Cerramos momentáneamente por problemas técnicos. Volvemos el viernes 3 de junio. Gracias.
Gustavo Monteros
Cerramos momentáneamente por problemas técnicos. Volvemos el viernes 3 de junio. Gracias.
Gustavo Monteros
Escucho Estocolmo y
se me cruza el síndrome. De Estocolmo, claro. Para los que no lo hayan oído
mencionar o no tengan muy en claro de qué se trata, les cuento: “El síndrome de
Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o
retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un
fuerte vínculo afectivo con su secuestrador o retenedor” Esta explicación es de
la vieja y peluda Wikipedia.
Y se llama de
Estocolmo y no de Copenhague u Oslo, por un incidente ocurrido en Estocolmo en
1973, el ahora célebre robo de
Norrmalmstorg.
Vuelvo a Wikipedia: “El
23 de agosto de 1973, Jan-Erik "Janne" Olsson entró en una sucursal
del Kreditbanken en Norrmalmstorg, en el centro de Estocolmo. La policía fue
alertada inmediatamente y al entrar dos agentes, Olsson les disparó, hiriendo a
uno de ellos. Olsson tomó a cuatro rehenes (tres mujeres y un hombre) y exigió
que se llamase a Clark Olofsson, que en ese momento cumplía una condena, más
tres millones de coronas suecas, dos revólveres, chalecos antibalas, cascos y
un vehículo. Olofsson fue traído y se estableció un enlace de comunicación con
los negociadores de la policía. Una de los rehenes, Kristin Enmark, había dicho
que se sentía segura con los atracadores, pero temía que la policía pudiera
causar problemas utilizando métodos violentos…”
En 2018, Robert
Budreau, dirigió un guión sobre el hecho basado en el artículo The Bank Drama de Daniel Bank, editado
por James Luscombe.
Budreau cambió los
nombres de los protagonistas. Jan-Erik "Janne" Olsson pasó a llamarse
Lars Nystrom y lo interpretó Ethan Hawke y Clark Olofsson fue rebautizado
Gunnar Sorensson y lo personificó Mark Strong. Kristin Enmark pasó a ser Blanca
Lind y la corporizó Naomi Rapace.
Estocolmo de Robert Budreau es ideal para un domingo de lluvia porque es la
famosa película a la que le falta 5 para el peso. Tiene un buen guión, está
bien dirigida, actuada con solvencia, tiene un irreprochable acabado
profesional en todos los rubros técnicos, pero le falta algo, un intangible, un
imponderable, un indefinible, Quizá una pizca de humor. De todos modos, aunque
está a años luz de acercarse a la mejor película de asalto con rehenes jamás
hecha, o sea la legendaria y querible Tarde
de perros (Dog Day Afternoon,
Sidney Lumet, 1975) se deja ver. Sobre todo por el desparramo histriónico de
Ethan Hawke, que en la madurez parece haberse liberado de las restricciones de
la contención. Enhorabuena.
Gustavo Monteros
Último momento: Ayer,
jueves 5 de mayo de 2022, Netflix estrenó la miniserie sueca Clark, dirigida por Jonas Åkerlund y
escrita por Fredrik Agetoft, Peter Arrhenius y Jonas Åkerlund, sobre vida y
milagro de los delincuentes envueltos en el robo de Norrmalmstorg, delito que
como se dice arriba originó la acuñación del Síndrome de Estocolmo. No la he
visto todavía, pero a juzgar por el tráiler rebosa de lo que le falta a la
película de Budreau: humor y delirio. Pero claro, ver para saber…
Hoy: Argel
Pépé le Moko, novela del Détective Ashelbé (seudónimo de Henri La
Barthe) tiene hasta la fecha 3 adaptaciones cinematográficas: Pépé le Moko (la más lograda), Algiers (la más famosa) y Casbah (la más musical)
Cuadro con la
información esencial de las 3 películas:
|
Año |
1937 |
1938 |
1948 |
|
Título |
Pépé le Moko |
Algiers |
Casbah |
|
Director |
Julien Duvivier |
John Cromwell |
John Berry |
|
Pépé le Moko |
Jean Gabin |
Charles Boyer |
Tony Martin |
|
Gaby |
Mireille Balin |
Hedy Lamarr |
Märta Torén |
|
Inés |
Line Noro |
Sigrid Gurie |
Yvonne De Carlo |
|
Slimane |
Lucas Gridoux |
Joseph Calleia |
Peter Lorre |
Aunque la anécdota se
circunscribe a lo policial, las maquinaciones del inspector Slimane para
atrapar a Pépé le Moko, un ladrón francés refugiado en la Casba de Argel, en
esencia se trata de una historia de amor con un héroe romántico por
antonomasia.
