viernes, 1 de julio de 2022

Programa doble: El búho y la gatita - El salvaje



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: El búho y la gatita – El salvaje

 

Uno de los ejes de la comedia del siglo XX fue la guerra de los sexos, la confrontación de lo entendido como esencialmente femenino contra lo entendido como intrínsecamente masculino. Se hallan ejemplos ineludibles en las principales comedias de George Bernard Shaw: Candida, Pygmalion, César y Cleopatra, Las armas y el hombre, La conversión del capitán Brassbound, El hombre del destino, entre otras, por suerte, varias más.

 

La variable más deliciosa se centró en la irrupción de un huracán femenino en un apacible rincón masculino. En cine hay dos ejemplos supremos de Howard Hawks: Bringing Up Baby (1938) (conocida aquí como La adorable revoltosa) con los insuperables Katharine Hepburn y Cary Grant y Ball of Fire (1941) (conocida aquí con la traducción literal de su título: Bola de fuego) con los maravillosos Barbara Stanwyck y Gary Cooper.

 

Los dos títulos que revemos hoy pertenecen a esta variante.

 

En The Owl and the Pussycat / El búho y la gatita (Herbert Ross, 1970) en un edificio de departamentos tan diminutamente claustrofóbicos como imposibilitados de habilitar algún tipo de intimidad, el aspirante a novelista Félix (George Segal) ve su necesitado silencio permanentemente interrumpido por los ruidos que hace su vecina, Doris (Barbra Streisand) tanto cuando está con sus clientes (es prostituta part time, aunque se presente como una aspirante a actriz) como cuando está sola porque le gusta la televisión al volumen intolerable. La vociferante pelea en la que se enredan hace que los echen del edificio en plena noche y deambulen hasta recalar en el departamento de un amigo de él. La promiscuidad obligada los hará conocerse, apreciarse y enamorarse.

 

En Le Sauvage / El salvaje (Jean-Paul Rappeneau, 1975) Nelly (Catherine Deneuve) es una muchacha francesa que vino a Caracas para casarse, pero se arrepiente y huye de la inminente boda con un italianísimo Vittorio (Luigi Vannucchi) que no acepta un no como respuesta. Nelly termina por pedirle ayuda a un desconocido Martin (Yves Montand), que hará lo que esté a su alcance para sacársela de encima, algo que no logrará y terminará por albergarla, o más bien soportarla en la paradisíaca isla del Caribe en la que vivía apartado, recluso y tranquilo.

 

El búho y la gatita fue en su origen una obra de teatro de Bill Manhoff, de suerte inmerecida (se representó profusamente en todo el mundo) porque es pobre en la caracterización de sus personajes, escasa de ingenio y mecánica en el desarrollo de sus conflictos. La suerte le alcanzó también en la versión cinematográfica puesto que sus tres responsables principales, el director Herbert Ross y los actores Streisand y Segal ponen en juego su arte y oficio para disimular las cortedades de un producto vacío y medio tonto. Los años desnudan con impiedad las falencias y salvo algunas líneas, el compromiso actoral de Segal, Streisand que está en su mejor etapa de comediante y el baby-doll que se ve en el afiche, el resto es para el olvido.

 

El solitario, en cambio, a pesar de los años, exhibe jovialidad y lozanía. Jean-Paul Rappeneau es siempre recordado por su maravilloso Cyrano de Bergerac (1990) con el gran protagónico de Depardieu, pero su impar talento florece en la comedia. Tanto La vie de château / La vida en el castillo (1966), como Les mariés de l’an deux / (aquí) El aventurero del Año II (1971) como Bon voyage (2003) para mencionar mis favoritas ofrecen detalles magistrales. El salvaje con gran lucimiento de sus carismáticos protagonistas no le va a la zaga.

 

En definitiva, una tanto, la otra tan poco. Aunque un buen par de protagonistas en su salsa hacen digerible el bodrio más soso.

Gustavo Monteros

viernes, 24 de junio de 2022

Programa doble: Amor al ocaso - Good luck to you, Leo Grande



 Programa doble, sección en la que repasamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Suk suk y Good Luck to You, Leo Grande

 

En Suk suk (Ray Yeung, 2019) Pak (Tai-Bo) un taxista de setenta años levanta, frente a un baño público de un parque, a Hoy (Ben Yuen), un jubilado de 65 años. Son gays enclosetados, el taxista es jefe de una numerosa familia, el jubilado es padre separado de un hijo rígido, casado y con una hija. No habrá sexo en ese primer encuentro, pero el levante derivará en camaradería que forjará una amistad que no tarda en trocarse en amor. Se preguntarán lo que podría ser vivir juntos y disfrutar de su amor. Algo imposible hasta de fantasear, porque tanto la esposa del taxista como el hijo del jubilado vigilan de cerca, para que no se produzca ningún cambio en el devenir cotidiano, sostenido con dureza, a fuerza de sospechas y silencios, que pretenden jamás dilucidar ni quebrar. El jubilado participa de una organización, asesorada por jóvenes, que pelea por los derechos de los gays mayores de 60 años, para que puedan acceder a una vivienda digna o a cuidados óptimos de salud. Esto subraya el contraste que existe entre las libertades contemporáneas y la vida enclosetada, de amores secretos y furtivos, humillantes y avergonzados, que fue lo único que a lo que pudieron acceder los gays viejos.

