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viernes, 3 de junio de 2022

Programa doble: Divina creatura - Por le antiche scale



 

Hacemos un paréntesis de nuestro viaje por las películas con una referencia geográfica como título y volvemos a nuestra sección de Programa doble en la que repasábamos dos películas con aspectos en común. Hoy vamos con Divina creatura y Per le antiche scale.

 

Una de las cosas más hermosas del cine de mi infancia es que casi todas las semanas daban películas italianas y en muchas estaba Marcello Mastroianni.

 

En 1975 estrenaron en Italia con apenas semanas de diferencia dos películas con Marcello. El 16 de octubre se conoció Divina creatura de Giuseppe Patroni Griffi y el 6 de noviembre, Per le antiche scale (literalmente Por las antiguas escaleras, rebautizada aquí como Locura erótica) de Mauro Bolognini.

 

En Divina criatura, en los Años Locos, Dany di Bagnasco (Terence Stamp) un joven noble y rico, se enamora de Manoela (Laura Antonelli en su esplendor). Sus amigos le advierten que no debe casarse con ella por un imperdonable pasado en el que mucho tuvo que ver el tío de él, Michele Barra (Marcello Mastroianni). Dany decide vengarse y estimula un triángulo amoroso de trágico desenlace.

 

En Locura erótica, a inicios de la década del treinta, en un apartado manicomio, el doctor Bonaccorsi (Marcello Mastroianni) reina sin disputa y tres mujeres le conceden favores sexuales, Francesca (Lucía Bosé) la esposa del director del nosocomio, Bianca (Marthe Keller) su devota enfermera y Carla (Barbara Bouchet) la libertina esposa de un colega. Lo obsesiona descubrir el gen de la locura. Su dominio se ve amenazado por la llegada de Anna (Françoise Fabian), psiquiatra que maneja otras ideas sobre la locura y que se niega a sumarse a su harem.

 

Hay elementos temáticos y estéticos en común en las dos películas. Las dos se basan en novelas, Divina Creatura en una de Luciano Zuccoli y Per le antiche scale en la de Mario Tobino. Las dos reflejan el fin de un ciclo y en ambas el personaje de Marcello se disuelve en el apogeo del fascismo. Las dos se regodean en la belleza del Art Nouveau (en Divina criatura obsesivamente, tanto que es una fiesta para los que amamos esa tendencia artística y en Per le antiche scale no es un dato menor que la dirección de arte y el vestuario sean de Piero Tosi, el colaborador habitual de Luchino Visconti). Los dos fueron musicalizadas por Ennio Morricone (en Divina criatura solo hace arreglos sobre música de Cesare A. Bixio, pero en Per le antiche scale es responsable de la partitura). Las dos películas son elegantemente sórdidas, con toques de perversión, más acentuados en Per le antiche scale por el ambiente en el que transcurre la historia.

 

En ambas hay actrices de belleza suprema, y está, claro, Marcello Mastroianni. Confieso que me dieron mi segundo nombre, Marcelo, por su culpa. Y cada vez que me lo cruzo en una película, sonrío y no puedo evitar que me sumerja una ola de orgullo, por eso a esta modesta crónica la firmaré con mi nombre completo: Gustavo Marcelo Monteros.

jueves, 12 de julio de 2018

Los Intocables

Desde no hace mucho, está disponible en Netflix una película que desata una gran cantidad de endorfinas: Los intocables (1987) de Brian De Palma. Ideal para descubrir o repasar cuando no se halla nada nuevo digno de ver. Y entre sus muchas virtudes, tiene un elenco de antología. 

Gustavo Monteros

jueves, 14 de enero de 2016

Los 8 más odiados



Supongamos que alguien que jamás haya visto una película de Tarantino nos preguntase cómo es el cine de este señor. ¿Qué le contestaríamos? Algo así como que es muy diestro con la puesta en escena, que le gusta citar y referir sus influencias cinematográficas, las que van de los grandes maestros como Sergio Leone a los directores más bizarros en todas las acepciones de esta palabra, y sin embargo, paradojalmente, cuánto más los cita más personal se vuelve, que le gusta culminar sus películas en un festival de sangre, tan pero tan gore que más que intimidar invita a sonreír. Y por sobre todo, es un dialoguista de primera. Como Ingmar Bergman, salvando todas las distancias, es un dramaturgo cinematográfico. Algunos consideran sus diálogos su talón de Aquiles, que demoran la acción innecesariamente y que persisten hasta la enajenación en sus vanos fuegos de artificio; otros los consideran su cima de gloria y reniegan que no sean más. Como sea, unos y otros reconocen que el hombre sabe escribir un buen diálogo.


Los 8 más odiados filmado en Ultra Panavisión 70 mm remite por formato y duración (dos partes con un intervalo en medio) a los operáticos westerns de Leone o las grandes superproducciones que con su sola presencia reemplazaban el habitual programa doble de los cines de antaño (sí, en la época de las carretas se daban dos películas). Y de movida veremos que la fabulosa fotografía de Robert Richardson oscila entre nevados paisajes panorámicos e interiores, que no por acotados son claustrofóbicos. Siempre con la  superlativa banda sonora del maestro Ennio Morricone.


