jueves, 29 de noviembre de 2018

Terminal - La venganza perfecta


Los actrices y los actores pueden tener papeles importantes, ser protagonistas, pero si no hallan pronto su breakthrough role (su rol consagratorio) pueden dar vueltas y vueltas hasta terminar perdidos en los repartos.


¿Qué es un breakthrough role? Esos personajes que solo tal o cual actor o actriz pudieron haber hecho. Algunos lo hallan medio tarde en sus carreras, Gene Hackman, por ejemplo, tardó en hallar su Popeye Doyle para Contacto en Francia (1971), pero cuando lo halló, fue una súper estrella imperecedera. La divina de Sharon Stone gastó tacos y galanes hasta que se cruzó con su Catherine Tramell de Bajos instintos (1992), que la catapultó a lo alto del cartel del que no la pudieron bajar ni con 200 bodrios. Algunos lo hallan al principio de sus carreras, como Barbra Streisand que reprisó en cine el personaje de Fanny Brice que la consagró en teatro, Funny girl (1968) y otras lo hallan no a mucho de empezar, como Liza Minnelli que encontró su Sally Bowles de Cabaret (1972) tres películas después del debut. Otros, como Josh Hartnett, Ashton Kutchner, quizá lo hallen alguna vez o nunca, también hay otrxs, como Keira Knightley que desaprovecha una oportunidad tras otra y no termina de adueñarse de ningún personaje.


Margot Robbie es de esas personas que parecen haber nacido para el cine. Es hermosa, escultural y la cámara la ama (ojo se puede tener las dos primeras características y fallar en la última, que es la esencial en realidad). La habíamos notado en esa cumbre de Martin Scorsese intitulada El lobo de Wall Street (2013) (¡Cómo no hacerlo! Es la chica de fucsia que le pone su zapato de taco aguja en la cara a Leo Di Caprio… ¡Guau!)


La notamos también en ese drama de la Segunda Guerra, Suite Francesa (2014) y eso que por ahí andaban su majestad Kristin Scott Thomas y la incandescente Michelle Williams, que suelen eclipsar al o la más pintadx.


Y anduvo por la Argentina del brazo de Will Smith para rodar unas escenas de Focus: Maestros de la estafa (2015), pero por más que Scorsese le hubiera dado la escena inolvidable ya mencionada, no hacía pie del todo (por culpa de los tacos de Scorsese, quizá). Y confieso que no la vi ni en La leyenda de Tarzán (2016) (me dijeron que en el final hay muchos cocodrilos y esos bichos no me gustan) ni en Suicide Squad (2016) (en cualquier momento la veo, simplemente me la perdí).  Y cuando estaba por pasar a las listas de los “quizá alguna vez se me dé” le llegó su San Martín.



Yo, Tonya es un viaje de ida, deja un surco en el alma y uno puede que pierda en el olvido hasta el propio nombre, pero no desvanecerá de la memoria a la Robbie en Tonya. La chica es odiosa hasta que uno la comprende, y si no se la perdona, se la compensa con el respeto. A Tonya le dieron un talento singular, el de patinar sobre hielo como los dioses, sin enseñarle cómo usarlo, porque la hicieron nacer y criar en el sitio equivocado. Y la pobre va a los tumbos, cometiendo glorias y bajezas sin poder evitarlas.



Suele suceder que una vez que un actor o una actriz logran su breakthrough role, junto con el estrellato se ganan la simpatía o el amor incondicional de la platea para siempre. Es mi caso con Margot Robbie, después de Yo, Tonya soy su fan a perpetuidad.


Puede que pueda hacer niñas modositas, casi educadas por el cine argentino del cuarenta, como la mejor, pero sus chicas guarras son mucho más deliciosas.

Y encarna a una de ellas en un estreno reciente de Netflix. Terminal es lo que la plataforma de contenidos define como una película “extravagante”. Los personajes y los ambientes por donde transitan parecen salidos de un comic. La terminal del título (una estación cabecera de ferrocarril)  juega también con lo terminal, lo letal.


Hay un enfrentamiento entre asesinos a sueldo, el que sobreviva se queda con un premio misterioso que se sabrá sobre el final. El humor es negro, con toques más de brillantez que de pesimismo. Lógico, ya que es más la historia de una venganza que un manifiesto misantrópico.


