jueves, 22 de febrero de 2018

La forma del agua


Guillermo del Toro, gran apreciador del talento de nuestro Federico Luppi (lo tuvo de protagonista de su primer largometraje, Cronos (1993) y de El espinazo del diablo (2001) y le dio un papel de gran estrella invitada en El laberinto del fauno (2006) ) le andaba acercando el bochín (aclaración para los no rioplatenses: expresión que nace en el juego de bochas y que significa estar a punto de conseguir algo sin lograrlo, claro) a eso de convertirse en inolvidable.


Todo director aspira a lograr su Cabaret, su Chinatown, su El padrino, su Tiburón, su La dolce vita, su El séptimo sello, su Il gatopardo, su Taxi driver o sea la obra ineludible, la de visión imprescindible, la que saca de la desmemoria al despistado: Pero sí, ¿cómo no te acordás?, Fulano el que dirigió Tal Cosa.


Del Toro estuvo a punto de lograrlo con El laberinto del fauno, pero es una obra que requiere muchos pies de página y, bueno, ya se sabe, las aclaraciones necesarias atentan contra la universalidad. Y una película para volverse inolvidable, ineludible y citable tiene que ser de acceso universal irrestricto.


La forma del agua abreva en varias fuentes, el cine B de fantasía, la Guerra Fría, los experimentos o descubrimientos secretos de la CIA, pero aunque no se sepa nada de esto, se disfruta con plenitud.


Transcurre en el año 1962 o por ahí, y es una historia de amor entre una mujer muda, Elisa (Sally Hawkins) y una extraña criatura anfibia (Doug Jones) por suerte muy antropomórfica. No conviene saber más, es de esas películas que se disfrutan mucho más, adentrándose a ellas con la menor información previa posible. Agreguemos tan solo que hay un vecino, Giles (Richard Jenkins), una compañera de trabajo, Zelda (Octavia Spencer) las dos trabajan limpiando laboratorios medio secretos, un científico, el Dr. Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg) y un hombre del gobierno, Richard Strickland (Michael Shannon).


La forma del agua es audaz y original. Su originalidad y audacia consisten en ir más allá, mucho más allá en sus materiales de origen. Sí, digámoslo, para tranquilidad de los buscadores de datos, la criatura tiene un diseño similar a la de El monstruo de la Laguna Negra, glorioso producto del cine B de 1954, dirigido por Jack Arnold y protagonizado por Richard Carlson, Julie Adams y Richard Denning. Además, para acentuar la cercanía, el personaje de Michael Shannon dice que lo hallaron en un río de Sudamérica, que es de donde es El monstruo de la Laguna Negra, más precisamente en medio del Amazonas. También va más allá que cualquier thriller de la Guerra Fría. La combinación da un cuento de hadas para adultos, de una frescura y una empatía maravillosos.


El elenco es soñado y se merecen todas las nominaciones a premios que obtuvieron. Todos han demostrado su valía en numerosas películas, pero aquí la consustanciación con sus personajes es tan ideal, que solo la frase hecha de “parecen haber nacido” para interpretarlos abarca sus logros. Sally Hawkins que enamoró a medio mundo en 2008 con Happy-go-lucky (La felicidad trae suerte, se llamó por aquí) re-enamora al medio mundo que ya fue suyo y enamora de paso a este extraño hombre anfibio, sin decir una palabra esta vez (en Happy-go-lucky hablaba hasta por los codos)


No sé cuántos Óscars ganará, si es que gana alguno, no importa, pasada la ceremonia los premios se habrán olvidado, la maravilla persistirá. Repito el consejo que di respecto de Llámame por tu nombre, veánla cuando estén más receptivos a dialogar con una obra maestra, que esta lo es, lisa y llanamente. Todas las semanas, desde todas las formas que tenemos hoy de acceder al cine, nos propinan películas que en su 99, 99% van de apenas tolerables a bodrios intolerables, esta es el 0, 01% que no solo es excelente sino que vuelve a enamorarnos del cine, a maravillarnos, a deslumbrarnos, a devolvernos los ojos de la infancia.


Pero, claro, ¿cómo no te acordás?, Guillermo del Toro, el que dirigió La forma del agua.

Gustavo Monteros



Llámame por tu nombre


Ya que el titulo propone un juego de nombres. Hagamos uno propio y resolvamos todo a partir de nombres.


Timothée Chalemet interpreta a Elio, un joven de 17 años, que en el verano de 1983 en el norte de Italia, descubre lo que es el amor. Esta actuación le viene dando con toda justicia reconocimientos y premios. Sabe expresar y trasmitir todas las dudas, contradicciones, angustias y dichas de su personaje con la intensidad con que los adolescentes viven estas inauguraciones.


Armie Hammer interpreta a Oliver, un joven de 24 años, ex alumno del padre de Oliver, que viene a pasar 6 semanas a su Villa para ayudarlo en clasificar material para su cátedra. Termina por ser el amor de Oliver. Nadie actúa solo (a menos que se trate de un monólogo, claro). Armie Hammer desde su irrupción como los mellizos Winklevoss en Red Social es una figura consolidada y de vasta experiencia. Experiencia que permite realzar el trabajo de Chalemet, quien está soberbio como Elio, pero sin la solidez y la generosidad de Hammer no habría brillado tanto. En las escenas de amor es donde más se nota la contribución de Hammer, no habrían salido tan fluidas sin su entrega. Su actuación puede que no sea tan halagada y postulada a premios como la de Chalamet, pero es igual de notable y no existiría una sin la otra.


Amira Casar y Michael Stuhlbarg interpretan a los padres que todos querríamos tener. El verosímil está muy bien trabajado. Aman lo que hacen, son respetados en sus profesiones, son cultos según todas las definiciones de cultura, no tienen preocupaciones económicas, son queridos por quienes tienen su trato diario, y se los adivina con poquísimas frustraciones, de ahí que no exhiban mezquindades ni remilgos a la hora del amor. Cuando la historia concluye y uno comprende su participación en la misma, renovamos nuestra admiración tanto a los personajes como a la exquisitez de sus actores.


André Aciman es el autor de la novela en que se basa esta historia de amor homosexual. Fue su novela debut y tuvo éxito de crítica y ventas.


