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viernes, 14 de julio de 2023

Programa doble: Malos muchachos - La última estafa


 

Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: What Just Happened – The Comeback Trail

 

De tanto en tanto al cine le gusta mirarse el ombligo, ponerse autorreferencial. Y cuando se pone así, ha determinado que el villano más despreciable posible es el productor. Ahora bien, ¿un productor puede ser el héroe de una película? Sí, claro, sobre todo si escribe un guion basado en su propio libro de memorias, que fue lo que hizo Art Linson en What Just Happened, rebautizada Malos muchachos por estos pagos (Barry Levinson, 2008). Aunque en un impensado ataque de modestia, más que como héroe, se propone de antihéroe, lo que más que modestia es una soberbia mayor porque el antihéroe desata (o lo intenta) mayor conmiseración. Ben (Robert De Niro) nos comparte dos semanas de su vida. Lapso en el que por una confluencia de circunstancias pierde (momentáneamente se supone) un sitial de privilegio en la industria. Y todo porque el pobre ha producido la última película de Jeremy Brunell (Michael Wincott) un megalómano adicto que concibió un thriller pretencioso en el que mata en el último rollo al perro del protagonista volándole la cabeza de un escopetazo, el público en la exhibición de tanteo del film se enardece y es obvio que la escena debe atemperarse (eufemismo por eliminarse) de la copia final que se estrenará en unos días nada menos que en el festival de Cannes. El director Jeremy se resiste y hace pesar y pasar su creatividad en descerrajarle un tiro al inocente can. La directora del estudio, la cruel y taimada Lou Tarnow (Catherine Keener) no admite un no como respuesta. Pero este no es el único problema profesional del pobre Ben. Bruce Willis, sí, el vero Bruce interpretándose a sí mismo o a una variante de sí mismo, se niega a afeitarse una barba tupida que le tira encima una cantidad de años y que es impropia del héroe de acción que debe protagonizar. En realidad, del problema tendría que ocuparse el agente de Bruce, Dick Bell (John Turturro) que debería ver con urgencia un médico (o un psiquiatra) por los males estomacales que padece. En lo personal, Ben no admite que se está divorciando de Kelly (Robin Wright) algo muy comprensible porque quien en su sano juicio querría perder a Robin Wright. Ben también tiene con otra exmujer una hija adolescente, Zoe (Kristen Stewart) que anda de humores mezclados porque tuvo un amorío con un colega productor de Ben que acaba de suicidarse y a cuyo entierro acudirán todos los mencionados y algunos otros, como Scott Solomon (Stanley Tucci) guionista amigo de Ben que está ahora en una relación con Kelly. La subtrama de Zoe y el suicida es apenas esbozada porque implica un tema que en tiempos del me too nadie toca ni por asomo, el de la precocidad sexual vivida sin trauma. Y más allá de que Robert De Niro ofrece una de sus actuaciones con mucha pera, lo que denuncia que encara este proyecto con más profesionalismo que compromiso artístico es interesante de ver. A decir verdad, todos lucen un poco incómodos, como si esta participación en la versión oficial de esta vida de productor no terminara de convencerlos, sin embargo, sin que sea la obra maestra de Robert Altman The Player / Las reglas del juego (1992) es un film muy atendible.

 

 