 

En Good Luck to You, Leo Grande (Sophie Hyde, 2019) Nancy Stokes, (Emma Thompson) una viuda de 55 años, profesora de religión jubilada, contrata los servicios de un trabajador sexual, Leo Grande (Daryl McCormack) para experimentar lo que su limitada y frustrante vida sexual no le deparó. Conmueve con sus falencias, pero no tarda en revelarse como un personaje complejo, es resentida, cruel e inmisericorde en su opinión sobre sus hijos, mezquina y prejuiciosa respecto a sus exalumnos, entrometida e incapaz de manejar cualquier situación, si no es en sus términos, lo que la lleva a trasgredir el acuerdo entre trabajador sexual y cliente. Que no sea una víctima es lo mejor de la película, y hace natural que, entre tanto cruce y choque, termine por ampliar miras y superarse.

 

Las dos películas tiene escenas finales que interpelan y dan que hablar. Y ratifican que pasadas la menopausia y la andropausia, el sexo cumple a rajatabla la ley de Lavoiser: Nada se pierde, todo se transforma…

 

Suk suk con el nombre de Amor al ocaso puede verse en Netflix. Good luck to you, Leo Grande, acaba de darse a conocer en el Hemisferio Norte y quizá pronto se estrene en cines o recale en una plataforma de contenidos.

 

(Netflix no me domina mucho el español, ¿¡Amor al ocaso!? Supongo que tendría que ser más bien Amor en el ocaso, después de todo no es que los personajes estén enamorados de la puesta del sol (sentido literal) o de la declinación, o decadencia (sentido figurado), sino que, como vimos, se trata de dos adultos mayores enamorados uno del otro. No sé, digo, me parece…)

Gustavo Monteros

viernes, 17 de junio de 2022

Programa doble: Tuset Street - Varietés



 

Programa doble, sección en la que repasábamos dos películas con aspectos en común.

Hoy: Tuset Street y Varietés

 

Para 1968 Sara Montiel era una estrella establecida, gracias a una larga carrera cinematográfica, con películas de perfil definido que la tenían como protagonista: el melodrama sentimental no exento de notas picarescas y con una saludable abundancia de canciones. El público que decía “voy a ver una con Sarita Montiel” o “la última de la Montiel” sabía con conocimiento de causa y sin temor a equivocación alguna a qué se refería. Y los productores, directores, figurinistas, maquilladores, peinadores, compositores y guionistas sabían a qué atenerse cuando emprendían un proyecto Montiel. Ahora bien, ¿se podían participar en un film de Sarita sin traicionar la impronta personal?, ¿seguir teniendo los rasgos distintivos propios incluso en un armado tan rígido como lo es el de un vehículo de lucimiento para una estrella? Sí, al menos el guionista Rafael Azcona y el director Juan Antonio Bardem así lo demostraron.

 

Rafael Azcona firma el guión de la única película “psicodélica” de Sarita, Tuset Street, 1968, codirigida por Jorge Grau y Luis Marquina. Azcona era un maestro de amplio espectro como lo ratifica una larga carrera con títulos para todos los géneros y los más variados directores, pero su marca de fábrica era un realismo que podríamos llamar de pasmo, de estupefacción, porque se las ingeniaba para rarificar el realismo, agrietarlo y descubrirnos que eso que llamamos realidad, al acercarnos mucho, nos sorprende con extrañezas insospechadas y una buena dosis de elementos siniestros. Hablo, claro, del primer Azcona, el de El pisito (Marco Ferreri y Isidoro M. Ferry, 1958), el de El cochecito (Marco Ferreri, 1960), el de Plácido (Luis García Berlanga, 1961) y sobre todo el de El verdugo (Luis García Berlanga, 1963) con el genialmente inolvidable Nino Manfredi.