Dirigió Vaugh Stein, en su debut en el largometraje. El film exhibe un virtuosismo notable, dato que no sorprende cuando se sabe que el hombre fue Director de la Segunda Unidad en varias películas importantes.


Junto a la magnífica Margot Robbie, se lucen el híper talentoso Simon Pegg, el nunca bien ponderado Mike Myers, el ascendente Max Irons  (el hijo de Jeremy), y voz de platino Dexter Fletcher.


Terminal - La venganza perfecta (2018) puede verse en Netflix y, hecha la salvedad de su extravagancia, es altamente recomendable.

Gustavo Monteros

jueves, 22 de noviembre de 2018

The Ballad of Buster Scruggs


Y ya se sabe, el cine de los hermanos Coen es versátil, ecléctico, proteico. Su amplia cinematografía abarca ejercicios sobre el noir: Simplemente sangre (1984), Miller’s crossing (1990), Fargo (1996), El hombre que nunca estuvo (2001), Sin lugar para los débiles/No country for all men (2007); ejercicios sobre la comedia: Educando a Arizona (1987), El gran salto/The Hudsucker Proxy (1994), El gran Lewoski (1998), ¿Dónde estás, hermano? (2000), El amor cuesta caro/Intolerable Cruelty (2003), El quinteto de la muerte/The Ladykillers (2004), Quémese después de leerse (2008), Salve, César (2016); ejercicios sobre el western Temple de acero (2010) y ejercicios sobre el drama existencialista Barton Fink (1991), Un hombre serio (2009) e Inside LLewyn Davis: Balada de un hombre común (2013).


Más allá de tanta variedad de estilos, dos características atraviesan toda su cinematografía: una cinefilia militante y un corrosivo sentido del humor. Características que se agradecen y mucho.


Ahora tentados por el gigante Netflix, pensaron primero hacer cortos o mediometrajes ambientados en el Lejano Oeste, pero después optaron por el viejo y querido formato de película de episodios, formato en el que no habían incursionado. Formato que hoy tiene la vara muy alta gracias a Damián Szifrón y sus Relatos salvajes (2014).


Son seis relatos. Tim Blake Nelson protagoniza el primero (el más delirante) y que le da título al conjunto: The Ballad of Buster Scruggs. James Franco protagoniza Near Algodones, un relato armado en apariencia para llegar a un antológico chiste final. Liam Neeson protagoniza el amargo Meal ticket. Tom Waits protagoniza una fiel transcripción (incluidos animales que huyen del hombre cuando llega al valle y que regresan cuando se va) de un gran cuento de Jack London: All Gold Canyon. Zoe Kazan protagoniza otro relato adaptado, esta vez la autoría original es de Stewart Edward White: The Gal Who Got Rattled, en el que un perrito no tiene un rol menor precisamente. Y por último Brendan Gleeson, Tyne Daly, Saul Rubinek, Jonjo O’Neill y Chelcie Ross protagonizan The Mortal Remains, un delicioso juego existencialista.


Como sucede con los mejores trabajos de los Coen (y este figura entre ellos) uno se enamora, y sabe que no será esfuerzo alguno revisitarlos una y otra vez.


Hablando de veces, muchas veces se ha acusado a Ethan y Joel Coen de ser unos misántropos incurables detrás de tanto fuego de artificio. No estoy tan seguro, pero de ser así, deben ser los mejores filósofos de las peores opiniones sobre el ser humano.


The Ballad of Buster Scruggs puede verse en Netflix. Hoy, mañana o pasado no se la pierdan. Es goce puro.

Gustavo Monteros

jueves, 15 de noviembre de 2018

King of Peking - El rey de Pekín


Las “feel good movies” se traducen como las películas optimistas, de finales si no felices al menos reconfortantes.


King of Peking  (2017) de Sam Voutas, protagonizada por Jun Zhao como Big Wong y Wang Naizun como Little Wong,  entra con creces dentro de esa categoría. Dista mucho de ser una película perfecta, pero es de esas que uno mira con una sonrisa de principio a fin.


Trata el viejo y querido cuento del padre que lucha para retener la custodia de su hijo, después de un divorcio peliagudo. Por un lado debe ganar lo suficiente para pasar la consabida cuota, y por el otro debe demostrar que es lo suficientemente maduro como para afrontar la crianza. Y por supuesto tiene dificultades con lo primero y es más que inmaduro para lo segundo. Por momentos su hijo es el verdadero adulto.