James Ivory, sí, el mismísimo director de Lo que queda del día (1993), La mansión Howard (1992), Un amor en Florencia (1985), es el guionista. Como en su última película The city of your final destination (2009), filmada aquí cerca, en Punta Indio, la naturaleza juega un rol importante en la historia. Su guión exhibe la sabiduría de años de oficio, está tan lleno de silencios como de palabras y todas las incertidumbres, las certezas, las revelaciones del descubrimiento del amor se exhiben con envidiable maestría. Cuando se generaliza con que las historias de amor gay son sombrías, lúgubres y de finales desastrosos y se destaca a esta como todo lo contrario, se olvida que Ivory ya contó un amor entre hombres con luminosidad, Maurice (1987)


Sayombhu Mukdeeprom es el director de fotografía. Un tailandés, talentoso como el que más, que con el viejo 35mm, logra una sensualidad y una paleta de colores notables.


Moscazzano, Crema, Bergamo. Pandino, Montodine, Valbondione, Capralba, Corte Palasio, Ricengo, Campagnola Cremasca, Parco Regionale del Serio, Pizzighettone y Sirmione son las locaciones que componen este universo denominado al principio de la película como En algún lugar del norte de Italia. Pocas veces una zona italiana lució tan hermosa.


Bill Paxton, el actor que se fue de gira en las postrimerías de una intervención quirúrgica, es a quien le está dedicada la película. El marido de uno de los productores era representante de Paxton y camino a Cannes, donde presentarían una película, pasaron de visita por la filmación, y Paxton y el director Guadigno que se admiraban mutuamente se hicieron amigos, de ahí la dedicatoria.


Luca Guadagnino es el director de este prodigio de expresividad y belleza. Por aquí lo conocimos con El amante (Io sono l’amore, 2009) y se consigue por ahí su A bigger splash (2015) su obra inmediatamente anterior. Ha logrado con esta una de las historias de amor más bellas del cine. Puede que sea entre dos hombres, pero el amor es universal, y esa inquietud, ese caminar por las nubes, esas ganas de cantar y de andar a los saltos, ese andar fuera de uno, ese mirar de nuevo lo viejo y lo feo y hallarlo hermoso y dorado, bah, esa cosa que se dice amor está aquí presente y cómo.


Gustavo Monteros es quien esto escribe y se permite darles un amistoso consejo. No vean esta película cuando estén cansados, con dolor de cabeza, ganados por las preocupaciones que con asiduidad los obseden, véanla cuando estén más receptivos o predispuestos a dialogar con una película impar. La inmensa mayoría de las películas que vemos le faltan 5 para el peso, son incompletas, flojas o abiertamente malas, esta es una de las pocas buenas de verdad y no conviene desperdiciar la oportunidad de descubrirla acarreando alguna energía dañina.



jueves, 15 de febrero de 2018

El sacrificio del ciervo sagrado


El sacrificio del ciervo sagrado me resultó misteriosa, elusiva, fascinante. Ojo, a mí. No es una película para andar recomendando sin advertencias. A otros pueda que le parezca superficial, lenta, tonta. Como su título lo indica juega con la noción de sacrificio de Isaac o el de Ifigenia.

El griego Yorgos Lanthimos tiene una manera única de hacer las cosas. En los primeros 20 minutos nos presenta los términos en los que desarrollará su narración, cómo son sus personajes, cómo hablan, cómo conciben el mundo. Por ejemplo, hablan de cosas concretas, parecen no tener opiniones. Las relaciones se perciben extrañas, singulares. Y los personajes parecen peculiares, excéntricos.

La película se abre con lo que puede parecer un golpe bajo y que quizá lo sea: una operación de corazón, porque Steven Murphy, el personaje de Colin Farrell es un cirujano. A mí me impresionó. Los zombies me acostumbraron a los despanzurramientos y las visceralidades gore ya no me hacen mella. Pero una operación de corazón me resultó algo muy directo como preámbulo. Es muy improbable que alguna vez haya zombies que nos despanzurren, en cambio no es tan lejano que nos operen del corazón.  Quizá abra la película así no solo para presentar al protagonista sino para decirnos que en este sacrificio de eviscerar se trata.

Es la segunda vez que trabaja con Colin Farrell y como en La langosta, la película anterior que hicieron juntos lo engorda. Parece una frivolidad, pero es imposible no notarlo. Aquí tal vez para agregarle años y sortear con kilos y con canas los años que lo separan de Nicole Kidman, que hace de su esposa y que fuera del set es unos años mayor que Colin y aquí se supone que son contemporáneos. Los dos ratifican aquí que no tienen la fama que tienen en vano. Y el pibe Barry Keoghan, visto recientemente en Dunkerque perfila también un innegable talento. Los otros dos pibes Raffey Cassidy y Sunny Suljic, que hacen de hijos de Kidman y Farrell también están muy bien. Al igual que Bill Camp y una casi irreconocible Alicia Silverstone.

Una obra de autor al que creo que hay que descubrir. Ir prevenidos, está a años luz del típico producto pochoclero con el que, por desgracia, ya estamos domesticados.

Ya que lo mencioné, lo completo, tienen el 6 y el 7 invertidos, Farrell nació en el 76 y Kidman en el 67.

Gustavo Monteros

Las horas más oscuras


Las horas más oscuras es la biopic de la semana. Las biopics distan mucho de ser mi género favorito y menos como se las concibe ahora, de la manera más pedestre posible, como si con decir que se basa en hechos reales bastara para dar por contado el cuento. Esta, por suerte, no procura contar tooooooooooda la vida de Churchill sino algunos días, los días de la operación Dínamo, más precisamente, que fue como se conoció internamente en Inglaterra al rescate de los soldados en Dunkerque.

A los ingleses les gusta celebrarse tanto o más que a los yanquis, pero son infinitamente menos torpes para hacerlo. No se celebran en sus supuestas hazañas imperialistas sino en sus hazañas defensivas, que templan supuestamente mejor el carácter inglés, o sea el Blitz y Dunkerque. Aquí ambos son reflejados de costado, oblicuamente, porque lo que interesa es cómo Churchill fue en estas horas el Hombre del Destino.

Churchill, como Gardel, es característico de por sí, ya viene formateado de entrada. Su forma de hablar, su peso, sus cigarros, sus bebidas. No es el mejor papel de Gary Oldman, pero como pasó con Pacino y su medio vergonzante ciego bailarín de Perfume de mujer, sea el que le obtenga el demorado Óscar. En lo personal de los últimos Churchills prefiero el de John Lithgow para The Crown. Este de Oldman, como la primera hora y media de esta película, me resultó irritante, bordeando lo insoportable. Pero a partir del viaje en subte, cuando conecta con lo humano y no con las ideas de lo humano, la película, valga la redundancia, gana en humanidad y dejó de aburrirme.

