1979 hasta la guerra que comenzó en 2026, reconstruye recuerdos íntimos y colectivos, conformando el retrato de un país marcado por la represión política y que alberga la constante esperanza de una revolución)

Opera prima de Pegah Ahangarani, actriz y directora iraní

 



LES MATINS MERVEILLEUX (Mañanas maravillosas) (En el funeral de su abuela, Charlie descubre que ya tiene un lugar reservado en la cripta familiar. Buscando una vía de escape, entrega ella misma la caja de vinilos que su abuela dejó al comerciante de vinos de un pueblo del sur de Francia. En el desierto balneario, los discos le traen amargos recuerdos de amores perdidos. Aquí, el tiempo tiene un valor distinto y la gente está más aburrida que ocupada. Charlie solo tiene ojos para Marina, la camarera de la pizzería. Nada presagiaba que la torpe y muy sincera Charlie y la tempestuosa y lastimada Marina iban a curarse juntas las heridas. Pero a veces el destino reúne a las sirenas perdidas.)

Primer largometraje de la directora francesa, Avril Besson.

Elenco: India Hair como Charlie, Raya Martigny como Marina y con Éric Cantona, Mathias Minne, Laure Rivaud-Pearce, Jean Vincentelli.

 



L’AFFAIRE MARIE-CLAIRE ((Narra el histórico juicio en el que la abogada Gisèle Halimi asumió la defensa de las acusadas, haciendo frente a un sistema judicial y social lleno de prejuicios. A través del proceso, se muestran los argumentos legales y las estrategias de defensa, y también la presión mediática y el coraje de los que lucharon por la justicia y los derechos de las mujeres, haciendo de este juicio un símbolo de resistencia y cambio social. La narrativa mezcla tensión judicial con una mirada a la lucha por la igualdad.))

De Lauriane Escaffre y Yvo Muller, actores y directores franceses de Maria rêve (Sueños de María, 2022)

 



AVEDON (documental sobre el fotógrafo Richard Avedon)

De Ron Howard, actor y director norteamericano de, entre muchas otras, Edén (2024), Thirteen Lives (Trece vidas, 2022), In the Heart of the Sea (En el corazón del mar, 2015), Frost/Nixon (La entrevista del escándalo, 2008), The Da Vinci Code (El código Da Vinci, 2006), Cinderella Man (El luchador, 2005), A Beautiful Mind (Una mente brillante, 2001), How the Grinch Stole Christmas (El Grinch, 2000), Ransom (El rescate, 1996), Apollo 13 (1995), Cocoon (1985), Splash (1984)

 



VESNA / PRINTEMPS (Primavera) (Una ciudad de 40.000 habitantes en el sureste de Ucrania es ocupada por Rusia. Andriy, un sacerdote ucraniano de 35 años, ve cómo su iglesia se convierte en un depósito de cadáveres. Se ve obligado a custodiar los cadáveres de los civiles ucranianos fusilados hasta que los rusos vienen a recogerlos. Cada tres semanas, los rusos recogen los cadáveres y los entierran en fosas comunes para encubrir sus crímenes. Durante varios meses, el sacerdote resiste y devuelve en secreto los cadáveres a sus familias. Pero se acerca el invierno y el suelo está demasiado helado para enterrar a los muertos. ¿Cómo seguirá resistiendo cuando las condiciones se deterioren aún más?)

Opera prima del director lituano Rostislav Kirpicenko.

 



ASHES / CENIZA EN LA BOCA (Lucila, de 21 años, se muda a España con su hermano para reunirse con su madre, quien los abandonó hace ocho años. Enfrentándose a la discriminación y las responsabilidades familiares, lucha por encontrar su independencia mientras lidia con las heridas del pasado.)

De Diego Luna, actor y director mexicano. Dirigió Sr. Pig (2016), César Chávez (2014), Abel (2010)

Elenco: Sergio Bautista, Anna Díaz, Irene Escolar, Dan Feria, Laura Gómez, Luisa Huertas, Adriana Paz, Guillermo Ríos, Charlie Rowe, Dailyn Valdivieso.

