viernes, 19 de abril de 2013

8 estrenos 8 (Primera Parte)

Esta semana por motivos ajenos a mi voluntad tampoco podré ir al cine, lo que no evitará que al menos les informe sobre los estrenos de la semana. Haré como hacen en The Guardian, “criticaré” los tráileres (si ellos lo hacen nosotros no vamos a ser menos).


Tengo una amiga con la que una vez por milenio vamos al cine,  cuando coincidimos, soportamos las 7.432 colas que dan antes de la película elegida calificándolas. Hacemos como que las agendamos cuando nos interesan, les damos un “paso” cuando se trata de géneros de los que nos somos adeptos, les concedemos un “quizá” cuando les descubrimos algo que podría llegar a interesarnos y les propinamos un pulgar para abajo cuando las adivinamos tan malas que no las veríamos ni aunque nos pagaran nuestro peso en oro (bueno, no exageremos, si me dieran mi peso en oro vería Los bañeros más locos del mundo y sus 75 secuelas sin pestañar y de los más contento…) Bueno, a lo que voy es que los invito a que hagan como nosotros, aprieten play y decidan si alguna de estas propuestas les interesa.




Arrancamos con uno de los estrenos yanquis. 21 la gran fiesta. Obviamente se trata de la típica comedia adolescente de entregarse a excesos cuando se debe estar descansando para enfrentar una responsabilidad inminente. Habrá chistes más bien gruesos, alguna incorrección política, alguna que otra humorada lograda. Dirigieron Jon Lucas y Scott Moore, guionistas de ¿Qué pasó ayer? y sus continuaciones, o sea que siguen entregando leche de la misma vaca.




Jugando por amor de Gabriele Muccino (Siete almas, En busca de la felicidad) es la habitual comedia sobre las segundas oportunidades. Un tarambana debe optar entre hacer lo correcto (aquí, recuperar el amor de su ex y aprender a ser un buen padre) o seguir con livin’ la vida loca. Hay unas cuantas estrellas: Gerard Butler, Jessica Biel, Dennis Quaid, Uma Thurman y Catherine Zeta-Jones. Hum… Una más y van…






Lazos perversos del surcoreano Chan-wook Park viene de thriller. Una variación del zorro en el gallinero. Un tío misterioso (Matthew Goode) irrumpe en el inestable hogar de la viudita (Nicole Kidman) y su rarita (todo un eufemismo) hija (Mia Wasikowska). Anda por ahí también la fabulosa Jacki Weaver.  La puesta en escena promete estilización y elegancia y si tuviera tiempo ésta sería una de las que vería. Más que nada por Nicole Kidman, que es como la versión femenina de Michael Caine, por aquello de que sin importa el género o el resultado del film, siempre da un buen espectáculo y devuelve la plata de la entrada.

8 estrenos 8 (Segunda parte)





Ataquemos ahora la presencia europea. Tenemos primero a la italiana La esperanza de una nueva vida de Andrea Segre. El título original es Io sono Li (Soy Li) y por ahí se rebautizó también La pequeña Venecia. Se centra en la amistad (se verá también si algo más) entre una refugiada china (Tao Zhao) que va a trabajar a una islita del lago Véneto y un pescador yugoslavo (Rade Serbedzija) también poeta. Esta película llega a nuestra ciudad en mal momento. Después de lo que nos pasó, no creo que haya mucha gente con ganas de ver un film en el que al menos el muelle y un bar ¡se inundan!



Seguimos con una francesa, Tu amor, mi perdición de Louis-Do de Lencquesaing, también protagonista. Al hombre se lo conoce por El padre de mis hijos (no los míos, claro) sino la peli de Mia Hansen-Løve sobre un productor de cine medio suicida, que se dio el año pasado o el anterior. Aquí deambula entre tres mujeres, su hija que anda deletreando una nueva relación amorosa, su madre (la siempre atractiva Marthe Keller) que acaba de quedar viuda y su amante, que por supuesto está casada. Promete sensibilidad, devaneos psicológicos y algún que otro diálogo dudoso, por no decir vergonzante. Con nuestra amiga la pondríamos en la categoría de quizá.





Roa es un film colombiano de Andrés Baiz. A continuación transcribo la gacetilla de prensa: “ROA es una historia ficticia basada en hechos reales sobre Juan Roa Sierra, el presunto asesino del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, político y abogado colombiano, candidato disidente del partido Liberal a la Presidencia para las elecciones de 1950, con altas probabilidades de ser electo gracias a un ferviente apoyo popular. La historia sucede en Bogotá en los días previos al 9 de abril de 1948. Roa es un hombre ingenuo y supersticioso, un idealista sin oficio estable pero con una familia que alimentar. Cansado de buscar trabajo y convencido que ha nacido para grandes cosas, visita a su ídolo Gaitán para pedirle trabajo. Sus esperanzas se derrumban cuando Gaitán lo trata con desdén. Su ídolo se convierte entonces en su enemigo, y Roa comienza a armar un ingenuo plan para matarlo. Tras casi ser descubierto, invadido por el miedo, Roa abandona sus ideas locas y endereza su camino. Pero cuando todo parece ir mejorando, el destino le juega una mala pasada: unos misteriosos hombres, que lo han visto vigilando a Gaitán, lo amenazan con matar a su familia si no sigue adelante con su plan criminal. La explosión de ira de la población de la capital, en la que buena parte de la ciudad fue arrasada, se conoce como "El Bogotazo", pero las repercusiones del asesinato de Gaitán se extendieron a través de todo el país y llevaron a Colombia a un periodo conocido como "La Violencia", que duró casi 10 años y cuyos efectos se siguen sintiendo hasta el día de hoy. Si Juan Roa Sierra actuó solo o realmente fue partícipe de un complot, sigue siendo aún un misterio.”
Si bien se lo define como un drama policial, parece más bien un film político de lo más interesante. Tarde o temprano sin duda lo veré.

