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jueves, 5 de diciembre de 2013

Machete kills




Machete kills es un delirio gozoso como pocos. A los que ya vieron Machete (2010) no tengo nada que explicarles, a los que no, les cuento que es otro sinsentido mayúsculo de Robert Rodríguez (El mariachi, La balada del pistolero, Del crepúsculo al amanecer, Mini espías, Érase una vez en México, Planet terror) en el que parodia, como su socio frecuente Quentin Tarantino, los deliciosos absurdos del peor o mejor (en la desaforada explotación comercial suelen ser lo mismo) cine B.

Dany Trejo es Machete y ahí está el primer chiste. Se supone que es un súper héroe de acción y el hombre es madurito, para decirlo con amabilidad, y como corresponde a la raigambre de ciertos protagónicos, pétreo. Su única expresión monolítica le sirve para todo. Como en el arquetípico caso del recordado Charles Bronson, su atractivo radica en una pronunciada fealdad.

En este film por requerimiento del presidente de los Estados Unidos (nada más ni nada menos que ¡Charlie Sheen!, quien figura en los créditos con su nombre verdadero, Carlos Estévez) se ve envuelto en la tarea de recuperar un explosivo en manos de un narcotraficante dual (esto de la dualidad hay que verlo) encarnado por el talentoso, Demian Bichir. Habrá complicaciones varias a cual más desmelenada y aparecerán indescriptibles personajes variopintos como una reina de la belleza con ingredientes, la bella Amber Heard, una madama de armas tomar, la contundente Sofía Vergara, una ex compañera de correrías de puntería infalible y eso que tiene un parche que le tapa un ojo, la escultural Michelle Rodríguez. Y un asesino tan pero tan misterioso que se llama El Camaleón y que permite, no, eso mejor no lo cuento. El súper villano es ahora Mel Gibson (en la anterior lo fue Robert De Niro) y como todo villano de película ofrece chances de gran lucimiento que Gibson aprovecha a ultranza (sus escándalos en la vida real tienden a hacer olvidar que el hombre es un actor muy completo de envidiables recursos). Bah, todos en realidad están tan deliciosos como sus personajes. Hay, claro, un poco de gore (truculencias sanguinolentas), nada que espante a nadie por el humor con que está inserto.

Como en toda parodia, los que estén familiarizados con los desbordes del cine B o hayan leído unas cuantas historietas, disfrutarán mejor los  guiños. Aunque como se trata de cine popular no es necesaria cultura alguna para ver este supremo disparate y liberar endorfinas.

En algún momento hay un chiste que promete la continuación de la saga, ojalá no sea un chiste y haya Machete para rato.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 31 de agosto de 2012

Vacaciones explosivas





Mel Gibson es un hombre complicado (para decirlo amablemente). Se permitió comentarios homófonos pesados, exabruptos xenófobos y si hemos de creerle a las ex esposas (en los juicios de divorcio se puede llegar a decir cualquier cosa, son un strip tease emocional no siempre veraz) es un misógino violento. O sea que sin pelos en la lengua podríamos decir que es un ser humano despreciable. Y sin embargo es un artista atendible. La historia de las artes nos enseña que no es una paradoja infrecuente. Muchos grandes han sido miserables en la intimidad.

Mis amigos saben que hubo una época en que le tuve particular afecto y simpatía. Lo conocí como casi todos por Mad Max, que no en vano le dio proyección internacional. Después vino el inolvidable período con Peter Weir con quien hizo dos películas maravillosas: Gallipoli y El año que vivimos en peligro. Se convirtió en súper estrella de acción con Arma mortal, puesto que defendió con El rescate, El complot y El patriota, se lució en la comedia con Dos pájaros a tiros, Maverick y Lo que ellas quieren, fue un buen Hamlet para Zeffirelli, hizo un despropósito con Win Wenders (El hotel de un millón de dólares) y descolló en la dirección con Corazón valiente y la polémica Pasión de Cristo. Y se portó muy bien en el peor período de Robert Downey Jr. Lo hizo protagonizar la más que interesante El detective cantante, cuando Hollywood estaba dispuesto a lincharlo por caótico, alcohólico y drogadicto.