Pépé vive en la Casba
con Inés (para él es una relación circunstancial de sexo, comida y compañía,
para ella, es el amor de su vida), pero una noche Pépé se deslumbra y se
enamora de Gaby, una turista de paso que le retribuye.
Pépé y Gaby son dos
prisioneros que hallan la libertad en el amor por el otro. La Casba es la
prisión de Pépé, un rey sin corona del lugar, que no puede abandonar porque lo
apresarían. Gaby es prisionera de sus circunstancias de mantenida de lujo,
heredera directa de las cocottes del siglo XIX, ofrece belleza a cambio de
joyas, pieles, cuentas bancarias, propiedades y quizá, a la larga, un
matrimonio de conveniencia. La felicidad para ambos está a un paso. Paso
liberador si los hay, aunque muy peligroso y tal vez aniquilador.
Es un cuento
atractivo porque es uno de los pocos contado desde un personaje masculino. Las
grandes historias de amor, incluso las narradas omniscientemente, se centran en
grandes protagónicos femeninos, el amante siempre es una contrapartida
necesaria más que un igual (piénsese en la modélica La dama de las camelias, por ejemplo). Son contados los Heathcliff
(Cumbres borrascosas) frente a las
numerosas Francescas (Los puentes de
Madison). Esta aseveración es polémica, claro, pero puede desatar
discusiones interesantes.
Del mismo modo que estas
tres versiones comparadas pueden usarse para fructíferas clases de guión. Si
bien, insisto, la original francesa de 1937 es la mejor, no agota la historia.
La del 38 es casi un calco hollywoodense, sin embargo los actores secundarios hacen
una relectura interesante de las subtramas. La de 1948 introduce unos cuantos
cambios no del todo eficientes, aunque acentúa las motivaciones,
¿homoeróticas?, ¿homosexuales?, del personaje del inspector Slimane respecto de
Pépé. Porque la verdad sea dicha, no solo Inés siente el despecho cuando llega
Gaby a la vida de Pépé.
De las tres
versiones, la segunda es la que la habilita para pertenecer a esta acotada
selección cinematográfica que hacemos. La primera y la tercera tienen títulos
más pertinentes. La primera por centrarse en el protagonista de la historia, la
tercera por asentarse en el peculiar ambiente en que se desarrolla la trama.
Ahora bien, ¿qué es
la Casba específicamente? Recurramos a la vieja y querida Wikipedia por la
respuesta: "La Casba es la ciudadela
de Argel en Argelia y el barrio histórico que la rodea. Es un tipo único de
medina, una ciudad islámica, ubicada en la costa del mar Mediterráneo. (...) La
casba fue fundada sobre las ruinas de la antigua Icosium. Es una pequeña ciudad
que, construida sobre una colina, se adentra al mar, dividida en dos: la ciudad
alta y la baja. Se pueden encontrar mezquitas y edificaciones del siglo XVII y,
especialmente las tres grandes mezquitas de la ciudad de Argel: la mezquita de
Ketchaoua (cuya edificación data de 1794) flanqueada por dos minaretes, la
mezquita nueva (Djemmá el Djedid) (levantada en 1660 durante la regencia
otomana) y la Gran Mezquita de Argel (Djemmá el Kebir), la más antigua de Argel
ya que fue construida a finales del siglo XI. En la casba argelina también
existen las típicas calles-laberinto. (...) La Casba jugó un rol central
durante las luchas de independencia de Argelia (1954–1962). La Casba fue el
foco de la insurgencia planeada por el Frente de Liberación Nacional (FLN) que
les dio un lugar seguro para planear y ejecutar ataques contra autoridades
opresoras francesas y agentes del orden público en Argelia del momento. Con el
fin de contrarrestar los ataques, los franceses tuvieron que centrarse
específicamente en la Casba. (...) Fue incorporada a la lista de Patrimonio de
la Humanidad de Unesco en 1992. (...) Como informó Reuters en agosto de 2008,
la Casba se encuentra en estado de abandono y algunas áreas corren peligro de
derrumbe” (Perdón por la humorada,
pero tanto dato me remite al Libro gordo de Petete, así que: El libro gordo te enseña, el libro gordo
entretiene, y yo te digo contento, hasta la clase que viene.)