8 estrenos 8 (Tercera parte)




Y por último dos argentinas. Vamos primero por Puerta de hierro-el exilio de Perón de Víctor Laplace y Dieguillo Fernández. Como su título lo indica se centra en la vida de Perón durante su exilio español. Laplace vuelve a ponerse los zapatos de Perón, a quien ya corporizara en cine y teatro. Victoria Carreras es Isabel, Javier Lombardo, Jorge Antonio, Fito Yanelli es López Rega, Manuel Vicente, Cámpora, Sergio Surraco, Galimberti, Natalia Mateo es Sofía, una dependienta española con la que se relacionó Don Juan Domingo y Federico Luppi, en una participación especial es el Dr. Puigvert. ¿Ratificará o modificará el film lo que ya suponemos o sabemos? ¿Lograrán hacernos ver un Perón íntimo? ¿Levantará alguna alfombra para mostrarnos que se barrió debajo de ella? Más allá de lo exhaustivas que puedan ser las respuestas, una película que al sentarnos en la platea nos despierta preguntas merece verse.





Para terminar La vida anterior de Ariel Broitman. Como ya pasó con La construcción, ¡qué manía la de hacer tráileres en los que te cuentan todo el argumento! Parece que viene de drama de descubrimientos. El elenco trae a Elena Roger, Esmeralda Mitre, Sergio Surraco, Adriana Aizenberg y un reaparecido Juan José Camero. En algún momento a ésta la veré seguro. Pertenezco desde siempre al club de admiradores de la Aizenberg y mi corazoncito late de amor por la Roger.

Consejo, en caso de indecisión, entre un film yanqui o europeo y otro argentino o latinoamericano, opten siempre por lo argentino-latinoamericano, no por chauvinismo a la galleta sino porque aunque nos clavemos con un film no del todo logrado, la recompensa siempre es mayor, respirar el mismo aire, verse reflejado en paisajes y culturas sienta mejor que ver otro estúpido film yanqui o un mediocre film europeo.

Ah y si son de jugar, pónganle un pesito al dos u otro numerito divisible por dos porque esta semana hay cuatro estrenos yanquis, dos películas dirigidas por dos directores (21 la gran fiesta y Puerta de hierro-el exilio de Perón), dos films europeos y dos pelis con Sergio Surraco. Suerte.
Abrazo grande, Gustavo Monteros

viernes, 12 de abril de 2013

De película






Se le atribuye a Alfred Hitchcock aquello de que una película es igual a la vida sin las partes aburridas. Nuestra vida, a veces apasionante como un thriller, es habitualmente un relato de John Cheever con alguna epifanía redentora. Pero cuando una catástrofe azota el lugar donde vivimos, nadie permanece ajeno y todos tenemos algo que contar.

A días de la trágica inundación, se nos pidió a los ciudadanos más o menos secos que regresáramos a trabajar, para que la vida cotidiana se encauce de a poco. Y así los docentes volvimos a las escuelas para un simulacro de actividad normal. Había pocos alumnos, poco personal, lo que da, más allá de toda estadística, la magnitud del desastre.  El saludo de rigor fue reemplazado por el ¿cómo te fue con el agua?, y a los que no nos tocó padecer o apenas nos mojamos las patas, nos provoca un poco de vergüenza contestar que bien, que salvo algún inconveniente menor, nada debemos lamentar. Pero al menos servimos para que nos cuenten, para que desagoten al menos por un rato, los charcos de tristeza que quizá no sequen nunca. No tengo muchas virtudes, aunque sé escuchar. Quienes tienen algo que contar saben pronto si alguien los escucha de verdad, entonces se explayan, se detienen en los detalles y pormenorizan con largueza. Volvía a casa repleto de historias, pero emocionalmente agotado, porque uno no es de piedra.

En principio hay dos grandes grupos. Están a los que el diluvio los pescó en la casa y a los que los sorprendió fuera de ella. Está el chico al que la lluvia lo sorprendió jugando en la plaza y, como no paraba, emprendió la vuelta a casa y vio en el camino como cientos de ratas huían de la inundación todavía en ciernes. El adolescente al que lo arrastró el agua y se salvó por reírse, ser arrastrado le pareció divertido, no se desesperó y cuando vio las ramas de un árbol, se aferró y pudo encaramarse. El padre que con el agua a la cintura estaba en la puerta de la casa para ver si su hijo llegaba, en la oscuridad vio que la corriente arrastraba un bulto que parecía de humano, cuando pasó a su lado, estiró el brazo y lo aferró, sin saber si rescataba un cadáver, no, era un muchacho, más ahogado que desahogado, pero por suerte todavía vivito y coleando, mientras lo ponía a resguardo, la mujer desde adentro le gritaba que el hijo estaba bien, en casa de unos tíos. La señora que cuidaba a la anciana que no quería dejar la casa, la acompañante, preocupada por el agua que subía, dejó a la anciana en el primer piso y se fue a buscar al hijo que la había contratado para que la convenciera de salir, cuando volvieron, aunque el agua estaba lejos de llegar al primer piso todavía, la anciana flotaba boca abajo en el living de la planta baja, se había tirado al agua para morir como los capitanes que no dejan sus barcos. La señora que salió a hacer las compras para la cena y que volvió casi a nado y sin las compras porque se las arrastró la corriente, al entrar a la casa, empapada, hedionda y mugrienta, el marido no entendía nada, y ella le dijo: hoy no cenás, mal no te va a venir, estás muy gordo. El hombre que pasó la noche bajo el balcón de un edificio, con el agua a los tobillos, tiritanto, mientras permaneció allí, muchos volvieron al edificio, nadie lo hizo entrar ni le alcanzó una frazada, no tengo buena pinta y la gente es muy desconfiada, me dijo con humor y no poca amargura. Los que se salvaron de que les entrara agua porque la gran pileta de natación que tienen estaba vacía y absorbió toda agua que les correspondía. El hombre con su familia dentro de una camioneta diesel que al ver que comenzaban a flotar, hizo abrir todas las puertas para dejar que el agua entrara al vehículo y permanecieran sobre el pavimento, le pidió a la camioneta un último esfuerzo y pudo salir marcha atrás de la cuadra anegada. El taxista fuera de servicio que se volvía a su casa y se conmovió de la señora espantada con el agua a la rodilla, la subió al taxi y como no pudo llevarla al domicilio que le indicó, la refugió en su propia casa, la señora me confesó que era bastante buen mozo y que pensó que por ahí ligaba casa y comida, pero no, concluyó, no tengo suerte, era casado. El hombre, peleado desde hace años con su hermano, que al enterarse de que el hermano se inundaba se fue a darle una mano, entró y sin decir una  palabra se puso a ayudarlo a rescatar cosas poniéndolas en las partes superiores de los aparadores y placares, no tuvieron suerte, al agua cubrió todo, terminaron en el techo, ahí recién se hablaron, pero antes se abrazaron y lloraron, el gomón los encontró riéndose por las cosas que recordaban de cuando eran chicos. La señora que hizo empanadas para los inundados durante 27 horas seguidas y que tuvo que parar porque la hija se puso firme que si no hubiera seguido. Y por último, porque soy un romántico empedernido, una historia de amor. El refugiado que se puso a ayudar a la voluntaria y cuando ésta, exhausta, se quebró, él la consoló, bien, tanto que ahora son novios, ojalá sean el amor de sus vidas y no un bote que pasa en el río de la congoja.