La ascendente, bueno ya ascendida, Lily James, y la delgadísima Kristin Scott Thomas, una la secretaria y la otra la esposa, son las mujeres más distinguibles de esta historia. Ben Mendelsohn, que últimamente como la mugre y las cucarachas, está en todas partes es el rey tartamudo.

El director Joe Wright que en el 2008 con su Atonement/Expiación, deseo y pecado anduvo por el Blitz y Dunkerque, los revisita ahora de este otro costado. Gustos u obsesiones que tiene la gente.

En fin, si le gustan las películas biográficas o si se admira mucho a Gary Oldman, véala. Si no pertenece a ninguna de las categorías anteriores, la puede ver, pero, ojo, va por su cuenta y riesgo. Eso sí, al lado de la infladísima Dunkerque (el bodrio más tremendo del 2017) de Christopher Nolan con la que obviamente dialoga es el colmo de la diversión. 

Gustavo Monteros

jueves, 8 de febrero de 2018

El arte de Bob Fosse


Siempre que vuelvo a ver las coreografías de Bob Fosse para cualquiera de los musicales que dirigió (Sweet Charity, Cabaret y All that jazz) recupero el asombro y la conmoción que me despertaron las primeras veces que las vi (sí, así en plural, contraviniendo la lógica, porque ante lo magnífico, el deslumbramiento abarca no la primera sino las primeras múltiples veces). Ante cada visión me detengo en detalles en los que no me detuve antes, y si bien ya creo que las conozco de memoria, de repente detecto que aquel bailarín o aquella bailarina hacen una pequeña variación, minúscula, pero perceptible y vuelve la conmoción. El arte de Fosse es como el amor, no se agota.

Gustavo Monteros



jueves, 1 de febrero de 2018

The Post: Los oscuros secretos del Pentágono

Comencemos por dos tautologías: “Los yanquis solo pueden ser yanquis” y “El capitalismo es el capitalismo” Y si las desarrollamos nos da que los yanquis te venden que pueden iniciar o participar en cualquier guerra, y después cuando el tiro les sale por la culata, venderte el arrepentimiento, “la tristeza de haber sido y el dolor de ya no ser”


The Post, los oscuros secretos del Pentágono cuenta una filtración periodística anterior al famoso Watergate. Estamos a principios de los setenta, en plena administración Nixon, The New York Times primero y The Washington Post después publican que cuatro presidentes hasta la fecha usaron la guerra de Vietnam para hacer negocios o por motivos políticos, que a la larga son más o menos lo mismo, porque en el capitalismo todo se transforma en dinero o poder, otra tautología “El dinero es poder y viceversa”.


Si hay alguien que puede llevar a la pantalla lo que se le da la gana es Steven Spielberg. Sabrá Dios cómo funciona su morbo creativo, por qué privilegia este proyecto por encima de aquel otro. En este caso es como si se hubiera dicho: Mirá vos,  de “Paren las rotativas” todavía no hice. Convengamos que ya hay casi una tradición de películas con entretelones de diarios, y si les sumamos las de investigaciones periodísticas ya tenemos para varios libros. Como sea, Spielberg puede hacer atrapante hasta el paseo de mi Perrito, aquí hay una situación única que él, con su suprema sabiduría narrativa, exprime hasta que destile todo su sabor.


Todo gira alrededor de si Kay Graham (Meryl Streep) editora dueña del Washington Post autoriza o no al editor en jefe del periódico, Ben Bradlee (Tom Hanks) la publicación de la continuación de las revelaciones que inició The New York Times y que no puede continuar porque le fue prohibido.


Con lo expuesto ya basta para que cinéfilo básico, entre los que me cuento, esté encantado. ¡Es la primera vez de Meryl con Tom y Steven! Aunque la cosa resulte en bodrio, ya es para descorchar champán. Pero, tranquilos el resultado es bueno, tirando a muy bueno. Kay (Streep) no es ningún personaje aguerrido de Sally Field, más bien todo lo contrario. Se crió con la fortuna del diario (fortuna entendida tanto como riqueza y vaivenes del azar también)  pero cuando su padre muere, no le lega el diario a ella, sino a su marido, pero cuando este se suicida, a ella por fin no le queda más remedio que hacerse cargo del mismo. En lo social, (galas, cenas, homenajes, eventos en general)  lo hace muy bien, en lo económico, depende de los asesores, quienes en este momento en particular le aconsejan que amplíe el negocio dando una participación en acciones, algo que puede ser peligroso, ya que puede perder el control y hasta quebrar. Esta vez no hay spoiler posible, ya que todos sabemos el resultado, pero el arte del director está en hacernos olvidar que lo sabemos y que en el proceso nos comamos las uñas.


Por más maestro que se sea de la narración, no hay cuento que dure si no está bien corporizado. Detalle que Spielberg jamás descuida, sus películas están llenas de personajes que les calzan a los actores elegidos como si hubieran nacido predestinados a encarnarlos. Con lo que hemos resumido hasta ahora del argumento, sabemos que Meryl tiene un personaje jugoso para deslumbrarnos otra vez, cosa que hace. El de Hanks es más bien su satélite, no es tan interesante, pero Hanks le aporta su aura y nos lo hace un poco más seductor. Y en personajes claves, Spielberg coloca a actores muy populares y queridos en las grandes series televisivas. Como Daniel Ellsberg, (el que consigue los secretos)  pone al muy talentoso Matthew Rhys, el protagonista de The Americans. Como el típico periodista que no cejará hasta obtener la primicia está Bob Odenkirk, sí el Saul Goodman de Breaking Bad que hasta se ganó su serie Better call Saul. Procurando hacer simpático a Robert McNamara, un señor bastante hijo de puta en la realidad, pusieron a Bruce Greenwood, cara conocida por lo repetida (en el buen sentido) si las hay.  Tracy Letts, actor que anda por todos lados también y que escribió la famosa obra Agosto, Osage County, hace de un asesor de Kay (Streep) que primero no y después sí, como corresponde a los asesores en los dramas que dependen de una decisión. Y como esposa de Hanks, la gran Sarah Paulson, que cumple con informar, por las dudas se haya usted atragantado con un pochoclo y por toser se hubieran perdido, de qué va el drama de la decisión de Kay (Streep), pero si usted ni se ahogó ni tosió, como ella actúa como los dioses, igual se los hace apasionante y no le resulta para nada obvio o repetitivo. Hay más caras familiares, pero se las dejo para que las descubra.


