martes, 12 de mayo de 2020

Dos pícaros con suerte - Tres no hacen pareja



Netflix sube Smokey and the bandit (Dos pícaros con suerte, Hal Needham, 1977) y como alguna vez fui un chico con ojos de matiné, me pongo a verla con anticipada nostalgia. Es el debut en la dirección de quien fuera y seguirá siendo un doble de riesgo y como cumple aquello de que es mejor hablar de lo que se conoce, el resultado sorprende por su solidez. Ojo, no nos confundamos, es una pieza industrial concebida como mecanismo para ganar dinero, pero está hecha con cariño y oficio, bah, entendimiento del oficio y para los parámetros de hoy en día (que “salga con fritas”) se parangona al cine arte. Dicho esto sin ánimo de chiste. El cine comercial de los setenta a la fecha ha involucionado mal, tanto que los productos comerciales de dicha época se agigantan.




Smokey and the bandit que trajo secuelas y imitaciones se basa en la lógica de la persecución que se origina en este caso en la apuesta de si Bandit (Burt Reynolds) y el camionero Cledus (el cantante y compositor de country music, Jerry Reed) son capaces de transportar una carga de cerveza para una fiesta en tiempo récord atravesando varios estados y burlando las restricciones policiales.


En el camino habrá gags, personajes cómicos caricaturescos, rotura de patrulleros, peleas a puños y chicas rotundas de remera apretada. Rol que por entonces podía cubrir Sally Field con gran autoridad física. Sally no siempre fue la madre noble y sufrida, es más, tuvo tantas carreras como la protagonista de la canción de Sondheim “I’m still here”. Sondheim viene a cuento porque se lo menciona. Sally es una bailarina de línea que casi llega a Broadway y Stephen es su innovador favorito.



Sally aquí es una novia fugitiva, cuyo novio abandonado (el musculoso Mike Henry, que en los sesenta fuera Tarzán) busca recuperarla con la ayuda de su padre, el comisario Buford T (el inmenso Jackie Gleason, que tuvo también tantas carreras como para cantar su versión de “I’m still here”)




Esta es la primera colaboración Sally Field-Burt Reynolds, que fueron pareja estable un ratito e intermitente siempre que podían. Sally declaró y declara a los cuatro vientos que siempre lo quiso y Burt, mientras tuvo parejas celosas, no lo gritó tanto pero lo demostró siempre. Y la química off-stage se comprueba  on-stage para beneficio público.




Reynolds se hizo eterno en el 18 y casi todos los obituarios destacaron su talento de partener de actrices impares en tren de comedia, a saber, la mencionada Sally Field, más Goldie Hawn, Liza Minnelli, Candice Bergen, Julie Andrews, Jill Clayburgh y Madeline Kahn, entre otras. Como pocos grandes caballeros del cine (Omar Sharif y Hugh Grant entre los más conspicuos) sabía dar lugar a que su coprotagonista brillara. No encuentro por ninguna parte, la que es con Goldie Hawn, Best friends (Amigos íntimos se llamó aquí) y que dirigió el maestro Norman Jewison en el 82. Pero sí hallo en la red otra de mis favoritas, Starting over.




Starting over (conocida aquí como Tres no hacen pareja) fue dirigida por otro maestro, Alan J Pakula, en 1979 y aquí Burt comparte cartel con Jill Clayburgh y Candice Bergen. Se basa en una novela de Dan Wakefield, con guión de James L Brooks, sí, el autor y director de La fuerza del cariño (1983), Detrás de las noticias (1987), Mejor…imposible (1997) y Spanglish (2004).




En Starting over (Recomenzando, sería su traducción literal) Phil Potter (Reynolds, of course) es un autor de artículos para revistas que se distribuyen gratuitamente en los aviones que intenta cortar lazos con su exmujer, la cantautora Jessica Potter (Candice Bergen). Si bien el matrimonio está terminado, la cosa no es fácil, todavía hay buen sexo entre ellos y las facturas no terminaron de pasarse y pagarse. A instancias de su hermano, Michael (Charles Durning) y su mujer Marva (Frances Sternhagen) inicia relación con la maestra Marilyn Holmberg (Jill Clayburgh), que arrastra sus propias batallas sentimentales perdidas y que terminará por pagar los platos rotos de Phil y Jessica.