En The Comeback Trail (La última estafa, George Gallo, 2020) Max Barber (Robert De Niro) maneja una productora de películas independientes con su sobrino Walter (Zack Braff). Estamos en los setenta, de modo que la productora no emite productos indies para el Sundance sino films de sexplotation. Su última película, no precisamente un éxito es Monjas asesinas, con chicas armadas que usan inquietante lingerie debajo de sus rígidos hábitos. La financiaron con dinero de un mafioso, Reggie Fontaine (Morgan Freeman) que exige le devuelvan el capital invertido. A raíz de una serie de incidentes que es mejor no revelar, a Max se le ocurre una estafa contra una aseguradora, que los hará millonarios. En Hollywood por ley, ninguna filmación se hace sin pólizas de seguros que garantizan que si la película se interrumpe o no se hace por algún motivo (reglado, claro) todos cobren por su trabajo. Max saca de su archivo un guion para un western y se pone a hacer castings en geriátricos. Contratará un actor con un pie en la tumba, al que solo haya que darle un empujoncito para que llegue a mejor vida. Y así da con el candidato soñado, Duke Montana (Tommy Lee Jones) que no solo fue una gran estrella, ahora olvidada, sino que es un suicida vocacional que juega a la ruleta rusa antes del desayuno. La filmación comienza y Max-De Niro se transforma en un delicioso pariente de Pierre Nodoyuna o del famoso Coyote némesis del no menos célebre Correcaminos. Duke Montana repele a la muerte, como la ignorancia al sentido común, para desesperación de Max-De Niro y Robbie-Morgan Freeman, pero para gloria del cine, porque Duke-Lee Jones reverdece sus laureles a modo superlativo. The Comeback Trail es una remake de una película de Harry Hurwitz de 1982. La película original es el colmo de la bizarro, entendido en el sentido anglosajón del término, no en el de la RAE, de modo que conviene aclarar que esta versión es prolija y sin ánimo de espantar al tío burgués. (El cine de Harry Hurwitz (1938-1995) está más cerca del de Ed Woods que el de John Huston y merecería ser redescubierto y analizado, no solo de excelsitudes vive el hombre). Filiaciones al margen, por el bordado en comedia que hacen De Niro, Lee Jones, Freeman, Braff y el resto de un elenco impecable, más la buena resolución de los gags, más un emociónate homenaje final al cine en general y al western en particular, se vuelve de visión imperdible, más en estos tiempos de comedias malas.

 

Gustavo Monteros

 

Estos dos films pueden verse en Prime Video.


jueves, 28 de noviembre de 2013

Las estrellas también cumplen años


Reproduzco esta nota más que nada porque a todos nos interesa estar al tanto de la edad de los actores.

Domingo 24 de noviembre de 2013 | Publicado en edición impresa

Hollywood

Estrellas que no se apagan

Los protagonistas envejecen sin sucesores; films para caras nuevas, como 50 sombras de Grey, ponen en aprietos a los estudios

Por Javier Porta Fouz  | Para LA NACION

 Sylvester Stallone: 67. Arnold Schwarzenegger: 66. Bruce Willis: 58. George Clooney: 52. Robert De Niro: 70. Al Pacino: 73. Robert Downey Jr.: 48. Harrison Ford: 71. Viggo Mortensen: 55. Brad Pitt: cumple 50 en diciembre. Tom Cruise: 51. Adam Sandler: 47. Daniel Day Lewis: 56. Denzel Washington: 58. Clint Eastwood: 83. ¿Y Leonardo Di Caprio? Un niño realmente, cumple 40 recién el año que viene, las ventajas de haber empezado muy joven y haber participado en un éxito descomunal como Titanic (1995) muy pronto.

El promedio de edad de estas dieciséis estrellas del cine de hoy (incluido el niño Di Caprio), de esas que convocan público por su propio nombre, es 59 años ¿Pueden encontrar una cantidad similar de estrellas taquilleras, pero con un promedio de edad de 49 años? ¿Y con 39? Prueben: cuando hizo El padrino II, Al Pacino tenía 34, y De Niro, 31 años. Simplificando y generalizando mucho, podemos decir que las grandes estrellas masculinas jóvenes son un invento del cine de décadas pasadas, y que lo que hay ahora es apenas un eco de eso, ¿o será un último estertor? ¿Dónde están los Pacino y De Niro actuales?

 Cuando se estrenó Volver al futuro Michael Fox tenía 24 años, ¿dónde está el nuevo Michael Fox? Sí, claro, hay estrellas más nuevas: Matt Damon tiene 43 y Ben Affleck, 41 ¿Justin Timberlake? 32 años ¿Jesse Eisenberg? 30. Podemos bajar la edad y encontrar algunos nombres más (no tantos), pero al compararlos con los citados al principio nos alejamos cada vez más de la noción de estrella: nombres inmediatamente reconocibles por el espectador (es decir, sin necesidad de aclarar "Jesse Eisenberg, el de Red social"). En el caso del cine de acción, un surgimiento rutilante de los últimos años fue el inglés Jason Statham, que llegó a la fama con poco pelo y hoy tiene 46 años. El éxito, para los actores en el cine de hoy, está lejos de estar asociado automáticamente con la juventud.

