viernes, 27 de septiembre de 2013

Wakolda



Lucía Puenzo no sólo es talentosa sino también completita. Primero escribe una novela, no el esbozo novelado de un guión, no, una novela hecha y derecha, como Dios manda, con valores literarios propios. Y después la adapta para cine, no complacientemente, no, como corresponde, dejando afuera lo que no puede contarse porque no es cinematográfico. Lo sé. Tuve el placer, hace ya un año largo, de leer la novela Wakolda, no bien salió. Y puedo compararla ahora con la película terminada.

Wakolda se exhibió primero en festivales internacionales y los críticos del mundo festejaron sus logros. Llegó el estreno argentino y los críticos locales, aunque no les quedó más remedio que calificarla de muy buena, se pusieron a buscarle el “pero” discordante. Dijeron que era muy ambiciosa y con demasiado argumento, como si esas cosas fueran malas o criticables per se. Sí, una de las características del cine de Lucía Puenzo es que tiene líneas argumentales varias, que se traducen en líneas temáticas diversas. Sí, Wakolda es, entre otra cosas, tanto la historia de una iniciación, como de una educación sentimental, de una fascinación por el mal, de un desarraigo y de un naufragio. ¿Y qué?

Ahora bien, cuando se tienen muchas líneas argumentales, tantas que no puede establecerse una historia principal y dos o tres secundarias, hay dos modos de desarrollarlas. La de la trenza que se deshace o la de la trenza que se hace. O se parte de una trenza de cabello ya peinada y lentamente se desenredan las tiras que la componen para luego peinar el cabello y alisarlo, como en Los sospechosos de siempre. O se procede a tomar el cabello lacio, separarlo en partes y comenzar a anudarlo en una trenza como en Wakolda.

La película comienza con la historia en cero. Estamos en los años 60 en una ruta provincial que va al sur. El azar reúne a una familia (en la que hay una nena con problemas de crecimiento) que abandona Buenos Aires para ir a Bariloche a ocuparse de una hermosa y lujosa hostería recién heredada, con un médico que viaja solo, también a Bariloche; que el tal medico sea el mismísimo Josef Mengele con todo lo que eso implica se sabrá después. No diré más porque nada más debe saberse. Sólo diré que los títulos aclaratorios finales son como la hebilla o el lazo que sostienen la trenza.

Pedirle a alguien con la capacidad de enhebrar argumentos sólidos que se restrinja y narre uno o dos tramas es como pedirle a Almodóvar que no sea histriónico, a Fellini que ame a las flacas esqueléticas o que Bergman no sea angustioso. Un sinsentido. Cada director es como es y crea un mundo con sus propias reglas, no con las que les gustaría a los otros que lo creara.

Se criticó también que remarcara demasiado el simbolismo de las muñecas, a mí no me pareció que fuera así. Aunque no lo dijo, supongo que Lucía Puenzo sólo le fue fiel al disparador creativo de estas tramas, una muñeca. No en vano el título es el nombre de… cha, cha, cha, chan… una muñeca. (Menos mal que dejó de lado el intercambio de muñecas que sí está en el libro, que si no, sabe Dios qué tonterías hubieran dicho.)

Wakolda es una película contundente, muy bien actuada y narrada, con un acabado técnico irreprochable. Tanto la debutante Florencia Bado, como los “veteranos” Diego Peretti, Natalia Oreiro, Elena Roger, Guillermo Pfening y el catalán Àlex Brendemühl (Mengele) descuellan en un elenco en el que nadie desentona. Lo del acabado técnico se destacó en varias críticas como si fuera un pecado que no podemos cometer, supongo que por ser argentinos debemos mostrar alguna torpeza.

Si esta película fuera dirigida por Solange Dead of Cold en vez de una argentina, sería elegida una de las mejores del año. Es que hay un tronco difícil de arrancar que establece que lo extranjero es mejor, sólo por ser extranjero. Lo nacional cuando roza la perfección como en este caso es sospechoso, como si no estuviera en nuestros genes lograrlo. Que esto siga pasando en la tierra de Borges, Cortázar, Manuel Puig, Piazzola, Mores, Xul Solar, Spilimbergo, Berni, Yupanqui, Demare, Favio, Torre Nilsson, Saslavsky (y menciono nada más que  a los que se me ocurren en este momento) es absurdo e inaudito. Por suerte, ya que no algunos críticos, gran parte del público se está comenzando a dar cuenta. Esta semana cuatro películas argentinas (Metegol, Corazón de león, Séptimo y Wakolda) figuraron entre las más vistas. Ojalá la tendencia se establezca, se fortifique y abandonemos de una vez y para siempre el colonial complejo de inferioridad.