 

En Tuset Street, Azcona trabaja junto al director Jorge Grau y desarrolla una historia de Enrique Josa. Violeta Riscal (Sarita, of course) es una corista de un show de variedades, que tuvo intenciones de cantante seria, como lo demuestra un disco tan olvidado como sus ambiciones, que redondea el estipendio como prostituta de lujo. Debe suponerse que no es una chica cool, que es zafia, vulgar, estridente. Digo debe suponerse porque Sarita es Sarita y su divinidad puede ponerse en juego, pero no mucho. El grupo joven y moderno de Jorge Artigas (Patrick Bauchau) sí es cool, rico, y se pretende desvergonzado, audaz, libre y superior al resto. Jóvenes, bah. Los amigos de Jorge lo desafían a que “enamore” a Violeta. Cuando Jorge crea que lo ha logrado, pondrán micrófonos en el departamento y grabarán las conversaciones y los ruidos del amor como prueba. Si creen que espiar con adelantos técnicos y las técnicas de los reality shows son artilugios más o menos novedosos, les insisto que esta película es de ¡1968! Volviendo a lo que nos ocupa, no hay que ser muy perspicaz para anticipar que se trata de una reversión del cazador cazado o sea, ya que estamos entre dichos, ir por lana y volver trasquilado. Sarita hace su show y Azcona el suyo, pone aquí y allá detalles que enrarecen la atmósfera deliciosamente y que hacen que el paseo por la Tuset Street valga la pena. Con creces.

 

Con Varietés (1971) Juan Antonio Bardem reformula su película de 1954, Cómicos, que es en blanco y negro y muy dramática. Varietés es en colores y con mucho humor. En Cómicos, una actriz ve pasar la juventud en una compañía itinerante de teatro a la espera de que la actriz principal se retire y ella pase a hacer los papeles que por edad le corresponden y de los que, por supuesto, se ocupa la “veterana”, que funge lozanía aumentando las capas de maquillaje. En Varietés Sarita es Ana Marqués, una media vedette en una compañía de variedades en perpetua gira por provincias y como su tocaya Ana Ruíz de Cómicos espera y desespera a que la eterna vedette se retire. Mientras sabemos si logra encabezar por fin la compañía, hay amores encontrados, furtivos y correspondidos. Y Bardem “moderniza” su vieja obra a la vez que homenajea a una forma teatral en su ocaso, por 1971, el teatro de variedades estaba camino al geriátrico del que ya no emergería. Como la carrera de Sarita, esta sería su penúltima película, haría una más en el 74, Cinco almohadas para una noche de Pedro Lazaga y se retiraría a los 46 años, volvería brevemente al cine en 2012 con una participación especial como ella misma. Lo que es la vida, hoy nadie se retira a los cuarenta y pico. Y menos que menos es “viejo”.

Gustavo Monteros

viernes, 10 de junio de 2022

Programa doble: My dinner with André - My dinner with Hervé



 

Al momento de su estreno, My dinner with André (Louis Malle, 1981) fue una de las películas más malinterpretadas y vilipendiadas de la historia. El título era literal y abarcaba toda la película. Se abría con un narrador, el actor, autor y director Wallace Shawn (más conocido por su faceta de actor) que iba camino de su cena con otro actor, autor y director teatral, André Gregory (más conocido por su labor como director teatral) Se saludaban, hablaban, cenaban y eso era todo. Gregory monopolizaba la charla y contaba una crisis creativa que había tenido y como la había superado haciendo experimentos teatrales en Europa (principalmente en Polonia), las charlas que tuvo con su mentor, el maestro Jerzy Grotowski más consideraciones filosóficas sobre la existencia y la vida contemporánea. Superada la burla con que fue recibida inicialmente, la película no se olvidó y se instaló en el colectivo cultural como lo que en definitiva es: un registro histórico de una manera de ver el mundo, según la perspectiva de dos individuos que se formaron de una determinada manera, que se ganan la vida con la cultura, que pertenecen a lo que en el marxismo se designaría como la burguesía ilustrada. Son dos personas integradas, formadas, informadas, elocuentes, sensibles. Lo que charlan puede que no sea del interés de todos, del mismo modo que una charla sobre las matemáticas aplicadas o las técnicas pugilísticas no sean para todos los paladares. Es una película muy específica para quienes tengan interés o curiosidad sobre cómo se analizaba la vida y el hecho teatral a fines del siglo XX.


Mi cena con André no solo fue motivo de sketches satíricos, sino que se erigió como una influencia insoslayable para los documentalistas y quien sabe, quizás hasta lo que después se conoció como reality shows. Su importancia es tal que determinó el título de la segunda película de la que hablaremos. Si tenemos un nombre en francés con acento en la segunda vocal, llamémosla pues Mi cena con.


En Mi cena con Hervé (Sacha Gervasi, 2018), la cena no se ve, la interacción entre sus dos protagonistas, el periodista Danny Tate (Jamie Dornan) y la estrella televisiva de la serie Fantasy Island (La isla de la fantasía, 1977-1984) Hervé Villechaize (Peter Dinklage) comienza cuando la cena ha terminado, pero tiene muchos otros personajes, escenarios y vicisitudes. No es una charla sobre temas varios sino el recuento, a lo largo de toda una noche, por distintos derroteros, del fracaso de una carrera actoral que supo tener un éxito refulgente. Hervé vive a la sombra de su fama, ganada por la participación en una película de James Bond, encarnado por Roger Moore, y de la aceptación popular de su personaje icónico, el anfitrión Tattoo en la paradisíaca isla de la célebre serie. Si como dice el tango, la fama es puro cuento, no es menos cierto que la fama no es para todos o que no todos están preparados para enfrentarla y gozarla. El error más común de creerla compensación de lo que no tuvo y se considera debido es craso y fatal. Aquí el atractivo crece porque el personaje del periodista no es solo un receptor de confesiones inéditas, sino que arrastra un presente desafiante y doloroso. Por suerte My dinner with Hervé le escapa a la típica lamentación plañidera de mírenme-como-sufro-por-ser-artista y presenta experiencias con las que es posible identificarse, incluso aquellos a los que la fama nunca los desveló. Dinklage y Dornan dan actuaciones para la ovación.