 Sí, hay éxitos que tienen actores jóvenes. Crepúsculo por ejemplo. Pero si nos detenemos en el veinteañero Robert Pattinson, veremos que su éxito proviene de la serie vampírica y que él, por sí solo, no puede trasladarlo automáticamente a otra película. Lo mismo ha ocurrido con los jóvenes actores de Harry Potter. Y megaéxitos globales como la serie -por ahora sin fin- Rápidos y furiosos tampoco transfieren su atractivo a otros proyectos de los actores principales, que ya no son unos niños.

 En el siglo XXI, muchos éxitos se construyen con una marca (best sellers como punto de partida es una fórmula muy utilizada) que puede prescindir de un director especialmente conocido y de actores superestrellas. Ahí están las mencionadas Harry Potter y Crepúsculo: estas películas hacen famosos a sus actores y no al revés. Y así tal vez será con la adaptación de 50 sombras de Grey y Jamie Dornan.

 Las películas de animación más grandes, si bien suelen contratar a muchos actores conocidos para que aporten sus voces, tienen éxito también dobladas a otros idiomas, lo que probaría que tampoco para ellas son tan necesarias las estrellas. De esto podemos derivar una hipótesis rápida sobre por qué hoy no surgen tantas estrellas jóvenes: buena parte del cine sigue haciendo negocios sin necesitarlas. Sí, hay otra zona del cine que, impulsada por el nombre de los actores, continúa generando éxitos, pero esos éxitos no son necesariamente la porción más grande de la torta.

Era distinto en el pasado: en los setenta no había estas series de secuelas y más secuelas y el cine de animación estaba muy, pero muy lejos de generar (en términos absolutos y en términos relativos) los ingresos de hoy en día. Pero en esa década ya estaba el germen de las películas que basan su venta mucho van más allá de las estrellas: Tiburón (1975) de Steven Spielberg (Roy Scheider, Robert Shaw y Richard Dreyfuss eran conocidos, pero no estaban por delante de los dientes del asesino acuático en el afiche) y, por supuesto, La guerra de las Galaxias (1977) de George Lucas, que ayudó a construir como gran estrella a Harrison Ford (y falló con Mark Hamill). Spielberg y Lucas, si bien a partir de hacerse exitosos lograron trabajar con otras estrellas, empezaron a probar que quizá no eran tan necesarias, y el cine de hoy sigue utilizando sus enseñanzas. Habría que preguntarles a los actores prometedores de hoy en día si no hubieran preferido ser jóvenes promesas (o realidades consumadas) en los setenta o en los ochenta.

 Hay otra manera de ver este fenómeno: a edad similar, los actores de hoy en día parecen mucho más jóvenes que los actores de décadas pasadas. Es fácil de entender: gracias a diversos factores (algunos más naturales, otros menos) estrellas que son muy conocidas y que portan una larga carrera previa parecen de mucha menos edad que la que tienen. Y entonces, otra hipótesis: no habría tanta necesidad de estrellas nuevas porque las estrellas establecidas (de cuarenta o de mucho más) lucen cada vez más jóvenes. En una nota reciente de Vulture se hacía una comparación entre actores de hoy y del pasado con edades similares. Un par de ejemplos: Harrison Ford es hoy dos años mayor que Burgess Meredith cuando hizo de Mickey en Rocky . Y Bruce Willis tiene la misma edad que Spencer Tracy cuando hizo El viejo y el mar. Las actrices también están en la nota de Vulture, pero es un tema que se podrá tratar en otra ocasión: aunque algunas se comparten, entran a jugar otras variables dignas de verse por separado.

