viernes, 26 de julio de 2013

Algunas horas de primavera



El director, Stéphane Brizé, junto con su guionista, Florence Vignon, intentan en Algunas horas de primavera (Quelques heures de printemps) una reformulación de dos de los tópicos más gastados del melodrama: el de las segundas oportunidades y el de la reconciliación ante la muerte. ¿Y lo logran? Veamos.

Alain (Vincent Lindon) un camionero, que en un arranque de autodestrucción intentó pasar la frontera con una carga de marihuana y fue atrapado, sale de la cárcel después de cumplir 18 meses. Sin trabajo, ni dónde ir y con sólo 800 euros, no le queda más remedio que volver a casa de su madre, Yvette (Hélène Vincent) con la que se entiende poco y nada. A Yvette, por algo que se intuirá más tarde, le cuesta expresar afecto, es dura y seca, y para colmo de males (para ella, no para el melodrama) se está muriendo. Alain en una noche de bowling conocerá a Clémence (Emmanuelle Seigner) quien intentará relacionarse con él. Hay también un vecino amable y cálido, Lalouette (Olivier Perrier) y un amigo fiel de Alain, Bruno (Ludovic Berthillot).

La novedad es que no asistiremos esta vez a la agonía o a la pérdida de las capacidades físicas de Yvette, ya que la señora ha decidido evitarlas solicitando un suicidio asistido, modalidad que se practica en Suiza, para lo cual debe dejar Francia e internarse por una hora (final) en una casita suiza.

Si el borracho parlanchín y torpe es el recurso más barato para garantizar hilaridad en la comedia, condenar a una enfermedad terminal a un protagonista es el recurso más barato en un drama o melodrama para garantizar conmoción. Siempre nos reiremos con el borracho simpático y lloraremos siempre con quien muere de un mal incurable. Son los trucos más bajos de un género u otro.

Aquí, hasta cierto punto, la utilización de un recurso tan básico se redime por unos cuantos detalles sutiles y certeros y por la inconmensurable humanidad de sus protagonistas.

Tiendo a creerle todo lo que hace Vincent Lindon, más que nada por portación de cara. Pertenece a la tradición inaugurada casi por casualidad por Humphrey Bogart, en la que se inscriben también Jean-Paul Belmondo y Jean Reno, la de los protagonistas que ni en los más delirantes elogios podrían ser descriptos como buenmozos. Ostentan esas “jetas” sin embargo atractivas que en cámara dan siempre más expresivas que las de los lindos anodinos estilo Brad Pitt.

La actuación de Hélène Vincent es de una belleza que está más allá de las palabras. En su última escena exhibe una verdad lacerante que la hace inolvidable. Verla, descubrirla o revisitarla vuelve recomendable esta película de un género que detesto: el drama pseudo-hospitalario.
Un abrazo, Gustavo Monteros

Ladrona de identidades



Sandy Patterson (James Bateman) está en problemas, menos mal, porque si así no fuera, no habría comedia. Sandy puede perder su trabajo, lo que es no es poco ya que será padre por tercera vez, debido a que XX (sabremos su nombre verdadero sólo al final y será a la vez emocionante y cómico)  (la impar Melissa McCarthy) le ha robado su identidad, usa clones de sus tarjetas de crédito y lo ha metido en apremios legales. Como la policía puede hacer poco por problemas jurisdiccionales, al pobre Sandy no le queda otra que ir a buscarla a Florida desde Denver. La encontrará, claro, pero a XX la persigue también una especie de cazador de recompensas y dos asesinos al servicio de un mafioso.

Estamos, entonces, en el viejo tópico de la pajera despareja de la no menos vieja película de caminos, aunque con ingredientes que la hacen peculiar. XX, en fondo y superficie, es una pobre desgraciada y Sandy es un nabo con muchas probabilidades de dejar de serlo. El viaje de regreso será el tiempo de las confesiones y transformaciones.

Ambos saltaron a la fama en la televisión, Jason Bateman en Arrested development y Melissa McCarthy en Mike and Molly. Ella viene de lucirse también en el cine con Damas en guerra. Los dos son grandes comediantes y ultra simpáticos, de modo que verlos juntos es un placer.