Dos cenas como la fiesta aquella de Peter Sellers y Blake Edwards: inolvidables.

Gustavo Monteros


viernes, 3 de junio de 2022

Programa doble: Divina creatura - Por le antiche scale



 

Hacemos un paréntesis de nuestro viaje por las películas con una referencia geográfica como título y volvemos a nuestra sección de Programa doble en la que repasábamos dos películas con aspectos en común. Hoy vamos con Divina creatura y Per le antiche scale.

 

Una de las cosas más hermosas del cine de mi infancia es que casi todas las semanas daban películas italianas y en muchas estaba Marcello Mastroianni.

 

En 1975 estrenaron en Italia con apenas semanas de diferencia dos películas con Marcello. El 16 de octubre se conoció Divina creatura de Giuseppe Patroni Griffi y el 6 de noviembre, Per le antiche scale (literalmente Por las antiguas escaleras, rebautizada aquí como Locura erótica) de Mauro Bolognini.

 

En Divina criatura, en los Años Locos, Dany di Bagnasco (Terence Stamp) un joven noble y rico, se enamora de Manoela (Laura Antonelli en su esplendor). Sus amigos le advierten que no debe casarse con ella por un imperdonable pasado en el que mucho tuvo que ver el tío de él, Michele Barra (Marcello Mastroianni). Dany decide vengarse y estimula un triángulo amoroso de trágico desenlace.

 

En Locura erótica, a inicios de la década del treinta, en un apartado manicomio, el doctor Bonaccorsi (Marcello Mastroianni) reina sin disputa y tres mujeres le conceden favores sexuales, Francesca (Lucía Bosé) la esposa del director del nosocomio, Bianca (Marthe Keller) su devota enfermera y Carla (Barbara Bouchet) la libertina esposa de un colega. Lo obsesiona descubrir el gen de la locura. Su dominio se ve amenazado por la llegada de Anna (Françoise Fabian), psiquiatra que maneja otras ideas sobre la locura y que se niega a sumarse a su harem.

 

Hay elementos temáticos y estéticos en común en las dos películas. Las dos se basan en novelas, Divina Creatura en una de Luciano Zuccoli y Per le antiche scale en la de Mario Tobino. Las dos reflejan el fin de un ciclo y en ambas el personaje de Marcello se disuelve en el apogeo del fascismo. Las dos se regodean en la belleza del Art Nouveau (en Divina criatura obsesivamente, tanto que es una fiesta para los que amamos esa tendencia artística y en Per le antiche scale no es un dato menor que la dirección de arte y el vestuario sean de Piero Tosi, el colaborador habitual de Luchino Visconti). Los dos fueron musicalizadas por Ennio Morricone (en Divina criatura solo hace arreglos sobre música de Cesare A. Bixio, pero en Per le antiche scale es responsable de la partitura). Las dos películas son elegantemente sórdidas, con toques de perversión, más acentuados en Per le antiche scale por el ambiente en el que transcurre la historia.

 

En ambas hay actrices de belleza suprema, y está, claro, Marcello Mastroianni. Confieso que me dieron mi segundo nombre, Marcelo, por su culpa. Y cada vez que me lo cruzo en una película, sonrío y no puedo evitar que me sumerja una ola de orgullo, por eso a esta modesta crónica la firmaré con mi nombre completo: Gustavo Marcelo Monteros.

sábado, 14 de mayo de 2022

Problemas técnicos

  Cerramos momentáneamente por problemas técnicos. Volvemos el viernes 3 de junio. Gracias.

Gustavo Monteros

viernes, 6 de mayo de 2022

Estocolmo

 

Escucho Estocolmo y se me cruza el síndrome. De Estocolmo, claro. Para los que no lo hayan oído mencionar o no tengan muy en claro de qué se trata, les cuento: “El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su secuestrador o retenedor” Esta explicación es de la vieja y peluda Wikipedia.

 

Y se llama de Estocolmo y no de Copenhague u Oslo, por un incidente ocurrido en Estocolmo en 1973, el ahora célebre robo  de Norrmalmstorg.