Ah, y ya que estamos
en dibujos, muñecos y esas cosas, consignemos que el animador Chuck Jones se
basó en la interpretación de Charles Boyer de Pepé le Moko en Argel para su famoso personaje de Pepé
le Pew, que ya no es leído como el zorrillo insistente y patético que no acepta
el rechazo de la gatita Penélope Pussycat, a la que confunde con una zorrilla y
a la que asquea por su olor nauseabundo, sino que es visto como un acosador
impenitente o un violador en ciernes. L’air
du temps.
Gustavo Monteros
Demos un paseo por
películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente
geográfico como título (ejemplos: Veracruz,
Tanganica, Kamchatka, etc)
Hoy: Munich
Nos dicen Munich y la
edición del Almanaque Mundial de nuestra cabeza, nos remite de inmediato a dos
datos, el Putsch de Múnich o sea el fallido golpe de estado de 1923 que
concluiría con Hitler y Hess, entre otros dirigentes nazis, en la cárcel, y la
Masacre de Múnich de 1972, cuando en los Juegos Olímpicos de verano, un comando
de terroristas palestinos de la organización Septiembre Negro tomó como rehenes
a once integrantes del equipo olímpico de Israel para terminar masacrándolos,
el crimen fue visto en vivo por la televisión.
A las consecuencias
de este segundo hecho nos refiere Munich,
película de Steven Spielberg de 2005. El guión de Tony Kushner y Eric Roth se
basa en el libro de George Jonas, Venganza,
el relato verídico de una misión contraterrorista israelí. Libro y película
cuentan como Israel, en represalia por la masacre, armó un equipo clandestino
de cinco miembros (Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz,
Hanns Zischler) para liquidar a los responsables del atentado.
Spielberg ejecuta un
thriller de sostenido suspenso que sortea magistralmente la dificultad de una
trama que es episódica (la sucesión de ejecuciones) en vez de la tradicional
que construye interés al desplegarse.
Steven Spielberg es
un maestro inmenso permanentemente subestimado. Nadie en su sano juicio puede
negar su genialidad, pero si se pide que nombren a los mejores directores de la
actualidad, nunca aparece su nombre en primera instancia cuando deberíamos
comenzar con el suyo toda lista posible.
Spielberg es, por
suerte, prolífico y no infalible, lo que permite apasionarse por su obra y
defenderla. Munich está entre sus
films imperecederos y logrados. Si se la cruzan por streaming o cable, descúbranla
si no vieron y vuelvan a disfrutarla si la vieron.
(Hasta la fecha, abril
de 2022, entre cortos, episodios de series para TV, telefilmes, documentales y
largometrajes de ficción, ha dirigido 57 películas, y la única flojita, es
imposible que algo suyo sea malo, es Always
/Siempre (1989), acto de amor por Holly Hunter, de cuando estuvo brevemente
loco por ella. Se deduce, entonces, que el amor es maravilloso, inspira, pero
no siempre paga…)
Gustavo Monteros
Hoy: Bacurau
Si de peculiaridades
geográficas se trata, dificulto que hallemos otro ejemplo tan extremo de la que
caracteriza al pueblo de Bacurau
(Juliano Dornelles, Kleber Mendonça Filho, 2019): no figurar en los mapas. Este
misterio (al igual que el del género de esta película) se dilucidará en el
final.
