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jueves, 12 de octubre de 2017

Estrenos del 12 de octubre

Otra semana en que no puedo ir al cine, pero que no sea impedimento para que informemos.


En La Plata hay varios estrenos. Entre ellos dos chick-movies, o sea películas orientadas primariamente para las mujeres.



Arranquemos con la francesa. El nombre original de este film de Blandine Lenoir ya era indicativo de sus pretensiones simbólicas o alegóricas, Aurore, o sea Aurora, que entre nosotros aparte de canción patria, es como en la Francia de donde proviene, sinónimo de alba, amanecer, inicio. Los distribuidores decidieron que no era lo suficientemente obvio y lo rebautizaron 50 primaveras. Hasta no hace mucho, 50 años era el ocaso, el otoño, la declinación, la antesala del final y, hoy, gracias a los cielos es otra aurora, un recomenzar, el disfrute de una bienvenida madurez (¡cómo se nota que estoy en esa franja etaria!). Debido a eso (no a mi edad, sino a que la vida abre otra posibilidad) hay en el cine contemporáneo una variante geriátrica que acumula títulos. La protagonista esta vez es la simpatiquísima Agnès Jaoui. A su Aurore, según el tráiler y el resumen de prensa, le pasan unas cuántas cosas algunas no muy agradables, como quedarse sin trabajo o tener que asumir un abuelazgo casi sin anestesia. Aunque, como según el dicho, la vida aprieta pero no ahorca, la buena de Aurore se reencuentra con el gran amor de su adolescencia. Y ya se sabe, los amores juveniles puede que sean imperfectos, pero son iniciáticos y no se olvidan. El afiche prefigura bienvenidos finales felices, sabrá Dios si es así. 

Al director hawaiano Destin Daniel Cretton le tocó en suerte dirigir El castillo de cristal, drama de reconciliación. Brie Larson (ganadora del Óscar por La habitación) debe apaciguar la furia que le provoca haber sido criada en un hogar disfuncional, comandado por una madre que es una artista excéntrica (the divine Naomi Watts) y un padre alcohólico (el siempre talentoso Woody Harrelson) que durante toda su infancia se comportaron como nómadas disconformes. Hoy estoy con los dichos tradicionales y digo, la suerte de la fea la bonita la desea, a lo que voy es que tendemos a desear lo que no tenemos o tuvimos. Mi infancia fue convencional, con padres integrados a las normas sociales. La agradezco y les agradezco, pero me hubiera encantado que mis padres fueran disparatados o al menos un poco estrambóticos. No es el caso de las hijas adolescentes de las series Homeland (primera y segunda temporada) y The Americans (historia impecable que concluirá el próximo año), tendencia a la que se suma ahora este personaje de Brie Larson, que resienten que sus padres no fueran burgueses regulares. La familia es la familia y en algún momento hay que aceptarla como es. Según el tráiler hay muchas lágrimas, habrá que ver si se las contagian a los espectadores.

Seguimos con dos estrenos dirigidos primordialmente a los varoncitos. El sueco Tomas Alfredson (que se hizo famoso con una hermosa historia de vampiros adolescentes, Criatura de la noche, 2008, que tendría una remake norteamericana, dirigida por Matt Reeves, con Chloë Grace Moretz en 2010, Déjame entrar, volviendo al sueco, entregó en 2011 una versión impecable de la novela de Le Carré, El topo, con ejemplar elenco) dirige ahora este thriller de horror con Michael Fassbender, entre otros notables, sobre un detective que investiga la desaparición de una mujer cuya bufanda rosa es hallada en un siniestro muñeco de nieve. Y de ahí el título El muñeco de nieve.

