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viernes, 18 de octubre de 2024

Querido diario - Hoy: Dos potencias se saludan


 

Ginger Rogers en una carrera que se extendió por 60 años practicó todos los géneros forjados por el viejo Hollywood. Pero es recordada por haber sido, si no la mejor, sin duda la más emblemática pareja de baile del portentoso Fred Astaire.

 

Doris Day tenía una voz muy bella y agradable. Y si bien el sistema de estudios de hollywoodense la paseó por dramas potentes, su lugar de pertenencia fue el musical en versión comedia liviana. Pero se la recuerda por las deliciosas comedias que coprotagonizó con Rock Hudson.

 

En 1950 Warner Bros juntó a estas reinas del musical en ¡un drama testimonial! Storm Warning. Lo dirigió el ubicuo y eficiente Stuart Heisler, sobre un guion de los capaces y elocuentes Daniel Fuchs y Richard Brooks, este último también un director insoslayable.

 

Marsha Mitchell (Ginger Rogers) es una modelo veterana que gira por los Estados Unidos con un vendedor, que en vez de mostrar solo un catálogo, hace que Marsha exhiba la ropa en su cuerpo. Marsha aprovecha que el itinerario del bus en el que viajan hace escala en la ciudad en la que reside su hermana menor, Lucy (Doris Day) para bajarse y hacerle una visita de unas horas. Lucy se casó recientemente con un camionero, Hank Rice (Steve Cochran). Sin buscarlo ni quererlo, Marsha es testigo de cómo el Ku Klux Klan saca de la cárcel para ahorcarlo a un periodista que, al intentar huir, es asesinado a balazos. Dos de los encapuchados muestran sus rostros y Marsha los ve con nitidez.

 

Marsha se reencuentra con Lucy en el centro de recreación en el que Lucy trabaja de mesera. Marsha le cuenta lo que acaba de atestiguar y Lucy le dice que Hank les dirá qué es lo mejor que pueden hacer. Van a casa de Lucy, llega Hank y ¡oh, sorpresa! ¡es uno de los dos encapuchados que mostraron su rostro y es el que apretó el gatillo. (El otro es el jefe de Hank en el aserradero en el que trabaja y líder del Klan). Lucy no sabía que Hank estaba en el KKK y encima ¡está embarazada!

 

Por supuesto, como en todo drama testimonial hay dos vertientes. La personal que es la acabamos de delinear y la social o política que aquí involucra a un fiscal que quiere desbaratar el poder del KKK en la región, Burt Rainey (Ronald Regan).

 

Fuchs y Brooks manejan el conflicto con frontalidad y sin sutileza alguna y logran mantener el interés por la resolución todo el tiempo. Y como todo film pre años setenta, es celebratorio de las virtudes del sistema norteamericano. Puede que haya organizaciones paragubernamentales que consoliden poder, pero tarde o temprano la justicia las anula. En este caso hasta se sugiere pedagógicamente que las consecuencias luctuosas pudieron evitarse si se hubiera prestado testimonio a tiempo.

 

El drama personal tiene resonancias de Tennessee Williams. ¿Hermana mayor que visita a hermana menor casada con un camionero musculoso y sexy? ¿Alguien mencionó El tranvía llamado Deseo? Esta obra se había estrenado en diciembre de 1947 y llegaría al cine en el mismo año que este Aviso de tormenta (rebautizado en estos pagos como ¿Acusaría usted?)

 

El paralelismo con la obra de Williams acaba ahí. Marsha está lejos de la fragilidad de Blance Du Bois y da feroz pelea cuando Hank intenta violarla. Hank, al igual que Stanley Kowalski, es prepotente, tosco, violento, sensual, pero al contrario de Kowalski, que es la quintaesencia de lo que hoy llamaríamos la masculinidad tóxica, y por lo tanto, narcisista y autosuficiente, es dependiente y servicial de su jefe en el Klan y patrón en el trabajo.