Los 8 en cuestión son John Ruth (Kurt Russell) un caza-recompensas que lleva en una diligencia tirada por seis caballos, en un invernal ventoso y nevado Wyoming, a la asesina Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) a que la cuelguen en Red Rock. Deberán socorrer a otro caza-recompensas varado en la nieve, al mayor Marquis Warren (Samuel L Jackson), “héroe” de la Guerra de Secesión que tiene una carta de Abraham Lincoln dirigida a su persona. Más adelante deberán volver a parar para recoger a Chris Mannix (Walton Goggins) quien dice ser el nuevo sheriff de Red Rock. Como la tormenta arrecia, en vez de solo parar para estirar las piernas, comer algo o hacer descansar a los caballos,  en la Mercería de Minnie, deberán permanecer en ella hasta que el temporal amaine. El lugar está temporariamente a cargo del Señor Bob (Demián Bichir) y allí ya están refugiados, un inglés que dice ser un verdugo itinerante camino a Red Rock, Oswaldo Mobray (Tim Roth), un veterano general que lucho por el Sur, Sandy Smithers (Bruce Dern), y un parco cowboy, Joe Cage (Michael Madsen) que dice regresar a visitar a sus padres por la Navidad. Hasta ahí los 8 del título, que en realidad son 9, porque está también el conductor de la diligencia, O. B Jackson (James Park). No es que le fallen las matemáticas a Tarantino, quizá sea un chiste, o que uno de los mencionados no cae en la categoría de “más odiado”.


Y como bien se sabe por las novelas de Agatha Christie y sus versiones cinematográficas, el encierro de personajes peligrosos no es aconsejable ni saludable, al menos no para todos. Más que un “quién lo hizo”, aquí habrá más “un quién lo hará y por qué”.


El film se estructura en dos partes muy definidas, una primera parte en que presenta los personajes y sus peculiares circunstancias, con un clímax a punta de pistola, telón, y después del intervalo, una segunda parte con resolución de intrigas a puro vertimiento de sangre, tanta que el final de la Carrie de Brian De Palma parece, en comparación, un pinchacito para una curita. Como en la ópera o en su Perros de la calle, que haya personajes heridos mortalmente no es óbice para que dejen de hablar o de ser un peligro para sus congéneres.


Recomendar un Tarantino es, no sé, como recomendar el fernet con cola. Los que lo prefieren beberán con fruición y se deleitarán con cada trago. A los que les disgusta, se abstendrán o esperarán a ver qué otras bebidas trae la temporada. Y a los que no lo conocen, se recomienda probar. Un nuevo adepto o detractor habrá nacido.

Gustavo Monteros

viernes, 11 de julio de 2014

La mejor oferta



El cine de Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso, Estamos todos bien, Una pura formalidad, Fabricante de estrellas, La leyenda del pianista en el océano, Malena, La desconocida, Baaria-Las puertas del viento) es como un ramo de rosas, suntuoso, elegante, bello, oloroso, un poco obvio, un tanto cursi, pero a menos de que se sea alérgico ¿a quién no le gustan las rosas?


“A la mejor oferta” en la jerga de los remates refiere a aquellos objetos que no tienen piso valorativo, que se comienzan a subastar según lo que se ofrezca. La aclaración viene a cuento no solo por el título, sino porque en este mundo de obras de arte y antigüedades valiosas es en el que reina Virgil Oldman (Geoffrey Rush) con corona indiscutida. Hombre-erizo como pocos, respira orgullo y soledad. Aislamiento al que tienen parcial acceso Robert (Jim Sturgess) y Billy (Donald Sutherland), aunque la llegada de una clienta misteriosa, Claire (Sylvia Hoeks) desequilibrará la ordenada reclusión de Virgil.


Tornatore narra esta vez con untuosa parsimonia porque debe elaborar un truco de magia, ensamblar un reloj que haga explotar una bomba. Se apoya en tres pilares: el impecable histrionismo de Rush, una dirección de arte de casi uniforme buen gusto y la música del gran Ennio Morricone, que a los 85 años está más joven que al principio de su carrera, lo que aquí entrega es muy, muy hermoso. El problema es que una vez elaborado el truco, al desarmar la trampa uno siente que hay subtramas que se trabajaron en demasía mientras que otras, para despistar, se pasaron un poco por alto y que todo tomó más tiempo del necesario. Tornatore, como prestidigitador, quizá sintió que hacía lo apropiado, no sé, yo al menos no estoy tan de acuerdo.


En resumen, un film imprescindible para los seguidores de Rush, Tornatore y Morricone, los demás, con un mínimo de tolerancia, podrán disfrutar de un mecanismo lícitamente embaucador que quizás se engrasó en abundancia.

Un abrazo, Gustavo Monteros