Somos metidos en la
historia a través de la vuelta al pueblo de una médica joven para el entierro
de su abuela ¿consanguínea?, ¿adoptiva? La chica regresa en un camión aguatero,
porque el río que daba agua al pueblo ha sido desviado para que no los
favorezca más. De repente el chofer del camión llama la atención sobre unas
cajas esparcidas por el camino. ¿Acaso son ataúdes? ¿Los tiró el camión volcado
más adelante? ¿Descarriló para evitar atropellar la moto que está al costado
del camino? ¿La mujer muerta sobre la banquina manejaba la moto? ¿El chofer del
camión de los ataúdes también murió? ¿Por qué la médica y el aguatero siguen de
largo?
Una vez llegados, ven
al pueblo entero reunido por el velorio. La población es variopinta y se
perfilan conflictos y desconfianzas entre ellos. Los ritos del entierro son
especiales e incluyen cantos y lamentaciones.
Para entonces se nos
acumulan las preguntas sobre lo que vamos viendo. En especial respecto al
género de la película. ¿Es una ficción antropológica? ¿Es un drama social de
Pueblo chico, infierno grande? ¿Es un film político sobre disidencias? ¿Es de
terror? ¿Es un thriller? ¿Es de zombies? ¿Viene de tragedias ecológicas? ¿De
motociclistas descontrolados? ¿Es una revalidación del western? ¿Es un drama
filosófico religioso? ¿Es de desembarco de extraterrestres?
¿Qué importan las
etiquetas cuando el espectador se divierte? Bacurau
es un film tan inclasificable como irrepetible. Un sincretismo, una fusión,
una mixtura. Es original, inaudito, desbordado. Sobre el final unirá en una
trenza perfecta todas las mechas de pelo que ha ido separando y peinando con
primor. Y es tan gore, como excelso y justiciero. Ahora el museo del pueblo
albergará nuevos trofeos.
Puede que Bacurau no esté en el mapa, pero su
historia es muy elocuente. Tanto como los 52 premios y 73 nominaciones que
lleva acumuladas la película.
Demos un paseo por
películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente
geográfico como título (ejemplos: Veracruz,
Tanganica, Kamchatka, etc)
Hoy: Hawai
Con Hawaii (George Roy Hill, 1966), es la
vez que una gran producción de Hollywood más cerca estuvo de Las venas abiertas de América Latina. En
espíritu, digo, e involuntariamente, porque se centraron más en el lado
sentimental del increíble y triste destino del Reverendo Abner Hale (Max von
Sydow) que en el costado más político, más Ibsen o Shaw, del asunto.
Esta tragedia, en su
fondo, es más política que sentimental y si la hubieran narrado desde las
devastadoras consecuencias político-sociales, la película hubiera sido mucho
más conmovedora, aunque no sé si tan exitosa, se habrían corrido demasiado de
lo que era el canon hollywoodense.
El susodicho
reverendo estaba entre los que encabezaron la cruzada misionera evangelista al
archipiélago de Hawaii en 1818. El hombre era un fanático sin imaginación ni
misericordia que interpretaba la Biblia y los preceptos religiosos
literalmente. Recalco, porque el detalle es muy importante, sin grises, con
literalidad absoluta, al pie de la letra.
Un peligro andante,
de ahí que los Elders (Mayores) establecieran que no pudiera evangelizar a
menos que se consiguiera una esposa, tarea que en los papeles era sencillamente
titánica, sino imposible. Almas caritativas lo acercan a Jerusha (Julie
Andrews), solterona de 22 años, atada a la espera de cartas casamenteras de un marino
que se fue a hacer fortuna, el capitán Rafer Hoxworth (Richard Harris).
Por supuesto, las
cartas llegan cuando el complot de casarla con Abner ya está en marcha y se las
ocultan, condenándola a consorte del nada atractivo reverendo. Convengamos que
el personaje de Max von Sydow debe figurar entre los protagonistas más obtusos,
pesados, indigestos y desabridos de la historia del cine. En dos palabras es un
pelmazo mayúsculo.