 

La admiración y el deslumbramiento del aquí solo guionista Richard Brooks por Tennessee Williams se patentizaría en que Brooks llevaría al cine, no uno sino dos de los dramas capitales de Williams: Cat on a Hot Tin Roof (La gata sobre el tejado de zinc caliente, 1958) y Dulce pájaro de juventud (Sweet Bird of Youth, 1962)

 

Una peculiaridad de esta película. Aquí el KKK no centra su hijaputez en un accionar racista, sino en un crimen contra un periodista blanco, que amenaza con denunciar el fraude practicado por la cabeza local del Klan, que se quedaba con un alto porcentaje de las contribuciones de los adeptos. Se subraya entonces que además de asesinos son corruptos.

 

A juzgar por las fotos del detrás de escena de la filmación, Ginger y Doris congeniaron muy bien. Se llevaban diez años, Ginger había nacido en 1911 y Doris en 1922, pero como Roger había empezado su carrera de muy jovencita, Day se había criado admirándola.

 

Esta película es buena y resistió el paso del tiempo. Aunque lo hubiéramos preferido, ¿hubiera sido mejor que estas dos superpotencias del musical anduvieran a los cantos y bailes? Ya nunca lo sabremos. Otro de los misterios del universo.

Gustavo Monteros


lunes, 21 de julio de 2014

El rey James Garner ha muerto, ¡viva el rey!



Al revés de tanto bodoque que se cree la hostia sin serlo, James Garner fue la hostia y jamás se lo creyó. Quizás porque llegó a la profesión casi por accidente, quiso ser marino mercante hasta que descubrió que se mareaba. De allí, quizás también, su mejor perfil fue el del héroe a pesar suyo, aquel hombre que terminaba haciendo la hazaña porque no le quedaba otra.


Sus más grandes éxitos fueron series en la tele, primero con Maverick (de 1957 a 1962) y después con Archivo confidencial o The Rockford files (de 1974 a 1980) y que se ramificó en películas para la TV hasta bien entrados los noventa). Aunque también en el cine nos regaló protagonistas inolvidables. Sin ser su intención desbarataba el tácito amor que había entre Audrey Hepburn y Shirley Mc Laine en La mentira infame (The children’s hour, William Wyler, 1961). En el mismo año, 1963 fue dos veces galán de Doris Day, primero en La salsa de la vida (The thrill of it all, Norman Jewison) y después Yo, ella y la otra (Move over, darling, Michael Gordon). Fue uno de los dos mejores galanes de Julie Andrews (el otro, claro, es Christopher Plummer) primero en la fabulosa  Nunca comprarás mi amor (The Americanization of Emily, Arthur Hiller, 1964), en la ahora mítica Víctor-Victoria (Blake Edwards, 1982) y en el telefilme navideño Una noche especial (Roger Young, 1999). Se ganó su única nominación para el Óscar (y sí, los actores que nos hacen felices jamás ganan premios) como el maduro galán de la querible Sally Field en El romance de Murphy (Martin Ritt, 1985). Y ya que hablamos de romance, la purretada lo recuerda por el viejito enamorado de Gena Rowlands en Diario de una pasión (The notebook, Nick Cassavetes, 2004).


También estuvo en muchas películas para varoncitos: El gran escape (John Sturges, 1963), 36 horas (George Seaton, 1965), Grand Prix (John Frankenheimer, 1966), La hora del revólver (John Sturges, 1967), Apoye a su comisario (Burt Kennedy, 1969), Marlowe (Paul Bogart, 1969), Un hombre llamado Sledge (Vic Morrow, 1970), Látigo (Suppor your local gunfighter, Burt Kennedy, 1971), Sólo matan a sus dueños (James Goldstone, 1972), Asesinato en Hollywood (Sunset, Blake Edwards, 1988) en la que compartía honores con el también inmenso Bruce Willis, no pudo faltar en la versión cinematográfica de Maverick (Richard Donner, 1994) delicia en la que estaban uno de los mejores Mel Gibson y la siempre resplandeciente Jodie Foster, y tampoco faltó en la comedia geriátrica espacial de Clint Eastwood, Jinetes del espcio, 2000.


Cada vez que entrabas a escena me desatabas una sonrisa que me duraba hasta la palabra fin, no creo que te guste que cambie ahora porque te hayas ido. Aunque, amigo, la verdad sea dicha, con la sonrisa se me mezcla ahora un lagrimón.