El inglés Matthew Vaughn, después de Kingsman: El servicio secreto, 2015, vuelve con otra versión cinematográfica de la saga de novelas gráficas sobre esta organización de espías: Kingsman: El círculo dorado.  El joven Taron Egerton regresa también al protagónico, está otra vez Colin Firth, y hacen su aparición Julianne Moore, Mark Strong, Halle Berry, Elton John,  Jeff Bridges y Channing Tatum. Si es la mitad de delirante que la primera, será más que atendible. Quienes gusten de la acción imaginativa, no deben perdérsela.

Hay una de dibujitos, Condorito: la película. Chilena como la historieta de origen. Dirigieron Alex Orrelle y Eduardo Schuldt. Sin duda será vista, aparte de los chicos, por los que frecuentaron las revistas.

 Una argentina, El futuro que viene de Constanza Novick, protagonizada por Dolores Fonzi y Pilar Gamboa, sobre la historia de la amistad de dos mujeres según pasan los años y las experiencias claves que viven.

La remake de la semana es Línea mortal: al límite y la dirige el dinamarqués Niels Arden Oplev. Dice la gacetilla: “Cinco estudiantes de medicina, con la esperanza de desentrañar el misterio de lo que aguarda más allá de los confines de la vida, emprenden un atrevido y peligroso experimento. A base de detener su corazón durante un breve lapso de tiempo, cada uno de ellos sufre una experiencia cercana a la muerte clínica. A medida que la investigación se vuelve cada vez más peligrosa, se verán obligados a afrontar los pecados de su pasado, además de vérselas con las consecuencias paranormales de sus incursiones en el más allá...” Con Ellen Page, Diego Luna, Nina Dobrev, James Norton en papeles que en 1990, dirigidos por Joel Schumacher, hicieron Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin y Oliver Platt. Kiefer Sutherland, que estuvo en aquella, está también en esta.

 Y un estreno de cine arte, Un minuto de gloria (Slava, 2017) dirigida por la dupla Kristina Grozeva y Petar Valchanov de quienes al año pasado conociéramos la interesantísima La lección (Urok, 2014). El resumen del argumento de la trama que da la gacetilla de prensa es confuso y mal narrado, pero que tráiler lo expresa mejor. He aquí el resumen: “Cuando Tsanko Petrov, un trabajador del ferrocarril, se encuentra un millón de levs en las vías del tren, decide devolver la totalidad del importe a la policía. El Estado le recompensa por ello con un nuevo reloj de pulsera... que pronto deja de funcionar. Mientras tanto, Julia Staikova, jefa de relaciones públicas en el Ministerio de Transporte, pierde su viejo reloj. Así comienza la lucha desesperada de Petrov para que le devuelvan no sólo su viejo reloj, sino también su dignidad.”
Y he aquí el tráiler.



Y como si esta profusión de estrenos fuera poca, se realiza también esta semana el Festifreak, espíen la programación, sin duda encontrarán algo que les interese.


¡Feliz fin de semana largo!

Gustavo Monteros

jueves, 21 de enero de 2016

La habitación



Esta película está nominada para cuatro Óscares: Mejor Película, Mejor Actriz Protagónica, Mejor Director y Mejor Guión basado en material preexistente. Por supuesto, las probabilidades habilitan a que gane todos, alguno o ninguno. Si existiera, debería ganar con honores el Óscar a la película con la primera media hora más angustiante y perturbadora. En la historia de la cinematografía no debe haber película que se abra como esta, con tanto juego sobre las emociones negativas del espectador. Se estimulan sensaciones de confinamiento extremo, enajenación, histeria. Si nada se ha leído sobre la trama, conviene no hacerlo para “disfrutarla” más, uno no sabe si se trata de un experimento, si la madre más que unos tornillos flojos tiene toda una ferretería floja o si es un cautiverio. Como el hijo tiene como única referencia de un mundo probable a la habitación, cuando la cosa se pone espesa, uno puede evadirse y pensar en la caverna de Platón y esas cosas. Y si uno sabe por lecturas o informaciones previas de qué viene la historia, resiste la angustia y espera a que llegue la segunda parte, que no está para musicalizar con canciones de Cole Porter, pero que al menos para mí, es más liberadora. Digo, para mí, porque para otros, así lo han expresado en sus crónicas, es más perturbadora incluso que la primera parte. Y sí, hasta que el pibe en la escena final, gracias a la potencia sanadora de su sabia ingenuidad (sí, cínicos míos, también hay sabiduría en la ingenuidad) no despida la experiencia, no hay superación del horror vivido.


