viernes, 22 de julio de 2022

Programa doble: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto - La hija de un soldado nunca llora



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto – La hija de un soldado nunca llora

 

En Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995) a la pobre Gloria (Victoria Abril) no le puede ir peor. Su marido torero está en estado vegetativo tras una corrida fatal. Ella se fue a México a ver si podía reunir un poco de dinero y terminó de prostituta. Una noche en que le practicaba fellatio a unos matones vio como una operación de la DEA salió mal y ahora la persiguen los narcos para que entregue un cuaderno con información sensible con el que se quedó. La deportan a Madrid y se reencuentra con su suegra, Doña Julia (Pilar Bardem) que cuida al torero postrado y paga la hipoteca sobre el departamento dando clases a los chicos del barrio. La señora es una ex republicana, más roja que el gorro frigio, que es su tiempo padeció cárcel y tortura, pero que sabe que la educación saca de aprietos al más desprotegido mejor que el tentador delito. Eduardo (Federico Luppi) es el matón encomendado por la líder de los narcos, Doña Esperanza, para perseguir a Gloria, recuperar el cuaderno y devolverla a México para que la interroguen y la escarmienten. Cosa que se le dificulta a Eduardo porque el hombre anda en problemas nada más ni nada menos que con Dios. Entonces…

 

En La hija de un soldado nunca llora (A Soldier’s Daughter Never Cries, James Ivory, 1998) si bien hay una trama dominante que se despliega a lo largo de toda la película, está estructurada en tres bloques que semejan episodios de una película de mediometrajes independientes. El primero se centra en Billy, un niño de unos 10 años que en París es adoptado por una pareja norteamericana compuesta por un autor de éxito, exmilitar heroico, Bill Willis (Kris Kristofferson) (personaje ficcional que oculta al novelista James Jones, célebre por su De aquí a la eternidad) y su esposa Marcella (Barbara Hershey). El chico también tendrá que adaptarse a su hermana Channe, fusión de los rimbombantes nombres de la chica, Charlotte Anne. El segundo bloque es sobre Francis (Anthony Roth Costanzo) un compañero de escuela de Channe (ahora interpretada por Leelee Sobieski porque los chicos ya están en la preadolescencia). Francis es hijo de madre soltera, la Sra. Fortescue (Jane Birkin) y un precursor (estamos en los cincuenta) de las identidades no binarias y de los géneros líquidos de tan fluidos. Channe tendrá su menarca y Billy, integrado en la escuela y en la familia, verán su realidad disruptiva por la decisión del padre famoso de volver a su Norteamérica natal dado que su salud declina. La tercera y última parte es sobre Bill Willis, cuyo frágil corazón lo está llevando a la muerte. Lo vemos enfrentarla con valor y sabiduría. Tampoco son tiempos fáciles para Marcella que pelea por vivir el día a día sin ceder al duelo que ya la abarca. Channe ha despertado al sexo, lo vive sin prejuicios y es despreciada por los remilgos de una sociedad hipócritamente puritana. Billy niega su pasado y se resiste a leer el diario que su madre le legó para que conozca las razones por las que lo abandonó y no la juzgue con excesiva dureza.

 

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto como algunos platos que gustan al paladar español está muy condimentado. Por momentos son tantos los ingredientes en juego que los sabores se anulan entre sí. Pero así como uno no se queja de que el jamón crudo sea salado, es inútil pretender que lo español no sea saleroso, a sus historias hay que aceptarlas como son. Para platos más sosos o menos exuberantes, hay que recurrir a otras cinematografías.

 

James Ivory y su fiel guionista Ruth Prawer Jhabvala hicieron una carrera de llevar al cine novelas consideradas infilmables y difuminarse hasta fundirse en una manera de contar que los transparentaba, como si las novelas que exponían en pantalla se filmaran solas. Esta novela de Kaylie Jones no es una excepción y ellos hacen su habitual disappearing act. El mérito no es poco, cuánto más astuto el prestidigitador, mejor el truco.

 

Estas dos películas tienen en común títulos que son una oración completa. Poner buenos títulos es todo un arte que no se valora con justicia.

Gustavo Monteros

viernes, 15 de julio de 2022

Programa doble: Sombras en una batalla - La flaqueza del bolchevique



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Sombras en una batalla – La flaqueza del bolchevique


En Sombras en una batalla (Mario Camus, 1993) Ana (Carmen Maura) se esconde a plena luz. Es veterinaria en un pueblito cerca de la frontera de España y Portugal. Está asociada a otro veterinario, Darío (Tito Valverde) con él que se lleva más que bien y que la ayuda a criar a su hija de 13 años, Blanca (Sonia Martín). La casualidad la hace conocer a y relacionarse con José (Joaquim de Almeida) hasta que este revela pertenecer a la organización que mató a su esposo. Porque el secreto de Ana es haber pertenecido a la ETA (para los que no lo sepan, organización terrorista nacionalista vasca) y José anduvo mezclado con los GAL (para los que no lo sepan, agrupaciones parapoliciales financiadas por altos funcionarios del Ministerio del Interior español que practicaron terrorismo de estado contra la ETA) Y ya se sabe, los secretos expuestos desatan consecuencias inesperadas…


En La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003, según novela de Lorenzo Silva) Pablo (Luis Tosar) un ejecutivo treintañero en crisis con sus elecciones de vida se ve envuelto en un accidente de tránsito inconsecuente con Sonsoles (Mar Regueras) que de pura antipatía le inicia una querella. Pablo comienza a hostigarla y así conoce a la hermana menor de Sonsoles, María (María Valverde) una adolescente de 14 años con la que empieza una relación enriquecedora y movilizadora. Pero la obcecación de Sonsoles empuja el asunto a la tragedia.