Dos detalles de esta película quedaron grabados a fuego en mi memoria y los revisito con deleite. Uno involucra un gag con el famoso y nunca bien ponderado Valium y el otro es que Jessica (Candice Berger fue nominada para el Óscar como mejor Actriz de Reparto por esta delicia) compone buenas canciones que describen lo que siente, pero las canta ¡desastrosamente! (y los signos de admiración son parcos en este caso) (Candice perdería su Óscar porque justo le tocó competir con una actriz que los imanta, una tal Meryl Streep que ese año hizo eso de Kramer versus Kramer)




Jill Clayburg no canta, no le hace falta para lucirse como la mejor. Es más, su actuación aquí le reportó también una nominación para el Óscar, en su caso como Actriz Principal (fue su segunda y última, el año anterior la había obtenido por esa maravilla que fue Una mujer descasada (Paul Mazursky, 1978) y con la que nos enamoró por siempre jamás) Lo volvió a perder, por culpa de Sally Field y su Norma Rae (Martin Ritt, 1979) (película censurada por su descripción de la política, la dictadura era “apolítica”, sin comentarios, y que recién pudimos ver junto a muchas otras en la primavera alfonsinista) Ah, la pobre Jill, al de Una mujer descasada lo había perdido a manos de Jane Fonda (otra enamorada del Óscar) por su Regreso sin gloria (Hal Ashby, 1978)



El Óscar como todo premio es una lotería y puede que Candice y Jill lo perdieran, pero la gloria de su trabajo se reverdece cada vez que vemos esta película, y los obituarios de Burt no fueron clementes sino justicieros, si pueden lucirse tanto es porque Reynolds sabe hacer que su galán las espeje en todo su esplendor. Arte injusto el del galán, concita suspiros, pero poco reconocimiento crítico. (Si lo sabré yo…LOL, mucho LOL)

Gustavo Monteros

lunes, 11 de mayo de 2020

Bad Education - The wizard of lies - La donna della domenica - The night visitor


Bad education es la historia de una estafa, y como todo fraude (desprovistas las consideraciones morales, claro) es triste porque engendra una ilusión que no se sostiene en el tiempo. Y cuando la verdad llega tiene la contundencia del despojo. Un director de escuela carismático (tanto que le queda como anillo al dedo a Hugh Jackman) y la tesorera (Alison Janney) le meten el perro durante unos cuantos años a la Junta Educativa dibujando gastos millonarios que nadie observa con atención porque los mencionados llevan la escuela a un lugar de preeminencia. Es una película HBO dirigida por Cory Finley con guión de Mike Makoswsky sobre artículo periodístico de Robert Kolker.



Me trajo a la memoria otra película de HBO sobre las consecuencias de otro fraude verídico, The wizard of lies (Barry Levinson, 2017), protagonizada por Robert De Niro y Michelle Pfeiffer. Esta gran estafa del experto en inversiones Bernie Madoff fue incluso más dolorosa que la mencionada antes, por la sencilla razón de que involucró a miles de incautos que perdieron sus ahorros, sus casas, sus esperanzas.




Las dos, pero sobre todo Bad education me parecen tan buenas que el mejor elogio que puedo tributarles es decir que se parecen a las películas de los setenta, lo que me lleva a buscar en mi colección privada filmes hechos en esa década que tengo olvidados o que me gustaría repasar.




Opto primero por La donna della domenica (La mujer del domingo, Luigi Comencini, 1975) comedia de misterio en la que el asesinato de un arquitecto detestable convierte en sospechosos a Jacqueline Bisset (en la plenitud de su belleza) y a Jean-Louis Trintignant, conspicuos representantes de la alta burguesía turinesa. El inspector Salvatore Santamaria (Marcello Mastroianni) debe dilucidar el caso. Entre los vericuetos de la trama sabremos que el personaje de Trintignant es homosexual y que tiene un joven amante, Lelio Riviera (Aldo Reggiani). Y si bien la representación de la homosexualidad responde al principio a los cánones de la época (burla y desprecio al diferente) de a poco el retrato pierde los tintes caricaturescos y se vuelve comprensivo y tolerante. Un detalle no menor para una película industrial que se eleva de la medianía por los nombres involucrados.