 



TANGLES: A Story About Alzheimer's, My Mother and Me (Enredos: Una historia sobre el Alzheimer, mi madre y yo) (El film gira en torno a Midge, la madre de Leavitt, a quien diagnosticaron Alzheimer a los 55 años. Tras el diagnóstico, Leavitt regresó a la pequeña y conservadora ciudad canadiense que había dejado atrás, donde aprendió a aceptar a su extraña familia y el deterioro mental de su madre.)

Opera prima de animación de Leah Nelson.

Con las voces de Bryan Cranston, Seth Rogen, Pamela Adlon, Julia Louis-Dreyfus, Sarah Silverman, Beanie Feldstein, Abbi Jacobson, Wanda Sykes, Adam Shapiro, Samira Wiley, Bowen Yang.

 



LES SURVIVANTS DU CHE (Los supervivientes del Che) (Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, tres guerrilleros juraron lealtad al Che Guevara y lo acompañaron en su lucha por exportar la revolución. En 1967, tras su última batalla en Bolivia y la ejecución de su líder, estos hombres de la clandestinidad protagonizaron una increíble fuga de 2400 km en cinco meses. Perseguidos por más de cuatro mil soldados bolivianos, finalmente lograron llegar a Chile. A través de sus relatos inéditos, *Los supervivientes del Che* nos sumerge en el corazón de esta persecución, donde los destinos personales se entrelazan con los riesgos de la Guerra Fría)

De Christophe Dimitri Réveille, actor francés que ya dirigió el documental JacK Waltzer: On the Craft of Acting (2011)

 



LE TRIANGLE D’OR (El triángulo de oro) (Antes de alistarse en el ejército, Laura acepta un trabajo como asistente de Souria, una joven y adinerada saudí que vive en un lujoso apartamento en el distrito 16. En esta jaula de oro, Laura y Souria intentan, cada una a su manera, escapar de sus circunstancias. Entonces, se produce un encuentro inesperado entre dos mujeres que, en apariencia, no tienen nada en común.)

Opera prima de Hélène Rosselet-Ruiz.

 



JOHN LENNON: THE LAST INTERVIEW (John Lennon: La última entrevista) (La mayor parte de esta última entrevista a Lennon consistirá de material de archivo. Sin embargo, Soderbergh ha revelado que el 10% de la película incluirá imágenes generadas por inteligencia artificial, que mostrarán momentos surrealistas que, según él, no son posibles mediante métodos creativos.)

De Steven Soderbergh, director norteamericano de, entre muchas otras, Black Bag (Código negro, 2025), Let Them All Talk (2020), The Laundromat (La lavandería, 2019), Logan Lucky (La estafa de los Logan, 2017), Behind the Candelabra (Detrás del candelabro, 2013), Magic Mike (2012), The Informant! (El desinformante, 2009), Che: Parte uno y parte dos (2008), The Good German (Intriga en Berlín, 2006), Ocean's Eleven (La gran estafa, 2001), Traffic (Tráfico, 2000), Erin Brockovich (Una mujer audaz, 2000), The Limey (Vengar la sangre, 1999), Out of Sight (Un romance peligroso, 1998), Kafka (1991), Sex, Lies, and Videotape (Sexo, mentiras y video, 1989)




GROUNDSWELL ((En Groundswell, los espectadores viajarán por todo el mundo para obtener una perspectiva global de los tres mayores (e interrelacionados) problemas a los que se enfrenta nuestra especie: el cambio climático, la pérdida de especies y la pérdida de suelo. Y lo que es más importante, los espectadores conocerán la multitud de métodos con los que la regeneración está abordando e incluso invirtiendo estas tendencias ecosistema por ecosistema, todo ello mientras se almacena suficiente carbono en el suelo para ayudar a mitigar nuestro clima cambiante.)