Un abrazo, Gustavo Monteros
Adenda chusma: sorprende la buena logística de la producción, todas las escenas con Elena Roger se filmaron en los 15 días de vacaciones que, por contrato y por el sindicato de actores yanquis, le correspondían durante la temporada de Evita que hacía en Broadway.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Feliz primavera

Y como se trata de un blog de cine qué mejor que festejar la estación del renacimiento con un homenaje a Mel Brooks y las canciones que compuso para sus películas, entre las que se encuentra, por supuesto, esa genial broma que se llama "Springtime for Hitler".



Un abrazo,
Gustavo Monteros

viernes, 13 de septiembre de 2013

Cerrado temporariamente...

...en espera de que llegue la primavera... cinematográfica.
(Espérennos que volveremos.
El cine es una de las pocas pasiones que no se agotan)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Tres estrenos regios



Tres estrenos renuevan nuestra cartelera.
El primero marca el regreso del Rey de la Taquilla, el gran Ricardo Darín, en otro policial, Séptimo. Se sabe que se abre con un juego, papá Darín baja por ascensor y sus dos hijitos bajan por escalera para ver quién llega primero a la planta baja. Llega papá Darín solo porque los niños en algún recodo de la escalera desaparecieron. ¿Quién los tiene y por qué? Como dijimos se trata de un policial, así que hay que descartar a los marcianos abductores. Dirigió el navarro Patxi Amezcua, cuenta con un elenco de notables: Luis Ziembrowski, Osvaldo Santoro, Jorge D’Elía, Guillermo Arengo y como se trata de una coproducción con España, hace de divorciada esposa de Darín, la estupenda actriz Belén Rueda, a la que conociéramos en El orfanato.

El segundo, El ataque, marca el regreso del Rey del Disparate, el alemán Roland Emmerich (Día de la independencia, Godzilla, El día después de mañana, 2012, entre otras). El hombre suele estirar la verosimilitud de sus planteos hasta cimas tan absurdas que sus películas, indisimulables productos del cine industrial, se vuelven gozosas. Hay aquí otro ataque a la Casa Blanca, otro presidente heroico de armas tomar y otro don nadie de buenos músculos capaz de salvar al mundo, simbolizado en este caso en recuperar el famoso ex albergue de Lincoln. El musculoso tiene una hija ¡fanática de la Casa Blanca y de todo lo que tiene que ver con ella, incluido el presidente! El bueno de Jamie Foxx es el primer mandatario y el bueno de Channing Tatum es el musculoso de musculosa. Los excelentes Maggie Gyllenhaal, Richard Jenkins y James Woods completan el elenco.
 
 


El tercero marca el regreso de La Reina de los Negocios, o sea la empresa Disney. Aviones es un desprendimiento de Cars, que pasa de saga a franquicia. Pixar no tiene nada que ver en este proyecto, llamado familiarmente Cars con Alas. El argumento es otra reformulación del Sueño Americano. Un avioncito fumigador quiere participar en carreras de alto vuelo o algo así. Con la ayuda de amigos de fuerte caracterización deberá superar obstáculos, traumas o algo así. Dicen que es ideal para niños de hasta 9 años. Y la verdad sea dicha, aparte de vender entradas aspira a vender juguetes, ya que el mercadeo de Cars le significó a la compañía del Ratoncito Mickey unos cuantos millones.
Les deseo un buen fin de semana y una más que buena semana. Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 30 de agosto de 2013

Reality



Vi la primera versión argentina de Gran Hermano con curiosidad de saber de qué iba el fenómeno global. Me enteré y no me pescaron para ninguna de sus reediciones. Como ficción era pobre y como estudio de los comportamientos humanos, más pobre todavía, por la cortedad de las personalidades elegidas y de los conflictos que manejaban. Eso sí, el programa confirmaba la certeza de axiomas teóricos que se barajaban desde tiempo atrás. Entre ellos hay dos que sobresalen. Primero, que siempre miraríamos televisión sin importar que sea lo que se propale. Para llevarlo a un absurdo, si un día los programadores dejaran de vender tetas y bultos y propusieran en el horario central clases de física cuántica, por más enrevesadas que fueran, las mismas tendrían un alto rating. Y segundo, ninguna virtud es ya necesaria para gozar de los 15 minutos de fama. En los primeros tiempos de la televisión algún talento o encanto se requerían, incluso en los programas de juegos. Hoy, en cambio, son tiempos de democratización televisiva extrema, literalmente cualquier hijo de vecino, sin gracia para ser el alma de la fiesta o el más simpático de la cuadra, con la amplificación de la TV puede obtener adhesión popular y reconocimiento perecedero.