Y es una película llena de cine, dado que la profesión del padre es proyectorista. Y que sea china y transcurra en China le suma más encanto. Y da mucho descanso a la oreja que la banda sonora esté compuesta por clásicos de la música clásica.


En resumen, es como el viejo slogan de la ginebra Bols: estimula y sienta bien.


El rey de Pekín puede verse en Netflix

Gustavo Monteros

jueves, 8 de noviembre de 2018

Peregrinación por los caminos del dolor


En medio de toda la oferta de Netflix, puede pasar desapercibida Peregrinación por los caminos del dolor, serie filmada en conmemoración de la Revolución Rusa de 1917. Se basa en Hermanas, el primer tomo de la trilogía. Las dos novelas restantes son El año 1918 y Una mañana lúgubre. El título Peregrinación por los caminos del dolor es en realidad el de toda la trilogía.


El autor es Alekséi Nikoláyevich Tolstói (no, de ningún parentesco con León Tolstói, el célebre autor de La guerra y la paz y Ana Karenina, entre otros grandes y geniales mamotretos) que vivió entre 1883 y 1945 y que fue autor de novelas históricas y de ciencia ficción.


Su trilogía fue célebre y muy popular en su tiempo y se inscribe en la tradición de novelones de amor con el trasfondo épico de un momento histórico clave, muy querido por el cine. Sí, como Lo que el viento se llevo (Victor Fleming, 1939), Por siempre Ambar (Otto Preminger, 1947), Doctor Zhivago (David Lean, 1965), Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1971) o la multiversionada La guerra y la paz (la última fue una miniserie inglesa de 2016 dirigida por Tom Harper y protagonizada por Paul Dano, James Norton, Lily James, Tuppence Middleton, Greta Scacchi, Jack Lowdes, Jim Broadbent, entre otros notables)


Esta versión del primer tomo de Peregrinación por los caminos del dolor que ofrece Netflix está dirigida por Konstantin Khudyakov (entre otros), y adaptada por Elena Rayskaya (entre otros)  y protagonizada por las bellísimas Yuliya Snigir (Katya) y Anna Chipovskaya (Dasha), secundadas por los buen mozotes Leonid Bichevin (Ivan Ilich Telegin) y Pavel Trubiner (Vadim Roschin) y la no menos deslumbrante Svetlana Khodchenkova (Liza Rastorgueva) entre muchos otros (¡¿Hay alguien feo en Rusia?!)


Y, como todos los ejemplos cinematográficos mencionados, ofrece una primera parte detallada, con presentación de personajes  y conflictos, y una segunda parte tan llena de resoluciones que da la sensación de que no va a quedar ni un técnico en pie para dar el desenlace final.


Hecha la salvedad, resta decir que está muy bien contada, tanto en su épica como en su intimidad de amores correspondidos (o no), e ilustra con solvencia los entretelones de la participación rusa en la Primera Guerra Mundial y los despelotes que acompañaron a la imposición de los bolcheviques en la mentada revolución.


La historia se centra en las aventuras y desventuras amorosas de dos hermanas de la alta burguesía zarista y cómo enfrentaron los cambios que les trajo el siglo nuevo en su segunda década. Y gracias a Dios, todo es muy ruso. Los rusos son como la exacerbación de todo lo humano, si aman, aman hasta la agonía, si odian, odian hasta el sacrificio. Y tanta intensidad no agobia. En ellos es tan natural que dan envidia, dejan al resto de la humanidad en una medianía pasional espantosa. Eso sí, así como son de pasionales, son cruentos e impiadosos. Bah, como decíamos, todo lo humano muy potenciado.


Por más que los Caminos sean de Dolor, imposible no emprender esta Peregrinación.


Peregrinación por los caminos del dolor va por Netflix y tiene 12 episodios de una hora.


En dos palabras: Im-perdible.

Gustavo Monteros

jueves, 25 de octubre de 2018

A royal night out - Un escape real


Respecto de los reyes en general y los de Inglaterra en particular, era un ácrata irredento, en mi imaginación andaba tirándoles bombas a sus carruajes, sus autos, sus carrozas. Mi etapa anarquista terminó cuando me choqué con Peter Morton , primero con La reina (2006) y después con The Crown (2016) y aprendí que Isabel II era algo más que una señora insulsa con cara de nada y peinados ridículos con sombreros inadjetivables  más vestidos chingados y sin gracia.