Documental de Joshua Tickell y Rebecca Harrell Tickell.




CANTONA (Documental sobre el famoso futbolista Eric Cantona) (La película narra la trayectoria de Eric Cantona, desde joven promesa francesa de carácter volátil hasta leyenda del Manchester United. El filme incluye testimonios del propio Cantona, Alex Ferguson y David Beckham para repasar la vida de una de las figuras más magnéticas y enigmáticas del fútbol.)

De David Tryhorn (director de Crossing the Line, 2016, Pelé, 2022, The Figo Affair: The Transfer That Changed Football, 2022) y Ben Nicholas (primer largometraje)

 

Sesión familiar

 



LUCY LOST (Esta historia trata sobre un pescador y su hijo que rescatan a una niña herida del mar. La niña solo parece pronunciar una palabra: «Lucy», convirtiéndose en un misterio para todos en el pueblo.)

Opera prima de animación de Olivier Clert.

viernes, 1 de enero de 2016

En el corazón del mar





Moby Dick es más eterna que los laureles del himno que supimos conseguir. Y le debe la eternidad a su inexorabilidad. Es inexorable la obsesión del Capitán Ahab por la bestia blanca y es inexorablemente inatrapable su metáfora esencial. ¿Equivale la ballena a la Naturaleza desatada e indomable? ¿Es la personificación del mal, de lo monstruoso, de lo no humano? ¿Es la imagen de la locura, de la muerte, misterios incognoscibles para el humano cuerdo o vivo? Cada nuevo lector tiene su versión. Todas válidas. Muchas confluyen, muchas se contradicen. Ninguna abarca el enigma por completo. Herman Melville dio con el secreto de la vida eterna… al menos en la Literatura.


Moby Dick siempre se consideró “infilmable”. En el lejano año 1930 hubo una versión, en apariencia nada fiel a la novela con el “larger than life” John Barrymore como Ahab, dirigió Lloyd Bacon, prolífico e ubicuo artesano de los grandes estudios que en sus cortos 65 años dirigió la friolera de 130 películas. Y claro, ya es historia, la filmación de esta novela fue una de las obsesiones más pertinaces del maestro John Huston. Cuando se habla de novelas “infilmables”, en general nos referimos a que no se dejan “guionar” como otras que acceden más fácilmente a la pantalla. Huston que ya tenía la producción lista y al protagonista, el irrepetible Gregory Peck, comisionó nada más ni nada menos que a Ray Bradbury, para que desentrañara el meollo de la imposibilidad de no dar con un guión “filmable”. Prácticamente lo secuestró en una casona irlandesa y Bradbury pudo hallar una solución al problema, apartándose a Londres, peripecia que cuenta con gracia impar en Sombras verdes, ballena blanca, libro de 1992 que recomiendo profusamente. La Moby Dick de John Huston dista mucho de ser la versión definitiva del clásico de Melville, pero se le aproxima bastante. En 1998, Hallmark que mucho hizo por la explotación del inmenso talento de Patrick Stewart produjo una miniserie muy digna, en la que reservó como homenaje un papel para su majestad Gregory Peck.  Después hubo un par de versiones más, que no superaron la medianía y que se salvan del olvido total por la minuciosa preservación de datos de los archivistas furiosos.  


Los profesores de literatura, por sobre todos, insisten en que Hollywood nos debe una versión de la novela en la que se haga gala de todos los adelantos tecnológicos. Estos señores sostienen que es más fácil “venderles” un clásico a sus alumnos si hay una versión fílmica a la cual referirse. Ahora la deuda se paga, a medias. No llega la película de la novela, sino la película del hecho en que se basó la novela.