 

Vuelvo a Wikipedia: “El 23 de agosto de 1973, Jan-Erik "Janne" Olsson entró en una sucursal del Kreditbanken en Norrmalmstorg, en el centro de Estocolmo. La policía fue alertada inmediatamente y al entrar dos agentes, Olsson les disparó, hiriendo a uno de ellos. Olsson tomó a cuatro rehenes (tres mujeres y un hombre) y exigió que se llamase a Clark Olofsson, que en ese momento cumplía una condena, más tres millones de coronas suecas, dos revólveres, chalecos antibalas, cascos y un vehículo. Olofsson fue traído y se estableció un enlace de comunicación con los negociadores de la policía. Una de los rehenes, Kristin Enmark, había dicho que se sentía segura con los atracadores, pero temía que la policía pudiera causar problemas utilizando métodos violentos…”

 

En 2018, Robert Budreau, dirigió un guión sobre el hecho basado en el artículo The Bank Drama de Daniel Bank, editado por James Luscombe.

 

Budreau cambió los nombres de los protagonistas. Jan-Erik "Janne" Olsson pasó a llamarse Lars Nystrom y lo interpretó Ethan Hawke y Clark Olofsson fue rebautizado Gunnar Sorensson y lo personificó Mark Strong. Kristin Enmark pasó a ser Blanca Lind y la corporizó Naomi Rapace.

 

Estocolmo de Robert Budreau es ideal para un domingo de lluvia porque es la famosa película a la que le falta 5 para el peso. Tiene un buen guión, está bien dirigida, actuada con solvencia, tiene un irreprochable acabado profesional en todos los rubros técnicos, pero le falta algo, un intangible, un imponderable, un indefinible, Quizá una pizca de humor. De todos modos, aunque está a años luz de acercarse a la mejor película de asalto con rehenes jamás hecha, o sea la legendaria y querible Tarde de perros (Dog Day Afternoon, Sidney Lumet, 1975) se deja ver. Sobre todo por el desparramo histriónico de Ethan Hawke, que en la madurez parece haberse liberado de las restricciones de la contención. Enhorabuena.

Gustavo Monteros

 

Último momento: Ayer, jueves 5 de mayo de 2022, Netflix estrenó la miniserie sueca Clark, dirigida por Jonas Åkerlund y escrita por Fredrik Agetoft, Peter Arrhenius y Jonas Åkerlund, sobre vida y milagro de los delincuentes envueltos en el robo de Norrmalmstorg, delito que como se dice arriba originó la acuñación del Síndrome de Estocolmo. No la he visto todavía, pero a juzgar por el tráiler rebosa de lo que le falta a la película de Budreau: humor y delirio. Pero claro, ver para saber…




viernes, 29 de abril de 2022

Argel




 

 Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

Hoy: Argel


Pépé le Moko, novela del Détective Ashelbé (seudónimo de Henri La Barthe) tiene hasta la fecha 3 adaptaciones cinematográficas: Pépé le Moko (la más lograda), Algiers (la más famosa) y Casbah (la más musical)

Cuadro con la información esencial de las 3 películas:

Año

1937

1938

1948

Título

Pépé le Moko

Algiers

Casbah

Director

Julien Duvivier

John Cromwell

John Berry

Pépé le Moko

Jean Gabin

Charles Boyer

Tony Martin

Gaby

Mireille Balin

Hedy Lamarr

Märta Torén

Inés

Line Noro

Sigrid Gurie

Yvonne De Carlo

Slimane

Lucas Gridoux

Joseph Calleia

Peter Lorre

 

Aunque la anécdota se circunscribe a lo policial, las maquinaciones del inspector Slimane para atrapar a Pépé le Moko, un ladrón francés refugiado en la Casba de Argel, en esencia se trata de una historia de amor con un héroe romántico por antonomasia.


Pépé vive en la Casba con Inés (para él es una relación circunstancial de sexo, comida y compañía, para ella, es el amor de su vida), pero una noche Pépé se deslumbra y se enamora de Gaby, una turista de paso que le retribuye.


Pépé y Gaby son dos prisioneros que hallan la libertad en el amor por el otro. La Casba es la prisión de Pépé, un rey sin corona del lugar, que no puede abandonar porque lo apresarían. Gaby es prisionera de sus circunstancias de mantenida de lujo, heredera directa de las cocottes del siglo XIX, ofrece belleza a cambio de joyas, pieles, cuentas bancarias, propiedades y quizá, a la larga, un matrimonio de conveniencia. La felicidad para ambos está a un paso. Paso liberador si los hay, aunque muy peligroso y tal vez aniquilador.


Es un cuento atractivo porque es uno de los pocos contado desde un personaje masculino. Las grandes historias de amor, incluso las narradas omniscientemente, se centran en grandes protagónicos femeninos, el amante siempre es una contrapartida necesaria más que un igual (piénsese en la modélica La dama de las camelias, por ejemplo). Son contados los Heathcliff (Cumbres borrascosas) frente a las numerosas Francescas (Los puentes de Madison). Esta aseveración es polémica, claro, pero puede desatar discusiones interesantes.