Estas son algunas de las historias que escuché y que puedo contar porque me dieron permiso para hacerlo.  A otras me las contaron en reserva y me pidieron que no las repita. También me guardo algunas trágicas, porque ya no tienen remedio y es tiempo de reconstrucción.

De poder optar por un género cinematográfico para contar un episodio de nuestra vida, creo que todos elegiríamos una comedia romántica de final feliz, jamás un film de cine catástrofe, pero nos toca lo que nos toca.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 5 de abril de 2013

Cerrado por tristeza



No tengo ganas de hablar de cine. No tengo ganas de escudarme en el axioma inventado por los productores (no por la mística de los actores como se cree) para no devolver las entradas: El espectáculo debe continuar. No debo dar motivos ni razones para los que viven en esta ciudad. Pero como tengo lectores de otros países, una explicación se justifica.

El martes pasado, una lluvia, que un amigo con buen tino calificó de bíblica, cayó impiadosa y persistente durante 5 o 6 horas seguidas desatando en zonas de la ciudad inundaciones que se cobraron más de 50 vidas y provocaron daños irremediables. La ciudad de La Plata quedó devastada. Miles de personas lo perdieron todo.

Por eso hablar hoy de cine más que una frivolidad parece una inutilidad.

Como dice un poema de Benedetti, sólo queda medir la fe. Y ser solidarios, claro, como siempre, más que nunca. Hoy, pero también mañana cuando el tema salga de los titulares y el problema persista, porque hay vecinos que deben reconstruirse desde la nada en la que han quedado. A todos nos gustan las historias edificantes, en los próximos meses nos toca protagonizar una. No me cabe duda de que daremos actuaciones inmejorables.
Un abrazo, Gustavo Monteros

jueves, 28 de marzo de 2013

6 estrenos 6

Estas crónicas son ante todo un servicio. Elegimos uno de los títulos que se estrenan y lo analizamos para que ustedes puedan saber si les interesa o no verlos. Esta semana se estrenan no uno ni dos, sino ¡seis! films. Ninguno de los cuales tengo ganas de ver, más que nada porque estoy de ánimo para un policial negro tipo Barrio Chino, El halcón maltés o La novicia rebelde (uy, La novicia rebelde no es un policial negro, pero como hace dos milenios la daban en Semana Santa, se me coló) y no hay. Bueno, la cuestión es que por más que yo no tenga ganas de ver nada, esto no es óbice (óbice, ¡qué linda palabra!) para que no cumplamos con el servicio, así que al menos reseñaremos dichos estrenos. Allá vamos.



 El primero es una película de terror. La memoria del muerto de Valentín Javier Diment con Horacio Acosta, Raquel Albéniz, Jimena Anganuzzi, Lola Berthet, Belén Brito, Ana Celentano, Rafael Ferro y Gabriel Goity. En general, salvo alguna excepción como El orfanato no hacemos crónicas de películas de terror, por tres motivos. 1) No somos adeptos al género. 2) Debido al punto uno, salvo los viejos clásicos como Frankenstein, el Drácula de Lugosi o los de Christopher Lee o los Halloween de John Carpenter no hemos seguido el desarrollo del género y no sabemos mucho, y como ya hay demasiada gente que habla de lo que no sabe, no queremos sumarnos a la sanata generalizada. Y 3) Los fanáticos del género no necesitan análisis para ver un film, se estrena uno y allá van. Lo sé, soy fana del musical y he visto hasta ¡Grease II!


El segundo estreno es Jack, el cazagigantes de Bryan Singer (Los sospechosos de siempre, El discípulo, X - Men, Superman regresa, Operación Walkiria). Reformulación del cuento infantil clásico de Jack y las habichuelas mágicas en versión súper producción pochoclera. Habrá fantasía, hallazgos visuales, alguna humorada lograda y buenas actuaciones. También… ¡con ese elenco!: Nicholas Hoult, Eleanor Tomlinson, Ewan McGregor, Stanley Tucci, Eddie Marsan, Ewen Bremner, Ian McShane.



El tercero es Proyecto 43, película dividida en cortos de Bob Odenkirk, Elizabeth Banks, Steven Brill, Steve Carr, Rusty Cundieff, James Duffy, Griffin Dunne, Peter Farrelly, Patrik Forsberg, Will Graham, James Gunn, Brett Ratner, Jonathan van Tulleken de humor grueso, absurdo, políticamente incorrecto, de espíritu adolescente, escatológico, con afán de escandalizar. La novedad es que cuenta con un elenco de estrellas como Dennis Quaid, Greg Kinnear, Hugh Jackman, Kate Winslet, Liev Schreiber, Naomi Watts, Emma Stone, Richard Gere, Justin Long, Uma Thurman, Gerard Butler, Seann William Scott, o Terrence Howard. No sé el todo, pero en estos casos, uno que otro corto puede estar logrado.


El cuerto es GI Joe el contraataque de Jon M. Chu con Dwayne Johnson, D.J. Cotrona, Channing Tatum y ¡Bruce Willis! O sea la típica película con músculos, testosterona y cosas que explotan cada cuatro minutos. La veremos en algún momento porque siempre hay un domingo a la tarde de lluvia en el que las opciones son planchar las camisas para la semana o ver una peli de acción elemental y ¡adivinen qué elegimos! Y porque siempre vemos las pelis de Bruce Willis, aunque, querido Bruce, no te digo que hagas Shakespeare (bien podrías, talento no te falta) pero de vez en cuando ¿no podrías elegir un proyecto con alguna clase de argumento o con algo que se parezca a personajes? De más está decir que el querido Bruce ya tomó nota de mi objeción y ya está volando a Suecia para buscar con Liv Ullman un guión perdido de Ingmar Bergman y transformarlo en Duro de matar XVIII.