No, para nada. Es que yo había caído con anterioridad en un pecado muy moderno y muy de moda: la despersonalización, la objetivación de las personas. Eso que nos lleva a olvidar que detrás de cualquier figura pública, hay un ser humano. Feo, lindo, pero humano. Y que no se trata de insultar, de odiar, de despreciar, que es lo que viene cuando se le quitó a la persona pública todo rasgo humano.


Peter Morgan me enseño que puede que Isabel no sea el alma de la fiesta, la más bonita del grupo, la más brillante del salón, la más elegante del evento o la más grácil del baile, aunque sin embargo tenga un humor tosco pero efectivo, un sentido común que raya en lo supremo y una entereza envidiable para cumplir con el rol que el destino le dio. No ser la más ocurrente no la hace la menos atractiva. Esta mujer pasó por cosas con las que muchos solo sueñan. Está bien, está bien, está más cerca de la mercera de la esquina que de Simone de Beauvoir, pero nadie le quita lo bailado.


Ojo, no poco tienen que ver para que le desarrollara una empatía, las dos actrices que la interpretaron en los trabajos de Morgan mencionados: Helen Mirren (La reina) y Claire Foy (The Crown). Ya era un espectador fiel y agradecido de Mirren, ahora soy también un incondicional devoto de Foy, y si bien quiero y respeto a Olivia Coleman que la reemplazará en The Crown, no me resigno a que ya no la veré como Isabel.



A royal night out / Un escape real (Julian Jarrold, 2015) es casi un desprendimiento de The Crown. Estamos en el Día de la Victoria, en 1945. Toda Inglaterra festeja el fin de la guerra. En Londres, a las princesas Elizabeth (o Isabel, para los íntimos) y Margaret (Margarita para los ídem) se les permite asistir a unas galas sin el aparato oficial habitual de escoltas y damas de compañía, un par de oficiales oficiarán de chaperones. No se necesita mucha suspicacia para deducir que deambularán por su cuenta y que vivirán sino aventuras, peripecias muy iluminadoras. Las de Margaret tendrán que ver con fiestas y tugurios y la de Isabel (o Elizabeth) con algo cercano al romance.


Y eso fue lo que ganó de esta película ¿Quién no ha sentido alguna vez al convivir momentos con otra persona el hormigueo de suponer que de no ser quienes fuéramos y tener los compromisos que nos atan, viviríamos la más deslumbrante historia de amor con este alguien?


Sarah Gadon es Elizabeth, Bel Powley es Margaret, las dos son la esencia de la delicia. Emily Watson es la Reina consorte y Rupert Everett es el Rey, los dos son la quintaesencia de la maravilla. Pero es el ascendente Jack Reynor como Jack Hodges, el imprevisto acompañante de Elizabeth (o Isabel para los íntimos) el que se roba los laureles y las miradas. Está perfecto como ese soldadito cansado, irritado y a la vez fascinado por esta compañía regia que le cae del cielo.


Ultra deliciosa, imperdible.


A Royal Night Out / Un escape real puede verse en Netflix. Véanla pronto, hace mucho que está y por ahí la sacan.

Gustavo Monteros

jueves, 18 de octubre de 2018

Slow West


Slow West podría llevar como subtítulo “Jorge Luis Borges va al Oeste”, porque es como si algunas de sus obsesiones sobre el azar y el destino se ilustraran en este western. Nada raro, algunas de sus historias tienen algo de films de vaqueros. Sin ir más lejos cuando Héctor Olivera filmó su cuento El muerto, 1975, con Juan José Camero, Francisco Rabal y Thelma Biral, la cosa participaba del género. No puedo decir mucho de por qué me vino Borges a la mente sin spoilear. Básteme decir que cuanto el film termina y podemos armar el rompecabezas, hay algo de un destino que se creía reservado para uno, pero que lo termina por cumplir otro.


La historia habla de una chico escocés, Jay Cavendish (Kodi Smit-McPhee)  que a fines del siglo XIX se pierde en el Oeste estadounidense para buscar a la chica que ama, Rose (Caren Pistorius) que ha huido con su padre, John (Rory McCann) tras un hecho de sangre en la Escocia originaria de todos ellos. En el camino, por suerte, a Jay se le aparece Silas (Michael Fassbender) mezcla rara de ángel protector y malhechor consumado. Como las cabezas de Rose y su padre tienen precio, en el camino atraerán a unos cuantos cazarecompensas, entre ellos a un viejo socio de Silas, Payne (el prolífico Ben Mendelsohn).


