Sing,
¡Ven y canta! es simpatía a más no poder. Su autor
director, Garth Jennings y su codirector Christophe Lourdelet recurren a dos
tópicos de los más transitados en la historia del musical, el del teatro que
debe salvarse y el de los aspirantes a estrellas que necesitan una oportunidad
para lucirse. O sea el viejo cuento de los perdedores que deben redimirse, o
para ponerlo con otro ejemplo, el del patito feo que debe comprender que es un
cisne.
Tópicos de encanto garantizado. Claro,
siempre y cuando se cumplan algunos requisitos previos, como que los personajes
sean la mar de empáticos y que haya un gag tras otro, o una peripecia dramática
de identificación básica. Ambos dos requisitos se cumplen aquí a rajatabla.
Y como de un espectáculo musical se trata, es
menester que las canciones y que las interpretaciones sean tan admirables como
deliciosas. Algo que también se cumple. Solo queda repantigarse, abrazar algún
snack favorito y disfrutar.
Si optan por la versión original se toparán
con la voces de Matthew McConaughey (Buster Moon), Reese Witherspoon (Rosita),
Seth MacFarlane (Mike) (el gag de su versión de A mi manera es ¡inolvidable!,
este sí que es un performer, no larga el micrófono ni aunque le tiren con un
misil), Scarlett Johansson (Ash), John C. Reilly (Eddie), Taron Egerton
(Johnny), ¡Tori Kelly! (Meena) (por Dios, qué voz tiene esta chica), Jennifer
Saunders (Nana) y Jennifer Hudson (Nana de joven y cantando, su versión de
Carry that weigh…¡guau!), Garth Jennings (Miss Crawly, una delicia de
personaje, no en vano se la reservó el director/guionista), Peter Serafinowicz
(Big Daddy, si querés saber a qué nos referimos con voz aterciopelada, aquí
tenés un buen ejemplo) y Nick Kroll (Gunter).
Sing,
¡Ven y canta! puede verse en Netflix. Entretenimiento
de cabo a rabo (y aquí hay unos cuantos rabos).
Otra semana en que no
puedo ir al cine, pero que no sea impedimento para que informemos.
En La Plata hay varios estrenos. Entre ellos
dos chick-movies, o sea películas orientadas primariamente para las mujeres.
Arranquemos con la
francesa. El nombre original de este film de Blandine Lenoir ya era indicativo
de sus pretensiones simbólicas o alegóricas, Aurore, o sea Aurora, que entre nosotros aparte de canción patria,
es como en la Francia de donde proviene, sinónimo de alba, amanecer, inicio.
Los distribuidores decidieron que no era lo suficientemente obvio y lo
rebautizaron 50 primaveras. Hasta no
hace mucho, 50 años era el ocaso, el otoño, la declinación, la antesala del
final y, hoy, gracias a los cielos es otra aurora, un recomenzar, el disfrute de
una bienvenida madurez (¡cómo se nota que estoy en esa franja etaria!). Debido
a eso (no a mi edad, sino a que la vida abre otra posibilidad) hay en el cine
contemporáneo una variante geriátrica que acumula títulos. La protagonista esta
vez es la simpatiquísima Agnès Jaoui. A su Aurore, según el tráiler y el
resumen de prensa, le pasan unas cuántas cosas algunas no muy agradables, como
quedarse sin trabajo o tener que asumir un abuelazgo casi sin anestesia.
Aunque, como según el dicho, la vida aprieta pero no ahorca, la buena de Aurore
se reencuentra con el gran amor de su adolescencia. Y ya se sabe, los amores
juveniles puede que sean imperfectos, pero son iniciáticos y no se olvidan. El
afiche prefigura bienvenidos finales felices, sabrá Dios si es así.
Al
director hawaiano Destin Daniel Cretton le tocó en suerte dirigir El castillo de cristal, drama de
reconciliación. Brie Larson (ganadora del Óscar por La habitación) debe apaciguar la furia que le provoca haber sido
criada en un hogar disfuncional, comandado por una madre que es una artista
excéntrica (the divine Naomi Watts) y un padre alcohólico (el siempre talentoso
Woody Harrelson) que durante toda su infancia se comportaron como nómadas
disconformes. Hoy estoy con los dichos tradicionales y digo, la suerte de la
fea la bonita la desea, a lo que voy es que tendemos a desear lo que no tenemos
o tuvimos. Mi infancia fue convencional, con padres integrados a las normas
sociales. La agradezco y les agradezco, pero me hubiera encantado que mis
padres fueran disparatados o al menos un poco estrambóticos. No es el caso de
las hijas adolescentes de las series Homeland
(primera y segunda temporada) y The
Americans (historia impecable que concluirá el próximo año), tendencia a la
que se suma ahora este personaje de Brie Larson, que resienten que sus padres
no fueran burgueses regulares. La familia es la familia y en algún momento hay
que aceptarla como es. Según el tráiler hay muchas lágrimas, habrá que ver si
se las contagian a los espectadores.