Respecto del quinto y sexto estreno, copiaremos a The guardian (que decimos que es de Londres, aunque por origen es de Manchester) que analiza tráileres (la viejas y queridas colas). Los tráileres son reveladores. Pueden vender mal una buena película, aunque las bondades de la misma trascienden y se “ven”. Se registra en toda la historia del cine que sólo hubo un caso, uno, de una excelente cola que vendió un film malísimo transformándolo en interesante, atractivo, caso del que nos ocuparemos en alguna otra ocasión.




Según el tráiler, Verano del 79 (Le skylab) de Julie Delpy (actriz identificada por la serie de films de Richard Linklater que compartió con Ethan Hawk: Antes del atardecer, Antes del amanecer, Antes de medianoche) es el viejo y querido relato costumbrista-pintoresco de relaciones familiares y del paso epifánico de la niñez a la adolescencia. Si no anduviera en ánimo de policial negro, quizá me hubiera aventurado a verla.



Y por último La reconstrucción de Juan Taratuto (No sos vos, soy yo, ¿Quién dice que es fácil?, Un novio para mi mujer) con Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero. Este tráiler es muy pero muy singular: cuenta toda la película. Promete ternura, lecciones de vida y por la naturaleza del elenco, actuaciones destacadísimas.

Esperamos haber sido de utilidad. ¡Felices Pascuas! ¡Feliz Fin de Semana Súper Largo!
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 22 de marzo de 2013

Efectos colaterales






¿Es esta película tan buena de verdad o todos hacemos abuso de generosidad porque es la última obra de un hombre de genio? Sí, Steven Soderbergh (Magic Mike, La traición, Contagio, El desinformante, Che: El argentino, Che: Guerrilla, Ahora son 13, Intriga en Berlín, La nueva gran estafa,  Solaris, Todo al descubierto, La gran estafa  u Ocean's eleven, Traffic, Erin Brockovich una mujer audaz, Vengar la sangre, Un romance peligroso, Kafka, Sexo, mentiras y video, entre otras) se retira. Los motivos que esgrime suenan como un berrinche. Bah, siempre nos lo parecen cuando se jubila prematuramente alguien que admiramos. Sin embargo ¿cómo no coincidir cuando dice que el cine que se hace y se consume actualmente es vacío, ruidoso, torpe (el resumen interpretativo es mío, sus palabras son más amables)? Digo (¿en broma?) que el cine contemporáneo es una excusa para vender pochoclos, que la verdadera industria es ésa, la del popcorn. Antes se hacían largas cola para ver que nos deparaban Wyler, Preminger, Huston, Wilder, Truffaut, Bergman o Fellini, y hoy se venden millones de baldes de pochoclo para ver cada huevada. A los espectadores, cuando arrecia la mediocridad, nos queda refugiarnos en los clásicos. Claro, nos encantan las películas, pero no vivimos del cine. Querer hacer hoy buen cine en Hollywood no es difícil, es un absurdo. Es nadar corriente arriba en un río, en el que si te salvaste de las pirañas, te esperan los cocodrilos. Efectos colaterales es su última película para cine, hay otra para televisión, Behind the candelabra, un film biográfico sobre el pianista Liberace, con Michael Douglas y Matt Damon, que acaba de terminar y que produce HBO. Pero volvamos a la que nos ocupa.

Efectos Colaterales es del tipo de películas de las que conviene contar muy poco para no dar demasiadas pistas y arruinar las sorpresas. Emily Taylor (Rooney Mara, la Lisbeth Salander hollywoodense) ya venía pisando baldosas flojas. Ahora, a pesar de que su esposo, Martin (Channing Tatum) acaba de salir de la cárcel por haber estafado a una institución financiera (más que prisión le tendrían que haber dado 100 años de perdón) sigue deprimida y con ínfulas suicidas. Su psiquiatra, el Dr. Jonathan Banks (Jude Law) la empastilla con una droga nueva que le provoca unos efectos secundarios de lo más interesantes para la platea y de lo más incómodos para la pobre Emily. Aparece por ahí la psiquiatra anterior, la Dra. Victoria Siebert (Catherine Zeta-Jones) que oculta unos cuantos secretos. Todo comienza con el clásico reguero de sangre, entonces…

Como describe Philip French en The Observer: “el film muta de un acercamiento impactante a la farmacología y a la depresión en un thriller psiquiátrico al estilo de Cuéntame tu vida, el tipo de películas que Hitchcock hizo famosa a mediados de los ’40 y que generó una moda de películas sobre buenos o malos psiquiatras y su asociación con el sistema criminal de justicia”.

Bien, aunque el modelo declarado por Soderbergh es Atracción fatal y los thrillers que de mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa se hacían por docenas. Lo que no invalida la observación de French, porque todo thriller le debe una misa a Hitchcock (perdón, después de una semana intensa con un reality show papal a full, otra imagen me resulta difícil). Como sea, Soderbergh arma un film sólido y tramposo (como el género requiere), en el que despliega todos sus talentos. El hombre ha blanqueado que desde hace años es su propio director de fotografía bajo el seudónimo de Peter Andrews y su propio montajista bajo el seudónimo de Mary Ann Bernard. Una despedida a toda orquesta de un legítimo hombre orquesta. Soderbergh dice que se va a dedicar a la pintura, el teatro y a la televisión tal vez. Te deseamos lo mejor, Steven.

Cosas de la vida, esto de renunciar me toca de cerca. Ando rumiando dejar como actor las tablas independientes, las profesionales, a pesar de mi larga e impresionante foja de servicios (mi orgullo), no se pelean precisamente por tenerme, sobre todo porque no me conocen (mi consuelo). No es cuestión de suerte como se dice, sino de algo más precario, de la solidaridad de quienes deben presentarte y avalarte y de la generosidad de quienes deben darte trabajo. Como bien dice Blanche Dubois se depende de la bondad de los extraños.