En fin, casados que
fueron, se embarcan y después de un viaje con inconvenientes como corresponde a
toda travesía de film con gran presupuesto, llegan a las islas. (Entre los que
viajan está el doctor John Whipple, interpretado por un joven e incipiente Gene
Hackman, que, sin embargo, no se hace notar por lo insulso de su papel).
Una vez en la
paradisíaca Hawaii, Abner se enfrentará con la reina del lugar, Malama Kanakoa
(Jocelyne LaGarde), que terminará por abrazar la fe con fervor infantil. Entre
el infantilismo de la gobernante y el fanatismo del evangelizador, el choque de
culturas es punzante.
En el transcurso,
habrá partos traumáticos, luchas por la moralidad, epidemias, amores
encontrados y muertes significativas.
Y después de haber
arruinado la vida a medio mundo de todas las maneras imaginables, incluida la
dieta alimentaria, le llega a Abner la posibilidad de redimirse: evitar la
esclavitud de los lugareños a los que vino a evangelizar y la devastación de
los recursos naturales de las islas por la explotación de monocultivos
invasivos y dañinos como el de la caña de azúcar.
Porque mientras él
pulía su fanatismo y estupidez, la misión evangelizadora había mostrado su
verdadera cara, ser la vanguardia de un capitalismo rapaz, colonizador,
miserable y abusador (aquí es cuando la película revela su conexión con lo que
cuenta el libro de Galeano, la contracara de la cruz que fue la espada y las
dos venían por la dominación y la explotación, y no por la civilización)
Subrayo que si este
cuento se hubiera contado desde este aspecto, el film hubiera sido mucho más
resonante y desgarrador, tal como está, es un relato eficaz logrado más con
oficio que arte.
Este proyecto basado
en un libro de James A.Michener estuvo en un principio a cargo del director
Fred Zinnemann que consideró a Audrey Hepburn para el papel de Jerusha. Audrey
hubiera provocado más patetismo que Julie Andrews que está francamente miscast
(mal elegida, fuera de rol) A Julie por su pasado de María von Trapp (The Sound of Music / La novicia rebelde,
Robert Wise, 1965) y de Mary Poppins
(Robert Stevenson, 1964) se la presupone una mujer espirituosa con recursos
prácticos que bien puede prever y soportar lo que aquí le sucede. Audrey por
sus antecedentes de princesa delicada, (Roman
Holiday / La princesa que quería vivir, William Wyler, 1953) más ingenua y
delicada que curtida y pragmática, nos hubiera despertado más pena y lástima.
Pero como Julie es una auténtica trooper (disciplinado soldado de una causa)
por excelencia se las arregla para redondear un personaje sólido y desatar la
terneza y emoción apropiadas al desventurado devenir de su personaje.
Hawaii puede verse en los canales que dan películas viejas. La programan con
frecuencia. Aloha.
Gustavo Monteros
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Demos un paseo por
películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente
geográfico como título (ejemplos: Veracruz,
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Hoy: Panamá
De todos los lugares
posibles, dos ecuatorianos excompañeros de secundario después de 10 años sin
verse se reencuentran en un cine en Panamá. Celebrarán la casualidad cenando
juntos. La reunión dará cuenta de lo vivido desde que no se ven, lo compartido
en los años de escuela, lo añorado, lo pendiente, lo que olvidaron, lo que se
perdonaron, y lo que no. Como suele ser el caso, surgirán algunas verdades
incómodas.
Es el año 1985, dato
importante para los que los que conocen la historia de Ecuador y Panamá. Dato
circunstancial y no imprescindible para los demás. Porque la interpelación con
el espectador viene más por el lado de su historia personal que con la historia
con mayúsculas.
Al ver este
reencuentro comprobamos que nos relacionamos más por lo que nos separa que por
lo que nos une, paradojas al margen. Que puede que las relaciones elegidas
(parejas, amigos) se basen en lo que nos acerca, pero las obligadas (compañeros
de estudio, de trabajo) se caracterizan más por lo que nos separa.