Sin ponerme Marxista-Leninista, es obvio que se trata de una drama capitalista de aquellos, en el que entre los “buenos” tenemos a la patrona garca, Kay (Streep) de la vieja escuela (le preocupa que sus empleados se queden sin trabajo, este tipo de patrones ya no quedan ni en las adaptaciones de La cabaña del tío Tom), a lo que voy es que cinchamos para que a una señora , garcona como la que más,  la aventura le salga bien y gane más plata, y hasta prestigio o lustre de progresista, pero,  bueno, no es tan raro, porque terminando en tautologías Meryl es Meryl y Steven en Steven, son grandes y yanquis, y no vamos a pretender ahora que sean rusos o cubanos.

Gustavo Monteros


Detroit: Zona de conflicto

Las películas testimoniales siempre dialogan con nosotros (bah, todas lo hacen, pero las testimoniales más). En los escasas y breves períodos de justicia social o de seguridad jurídica para los de abajo, las vemos con la sonrisa de lo que creemos superado para siempre (la ingenuidad, de tan voluntariosa, bordea siempre la estupidez) y en los momentos oscuros (como estos que de nuevo nos apremian) las vemos como un aviso que llega con atraso o como la advertencia que siempre se queda corta. La derecha se supera siempre en sus desmanes, sabe desmarcarse de la piedad porque poderosos medios propagandísticos (llámense diarios, radios, televisión, internet, redes sociales y cuantos inventos a venir haya) siempre la protegen y los tontos de siempre, mezcla de fachos innatos y adquiridos, eligen creerle, darle a su eterna cuádruple moral no el beneficio de la duda sino la convicción suicida, en política no se muere una vez, se muere cada vez que se vota al establishment.


Detroit no debería llamarse Detroit: Zona de conflicto sino Lo que pasó en el Hotel Argiers durante los disturbios de Detroit una infausta noche de julio de 1967. (Me salió medio un título de Lina Wertmüller por lo largo, pero en fin, siempre hay un modelo que seguir).


Kathryn Bigelow (Near dark/Cuando cae la oscuridad, 1987, Blue steel/Testigo fatal , 1989, Point break/Punto límite, 1991, Strange days/Días extraños, 1995, The weight of wáter/El peso del agua, 2000, K-19: The widowmaker, 2002, The hurt locker/Vivir al límite, 2008, Zero Dark Thirty/La noche más oscura, 2012) es una directora que maneja bien el suspenso, la tensión, el salvajismo, la crueldad, sin los tremendismos de los golpes bajos habituales y sin los embellecimientos de los justificadores del fascismo, más bien con el nervio justo de lo que golpea, de lo que deja cicatriz, de lo que no se olvida.


La película comienza casi como un cuento de hadas, que nos introduce en este Detroit al que los cambios sociales, políticos y sobre todo económicos dejaron al borde del estallido social. Zaffaroni dice que el estallido llega cuando menos se lo espera, que se lo anuncia, sí, pero se presenta por un por qué pequeño, inaudito, inesperado bah. En esta historia, llega por una razzia policial a un antro de drogas, juego, sexo y alcohol, que se hace por una cadena que no puede romperse, por la puerta delantera y no por la del costado, como sería aconsejable. El resto es historia y dentro de esa historia está lo que pasó una noche aciaga en el hotel Algiers.


Después de ponernos en circunstancia histórica, el filme nos describe los personajes que intervendrán de un lado y del otro del hecho atroz. Policías y civiles, y algunos militares, más algunos vigilantes privados coincidirán en este hecho de sangre, que no está del todo claro (se aclara por ahí que los hechos fueron reales, pero que quedan muchos puntos suspensivos en cuanto al cómo y por qué se desarrollaron así, que el guión llenó dichos puntos suspensivos con la lógica del talento de los que intervinieron (el guión es de Mark Boal), eso la salva, gracias a Dios, de la biopic habitual estúpida de todas las semanas, que presume saberlo todo y nos aburre a fuerza de una estupidez tras otra).


Lo que vemos por momentos se vuelve muy angustiante porque le encontramos un correlato directo con lo que ocurre en este mismo instante afuera del cine protector, en que nos hallamos. A las fuerzas de seguridad, llámenselas policía, gendarmería, policía militar, provincial, municipal o como corno se prefiera, nunca , pero nunca de todos los jamases, debe dársele carta blanca, piedra libre, rienda suelta y siempre, pero siempre de todos los siempres se debe educar, fomentar, influir por hipnosis si no queda más remedio, el respeto al congénere y si es distinto más, que comprenda, para empezar a hablar, que ser blanco no le da derecho sobre las otras razas, que ser cristiano no le da derecho sobre las otras religiones, que ser heterosexual no le da derecho sobre las otras elecciones sexuales, y que portar un uniforme no le da NINGÚN  derecho sobre los que no lo portan. Y que quede claro que cada vez que alguien diga los derechos humanos esto o las garantías sociales aquello es un facho irredento, que merecería ser reeducado hasta que aprenda sus errores. Porque hay muerte cada vez que dicen eso, y los muertos siempre los ponemos nosotros, los de abajo, los que creemos que las razas, credos, elecciones sexuales no deben discriminarnos, porque todos contribuimos a la belleza de este mundo. Pero, claro, hay lecciones que no se aprenden nunca o tardan en aprenderse.


En resumen, una película ineludible para los que nunca la verán y menos la incorporarán si decidieran verla. El problema no es la venda, las anteojeras sino la elección de tener esa venda, esas anteojeras a como dé lugar, porque lo otro es dejar de lado prejuicios y mentiras que, por alimentarles la vida entera, ya no pueden dejar. Los demás, véanla con cuidado, es lo que sabemos, con el dolor de siempre.

Gustavo Monteros


martes, 30 de enero de 2018

Victoria y el sexo

Victoria (Virginie Efira) está más loca que una cabra, bueno no tanto, pero casi. Es una abogada talentosa, separada de un marido de buen pasar, que ahora la va de escritor y publica en un blog, un retrato parcial y polémico de Victoria, más secretos peligrosos de sus clientes, Victoria es también madre de mellizas pequeñas a las que malcría, ¿por culpa, quizá?, y no dice no cuando debería. Un baby sitter masculino, por ejemplo, no solo debe cuidar a las niñas, sino “cuidarla” a ella sexualmente, ¿¡por qué no!? Y si un amigo, Vincent (Melvil Poupaud) le pide que lo represente, aunque ella sabe que no debe hacerlo, lo hace igual, con previsibles y nefastas consecuencias. Victoria es muy bonita y como no tiene tiempo para coqueteos y conquistas, recurre a las citas digitales, a las que corresponde “en persona” en su cuarto, ¡que está al lado de la de sus hijas! En el caos en el que vive, le parece lo más natural del mundo meter en su casa a un excliente, Samuel, más conocido como Sam (Vincent Lacoste) ¡un ex – dealer! Pero con Sam la pega, y le tenía que tocar, aunque más no sea por las variables de la estadística.