Aquí y allá hay unos toquecitos dramáticos que le dan más sabor y humanidad al asunto. Este film de Seth Gordon cae, sin embargo, en el típico mal de la nueva comedia yanqui: es un poco largo y se adentra en mesetas narrativas evitables como la escena del bosque y las serpientes, es hora que la comedia deje a los ofidios en paz. Más allá de estos pequeños reparos y de algunos excesos, la película se sigue con bastante agrado y devuelve con sonrisas el costo de la entrada.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 19 de julio de 2013

3 estrenos de vacaciones de invierno





En vacaciones de invierno, los cines se llenan de padres con chichos, de abuelos con chicos, de tíos con chicos, de chicos con chicos. Común denominador: ¡chicos! De donde se deduce que en vacaciones de invierno, los cines son el reino de los chicos. Como yo no lo soy y no tengo ninguno a mano (no se molesten, tampoco me presten ninguno) no pienso acercarme a un cine hasta que las vacaciones terminen. Que tan sensata decisión no me impida, sin embargo, informarles de qué van los estrenos de esta semana. Son tres. Uno argentino, muy anticipado y esperado: Metegol de Juan José Campanella, sobre el cuento Memorias de un wing izquierdo de Roberto Fontanarrosa, con guión de Campanella, Eduardo Sacheri, Gastón Gorali y Axel Kuschevatzky, con las voces de Pablo Rago, Diego Ramos, Horacio Fontova, Fabián Gianola y Miguel Ángel Rodríguez (porque es de animación, claro, el primer argentino en 3D, y para los que, como yo, odian los anteojos bicolores, en 2D también, ¡se agradece!). La sinopsis en el sitio oficial de la película dice: “Amadeo vive en un pueblo pequeño y anónimo. Trabaja en un bar, juega al metegol mejor que nadie y está enamorado de Laura, aunque ella no lo sabe. Su rutina sencilla se desmorona cuando Párpados, un joven del pueblo convertido en el mejor futbolista del mundo, vuelve dispuesto a vengarse de la única derrota que sufrió en su vida. Con el metegol, el bar y hasta su alma destruidas, Amadeo descubre algo mágico: los jugadores de su querido metegol hablan ¡y mucho! Juntos se embarcarán en un viaje lleno de aventuras para salvar a Laura y al pueblo y en el camino convertirse en un verdadero equipo.  Pero, ¿hay en el fútbol lugar para los milagros?”

El segundo es Turbo de David Soren, producida por Dreamworks, otra de dibujitos, esta vez con un caracolito que, a pesar de sus limitaciones físicas, sueña con ganar una carrera.

El tercero es para adultos: Woody Allen, el documental de Robert B. Weide. Según la página oficial: “Una mirada íntima sobre la vida, la carrera y el proceso creativo del autor-director más prolífico de los EE UU.” Como Woody trabajó con medio mundo, el reparto de los que dan testimonio es impresionante e incluye a su primera musa, la gran Diane Keaton (por obvias razones, la segunda, Mia Farrow, brilla por ausencia…) Prudentemente va una vez por día, a las 21:10 en el Cinema Paradiso. (Y sí,  por más fanáticos que sean los padres del querido Woody, no creo que lleven a sus hijos a ver ¡un documental!)
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 12 de julio de 2013

El chef



Épocas hubo en que esta comedia hubiera sido desestimada por la modestia de sus logros. Hoy la vara está tan baja que celebramos la excepcionalidad de los mismos. Por lo poco frecuentes, claro, no por sus ocasionales brillos, poco destellantes a decir verdad. Hagamos memoria, ¿hace cuánto que no vemos una comedia blanca-blanca, amable, tierna, no estridente, sin groserías que se pretenden transgresoras y que no siempre lo son, sin procacidades estentóreas que ya no escandalizan ni a los chupacirios? Dios me libre y me guarde de decir que todo tiempo pasado fue mejor, que no lo fue, sólo diferente, que el tiempo me haga viejo pero que no me obnubile para disfrutar lo que nos da la contemporaneidad. Sin embargo, mentiría si no dijera que en estos últimos tiempos, la comedia, salvo honrosas excepciones, es tirando a mala. Y si bien la comedia de cualquier color es flojita, flojita, la blanca-blanca hace siglos que no se hace. Ni siquiera la película de Los Muppets del año pasado era blanca-blanca, de modo que esta comedia francesa es toda una rareza, el último Yeti de una tradición casi perdida.

Jacky Bonnot (Michaël Youn) es un chef desconocido, perfeccionista e inflexible; no tolera que la gente mezcle sabores a su arbitrio y se resista a la combinación exquisita que eleva el gusto. No es de extrañar que no dure en ningún trabajo. Alexander Lagarde (Jean Reno) es un chef famoso que conoció tiempos mejores; si pierde una estrella en el restaurant que dirige deberá abandonarlo y su cocina será reemplazada por la especialidad molecular. Los caminos de Jacky y Alexander se cruzarán, se ayudarán mutuamente y mucho aprenderán uno del otro. Habrá, por supuesto, un colorido elenco de personajes secundarios, entre los que se destaca un supuesto especialista en cocina molecular, Juan (Santiago Segura).