¿Y en cuanto a los actores argentinos? La estrella más grande del cine nacional en este momento es Ricardo Darín, ¿Edad? 56 años. ¿Y los otros dos nombres que llevan mucho público en el cine argentino? Guillermo Francella tiene 58 y Adrián Suar, 45. Por otra parte, a juzgar por la recepción en la Argentina de los nombres más nuevos de Hollywood, es aún más difícil instalar una estrella joven aquí que en los Estados Unidos. Por ejemplo, Channing Tatum (33) no es una estrella para el mercado local y las magras cifras de sus estrenos lo prueban. En cambio, Johnny Depp sigue llevando mucha gente a los cines: El llanero solitario funcionó en el mercado local mejor que en el promedio mundial. Claro, Depp, de eterna cara de joven y que recién cumplió los 50, un niño al lado de los largamente septuagenarios Stallone y Schwarzenegger..
 

viernes, 2 de agosto de 2013

Red 2





El cine pochoclero será eficiente o no será. Y sí, me salió a consigna política. Al estar en tiempos electorales, el estilo se me pega. La cuestión es que esa eficiencia narrativa a menudo se confunde con calidad, si el producto nos atrapa, nos apasiona, nos deleita. Conste que no hago un juicio de valor sino la descripción de una tendencia. En estas vacaciones de invierno, mucha gente aprovechó para ir al cine, ahora a la vuelta me preguntan mi opinión sobre El llanero solitario, Guerra Mundial Z o Titanes del Pacífico, ninguna de la cuales vi todavía. Como disfruto el diálogo, devolví la pregunta y escuché sus opiniones. Recibí comentarios laudatorios y detractores por exactamente los mismos motivos. Deduzco, entonces, que el cine industrial yanqui es hoy un producto equiparable a las galletitas, elegimos ésta por sobre aquella, nada más que porque se aviene mejor a nuestros paladares. Lo cual no está mal, muerto el cine clásico y el cine de autor cada vez más relegado, es lógico que las fórmulas y las triquiñuelas del cine de productor se impongan como parámetros de excelencia, según nuestra disposición a comprar dichas fórmulas y triquiñuelas. Dadas así las cosas, la mediación crítica ya no tiene sentido, (por eso yo hago crónicas), nadie consumirá galletitas que no le gustan porque un crítico las recomiende, ni nadie dejará de hartarse con galletitas que le gustan porque un crítico las denueste. El cine contemporáneo hollywoodense se instaló como producto y es el consumidor quien tiene la última palabra, la razón, bah. De modo que si tal o cual película te gustó, es buena y punto. Y si tal o cual te disgustó, es un bodrio y punto. Una galletita, perdón una película, tiene una receta de tan similar casi idéntica a otra, con detalles menores que las distinguen. Y uno compra lo que se le ocurre.

Red fue una sorpresa en la que Bruce Willis, Morgan Freeman, John Malkovich, Brian Cox, Helen Mirren, Richard Dreyfuss y la “joven” Mary-Louise Parker tenían buenos papeles, mejores situaciones y excelentes líneas. Un éxito inesperado que hoy genera una secuela que celebro porque es el tipo de masita que no dejo de comer hasta acabar el paquete. Un thriller irónico con toques de comedia o una comedia irónica con toques de thriller. A veces en broma a mi Perrito le digo Jackie Chan porque aunque viejo sigue dando pelea. Y eso es lo que hacían en aquella (hoy) primera película dar pelea sin importar canas, arrugas, ni huesos y músculos con retardo para responder. Y que ahora sin Morgan Freeman ni Richard Dreyfuss, pero con Catherine Zeta Jones, David Thewllis y Anthony Hopkins abordo siguen dando pelea, nada más que porque pueden, siguen vivos y (años al margen) mantienen el magnetismo intacto. Los elegí antes, los elijo ahora y elegiré una tercera, una cuarta, una quinta, si las hay, porque me hacen bien y las considero buenas. ¿Lo son? Creo que ya respondí, como me hacen bien, lo son. Y punto.

Un abrazo, Gustavo Monteros
Ah, el título no se refiere al color sino que es una sigla: Retired Extremely Dangerous o sea Jubilados Extremadamente Peligrosos. Dirigió Dean Parisot (La quiere matar, Galaxy Quest y Las locuras de Dick y Jane).

jueves, 28 de marzo de 2013

6 estrenos 6

Estas crónicas son ante todo un servicio. Elegimos uno de los títulos que se estrenan y lo analizamos para que ustedes puedan saber si les interesa o no verlos. Esta semana se estrenan no uno ni dos, sino ¡seis! films. Ninguno de los cuales tengo ganas de ver, más que nada porque estoy de ánimo para un policial negro tipo Barrio Chino, El halcón maltés o La novicia rebelde (uy, La novicia rebelde no es un policial negro, pero como hace dos milenios la daban en Semana Santa, se me coló) y no hay. Bueno, la cuestión es que por más que yo no tenga ganas de ver nada, esto no es óbice (óbice, ¡qué linda palabra!) para que no cumplamos con el servicio, así que al menos reseñaremos dichos estrenos. Allá vamos.