Seguimos con dos
estrenos dirigidos primordialmente a los varoncitos. El sueco Tomas Alfredson
(que se hizo famoso con una hermosa historia de vampiros adolescentes, Criatura de la noche, 2008, que tendría
una remake norteamericana, dirigida por Matt Reeves, con Chloë Grace Moretz en
2010, Déjame entrar, volviendo al
sueco, entregó en 2011 una versión impecable de la novela de Le Carré, El topo, con ejemplar elenco) dirige
ahora este thriller de horror con Michael Fassbender, entre otros notables,
sobre un detective que investiga la desaparición de una mujer cuya bufanda rosa
es hallada en un siniestro muñeco de nieve. Y de ahí el título El muñeco de nieve.
El inglés Matthew
Vaughn, después de Kingsman: El servicio
secreto, 2015, vuelve con otra versión cinematográfica de la saga de
novelas gráficas sobre esta organización de espías: Kingsman: El círculo dorado.
El joven Taron Egerton regresa también al protagónico, está otra vez
Colin Firth, y hacen su aparición Julianne Moore, Mark Strong, Halle Berry,
Elton John, Jeff Bridges y Channing
Tatum. Si es la mitad de delirante que la primera, será más que atendible.
Quienes gusten de la acción imaginativa, no deben perdérsela.
Hay una de dibujitos,
Condorito: la película. Chilena como
la historieta de origen. Dirigieron Alex Orrelle y Eduardo Schuldt. Sin duda
será vista, aparte de los chicos, por los que frecuentaron las revistas.
Una argentina, El futuro que viene de Constanza Novick,
protagonizada por Dolores Fonzi y Pilar Gamboa, sobre la historia de la amistad
de dos mujeres según pasan los años y las experiencias claves que viven.
La
remake de la semana es Línea mortal: al
límite y la dirige el dinamarqués Niels Arden Oplev. Dice la gacetilla: “Cinco
estudiantes de medicina, con la esperanza de desentrañar el misterio de lo que aguarda
más allá de los confines de la vida, emprenden un atrevido y peligroso
experimento. A base de detener su corazón durante un breve lapso de tiempo,
cada uno de ellos sufre una experiencia cercana a la muerte clínica. A medida
que la investigación se vuelve cada vez más peligrosa, se verán obligados a
afrontar los pecados de su pasado, además de vérselas con las consecuencias
paranormales de sus incursiones en el más allá...” Con Ellen Page, Diego Luna, Nina
Dobrev, James Norton en papeles que en 1990, dirigidos por Joel Schumacher,
hicieron Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin y Oliver Platt. Kiefer
Sutherland, que estuvo en aquella, está también en esta.
Y un estreno de cine
arte, Un minuto de gloria (Slava, 2017) dirigida por la dupla
Kristina Grozeva y Petar Valchanov de quienes al año pasado conociéramos la
interesantísima La lección (Urok, 2014). El resumen del argumento de
la trama que da la gacetilla de prensa es confuso y mal narrado, pero que
tráiler lo expresa mejor. He aquí el resumen: “Cuando Tsanko Petrov, un
trabajador del ferrocarril, se encuentra un millón de levs en las vías del
tren, decide devolver la totalidad del importe a la policía. El Estado le
recompensa por ello con un nuevo reloj de pulsera... que pronto deja de funcionar.
Mientras tanto, Julia Staikova, jefa de relaciones públicas en el Ministerio de
Transporte, pierde su viejo reloj. Así comienza la lucha desesperada de Petrov
para que le devuelvan no sólo su viejo reloj, sino también su dignidad.”
Y he aquí el tráiler.
Y como si esta
profusión de estrenos fuera poca, se realiza también esta semana el Festifreak,
espíen la programación, sin duda encontrarán algo que les interese.
Los gemelos Ronald y Reggie
Kray son una leyenda en la historia criminal inglesa. Reinaron la mafia
londinense durante los años sesenta, o sea en pleno swinging London. Y como no
es cuestión de que el cine inglés pase por alto una leyenda, esta película se
inscribe en lo que ya podríamos denominar como la tradición Kray, y así como
hay una serie de filmes sobre El cuento
de Navidad de Dickens, los Kray van camino a ser igual de revisitados por
la cinematografía. Entre las numerosas películas ya existentes, mi memoria
rescata El clan de los Kray que Peter
Medak dirigió en 1990 con los hermanos Gary y Martin Kemp en los protagónicos.
En esta, los hermanos son interpretados por el mismo actor: Tom Hardy. (Otros
ejemplos de histriones que hicieron de gemelos: Jeremy Irons, Pacto de Amor, 1988; George Hamilton, La última locura del zorro, 1981; Bette
Davis, Una vida robada, 1946; Jackie
Chan, Twins and Dragons, 1992 y
Leonardo Favio, Todo el año es Navidad,
1960.) Como sea, para los admiradores de Tom Hardy, no hay nada mejor que dos
por el precio de uno.