Amo las comedias, por su ingenio, por su levedad que sin embargo revela verdades a veces más profundas que las del drama. Aquí no hay réplicas brillantes, pero si situaciones de una inteligencia superior, como cuando la amiga lesbiana cree estar criticando duramente a Victoria, ¡y en realidad no hace más que describirse a sí misma, evidenciando ahí, en escena, su conducta! Y las situaciones con animales no le van a la zaga.


Técnicamente es una comedia romántica, pero Victoria y el sexo de Justine Triet es mucho más que eso, para empezar es también una reflexión sobre el sinsentido cotidiano, sobre los caprichos del destino, sobre víctimas que tienen todo para no serlo ¿¡y lo eligen?!, y sobre qué corno es hoy la locura.


Victoria y el sexo tiene todo para pasar desapercibida y perderse, se estrenó con solo dos funciones, 18:30 y 23:00, y no llegará a una segunda semana, pero como las películas al igual que los gatos tienen varias vidas, en las mantas de la calle, en el cable, en las plataformas de contenido, en los ciclos por internet (estuvo en un reciente ciclo de cine francés online, que ya terminó, lo siento) o donde sea que se la crucen, tómense su tiempo y conózcanla, porque Victoria estará un poco tocada, pero enamora y hace sonreír, algo nada despreciable en estos tiempos oscuros.


Gustavo Monteros

viernes, 26 de enero de 2018

La rueda de la maravilla

A Woody Allen hace años que le faltan el respeto, de modo que no le iban a conceder dos buenas seguidas, aunque lo sean y mucho. Después de aceptar que Café Society era una película notable, los críticos y afines se despacharon con que esta Rueda de la Maravilla era buena a secas. Esta renuencia debió indicarme que era un reconocimiento a regañadientes de sus virtudes. Pero no soy todo lo suspicaz que debería y ahí estaba, con pocas o nulas expectativas, el primer día en que el calor había cedido, con otros cincuenta, me sorprendió ser tantos, un miércoles a las 4 y 20 de la tarde, en un cine platense. Si bien había algunos jóvenes, el resto éramos sub-noventa.


La primera duda se clarificó al ratito de empezada. Allen a veces hace cine A y a veces cine B, y no me refiero a los medios de producción a su alcance sino que a veces plantea las películas con una secuenciación cuidadosa, sofisticada, variada, como en el cine A, y otras, como en el B, está más concentrado en que salga rápido y las secuencias son largas, de un tirón, y si no son planos secuencias puros, casi o con mucho plano y contraplano de dos cámaras y edición. Esta venía para el lado B. Este modo de filmar le viene mejor a los actores teatrales, más acostumbrados que los del cine, a sostener una escena, a darle ritmo, contraste y variación. Y este cuarteto protagónico creo que no tiene mucho teatro encima. Aunque desde su entrada a escena, Kate Winslet está dispuesta a ponerse la película al hombro y salir por los caminos. Desde el inicio mismo nomás, el iluminador (nunca más exacta esta denominación) Vittorio Storaro decide revestir los pocos planos que usarán de fulgores crepusculares. Lo que potencia los colores naturales de esta Coney Island en decadencia, llena de carteles de coca-cola, que son obviamente muy rojos y ya se sabe, al rojo el que más le da pelea es el amarillo, así que tenemos todas las tonalidades del rojo y del amarillo. Storaro se mueve a tour-de-force y llena el ojo de maravilla, como la rueda del título. Que gira en torno de cinco personajes. Ginny (Kate Winslet) una mesera con pasado de actriz incipiente, Richie (Jack Gore) el hijo de su matrimonio anterior con el amor de su vida,  todo un pirómano en ciernes el pibe, Humpty (Jim Belushi)  la actual pareja de Ginny,  un hombre que quiere que lo quieran (¿quién no?) y lo dejen pescar, eso sí, de mala bebida y de prioridades discutibles, Carolina (Juno Temple) hija veinteañera de Humpty, que huye de su marido gangster ya que obligada por la policía reveló secretos que no debía, y Mickey (Justin Timberlake) un bañero narcisista con vocación de dramaturgo.


Y como siempre con Woody Allen hay unas cuantas citas, ecos y sombras de distintas fuentes. Ya que Ginny fue actriz y Mickey quiere escribir teatro, se menciona a O’Neill, Chejov, Shakespeare y Sófocles. De Chejov está esta mala costumbre humana de enamorarse de quien no corresponde o de quien no te corresponde, de O’Neill el empecinamiento norteamericano de soñar pero atarse al error que imposibilita el sueño, de Hamlet que es el personaje de Shakespeare que se menciona, la sensación perenne y pesadillesca de no estar viviendo sino representando un papel y de Edipo, el personaje de Sófocles al que se hace referencia, la inevitabilidad de la tragedia una vez que la falla (en cuanto yerro) esencial de los personajes está planteada. Mickey y Richie son muy O’Neill, Ginny es Shakespeare puro, Humpty y Carolina son Sófocles no diluido y todos son Chejov porque patean su crepúsculo soñando con amaneceres. Y hay, aunque no se lo mencione, mucho Tennessee Williams, Carolina, como la  Blanche du Bois de El tranvía llamado deseo, llega a esta casa como al último puerto, y Ginny desempolva del baúl joyas de fantasía y vestidos de glorias pasadas, como los que desempluma Blanche en algún momento, y en la borrachera final hay también algo de su locura.