Estas dos películas tienen bellos títulos evocadores y arman un buen programa doble para un domingo de frío. En mi opinión, el final de Sombras en una batalla es demasiado ecuménico-cristiano y suena falso, pero como siempre donde anda Carmen Maura, su sola presencia eleva el material y evita que se torne desdeñable. La flaqueza del bolchevique juega lícitamente con nuestras advertidas expectativas (¿es María una nueva Lolita?, ¿Pablo es una pedófilo en ciernes?) para desafiarlas y sorprendernos. Tosar es hipnótico como acostumbra y la Valverde no en vano se convirtió después de esta película en una gran estrella.


¿Hay elecciones inevitables? No, es una contradicción de términos. Elegir implica algún grado de libertad. Los condicionamientos son irremediables, uno no elige dónde nacer ni cuándo. Y las elecciones siempre dejan afuera las otras opciones que pudieron llevarnos por otros caminos. ¿Mejores? Quizá, ¡quién sabe! No me lleven el apunte. Son solo elucubraciones de domingo.

Gustavo Monteros

viernes, 8 de julio de 2022

Programa doble: La cita - Mi prima Raquel


Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: La cita – Mi prima Raquel


En The Appointment / La cita (Sidney Lumet, 1969) el abogado Frederico Fendi (Omar Sharif) se cruza en un restaurant con un colega con el que estudió, Renzo (Fausto Tozzi) que le presenta a su novia, Carla (Anouk Aimée), una modelo profesional. Frederico queda prendado de la belleza y del misterio de Carla. Ella se comporta extrañamente, es demasiado dócil, dispersa, blanda. Pasa el tiempo y por un caso que los dos abogados tienen en común, Frederico se entera de que Renzo ha dejado a Carla, porque de buena fuente le han dicho que ella trabaja también como ocasional prostituta de lujo. Más tarde, Carla le pide a Frederico que interceda ante Renzo y lo convenza de que lo que le han dicho es mentira. Renzo se muestra renuente a escucharla. Frederico primero intenta averiguar sin éxito si lo que le han dicho a Renzo es verdad, y después, convenciéndose de que el rumor es falso, se casa con Carla. Pero la duda persiste y se transforma en una obsesión que empañará su mente.


En My Cousin Rachel / Mi prima Raquel (Henry Koster,1952) Philip Ashley (Richard Burton) ha sido criado por Ambrose (John Sutton) que al ver declinar su salud se muda a Florencia para reponerse. Por cartas, Philip se entera de que Ambrose se ha casado con una prima con la que se reencontró en Italia, Rachel (Olivia de Havilland). Luego la correspondencia se vuelve confusa, Ambrose aparentemente en raptos de delirio aduce que Rachel lo está envenenando con unas tisanas que ella le jura son para mejorarlo. Philip decide viajar a Florencia para ver en persona qué está pasando. Llega unos días después de la muerte de Ambrose. El casero le informa que ha muerto de un tumor cerebral, el mismo diagnóstico que le sugirió el abogado de la familia Nicholas Kendall (Ronald Squire). No es que Nicholas fuera vidente, supuso que podría tratarse de la misma enfermedad que mató al padre de Nicholas. Contra las sospechas de Philip, Ambrose no cambió el testamento, le deja todos los bienes a Philip y nada dispone para Rachel, que partió para Roma después del entierro. Philip regresa a Cornwall y un buen día Nicholas le informa que Rachel está en el pueblo de visita. Philip, con la intención de vengarse de la que él cree asesina de su primo, invita a Rachel a pasar unos días en la casa solariega que habita. Pero, claro, Rachel no es ni por asomo la mujer que él se había figurado y se enamora de ella. Primero hace que Nicholas le disponga de una generosa asignación monetaria mensual y después arregla para que le cedan todos los bienes de Ambrose. Él cree que no se despoja de nada porque está convencido de que Rachel se casará con él, pero…


Philip y Frederico son dos hombres profundamente equivocados respecto a sus objetos de amor. Frederico, maníacamente, Philip, neuróticamente, jamás confían en lo que sienten, prefieren dejarse llevar por lo que dicen otros y por lo que suponen erróneamente, porque en el fondo están más enamorados de su idea de amor que de las mujeres por las que se apasionan.

Es que no basta con amar, también hay que saber hacerlo.