En el arte, la dimisión es algo profundo, misterioso e inapelable. Algunos se van para volver, como Clint Eastwood, que retornó tras una breve pausa con la magia intacta. Gene Hackman se refugia en la escritura de novelas históricas. Goldie Hawn prefiere continuar en su hija. Inés Estévez todavía no vuelve. Elsa Daniel regresó en una película equivocadísima y nos condenó otra vez a la tristeza de extrañarla. Marilina Ross, como actriz, volvió de nuestra nostalgia por insistencia de Doria para un especial de la tele y de la Zorrilla para una noche sola de teatro, pero la luminosidad ya era fabricada. Olga Zubarry consintió en morirse sin volver. Diana Maggi elige perderse en el recuerdo o en el olvido, que es lo mismo. Qué sé yo, quizá otra paradoja, pero a veces aunque parezca una cobardía, el verdadero heroísmo no está en besar la lona ni en tirar la toalla sino en colgar los guantes.
Un abrazo, Gustavo Monteros

 

viernes, 15 de marzo de 2013

Elena




“Tenés razón, los hijos son los hijos” admite Doménico Soriano en el final de una de las mejores obras de teatro jamás escritas, la Filumena Marturano del genial Eduardo de Filippo. “Madre hay una sola” reza el dicho popular. Sacralización que encuentra un límite en el chiste popular que la completa: “Menos mal, si no qué quilombo”.

Hay un concepto “madre”, sostenido por todas las madres, claro, que coloca a sus acciones por encima de toda ley, psicología o filosofía, porque, andá a negárselos,  una madre es una madre. Precepto al que Elena, la protagonista de esta película, adhiere a pie juntillas.

Elena (Nadezhda Markina) y Vladimir (Andrey Smirnov) son una pareja mayor de diferente extracción social. Él es rico, ella no. Se conocieron tarde en la vida y ambos tienen hijos de una relación anterior. La de él, Katerina (Elena Lyadova) es una muchacha moderna y desprejuiciada. El de ella, Sergey (Aleksey Rozin) es padre de dos hijos, de un adolescente, Aleksandr (Igor Ogurtsov) y de un bebé. Sergey está desocupado y manifiesta despreocupación respecto de su situación. Pero a pesar de sus diferentes contextos, tanto Katerina como Sergey son indolentes, lo que dice mucho, más allá de la temperatura social, de la educación y crianza en estos tiempos, pero no nos adelantemos. La cuestión es que Sergey necesita dinero para manipular influencias que evitarían que Aleksandr vaya al ejército y pueda seguir una carrera universitaria de inmediato. Por supuesto Sergey quiere que Elena le pida ese dinero a Vladimir, entonces…

“Dios está en los detalles” es un axioma, supuestamente acuñado por Gustave Flaubert y popularizado por el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, que resalta la importancia de tomar en cuenta los elementos menores que, en definitiva, se vuelven claves para hacer la gran diferencia. Andrey Zvyagintsev, el director de Elena, es un devoto de dicho axioma. Cuando el film comenzó, me pareció sacado de otra época, el tempo narrativo era de una lentitud exasperante. Me asusté porque creí que iba a contar los hechos en tiempo real y yo ya no tenía tiempo de tomarme un té de tilo. Pero no, después adquiere un ritmo más acorde al que se usa en la actualidad. El lento comienzo es su manera de advertirnos que prestemos atención a los detalles, que son los detalles los que nos darán la magnitud del conflicto.

Elena es un cuento moral de una gran simpleza que oculta en su aparente llaneza profundidades insondables. Desnuda como pocos las virtudes y cortedades de las relaciones, la crianza, la educación, el manejo del dinero y la violencia en esta contemporaneidad nuestra. Da pie a abarcadoras y apasionantes discusiones.

Demás está decir que como en toda buena película rusa, los actores ratifican ser dignos herederos de Constantin Stanislavski y entregan interpretaciones modélicas.

Copio a Tita Merello, que no en vano fue una Filumena Marturano insoslayable, y digo: Muchacha argentina, si sos madre de cuerpo o de alma, ésta es tu película. Eso sí, andá pronto porque no creo que dure mucho en cartel. Ah, y no vayas con un hombre, propio o ajeno, no sea cosa que se ponga paranoico…
Un abrazo, Gustavo Monteros

Anna Karenina





Se dice que las sociedades primitivas se reunían alrededor del fuego para contar hazañas antiguas que se transmitían de generación en generación hasta transformarse en mitos o leyendas. Hay cosas que no cambian. Hoy tenemos la globalización, internet, la telefonía celular, pero desde hace siglos seguimos reuniéndonos para contarnos una y otra vez las mismas historias. Pese a los cambios de contextos sociales y políticos, de modas o ambiciones, no pasa temporada en que no vuelvan las Annas Kareninas, Las damas de las camelias o Los condes de Montecristo. Qué se le va a hacer, es que los cuernos,  los sacrificios por amor y los hambres de venganza son eternos.

Los ingleses son campeones en esto de versionar las mismas historias. Saben que no es cuestión de contar lo mismo de la misma manera. No por nada llevan añares contando las imperecederas glorias y miserias de los Hamlets, los Otelos y los Romeos y las Julietas. En el fondo sólo se trata de cumplir la vieja ley del Music-Hall: hacer que lo viejo parezca nuevo.

Joe Wright (Expiación, deseo y pecado, El solista, Hanna) se aparta del clasicismo que usó para trasponer cinematográficamente la novela de Jane Austen, Orgullo y prejuicio y se lanza con esta Anna Karenina  (sobre el original de León Tolstoi, claro) a un artificio en mi opinión fascinante. Casi toda la acción transcurre en un inmenso teatro a la italiana en el que se levantó el patio de plateas para dar mayor espacio a las escenografías. Y con gran valentía y riesgo mezcla teatro, cine, música y algo de ballet. Este artificio obedece por supuesto a un concepto, la idea de que la vida social es una representación teatral que regula los comportamientos hasta volverlos convencionalismos puros; el campo sin embargo escapa hasta cierto punto de este encorsetamiento y puede filmarse en toda su munificencia. El artilugio deleita a los teatreros, aunque puede fatigar al espectador de cine que quiere que una película se parezca a una película. El otro peligro latente es que el truco, seductor y creativo como pocos, sepulte a la historia bajo toneladas de telones pintados, montículos de cartón piedra y utilería que jamás permanece en el mismo lugar mucho tiempo. Que esto no suceda dependerá de la pericia del guión y de la empatía que puedan crear los actores.

Al guión lo firma el gran dramaturgo checo-inglés Tom Stoppard (en nuestros escenarios se conocieron: Rosencrantz y Guildenstern han muerto, El verdadero inspector Hound, Saltimbanquis, Travestis, El Hamlet de 15 minutos, La invención del amor, entre otras), de asimismo impresionante foja de servicios para el cine. El señor hizo los guiones de La inglesa romántica de Joseph Losey, Desesperación de Rainer Werner Fassbinder, Brazil de Terry Gillian, El imperio del sol de Steven Spielberg, La casa Rusia de Fred Schepisi, Billy Bathgate de Robert Benton, Shakespeare apasionado de John Madden, Vatel de Roland Joffé, Enigma de Michael Apted, entre otras. Su versión para esta Anna es fluida, elocuente y exhaustiva. Si la memoria no me falla, es la primera vez que aparecen en pantalla todas las subtramas de la copiosa novela.