Como corresponde al género, habrá unos cuantos tiros y flechas, persecuciones y enfrentamientos con desenlaces sorprendentes.


La película conquistó unos cuantos premios y otras tantas nominaciones. Ganó, por ejemplo, un premio importante en el Sundance.


Dos cosas llaman la atención, uno la música de Jed Kurzel, muy hermosa, algo que no debería sorprender puesto que el director John Maclean también es músico y dos, el carisma insobornable de Michael Fassbender y también el de Ben Mendelsohn, que no me cae bien del todo, pero que no está en todas partes porque sí, es talentoso y sabe lucirse.


Muy entretenida.


Slow West puede verse en Netflix

Gustavo Monteros






jueves, 11 de octubre de 2018

22 de julio



Netflix ambiciona producir contenidos que generen en su lanzamiento la expectativa de un estreno cinematográfico. Competir con las salas de cine y quizá en el futuro reemplazarlas.


Conmigo logró ese objetivo de las expectativas con 22 de julio de Paul Greengrass. El cine de Greengrass es mejor cuando recrea hechos tomados de la realidad. La marcha y posterior masacre a los irlandeses del 30 de enero de 1972, Bloody Sunday (2002); los últimos momentos vividos a bordo de uno de los aviones secuestrados el 11 de septiembre de 2001, United 93 (2006); el secuestro de un barco a manos de piratas somalíes en 2009, Capitán Phillips (2013), con otra gran actuación del inmenso Tom Hanks. Su tratamiento de ficciones a secas es eficiente y apenas notable: La supremacía de Bourne (2004), El ultimátum de Bourne (2007) y la menos lograda de toda la saga, Jason Bourne (2016), además de Green Zone – La ciudad de las tormentas (2010), todas con el carismático Matt Damon, y una romántica perdida en el tiempo: The Theory of Flight –Vuelo en busca del amor (1998) con Helena Bonham Carter y Kenneth Branagh, en los tiempos de su breve y tumultuoso amor, asediado por el despecho de Emma Thompson.


22 de julio según su gacetilla de prensa: Narra el atentado terrorista más letal de la historia de Noruega y los sucesos posteriores. El 22 de julio de 2011, un ultraderechista radical detonó un coche bomba en Oslo y luego disparó a los adolescentes de un campamento de verano en la isla de Utøya. Murieron 77 personas. A través de los ojos de un superviviente, y en paralelo a su recuperación física y emocional, "22 de julio" retrata la trayectoria del país para lograr su curación y reconciliación.


Greengrass, fiel a su estilo, narra con brío y urgencia, más técnicas de documental, los aspectos más salientes de la masacre, para después concentrarse en dos contrapuntos, el terrorista por un lado y una de sus víctimas que lucha por recuperarse por el otro, y el que hay entre los abogados defensores y acusadores por el otro, más el dilema del Primer Ministro ante el ataque: ¿pudo preverse?, ¿se actuó con la diligencia necesaria?


Para no sobrecargar las tintas e inclinar la balanza, Greengrass recurre quizá a demasiadas simplificaciones, lo que puede restarle profundidad pero no claridad para repensar este auge de las ultraderechas y los peligros que representan.


Y por eso el film se vuelve ineludible. ¿Qué hay detrás de la xenofobia, del resurgimiento de los nacionalismos exacerbados? ¿Por qué en tiempos de globalización en que la información se supone asequible a todos es posible estimular odios primales y prejuicios raciales más asociados a la ignorancia?

Gustavo Monteros

jueves, 4 de octubre de 2018

Calibre


Cuando la subieron a la plataforma, espié el tráiler, pero la deseché porque me pareció previsible y remanida. Pero cuando Stephen King dijo que hacía que te comieras las uñas de principio a fin, me dije quién soy yo para discutirle a King y la vi.


Y tenía razón nomás. Era para comerse las uñas. El punto de partida es sencillo y recuerda a los westerns de antaño. Un par de jóvenes, amigos desde siempre, van a cazar a un apartado pueblo montañés de Escocia. Un accidente imprevisible desata un hecho de sangre, que traerá impensadas derivaciones.