Gustavo Monteros

 

viernes, 1 de julio de 2022

Programa doble: El búho y la gatita - El salvaje



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: El búho y la gatita – El salvaje

 

Uno de los ejes de la comedia del siglo XX fue la guerra de los sexos, la confrontación de lo entendido como esencialmente femenino contra lo entendido como intrínsecamente masculino. Se hallan ejemplos ineludibles en las principales comedias de George Bernard Shaw: Candida, Pygmalion, César y Cleopatra, Las armas y el hombre, La conversión del capitán Brassbound, El hombre del destino, entre otras, por suerte, varias más.

 

La variable más deliciosa se centró en la irrupción de un huracán femenino en un apacible rincón masculino. En cine hay dos ejemplos supremos de Howard Hawks: Bringing Up Baby (1938) (conocida aquí como La adorable revoltosa) con los insuperables Katharine Hepburn y Cary Grant y Ball of Fire (1941) (conocida aquí con la traducción literal de su título: Bola de fuego) con los maravillosos Barbara Stanwyck y Gary Cooper.

 

Los dos títulos que revemos hoy pertenecen a esta variante.

 

En The Owl and the Pussycat / El búho y la gatita (Herbert Ross, 1970) en un edificio de departamentos tan diminutamente claustrofóbicos como imposibilitados de habilitar algún tipo de intimidad, el aspirante a novelista Félix (George Segal) ve su necesitado silencio permanentemente interrumpido por los ruidos que hace su vecina, Doris (Barbra Streisand) tanto cuando está con sus clientes (es prostituta part time, aunque se presente como una aspirante a actriz) como cuando está sola porque le gusta la televisión al volumen intolerable. La vociferante pelea en la que se enredan hace que los echen del edificio en plena noche y deambulen hasta recalar en el departamento de un amigo de él. La promiscuidad obligada los hará conocerse, apreciarse y enamorarse.

 

En Le Sauvage / El salvaje (Jean-Paul Rappeneau, 1975) Nelly (Catherine Deneuve) es una muchacha francesa que vino a Caracas para casarse, pero se arrepiente y huye de la inminente boda con un italianísimo Vittorio (Luigi Vannucchi) que no acepta un no como respuesta. Nelly termina por pedirle ayuda a un desconocido Martin (Yves Montand), que hará lo que esté a su alcance para sacársela de encima, algo que no logrará y terminará por albergarla, o más bien soportarla en la paradisíaca isla del Caribe en la que vivía apartado, recluso y tranquilo.

 

El búho y la gatita fue en su origen una obra de teatro de Bill Manhoff, de suerte inmerecida (se representó profusamente en todo el mundo) porque es pobre en la caracterización de sus personajes, escasa de ingenio y mecánica en el desarrollo de sus conflictos. La suerte le alcanzó también en la versión cinematográfica puesto que sus tres responsables principales, el director Herbert Ross y los actores Streisand y Segal ponen en juego su arte y oficio para disimular las cortedades de un producto vacío y medio tonto. Los años desnudan con impiedad las falencias y salvo algunas líneas, el compromiso actoral de Segal, Streisand que está en su mejor etapa de comediante y el baby-doll que se ve en el afiche, el resto es para el olvido.

 

El solitario, en cambio, a pesar de los años, exhibe jovialidad y lozanía. Jean-Paul Rappeneau es siempre recordado por su maravilloso Cyrano de Bergerac (1990) con el gran protagónico de Depardieu, pero su impar talento florece en la comedia. Tanto La vie de château / La vida en el castillo (1966), como Les mariés de l’an deux / (aquí) El aventurero del Año II (1971) como Bon voyage (2003) para mencionar mis favoritas ofrecen detalles magistrales. El salvaje con gran lucimiento de sus carismáticos protagonistas no le va a la zaga.

 

En definitiva, una tanto, la otra tan poco. Aunque un buen par de protagonistas en su salsa hacen digerible el bodrio más soso.

Gustavo Monteros

viernes, 24 de junio de 2022

Programa doble: Amor al ocaso - Good luck to you, Leo Grande



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Suk suk y Good Luck to You, Leo Grande

 

En Suk suk (Ray Yeung, 2019) Pak (Tai-Bo) un taxista de setenta años levanta, frente a un baño público de un parque, a Hoy (Ben Yuen), un jubilado de 65 años. Son gays enclosetados, el taxista es jefe de una numerosa familia, el jubilado es padre separado de un hijo rígido, casado y con una hija. No habrá sexo en ese primer encuentro, pero el levante derivará en camaradería que forjará una amistad que no tarda en trocarse en amor. Se preguntarán lo que podría ser vivir juntos y disfrutar de su amor. Algo imposible hasta de fantasear, porque tanto la esposa del taxista como el hijo del jubilado vigilan de cerca, para que no se produzca ningún cambio en el devenir cotidiano, sostenido con dureza, a fuerza de sospechas y silencios, que pretenden jamás dilucidar ni quebrar. El jubilado participa de una organización, asesorada por jóvenes, que pelea por los derechos de los gays mayores de 60 años, para que puedan acceder a una vivienda digna o a cuidados óptimos de salud. Esto subraya el contraste que existe entre las libertades contemporáneas y la vida enclosetada, de amores secretos y furtivos, humillantes y avergonzados, que fue lo único que a lo que pudieron acceder los gays viejos.