Keira Knightley está espléndida como la Karenina, la primero virtuosa esposa que se entrega luego a la ilícita pasión para terminar devastada por un amor incomprendido. Aaron Taylor-Johnson está muy bien como Vronsky, el impetuoso amante. Se los ve hermosos juntos, pero no alcanzan la suficiente química para evocar la abrasadora pasión que los consume. Promesa incumplida de todas las Annas Kareninas a decir verdad. Hubo grandes Annas y grandes Vronskys, pero nunca el arrebato incontenible que los lleva a romper las reglas. El bueno de Jude Law está impecable como Karenin, el esposo llevado al límite de sus creencias. Es la primera vez también en que este personaje no es un monstruo de la rigidez sino un marido lacerado con heridas que no cierran.

El elenco es de primera e incluye a próceres de varias gestas que reverdecen sus laureles: Matthew Macfadyen (Oblonsky), Kelly Macdonald (Dolly), Olivia Williams (la condesa Vronsky), y Emily Watson (la condesa Lydia Ivanova). Más algunas caras nuevas que despliegan estimable talento: Ruth Wilson (la princesa Betsy), Alicia Vikander (Kitty) y Domhnall Gleeson (Levin). Además de un par de guiños para los seguidores de Downton Abbey: Michelle Dockery, (la princesa Myagkaya) y Thomas Howes (Yashvin), en la serie: la heredera Mary Crawley y el simpático lacayo William Mason que se malogra al comienzo de la segunda temporada, respectivamente. Y un lujo, la inmensa Shirley Henderson en un breve y jugoso rol (la esposa escandalizada en la ópera).

Por las características descriptas, los rubros técnicos sobresalen y merecen ser nombrados. La fotografía es de Seamus McGarvey, el montaje es de Melanie Oliver, el diseño de producción es de Sarah Greenwood, la dirección de arte es de Thomas Brown, Nick Gottschalk, Niall Moroney y Tom Still, la decoración y utilería es de Katie Spencer, y el vestuario es de Jacqueline Durran. Apropiadamente nominados para premios que en algunos casos ganaron.

Una mención destacada para la bellísima partitura de Dario Marianelli. Soberbia.

No suelo darme cuenta de esas cosas, pero como en Moulin Rouge! de Baz Luhrmann y El romance del siglo de Madonna, las joyas que se ven son de indecible hermosura. Hasta yo, que en mi vida usé un anillo y mucho menos un aro, con gusto hubiera robado los aretes que luce por ahí la Knightley.

En resumen, una interesante versión, que más allá de sus peros, al menos para los teatreros se vuelve ineludible.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 8 de marzo de 2013

Hitchcock



Nada traiciono si digo que Hitchcock es un cuento que termina bien. Todos sabemos que Psicosis fue un gran éxito y que Hitch jamás se separó de su esposa Alma. Sí, esta película se asienta en estos ejes: los entretelones de la filmación de Psicosis y una de las crisis matrimoniales que sorteó con Alma.

Hitchcock apunta a los cinéfilos como su primer público y a los cinéfilos, como buenos niños que somos, nos gusta oír el mismo cuento una y otra vez. Este film no nos cuenta nada que no sepamos. Se nos vuelve a referir la azarosa elección del proyecto Psicosis, la pelea de Hitch con productores y censores, el armado del reparto, la ingeniosa promoción de la película y la ratificación, claro, de su perfil psicológico, el católico reprimido que sublima a más no poder, el voyeur, el onanista y el perverso en ciernes en su relación con las estrellas a medio hacer. En cuanto a Alma siempre supimos que fue un gran talento opacado por el genio de su marido, una “doctora” de guiones sin igual y una montajista de primera línea. Aquí se ilustra cómo piloteaba el hecho de vivir en las sombras, de ser dejada de lado. Y si la crisis matrimonial no es sangrienta se debe a que ella lo amaba de verdad.

Como no podía ser de otro modo, abundan también los chismes conocidos: que Hitch prefería a las estrellitas en ascenso antes que a las consumadas, porque éstas ofrecían más resistencia a doblegarse a sus caprichos; que Vera Miles fue la única actriz que se negó a ser manipulada para ser otra rubia de la colección, que su humor aunque cáustico no caía mal, que sufría los premios que se le negaban, y que detrás de la fachada de autoridad monolítica se escondía un hombre temeroso, inseguro y dubitativo.

El tono de la película es amable, tampoco podría ser de otro modo si se quería ser más o menos fiel a la verdad. Durante años se socavó el mito para descubrir sobre qué barro se aposentaba y se encontró poco o nada. Más allá de conductas discutibles y quizá hasta reprochables, Hitch por sobre todo era un buen tipo, y su peor costado se recortaba por las muchas frustraciones que halló irremontables. Y perdón por lo evangélico, pero el que esté libre… que tire la primera piedra.

El elenco de notables que interpreta personajes ídem es antológico: Anthony Hopkins (Hitchcock), Helen Mirren (Alma), Scarlett Johansson (Janet Leigh), James D’Arcy (Anthony Perkins) y Jessica Biel (Vera Miles). No les van a la zaga en personajes menos glamorosos: Danny Huston (Whitfield Cook), Toni Collette (Peggy Robertson), Michael Stulhbarg (Lew Wasserman), Richard Portnow (Barney Balaban), Ralph Macchio (Joseph Stefano) y Michael Wincott como Ed Gain, el asesino de las ensoñaciones. Como al pasar aparecen dos ídolos absolutos de los cinéfilos, nada más ni nada menos que Bernard Herrmann y Saul Bass, Paul Schackman es el músico Herrmann y Wallace Langham es el diseñador gráfico Bass. Y Josh Yeo hace del actor John Gavin que recibe el comentario más venenoso de toda la película. Todos y cada uno de ellos se divierten a lo grande y lo comparten con la platea. Y si bien, por elección propia, lo de Hopkins está más cerca de la mimesis que de la composición no por eso su trabajo se invalida.