Hablo de estas cosas porque Gran Hermano nutre Reality de Matteo Garrone, que alcanzara justificada relevancia internacional con su retrato mordaz de la mafia napolitana en Gomorra. Con Reality intenta y triunfa con un cambio de registro, el de la commedia all’ italiana… amarga.

Luciano (Aniello Arena) tiene una pescadería en una plaza de Nápoles. Está bien casado con María (Loredana Simioli) y tienen tres hijos hermosos. Por mandato familiar, en el que predominan las mujeres, es el histriónico de las fiestas. En la boda con la que se abre el film, se disfraza de vieja para animarla, pero ante la queja de su hermana, opta por el personaje de una drag-queen. No lo vemos hacer su numerito porque el hotel en el que se celebra la recepción ha contratado a un ex integrante de Gran Hermano para que haga el brindis. La hija menor de Luciano se queda sin un autógrafo y Luciano a cambio le promete conseguir una foto. Juntos persiguen a este ex Gran Hermano, que hace las salutaciones en otra boda del complejo, consigue la foto y lo ven irse en helicóptero. Luciano queda deslumbrado. El helicóptero al partir le arranca la peluca a Luciano. Regresan al hogar y se ve a María quitarle amorosamente el maquillaje a Luciano. No pormenorizo, consigno detalles importantes. Luciano tiene todo para ser feliz, pero como habitamos una sociedad de consumo en la que para ser hay que tener o lo que es peor, para ser hay que consumir, al margen de la pescadería y del trabajo de María como presentadora de los beneficios de un artefacto en una casa de electrodomésticos, ambos tienen montado un curro, del que nada digo para no arruinar la sorpresa de descubrirlo. Un día, en un shopping, en que se halla toda la familia menos Luciano, toman pruebas para el próximo Gran Hermano. La familia se comunica con Luciano para que se presente, quien por problemas laborales llega tarde. Hará la prueba de todos modos, y será llamado para que se presente en Roma, en nada más ni nada menos que en los Estudios Cinecittà, para dar otra audición más privilegiada y larga. Será el inicio de la odisea de Luciano.

Reality es sencillísima de ver, de seguir, de identificarse, pero al analizarla se descubre que es tan profunda y compleja como un lúcido tratado de filosofía. Tiene una intertextualidad de muñecas rusas, de laberintos de espejos, de cajas chinas, a la que no puedo referirme ni ejemplificar sin contar la peripecia entera y arruinarles la visión de la película. Básteme decir que las paradojas de ser y tener, de ser y representar, de existir sólo a partir de la mirada de los otros, están presentes con una contundencia deslumbrante.

Reality como Ben-Hur, Tiburón o Cabaret tiene la rara bendición de poder  ser leída en dos planos, en el de la superficie de la anécdota y en el de las profundidades de las ideas que surgen de la trama sencilla. Uno puede elegir quedarse con el cuento bien narrado o bucear también en lo que hay debajo y detrás. Es probable que a los italianos les hable del daño de la era Berlusconi, pero la elección de la metáfora Gran Hermano la vuelve universal y asequible a todos.

Imposible no mencionar que el espíritu del gran Federico Fellini sobrevuela el film. Se abre y se cierra con grandes planos como La dolce vita, tiene algo de la denuncia a la deshumanización televisiva de Ginger and Fred e Intervista y la más obvia, una mujeres rabelesianas tan rotundas como bellas, porque como lo demuestra en las escenas del tobogán acuático y de la pileta, hay belleza en la gordura, y si no se la reconoce es porque triunfó lo más difícil, la menos frecuente, la que más se sufre, la flacura sin sangre y con mal aliento de las anoréxicas.

Riality entre otros merecidos premios ganó el del Gran Jurado del Festival de Cannes 2012.

Ah, no es una paradoja menor que para interpretar a Luciano, el hombre que sueña ser confinado en la prisión-pecera que es la casa de Grande Fratello, Garrone sacara temporariamente de la cárcel a Aniello Arena, quien cumple cadena perpetua y está preso desde hace veinte años por haber contratado un sicario para matar a una persona.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 23 de agosto de 2013

5 estrenos




Otra semana en la que no hago a tiempo de ver ninguna de las películas que se estrenan al momento de la publicación habitual de estos posts, compenso la ausencia de una auténtica crónica dando información sobre todos los estrenos

Drácula 3D marca el regreso del troesma Darío Argento, recordado por propinarnos horrorosos sustos a principios de los setenta con estilizados films de títulos tirando a poéticos: El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas, Cuatro moscas sobre el terciopelo gris, etc. El buenmozote alemán, Thomas Kretschmann, es el Conde y la hija del realizador, la inclasificable diva por méritos propios, Asia Argento, chica a la que le cuesta estar vestida o no escandalizar, es Lucy. El holandés Rutger Hauer es Van Helsing. Dato curioso, en la serie inglesa a estrenarse, Drácula, of course, en la que Jonathan Rhys Meyer es el Conde, Thomas Kretschmann hace de Van Helsing.