Voy después por La noche del crimen (The night visitor, Laslo Benedek, 1971) thriller de venganza en el que el que un fornido Max Von Sydow escapaba de una fortaleza convertida en institución psiquiátrica para plantarles cadáveres a su hermana Liv Ullmann y a su esposo Per Oscarsson. El veterano inspector Trevor Howard deber resolver el intríngulis. Un cuento macabro con un final plumífero sorprendente. La película no hace trampa en su aspecto fundamental y nos detalla cómo es que el personaje de Max Von Sydow se evade. Como con La mujer del domingo, los nombres involucrados hacen también que esta película claramente comercial se destaque y merezca rescatarse del olvido.




En resumen un par de tardes a puro género y con grandes actuaciones.

Gustavo Monteros

lunes, 30 de marzo de 2020

Al habla

Me voy a tomar unos días para resolver unos problemas literarios pendientes. Lo que no quita que si vemos algo que puede ser de interés lo comentemos, así que estén atentos. Gracias. Mientras tanto conserven la elegancia de un David Niven. 
Atentamente
Gustavo Monteros

sábado, 28 de marzo de 2020

viernes, 27 de marzo de 2020

Día 13 - Terremoto - La Falla de San Andrés

Hay películas que cumplen lo que prometen, que dan lo que se espera de ellas. Si uno ve el afiche o el tráiler de Terremoto: la Falla de San Andrés (San Andreas, Brad Peyton, 2015), sabe de inmediato que se trata de una película catástrofe, diseñada como vehículo de lucimiento para Dwayne Johnson (ex La Roca) Y uno, sin ser experto en metalenguajes, comprende en el acto, antes de ver la película, que volará, o más bien en este caso se partirá, todo de manera muy espectacular, mientras él no salva al mundo (a los yanquis se les está haciendo muy difícil vender ese zapallo) sino a su familia y a otro núcleo familiar adoptado que encontraron por el camino.


Hay dos tramas en realidad, una científica (o pseudo científica, porque no sé nada del tema) con Paul Giamatti a la cabeza, que lleva tranquilidad a la platea, porque nos informa que se pueden predecir con cierta antelación los terremotos, lo que no salvará a todos, pero sí a muchos. Y la otra trama, claro, tiene a Dwayne ex La Roca Johnson como líder.


Los musculosos en el cine han evolucionado. Desde los primitivos Maciste, Hércules, Sansón y demás a Jason Momoa y John Cena, hay toda una parábola de crecimiento. Arrancó Stallone inventándose un par de personajes icónicos, que desarrolló en sendas sagas. Schwarzenegger, con uno de los apellidos más difíciles de la historia del cine, se desmarcó del héroe fisiculturista y probó la comedia y siempre que pudo, dentro de sus notorias limitaciones actorales, extendió el arco de sus personajes. Hace poco Jean Claude Van Damme descubrió la infinita gracia de la autoparodia, y así si nos fijamos en las carreras de cualquier musculoso desde los ochenta hasta ahora, veremos que algo intentaron para no quedarse en la zona de confort del héroe pétreo con mejor escote que Hedy Lamarr (antológico chiste de Groucho Marx a propósito de Victor Mature, compañero de la diva en Sansón y Dalila (Cecil B de Mille, 1949))


Dwayne está en la penúltima ola (después vienen los mencionados Momoa y Cena) y ya es toda una estrella consagrada. Aquí y en otras películas, deseoso de mostrar que no es solo una pila de músculos sino también un hombre sensible, ¡qué joder! Esto explicaría lo rebuscado del conflicto que padecen él y su familia, con pasado trágico a superar y esas cosas. Eso sí es un pilín absurdo que la nueva pareja de la probable futura exesposa de Johnson sea un egoísta tan mayúsculo y su hermanita tremenda bruja. Pero, bueno, había que subrayar que la familia original, con sus peores cosas, es siempre mejor que lo que se pueda conseguir. Bueno, che, es para agrandar al héroe, no por un conservadurismo a ultranza, no vayas a creer…


Todo avanza según lo previsto, y ahí está el goce. La comprobación, paso a paso, de lo que esperamos. La realización de nuestras expectativas. Si se lo piensa un segundo, no es poco. Si lo tomamos con Filosofía, hay mucha tela que cortar aquí.