Jim Beslushi y Justin Timberlake sorprenden en su solidez para el drama porque uno no imaginaba que la tenían, Juno Temple está a la altura de sus antecedentes que son excelentes, y el pibe Richie (uno de los chicos que hacen de hijos de Damian Lewis en la serie Billions) conmueve con sus huidas hacia el fuego o el cine, cada vez que la vida se le pone brava o sea todo el tiempo. Pero el show es de Kate Winslet que nos agarra de las bolas, perdón, del cuello y nos mete en la historia como una Anna Magnani, o más bien como una Joan Crawford o una Bette Davis, porque con eso juega también Allen, con la evocación de esos melodramas Warner de mujeres cuarentonas de frustraciones trágicas, y como si fuera poca la maravilla, Winslet le agrega en la enajenación de cerca del final un toque Bette Davis, pero no la de la Warner sino la de ¿Qué pasó con Baby Jane?


Jóvenes y veteranos casi ni respirábamos de lo atrapados que estábamos, al menos en esa tarde no tan calurosa le hicimos justicia a una película, a una fotografía y a una actuación a las que les robaron en las nominaciones para los distintos premios. Pero como se dijo por ahí, por esto de los Óscar, la gloria no está en los premios, sino en la obra. Y esta tiene gloria de sobra, se la descubra ahora o en unos años.


Gustavo Monteros

jueves, 25 de enero de 2018

Abran cancha que se viene el Óscar

Y como todos los años, llega el momento en que nos tenemos que ocupar de los Óscars, queramos o no, porque es un imperativo categórico. El Óscar ya no es lo que era porque el cine ya no es lo que era. De tan repetido, ya es obvio, es el premio de la industria, una industria devaluada y pochoclera, si se toma cualquier año de la época dorada uno se maravilla por la cantidad de excelentes películas que producían, claro, al margen de que los grandes maestros estaban en actividad, el compromiso estaba en vender, pero con calidad, contando una historia, ahora el compromiso es vender a puro marketing. De modo que cuando llegan las premiaciones se apuran a mostrar lo mejorcito que tienen, que puede gustar, y hasta deslumbrar en algunos casos, pero que se olvida al ratito nomás. De ahí que cuando queremos acordarnos de las nominadas del año anterior nos cueste… mucho. Nos viene el escándalo del sobre y recordamos que no fue el bodrio de La la land la que ganó como mejor película sino Moonlight, que más allá de sus valores, era la corrección política llevada al súmmum.


Sabrá Dios qué escándalo nos depara este año. Es el año del metoo y del time’s up, eso es seguro. Dios nos libre y nos guarde de no decir que la lucha es justa y que hay que discutir cómo se para la mujer ante los abusos de una sociedad que durante siglos fue machista y patriarcal, pero cuando son los yanquis los que discuten, se masifican, histerizan, más que discernir, discriminan y la caza de brujas está siempre a la vuelta de la esquina. Pero, bueno, a veces para encontrar el equilibrio hay que recorrer de un extremo al otro.


La mujer está omnipresente en las dos más nominadas: La forma del agua y Tres anuncios por un crimen (y de las que he visto hasta la fecha, las más destacadas, imperdibles, bah, y hasta puede que con el tiempo sean tan recordadas como Julia, Momento de Decisión, Norma Rae o Thelma y Louise, entre otras buenas películas que giraron alrededor de mujeres.


Las demás nominaciones ya venían medio cantadas por las premiaciones anteriores, o sea los Gohtams, los Globos de Oro, los Critic’s Choice, los SAGs y los que no entregaron premios todavía pero que ya nominaron, es decir, los BAFTAs y los Spirits, para mencionar solo los principales, porque ahora hasta nominan y entregan premios la Asociación de Vendedores de Pochoclo de Michigan Este.


Este año no hay sorpresas sorpresivas, válgame la redundancia. Es decir, no hay nombres que no hayan ya aparecido en nominaciones o premiaciones anteriores. Se comentará, eso sí, por ejemplo, que Tom Hanks no obtuvo nominación por The Post, en tanto que su coequipera Meryl Streep, sí y que si bien fue nominada para Mejor Película, Steven Spielberg, su director, no. Antes se discutía mucho cuando los directores de las Mejores Películas no eran nominados, se hacía el chiste obvio de que se habían dirigido solas. Ahora es lógico que suceda porque las candidatas a Mejores Películas son hasta 10 y para Mejor Director solo se aceptan hasta 5 participantes.


Se comentará también que no logró James Franco una nominación por The Disaster Artist, por la que ya ganó un Globo de Oro y logró colarse en casi todas las nominaciones de los premios fundamentales.


Eso sí, logró entrar el “jubilado” Daniel Day Lewis por El hilo fantasma. No es uno de mis actores favoritos, pero reconozco su talento y su valía, así que espero que reconsidere su decisión de dejar el cine. Ojalá haya sido solo una de esas necesidades espirituales de cerrar etapas y que se cumplen con solo mencionarlas.


En los rubros actorales los ganadores parecen cantados: Frances McDormand, Gary Oldman, Allison Janney y Sam Rockwell que hasta ahora arrasaron imparables en las premiaciones precedentes.
No sé si una sorpresa, pero es llamativo que en la categoría Mejor Película Extranjera quedara afuera Aus dem Nichts (En pedazos, se titulará aquí si se estrena) del siempre interesante Faith Akim, que ganó la Palma de Oro de Cannes. La gran sorpresa hubiera sido que su protagonista Diane Kruger (que también se llevó su Palmar de Cannes) apareciera en las nominaciones de Mejor Actriz Protagónica, pero no, la Academia transita, por lo general, lo obvio.


Y por supuesto, uno siempre tiene su discrepancia con los nominados. En mi modesta opinión, dejando de lado los indiscutibles méritos de Christopher Nolan, su Dunkerque es una de las peores películas del año, es un bodrio absoluto, no tiene sentido, cohesión dramática, desarrollo de situaciones y personajes, ni verdad histórica, ni logros visuales o narrativos, tiene fallas insalvables y obvias por donde se la mire, sin embargo, parece que portar un nombre, al que se le asocia un aura inmediata, basta para que nadie vea que el emperador está desnudo y se le canten alabanzas a un traje que no existe. Pero, bueno, de opiniones encontradas está llena la historia del cine. Sola habrá que esperar que el tiempo, que pone las cosas en su lugar, pase.