Y en lo peculiar, se
me dio por pensar, que es poco lo que uno puede hacer con los condicionantes
(familia, clase social, educación a la que accedimos, momento histórico, etc.)
que nos tocaron en suerte, no se trata de darle la razón al determinismo, pero
tampoco desestimar la pesada influencia que el entorno puede ejercer sobre la formación
definitiva de la persona que somos. Se necesita una voluntad excepcionalmente
fuerte para romper con los lazos que nos aprisionan a un modo de ser y pensar.
Panamá (Javier Izquierdo, 2019) puede parecer un hueso duro de roer. Es en
blanco y negro y para algunos puede asemejarse más a un ejercicio de tesis para
una escuela de cine, a una reformulación del cine de los sesenta, o al
experimento formal entre discípulos de una forma de concebir el cine, o a una
instancia de teatro filmado, pero es una película independiente hecha y derecha
con méritos propios que puede disfrutarse si se la acepta por lo que es, una
meditación sobre algunos destinos.
Gustavo Monteros
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Demos un paseo por
películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente
geográfico como título (ejemplos: Veracruz,
Tanganica, Kamchatka, etc)
Hoy: Filadelfia
Filadelfia (Jonathan Demme, 1993) nació con suerte. Consiguió lo
que se propuso con creces. En lo artístico, en lo político, en lo social y
sobre todo en lo económico, que más le importa al show business, industria que,
por desgracia, en estos años, es más business que show.
Quizá Filadelfia fue el éxito que fue porque
Demme y sus productores se manejaron con claridad meridiana. Jamás ocultaron
que querían una película popular y aleccionadora sobre un hombre que moría de
SIDA. Cimentaron el proyecto con la participación de Tom Hanks, figura
taquillera por excelencia, que saltó de entusiasmo ante la posibilidad de
ensanchar su registro dramático. Más tarde cuando Denzel Washington y el latin
lover del momento, Antonio Banderas se sumaron, la película auspiciaba bien, al
menos desde la star-potential. También fueron más que a lo seguro con los
secundarios, los claves cayeron en las hábiles manos de Jason Robarts, Joanne Woodward
y Mary Steenburgen.
Como dijimos la idea
era demoler la ignorancia y los estúpidos prejuicios erigidos alrededor del
SIDA, y el guión de Ron Nyswaner, basado en un caso real, obraba con astucia. Un
abogado de una gran firma legal, Tom Hanks, era despedido por haber contraído
SIDA y contrataba a un colega de poca monta y no mucha experiencia en pelearse
con corporaciones y que bordeaba la homofobia, para decirlo con amabilidad,
Denzel Washington.
El guión era pillo en
el sentido que entrábamos en el conflicto desde el personaje de Washington, o sea que, al menos en un
inicio, se nos permitía ser gay-unfriendly, y a medida que el personaje de
Denzel evolucionaba y abría su mente, también lo hacíamos nosotros.
Conmoción creada,
claro, por el impar talento de Hanks, que refulgía por los cuatro costados.
Sarah Bernhardt que consideraba que agonizar lentamente en escena como en La dama de las camelias era el desafío
supremo para un histrión (morir, muere cualquiera, pero hacerlo bien, ¡solo los
grandes!), hubiera aplaudido a Hanks de pie.
Pero como todas las
cosas hechas con buena leche, la repercusión social perduró en el tiempo y fue
más allá de las propuestas iniciales. Filadelfia no solo derribó los prejuicios
contra el SIDA, sino que contribuyó a demoler la idea retrógrada de que la
homosexualidad era una monstruosidad.
Entre los activistas
gay hubo polémica respecto de darle el protagónico a un actor heterosexual,
entiendo el fervor militante, aunque noto también la contradicción absurda. Si
solo los gays pueden hacer de gays, si solo los abogados pueden hacer de abogados,
los neuróticos de neuróticos y así sucesivamente, se anula el juego de ser otro
que es la esencia de la actuación.