Por supuesto no pueden evitar ser patrioteros y batir banderitas yanquis. Aquí como todo es a lo grande, se despliega una gigantesca al final con la promesa de la reconstrucción.


En su momento no vi esta película, porque no tenía ganas de corroborar lo que sabía. Ahora, pandemia mediante, tengo esas ganas y disfruté corroborando precisamente eso, lo obvio. Por eso el cine industrial resiste, no solo de grandes maestros se nutre el paladar cinéfilo. Las papas fritas resisten y resisten, a los malos aceites, a la cuenta de calorías, a la amenaza de colesteroles, no pueden ser erradicadas. Porque dan lo que prometen. Antes incluso de llevárnoslas a la boca, sabemos cómo son, a qué saben. Bueno, esta gran rama del cine es como las papas fritas.

Hasta mañana

Gustavo Monteros





jueves, 26 de marzo de 2020

Día 12 - Milagro en la celda 7


Yedinci Kogustaki Mucize, o sea, Milagro en la celda 7 en turco, es un melodrama hecho y derecho que no tiene vergüenza de clamar su esencia a todos los vientos.


Un padre con retraso mental es acusado de un crimen que no cometió. Su hija de 10 años creerá en su inocencia y lo defenderá. Las circunstancias son coloridas por demás y son las que le dan sabor a estas dos horas que se pasan volando, una vez que uno ha aceptado las mieles y las espinas que el género depara.


Esta película se alista en la tendencia tan en boga de copiar películas que fueron éxito en alguna cinematografía. Los ejemplos más destacados de esta moda son, claro, Amigos intocables (Intouchables, 2011, Olivier Nabache y Éric Toledano) con Francois Cluzet y Omar Sy, copiada por el cine argentino como Inseparables (Marcos Carnevale, 2016) con Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna y que fue después Amigos por siempre (The upside, 2017, Neil Burger) con Bryan Cranston y Kevin Hart. Bueno, esta película turca fue originalmente un exitoso film sur coreano, después un film indio, después un film filipino y después de ser turco, será un film indonesio. No se descarta que haya otras versiones de otras nacionalidades.


La que nos ocupa fue dirigida por Mehmet Ada Öztekin y protagonizada por Aras Bulut İynemli, como el padre y por Nisa Sofiya Aksongur, como la nena.


Milagro en la celda 7 está en Netflix y es una opción de entretenimiento garantizado, si se gusta del melodrama.

Hasta mañana,

Gustavo Monteros






domingo, 22 de marzo de 2020

Día 8 - Virus

Contra lo que pudiera suponerse, cuando enfrentamos una cinematografía que desconocemos, decodificar una película popular es más difícil que hacerlo con una de cine arte. Estas últimas están hermanas por influencias que podríamos considerar cosmopolitas, mientras que las populares por identificarse con raíces y vertientes de las sociedades que las producen, son, a pesar de su simplicidad aparente, más misteriosas y elusivas.


Imaginen por un segundo a un georgiano, o a un macedonio, o a un tibetano que ve. de repente y sin ninguna advertencia, uno de los ejemplares de Los bañeros más locos del mundo. Entendería, claro, algunos chistes chabacanos, las chicas semidesnudas, pero la lógica de muchas secuencias y las razones del estilo elegido se le escaparían. Exhibámosle al mismo sujeto una película de Torre-Nilsson y a los pocos instantes la navegará como un experto y no le resultará extraña para nada.


Virus (Gamgi, Sung-soo Kim, 2013) es una película surcoreana de repentina popularidad en Netflix debido a la pandemia que padecemos. Pertenece clara e indiscutiblemente al cine industrial, es decir popular, de su país. Arranca como una comedia romántica, enmarcada en un problema policial y deriva en el cine catástrofe. No tiene nada raro ni incomprensible, salvo el estilo y algunos saltos en la verosimilitud, que decodificamos y aceptamos a pesar de su extrañeza, pero que su público original debe tener muy incorporados.