Del mismo modo que estas tres versiones comparadas pueden usarse para fructíferas clases de guión. Si bien, insisto, la original francesa de 1937 es la mejor, no agota la historia. La del 38 es casi un calco hollywoodense, sin embargo los actores secundarios hacen una relectura interesante de las subtramas. La de 1948 introduce unos cuantos cambios no del todo eficientes, aunque acentúa las motivaciones, ¿homoeróticas?, ¿homosexuales?, del personaje del inspector Slimane respecto de Pépé. Porque la verdad sea dicha, no solo Inés siente el despecho cuando llega Gaby a la vida de Pépé.


De las tres versiones, la segunda es la que la habilita para pertenecer a esta acotada selección cinematográfica que hacemos. La primera y la tercera tienen títulos más pertinentes. La primera por centrarse en el protagonista de la historia, la tercera por asentarse en el peculiar ambiente en que se desarrolla la trama.


Ahora bien, ¿qué es la Casba específicamente? Recurramos a la vieja y querida Wikipedia por la respuesta: "La Casba es la ciudadela de Argel en Argelia y el barrio histórico que la rodea. Es un tipo único de medina, una ciudad islámica, ubicada en la costa del mar Mediterráneo. (...) La casba fue fundada sobre las ruinas de la antigua Icosium. Es una pequeña ciudad que, construida sobre una colina, se adentra al mar, dividida en dos: la ciudad alta y la baja. Se pueden encontrar mezquitas y edificaciones del siglo XVII y, especialmente las tres grandes mezquitas de la ciudad de Argel: la mezquita de Ketchaoua (cuya edificación data de 1794) flanqueada por dos minaretes, la mezquita nueva (Djemmá el Djedid) (levantada en 1660 durante la regencia otomana) y la Gran Mezquita de Argel (Djemmá el Kebir), la más antigua de Argel ya que fue construida a finales del siglo XI. En la casba argelina también existen las típicas calles-laberinto. (...) La Casba jugó un rol central durante las luchas de independencia de Argelia (1954–1962). La Casba fue el foco de la insurgencia planeada por el Frente de Liberación Nacional (FLN) que les dio un lugar seguro para planear y ejecutar ataques contra autoridades opresoras francesas y agentes del orden público en Argelia del momento. Con el fin de contrarrestar los ataques, los franceses tuvieron que centrarse específicamente en la Casba. (...) Fue incorporada a la lista de Patrimonio de la Humanidad de Unesco en 1992. (...) Como informó Reuters en agosto de 2008, la Casba se encuentra en estado de abandono y algunas áreas corren peligro de derrumbe” (Perdón por la humorada,  pero tanto dato me remite al Libro gordo de Petete, así que: El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene, y yo te digo contento, hasta la clase que viene.)


Ah, y ya que estamos en dibujos, muñecos y esas cosas, consignemos que el animador Chuck Jones se basó en la interpretación de Charles Boyer de Pepé le Moko en Argel para su famoso personaje de Pepé le Pew, que ya no es leído como el zorrillo insistente y patético que no acepta el rechazo de la gatita Penélope Pussycat, a la que confunde con una zorrilla y a la que asquea por su olor nauseabundo, sino que es visto como un acosador impenitente o un violador en ciernes. L’air du temps.

Gustavo Monteros



 

viernes, 22 de abril de 2022

Munich


 

Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

 

Hoy: Munich


Nos dicen Munich y la edición del Almanaque Mundial de nuestra cabeza, nos remite de inmediato a dos datos, el Putsch de Múnich o sea el fallido golpe de estado de 1923 que concluiría con Hitler y Hess, entre otros dirigentes nazis, en la cárcel, y la Masacre de Múnich de 1972, cuando en los Juegos Olímpicos de verano, un comando de terroristas palestinos de la organización Septiembre Negro tomó como rehenes a once integrantes del equipo olímpico de Israel para terminar masacrándolos, el crimen fue visto en vivo por la televisión.


A las consecuencias de este segundo hecho nos refiere Munich, película de Steven Spielberg de 2005. El guión de Tony Kushner y Eric Roth se basa en el libro de George Jonas, Venganza, el relato verídico de una misión contraterrorista israelí. Libro y película cuentan como Israel, en represalia por la masacre, armó un equipo clandestino de cinco miembros (Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler) para liquidar a los responsables del atentado.


Spielberg ejecuta un thriller de sostenido suspenso que sortea magistralmente la dificultad de una trama que es episódica (la sucesión de ejecuciones) en vez de la tradicional que construye interés al desplegarse.


Steven Spielberg es un maestro inmenso permanentemente subestimado. Nadie en su sano juicio puede negar su genialidad, pero si se pide que nombren a los mejores directores de la actualidad, nunca aparece su nombre en primera instancia cuando deberíamos comenzar con el suyo toda lista posible.