Eso sí los
productores son productores y una cosa es ser bienpensante y otra pasarse de
valiente. Banderas, como es habitual entre los actores europeos, y en su caso
demostrado en las películas que ya había hecho con Almodóvar, no tiene
problemas con la representación sexual del tipo que sea y como Hanks tampoco,
en este caso en particular al menos, hubo escenas, más que de sexo, de gran
ternura entre la pareja que conformaran en cámara. Escenas que fueron
eliminadas en la copia final por temor a molestar al público. Quedaron un par
de besos. Que como el proverbial vaso de agua famoso, no se le niega a nadie.
Gustavo Monteros
Hoy: Belfast
Como la carrera de
muchos directores, aunque pocas con una bifurcación tan tajante, la de Kenneth
Branagh se divide en proyectos personales (Henry
V, 1989, In the Bleak Midwinter /
Sueño de una noche de invierno, 1995, Hamlet,
1996, The Magic Flute / La flauta mágica,
2006) y proyectos de encargo (Thor,
2011, Jack Ryan, Shadow Recruit / Código
sombra: Jack Ryan, 2014, Cinderella /
Cenicienta, 2015, Artemis Fowl, 2020).
Y sin duda, de entre sus películas personales, Belfast, 2021, es la más cercana a su historia y creatividad. Narra
hechos familiares en la Belfast de su infancia, allá por 1969. O sea que se
inscribe en la tradición cinematográfica de Los
400 golpes (François Truffaut, 1959), Amarcord
(Federico Fellini, 1973), Fanny y
Alexander (Ingmar Bergman, 1982), È
stata la mano di Dio / La mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021) y en la que
se anotará Spielberg con su próximo proyecto, The Fabelmans.
Y como todo director
con una impronta muy marcada, Branagh tiene exégetas y detractores que usan los
mismos conceptos para elevarlo o defenestrarlo: el cuidado de su puesta en
escena, que puede derivar en preciosismos, un uso pictórico-teatral de la luz, y
la utilización de tableau vivant. Donde
todos se ponen de acuerdo para ensalzarlo es en la dirección de actores. Actor extraordinario
él mismo, desde que asomó la cabeza supo ganarse el respeto de sus compañeros
que siguen a pie juntillas sus directivas y dan actuaciones destacables. Belfast no es la excepción. Todo el
elenco, encabezado por Caitriona Balfe, Jamie Dorman, Judi Dench, Ciarán Hinds
y los chicos Jude Hill y Lewis McAskie, descuella y se vuelve inolvidable.
Como me cuento entre
sus admiradores, Belfast me resultó
entrañable y excelsa.
Demos un paseo por películas que tienen el nombre de una ciudad, país, provincia o accidente geográfico como título (ejemplos: Veracruz, Tanganica, Kamchatka, etc)
Hoy: Potosí
Una mujer emprendedora y bien intencionada es golpeada y violentada por el matón de poca monta en que se ha convertido su pareja. Un viejo pastor con un hijo migrado a los Estados Unidos es testigo de un aparente crimen perpetrado por soldados. Un chacarero quiere abandonar sus cultivos e irse porque ve que la violencia de los narcos y las mafias consecuentes lo está cercando, pero su mujer no quiere irse porque anda en amores fulgurosos con un militar.
Y como muchas películas mexicanas post Amores perros (Alejandro G. Iñárritu) entremezcla las historias y los destinos de sus personajes. Puede que en el momento de su estreno, los finales fueran más contundentes. Hoy han perdido un poco de fuerza, pero no su eficacia. Y el tono, elocuente quizá por entonces, suena hoy obvio y discursivo. De todos modos, sigue muy atendible.
Hablo de Potosí (Alfredo Castruita, 2013) Se puede ver en Prime Video.
Gustavo Monteros
Hoy: Casablanca
¿Qué podemos decir que no se haya dicho de Casablanca? Nada. Resumamos con un "Es una de las más hermosas historias de amor", entre muchas otras cosas, claro, y tiene algunas de las réplicas más citadas y citables de la cinematografía mundial.
Si no la has visto todavía, ¡no te la pierdas!
Si ya la has visto, ninguna cantidad de veces es suficiente. La primera tarde de lluvia que tengas libre, recuerda que Here's looking at you, kid.
Gustavo Monteros
Gustavo Monteros
Gustavo Monteros