Sí, recuerda a esas indagaciones sobre la esencia de la violencia, frecuentes y populares  en los años setenta, con Deliverance / La violencia está entre nosotros (John Boorman, 1972) con el recientemente eterno Burt Reynolds o Los perros de paja (Sam Peckinpah, 1971) con Dustin Hoffman, como ejemplos indiscutidos.


Atrapante, bien escrita y dirigida por Matt Palmer y muy bien actuada por Jack Lowden, Martin McCann, Tony Curran y Ian Pirie, a la cabeza de un elenco parejo.


Calibre puede verse en Netflix.


Ah, ganó dos premios en el Festival de Cine de Edimburgo, a la Mejor Película y el premio especial Michael Powell a la mejor película británica del año 2018.  

Gustavo Monteros



jueves, 27 de septiembre de 2018

Seven Seconds


Llego a 7 seconds porque le dieron el Emmy a la mejor actriz protagónica en serie corta o película a una de sus protagonistas, Regina King. Un premio siempre es una lotería. Si hay varios favoritos, los votos por ellos se emparejan y se anulan y termina ganando alguien insospechado. No sé si esto pasó en esta categoría en particular, pero no es proeza menor haberle ganado a la gran Edie Falco por Law & Order True Crime, a la impar Laura Dern por The Tale, a la maravillosa Sarah Paulson por American Horror Story, a la ascendente Michelle Dockery por Godless y a la magnífica Jessica Biel por The Sinner. Mi favorita era Jessica Biel, pero yo no voto. Ojo, Regina King se lo ganó en buena ley, pero las preferencias son las preferencias y esta vez mi elegida era otra. Además me encanta que glorifiquen a Regina King porque su nombre es regio por donde se lo mire,  ya que si lo pasamos en nombre y apellido al castellano nos queda Reina Rey. Y, bue, uno se entretiene cómo puede.


Cuando la estrenaron, espié el tráiler y no me entusiasmó demasiado, me pareció un policial demasiado clásico. Después de The Killing, Breaking Bad, The Sopranos, uno se puede poner quisquilloso con los policiales.


La situación disparadora es la siguiente. Un policía, camino del hospital donde visitará a su esposa embarazada que llegó hasta allí con hemorragia, atropella a un joven negro por hablar por su celular. En apariencia  en vez de acercase a ver cómo está, llama a sus compañeros de la división  narcóticos, quienes limpiarán la escena y lo instarán a llegar al hospital. El joven abandonado sobrevivirá largamente en medio del frío y la nieve, y cuando, ya internado, se crea que podrá recuperarse, morirá.


La historia se centrará en la familia de la víctima,  en la vida y milagros de la fiscal y el detective que deben investigar el crimen y en los cuatro policías involucrados en el atropello y fuga. El estilo es realista o sea clásico (no había juzgado mal el tráiler) y riguroso hasta el capítulo 7 (son 10 en total). 


El tratamiento estético y de actuación recuerdan al del maestro Sidney Lumet (12 hombres en pugna, 1957, Serpico, 1973, Tarde de Perros, 1975, Crimen en el Expreso de Oriente, 1974, Antes de que el diablo sepa que has muerto, 2007, entre otras maravillas)  


Lumet estaba convencido de que todo policial era una tragedia en ciernes, que si se profundizaban los conflictos, se superaba el drama y se llegaba a la tragedia. Drama es el tratamiento serio de conflictos. Tragedia es cuando los personajes por sus características no pueden sino generar un conflicto de sangre. Ejemplos, Edipo es tan arrogante que pide a gritos un destino cruel. Hamlet es tan indeciso que su inacción hace que todos a su alrededor terminen a las cuchilladas. Antígona tiene un sentido de la dignidad tan pronunciado que no permitirá que no entierren a su hermano sin pompas fúnebres. El drama puede resolverse de mil formas, no necesariamente con sangre derramada. La tragedia es siempre más conmovedora porque algún tipo de matanza es inevitable. Y lo que más nos conmueve es que acompañamos a los personajes en su derrotero comprendiendo que no pueden hacer otra cosa que entregarse a su destino. 


Aquí, por momentos, la cosa parece encaminarse para la tragedia, pero por meter sorpresas y vueltas de tuerca efectistas se quedan en el drama.