 El primero es una película de terror. La memoria del muerto de Valentín Javier Diment con Horacio Acosta, Raquel Albéniz, Jimena Anganuzzi, Lola Berthet, Belén Brito, Ana Celentano, Rafael Ferro y Gabriel Goity. En general, salvo alguna excepción como El orfanato no hacemos crónicas de películas de terror, por tres motivos. 1) No somos adeptos al género. 2) Debido al punto uno, salvo los viejos clásicos como Frankenstein, el Drácula de Lugosi o los de Christopher Lee o los Halloween de John Carpenter no hemos seguido el desarrollo del género y no sabemos mucho, y como ya hay demasiada gente que habla de lo que no sabe, no queremos sumarnos a la sanata generalizada. Y 3) Los fanáticos del género no necesitan análisis para ver un film, se estrena uno y allá van. Lo sé, soy fana del musical y he visto hasta ¡Grease II!


El segundo estreno es Jack, el cazagigantes de Bryan Singer (Los sospechosos de siempre, El discípulo, X - Men, Superman regresa, Operación Walkiria). Reformulación del cuento infantil clásico de Jack y las habichuelas mágicas en versión súper producción pochoclera. Habrá fantasía, hallazgos visuales, alguna humorada lograda y buenas actuaciones. También… ¡con ese elenco!: Nicholas Hoult, Eleanor Tomlinson, Ewan McGregor, Stanley Tucci, Eddie Marsan, Ewen Bremner, Ian McShane.



El tercero es Proyecto 43, película dividida en cortos de Bob Odenkirk, Elizabeth Banks, Steven Brill, Steve Carr, Rusty Cundieff, James Duffy, Griffin Dunne, Peter Farrelly, Patrik Forsberg, Will Graham, James Gunn, Brett Ratner, Jonathan van Tulleken de humor grueso, absurdo, políticamente incorrecto, de espíritu adolescente, escatológico, con afán de escandalizar. La novedad es que cuenta con un elenco de estrellas como Dennis Quaid, Greg Kinnear, Hugh Jackman, Kate Winslet, Liev Schreiber, Naomi Watts, Emma Stone, Richard Gere, Justin Long, Uma Thurman, Gerard Butler, Seann William Scott, o Terrence Howard. No sé el todo, pero en estos casos, uno que otro corto puede estar logrado.


El cuerto es GI Joe el contraataque de Jon M. Chu con Dwayne Johnson, D.J. Cotrona, Channing Tatum y ¡Bruce Willis! O sea la típica película con músculos, testosterona y cosas que explotan cada cuatro minutos. La veremos en algún momento porque siempre hay un domingo a la tarde de lluvia en el que las opciones son planchar las camisas para la semana o ver una peli de acción elemental y ¡adivinen qué elegimos! Y porque siempre vemos las pelis de Bruce Willis, aunque, querido Bruce, no te digo que hagas Shakespeare (bien podrías, talento no te falta) pero de vez en cuando ¿no podrías elegir un proyecto con alguna clase de argumento o con algo que se parezca a personajes? De más está decir que el querido Bruce ya tomó nota de mi objeción y ya está volando a Suecia para buscar con Liv Ullman un guión perdido de Ingmar Bergman y transformarlo en Duro de matar XVIII.

Respecto del quinto y sexto estreno, copiaremos a The guardian (que decimos que es de Londres, aunque por origen es de Manchester) que analiza tráileres (la viejas y queridas colas). Los tráileres son reveladores. Pueden vender mal una buena película, aunque las bondades de la misma trascienden y se “ven”. Se registra en toda la historia del cine que sólo hubo un caso, uno, de una excelente cola que vendió un film malísimo transformándolo en interesante, atractivo, caso del que nos ocuparemos en alguna otra ocasión.