Spielberg es, por suerte, prolífico y no infalible, lo que permite apasionarse por su obra y defenderla. Munich está entre sus films imperecederos y logrados. Si se la cruzan por streaming o cable, descúbranla si no vieron y vuelvan a disfrutarla si la vieron.


(Hasta la fecha, abril de 2022, entre cortos, episodios de series para TV, telefilmes, documentales y largometrajes de ficción, ha dirigido 57 películas, y la única flojita, es imposible que algo suyo sea malo, es Always /Siempre (1989), acto de amor por Holly Hunter, de cuando estuvo brevemente loco por ella. Se deduce, entonces, que el amor es maravilloso, inspira, pero no siempre paga…)

Gustavo Monteros

viernes, 15 de abril de 2022

Bacurau


 Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

 

Hoy: Bacurau

Si de peculiaridades geográficas se trata, dificulto que hallemos otro ejemplo tan extremo de la que caracteriza al pueblo de Bacurau (Juliano Dornelles, Kleber Mendonça Filho, 2019): no figurar en los mapas. Este misterio (al igual que el del género de esta película) se dilucidará en el final.

 

Somos metidos en la historia a través de la vuelta al pueblo de una médica joven para el entierro de su abuela ¿consanguínea?, ¿adoptiva? La chica regresa en un camión aguatero, porque el río que daba agua al pueblo ha sido desviado para que no los favorezca más. De repente el chofer del camión llama la atención sobre unas cajas esparcidas por el camino. ¿Acaso son ataúdes? ¿Los tiró el camión volcado más adelante? ¿Descarriló para evitar atropellar la moto que está al costado del camino? ¿La mujer muerta sobre la banquina manejaba la moto? ¿El chofer del camión de los ataúdes también murió? ¿Por qué la médica y el aguatero siguen de largo?

 

Una vez llegados, ven al pueblo entero reunido por el velorio. La población es variopinta y se perfilan conflictos y desconfianzas entre ellos. Los ritos del entierro son especiales e incluyen cantos y lamentaciones.

 

Para entonces se nos acumulan las preguntas sobre lo que vamos viendo. En especial respecto al género de la película. ¿Es una ficción antropológica? ¿Es un drama social de Pueblo chico, infierno grande? ¿Es un film político sobre disidencias? ¿Es de terror? ¿Es un thriller? ¿Es de zombies? ¿Viene de tragedias ecológicas? ¿De motociclistas descontrolados? ¿Es una revalidación del western? ¿Es un drama filosófico religioso? ¿Es de desembarco de extraterrestres?

 

¿Qué importan las etiquetas cuando el espectador se divierte? Bacurau es un film tan inclasificable como irrepetible. Un sincretismo, una fusión, una mixtura. Es original, inaudito, desbordado. Sobre el final unirá en una trenza perfecta todas las mechas de pelo que ha ido separando y peinando con primor. Y es tan gore, como excelso y justiciero. Ahora el museo del pueblo albergará nuevos trofeos.

 

Puede que Bacurau no esté en el mapa, pero su historia es muy elocuente. Tanto como los 52 premios y 73 nominaciones que lleva acumuladas la película.

Gustavo Monteros

viernes, 8 de abril de 2022

Hawai



 

Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

 

Hoy: Hawai

 

Con Hawaii (George Roy Hill, 1966), es la vez que una gran producción de Hollywood más cerca estuvo de Las venas abiertas de América Latina. En espíritu, digo, e involuntariamente, porque se centraron más en el lado sentimental del increíble y triste destino del Reverendo Abner Hale (Max von Sydow) que en el costado más político, más Ibsen o Shaw, del asunto.

 

Esta tragedia, en su fondo, es más política que sentimental y si la hubieran narrado desde las devastadoras consecuencias político-sociales, la película hubiera sido mucho más conmovedora, aunque no sé si tan exitosa, se habrían corrido demasiado de lo que era el canon hollywoodense.

 

El susodicho reverendo estaba entre los que encabezaron la cruzada misionera evangelista al archipiélago de Hawaii en 1818. El hombre era un fanático sin imaginación ni misericordia que interpretaba la Biblia y los preceptos religiosos literalmente. Recalco, porque el detalle es muy importante, sin grises, con literalidad absoluta, al pie de la letra.

 

Un peligro andante, de ahí que los Elders (Mayores) establecieran que no pudiera evangelizar a menos que se consiguiera una esposa, tarea que en los papeles era sencillamente titánica, sino imposible. Almas caritativas lo acercan a Jerusha (Julie Andrews), solterona de 22 años, atada a la espera de cartas casamenteras de un marino que se fue a hacer fortuna, el capitán Rafer Hoxworth (Richard Harris).

 

Por supuesto, las cartas llegan cuando el complot de casarla con Abner ya está en marcha y se las ocultan, condenándola a consorte del nada atractivo reverendo. Convengamos que el personaje de Max von Sydow debe figurar entre los protagonistas más obtusos, pesados, indigestos y desabridos de la historia del cine. En dos palabras es un pelmazo mayúsculo.