La realización es impecable, la actuaciones antológicas. Y hay nombres de fuste. El segundo capítulo por ejemplo fue el último trabajo del gran Jonathan Demme antes de irse de gira. Y el tercero sin ir más lejos está firmado por don Jon Amiel. Los otros ocho directores tienen importantes antecedentes en grandes series, de modo que es toda gente de respeto.


Hasta el capítulo 7 yo venía como para una ovación de pie al final, pero entonces una trampa bastante obvia en la trama despertó mis alarmas, dejé de estar ganado por la historia y le vi las costuras. Es sobre un personaje que venía salvándose de que lo mataran varias veces y de repente lo matan (fuera de cámara como bien corresponde en ciertas situaciones), el problema es que el motivo para hacerlo salir de su escondite es muy endeble y es inaceptable que dicha necesidad no haya sido cubierta desde mucho antes por el detective que comparte una piedad semejante, además no está justificada la forma en que los asesinos se enteran de que se dirigía a ese lugar. Perdón por ser enigmático, como invitaré a que la vean, no soy más preciso. Una vez que la hayan visto, me darán la razón, o no.


El desenlace es realista. La justicia es esquiva y como suele hacerlo se desarma en una sentencia que quiere conformar a todos y no conforma a nadie. De todos modos las vidas de todos los partícipes quedan rotas y se puede armar con contundencia una segunda temporada. La participación de la híper talentosa Gretchen Mol como una abogada defensora de los policías, curtida pero no insensible, soliviantó un poco el enojo de la trampa de correr una muerte, necesaria quizás, a un capítulo que necesitaba un refuerzo.
Más allá de mi reparo, es apasionante. Suelo resistirme a las maratones sobre todo con las cosas que me están gustando para que me duren más, pero esta vez estaba tan ganado por la historia que la vi en dos noches.


Seven seconds puede verse en la plataforma de contenidos Netflix. 
Ah, para los que no las conocen, Regina King es la madre de la víctima, y la también maravillosa, Clare-Hope Ashitey es la fiscal. En las fotos que siguen, primero Regina, luego Clare-Hope.

Gustavo Monteros


jueves, 20 de septiembre de 2018

Mr Holmes


Y a veces dos más dos no es cuatro, sino tres, aunque las matemáticas se contraríen. Todo está para ganar y sin embargo, se pierde. Una buena historia, que anda por tres carriles. La que la memoria se resiste a recordar, la del chico que se inicia en el mundo de la madurez y la del japonés que consigue la planta que no devuelve la memoria, pero que al menos da excusas para que las cosas se repiensen. Se basa en una novela, (A slight trick of the mind de Mitch Cullin) lo que bueno ya que genera solidez. El casting es perfecto de tan impecable. El inmenso y ya legendario Ian McKellen es ideal como el Sherlock Holmes viejo que no puede recordar la resolución de su último caso, que sabrá Dios por qué lo condenó a este exilio campestre en el que vive. La siempre maravillosa Laura Linney es el ama de llaves que lo cuida a regañadientes. (Dentro del drama o de la comedia dramática, ¿hay algo que Linney no pueda hacer?) Y el chico Milo Parker es el hijo del ama de llaves, un chico deslumbrado, como medio mundo, salvo su madre, por el pasado de este detective achacoso, y a veces insólitamente lúcido. Milo es de esos chicos que solo el cine puede crear, es fotogénico, expresivo, encantador, conmovedor, el hijo ideal de toda madre, el sobrino ideal de toda tía. Y a pesar de tantos elementos ganadores, y de contar con un director, Bill Condon (Dioses y Monstruos, 1998, Kinsey, 2004, Dreamgirls, 2006) que al menos en los papeles parece soñado para el proyecto, la película no levanta vuelo jamás. No se cohesiona, es pura suma de las partes. Y la culpa, claro, es del director, que sin inspiración, pone oficio, y el oficio no siempre alcanza.


Me hizo acordar de otra película a la que le pasaba lo mismo. La lejana Confesiones verdaderas de ¡1981, cómo pasa el tiempo!, con los dos Robert de lujo. Duvall y DeNiro. Se basaba en una excelente novela de John Gregory Dunne, lo que garantizaba una base armónica. Era sobre dos hermanos en pugna ética. Duvall era un policía que sabía deletrear la corrupción policial, pero que no estaba dispuesto a ocultar bajo la alfombra la mugre de la iglesia y más si su hermano, DeNiro en óptima forma, está por ser nombrado obispo. Pero el director Ulu Grosbard tampoco hizo que la película levantara vuelo, y hoy se la recuerda como una  oportunidad perdida. Una buena historia con dos buenas actuaciones en un film que se quedó en promesas.