Según el tráiler, Verano del 79 (Le skylab) de Julie Delpy (actriz identificada por la serie de films de Richard Linklater que compartió con Ethan Hawk: Antes del atardecer, Antes del amanecer, Antes de medianoche) es el viejo y querido relato costumbrista-pintoresco de relaciones familiares y del paso epifánico de la niñez a la adolescencia. Si no anduviera en ánimo de policial negro, quizá me hubiera aventurado a verla.



Y por último La reconstrucción de Juan Taratuto (No sos vos, soy yo, ¿Quién dice que es fácil?, Un novio para mi mujer) con Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero. Este tráiler es muy pero muy singular: cuenta toda la película. Promete ternura, lecciones de vida y por la naturaleza del elenco, actuaciones destacadísimas.

Esperamos haber sido de utilidad. ¡Felices Pascuas! ¡Feliz Fin de Semana Súper Largo!
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 19 de octubre de 2012

Moonrise Kingdom - Un reino bajo la luna




Con Moonrise Kingdom – Un reino bajo la luna, Wes Anderson se gana el derecho al adjetivo. Tal como en algún momento de sus carreras, Visconti, Fellini o Bergman se ganaron el derecho a que aspectos de su cine se definieran como Viscontianos, Fellinianos o Bergmanianos. Ya hay un cine Andersoniano que se reconoce al primer fotograma. Los tableaux (la distribución de los personajes como si estuvieran en un cuadro), la consistente paleta de colores o tramas (la escenografía y el vestuario presentan matices de un mismo color o de colores hermanos que se engarzan con patrones afines), el humor asordinado, implosivo casi, la aparente distancia emotiva de los conflictos que más que vivirse en carne viva lucen como la recreación de un viejo dolor. Y los personajes. Únicos. Seres desencantados, frustrados, un poco deprimidos pero con un resto de voluntad para intentar una peripecia que los rescate.


Si han visto alguna de sus películas (Bottle Rocket (Buscando el crimen, 1996), Rushmore (Tres son multitud, 1998), The Royal Tenenbaums (Los excéntricos Tenenbaums, 2001), Vida acuática, 2004 y Viaje a Darjeeling, 2007) tienen ya una idea clara de lo que hablo.


Moonrise Kingdom – Un reino bajo la luna transcurre en la isla imaginaria de Penzance en 1965. Y como el título sugiere hay algo de cuento para chicos. Las fugas de dos preadolescentes motorizan el relato. Sam (Jared Gilman) huye de un campamento de scouts y Suzy (Kara Hayward) se escapa de la casa de sus padres (el inmenso Bill Murray y la no menos grande Frances McDormand). Y no cuento más para no arruinarles el gusto de descubrir lo que sigue. Básteme decir que habrá epifanías del primer amor y que como siempre en Anderson, los adultos son como niños y los niños como adultos.


A las singularidades de la puesta en escena, se le suma una bella partitura de Alexander Desplat, con obras de Benjamin Britten como invitadas de lujo. Y el elenco es maravilloso. Del primer niño al último adulto prodigan expresividad. A los mencionados, hay que agregar a Edward Norton, Tilda Swinton, Jason Schwartzman, Harvey Keitel, Bob Balaban, y dejo para el final a mi favorito en ésta y en tantas otras películas: Bruce Willis, que ratifica ¿alguien acaso lo duda? ser un gran actor. 


Faltaría a la verdad si no dijera que es una de las películas más hermosas y elegantes que vi en mi vida. Perdonen mi arrebato de entusiasmo, pero es una de las mejores películas que veremos este año. Si no han tenido la dicha de ver alguna de sus películas anteriores (hasta la menos lograda libera endorfinas) Moonrise Kingdom – Un reino bajo la luna es la introducción perfecta a una visión del mundo que de ahora en más sólo puede calificarse de Andersoniana.