Cazadores de sombras: Ciudad de huesos es el inicio de una nueva saga adolescente. Se basa en novelas de Cassandra Clare (ya hay como 10 libros de esta serie, así que si tiene éxito habrá como otras tantas películas). Una chica, Clary (Lily Collins que fuera Blanca Nieves para la bruja de Julia Roberts en Espejito, espejito) descubre que puede acceder a un mundo paralelo al real con demonios y ángeles que luchan por un copón o algo así. Para que la fiesta sea completa merodean también vampiros y lobizones. Procuraré mantenerme alejado, el género fantasy no es para mí. Dirigió Harald Zwart.

Jobs de Joshua Michael Stern es la biografía de Steve Jobs protagonizada por Ashton Kutcher. Leo dos críticas de gente muy respetable que sostienen opiniones opuestas. Uno la descalifica por carecer de un punto de vista unificador y el otro la califica precisamente por carecer de un punto de vista rector. Deduzco entonces que se trata de una película “ni”, que puede ser ensalzada o repudiada según la simpatía o antipatía con que se la aborde. Yo paso, tengo el casillero lleno de magnificaciones de capitalistas extraordinarios. Dicen que hay una buena actuación de Kutcher, aunque uno de los críticos mencionados señala que es horrible la imitación del andar de Jobs, mientras que al otro le parece fabulosa.

Zambezia es una película de dibujos animados sudafricana dirigida por Wayne Thorley. Dice la gacetilla de prensa: Ambientada en una gran ciudad de aves, al borde de las Cataratas de Victoria, Zambezia es la historia de Kai un jóven halcón que viaja a la ciudad de Zambezia y descubre los origenes de su historia y, al defender a la ciudad de un peligro inminente, descubre cómo formar parte de una comunidad. Interesante, más que nada por provenir de donde viene.

Habi, la extranjera es una coproducción argentino-brasileña, la ópera prima de María Florencia Álvarez y sin dudas la propuesta más atractiva de la semana. Se cuenta poco del argumento, supongo que para no arruinar las sorpresas del mismo. Se sabe que una chica (Martina Juncadella) que llega por primera vez a la ciudad para entregar artesanías de una amiga de la madre se topa con la comunidad musulmana y algo le sucede. Pasa a decir que se llama Habiba y que es libanesa. Los críticos que leí, para no arruinar sorpresas, insisto, proponen interpretaciones que resultan misteriosas si no se ha visto la película, pero que incentivan el interés por ver de qué se trata. La califican unánimemente de muy buena.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 16 de agosto de 2013

La parte de los ángeles



La parte de los ángeles es una delicia. Una de esas escasísimas películas milagrosas con las que se entra en empatía desde el primer segundo y que una vez terminadas se quedan a vivir en uno. Es una comedia social del gran Ken Loach (Pobre vaca, Agenda secreta, Riff-raff, Como caídos del cielo, Ladybird ladybird, Tierra y libertad, La canción de Carla, Mi nombre es todo lo que tengo, Pan y rosas, La cuadrilla, Felices dieciséis, El viento que acaricia el prado, En un mundo libre, Buscando a Eric, La otra verdad)

Robbie (Paul Brannigan) un veinteañero que ha cometido un acto de violencia injustificable debe hacer trabajos comunitarios. De reincidir en la violencia irá a la cárcel. Pero evitar la cárcel se le dificulta porque… no, eso no lo puedo contar para no arruinar el gusto. Lo que sí puedo decir es que sus compañeros de tareas comunitarias (Gary Maitland, William Ruane, Jasmin Riggins) son unos inadaptados tan desahuciados como torpes que es imposible que no despierten simpatía. El encargado de hacerlos cumplir con las tareas, Harry (John Henshaw), un humanista lúcido y generoso, los lleva un día, ya que estamos en Escocia, a conocer una destilería de whisky. Y entonces, Robbie descubrirá que tiene un talento natural para catarlo. Y…

La parte de los ángeles es un cuento bien contado que satisface nuestra necesidad de un mundo más justo, pero Ken Loach no se permite simplificaciones ni idealizaciones. No se engaña, sabe que sus personajes pueden ser “feos, sucios y malos” y sin embargo sostiene que la redención es posible. Es un poeta que cree que el hombre, a pesar de su debilidad y miseria, merece siempre otra oportunidad.