En 1819, el ballenero Essex es destrozado e hundido por un cachalote tan o más grande que el  propio barco. En 1851, Melville (Ben Whishaw) entrevista al renuente Tom Nickerson (Brendan Gleeson) que fuera el más joven sobreviviente de la tripulación del Essex. Nickerson le contará las disputas entre el capitán, George Pollard (Benjamin Walker) y el primer oficial (el héroe de la película) Owen Chase (el musculoso Chris Hemsworth, más conocido por Thor de Marvel), y las peripecias del infortunado viaje que concluyó en naufragio y dura supervivencia de sus tripulantes, interpretados por, entre otros, Tom Holland (Nickerson de joven), Cilian  Murphy, Paul Anderson, Frank Dillane, Joseph Mawle, Edward Ashley, Sam Keeley, Osu Ikhile, Gary Beadle y Jamie Sives.


A pesar del placer que da ver en la misma escena al ascendente Ben Whisham (entre otras cosas el nuevo Q de los dos últimos Bond), al inmenso en todo sentido Brendan Gleeson y a Michelle Fairley (que en las primeras temporadas de Game of Thrones fuera la matriarca Catelyn Stark, de terrible destino como el de casi todos los personajes de esa serie), lo mejor de En el corazón del mar pasa precisamente… en el mar. Y si bien por momentos se nota mucho la digitalización, en otros los adelantos técnicos prestan épica grandeza al asunto.


Dirigió el también ubicuo y prolífico Ron Howard (entre muchas otras, Splash, 1984, con la sirena Daryl Hannah y su enamorado Tom Hanks; Cocoon, 1985 sobre ancianos que recuperaban la vitalidad gracias a maniobras extraterrestres; Willow, 1988, película de fantasía, sobre reinas malas, enanos reacios y esas cosas, con Val Kilmer y la grandiosa Jean Marsh; Todo en la familia, 1989, inolvidable comedia familiar con Steve Martin, Mary Steenburger, Dianne Weist, ¡Jason Robarts!, Rick Moranis, Tom Hulce, y los por entonces incipientes Keanu Reeves y Joaquin Phoenix; Llamarada, 1991, una de bomberos, en la que apagaban el fuego Kurt Russell y Robert De Niro entre otros notables, Un horizonte lejano, 1992, western bastante flojo, pero buen vehículo para el lucimiento de Tom Cruise y sobre todo de Nicole Kidman, que comenzaba a mostrar estatura de gran actriz; El diario, 1994, lograda comedia coral con Michael Keaton, Glenn Close, Robert Duvall, la impar Marisa Tomei y el inolvidable Jason Robarts, entre otros; Apolo 13, 1995, con este muchachito, no sé si lo ubican, ¿Tom Hanks?; El rescate, 1996, vibrante remake de un viejo thriller de los sesenta con un magnético Mel Gibson, el siempre excelente Gary Sinise y la deslumbrante Rene Russo; Edtv, 1999, creativa comedia sobre reality shows con Mathew McConaughey y Woody Harrelson (siglos antes de su destacable True Detective, primera temporada, Jenna Elfman, Elizabeth Hurley y alguien que debería hacer más cine, Ellen DeGeneres; El Grinch, 2000, con este muchacho carismático que sin duda deben conocer: ¿Jim Carrey?; Una mente brillante, 2002, por la que ganó un Óscar, con el matemático en problemas de Russell Crowe, que había ganado el suyo el año anterior con el Gladiador; y sin obviar sus exitosas , en taquilla, no en logros, versiones de las novelas de Dan Brown, El código Da Vinci, 2006, y Ángeles y demonios, 2009, ambas con el gran Tom; pasamos a sus más presentables colaboraciones con el gran guionista inglés Peter Morgan: Frost/Nixon-La entrevista del escándalo, 2008,  y Rush-Pasión y gloria, 2013, sobre la rivalidad entre los pilotos de Fórmula Uno, Nikki Lauda y James Hunt, en la que dirigió también al rubio Chris Hemsworth que hacía de Hunt.