Gustavo Monteros

A continuación la lista completa de los nominados

Información tomada de The New York Times en español

Mejor película

En esta categoría, desde un cambio de reglas en 2009, cada año pueden ser nominadas hasta diez películas; antes el límite eran cinco. Este año las elegidas fueron:

La forma del agua
Un grupo de personas a quien el resto del mundo hace sentir menos por su otredad –ya sea la sordera, su orientación sexual o su raza– unen fuerzas en esta película de monstruos, uno amazónico y otro muy humano.
Tres anuncios por un crimen
Una madre que personifica la ira tras el asesinato de su hija, un policía con conducta racista encargado del caso y un alguacil enfermo: la impotencia de los tres queda exhibida en espectaculares que todo el pueblo puede ver.
Dunkerque
Por aire, mar y tierra, una exploración de la campaña de 1940 para rescatar a miles de soldados sitiados en una playa francesa, cuando los británicos civiles se sumaron a la guerra y con ello dieron esperanza a una nación.
Lady Bird
El sentir de una adolescente combativa, segura de sí misma e ilusionada entre disputas maternales y amistosas en los años noventa.
Los archivos del Pentágono
El gobierno estadounidense en los setenta hizo todo en su poder para mantener en secreto un documento que detalla los errores cometidos durante la guerra de Vietnam, incluyendo demandar a The New York Times para intentar prevenir que siguiera publicando al respecto. The Washington Post, con una nueva dueña al cargo, enfrenta una decisión: ¿asume la cobertura?
¡Huye! (Get Out)
Parte sátira, parte alegoría, parte película de terror y parte vida real sobre el racismo escondido en las profundidades —o los “lugares hundidos”— de muchas personas (con toques de comedia, eso sí).
Llámame por tu nombre
La amargura y la dulzura –casi como el sabor de un durazno– del primer amor, una infatuación veraniega inolvidable entre Oliver y Elio, Elio y Oliver.
Las horas más oscuras
1940 en un Reino Unido bajo asedio y bombardeos constantes por parte de la Alemania nazi. ¿Podrá el nuevo primer ministro reanimar a la población?
El hilo fantasma
La obsesión hilvana esta historia de un costurero, su musa y su hermana, cuyo título proviene de la era preindustrial cuando las cosedoras en Inglaterra movían sus manos como si siguieran trabajando cuando ya estaban fuera de los talleres.

Actriz principal
• Frances McDormand – Tres anuncios por un crimen
Fue ganadora de esta estatuilla en 1997 por Fargo y nominada tres veces más como actriz de reparto. Ya se hizo con el premio del Sindicato de Actores el pasado 21 de enero, que suele ser presagio de una victoria en los Oscar.
• Saoirse Ronan – Ladybird
Esta es la tercera nominación para la irlandesa de 23 años, después de Expiación, deseo y pecado en 2008 y Brooklyn en 2016.
• Margot Robbie – Yo, Tonya
La australiana obtiene su primera nominación por un papel semibiográfico: la patinadora olímpica Tonya Harding, sospechosa de haber contratado a alguien para destrozarle la rodilla a una rival.
• Sally Hawkins – La forma del agua
En 2014 la británica fue nominada como actriz de reparto por hacer de la hermana de Jasmine en Blue Jasmine.
• Meryl Streep – Los archivos del Pentágono
La vigésima primera nominación para Streep, por su papel de Katharine Graham, la dueña del Washington Post durante algunos de los momentos clave del periódico, como la cobertura del escándalo de Watergate.

Actor principal
• Daniel-Day Lewis – El hilo fantasma
El actor británico-irlandés, quien ya ha ganado este premio en tres ocasiones, está nominado por la que ha dicho será su última actuación, como un obsesivo costurero y diseñador.
• Timothée Chalamet – Llámame por tu nombre
El joven actor (tiene 22 años) interpreta a Elio, un adolescente a punto de pasar a la adultez y de vivir su primer amor… y desamor.
• Gary Oldman – Las horas más oscuras
Con ayuda de prótesis y maquillaje, Oldman (antes nominado en 2012) se convierte en Winston Churchill. Es el favorito en las apuestas pues ya obtuvo el premio del Sindicato de Actores, y quienes son parte de ese gremio componen la mayor parte de la academia.
• Daniel Kaluuya – ¡Huye!
El actor británico pasó del teatro londinense a ser protagonista, centro y corazón de este filme.
• Denzel Washington – Roman J. Israel, Esq.
Ocho veces nominado (dos de ellas por mejor actor de reparto); dos veces ganador.

Mejor director
Los directores primerizos han conseguido nominaciones al Oscar apenas una veintena de veces; este año lo lograron dos personas. No solo eso, sino que todos los nominados en la categoría son también responsables del guion que dirigieron.
• Greta Gerwig – Lady Bird
La actriz famosa por películas independientes, para algunas de las cuales también ha escrito el guion, dio su primer salto detrás de la cámara. Es apenas la quinta directora en conseguir una nominación en la historia (solo una ha ganado, Kathryn Bigelow).
• Jordan Peele – ¡Huye!
El también comediante ha dicho que de ahora en adelante solo se dedicará a dirigir y ya no estará frente a las cámaras.
• Guillermo del Toro – La forma del agua
Continúa la racha de los directores mexicanos nominados, después de Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, quienes ganaron. Del Toro ya había sido nominado antes por mejor guion original y mejor película extranjera con El laberinto del fauno.
• Paul Thomas Anderson – El hilo fantasma
Anderson ha sido nominado seis veces anteriormente: dos por mejor guion adaptado, dos por mejor director y dos por guion original.
• Christopher Nolan – Dunkerque
Anteriormente nominado en tres ocasiones: mejor guion original por Memento y El origen, por la cual también estuvo nominado como productor de mejor película.

Actriz de reparto
• Allison Janney – Yo, Tonya
Esta es su primera nominación al Oscar, aunque ya ha sido reconocida en múltiples ocasiones en los Emmy por su trabajo televisivo y nominada a los Tony por actuación teatral. Ganó el premio del Sindicato de Actores en esta categoría.
• Octavia Spencer – La forma del agua
Spencer ganó en 2012 por The Help y fue nominada el año pasado por Talentos ocultos.
• Laurie Metcalf – Lady Bird
Al igual que Janney, ha sido nominada varias veces a los Tony y Emmy, pero esta es su primera nominación al Oscar.
• Mary J. Blige – Mudbound: El color de la guerra
La cantautora de R&B, multipremiada en los Grammy, interpreta a la matriarca de una familia aparcera.
• Lesley Manville – El hilo fantasma
Como Metcalf y Janney, Manville es conocida principalmente por sus actuaciones en escenarios teatrales. También tiene entrenamiento como soprano.