Y en medio de todo eso, el desbarrancamiento comenzó, se fue de boca varias veces, terminó en la Corte y troqué afecto y simpatía por desilusión y distancia. Y como casi todos también, me tuve que tragar el juicio moral lapidario cuando estrenó la excepcional Apocalypto. Hasta sus detractores más feroces tuvieron que reconocer su valía. Pero siguió metiendo la pata al reincidir con más barbaridades. Hizo un buen policial, Al filo de la oscuridad, del que De Niro huyó por diferencias con el director Martin Campbell. Sobrevino un divorcio sangriento con detalles escabrosos y su amiga Jodie Foster vino al rescate y le sacó su mejor actuación dramática hasta la fecha: La doble vida de Walter. Y otra vez sus detractores debieron tragarse los chistes ponzoñosos y reconocer que tiene talento.

Ahora regresa con una buena película que será maltratada, vilipendiada o ignorada, y sin duda rescatada cuando sobreviva en el cable. Vacaciones explosivas (Get the gringo) es un film cínico y nihilista que se contacta con Revancha de Brian Helgeland que protagonizó en 1999. Coincido con el crítico de The Guardian que dijo que de no haberse mandado Mel Gibson tanto moco en su vida, Get the gringo/ Vacaciones explosivas sería saludada por lo que es, una buena película de acción que cualquier actor querría tener en su currículum.

El tráiler que adjunto, creativo y original, les da una idea que no es un resabio del cariño que le tuve el que habla. Dirigió Adrian Grünberg, el guión es de Grünberg y Gibon y fue, claro, producida y protagonizada por Gibson.

Un abrazo, Gustavo Monteros

sábado, 27 de febrero de 2010

Al filo de la oscuridad

Tras ocho años sin protagonizar una película y después de cinco años de no estar frente a una cámara, Mel Gibson regresa a la actuación. Ya se sabe, el narcisismo y la coquetería no les son ajenos a las estrellas de cine. Mel Gibson los evidencia por el opuesto de lo que es habitual. A los 54 se esfuerza por no aparentar un años menos de los 79, y con un corte de pelo no muy sentador procura que sobresalgan sus feas orejas y que se le note que se volaron algunas chapas. Sus ojos siguen siendo claros y su carisma está intacto.


Vuelve en un atendible thriller. Thomas Craven (Gibson), un detective de la policía de Boston, recibe la visita de la hija (Bojana Novakovic), a quien matan. En un comienzo se piensa que el disparo estaba dirigido a él, pero no. La trama, basada en una miniserie de la televisión británica de 1985, mezcla astutamente el tema del padre vengador de los viejos westerns con las trapisondas de las corporaciones, tan presentes en los films de los setenta.


Martin Campbell, quien estuviera a cargo de la miniserie original, es un buen director de películas de acción (Goldeneye, Casino Royale, la saga de El Zorro con Antonio Banderas, entre otras). Conduce con seguridad y elocuencia un material que conoce de primera mano y evita (¡Dios lo bendiga!) los desquicios berretas de los thrillers pochocleros. Entrega un film adulto, entretenido y hasta por momentos reflexivo.


Mel Gibson redondea una actuación sentida y medida. Conmueve con su cara esculpida por profundas arrugas y se permite algunos lujos actorales como en la escena posterior a la muerte de la hija. La cámara lo toma de espalda, sentado en un sofá, toda la actitud corporal es de entrega a una pena infinita. Sin embargo cuando la cámara gira para tomarlo de frente, su rostro refleja que la furia pelea con el dolor y gana. Detalle magistral de actor que no ha transitado al pedo por tantos protagónicos.


El gran Danny Huston vuelve a lucirse. Aunque revela más que oculta cosas, porque a menos que haga de Orson Wells, sabemos que es el villano de turno. Pero es imposible prescindir de él si se quiere algo más que un malo de historieta.