Por el lado policial, hay un caso de contrabando de personas en un conteiner, que terminará con un sobreviviente, poseedor del anticuerpo que devendrá en vacuna, que aliviará la epidemia de gripe aviar, que también contribuyó a esparcir. Por el lado del romance tendremos a una médica infectóloga que, por un accidente, conocerá a un bombero con el que, aunque se nieguen ambos a reconocerlo, tendrán mucha química. Él viene con un amigo-compañero cómico a cuestas y ella con una hija pequeña a cargo. Se presume que la nena es angelical, pero es a todas luces insoportable. Con los chicos en el cine, dicho esto con humor, hay algo fascistoide. Deben caernos bien por imperativo, aunque sean unos monstruos precoces de comportamientos adultos, combinados con los berrinches y caprichos propios de su edad.


Como sea, esta nena adorable o insoportable, según cómo se la vea, se relacionará con el sobreviviente, contagiándose primero y necesitándolo después para curarse. Mientras esto sucede a su alrededor se desata la epidemia, que obligará al aislamiento de una zona que de tan populosa parece una ciudad, y que debe ser cercada, sí o sí, para salvar a la más populosa Seúl.


La historia tiene muchas casualidades, demasiadas, para un lugar tan denso poblacionalmente hablando, algo que debe ser visto como natural por el público original al que está dirigida. Y el estilo, exacerbado, desmadrado, llevado permanentemente a los extremos, también debe parecerles natural. Según nuestra óptica habitual es un poquito excesivo…para decirlo con sutileza.


Una vez instalada la epidemia en el film rige la lógica del cine catástrofe. Y como las características de este género nos son familiares y afines, aceptamos las convenciones sin sorpresa ni protesta.


Virus de tan colorida y exagerada es atrapante, sobre todo porque por sus exageraciones hace catártico los temibles efectos de la epidemia, que es el motor mórbido que nos hace acercarnos a esta película.


Virus puede verse en Netflix.

Hasta mañana,

Gustavo Monteros


sábado, 21 de marzo de 2020

Día 7 - Isi & Ossi


El humor no ha dejado títere con cabeza. Se ha reído incluso de esos temas “importantes” considerados tabú durante siglos. Limitaré los ejemplos al arte de la representación (teatro y cine), la ficción, en sus vertientes de novela y cuento, ha sido incluso más abarcadora. Se ha reído ¿del fascismo? La irresistible ascensión de Arturo Ui de Bertold Brecht; ¿del nazismo y sus campos de concentración? (dejaré de lado por la ambigüedad que me provocan La vita e bella de Benigni y la reciente Jo Jo Rabbit de Taika Waititi y consignaré las luminosas) Ser o no ser de Lubitsch (reformulada con no menos brillantez por Mel Brooks); ¿de las purgas stalinistas? Ninotchka de Ernst Lubitsch; ¿de la dictadura argentina y los desaparecidos? El nuevo mundo de Carlos Somigliana; ¿de la tortura? Muerte accidental de un anarquista de Dario Fo; ¿de la muerte? Una visita inoportuna de Copi; ¿de las sexualidades diferentes? Los productores de Mel Brooks; ¿de la miseria y la pobreza? Feos, sucios y malos de Ettore Scola; y así hay muchos ejemplos más para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.


Esta enumeración viene a cuento de Isi & Ossi (Oliver Kienle, 2020) comedia romántica alemana que puede verse en Netflix.


El argumento parte del siempre rendidor esquema de Romeo y Julieta de don Shakepeare. Niña hija de la riquísima alta burguesía se enamora de retoño del lumpenaje más rancio. El entorno de cada uno permitirá reírse de las diferencias sociales, étnicas, sexuales, intelectuales, etcétera, sin provocar el menor escozor de culpabilidad, porque como todos los ejemplos mencionados, abreva en la buena leche.


Ese es el secreto del humor para reírse de lo que sea sin ofender: la buena leche.


Como se dijo, esta deliciosa y colorida comedia se puede disfrutar en Netflx.