Michaël Youn es simpático, histriónico, y no se desbanda mucho. Jean Reno, un colmo de humanidad, deleita y resiste la tentación de caer en el vulgar andropáusico malhumorado y jetón. Los demás cumplen su cometido con justeza, lo que en una comedia es titánico.

Como dijimos, el tono es amable y apunta más a la sonrisa que a la carcajada. En tiempos de comedias desabridas, El chef de Daniel Cohen no será un boccato di cardinale, lejos de ello, pero se deja hincar el diente. Sosa y todo, es la única alternativa diferente ante tanto pochoclo monótono.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 5 de julio de 2013

2 tanques




En la jerga cinematográfica local se le dice “tanques” a los estrenos cinematográficos yanquis de abultados presupuestos que vienen hiperpromocionados y con expectativas de arrasar en la taquilla.

La cartelera de nuestra ciudad se renueva esta semana con la sola aparición de dos tanques. Por un lado regresan los amarillitos Minions junto a Gru, Lucy,  Margo, Edith, Agnes y el Dr Nefario para luchar esta vez contra El macho y dilucidar las dudas que genera el avasallante Eduardo. Ah, y están también los Minios malvados, púrpuras ellos. Hablamos de Mi villano favorito 2 (Despicable me 2) que según parece se quedará con el primer puesto de la taquilla estadounidense durante el fin de semana del famoso 4 de julio, destronando al súper tanque Disney El llanero solitario. En esta versión, el dúo de director y actor estrella de Los piratas del Caribe, Gore Verbinski y Johnny Depp vuelven a reunirse. Depp es Toro, espero, hasta ahora así se lo llamó por estos lares, en el original es Tonto, aunque ojalá siga siendo Toro y no Tonto, digo esto porque no hace mucho la Disney tuvo que pedir disculpas por insistir en llamar Kemit en los subtítulos y en el doblaje de Los Muppets a la ranita que aprendimos a amar por estos parajes como René, que si bien era Kermit en el original, para nosotros es René y punto. Como sea, Depp debajo de unos cuántos gramos de maquillaje es el indio. Armie Hammer, a quien vimos replicándose a sí mismo para hacer de los mellizos Winklevoss en Red Social, el objeto de deseo para el J. Edgar (Hoover, claro) de Leonardo Di Caprio en el film del maestro Clint Eastwood y como el simpático torpe príncipe de Espejito, espejito en el que la bruja era ¡Julia Roberts!, es el Llanero. Anda por ahí también con mucho maquillaje y con ganas de divertirse la maravillosa Helena Bonham Carter. Según puede verse en los tráileres es un festival de efectos especiales y acción apabullante. Habrá que ver si alcanza para entretener todos y cada uno de los ¡149 minutos! que dura.

Sea cual fuere su elección, acompañar con balde de pochoclos porque de cine-pochoclo a full se trata.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 28 de junio de 2013

Antes de la medianoche




La historia se hace de noche decía el título de la vieja película. Según la experiencia del director Richard Linklater y de los actores Julie Delpy y Ethan Hawke, podríamos decir: la historia se hace sin querer y sin saberlo. En 1995 los tres, como buenos artistas que son, pusieron lo mejor de sí para hacer Antes del amanecer, una comedia romántica muy peculiar. Si alguien les hubiera dicho que, aparte de una buena película, estaban haciendo historia, quizá no le hubieran creído. Sin embargo así fue. Jesse y Celine y su viaje de Budapest a Viena se convirtieron en el referente de toda una generación. Se consideró al film como el equivalente de los noventa de Casablanca, por lo mítica y romántica.

En 2004 sintieron la necesidad de darle a la historia un segundo capítulo y crearon Antes del atardecer. Se encontraron esa vez en la eternamente luminosa París. Con esta segunda parte se inscribían en la tradición de los proyectos que toman personajes y sus historias a través de los años. (El ejemplo más recordado y venerado es el de Francois Truffaut y su Antoine Doinel. En 1958 Truffaut para gloria del cine y de la humanidad hizo Los 400 golpes con Antoine como su protagonista ficcional, quien reaparecería dos veces en 1962, primero en un mediometraje, Antoine y Colette y después en el largo, El amor a los 20 años. En 1968 tocaría  La hora del amor. En 1970 establecería Domicilio conyugal y se despediría en 1979 con El amor en fuga. Interpretado siempre por Jean-Pierre Léaud.)