Y sin más preámbulos digo
que esta película es muy buena y no es para menos, porque en el guión y en la
dirección está Brian Helgeland, que no será una marca como Tarantino o
Hitchcok, pero al que conocemos si vimos alguna película en los noventa. Fue el
coguionista de Asesinos, 1995, esa
con Stallone y Banderas; de, me pongo de pie, Los Ángeles al desnudo, 1995; el guionista de El complot, 1997, ¿remember? Julita Roberts, Mel Gibson y el
grandioso Patrick Stewart: de The postman
o El cartero, 1997, esa aventura
futurista con el bueno de Kevin Costner; ya en los 2000, para Clint Eastwood
guionó Deuda de sangre, 2002, con
Clint, Angelica Huston y Jeff Daniels, y, me pongo de pie otra vez: Río Místico, 2003, con los maravillosos
Sean Penn, Tim Robbins, Kevin Bacon, Lawrence Fishburne, Marcia Gay Harden y
Laura Linney; para el malogrado Tony Scott, guionó Hombre en llamas con Denzel y Dakota Fanning; también fue para Tony
la siguiente Rescate del metro 1-2-3
con Denzel (Washington, of course, ¿hay otro?) y John Travolta, 2009; para Paul
Greengrass guionó La ciudad de las
tormentas con Matt Damon y Jason Isaacs; y para el hermano mayor de Tony o
sea Ridley Scott, hizo Robin Hood con
Russell “vos cavernosa” Crowe y Cate “puro talento” Blanchett. (Perdonen los
que no son de andar down-memory-lane que me ponga “datoso” y por lo tanto
latoso, pero hay gente a la que le gusta rememorar películas que han visto).
Como guionista y director
hizo Revancha, 1999, una de las
mejores películas como actor de Mel Gibson, honor no mejor porque Mel-actor
tiene unas cuantas buenas;Corazón de caballero, 2001, delicia de
delicias con el recordado Heath Ledger, y Rufus Sewell, Paul Bettany, Mark
Addy, Alan Tudyk, entre otros; Devorador
de pecados o The order, 2003, una
de exorcismos y esas cosas, otra vez con el inolvidable Heath Ledger; y antes
de la que nos ocupa, 42 de 2013, una
de beisbol con Chadwick Boseman y Harrison Ford. Como pueden comprobar, alguna
que otra película, como guionista o director le vieron. Y sea cual sea la que
vieron, ya comprobaron su talento. De modo que para el memorioso, antes incluso
de los títulos, Leyenda viene con
ventajosa prosapia. A la que no solo desentona sino más bien, honra.
Esta vez el gimmick está en
contar la historia desde la perspectiva de Frances (la muy hermosa Emily
Browning) quien fuera esposa de Ronald (el “inestable” gemelo Reggie, como el
mismo lo declara con involuntario humor más de una vez, era gay). Y al ratito
nomás, para que nos vayamos acostumbrando a que habrá líneas brillantes,
Frances dice: “Créanme, se necesitó mucho amor para odiarlos como los odio”. Y
brillantes serán también las actuaciones del resto del elenco que mezcla a
próceres como Christopher Eccleston, Tara Fitzgerald, David Thewlis, Chazz
Palminteri, con talentosos recién llegados como Taron Egerton, Colin Morgan o
Chris Mason. Brillantes son también la recreación de época, el vestuario, la
fotografía y la música.
Y esta vez, sin ningún pero,
brillante está Tom Hardy en su doble composición. Hardy es un grande, pero hace
notar mucho que se esfuerza, que toma toda la sopa y hace todos los deberes. A
veces, como en La entrega o Crímenes ocultos, hasta parece actuar el
subtexto, como si aparte de actuar nos estuviera dando una conferencia o un
reportaje de lo que él opina del personaje. Como si a la vez fuera actor y
comentador. Aquí, como antes en El topo,
está muy bien y punto.
Sin embargo, tanta
brillantez sin casi opacidad no redondea una película inolvidable. Quizá sea
porque uno jamás crea empatía con ninguno de los personajes. Por cómo está
estructurada quizá deberíamos remitirnos a Frances o sea a la hermosa de Emily
Browning, pero algo se nos omite o no está presente del todo, ya que nunca nos
identificamos con ella, nuestro punto de acceso a la historia. El narrador,
esta vez, crea una distancia brechtiana que nos aparta de lo emocional, que nos
hace notar el ascenso, gloria y caída de los Kray, sin involucrarnos. Algo que
está muy bien cuando es buscado, y no parece ser este el caso. Ojo, que no
enamore, no desmerece ninguno de sus estimables logros. Sin ir más lejos,
compáresela con el tremendo bodrio de tema similar que nos propinaron el año
pasado, Pacto criminal o Black mass, con Johnny Depp, entre otros
notables, eso sí que era padecer una historia de mafia. Esta no entrará en el
cuadro de honor, pero si el tema interesa, perdérsela es… un auténtico crimen.