 Por supuesto, también hay mucho amor y ternura a raudales, pero es el horror que pueden concebir los humanos y la falta de perdón, intransigencia estúpida en la que se puede caer, lo que pervive a la salida. Uno se queda también, en un momento clave con la rapidez de reflejos del dueño del perro (yo, al menos, cuando paseo el mío, me vuelvo lento y tonto), y después, con la lucidez e inteligencia de la mujer policía para “leer” con celeridad la situación, contrástese con la desidia y burocracia de su compañero, que solo quiere sacarse el problema de encima, encomendándoselo a la oficina correspondiente (uno querría que todos los policías fueran como esa mujer policía, aunque se sabe que casi todos son como el patrullero en cuestión).


El chico Jacob Tremblay, un “veterano” de 8 años al momento de la filmación, su personaje cumple 5 años en la ficción, da una actuación conmovedora, muy, pero muy conmovedora. Brie Larson, lisa y llanamente, se pierde en el papel, y más que verla actuar parecería que la observamos en un reality show. No establece con la cámara ninguna relación y eso es algo que yo extraño. Dice el director, Lenny Abrahamson: “Solemos fetichizar cierto tipo de intensidad ostentosa en los actores: muchas actuaciones parecen estar diciendo: miren qué criatura extraordinaria que soy”, “En cambio Brie tiene la virtud de simplemente dejarse sumergir en el personaje. No está todo el tiempo tratando de decirte qué gran actriz que es”. Puede ser, pero hay algo en el medio, que puede traducirse como el no olvido de la cámara. Una actuación muy para la cámara es puro exhibicionismo, y una actuación solo para adentro es puro onanismo. Hay un equilibrio, Meryl Streep, por ejemplo en la escena de la camioneta de Los puentes de Madison County, se nos hace carne porque no olvida la cámara o sea a nosotros, los espectadores. Brie Larson tiene mucho talento, pero por ahora no nos toma en cuenta. Eso hace su actuación superlativa, aunque no inolvidable. Quizá solo tenga inseguridad, ojalá sea eso, la inseguridad en arte se cura con la frecuentación o la práctica.


Sean Bridges es el monstruo y el director hace algo muy astuto con él, más que perfilarlo, lo contornea, se lo adivina, más que se lo ve. La gigantesca Joan Allen con solo estar despliega humanidad. El gran William H Macy, como el buen, bah, excelente actor que es, no juzga a su personaje y entrega con plenitud su miserable dolor. Matt Gordon es el dueño del perro, un no actor que debuta en el cine. Amanda Brugel es la mujer policía y Joe Pingue es el patrullero que la acompaña. Wendy Crewson es la entrevistadora de TV, y como corresponde al personaje, una desalmada. Cas Anvar es el cálido Dr Mittal (Cas Anvar fue Dodi Fayed en ese bodrio llamado Diana, la princesa del pueblo). Tom McCamus es Leo, la nueva pareja de Joan Allen, y Randal Edwards es el abogado.


En resumen, una película dura, que requiere un poco de coraje, pero que no defrauda. Ah, como en el original, el título tendría que ser Habitación (Room); el artículo la determina demasiado, en la cabeza del chico Habitación es un hábitat único, esencial, casi. En fin, ya se sabe, los distribuidores de películas son tan sutiles como un tren expreso. Agradezcamos que no le pusieran Jack y las habitaciones mágicas, por ejemplo.

Gustavo Monteros