Ron Howard, como se comprueba por su currículo, es un buen narrador, se adapta con comodidad al género que le toca, dirige bien a los actores, pero su obra es un poco lavada, efectiva pero impersonal y depende de las bondades del guión para coronar con gloria la faena. El de En el corazón del mar, no es malo, pero tampoco particularmente bueno, aunque da pie a una buena película de aventuras, que más se disfruta cuánto menos se le pide. Por lejos no es el habitual engendro pochoclero de  productor descerebrado.


En resumen, buena, si se le perdona también un subrayado ecológico que tiene más que ver con la ideología y la creencia de estos tiempos que con las de los tiempos en que transcurre la acción.

Gustavo Monteros


lunes, 18 de mayo de 2009

Ángeles y demonios

Dan Brown, mediocre autor de literatura de supermercado o de aeropuerto (llamada así porque no persigue otro fin que mitigar insomnios o evadir el pánico del vuelo) ni en sus sueños más salvajes supuso que se convertiría en multimillonario.

Como diría Discépolo, la suerte lo es todo, para un lado o para el otro. Le bastó apropiarse de las especulaciones alternativas a la versión oficial de la Iglesia sobre el inicio del cristianismo (que antropólogos, sociólogos, lingüistas y filósofos venían manejando por más de 30 años sin levantar ninguna polvareda), para vender libros como panes.

Es que el azar determinó que las mencionara en el momento en que literalmente todo el mundo quería entretenerse con esas especulaciones.

El Código Da Vinci era la segunda novela protagoniza por el semiólogo Robert Langdon. Ángeles y Demonios, que la precedió llega ahora al cine como una secuela, con el mismo tándem creativo de la anterior, el actor Tom Hanks y el director Ron Howard.

Es una verdad de Perogrullo, pero la novela y el cine son medios expresivos completamente distintos. Pueden coincidir en algunos aspectos, pero tienen herramientas y necesidades diferentes. A una novela por más “cinematográfica” que sea le sobrevendrán cambios cuando se la lleve al cine. Según el eje narrativo elegido, desaparecerán subtramas, personajes, habrá cambios de circunstancias, de motivaciones, etc.

Esto pasa simplemente porque, lo que es creíble en el papel, puede no serlo cuando se lo corporiza y se lo pasa a la acción. Además, los trucos del “turn pager” (que nos hacen leer de un tirón, ansiosos de llegar al final, dando vueltas páginas y páginas) no son los mismos que usa el cine para crear suspenso. En una novela, el suspenso se crea por una sucesión de hechos que trabajan por acumulación, con o sin progresión dramática. En cine, la progresión dramática es esencial para crear el suspenso.

Esto viene a cuento, porque autores que vendieron millones de libros como Jane K Rowling o Dan Brown (ya sea por estupidez, soberbia o la voluntad de ejercer autoridad sobre uno de los poderes más despóticos y mafiosos del mundo: Hollywood) exigieron que sus novelas fueran llevadas al cine sin cambios, con fidelidad absoluta.

Por lo tanto, la trascripción cinematográfica de Harry Potter y la piedra filosofal de Jane K Rowling por Chris Columbus, y la de El Código Da Vinci de Dan Brown por Ron Howard, nunca tuvieron chance como películas. No fueron destinadas al espectador común, sino al devoto lector de esas novelas. De allí que fueran pesadas, difíciles de seguir, más una seguidilla de escenas que el desarrollo de una trama. Los devotos lectores, felices, porque veían la reproducción fidedigna e imperturbable de lo que habían amado leyendo.

Jane K Rowling aprendería la lección, y en las sucesivas versiones cinematográficas de sus novelas HarryPotterescas, aflojaría las riendas, y los directores Alfonso Cuarón, Mike Newell y David Yates tendrían la libertad de construir películas. Sus fieles lectores no protestaron, más bien todo lo contrario, podían cotejar las diferencias entre el libro y la película.

