Cecilia y Diego, una pareja en sus treinta largos, se han radicado hace pocos años en Tolhuin, un sufrido pueblo de Tierra del Fuego, a raíz del trabajo de él como Técnico Forestal. Ante la imposibilidad de concebir hijos, iniciaron un buen tiempo atrás el trámite de adopción. La repentina llegada de Joel, de 9 años, quien carga con una dura historia de vida, revoluciona sus vidas. Las ilusiones, un acelerado proceso de aprendizaje de la paternidad, y el desafío de educarlo e insertarlo en esa pequeña comunidad patagónica, pondrán bajo la lupa sus propios esquemas de vida, y un conflicto que se desata en la única escuela pública del lugar donde acude el niño, tensará el vínculo social y la propia relación de la pareja.
Joel, dirigida por Carlos Sorín, con Victoria Almeida, Diego Gentile, Joel Noguera, Ana Katz, Gustavo Daniele, Emilce Festa.
Cinema Paradiso 12:00 - 14:10 - 16:20 - 18:30 - 20:40 - 22:50
Ah, la deliciosa comedia No llores por mí, Inglaterra continúa en cartelera, en el Cine San Martín a las 19:20 y 23:10
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jueves, 7 de junio de 2018
viernes, 19 de octubre de 2012
Moonrise Kingdom - Un reino bajo la luna
Con Moonrise Kingdom – Un reino bajo la luna, Wes Anderson se gana el derecho al adjetivo. Tal como en algún momento de sus carreras, Visconti, Fellini o Bergman se ganaron el derecho a que aspectos de su cine se definieran como Viscontianos, Fellinianos o Bergmanianos. Ya hay un cine Andersoniano que se reconoce al primer fotograma. Los tableaux (la distribución de los personajes como si estuvieran en un cuadro), la consistente paleta de colores o tramas (la escenografía y el vestuario presentan matices de un mismo color o de colores hermanos que se engarzan con patrones afines), el humor asordinado, implosivo casi, la aparente distancia emotiva de los conflictos que más que vivirse en carne viva lucen como la recreación de un viejo dolor. Y los personajes. Únicos. Seres desencantados, frustrados, un poco deprimidos pero con un resto de voluntad para intentar una peripecia que los rescate.
Si han visto alguna de sus películas (Bottle Rocket (Buscando el crimen, 1996), Rushmore (Tres son multitud, 1998), The Royal Tenenbaums (Los excéntricos Tenenbaums, 2001), Vida acuática, 2004 y Viaje a Darjeeling, 2007) tienen ya una idea clara de lo que hablo.
Moonrise Kingdom – Un reino bajo la luna transcurre en la isla imaginaria de Penzance en 1965. Y como el título sugiere hay algo de cuento para chicos. Las fugas de dos preadolescentes motorizan el relato. Sam (Jared Gilman) huye de un campamento de scouts y Suzy (Kara Hayward) se escapa de la casa de sus padres (el inmenso Bill Murray y la no menos grande Frances McDormand). Y no cuento más para no arruinarles el gusto de descubrir lo que sigue. Básteme decir que habrá epifanías del primer amor y que como siempre en Anderson, los adultos son como niños y los niños como adultos.
A las singularidades de la puesta en escena, se le suma una bella partitura de Alexander Desplat, con obras de Benjamin Britten como invitadas de lujo. Y el elenco es maravilloso. Del primer niño al último adulto prodigan expresividad. A los mencionados, hay que agregar a Edward Norton, Tilda Swinton, Jason Schwartzman, Harvey Keitel, Bob Balaban, y dejo para el final a mi favorito en ésta y en tantas otras películas: Bruce Willis, que ratifica ¿alguien acaso lo duda? ser un gran actor.
Faltaría a la verdad si no dijera que es una de las películas más hermosas y elegantes que vi en mi vida. Perdonen mi arrebato de entusiasmo, pero es una de las mejores películas que veremos este año. Si no han tenido la dicha de ver alguna de sus películas anteriores (hasta la menos lograda libera endorfinas) Moonrise Kingdom – Un reino bajo la luna es la introducción perfecta a una visión del mundo que de ahora en más sólo puede calificarse de Andersoniana.
Un abrazo, Gustavo Monteros
sábado, 16 de abril de 2011
Los Marziano
Ana Katz (El juego de la silla, La novia errante) es una directora muy personal que está desarrollando una voz única en la cinematografía argentina. Su parangón habría que buscarlo en algunas películas de Wes Anderson (Los fabulosos Tenembaum, Rushmore) o en Embriagado de amor de Paul Thomas Anderson. El método que utiliza, al igual que en los ejemplos mencionados, es la descomposición de la comedia clásica y el desbaratamiento sistemático de sus efectos cómicos tradicionales hasta lograr una amalgama cómico-dramática que podríamos denominar contracomedia. Dicho método procura volver evidentes verdades y profundidades subyacentes en situaciones en apariencia banales o de una cotidianeidad anodina o de una comicidad prosaica. No se persigue la carcajada sino más bien una sonrisa cómplice o conocedora. Y el resultado final es de extrañeza ante situaciones conocidas que se tornan levemente feéricas o un poco excéntricas. Como puede deducirse, el trabajo actoral es crucial en este estilo de comedia. En el presente caso, el argumento podría remitir a la comedia costumbrista argentina típica, pero, como dijimos, se pretende otra cosa. Juan (Guillermo Francella) es un locutor de provincia al que no le fue del todo bien en la vida; está peleado con su hermano, Luis (Arturo Puig) al que aparentemente le va mejor, si se juzga como un ideal o un logro vivir en un country. La hermana de ambos, Delfina (Rita Cortese) y la mujer de Luis, Nena (Mercedes Morán) procuran reconciliarlos.
El mundo de cada hermano está contado estupendamente. Los detalles son certeros y expresivos. La resolución es apropiada y contundente. La empatía que se crea con los espectadores es inmediata.
Guillermo Francella, como en El secreto de sus ojos, se aparta de los histrionismos que le dieron fama y fortuna, y entrega otro trabajo atendible y logrado. Me quedo corto y me corrijo, superlativo. Arturo Puig, uno de nuestros más grandes actores teatrales, lamentablemente poco convocado por el cine, luce concentrado y enfurruñado, y contribuye con justeza y generosidad a la emoción final. Cortese y Morán ratifican ser actrices dotadas y maravillosas, luminosas y hondamente humanas.
Los rubros técnicos son impecables y es muy hermosa la música del Chango Spasiuk.
Los Marziano es una rareza. Es una película industrial, no independiente, con nombres populares y convocantes, pero no es la comedia que el afiche o el pasado de los actores podría sugerir, sino una obra de autor. Ojalá que el público que la vea, aunque pueda llegar a esperar otra cosa más tradicional, la aprecie y la disfrute. Ojalá que tanta minuta berreta al paso que ofrece la tele todo el tiempo no haya arruinado el paladar del espectador popular.
Consejo de amigo, si pueden, véanla, es una muy buena película.
Un abrazo,
Gustavo Monteros
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