Ray Winstone está perfecto en el papel que Robert DeNiro dejó después de algunos días en el set por diferencias creativas con Martin Campbell. Sin ser injusto con Winstone, es una pena que DeNiro no esté. Gibson y DeNiro tienen en común una manera muy “masculina” de atacar los roles, y verlos juntos hubiera sido un placer adicional.

Un abrazo,
Gustavo Monteros

viernes, 8 de enero de 2010

Enamorándome de mi ex

Meryl Streep, como todo grande, desata pasiones abrasadoras u odios furibundos. Saben de qué lado estoy. Procuro escribir sobre sus películas ya que atraviesa un período excelente. Dos amigas, que le tienen tirria, desestiman mi apreciación de Meryl diciendo que es porque le tengo “cariño”. Quisiera que entraran a YouTube y que vieran una detrás de la otra las “colas” de Mamma mía, La duda, Julia y Julie y Enamorándome de mi ex y que luego me dijeran si mi admiración es producto sólo de mi amor. No creo que lo hagan, no por darme la razón sino para seguir detestándola.


Meryl es lo mejor de Enamorándome de mi ex. No hace una caracterización como en Julia y Julie, parte de su persona y de la imagen que proyecta y da una actuación cómica “realista”. Llena cada segundo que está en pantalla con matices, intenciones, emociones, y redondea otra actuación magistral inolvidable. Y que me lo discutan… si pueden.


Lo demás es mérito o culpa de Nancy Meyer, la autora y directora. Nancy ha patentado la fórmula de la comedia bonita, superficial y encantadora que roza temas “importantes” que alientan las fantasías de las mujeres de edad mediana. Su método es hacer que las protagonistas se corran de su vida cómoda por un rato, aprendan algo a través de una relación y terminen más sabias y satisfechas sexualmente. Revitaliza los lugares comunes del género con módica creatividad, escasa gracia y poco cinismo. Pero sus films son destacables y quizá memorables por las oportunidades de lucimiento que reciben sus protagonistas. Cuando se enumeran sus obras es relevante mencionar sus elencos. Lo que ellas quieren (What women want, 2000) Mel Gibson, Helen Hunt, Alan Alda, Marisa Tomei, Bette Midler; Alguien tiene que ceder (Something’s gotta give, 2003) Diane Keaton, Jack Nicholson, Frances McDormand, Amanda Peet; El descanso, el amor no se toma vacaciones (The holiday, 2006) Cameron Diaz, Kate Winslet, Jude Law, Jack Black, Eli Wallach, Edward Burns, Rufus Sewell, su única aventura con gente más o menos joven. Su primer film es el menos personal, un encargo de la factoría Disney: Juego de gemelas (The parent trap, 1998) con Lindsay Lohan, Dennis Quaid y Natasha Richardson. El más interesante quizá sea el que protagoniza Mel Gibson, que casualmente es el que tiene otros guionistas.


En el caso que nos ocupa, el estúpido y obvio título en castellano nos cuenta toda la historia: Enamorándome de mi ex. El título original en inglés, sin ser un dechado de ingenio, es un poco más sutil: It’s complicated (Es complicado).


Es agradable de ver, se sigue con interés y provoca algunas sonrisas. La Meyer hace cine pochoclero para mujeres, el equivalente femenino de los tanques de acción para hombres. De nuevo no se desintegrará en el olvido por la magia de los actores. Como ya dijimos, Meryl está soberbia. Alec Baldwin desempolva su bagaje de trucos, que no son pocos. Lo que llama la atención es el opaco personaje que le tocó en suerte a Steve Martin. Aprovecha, eso sí, para dar una lección de humildad y generosidad. De todos modos, se extraña su luminoso histrionismo, pero ¿quién podría culparlo por aceptar un personaje menor y poco carismático si el precio a pagar es tener todas las escenas con la impar Meryl?

Un abrazo,

Gustavo Monteros