Actor de reparto
• Sam Rockwell – Tres anuncios por un crimen
Rockwell nunca antes había sido nominado al Oscar. Ganó el premio del Sindicato de Actores.
• Willem Dafoe – El proyecto Florida
Es la primera nominación en más de quince años para Dafoe; antes nombrado en esta misma categoría por La sombra del vampiro, en 2001, y por Platoon, en 1987.
• Richard Jenkins – La forma del agua
Anteriormente nominado a mejor actor principal por El visitante, en 2009.
• Christopher Plummer – Todo el dinero del mundo
Ganó en esta categoría en 2012, por Beginners, así se siente el amor, y fue nominado también en 2010, por La última estación.
• Woody Harrelson – Tres anuncios por un crimen
Es su tercera nominación después de El escándalo de Larry Flynt (como actor principal) y The Messenger.

Mejor guion original
• Lady Bird – Greta Gerwig
• ¡Huye! Get Out – Jordan Peele
• Tres anuncios por un crimen – Martin McDonagh
• La forma del agua – Guillermo del Toro y Vanessa Taylor
• Un amor inseparable – Emily V. Gordon y Kumail Nanjiani

Mejor guion adaptado
• Logan – Scott Frank, James Mangold y Michael Green, basada en una historia por James Mangold
Basada en los personajes de Wolverine y Los X-Men desarrollados por Marvel; la primera vez que una película de cómics es considerada para esta categoría. Frank ya fue nominado en 1990 por Out of Sight; esta es la primera nominación tanto para Mangold como Green, quien el año pasado también hizo los guiones de Blade Runner 2049 y Alien: Covenant.
• Llámame por tu nombre – James Ivory
Inspirada en la novela del mismo nombre de André Aciman.
• Apuesta maestra – Aaron Sorkin
Basada en las memorias de Molly Bloom, quien organizaba juegos de póquer clandestinos con estrellas de Hollywood, atletas reconocidos y personas muy acaudaladas.
• The disaster artist: Obra maestra – Scott Neustadter y Michael H. Weber
Basado en el libro The Disaster Artist: My Life Inside The Room, The Greatest Bad Movie Ever Made.
• Mudbound: El color de la guerra – Virgil Williams y Dee Rees
A partir de una novela sobre dos familias en el sur estadounidense que dependen del cultivo y los cambios que trae a sus vidas la Segunda Guerra Mundial.

Mejor película extranjera
• Una mujer fantástica – Chile
• The Square: La farsa del arte – Suecia
• On Body and Soul – Hungría
• The Insult – Líbano
• Loveless – Rusia

Mejor película animada
• Coco
• The Breadwinner
• Cartas de Van Gogh
• Ferdinand
• Jefe en pañales

Fotografía
Es la primera vez en la historia del Oscar que una mujer es nominada para esta categoría.
• Roger Deakins – Blade Runner 2049
• Bruno Delbonnel – Las horas más oscuras
• Hoyte van Hoytema – Dunkerque
• Rachel Morrison – Mudbound
• Dan Laustsen – La forma del agua

Mejor documental
• Visages Villages
• Abacus: Small Enough to Jail
• Icarus
• Last Men in Aleppo
• Strong Island

Mejor documental corto
• Edith+Eddie
• Heaven is a Traffic Jam on the 405
• Heroin(e)
• Knife Skills
• Traffic Stop

Canción original
• “Recuérdame”, de Coco – Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez
Ambos ganadores por “Libre soy” de Frozen: una aventura congelada.
• “This Is Me”, de El gran showman – Benj Pasek y Justin Paul
Los compositores ganaron por La La Land el año pasado.
• “The Mystery of Love”, de Llámame por tu nombre – Sufjan Stevens
La primera nominación para este artista conocido por álbumes conceptuales.
• “Evermore”, de La bella y la bestia – música por Alan Menken y letras por Tim Rice
Menken, quien escribió la música original de la adaptación animada de Disney y tres canciones nuevas, unió fuerzas para esta con Rice –responsable de letras de Aladino, El rey león y más– pues el letrista original de Bella y bestia, Howard Ashman, falleció en 1991.
• “Stand Up for Something”, de Marshall – Common y Andra Day
Common ya ganó en esta categoría en 2015, por “Glory” de Selma.
• “Mighty River”, de Mudbound – Mary J. Blige y Raphael Saadiq
Con esta nominación, Mary J. Blige suma dos en este año y en categorías muy diversas.

Mejor banda sonora
• Alexandre Desplat – La forma del agua
El francés obtiene su novena nominación; ha ganado una vez, por El gran hotel Budapest.
• Hans Zimmer – Dunkerque
Esta es la onceava nominación para el alemán, y la tercera por una película con Christopher Nolan.
• Jonny Greenwood – El hilo fantasma
Greenwood, integrante de Radiohead, ha colaborado con Paul Thomas Anderson en tres ocasiones anteriores, aunque esta es su primera nominación.
• John Williams – La guerra de las galaxias: El último jedi
Esta película marcó el regreso de Williams a la saga, pues la banda sonora de Rogue One fue hecha por alguien más.
• Carter Burwell – Tres anuncios por un crimen
Fue nominado también en 2016 por la banda sonora de Carol.

Maquillaje y peinado
• Las horas más oscuras – Kazuhiro Tsuji, David Malinowski y Lucy Sibbick
• Victoria y Abdul – Daniel Phillips y Lou Sheppard
• Extraordinario – Arjen Tuiten

Diseño de producción
• La bella y la bestia
• Blade Runner 2049
• Las horas más oscuras
• Dunkerque
• La forma del agua

Diseño de vestuario
• Jacqueline Durran – La bella y la bestia
• Jacqueline Durran – Las horas más oscuras
• Mark Bridges – El hilo fantasma
• Luis Sequeira – La forma del agua
• Consolata Boyle – Victoria y Abdul

Cortometraje animado
• Dear Basketball
• Garden Party
• Lou
• Negative Space
• Versos perversos

Cortometraje
• DeKalb Elementary
• The Eleven O’Clock
• My Nephew Emmett
• The Silent Child
• Watu Wote/All of Us

Edición de sonido y mezcla de sonido
Ambas categorías tienen a los mismos nominados.
• Baby, el aprendiz del crimen
• Blade Runner 2049
• Dunkerque
• La forma del agua
• La guerra de las galaxias: El último jedi

Efectos visuales
• Blade Runner 2049
• Los guardianes de la galaxia vol. 2
• Kong: La isla calavera
• La guerra de las galaxias: El último jedi
• El planeta de los simios: La guerra

Mejor edición
• Baby, el aprendiz del crimen
• Dunkerque
• Yo, Tonya
• La forma del agua
• Tres anuncios por un crimen