Un abrazo, Gustavo Monteros

domingo, 31 de octubre de 2010

RED

RED de Robert Schwentke es el típico delirio pochoclero semanal, con tiroteos ensordecedores, persecuciones vertiginosas, carísimos efectos especiales, ya amortizados porque los hemos visto miles de veces, y “sorprendentes” giros argumentales que vemos venir antes de que se le ocurran al diseñador de la historia. Más una módica cuota de humor. Lo de siempre. Sólo que esta vez redimido por un elenco de notables en plena forma. Bruce Willis, aunque maduro, sobrelleva todavía con credibilidad el cetro de superhéroe de acción. Su carisma sigue intacto y su timing para la comedia, impecable. Morgan Freeman es Morgan Freeman y está todo dicho. Haga lo que haga obtiene nuestra incondicional adhesión y siempre se las arregla para devolver con su inconmensurable humanidad la plata de la entrada. John Malkovich se ríe del paso de los años y de su aura de actor intelectual. No le preocupa verse gordo, viejo y pelado. Se encoje de hombros y bromea, c’est la vie. Mary Louise Parker, como en la serie Weeds, hace de la frescura su principal artificio actoral. Y no intento una contradicción de términos sino la descripción del uso de su talento. Así como Carina Zampini logra que el empaque melodramático sea su marca de fábrica, la Parker exhibe la frescura como la principal impostación actoral que la define. Es el interés romántico del personaje de Bruce Willis y por suerte para el espectador la química entre ellos es buena. Se respetan y amalgaman bien la simpatía que despiertan. La gran Helen Mirren saca de paseo un glamour otoñal que papeles más comprometidos no le permiten. Se la ve muy hermosa y elegante. El rojo carmesí en los labios le sienta muy bien. Y en las réplicas demuestra que aprendió la lección que Maggie Smith nos enseñó a todos: el remate, ya sea de gesto o inflexión, en el último segundo, casi como un reflejo tardío o una súbita inspiración incontenible. Una pirueta que demanda una confianza ciega en los propios medios y una inteligencia aguda y despierta. Otra impostura, claro. Pero actuar, como repetía Marcello (Mastroianni, claro) es antes que nada y por sobre todas las cosas, un juego.


Una película que cumple con el onceavo mandamiento del viejo Hollywood: un proyecto puede ser trillado, pero si le da a las estrellas que lo llevarán a cabo la oportunidad de lucir sus galas y renovar su romance con el público, se volverá respetable y, con un poco de suerte, hasta inolvidable.


Tiene además dos características notorias que parecen estar volviéndose tendencia. El título es una sigla R(etired) E(xtremely) D(angerous) o sea jubilados extremadamente peligrosos. Como pasaba en Los indestructibles de Stallone, Bruce Willis y sus amigos son jubilados de la CIA u organismos afines que regresan a la acción con mañas sazonadas por años de experiencia. Una excusa para reciclar estrellas que todavía pueden producir un dólar. Algo así como Aguanten Los Jubilados. Y dos, los enemigos pertenecen a esferas cada vez más alta (muy bien Rebecca Pidgeon de trajecito y tacos agujas como la yegua (en sus dos acepciones populares: mala y sexy) de Jodie Foster en El plan perfecto). Si siguen así, el próximo enemigo será el mismísimo Dios. Ah, simpatiquísimas las participaciones de Richard Dreyfuss y Ernest Borgnine.


Si le caen bien algunos de estos actores, provéase de sus golosinas favoritas, desparrámese en la butaca y deje que lo entretengan, que no sólo de películas serias, profundas e independientes, vive el hombre.

Un abrazo,
Gustavo Monteros

Cine y política


Cuando David Niven murió, en el sepelio recibió una inmensa corona de flores. Digna de un capomafia, se rio The Times. Sorprendía aun más quienes se la habían mandado: los changarines del aeropuerto Heathrow de Londres en agradecimiento por su don de gente. El viernes 29, a eso de las 10 de la mañana, cuando se cerraron las puertas de acceso a la capilla ardiente por primera vez, aparecieron los mozos de la Casa Rosada, dolidos y emocionados, a presentar los últimos respetos. Y yo, al menos, tuve la corroboración de lo que ya sospechaba, que Néstor, como David Niven, era un buen tipo. Es ante los que, por su modesto trabajo, no se los considera testigos, cuando las máscaras caen y la verdad se revela.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Se suspende por mal tiempo

Siempre hay una época del año en la que hallar una buena película es tan difícil como encontrar la tan mentada aguja del pajar. No busco una película que sea estimulante intelectualmente, particularmente conmovedora o entretenida singularmente sino una que no sea tan mediocre, mala o aburrida.