 

En Good Luck to You, Leo Grande (Sophie Hyde, 2019) Nancy Stokes, (Emma Thompson) una viuda de 55 años, profesora de religión jubilada, contrata los servicios de un trabajador sexual, Leo Grande (Daryl McCormack) para experimentar lo que su limitada y frustrante vida sexual no le deparó. Conmueve con sus falencias, pero no tarda en revelarse como un personaje complejo, es resentida, cruel e inmisericorde en su opinión sobre sus hijos, mezquina y prejuiciosa respecto a sus exalumnos, entrometida e incapaz de manejar cualquier situación, si no es en sus términos, lo que la lleva a trasgredir el acuerdo entre trabajador sexual y cliente. Que no sea una víctima es lo mejor de la película, y hace natural que, entre tanto cruce y choque, termine por ampliar miras y superarse.

 

Las dos películas tiene escenas finales que interpelan y dan que hablar. Y ratifican que pasadas la menopausia y la andropausia, el sexo cumple a rajatabla la ley de Lavoiser: Nada se pierde, todo se transforma…

 

Suk suk con el nombre de Amor al ocaso puede verse en Netflix. Good luck to you, Leo Grande, acaba de darse a conocer en el Hemisferio Norte y quizá pronto se estrene en cines o recale en una plataforma de contenidos.

 

(Netflix no me domina mucho el español, ¿¡Amor al ocaso!? Supongo que tendría que ser más bien Amor en el ocaso, después de todo no es que los personajes estén enamorados de la puesta del sol (sentido literal) o de la declinación, o decadencia (sentido figurado), sino que, como vimos, se trata de dos adultos mayores enamorados uno del otro. No sé, digo, me parece…)

Gustavo Monteros

viernes, 17 de junio de 2022

Programa doble: Tuset Street - Varietés



 

Programa doble, sección en la que repasábamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Tuset Street y Varietés

 

Para 1968 Sara Montiel era una estrella establecida, gracias a una larga carrera cinematográfica, con películas de perfil definido que la tenían como protagonista: el melodrama sentimental no exento de notas picarescas y con una saludable abundancia de canciones. El público que decía “voy a ver una con Sarita Montiel” o “la última de la Montiel” sabía con conocimiento de causa y sin temor a equivocación alguna a qué se refería. Y los productores, directores, figurinistas, maquilladores, peinadores, compositores y guionistas sabían a qué atenerse cuando emprendían un proyecto Montiel. Ahora bien, ¿se podían participar en un film de Sarita sin traicionar la impronta personal?, ¿seguir teniendo los rasgos distintivos propios incluso en un armado tan rígido como lo es el de un vehículo de lucimiento para una estrella? Sí, al menos el guionista Rafael Azcona y el director Juan Antonio Bardem así lo demostraron.

 

Rafael Azcona firma el guión de la única película “psicodélica” de Sarita, Tuset Street, 1968, codirigida por Jorge Grau y Luis Marquina. Azcona era un maestro de amplio espectro como lo ratifica una larga carrera con títulos para todos los géneros y los más variados directores, pero su marca de fábrica era un realismo que podríamos llamar de pasmo, de estupefacción, porque se las ingeniaba para rarificar el realismo, agrietarlo y descubrirnos que eso que llamamos realidad, al acercarnos mucho, nos sorprende con extrañezas insospechadas y una buena dosis de elementos siniestros. Hablo, claro, del primer Azcona, el de El pisito (Marco Ferreri y Isidoro M. Ferry, 1958), el de El cochecito (Marco Ferreri, 1960), el de Plácido (Luis García Berlanga, 1961) y sobre todo el de El verdugo (Luis García Berlanga, 1963) con el genialmente inolvidable Nino Manfredi.

 

En Tuset Street, Azcona trabaja junto al director Jorge Grau y desarrolla una historia de Enrique Josa. Violeta Riscal (Sarita, of course) es una corista de un show de variedades, que tuvo intenciones de cantante seria, como lo demuestra un disco tan olvidado como sus ambiciones, que redondea el estipendio como prostituta de lujo. Debe suponerse que no es una chica cool, que es zafia, vulgar, estridente. Digo debe suponerse porque Sarita es Sarita y su divinidad puede ponerse en juego, pero no mucho. El grupo joven y moderno de Jorge Artigas (Patrick Bauchau) sí es cool, rico, y se pretende desvergonzado, audaz, libre y superior al resto. Jóvenes, bah. Los amigos de Jorge lo desafían a que “enamore” a Violeta. Cuando Jorge crea que lo ha logrado, pondrán micrófonos en el departamento y grabarán las conversaciones y los ruidos del amor como prueba. Si creen que espiar con adelantos técnicos y las técnicas de los reality shows son artilugios más o menos novedosos, les insisto que esta película es de ¡1968! Volviendo a lo que nos ocupa, no hay que ser muy perspicaz para anticipar que se trata de una reversión del cazador cazado o sea, ya que estamos entre dichos, ir por lana y volver trasquilado. Sarita hace su show y Azcona el suyo, pone aquí y allá detalles que enrarecen la atmósfera deliciosamente y que hacen que el paseo por la Tuset Street valga la pena. Con creces.