Hasta mañana

Gustavo Monteros




viernes, 20 de marzo de 2020

Día 6 - Hasta que la muerte los juntó



Ayer circulaba un meme que decía: “Cuando veía películas de pandemia decía: La gente no puede ser pelotuda. Nunca más cuestionaré al guionista y al director” Aludía, por supuesto, a la imbecilidad de algunos comportamientos sociales. Como el de algunos directivos facultados para crear guardias con un mínimo de personas o suspender directamente las actividades, eso sí, manteniendo la escuela abierta, o sea, a ellos, los directivos, no se les disculpaba la obligación de ir y abrir, 10 minutos, una vez a la semana, si así se les ocurría, para contestar alguna inquietud de la comunidad, y que entonces socializaban esa obligación, por frustración o resentimiento, y compelían a que todos fueran, aunque solo fuera ¡a firmar! Mucho antes de que se decidiera la cuarentena severa, tuve que apagar el celular para no atestiguar la estupidez rampante de mis colegas. Lo que decían y hacían no era una afrenta a su inteligencia sino un insulto a la raza humana. ¡Dios! Es hora de una comedia de comportamientos.


A esta altura, la comedia coral de velorios es casi un género en sí misma. Ya existía antes de que la inglesa Muerte en un funeral (Death at the funeral, Frank Oz, 2007) revitalizara este tipo de comedias y lo llevara a nuevas alturas y que resucitará, sin duda,  una vez que se hayan apagado los ecos de alguna que fatigara a los espectadores. Sobre todo porque es fácil, efectiva y de elenco numeroso. Características que el cine industrial aprecia.


Hasta que la muerte, los juntó (This is where I leave you, Shawn Levy, 2014) se anota con honores en la tendencia. Se basa en guión y novela de Jonathan Tropper. Muerto el padre, una madre (Jane Fonda) obliga a sus cuatro hijos, Jason Bateman, Tina Fey, Corey Stoll y Adam Driver, a cumplir con la última voluntad del finadito: respetar una celebración religiosa judía que los compele  a vivir juntos una semana y sentarse cada tarde a recibir amigos, rezar y conmemorar al muerto. Cada uno de los hijos tiene parejas en distintos grados de conflictos (Abigail Spencer, Dax Shepard, Kathryn Haln y Connie Britton, respectivamente). Hay una amiga / vecina de toda la vida, Debra Monk, con un hijo afectado por TOC peculiar, Timothy Olyphant. Y una novia de juventud de Bateman, la siempre magnífica Rose Byrne. Y un rabino joven que fue compañero de tropelías de los hermanos, Ben Schwartz.


La ya mencionada Muerte en un funeral determinó que haya una pareja con problemas de fertilidad que coja a reglamento, otra con hijos que lloran o cagan a destiempo, relaciones pendientes que por fin se concretan o reverdecen, alguna sorpresa referida a la homosexualidad y la peculiaridad de uno o más personajes que garantice un gag continuo. Todo esto está aquí presente, pero bien puesto y casi no se nota que responde a una fórmula.


This is where I leave you está disponible en Netflix y es ideal para pasar un rato entretenido.

Hasta mañana,
Gustavo Monteros









jueves, 19 de marzo de 2020

Día 5 - El rey


Estoy a punto de perder toda esperanza en el género humano. A medida que pasan los días, se asienta la conciencia del peligro de la propagación del virus y las medidas de prevención se vuelven más estrictas, sin embargo algunos directivos de escuelas insisten con que los docentes deben ir a firmar y ¡estos van! No me extraña que los veteranos convaliden el absurdo, sus mentes hace rato que han sido canceladas por el poco uso, pero que los jóvenes no solo no se rebelen sino que acaten el sinsentido como algo razonable me excede y me deprime. Es hora de recurrir a la historia, no como fuente de explicación alguna (hasta esa esperanza he perdido) apenas como incitación al entretenimiento,


Los ingleses tienen una pulsión masturbatoria inacabable de visitar una y otra vez algunos hitos o mitos de su historia. Aunque esta vez, nobleza obliga, son dos australianos los que revisitan la epopeya de Enrique V.