El título alude a la parte que se evapora en la fabricación del whisky, y en la peripecia final habrá algo más que una evaporación, una pequeña estafa que en su ilegalidad restituye justicia. Porque quizá no haya tal estafa ni ilegalidad alguna, sino la devolución de lo que les pertenece, porque estos desclasados también son ángeles.

Es la película a ver esta semana. No la dejen para más adelante. No tiene estrellas, su director no es tan famoso, así que es probable que no permanezca mucho tiempo en cartel. Es una pena que que ya no existan los cines de cruce que reestrenaban películas, ésta, con el boca a boca, a la larga sería descubierta y se convertiría en un merecido gran éxito. No en vano, entre muchos otros premios, ganó el del Gran Jurado de Cannes y el Premio del Público en el Festival de San Sebastián.

Un abrazo, Gustavo Monteros

jueves, 15 de agosto de 2013

Causas y consecuencias




Uno jamás envejece en el espejo propio. Por mirarnos día tras día nos amigamos con las canas que ya no son esporádicas sino frecuentes, con las arrugas y palideces que ya no son las del sueño sino las de la edad. Tampoco envejecemos en los espejos de los que nos circundan. Extendemos la generosidad que nos concedemos también a ellos. Pero un día nos chocamos con alguien de nuestra edad a quien no vemos desde hace tiempo y pensamos, aunque no lo decimos, a la mierda qué viejo está, y más tarde que temprano nos damos cuenta de que nosotros también ya somos gallos viejos.  Es en el espejo de los prójimos no tan próximos donde notamos los estragos del tiempo. Robert Redford, Sam Elliot, Susan Sarandon, Nick Nolte y Julie Christie eran jóvenes cuando yo era un tierno adolescente. Ahora ya doblé la cincuentena y ellos están más que maduros. A Chris Cooper, Richard Jenkins, Brendan Gleeson y Stanley Tucci los conocí después, pero ya tampoco se cuecen en el primer hervor. Y sería utópico reconocerme en el espejo de Shia LaBeouf, Anna Kendrick o  Brit Marling, cuando no llegó ni al de Terrence Howard con sus diez años menos que los míos. Acabo de nombrar, claro, al elenco de Causas y consecuencias (The company you keep), culpables no de tirarme encima una chorrera de años, que de eso se ocupó la vida, sino de hacerme percatar de que ya los tengo encima. Primero aparece Susan Sarandon y uno ya no piensa qué buena que está sino qué bien lleva la madurez, la piedad más que bien intencionada es tendenciosa, queremos que nos abarque. Después aparece Robert Redford y la cosa se pone un poco patética, se supone que su personaje era veinteañero a principios de los setenta, cuando en realidad él era veinteañero a mediados de los cincuenta, encima tiene una hijita de la que más que padre, debería ser abuelo. Está bien que el tiempo plancha las diferencias, que pasada la cuarentena, los lustros de distancia importan poco o se notan menos, pero no tanto, Robert, no tanto.

Robert Redford, Susan Sarandon, Julie Christie, Nick Nolte y Richard Jenkins pertenecían a grupos de activistas que protestaban contra la guerra de Vietnam, un buen día, algunos de ellos, viendo que no lograban mucho, se radicalizaron y comenzaron actos de terrorismo, una bomba acá, un robo más allá y esas cosas. Pero un asalto salió tan mal que hubo un par de muertos, y los supuestos responsables pasaron a la clandestinidad o más bien a metamorfosearse en otras personas para escapar al castigo. Ahora un inflexible representante del FBI (Terrence Howard) los persigue y un periodista (Shia LaBeouf) quiere desentrañar los secretos que los hechos ocultan.

Causas y consecuencias es todo lo progre que puede ser una película yanqui. Como es bien intencionada le tendremos piedad y no señalaremos las contradicciones que ostenta. ¿Para qué? Un yanqui progre es mejor que un yanqui conservador pero sigue siendo hijo de una sociedad que avanza en base a antinomias que no asume. El tiempo envejece pero no cambia al imperio. El guión no es tan pomposo como el de las dos o tres últimas películas que dirigió Redford, con buena voluntad, tiene algo de thriller y el inmenso talento y carisma de los actores lo hacen seguidero y entretenido, aunque Robert, por aquello de que el zorro no pierde las mañas, no puede evitar la solemnidad que lo caracteriza, su escena con Julie Christie es tan envarada como acto académico. Algunos personajes, como el de Howard, Tucci y LaBeouf rozan el estereotipo puro, pero los actores lo superan con encanto y pasión. El final mucho no cierra y es tan dulce que repugnaría a un goloso. Ah, y ¿qué diablos pasa con el personaje de Susan Sarandon? La trama la pierde y la deja en el olvido. Reparos al margen, no es mala y entretiene. Además siempre es gozoso ver todos esos nombres juntos.