 

Con Varietés (1971) Juan Antonio Bardem reformula su película de 1954, Cómicos, que es en blanco y negro y muy dramática. Varietés es en colores y con mucho humor. En Cómicos, una actriz ve pasar la juventud en una compañía itinerante de teatro a la espera de que la actriz principal se retire y ella pase a hacer los papeles que por edad le corresponden y de los que, por supuesto, se ocupa la “veterana”, que funge lozanía aumentando las capas de maquillaje. En Varietés Sarita es Ana Marqués, una media vedette en una compañía de variedades en perpetua gira por provincias y como su tocaya Ana Ruíz de Cómicos espera y desespera a que la eterna vedette se retire. Mientras sabemos si logra encabezar por fin la compañía, hay amores encontrados, furtivos y correspondidos. Y Bardem “moderniza” su vieja obra a la vez que homenajea a una forma teatral en su ocaso, por 1971, el teatro de variedades estaba camino al geriátrico del que ya no emergería. Como la carrera de Sarita, esta sería su penúltima película, haría una más en el 74, Cinco almohadas para una noche de Pedro Lazaga y se retiraría a los 46 años, volvería brevemente al cine en 2012 con una participación especial como ella misma. Lo que es la vida, hoy nadie se retira a los cuarenta y pico. Y menos que menos es “viejo”.

Gustavo Monteros

viernes, 10 de junio de 2022

Programa doble: My dinner with André - My dinner with Hervé



 

Al momento de su estreno, My dinner with André (Louis Malle, 1981) fue una de las películas más malinterpretadas y vilipendiadas de la historia. El título era literal y abarcaba toda la película. Se abría con un narrador, el actor, autor y director Wallace Shawn (más conocido por su faceta de actor) que iba camino de su cena con otro actor, autor y director teatral, André Gregory (más conocido por su labor como director teatral) Se saludaban, hablaban, cenaban y eso era todo. Gregory monopolizaba la charla y contaba una crisis creativa que había tenido y como la había superado haciendo experimentos teatrales en Europa (principalmente en Polonia), las charlas que tuvo con su mentor, el maestro Jerzy Grotowski más consideraciones filosóficas sobre la existencia y la vida contemporánea. Superada la burla con que fue recibida inicialmente, la película no se olvidó y se instaló en el colectivo cultural como lo que en definitiva es: un registro histórico de una manera de ver el mundo, según la perspectiva de dos individuos que se formaron de una determinada manera, que se ganan la vida con la cultura, que pertenecen a lo que en el marxismo se designaría como la burguesía ilustrada. Son dos personas integradas, formadas, informadas, elocuentes, sensibles. Lo que charlan puede que no sea del interés de todos, del mismo modo que una charla sobre las matemáticas aplicadas o las técnicas pugilísticas no sean para todos los paladares. Es una película muy específica para quienes tengan interés o curiosidad sobre cómo se analizaba la vida y el hecho teatral a fines del siglo XX.


Mi cena con André no solo fue motivo de sketches satíricos, sino que se erigió como una influencia insoslayable para los documentalistas y quien sabe, quizás hasta lo que después se conoció como reality shows. Su importancia es tal que determinó el título de la segunda película de la que hablaremos. Si tenemos un nombre en francés con acento en la segunda vocal, llamémosla pues Mi cena con.


En Mi cena con Hervé (Sacha Gervasi, 2018), la cena no se ve, la interacción entre sus dos protagonistas, el periodista Danny Tate (Jamie Dornan) y la estrella televisiva de la serie Fantasy Island (La isla de la fantasía, 1977-1984) Hervé Villechaize (Peter Dinklage) comienza cuando la cena ha terminado, pero tiene muchos otros personajes, escenarios y vicisitudes. No es una charla sobre temas varios sino el recuento, a lo largo de toda una noche, por distintos derroteros, del fracaso de una carrera actoral que supo tener un éxito refulgente. Hervé vive a la sombra de su fama, ganada por la participación en una película de James Bond, encarnado por Roger Moore, y de la aceptación popular de su personaje icónico, el anfitrión Tattoo en la paradisíaca isla de la célebre serie. Si como dice el tango, la fama es puro cuento, no es menos cierto que la fama no es para todos o que no todos están preparados para enfrentarla y gozarla. El error más común de creerla compensación de lo que no tuvo y se considera debido es craso y fatal. Aquí el atractivo crece porque el personaje del periodista no es solo un receptor de confesiones inéditas, sino que arrastra un presente desafiante y doloroso. Por suerte My dinner with Hervé le escapa a la típica lamentación plañidera de mírenme-como-sufro-por-ser-artista y presenta experiencias con las que es posible identificarse, incluso aquellos a los que la fama nunca los desveló. Dinklage y Dornan dan actuaciones para la ovación.