De entre las obras históricas de William Shakespeare, Enrique V es la más luminosa. Su protagonista es un héroe que lleva la bandera inglesa a la victoria sobre los perfumados franceses. Lo secunda Sir John Falstaff, epítome del buen vivir, no entendido como una consigna de templanza new age, más bien todo lo contrario, como el exceso de bebida, comida y sexo. La obra termina con una nota alta, la presentación de una reina de carácter fuerte, una badass (guarra) precursora. Como puede suponerse todo es colorido, exultante, grandioso.


En la historia del cine, hay un par de Enrique V y un Falstaff ineludibles. En plena Segunda Guerra Mundial, Laurence Olivier eligió esta obra como material motivador, alentador, celebratorio, de propaganda, bah, del indomable espíritu inglés: Enrique V (Laurence Olivier, 1944). En 1989 Kenneth Branagh debutó con ella como director cinematográfico y cimentó de paso su carrera de actor y puestista shakesperiano. Y claro, Orson Welles, otro shakesperiano incurable, hizo de Falstaff el epicentro de su fallida obra maestra (valga el oxímoron) Campanas de medianoche (1965).


Y ahora el actor (y también director) Joel Edgerton y el director David Michod (Animal Kingdom / Reino animal, 2010, The Rover / El cazador, 2014, War Machine / Máquina de guerra, 2017) la revisitan sabrá Dios por qué motivo.


Edgerton se reserva Falstaff, que abandona las rotundeces y redondeces habituales y pasa a ser solo fornido para adaptarse a la estampa de quien lo corporiza. Como el personaje está en su ocaso, las aristas que lo definen (su amor por la bebida, la comida y las mujeres) están suavizadas. Ahora disfruta más de un baño vigorizante, de masajes y de descansar la espalda contra el piso que de entregarse a borracheras, banquetes y orgías pantagruélicas. La posadera (Tara Fitzgerald) con su memoria alude más a la gloria de Falstaff que este con su comportamiento.


Y Edgerton y Michod (los dos firman el guión) le otorgan el protagónico al actor del momento, Timothée Chalemet para  usufructuar su talento y carisma.


Y le crean a este Enrique, dos antagonistas, uno, a cara descubierta y otro solapado. Robert Pattison en su Delfín se anima al histrionismo y sale airoso. Mientras que el estupendo Sean Harris le da intensidad a su sinuoso William.


El guión le da también espacio a otro amigo de Edgerton y Michod, al ubicuo y omnipresente (¡no hay quien no lo solicite últimamente!) Ben Mendelshon que le da entidad a un moribundo Enrique IV.  Lily-Rose Depp, la famosa hija de Vannessa Paradis y Johnny Depp hace de Catherine. Y el joven Dean-Charles Chapman interpreta a Thomas, el hermano de Henry o Enrique, según el idioma que elijamos.


La película, como toda que hará uso y abuso de efectos de computadora, es azulina, o sea de paleta oscura. Esto subraya la gravedad elegida para tratar el tema. No es solemne, pero sí muy seria, en exceso quizá. Y sin nada de humor. Recién al final, Catherine y su padre amagan un tono más leve, pero ya la gravedad está instalada. Esta ausencia de humor hace que no haya alegría en las motivaciones de los personajes. Falstaff luce agotado, ya casi sin vida. Los cortesanos intrigan sin morbo visible, como por algún oscuro mandato del que no pueden desprenderse. Henry o Hal, como también se lo llama, accede al poder como por una maldición del destino, y una vez al mando parece que el dominio no le da ningún placer.


El guión elige estar a la sombra de Shakespeare, más que aludirlo, se alimenta de su eco. Esto se patentiza en la arenga antes de la batalla, uno de los más grandes hits shakesperianos.


Y en la gran batalla, Michod, pierde en comparación con los logros exhibidos en algunos episodios de Game of Thrones que elevaron los combates a las alturas de los de Kurosawa, ni tampoco se acerca a la recordada Braveheart (Corazón valiente, Mel Gibson, 1995)


De todos modos se deja ver y más allá de lo discutible que pueda resultar que todos los personajes estén un chiquitín deprimidos en demasía (la contradicción es intencional) se disfruta del trabajo de los actores. No es poco para un encierro obligado. 

Ah, El rey, como lo indica el afiche, puede verse en Netflix. 

Hasta mañana

Gustavo Monteros