“Ahora somos una historia que se le cuenta a los más jóvenes”, dice Richard Jenkins por ahí. Y sí, sobre todo por Redford, la Christie, la Sarandon, que estuvieron en algunos títulos ahora clásicos, la película se viste de nostalgia y revisita sus leyendas. A la salida me imaginaba contándole a mi sobrina quienes eran estos viejos. Tendría que empezar con: Cuando yo tenía tu edad e iba al cine, ellos protagonizaban las películas que había que ver…
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 9 de agosto de 2013

Los amantes pasajeros



Con el paso de los años, el cine de Pedro Almodóvar más que en una obra artística abierta se ha transformado en una religión a profesar. Ante Los amantes pasajeros, sus creyentes más fieles y devotos exprimen su inteligencia, invierten la lógica y recurren a argumentaciones fabulosas para justificar lo injustificable, revertir lo irrevertible, disimular lo indisimulable: que la película de tan regular es tirando a malísima. Uno de sus fervorosos creyentes dice que el film es valioso por su fracaso, por lo quiere y no puede decir, por sus torpezas y cortedades (¡!) Otro ensaya una especie de decálogo a cumplir para que podamos disfrutarlo, algo así como abandonen toda esperanza de ser entretenidos y entonces quizá no la pasen tan mal.

Lo siento, yo soy un agnóstico del dios Almodóvar. Y como tal me libro de defender lo indefendible. Se supone que esta película es un regreso a la comedia alocada. Y sí alocada es, pero de comedia poco y nada. Por momentos es más triste que un entierro. Y es tan ocurrente como tirarse un pedo en el baño. La historia de estos pasajeros en un avión con el tren de aterrizaje averiado que da vueltas en el aire a la espera de que alisten un aeropuerto en el que puedan bajar es una alegoría ramplona de la España actual. Dicha alegoría es tan obvia que insulta. Los personajes son refritos nada felices de otros que aparecieron antes (y más de una vez), las situaciones son tan poco inspiradas que dan vergüencita, el playback de Pointer Sisters huele a naftalina rancia y las “audacias” como el chiste de la droga en el recto puede que en los ochenta fuera transgresor pero hoy no es más que mal gusto.

Si son devotos de Almodóvar, descalifíquenme, no me lleven el apunte, vayan y pásenla todo lo bien que puedan. Y después de verla, si tienen ganas, hagan de cuenta que no es una película de Almodóvar sino de un imitador del manchego y cuéntenme cómo les sale este pequeño experimento. Lo peor que se le puede hacer a un creador es decirle que sigue genial cuando ya no lo es. A mí en realidad ya no me importa, hace años que ya no espero nada de Pedrito, pero si ustedes quieren que los vuelva a deslumbrar, no sean indulgentes y díganle la verdad.

Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 2 de agosto de 2013

Red 2





El cine pochoclero será eficiente o no será. Y sí, me salió a consigna política. Al estar en tiempos electorales, el estilo se me pega. La cuestión es que esa eficiencia narrativa a menudo se confunde con calidad, si el producto nos atrapa, nos apasiona, nos deleita. Conste que no hago un juicio de valor sino la descripción de una tendencia. En estas vacaciones de invierno, mucha gente aprovechó para ir al cine, ahora a la vuelta me preguntan mi opinión sobre El llanero solitario, Guerra Mundial Z o Titanes del Pacífico, ninguna de la cuales vi todavía. Como disfruto el diálogo, devolví la pregunta y escuché sus opiniones. Recibí comentarios laudatorios y detractores por exactamente los mismos motivos. Deduzco, entonces, que el cine industrial yanqui es hoy un producto equiparable a las galletitas, elegimos ésta por sobre aquella, nada más que porque se aviene mejor a nuestros paladares. Lo cual no está mal, muerto el cine clásico y el cine de autor cada vez más relegado, es lógico que las fórmulas y las triquiñuelas del cine de productor se impongan como parámetros de excelencia, según nuestra disposición a comprar dichas fórmulas y triquiñuelas. Dadas así las cosas, la mediación crítica ya no tiene sentido, (por eso yo hago crónicas), nadie consumirá galletitas que no le gustan porque un crítico las recomiende, ni nadie dejará de hartarse con galletitas que le gustan porque un crítico las denueste. El cine contemporáneo hollywoodense se instaló como producto y es el consumidor quien tiene la última palabra, la razón, bah. De modo que si tal o cual película te gustó, es buena y punto. Y si tal o cual te disgustó, es un bodrio y punto. Una galletita, perdón una película, tiene una receta de tan similar casi idéntica a otra, con detalles menores que las distinguen. Y uno compra lo que se le ocurre.