Dan Brown también parece haber aprendido la lección, y ahora Ron Howard tiene la oportunidad de echar mano a su experiencia de artesano hollywoodense a la antigua. Como los viejos directores bajo contrato de los grandes estudios, Ron Howard puede dirigir lo que sea: dramas, comedias, policiales, westerns, etc. Nunca aportará mucha creatividad, pero si fluidez y pericia. Nunca hará una gran película, pero tampoco un gran bodrio.

Pero que el hombre tenga solvencia y le hayan dado un poco más de piolín no significa que haya hecho una buena película

La cosa es así. Ha muerto un Papa buenísimo y hay que elegir sucesor. Una secta pro ciencia, enemiga acérrima de la Iglesia (los Illuminati) ha secuestrado a los cuatro cardenales más “elegibles” y amenaza con matarlos de a uno por hora. También ha puesto una bomba de antimateria que puede volar el Vaticano. Por suerte para el simbolista que interpreta Tom Hanks, han enviado un video (!!!) que puede ayudarlo a evitar el desastre.

Ángeles y demonios dura 140 minutos y es entretenida si uno deja el cerebro en la puerta del cine. Todo es un gigantesco disparate de alto octanaje. Nada resiste el más mínimo análisis lógico. Si uno se detiene a pensar un segundo en lo que está viendo, se sentirá tratado de estúpido. Pero si uno acepta pasivamente todas las volteretas que propone la insustancial trama, es posible que se divierta, a juzgar por la reacción de algunos espectadores que me acompañaban.

Los actores de El código Da Vinci, (Audrey Tautou, Ian McKellen, Jean Reno. Paul Bettany, Alfred Molina, Jürgen Prochnow) encorsetados por las exigencias del autor, estaban más cerca del bronce estatuario que del repentismo actoral. Los de Ángeles y demonios, (Ayelet Zurer,Ewan McGregor, Stellan Skarsgård, Armin Mueller-Stahl, Nikolaj Lie Kaas) sin tantas restricciones, se divierten más. Nadie ganará un premio con este film, pero tampoco les dará vergüenza incluirlo en el currículum.

La banda de sonido de Hans Zimmer, que mezcla un melodramatismo agudo con estentóreos cantos gregorianos heavy metal, me entretuvo la primera hora, después me aburrió.

En resumen, a menos que hayan leído la novela y les intrigue ver que hicieron (mi caso), no puedan reprimir la curiosidad de ver cómo le queda el bótox a Tom Hanks, deban cumplir con una dosis mensual de cine pochoclero, o les parezcan seductores los actores en sotanas, absténganse… mucho.

Un abrazo,
Gustavo
Monteros

viernes, 20 de febrero de 2009

Frost/Nixon

El Donmar y Michael Grandage aparecen a las apuradas y de compromiso en los créditos, sin embargo fueron fundamentales para que este film existiera.


El Donmar es un teatrito independiente (es decir no estatal ni comercial) de Londres, que bajo la dirección de Grandage alcanzó preeminencia por la audacia de su repertorio y la creatividad de sus puestas. Atrajo a figuritas y figurones (Nicole Kidman, Judi Dench, Maggie Smith, Kenneth Brannagh, Kim Catrall, Ewan McGregor, etc.) quienes descubrieron que tenían un espacio en el que poder experimentar sin la presión de obtener actuaciones descollantes y críticas ditirámbicas (como cuando trabajan en teatros oficiales) o éxitos rutilantes de taquilla (como cuando trabajan en teatros comerciales).


Un artista necesita desembarazarse de las presiones para experimentar libremente. Necesita saber también que puede equivocarse. Arriesgarse conlleva la posibilidad de la equivocación. Así que figuritas y figurones se ofrecen para ir al Donmar o saltan en una pata, dejan todo y salen corriendo si los llaman. Otro ejemplo, en breve Jude Law hará su primer Hamlet en el Donmar.


Frost/Nixon nació en el Donmar como un proyecto de lo que se llama “verbatim theatre”. En este tipo de teatro, se parte de un hecho real: un juicio, una conferencia, una entrevista, etc. Se toman las transcripciones textuales y con el mínimo de licencias dramáticas posibles se arma una obra de teatro.