Pero aunque la suma de tres, Mr Holmes merece tener su oportunidad, como en el caso de Confesiones verdaderas, por los actores. Los tres protagonistas mencionados, más un elenco que no desentona, hacen un siempre bienvenido desparramo de talento. Y eso no es algo como para dejar pasar. Después de todo, no toda película tiene que ser la gloria en bicicleta. Ah, la historia también es muy seductora.


Mr. Holmes puede verse desde hace un tiempito en Netflix

Gustavo Monteros




jueves, 13 de septiembre de 2018

Miss Saigon


En términos de gigantescos éxitos, los franceses Claude-Michel Schönberg (música) y Alain Boublil (letra y libros) tuvieron un segundo (Miss Saigon) a la altura del primero (Les Misérables), pero no hubo dos sin tres (Martin Guerre) para ellos.


Miss Saigon se estrenó en Londres en 1989 y representó la consagración mundial de Lea Salonga, el debut en el musical de Jonathan Pryce, y completó el trío protagónico, Simon Bowman. Estuvo 10 años ininterrumpidos en el West End. Por supuesto repitió el éxito en Broadway y en otras grandes plazas teatrales. Nicholas Hytner dirigió la producción original.


En el 2014, su productor inicial Cameron Mackintosh organizó una reposición en Londres y tras un exhaustivo casting la sufriente Kim quedó en manos de Eva Noblenza (fue elegida en Manila, Filipinas), el rol del Ingeniero, rol creado por Pryce recayó en el híper talentoso Jon Jon Briones, y el galán, en manos de Alistair Brammer, alcanzó nueva revelancia, así como el personaje de Gigi en magnífico cuerpo y voz de Rachelle Ann Go.


El nuevo elenco logró una versión suprema, de pura magnificencia. Ojo, ahora como con My Fair Lady, El violinista en el tejado o Sweeney Todd, solo para mencionar tres clásicos indiscutidos, montar Miss Saigon es fácil. ¿Por qué digo semejante herejía? Por la sencilla razón de que ya está "descubierto", ya se sabe como son los personajes, que le conviene a la música, qué es lo que se debe lograr. Se parte de terreno fértil, los originales dejaron inauguraron un camino sólido y sin baches. Se puede cambiar la escenografía, el vestuario, cambiar el concepto escénico incluso, pero se sabe adónde se debe llegar.


Miss Saigon es una reformulación de Madama Butterfly, hay un romance interracial que termina mal para la pobre vietnamita en este caso, porque la acción se trasladó a la guerra de Vietnam. Como en Butterfly, hay una boda interrumpida por maldiciones, un hijo y un final trágico por mano propia, todas las demás circunstancias han sido conveniente (y acertadamente) cambiadas.


A propósito de cumplir los 25 años del estreno durante la temporada de reposición y en vista de los impresionantes logros del nuevo director escénico, Laurence Connor, Cameron Makintosh decidió filmar una función en vena cinematográfica (la puesta se presta para tal fin) y exhibirla en los cines, con el plus premium de una gala con los protagonistas y parte del reparto de la puesta original.


Schönberg es uno de los reyes de la melodía y logró una partitura que se sigue todo el tiempo con deleite. Boublil no es en letrista muy poético, pero si un transcriptor muy gráfico y efectivo de emociones y narraciones pertinentes a la trama. Aunque en esta versión los que se llevan los laureles son los actores-cantantes y el director. Consiguen un verosímil impresionante. Los soldados parecen soldados, el proxeneta uno de verdad y las prostitutas, auténticas profesionales del oficio. Y es tal la maravilla, que hay momentos en que no se sabe para qué lado mirar. No es ajeno a esto, el coreógrafo Bob Avian, el único repetido con justeza, porque estaba en la versión original


Desde hace una semana está disponible en Netflix. No la dejen para más adelante, miren que las obras musicales duran  poco en Netflix. Ah, no se dejen engañar por los títulos finales, miren que después de los mismos viene la gala aniversario. Si son gustosos del género, imperdible. 

Gustavo Monteros