Y cuando las opciones son entre poco interesante o menos interesante, uno se neurotiza.


Desde Moonlighting soy socio vitalicio del club de admiradores de Bruce Willis, y si bien Identidad sustituta no deslucirá en su currículum tampoco le aportará nuevos laureles. Ya cumplí con mi membrecía en el club, la vi. Para verla dos veces, no da…


Y con gusto inauguraría el club de admiradores de Rachel Weisz filial La Loma, pero aunque está deliciosa en Los estafadores, ésta es una película tan vistosa como vacía, lo que de ningún modo amerita una segunda visita.


Y de Robert Downey Jr no soy hincha, soy directamente barra brava. Es un artista con mayúsculas y su pelea contra las adicciones me conmueve tanto que si rezara lo incluiría en mis oraciones. Y ¡pobrecito! en El solista le toca decir algunas líneas imposibles, pero se las apaña y sale adelante. El que no pie con bola es Jamie Foxx, hace lo que puede pero se hunde sin remedio, junto con la película, un bodrio bien pensante, bienintencionado y mortalmente aburrido.


Porque duraron una mísera semana en cartel, no llegué a ver Homero de Eduardo Spagnuolo ni Horizontal/Vertical de Nicolás Tuozzo que prometían elementos de interés.


En vano esperé que llegara a los cines locales Nunca estuviste tan adorable, la versión cinematográfica de Mausi Martínez de la maravillosa y excepcional obra teatral de Javier Daulte. Y más vale que me vaya despidiendo de la esperanza de ver Lejano del director turco Nuri Bilge Ceylan, en Buenos Aires se exhibe en DVD.


Y no estoy tan libre de prejuicios como me gustaría imaginarme: Las viudas de los jueves y Cuestión de principios me dan miedito. A pesar de los buenos antecedentes de Marcelo Piñeyro, Las viudas mucho no me atraen porque leí la novela y no me gustó nada, nada. Y respecto a Cuestión de principios se me fue la curiosidad de verla porque en los reportajes previos al estreno los actores y el director la desmenuzaron tan al detalle que no dejaron sorpresas por descubrir.

A Papá por un día, la vería si me pagaran… mucho. Nicolás Cabré es un actor tan limitado como sobrevaluado, por Dios, sáquense las anteojeras y devalúenlo de una vez. Entre nosotros parece buena y está multipremiada. Pero es sobre problemas de pareja y alemana. La pareja en sí es un problema y no tengo nada contra los alemanes, pero últimamente los prefiero en comedia. Hablando de comedias, Nia Vardalos, ¿qué te pasó, perdiste la gracia con los kilos? Si ése es el precio, la silueta no te sienta. Mi vida en Grecia es tan divertida como contar moscas en el cielo raso.


Hablando de actrices, Hiam Abbass es una actriz talentosa y muy hermosa a la que vi en Visita inesperada y Paradise now. Ahora está en El árbol de lima. La vería pero dos cosas me rebelan. Vi las colas los últimos dos meses que fui al cine y parece tan cargada de alegorías que ya me resulta pesada e indigesta. Y segundo, mi infancia catamarqueña me obliga a que diga: no, muchachos, ésas no son limas, ¡son limones!


Si exceptúo las películas de terror (no, gracias) y las infantiles (muchachos de Disney, por respeto a la salud mental de las niñas del planeta, córtenla con la saga de Tinkerbell que ya dan ganas que exista el Raid mata-hadas-y- polillas), me queda El corredor nocturno. La veré por gratitud a Miguel Ángel Solá… en otro momento.


Cuando voy a salir, el cielo se oscurece y se raja un trueno. El mentiroso canal TN insiste con el alerta meteorológico. Decido creerle, miente en muchas cosas, pero en el pronóstico todavía no. Desensillo y me voy a dormir la siesta. Porque como dice la hermosa canción de Kevin Johansen que ahora usan en una propaganda: “¡Qué lindo que es soñar! Y no te cuesta nada más que tiempo…”
Un abrazo,
Gustavo Monteros