En este caso, Grandage y Peter Morgan, el autor, toman la histórica entrevista (para ellos, a nosotros no nos fue ni nos vino) que le hiciera David Frost al ex presidente Nixon, en la que terminó aceptando su responsabilidad en el mentadísimo Watergate.


El proyecto comenzó como “verbatim”, pero concluyó en una obra hecha y derecha, porque Morgan y Grandage descubrieron que las circunstancias que llevaron a la entrevista eran tan apasionantes como la entrevista en sí, y como había que crearlas, la obra ya no podía considerarse “verbatim”.


Y así, en el resultado final, si bien el eje es la entrevista, los prolegómenos no carecen de interés. Por ejemplo, la entrevista casi no se hace, al no lograr interesar a ninguna cadena televisiva, Frost la terminó pagando de su bolsillo. Sabremos también que Frost, un conductor de programas frívolos, era el menos indicado para sacarle algo jugoso a Nixon. Sin embargo lo logró y el suspenso radica en cómo lo hizo.


Peter Morgan ya husmeó en bambalinas con La Reina de Stephen Frears. Allí el interés estaba en ver como Isabel II (Helen Mirren, the great) por la presión popular manda al carajo el protocolo y le da a Lady Diana exequias de princesa, que ya no le correspondían por estar divorciada del cara de bobo de Charles. Confieso que fui a ver La Reina por amor a Helen Mirren. Me importaban tres soretes los vericuetos por los cuales la reina conservó su valor icónico en el pueblo inglés al hacer lo que hizo. Sin embargo, el ver toda esa gente en ruleros y calzoncillos, con sus fobias, sus cortedades, sus rencores y generosidades me atrapó y pasé una hora y media de lo más entretenida.


Aquí me pasó otro tanto. Me senté y me pregunté: ¿a mí qué mierda me importan Frost, Nixon y el Watergate? Pero al ratito estaba enganchado. Es interesante ver lo importante que son los laderos de esta gente; comprobar cómo se relacionan, piensan y sienten en la intimidad estas personas que manejaron destinos o que están siempre en control con una cámara encendida.


Ron Howard vio en Londres la puesta de Michael Grandage y la compró ya hecha, lista para llevar. Se trajo el impresionante duelo actoral de Langella y Sheen, puso caripelas conocidas en los secundarios (Sam Rockwell, Kevin Bacon, Oliver Platt, Rebecca Hall y Toby Jones), y marche una nominación para el Óscar por un drama serio y (¡oh, qué rareza en el reino del pochoclo!) adulto.


Howard se arriesgó a respetar la decisión más audaz de Grandage: el Nixon de Langella. Frank Langella no hace una caracterización formal de Nixon, es decir no se pone 15 kilos de maquillaje ni 22 máscaras de látex para parecerse a Nixon. No, procuró evocarlo por la voz y la postura corporal. Obviamente yo a Nixon no lo tengo ni ahí, pero los yanquis y los ingleses dicen que le sale igualito. Lo que sí uno le puede aplaudir es el inmenso arte que vuelca en su actuación. Michael Sheen (que fuera el Tony Blair de La Reina y que no es pariente de Martin, Charlie y los demás Sheens yanquis) no le va a la zaga en esto de actuar como los dioses. Es un placer verlo exponer las grandezas y miserias de su personaje.


Cuando era chico daban un programa de tele en el que Alfredo Barbieri payaba y Don Pelele estaba sentado a su lado. De tanto en tanto, Don Pelele decía: “No sé vaya a olvidar del perro”, porque quería que Barbieri incluyera al perro en lo que estaba payando. Cuando lo veo a Ron Howard llenándose la boca con los logros artísticos que obtuvo con Frost/Nixon, me dan ganas de emular a Don Pelele y decirle: Ron, no se vaya a olvidar de Michael Grandage.


Un abrazo

Gustavo Monteros