Red fue una sorpresa en la que Bruce Willis, Morgan Freeman, John Malkovich, Brian Cox, Helen Mirren, Richard Dreyfuss y la “joven” Mary-Louise Parker tenían buenos papeles, mejores situaciones y excelentes líneas. Un éxito inesperado que hoy genera una secuela que celebro porque es el tipo de masita que no dejo de comer hasta acabar el paquete. Un thriller irónico con toques de comedia o una comedia irónica con toques de thriller. A veces en broma a mi Perrito le digo Jackie Chan porque aunque viejo sigue dando pelea. Y eso es lo que hacían en aquella (hoy) primera película dar pelea sin importar canas, arrugas, ni huesos y músculos con retardo para responder. Y que ahora sin Morgan Freeman ni Richard Dreyfuss, pero con Catherine Zeta Jones, David Thewllis y Anthony Hopkins abordo siguen dando pelea, nada más que porque pueden, siguen vivos y (años al margen) mantienen el magnetismo intacto. Los elegí antes, los elijo ahora y elegiré una tercera, una cuarta, una quinta, si las hay, porque me hacen bien y las considero buenas. ¿Lo son? Creo que ya respondí, como me hacen bien, lo son. Y punto.

Un abrazo, Gustavo Monteros
Ah, el título no se refiere al color sino que es una sigla: Retired Extremely Dangerous o sea Jubilados Extremadamente Peligrosos. Dirigió Dean Parisot (La quiere matar, Galaxy Quest y Las locuras de Dick y Jane).

viernes, 26 de julio de 2013

Algunas horas de primavera



El director, Stéphane Brizé, junto con su guionista, Florence Vignon, intentan en Algunas horas de primavera (Quelques heures de printemps) una reformulación de dos de los tópicos más gastados del melodrama: el de las segundas oportunidades y el de la reconciliación ante la muerte. ¿Y lo logran? Veamos.

Alain (Vincent Lindon) un camionero, que en un arranque de autodestrucción intentó pasar la frontera con una carga de marihuana y fue atrapado, sale de la cárcel después de cumplir 18 meses. Sin trabajo, ni dónde ir y con sólo 800 euros, no le queda más remedio que volver a casa de su madre, Yvette (Hélène Vincent) con la que se entiende poco y nada. A Yvette, por algo que se intuirá más tarde, le cuesta expresar afecto, es dura y seca, y para colmo de males (para ella, no para el melodrama) se está muriendo. Alain en una noche de bowling conocerá a Clémence (Emmanuelle Seigner) quien intentará relacionarse con él. Hay también un vecino amable y cálido, Lalouette (Olivier Perrier) y un amigo fiel de Alain, Bruno (Ludovic Berthillot).

La novedad es que no asistiremos esta vez a la agonía o a la pérdida de las capacidades físicas de Yvette, ya que la señora ha decidido evitarlas solicitando un suicidio asistido, modalidad que se practica en Suiza, para lo cual debe dejar Francia e internarse por una hora (final) en una casita suiza.

Si el borracho parlanchín y torpe es el recurso más barato para garantizar hilaridad en la comedia, condenar a una enfermedad terminal a un protagonista es el recurso más barato en un drama o melodrama para garantizar conmoción. Siempre nos reiremos con el borracho simpático y lloraremos siempre con quien muere de un mal incurable. Son los trucos más bajos de un género u otro.

Aquí, hasta cierto punto, la utilización de un recurso tan básico se redime por unos cuantos detalles sutiles y certeros y por la inconmensurable humanidad de sus protagonistas.

Tiendo a creerle todo lo que hace Vincent Lindon, más que nada por portación de cara. Pertenece a la tradición inaugurada casi por casualidad por Humphrey Bogart, en la que se inscriben también Jean-Paul Belmondo y Jean Reno, la de los protagonistas que ni en los más delirantes elogios podrían ser descriptos como buenmozos. Ostentan esas “jetas” sin embargo atractivas que en cámara dan siempre más expresivas que las de los lindos anodinos estilo Brad Pitt.