Dos cenas como la fiesta aquella de Peter Sellers y Blake Edwards: inolvidables.

Gustavo Monteros


viernes, 3 de junio de 2022

Programa doble: Divina creatura - Por le antiche scale



 

Hacemos un paréntesis de nuestro viaje por las películas con una referencia geográfica como título y volvemos a nuestra sección de Programa doble en la que repasábamos dos películas con aspectos en común. Hoy vamos con Divina creatura y Per le antiche scale.

 

Una de las cosas más hermosas del cine de mi infancia es que casi todas las semanas daban películas italianas y en muchas estaba Marcello Mastroianni.

 

En 1975 estrenaron en Italia con apenas semanas de diferencia dos películas con Marcello. El 16 de octubre se conoció Divina creatura de Giuseppe Patroni Griffi y el 6 de noviembre, Per le antiche scale (literalmente Por las antiguas escaleras, rebautizada aquí como Locura erótica) de Mauro Bolognini.

 

En Divina criatura, en los Años Locos, Dany di Bagnasco (Terence Stamp) un joven noble y rico, se enamora de Manoela (Laura Antonelli en su esplendor). Sus amigos le advierten que no debe casarse con ella por un imperdonable pasado en el que mucho tuvo que ver el tío de él, Michele Barra (Marcello Mastroianni). Dany decide vengarse y estimula un triángulo amoroso de trágico desenlace.

 

En Locura erótica, a inicios de la década del treinta, en un apartado manicomio, el doctor Bonaccorsi (Marcello Mastroianni) reina sin disputa y tres mujeres le conceden favores sexuales, Francesca (Lucía Bosé) la esposa del director del nosocomio, Bianca (Marthe Keller) su devota enfermera y Carla (Barbara Bouchet) la libertina esposa de un colega. Lo obsesiona descubrir el gen de la locura. Su dominio se ve amenazado por la llegada de Anna (Françoise Fabian), psiquiatra que maneja otras ideas sobre la locura y que se niega a sumarse a su harem.

 

Hay elementos temáticos y estéticos en común en las dos películas. Las dos se basan en novelas, Divina Creatura en una de Luciano Zuccoli y Per le antiche scale en la de Mario Tobino. Las dos reflejan el fin de un ciclo y en ambas el personaje de Marcello se disuelve en el apogeo del fascismo. Las dos se regodean en la belleza del Art Nouveau (en Divina criatura obsesivamente, tanto que es una fiesta para los que amamos esa tendencia artística y en Per le antiche scale no es un dato menor que la dirección de arte y el vestuario sean de Piero Tosi, el colaborador habitual de Luchino Visconti). Los dos fueron musicalizadas por Ennio Morricone (en Divina criatura solo hace arreglos sobre música de Cesare A. Bixio, pero en Per le antiche scale es responsable de la partitura). Las dos películas son elegantemente sórdidas, con toques de perversión, más acentuados en Per le antiche scale por el ambiente en el que transcurre la historia.

 

En ambas hay actrices de belleza suprema, y está, claro, Marcello Mastroianni. Confieso que me dieron mi segundo nombre, Marcelo, por su culpa. Y cada vez que me lo cruzo en una película, sonrío y no puedo evitar que me sumerja una ola de orgullo, por eso a esta modesta crónica la firmaré con mi nombre completo: Gustavo Marcelo Monteros.

sábado, 14 de mayo de 2022

Problemas técnicos

  Cerramos momentáneamente por problemas técnicos. Volvemos el viernes 3 de junio. Gracias.

Gustavo Monteros

viernes, 6 de mayo de 2022

Estocolmo

 

Escucho Estocolmo y se me cruza el síndrome. De Estocolmo, claro. Para los que no lo hayan oído mencionar o no tengan muy en claro de qué se trata, les cuento: “El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su secuestrador o retenedor” Esta explicación es de la vieja y peluda Wikipedia.

 

Y se llama de Estocolmo y no de Copenhague u Oslo, por un incidente ocurrido en Estocolmo en 1973, el ahora célebre robo  de Norrmalmstorg.

 

Vuelvo a Wikipedia: “El 23 de agosto de 1973, Jan-Erik "Janne" Olsson entró en una sucursal del Kreditbanken en Norrmalmstorg, en el centro de Estocolmo. La policía fue alertada inmediatamente y al entrar dos agentes, Olsson les disparó, hiriendo a uno de ellos. Olsson tomó a cuatro rehenes (tres mujeres y un hombre) y exigió que se llamase a Clark Olofsson, que en ese momento cumplía una condena, más tres millones de coronas suecas, dos revólveres, chalecos antibalas, cascos y un vehículo. Olofsson fue traído y se estableció un enlace de comunicación con los negociadores de la policía. Una de los rehenes, Kristin Enmark, había dicho que se sentía segura con los atracadores, pero temía que la policía pudiera causar problemas utilizando métodos violentos…”

 

En 2018, Robert Budreau, dirigió un guión sobre el hecho basado en el artículo The Bank Drama de Daniel Bank, editado por James Luscombe.