En resumen, Hitchcock de Sacha Gervasi es una cita obligada para los cinéfilos y para los no cinéfilos también ¿por qué quién no disfruta de un buen chisme? Lo digo con autoridad porque pertenezco a las dos categorías. La de los cinéfilos y la de los chismosos.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 1 de marzo de 2013

The master




Cuando Hollywood no era más que un naranjal soleado y las películas mudas se hacían con la celeridad con que se hierven las salchichas del hot-dog, surgió entre los productores la manía de reducir los argumentos a unas cuantas oraciones, tales como las de la famosa enunciación: chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica, y su variación: chico conoce chica, chico pierde chica, chico no recupera chica. La costumbre persiste hasta hoy y si tuviera que reducir el argumento de The master a sus esencias diría que es: Tornillo Flojo conoce a Manipulador Irresponsable, Manipulador Irresponsable pierde a Tornillo Flojo, ¿Tornillo flojo vuelve con Manipulador Irresponsable? Ojo, aunque por hacerme el vivo parece que equiparo el argumento a la fórmula de romance 1 y 2, no hay aquí ningún Secreto en la montaña, no, entre Tornillo Flojo y Manipulador Irresponsable hay una cosa como de amistad a secas, más de padre e hijo, o como el título sugiere más de maestro y discípulo.

Tornillo Flojo es Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un marinero que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y más que uno tiene varios tornillos flojos. Ya venía medio “Tocame un vals” de antes, pero la guerra terminó de “Soltarle la cadena”. Y por esas cosas de la vida, del destino y de los argumentos de las películas conoce a Manipulador Irresponsable o sea Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), un charlatán mayúsculo que podría o no (más bien no, según declara el guionista y director, porque estamos en la década de los 50 en los EE UU y estos personajes abundaban) ser L. Ron Hubbard, el creador de la Cientología. La cosa es que Manipulador Irresponsable ha inventado una especie de filosofía religioso-científica llamada La Causa,  y por medio de sugestión o de hipnosis te conecta con los millones de vidas que tuviste antes, y si sorteas las trampas de malvados alienígenas, puede que ese contacto te dé algo de felicidad y hasta te cure de algún mal grave. Y no va que Manipulador Irresponsable toma a Tornillo Flojo bajo su tutela como un proyecto personal. Algo que es alternativamente aceptado o rechazado por la Esposa Tenebrosa (Amy Adams) de Manipulador Irresponsable.

Y dado que estamos en una película de Paul Thomas Anderson (Juegos de placer, Magnolia, Embriagado de amor y Petróleo sangriento), a quien se le dan muy bien los líderes, los pioneros y las familias disfuncionales, la relación entre los protagonistas es misteriosa, profunda, embriagadora. Los tres actores mencionados, nominados para su correspondiente Óscar, dan cátedra y sientan precedente de cómo actuar en una película.

También, como en toda película de Anderson, pueden destilarse reflexiones de por qué los Estados Unidos son como son, cosa que a mí ya no me importa, porque por más que me diera la cabeza para llegar al epicentro de la contradicción caminante que son, igual van a seguir invadiendo países, matando de hambre a medio mundo y destruyendo las reservas naturales. De todos modos, la premisa tiene validez universal, porque locos y mesiánicos hay en todos lados.

Ojo, no es una película fácil, la querida Vicky Lago jamás la va a presentar con sus diminutivos en su ciclo de películas vespertinas, porque puede incomodar, desconcertar y exasperar; y aunque la observación de las conductas de los personajes es artera, las habituales “lecciones de vida”, que tanto pregona la talentosa actriz, están más lejos que el Polo Norte.

En lo personal confieso que me resistía a entrar en el juego que propone Paul Thomas Anderson, el film comienza contándonos por qué Tornillo Flojo es Tornillo Flojo y los retratos de locura me dan una tristeza infinita y me devastan, pero cuando Tornillo Flojo sube al barco, con sus lucecitas y los invitados bailando el mambo o el calipso y la banderita ondeando y la cámara los ve irse, me inundó una sensación de belleza, como de cuadro de Edward Hopper, y entré. Al ratito nomás comienza la relación con Manipulador Irresponsable y el asunto se vuelve más oscuro, aunque más claro en lo vital (si ven el film comprobarán que este disparate en el que parezco caer no es tal). Cuando terminó, me encariñé con Phoenix y su Tornillo Flojo, no sé si con el tiempo llegaré a quererlo tanto como al peligroso Travis Bicke, taxista, que hizo una vez un tal Robert De Niro, pero este loco tiene, allá atrás, bien en el fondo, una inocencia que desarma.

En resumen, ojalá puedan entrar en el código personalísimo que Paul Thomas Anderson maneja, si lo logran podrán disfrutar de un mundo sencillamente fascinante.
Un abrazo, Gustavo Monteros

jueves, 28 de febrero de 2013

Magic Mike




Era una cuestión de tiempo antes de que fueran el centro de su propia película. Se cuentan por decenas las veces en que fueron la nota de color de dramas y comedias. Y si bien en The full monty, la profesión fue el exorcismo final, que sacaba por un rato a aquellas víctimas precursoras del neoliberalismo merdoso de tanta malaria y despojo, el strip tease masculino no tenía “su” film. Magic Mike viene a compensar esa falencia.

Mike (el bueno de Channing Tatum) parece que la tiene clara. Es un joven, casi treintañero, de buena salud y físico envidiable, que trabaja de stripper. Sabe que el glamoroso trabajo de desnudarse por plata tiene fecha de vencimiento (y sí, como el modelaje, el fútbol o el ballet, la juventud prima sobre la experiencia, para decirlo amablemente y no hablar de de las descalificaciones de flacideces, canas, arrugas y demás patetismos a los que nos somete el tiempo). Por eso ahorra todo lo que puede y planea establecer una empresa de fabricación de muebles únicos, con o sin materiales reciclables. Y para no creérsela del todo (y sí, ser un objeto sexual puede marear un poco, supongo… no tengo la dicha de ser uno)  acepta de día trabajos en negro, como poner tejas en un techo. En esa changa conoce a Adam (Alex Pettyfer) un chico de veinte años, a la deriva y medio tarambana (combinación mortal si las hay). A la noche, Mike se encuentra con Adam de casualidad, y de puro solidario, lo lleva a que dé una mano en las bambalinas del show (y sí, en el strip hay que salir bien cubierto y con muchos accesorios que se van descartando, así que un vestidor nunca viene mal). Y no va que como en Gypsy (aunque allí, claro, la cosa era con nudistas mujeres), falla un stripper y hay que reemplazarlo y…  ¿quién va a debutar para ser más tarde un éxito?: sí, ¡Adam! En algún momento la hermana de Adam, Brooke (Cody Horn) le va a pedir a Mike que lo proteja. Pero como dijimos, Adam es un poco tarambana y se va a tentar con los peligros de la noche: sexo fácil, drogas o pegarse a mujeres poco aconsejables que ninguna madre, o hermana en este caso, aceptaría. La cuestión es que Mike descubre que en realidad no la tiene tan clara, le agarra una crisis y entonces…

Si bien la sinopsis puede indicar que se trata de un film industrial que explota los pectorales, los bíceps, los bultos y demás topografías masculinas, no, es un film medio independiente de Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y video, Kafka, Erin Brockovich, La gran estafa, Che). Parece que el proyecto nació cuando Channing Tatum le contó que, antes de triunfar como estrella de cine, tuvo un breve paso por el strip-tease.