 

En fin, casados que fueron, se embarcan y después de un viaje con inconvenientes como corresponde a toda travesía de film con gran presupuesto, llegan a las islas. (Entre los que viajan está el doctor John Whipple, interpretado por un joven e incipiente Gene Hackman, que, sin embargo, no se hace notar por lo insulso de su papel).

 

Una vez en la paradisíaca Hawaii, Abner se enfrentará con la reina del lugar, Malama Kanakoa (Jocelyne LaGarde), que terminará por abrazar la fe con fervor infantil. Entre el infantilismo de la gobernante y el fanatismo del evangelizador, el choque de culturas es punzante.

 

En el transcurso, habrá partos traumáticos, luchas por la moralidad, epidemias, amores encontrados y muertes significativas.

 

Y después de haber arruinado la vida a medio mundo de todas las maneras imaginables, incluida la dieta alimentaria, le llega a Abner la posibilidad de redimirse: evitar la esclavitud de los lugareños a los que vino a evangelizar y la devastación de los recursos naturales de las islas por la explotación de monocultivos invasivos y dañinos como el de la caña de azúcar.

 

Porque mientras él pulía su fanatismo y estupidez, la misión evangelizadora había mostrado su verdadera cara, ser la vanguardia de un capitalismo rapaz, colonizador, miserable y abusador (aquí es cuando la película revela su conexión con lo que cuenta el libro de Galeano, la contracara de la cruz que fue la espada y las dos venían por la dominación y la explotación, y no por la civilización)

 

Subrayo que si este cuento se hubiera contado desde este aspecto, el film hubiera sido mucho más resonante y desgarrador, tal como está, es un relato eficaz logrado más con oficio que arte.

 

Este proyecto basado en un libro de James A.Michener estuvo en un principio a cargo del director Fred Zinnemann que consideró a Audrey Hepburn para el papel de Jerusha. Audrey hubiera provocado más patetismo que Julie Andrews que está francamente miscast (mal elegida, fuera de rol) A Julie por su pasado de María von Trapp (The Sound of Music / La novicia rebelde, Robert Wise, 1965) y de Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964) se la presupone una mujer espirituosa con recursos prácticos que bien puede prever y soportar lo que aquí le sucede. Audrey por sus antecedentes de princesa delicada, (Roman Holiday / La princesa que quería vivir, William Wyler, 1953) más ingenua y delicada que curtida y pragmática, nos hubiera despertado más pena y lástima. Pero como Julie es una auténtica trooper (disciplinado soldado de una causa) por excelencia se las arregla para redondear un personaje sólido y desatar la terneza y emoción apropiadas al desventurado devenir de su personaje.

 

Hawaii puede verse en los canales que dan películas viejas. La programan con frecuencia. Aloha.

Gustavo Monteros


viernes, 1 de abril de 2022

Panamá


 

Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)

Hoy: Panamá

De todos los lugares posibles, dos ecuatorianos excompañeros de secundario después de 10 años sin verse se reencuentran en un cine en Panamá. Celebrarán la casualidad cenando juntos. La reunión dará cuenta de lo vivido desde que no se ven, lo compartido en los años de escuela, lo añorado, lo pendiente, lo que olvidaron, lo que se perdonaron, y lo que no. Como suele ser el caso, surgirán algunas verdades incómodas.

 

Es el año 1985, dato importante para los que los que conocen la historia de Ecuador y Panamá. Dato circunstancial y no imprescindible para los demás. Porque la interpelación con el espectador viene más por el lado de su historia personal que con la historia con mayúsculas.

 

Al ver este reencuentro comprobamos que nos relacionamos más por lo que nos separa que por lo que nos une, paradojas al margen. Que puede que las relaciones elegidas (parejas, amigos) se basen en lo que nos acerca, pero las obligadas (compañeros de estudio, de trabajo) se caracterizan más por lo que nos separa.

 

Y en lo peculiar, se me dio por pensar, que es poco lo que uno puede hacer con los condicionantes (familia, clase social, educación a la que accedimos, momento histórico, etc.) que nos tocaron en suerte, no se trata de darle la razón al determinismo, pero tampoco desestimar la pesada influencia que el entorno puede ejercer sobre la formación definitiva de la persona que somos. Se necesita una voluntad excepcionalmente fuerte para romper con los lazos que nos aprisionan a un modo de ser y pensar.

Panamá (Javier Izquierdo, 2019) puede parecer un hueso duro de roer. Es en blanco y negro y para algunos puede asemejarse más a un ejercicio de tesis para una escuela de cine, a una reformulación del cine de los sesenta, o al experimento formal entre discípulos de una forma de concebir el cine, o a una instancia de teatro filmado, pero es una película independiente hecha y derecha con méritos propios que puede disfrutarse si se la acepta por lo que es, una meditación sobre algunos destinos.

Gustavo Monteros

Se puede ver en Prime Video