 

Budreau cambió los nombres de los protagonistas. Jan-Erik "Janne" Olsson pasó a llamarse Lars Nystrom y lo interpretó Ethan Hawke y Clark Olofsson fue rebautizado Gunnar Sorensson y lo personificó Mark Strong. Kristin Enmark pasó a ser Blanca Lind y la corporizó Naomi Rapace.

 

Estocolmo de Robert Budreau es ideal para un domingo de lluvia porque es la famosa película a la que le falta 5 para el peso. Tiene un buen guión, está bien dirigida, actuada con solvencia, tiene un irreprochable acabado profesional en todos los rubros técnicos, pero le falta algo, un intangible, un imponderable, un indefinible, Quizá una pizca de humor. De todos modos, aunque está a años luz de acercarse a la mejor película de asalto con rehenes jamás hecha, o sea la legendaria y querible Tarde de perros (Dog Day Afternoon, Sidney Lumet, 1975) se deja ver. Sobre todo por el desparramo histriónico de Ethan Hawke, que en la madurez parece haberse liberado de las restricciones de la contención. Enhorabuena.

Gustavo Monteros

 

Último momento: Ayer, jueves 5 de mayo de 2022, Netflix estrenó la miniserie sueca Clark, dirigida por Jonas Åkerlund y escrita por Fredrik Agetoft, Peter Arrhenius y Jonas Åkerlund, sobre vida y milagro de los delincuentes envueltos en el robo de Norrmalmstorg, delito que como se dice arriba originó la acuñación del Síndrome de Estocolmo. No la he visto todavía, pero a juzgar por el tráiler rebosa de lo que le falta a la película de Budreau: humor y delirio. Pero claro, ver para saber…




viernes, 29 de abril de 2022

Argel




 

 Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

Hoy: Argel


Pépé le Moko, novela del Détective Ashelbé (seudónimo de Henri La Barthe) tiene hasta la fecha 3 adaptaciones cinematográficas: Pépé le Moko (la más lograda), Algiers (la más famosa) y Casbah (la más musical)

Cuadro con la información esencial de las 3 películas:

Año

1937

1938

1948

Título

Pépé le Moko

Algiers

Casbah

Director

Julien Duvivier

John Cromwell

John Berry

Pépé le Moko

Jean Gabin

Charles Boyer

Tony Martin

Gaby

Mireille Balin

Hedy Lamarr

Märta Torén

Inés

Line Noro

Sigrid Gurie

Yvonne De Carlo

Slimane

Lucas Gridoux

Joseph Calleia

Peter Lorre

 

Aunque la anécdota se circunscribe a lo policial, las maquinaciones del inspector Slimane para atrapar a Pépé le Moko, un ladrón francés refugiado en la Casba de Argel, en esencia se trata de una historia de amor con un héroe romántico por antonomasia.


Pépé vive en la Casba con Inés (para él es una relación circunstancial de sexo, comida y compañía, para ella, es el amor de su vida), pero una noche Pépé se deslumbra y se enamora de Gaby, una turista de paso que le retribuye.


Pépé y Gaby son dos prisioneros que hallan la libertad en el amor por el otro. La Casba es la prisión de Pépé, un rey sin corona del lugar, que no puede abandonar porque lo apresarían. Gaby es prisionera de sus circunstancias de mantenida de lujo, heredera directa de las cocottes del siglo XIX, ofrece belleza a cambio de joyas, pieles, cuentas bancarias, propiedades y quizá, a la larga, un matrimonio de conveniencia. La felicidad para ambos está a un paso. Paso liberador si los hay, aunque muy peligroso y tal vez aniquilador.


Es un cuento atractivo porque es uno de los pocos contado desde un personaje masculino. Las grandes historias de amor, incluso las narradas omniscientemente, se centran en grandes protagónicos femeninos, el amante siempre es una contrapartida necesaria más que un igual (piénsese en la modélica La dama de las camelias, por ejemplo). Son contados los Heathcliff (Cumbres borrascosas) frente a las numerosas Francescas (Los puentes de Madison). Esta aseveración es polémica, claro, pero puede desatar discusiones interesantes.


Del mismo modo que estas tres versiones comparadas pueden usarse para fructíferas clases de guión. Si bien, insisto, la original francesa de 1937 es la mejor, no agota la historia. La del 38 es casi un calco hollywoodense, sin embargo los actores secundarios hacen una relectura interesante de las subtramas. La de 1948 introduce unos cuantos cambios no del todo eficientes, aunque acentúa las motivaciones, ¿homoeróticas?, ¿homosexuales?, del personaje del inspector Slimane respecto de Pépé. Porque la verdad sea dicha, no solo Inés siente el despecho cuando llega Gaby a la vida de Pépé.