Soderbergh le da espesor (sin exagerar) a los convencionalismos de la trama. No demoniza ni subestima el trabajo de arrancarse la ropa y sacudir los genitales. Filma los números con elegancia y detalla aspectos de la profesión. Como que más allá de permitirse algunos excesos de drogas, sexo y alcohol, los strippers viven pendientes de su cuerpo, lo entrenan, lo cuidan y lo miman (y sí, después de todo es su medio de ganarse la vida.) Y que como buenos devotos del culto al cuerpo suelen descuidar el intelecto. Y bueno, tampoco les piden otra cosa. Una futura psicóloga, que se acuesta con Mike sólo por el beneficio fisiológico, le dirá: “No hables, basta con que seas hermoso.”

Dos trabajos actorales se destacan, el de Tatum, buen actor con un excelente manejo del cuerpo y ¡oh, sorpresa! el de Mathew McConaughey. El 2012 fue un buen año para el tejano. Cuando su carrera parecía despeñarse en el chiste de ser un ex galán que sólo podía ofrecer marcados abdominales, McConaughey, insospechadamente, dio actuaciones destacables, aquí, en Killer Joe y en The paper boy. En este film, es el líder y mánager de los strippers, un exhibicionista avejentado al que se le terminó por freír la sesera de tanto mostrarse.  Tiene sus aristas; sabe que su cuarto de hora pasó y lucha, con más maña que lucidez, para no perder la dignidad y caer en el patetismo; es asimismo algo manipulador y un poco perverso. Yo mucho no lo aguanto, pero negarle que hace un gran trabajo sería una injusticia.

El cine satisface también curiosidades. Si alguna vez se preguntaron cómo es un show de strippers masculinos y qué hay detrás de la escena, esta película satisfará sus inquietudes. No será un film imperdible pero no es tonto ni vergonzante.
Un abrazo, Gustavo Monteros

lunes, 25 de febrero de 2013

Argo



Argo se estrenó el 18 de octubre de 2012 en Argentina. Como ustedes saben no escribo sobre todas las películas que se estrenan, en su momento debo haber privilegiado otro film y Argo quedó sin su crónica. Esto viene a cuento porque ahora ganó el Oscar a la Mejor Película y fieles seguidores del blog me preguntan si no dejé de comentarla por algún motivo en especial. Ninguno, salvo la casualidad. La vi con mi amigo Horacio cuando ya casi bajaba de cartel, después de disfrutar de varias semanas de permanencia en cartel. Fue un lunes de fin de semana largo y diluviaba (literalmente). No haré más suspenso, salvo algunas salvedades que detallaré, nos gustó y la disfrutamos.

Desde su concepción, Argo levantó un poco de polvareda porque por fin Hollywood blanqueaba su colaboración con la CIA, secreto a gritos, no a voces, que conocían hasta los más desprevenidos. Pero, en fin, una cosa es saberlo de atrás y otra que te lo reconozcan. La acción se centra en la llamada Crisis de los Rehenes de Irán de 1979. El 4 de noviembre de aquel año, los iraníes tomaron la embajada estadounidense de ese país y retuvieron a más de 50 empleados. Seis lograron escapar y refugiarse en la embajada canadiense.

El film es la ficcionalización del rescate que emprendió Tony Méndez, un agente de la CIA, claro. Argo es el título de una película ficticia de ciencia ficción decididamente B, que Méndez (Ben Affleck) fingirá filmar en Irán como mascarada para cubrir el rescate. De allí que deba recurrir a curtidos profesionales (John Goodman y Alan Arkin) de Hollywood para lograrlo.

La peli arranca bien arriba. La toma de la embajada está filmada como los dioses y uno le sigue poniendo fichas al bueno de Ben Affleck, que es medio zapallo como actor, pero que es un director de primera. Sus dos películas anteriores son excelentes, sobre todo Desapareció una noche, aunque Atracción peligrosa tiene también lo suyo. Después pasamos al conflicto personal de Méndez, que suena a película Hallmark, más como está tratado que por el conflicto en sí que es muy atendible: su demandante trabajo lo hizo separarse de su mujer y ahora su pequeño hijo sufre también su desatención. Viene a continuación otra parte muy pero muy lograda, una descripción irónica y deliciosamente cínica del mundillo hollywoodense. Volvemos después a Irán y parece que caemos en el túnel del tiempo, en el tradicional thriller de aventuras muy 70 que tanto quisimos. Y ya cerca del final aparece el sapo que nos tenemos que tragar: la glorificación de la CIA, que nunca te deja en la estocada y que supera con sus leales hombres (Bryan Cranston a la cabeza) la burocracia y la mezquindad política. Entonces uno dice: ¿qué se le va a hacer?, el pobre de Ben Affleck no puede dejar de ser otro yanqui al que le han hecho la cabeza.

En resumen, está narrada como los dioses, el elenco es impecable, la recreación de época es gozosa, se sigue con interés de principio a fin y si no fuera por el ataque final de patrioterismo, se disfrutaría sin culpa. No nos hizo arrepentirnos para nada el habernos empapado para verla. En lo personal, después la recordé con simpatía porque por un rato me devolvió la endorfina de las buenas películas de acción que veíamos en las matinées de la adolescencia.

Un abrazo, Gustavo Monteros
Argo  puede verse en el CINEMA OCHO - SALA DIGITAL 2D
a las 12:00 - 14:10 - 16:25 - 18:40 - 20:55 - 23:15 - SABADO TRASNOCHE 01:30