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jueves, 24 de octubre de 2019

La lavandería


La lavandería de Steven Soderbergh es un panfleto, una pieza de barricada, y por lo tanto, de pretensiones didácticas. Es una farsa cinematográfica de fuerte impronta teatral. Al verla los nombres de Bertold Brecht, George Bernard Shaw y Darío Fo se nos vienen a la cabeza. De Brecht toma las pequeñas historias para ilustrar su discurso, de Shaw la sorpresa ilógica de que son los perpetradores de la estafa, Jurgen Mossack y Ramón Fonseca (Gary Oldman y Antonio Banderas, respectivamente) los que tienen la voz cantante y de Fo, el humor salvaje, desprolijo casi.


Pero arranquemos por el principio que no todo el mundo tiene la obligación de saber de qué va esta lavandería. En este filme Soderbergh pretenda abarcar causa y efectos que desató el escándalo de los Panamá Papers.


Varias historias se enlazan alrededor de la que tiene a Meryl Streep de protagonista como un ama de casa que a raíz de un accidente comienza a desenrollar un ovillo que termina en Panamá.


Aparte de los tres actores ya mencionados, habrá apariciones de notables como Sharon Stone (curvilínea como siempre), David Schwimmer, Robert Patrick, Will Forte y Chris Parnell (como dos turistas de tristes destinos), Matthias Schoenaerts (que despierta el dragón de Oriente), Jeffrey Wright (como un hombre de firma fácil y familias múltiples) y la sorpresa de un personaje que parece una caracterización de Patti LuPone, pero no lo es.


En un momento de la trama, el personaje de Meryl y otra víctima del accidente intentan explicarle a una periodista frívola y tarambana en qué consiste la estafa de las offshores, sin lograrlo. La película intenta hacer lo mismo, y en el fondo tampoco lo logra. De todos modos, el final de meridiana pedagogía, subraya la consecuencia bíblica del capitalismo o sea el triunfo de la codicia. De la desesperanza dan ganas de agarrar del cogote al rico más cercano.


La lavandería puede verse en Netflix.

Gustavo Monteros

jueves, 18 de febrero de 2016

La chica danesa



La chica danesa es la historia de una de las pioneras en someterse a una operación de cambio de sexo, Lili Elbe (Eddie Redmayne), que antes fuera Einar Wegener, un pintor dinamarqués casado con Gerda (Alicia Vikander). Transcurre en los años veinte del pasado siglo en Copenhague, París, Bruselas y Berlín. La época y los lugares no son un detalle menor, porque el director Tom Hooper (El discurso del rey, 2010, Los miserables, 2012) los prioriza de tal modo que a veces más que enmarcar la historia son el epicentro.


En el principio Einar y Gerda son un feliz matrimonio de pintores, la única nube es la diferencia de repercusiones que obtienen sus trabajos. Él pinta admirados y exitosos paisajes tristes y ella, elocuentes retratos que no llaman la atención. Un día ante el retraso de su modelo, la bailarina Ulla (Amber Heard), Gerda le pedirá a Einar que se ponga unas medias de seda y unas zapatillas doradas. Y así, casi sin querer, habrá nacido Lili, que coqueteará primero con Henrik (Ben Whishaw) y que después, en París, a instancias de Gerda, se reencontrará con Hans Axgil (Matthias Schoenaerts) que le diera el primer beso, entre juegos, en la cocina de la infancia.


Técnicamente estamos ante una biopic (película biográfica) como el 99, 99 % de las películas que veremos este año. Sabrá Dios por qué, pero a casi todos los directores, el cartelito de “Es una historia real” que tanto aman los productores, les desata una parálisis intimidante que los lleva a ser engolados, solemnes, pomposos, encorsetados. Y en este caso, a Tom Hooper, aparte de la reverencia hacia sus protagonistas, a los que trata con simpatía, adhesión, aunque con mucha superficialidad, se le da por engolosinarse con el art nouveau y los paisajes y le otorga protagonismo a Eve Stewart (Diseño de Producción), a Paco Delgado (Diseño de Vestuario) y a Danny Cohen (Director de Fotografía). O sea que en vez de poner sangre o pasión, cede ante una súbita vocación de ilustrador, de vidrierista.


Eddie Redmayne, por su delgadez, su lindura, bah, para qué vamos a andar con vueltas, su androginia, es el actor ideal para este personaje. Y como el año pasado en que se retorció para ser Stephen Hawking en La teoría del todo, se entrega al juego de ser mujer sin pudores ni melindres. Lástima que el guión y la película lo dejen en el reflejo del espejo, sin adentrarse en las profundidades del ser frente al espejo. Alicia Vikander da una Gerda solidaria, que se entusiasma cuando cree que se trata de un juego erótico y se muestra reacia después, mientras comienza a perder a su marido, aunque el amor la guíe siempre y le evite equivocarse demasiado.


En resumen, una película más que políticamente correcta, irreprochable, que promueve la comprensión y la tolerancia, que será vista primero por los conversos y que ojalá en algún momento les llegue a los retrógradas de siempre que necesitan un poco de apertura mental, a ellos les resultará edificantemente educativa, incluso, los demás extrañarán que no se hayan ahondado las contradicciones, los dobleces, los anhelos, las lujuriosas escapadas, que se perfilan, pero no se muestran del todo, como si no se quisiera ofender a Gerta. Y ya se sabe, el pudor es de buen gusto, pero no hace arte del bueno.

Gustavo Monteros

jueves, 18 de diciembre de 2014

La entrega



Bob (Tom Hardy) es el barman de pocas pero precisas palabras en el ex bar del primo Marvin (James Gandolfini). El cómo y el por qué Marvin perdió el bar es tema recurrente entre ambos y será relevante en el desenlace de la historia. Y aunque Marvin ya no lo posee, todavía lo regentea, como fachada de sus verdaderos dueños, unos capos de la mafia chechena que lo usan para lavar dinero. Todo arranca un 27 de diciembre, en Brooklyn, de modo que el frío corta hasta el aliento. De camino a casa, muy tarde, Bob descubre un cachorro muy lastimado en el basurero de Nadia (Noomi Rapace). Que el pobre perrito esté allí no es casual porque cuando aparece el ex novio de Nadia, Eric (Matthias Schoenaerts) y cuando en el bar…


La entrega es en el primer guión firmado por el novelista Dennis Lehane y se basa en su novela corta o cuento largo Animal Rescue. El asunto tiene su importancia porque el hombre ya tiene su historia en el cine, dado que sus ficciones dieron pie a celebradas películas, tales como Río Místico (2003) de Clint Eastwood, Desapareció una noche (2007) de Ben Affleck o La isla siniestra (2010) de Martin Scorsese.


La entrega es un atrapante policial de personajes y la trama progresa tanto por lo que son como por lo que hacen. No hay aquí espectaculares o frecuentes despliegues de violencia y cuando esta aparece es breve y decisiva.


El film marca el debut en Hollywood del director belga Michaël R. Roskam que viene de dirigir la fabulosa Bullhead o Rundskop (2011) un drama policial de aquellos, no casualmente protagonizado para el recuerdo perenne por Matthias Schoenaerts, actor talentoso como  pocos que por suerte veremos pronto en unas cuantas películas.


Es una pena que La entrega se estrene en fechas ideales para pasar desapercibida. Por favor, si su cabeza no está ganada, para bien o para mal, por las fiestas que se aproximan, no se la pierda. Es una muy buena película. Algo para nada frecuente.

Un abrazo, Gustavo Monteros