Y Cannes llegó y se fue. Dejó (algunos dicen que más
pronunciados, no sé, no creo) lo que deja estos último años, decepción y
desasosiego. Es que los autores (grandes maestros ya no hay) andan anonadados
ante el advenimiento de la ultraderecha por todos lados. No es que los
muchachos no sepan qué decir, es que la ultraderecha, que es terraplanista y
esas cosas, tira todo tan para abajo que desorienta. Es muy bajo caer en su
terreno, pero si elevás la respuesta, ¿entienden algo sus seguidores?
En este Cannes, como es habitual, hubo polémica con los
premios. Mínima esta vez, porque la discusión estuvo en el orden. Al margen de
los específicos (mejor director, guion, actor, actriz), el jurado da tres
premios que se suponen sin orden de mérito. Pero hay quienes los ven como
primer premio (la Palma de Oro), segundo (Grand Prix) y tercero (Gran premio
del jurado)
La palma se la llevó Fiordo del rumano Mungiu, el Grand
Prix, Minotauro del ruso Zviaguintsev que competía por Letonia, y el
gran premio del jurado fue para The Dreamed Adventure de la alemana
Grisenbach.
La polémica está en el supuesto orden, hay quien dice que Minotauro
tendría que haber tenido la Palma, y Fiordo el gran premio del jurado y
eso.
Y el del director fue ex-aequo entre los Javis (Javier
Calvo y Javier Ambrossi) españoles ellos, por La bola negra, y el polaco
Pawlikowski por Fatherland.
Hubo, habitual también, mucho LGBTQ+, La bola negra
muestra tres generaciones de gays perseguidos en España y los dos protagonistas
de la belga Coward ganaron por mejores actores y encarnan una historia
de amor en una compañía de teatro en el frente de la Primera Guerra Mundial (el
premio a la mejor actriz también fue doble, las dos protagonistas de All of
a Sudden, un gran drama sobre agonías)
Ah, el mejor guion fue para el francés de Notre Salut,
que cuenta las desventuras reales de su abuelo, un arribista en el gobierno de
Vichy en la Segunda Guerra)
The Dreamed Adventure,
dicen, es elusiva y misteriosa, o sea hay cosas que quedan poco claras, pero se
supone habla del tráfico de personas. Fatherland es sobre el regreso de
Thomas Mann a su país después de la guerra. Minotauro es sobre la
corrupción de algunos rusos en el comienzo de la guerra con Ucrania, y Fiordo
sobre el choque de culturas entre unos emigrados rumanos, muy conservadores y
fanáticos religiosos y los servicios sociales noruegos. Estos rumanos castigan
corporalmente a los hijos y se permiten manipulaciones psicológicas que los
noruegos no pueden aceptar.
La crítica es que el retrato termina por iluminar el
comportamiento de los rumanos y que los progresistas servicios sociales
noruegos son demonizados en sus rigideces categóricas y estrechas. Los bien
intencionados dicen que una crítica tan feroz puede invitar a que estos
servicios, que hacen en general un muy buen trabajo, sean eliminados.
Nosotros ya sabemos que es un planteo falso. Los
progresismos ganados no desaparecen por funcionamientos discutibles sino per
se. Aquí, por ejemplo, la secretaría de la mujer no se cerró por mal
funcionamiento sino solo por existir, por ideología. La ultraderecha no anda
con sutilezas.
Este año todo el Palmarés de la Competencia Oficial es muy
vendible (El de Un Certain Regard hasta un cierto punto, también. Fiordo,
Minotaur, Fatherland, La bola negra, Coward funcionarán muy bien en
boleterías y se desempeñarán con eficacia en la temporada de premios.
El año pasado no pudieron vender la película, La petite
dernière por la que Nadia Melliti ganó el Premio a la Mejor Actriz del
Festival. Se distribuyó escasamente cuando el presente Festival ya se
inauguraba.
Dicen que The Dreamed Adventure con su Premio del
Jurado es elusiva, sutil y deja muchos puntos suspensivos, todo lo cual no
augura una apertura exitosa al gran público. Como El agente secreto el
año pasado. La película brasileña era maravillosa, pero demandante. Ostentaba
una narración típica de los años que evocaba, los setenta, y hubo gente no
entrenada en esas escrituras, que se perdió en los meandros expositivos.
También el año pasado, entre las que concursaron y no se
llevaron ningún premio, como Eddington, probaron ser huesos duros de
roer para el público popular. Este año tanto The Man I Love, con sus agonías,
subgénero exitoso, o Paper Tiger y su mafia rusa en EEUU y la coreana Hope
y sus monstruitos pueden venderse muy, muy bien.
Después Gentle Monster y su marido abusador desatará
el morbo y puede que lleve gente al cine. Y las sutilezas de Nagi Notes
también pueden hallar público dispuesto.
Las ganadoras, por Mejor Actriz, incluye a una estrella
carismática como pocas (Virginie Efira) en otro drama de agonías, hordas de
gente con pañuelos descartables se avizoran. Los actores ganadores se lucen en
un drama de amor, que sea queer no le resta atractivos.
En Un Certain Regard, el actor ganador protagoniza (Bradley
Fiomona Dembeasset) una película, Congo Boy, de salir adelante y
triunfar en concursos, (muy Hollywood, a decir verdad) y las actrices ganadoras
(Marina de Tavira, Daniela Marín Navarro, Mariangel Villegas. están en un drama
de familias disfuncionales, Siempre soy tu animal materno, ¡plin!, ¡caja!
Como sea, las ofertas vistas en Cannes siguen siendo la
esperanza de un año cinematográfico no muy árido. No esperen nada superador
desde Hollywood. En los próximos días llegarán del maestro Spielberg (Disclosure
Day / El día de la revelación) y del siempre atendible Ridley Scott (The
Dog Stars / La constelación del perro / La guerra de los últimos) y a
juzgar por los tráileres, más de lo mismo, de lo que ya hemos visto hasta el
hartazgo.
Gustavo Monteros






