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viernes, 7 de octubre de 2022

Programa doble: Oscar y Faithful



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Faithful (Fiel) - Oscar

 

En Faithful (Paul Mazursky, 1996) la acción transcurre en un día clave para Margaret (Cher). Es su veinteavo aniversario de casada con Jack (Ryan O’Neal) con quien comparte un negocio de transporte que abrieron con el dinero que ella heredó y que expandieron gracias a ideas de ella, hoy son muy exitosos, no les falta nada, viven en una mansión lujosísima, andan en autos exclusivos, aunque ella siente que dejó que la relegara de los negocios y la confinara a ser la consorte rica que solo debe gastar dinero. Para colmo sabe que él le mete los cuernos con su asistenta que quizá le dé el hijo que ella no puede darle. Cuando finalmente acomete el plan de vaciarse el frasco de pastillas que lleva meses mascullando, entra en la casa Tony (Chazz Palminteri) un sicario contratado supuestamente por Jack para liquidarla. Tony no puede matarla de entrada por un trauma reciente y la deja hablar. Craso error, al menos para el cometido que debe cumplir. Tony también tiene lo suyo, es un hombre muy peculiar con ideas altamente personales, algo que eleva el juego de comedia a otro lugar. Entonces…

 

En Oscar (John Landis, 1991) estamos en los años veinte y el gánster Angelo “Chasquido” Provolone (Sylvester Stallone) enfrenta también un día clave. Cumplirá la promesa que le ha hecho a su padre, Eduardo (Kirk Douglas), en su lecho de muerte, se retirará de la vida de delitos y se dedicará solo a negocios supuestamente legales. Digo supuestamente porque planea convertirse en accionista principal de un banco. Pero justo en la mañana de este último día de vida criminal, su joven contador, Anthony Rossano (Vincent Spano) le confiesa que le ha estado “apartando” dinero casi de casualidad, y que le devolverá sin dudar… si lo deja casarse con la luz de sus ojos que no es otra que la hija de Angelo. Cuando dicha hija Lisa (Marisa Tomei), la única que tiene con su esposa Sofia (Ornella Muti)  es enfrentada, la pobre al principio no tiene idea de qué le está refiriendo su padre, pero supone que habla de Oscar, el chofer de la familia. En realidad Anthony no está enamorado de Sofia sino de Theresa (Elizabeth Barondes) que por un impulso se hizo pasar por hija de Angelo. Aunque quizá este impulso no haya sido infundado. Como en todo buen vodevil cada personaje que aparece contribuye a algún enredo. Aquí los hay tantos que conforman una avalancha que incluye a unos banqueros más letales y mafiosos que cualquier gánster que se precie y a un jefe de policía más interesado en salir bien en la prensa que en combatir el delito.

 

Estas dos películas se basan en obras de teatro. Faithful (Fiel) es de Chazz Palminteri, que en la versión cinematográfica se aseguró el mejor papel. Palminteri casualmente también integra el elenco de Oscar, donde hace un papel en las antípodas del de Faithful. Oscar en su origen es una comedia del francés Claude Magnier.

 

Por lo que aquí exhibe es una pena que Stallone no haya hecho más comedia. Si bien aquí este personaje es ideal para su cuerpo de guardaespaldas y voz de funebrero, como lo describió alguien, demuestra gran capacidad y comprensión del juego de la comedia. Tiene momentos excelentes. Cher, como ya lo ha demostrado, se mueve bien en lo cómico y saca partido, y no poco, de su cara inmóvil como permanentemente anestesiada.

 

Como ya dijimos por ahí, las obras de arte (o los artefactos artísticos si se prefiere) tienen como los humanos suerte y destino. Algunas nacen con un pan bajo el brazo, mientras que otras padecen un hambre de gloria que no se sacia nunca. Faithful es muy buena, pero nació con poca suerte, no se la representa mucho. Languidece en su rincón a la espera de ser descubierta. Pero o se la pasa por alto o se la subestima mucho. Oscar en cambio nació con cuchara de oro. Se la ha representado en casi todos los escenarios del mundo y ya cuenta con dos transcripciones cinematográficas. Hay una anterior a la que comentamos aquí, es de 1967, la dirigió Édouard Molinaro con Louis de Funès en el protagónico.

 

Ambas piezas se representaron en Argentina. Faithful, fiel a su destino, se estrenó un verano (tiempo de comedias) y duró un suspiro, no sé si llegó al mes de funciones. Oscar, en cambio, ya se presentó dos veces al menos, en los sesenta y en la década del 2000, con fulgurante o más que respetable éxito las dos veces. Hasta en esto se cumple el dicho aquel de con estrella o estrellados. Ah, los arcanos del universo, ¡quién pudiera desentrañarlos!

Gustavo Monteros

jueves, 23 de mayo de 2019

Los Hermanos Caradura - The Blues Brothers


¡Volvió The Blues Brothers (Los hermanos caradura, 1980) a Netflix! ¿Estaba? ¿Cuándo se fue?, se preguntarán ustedes en broma. No olvidemos que Netflix es una plataforma de contenidos que varían para hacer espacios a otros, algunos incluso regresan. Por suerte, The Blues Brothers entre ellos.



A mí, a veces me pasa que la oferta me apabulla. No sé qué ver, o más bien, no sé qué tengo ganas de ver. Y cuando la neurosis está a punto de atormentarme, opto por un musical. El género me tira, y mucho. El problema es que en esos estados de duda, prefiero la comedia musical, y ya se sabe que en el mundo moderno, ha triunfado el drama musical, que está bueno, pero no para todas las ocasiones. En este preciso momento, por ejemplo, si exceptúo los shows o los documentales, puedo optar entre Miss Saigón e Into the Woods, muy buenas opciones a las que le falta el toque “feel good” (optimista) que me desate alguna sonrisa. Bueno, está también la versión televisiva de Hairspray, con sus logros, sí, pero prefiero la versión cinematográfica que sacaron ya hace un año. Lo sé con precisión porque la alternaba con…The Blues Brothers.



The Blues Brothers no es un musical en el sentido estricto del género, es más bien una comedia de acción con canciones, lo que la acerca al público que NO le gusta el musical. Como sea es lo suficientemente FEEL GOOD, así con mayúsculas, como para verla con frecuencia.



Es una creación de John Landis, bueno, más bien una travesura, que protagoniza el malogrado John Belushi en su esplendor y el siempre delicioso y permanentemente subestimado Dan Aykroyd. Los dos deben reunir una banda de rhythm and blues que tuvieron para un beneficio que recupere el orfanato en el que se criaron los hermanos. Los perseguirá la policía y hasta unos parapoliciales. En el camino se encontrarán con amores despechados (la siempre recordada Carrie Fisher) o con una cita ineludible (Twiggy en el colmo de su belleza). Y en el camino no solo reunirán una banda de músico excepcionales sino que también habrá números de los míticos (y nos quedamos cortos) Cab Calloway, James Brown, Aretha Franklin, Ray Charles entre otros gigantes. Y en un gag semi final el cameo del genial (y muy joven por entonces) Steven Spielberg.



Hay además el disfrute permanente de destruir patrullas policiales porque sí y meter gags de todo tipo.



Si no la vieron, no se la pierdan. Es tan gozosa como parece. Y si la vieron, repásenla, sigue tan pimpante como el primer día.

Gustavo Monteros