La actuación de Hélène Vincent es de una belleza que está más allá de las palabras. En su última escena exhibe una verdad lacerante que la hace inolvidable. Verla, descubrirla o revisitarla vuelve recomendable esta película de un género que detesto: el drama pseudo-hospitalario.
Un abrazo, Gustavo Monteros

Ladrona de identidades



Sandy Patterson (James Bateman) está en problemas, menos mal, porque si así no fuera, no habría comedia. Sandy puede perder su trabajo, lo que es no es poco ya que será padre por tercera vez, debido a que XX (sabremos su nombre verdadero sólo al final y será a la vez emocionante y cómico)  (la impar Melissa McCarthy) le ha robado su identidad, usa clones de sus tarjetas de crédito y lo ha metido en apremios legales. Como la policía puede hacer poco por problemas jurisdiccionales, al pobre Sandy no le queda otra que ir a buscarla a Florida desde Denver. La encontrará, claro, pero a XX la persigue también una especie de cazador de recompensas y dos asesinos al servicio de un mafioso.

Estamos, entonces, en el viejo tópico de la pajera despareja de la no menos vieja película de caminos, aunque con ingredientes que la hacen peculiar. XX, en fondo y superficie, es una pobre desgraciada y Sandy es un nabo con muchas probabilidades de dejar de serlo. El viaje de regreso será el tiempo de las confesiones y transformaciones.

Ambos saltaron a la fama en la televisión, Jason Bateman en Arrested development y Melissa McCarthy en Mike and Molly. Ella viene de lucirse también en el cine con Damas en guerra. Los dos son grandes comediantes y ultra simpáticos, de modo que verlos juntos es un placer.

Aquí y allá hay unos toquecitos dramáticos que le dan más sabor y humanidad al asunto. Este film de Seth Gordon cae, sin embargo, en el típico mal de la nueva comedia yanqui: es un poco largo y se adentra en mesetas narrativas evitables como la escena del bosque y las serpientes, es hora que la comedia deje a los ofidios en paz. Más allá de estos pequeños reparos y de algunos excesos, la película se sigue con bastante agrado y devuelve con sonrisas el costo de la entrada.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 19 de julio de 2013

3 estrenos de vacaciones de invierno





En vacaciones de invierno, los cines se llenan de padres con chichos, de abuelos con chicos, de tíos con chicos, de chicos con chicos. Común denominador: ¡chicos! De donde se deduce que en vacaciones de invierno, los cines son el reino de los chicos. Como yo no lo soy y no tengo ninguno a mano (no se molesten, tampoco me presten ninguno) no pienso acercarme a un cine hasta que las vacaciones terminen. Que tan sensata decisión no me impida, sin embargo, informarles de qué van los estrenos de esta semana. Son tres. Uno argentino, muy anticipado y esperado: Metegol de Juan José Campanella, sobre el cuento Memorias de un wing izquierdo de Roberto Fontanarrosa, con guión de Campanella, Eduardo Sacheri, Gastón Gorali y Axel Kuschevatzky, con las voces de Pablo Rago, Diego Ramos, Horacio Fontova, Fabián Gianola y Miguel Ángel Rodríguez (porque es de animación, claro, el primer argentino en 3D, y para los que, como yo, odian los anteojos bicolores, en 2D también, ¡se agradece!). La sinopsis en el sitio oficial de la película dice: “Amadeo vive en un pueblo pequeño y anónimo. Trabaja en un bar, juega al metegol mejor que nadie y está enamorado de Laura, aunque ella no lo sabe. Su rutina sencilla se desmorona cuando Párpados, un joven del pueblo convertido en el mejor futbolista del mundo, vuelve dispuesto a vengarse de la única derrota que sufrió en su vida. Con el metegol, el bar y hasta su alma destruidas, Amadeo descubre algo mágico: los jugadores de su querido metegol hablan ¡y mucho! Juntos se embarcarán en un viaje lleno de aventuras para salvar a Laura y al pueblo y en el camino convertirse en un verdadero equipo.  Pero, ¿hay en el fútbol lugar para los milagros?”

El segundo es Turbo de David Soren, producida por Dreamworks, otra de dibujitos, esta vez con un caracolito que, a pesar de sus limitaciones físicas, sueña con ganar una carrera.

El tercero es para adultos: Woody Allen, el documental de Robert B. Weide. Según la página oficial: “Una mirada íntima sobre la vida, la carrera y el proceso creativo del autor-director más prolífico de los EE UU.” Como Woody trabajó con medio mundo, el reparto de los que dan testimonio es impresionante e incluye a su primera musa, la gran Diane Keaton (por obvias razones, la segunda, Mia Farrow, brilla por ausencia…) Prudentemente va una vez por día, a las 21:10 en el Cinema Paradiso. (Y sí,  por más fanáticos que sean los padres del querido Woody, no creo que lleven a sus hijos a ver ¡un documental!)
Un abrazo, Gustavo Monteros