De las tres versiones, la segunda es la que la habilita para pertenecer a esta acotada selección cinematográfica que hacemos. La primera y la tercera tienen títulos más pertinentes. La primera por centrarse en el protagonista de la historia, la tercera por asentarse en el peculiar ambiente en que se desarrolla la trama.


Ahora bien, ¿qué es la Casba específicamente? Recurramos a la vieja y querida Wikipedia por la respuesta: "La Casba es la ciudadela de Argel en Argelia y el barrio histórico que la rodea. Es un tipo único de medina, una ciudad islámica, ubicada en la costa del mar Mediterráneo. (...) La casba fue fundada sobre las ruinas de la antigua Icosium. Es una pequeña ciudad que, construida sobre una colina, se adentra al mar, dividida en dos: la ciudad alta y la baja. Se pueden encontrar mezquitas y edificaciones del siglo XVII y, especialmente las tres grandes mezquitas de la ciudad de Argel: la mezquita de Ketchaoua (cuya edificación data de 1794) flanqueada por dos minaretes, la mezquita nueva (Djemmá el Djedid) (levantada en 1660 durante la regencia otomana) y la Gran Mezquita de Argel (Djemmá el Kebir), la más antigua de Argel ya que fue construida a finales del siglo XI. En la casba argelina también existen las típicas calles-laberinto. (...) La Casba jugó un rol central durante las luchas de independencia de Argelia (1954–1962). La Casba fue el foco de la insurgencia planeada por el Frente de Liberación Nacional (FLN) que les dio un lugar seguro para planear y ejecutar ataques contra autoridades opresoras francesas y agentes del orden público en Argelia del momento. Con el fin de contrarrestar los ataques, los franceses tuvieron que centrarse específicamente en la Casba. (...) Fue incorporada a la lista de Patrimonio de la Humanidad de Unesco en 1992. (...) Como informó Reuters en agosto de 2008, la Casba se encuentra en estado de abandono y algunas áreas corren peligro de derrumbe” (Perdón por la humorada,  pero tanto dato me remite al Libro gordo de Petete, así que: El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene, y yo te digo contento, hasta la clase que viene.)


Ah, y ya que estamos en dibujos, muñecos y esas cosas, consignemos que el animador Chuck Jones se basó en la interpretación de Charles Boyer de Pepé le Moko en Argel para su famoso personaje de Pepé le Pew, que ya no es leído como el zorrillo insistente y patético que no acepta el rechazo de la gatita Penélope Pussycat, a la que confunde con una zorrilla y a la que asquea por su olor nauseabundo, sino que es visto como un acosador impenitente o un violador en ciernes. L’air du temps.

Gustavo Monteros



 

viernes, 22 de abril de 2022

Munich


 

Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

 

Hoy: Munich


Nos dicen Munich y la edición del Almanaque Mundial de nuestra cabeza, nos remite de inmediato a dos datos, el Putsch de Múnich o sea el fallido golpe de estado de 1923 que concluiría con Hitler y Hess, entre otros dirigentes nazis, en la cárcel, y la Masacre de Múnich de 1972, cuando en los Juegos Olímpicos de verano, un comando de terroristas palestinos de la organización Septiembre Negro tomó como rehenes a once integrantes del equipo olímpico de Israel para terminar masacrándolos, el crimen fue visto en vivo por la televisión.


A las consecuencias de este segundo hecho nos refiere Munich, película de Steven Spielberg de 2005. El guión de Tony Kushner y Eric Roth se basa en el libro de George Jonas, Venganza, el relato verídico de una misión contraterrorista israelí. Libro y película cuentan como Israel, en represalia por la masacre, armó un equipo clandestino de cinco miembros (Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler) para liquidar a los responsables del atentado.


Spielberg ejecuta un thriller de sostenido suspenso que sortea magistralmente la dificultad de una trama que es episódica (la sucesión de ejecuciones) en vez de la tradicional que construye interés al desplegarse.


Steven Spielberg es un maestro inmenso permanentemente subestimado. Nadie en su sano juicio puede negar su genialidad, pero si se pide que nombren a los mejores directores de la actualidad, nunca aparece su nombre en primera instancia cuando deberíamos comenzar con el suyo toda lista posible.


Spielberg es, por suerte, prolífico y no infalible, lo que permite apasionarse por su obra y defenderla. Munich está entre sus films imperecederos y logrados. Si se la cruzan por streaming o cable, descúbranla si no vieron y vuelvan a disfrutarla si la vieron.


(Hasta la fecha, abril de 2022, entre cortos, episodios de series para TV, telefilmes, documentales y largometrajes de ficción, ha dirigido 57 películas, y la única flojita, es imposible que algo suyo sea malo, es Always /Siempre (1989), acto de amor por Holly Hunter, de cuando estuvo brevemente loco por ella. Se deduce, entonces, que el amor es maravilloso, inspira, pero no siempre paga…)

Gustavo Monteros