Como no hay dos sin tres, el díptico se convirtió en tríptico, Grecia es ahora el escenario.

Si se vieron las anteriores, ¿cómo perderse ésta? Si no se vieron las anteriores, ¿cómo no acercarse a conocerlos? (Yo todavía no la vi, pero sin duda lo haré.)(O no, la vida es pura contingencia.)

Por desgracia la historia real detrás de la ficción es malograda. En 1989, Linklater estaba en Filadelfia de paso por una noche. En una juguetería conoció a Amy Lehrhaupt. Pasó la noche con ella, conversando y esas cosas. En algún momento le dijo que haría una película con lo que estaba pasando entre ellos. La relación continuó telefónicamente hasta que se truncó. Cuando presentaba Antes del amanecer pensaba que Amy aparecería, pero para su decepción no pasó. Recién hace unos tres años supo por qué. Un amigo de Amy le mandó una carta contándole que unas semanas antes de que comenzara el rodaje de Antes del amanecer, Amy había muerto en un accidente de tránsito. El cine es más benigno que la realidad.

Aparte de la hasta ahora trilogía de Antes de…, Richard Linklater, entre otras, dirigió: Bernie, Me and Orson Welles, Una mirada a la oscuridad, Fast Food Nation, Bad News Bears, Escuela de rock, Despertando a la vida, La pandilla Newton, SubUrbia, Rebeldes y confundidos, Slacker.
Un abrazo, Gustavo Monteros

jueves, 20 de junio de 2013

A puro pochoclo




Y los distribuidores locales tuvieron razón nomás. La cacería no duró mucho. Ya no está en cartel y con su partida la cartelera local exhibe sólo películas pochocleras, es decir típicos productos del cine industrial yanqui. Dos son los estrenos: Monsters University precuela de la vieja y peluda, adorablemente peluda, Monsters Inc. Pixar nos cuenta ahora cómo los asustadores llegaron a serlo. Sin duda la propuesta más interesante de la semana. En el otro estreno, Guerra mundial Z, el astro Z, perdón no lo puedo evitar, el muchacho, bue, muchacho lo que se dice muchacho ya no es, no me cae ni ahí, sí, es el blondo Brad Pitt, quien salva al mundo de una epidemia que convierte a los humanos en…. ¡zombis! Qué se le va a hacer, los zombis están de moda. Ideal para los que gustan de efectos especiales y para los que no pueden vivir sin ver a Brad un par de veces al año.

Siguen Superman: hombre de acero (un Superman más y van…), ¿Qué pasó ayer? parte 3, Después de la Tierra (¡mama mía, qué bodrio!), El gran casamiento (¿Robert De Niro leerá los guiones antes de aceptar un contrato? Parece que no), Héroes del espacio, Nada es lo que parece (tramposa pero entretenida película de magos), Rápido y furioso 6 y Scary movie 5.

A hacerse de un gran balde de pochoclo y a disfrutar, si se puede, del título elegido.

¡Feliz fin de semana largo!
Un abrazo, Gustavo Monteros

miércoles, 19 de junio de 2013

Chau, Tony Soprano

James Gandolfini (1961-2013) "Ten más modestia, muerte (...) Menos humos, que veremos tu fin, tu muerte" (John Donne) Pero mientras tanto, mierda, mierda, mierda

viernes, 14 de junio de 2013

La cacería



Esta vez empezaré al revés, comenzaré por la conclusión. De esta crónica, que de la película sería muy injusto. La cacería es una película excelente, imperdible, sin lugar a dudas una de las mejores que veremos este año. Es la historia de la pesadilla de un hombre inocente. Un pobre tipo al que acusan de pedofilia.

Lucas (Mads Mikkelsen) trabaja en un jardín de infantes. Es un maestro muy bueno. Está separado y es padre de un adolescente. Un día, Klara (Annika Wedderkopp), la hija de su mejor amigo y compadre, Theo (Thomas Bo Larsen) dice que Lucas le ha mostrado su miembro. Se activa un protocolo que desconoce todo lo que Freud, sus epígonos y detractores, escribieron sobre la sexualidad infantil y que se asienta en una premisa falsa considerada no obstante verdad irrefutable: los chicos no mienten. Quizá, no en sentido bíblico al menos, con la intencionalidad del engaño, pero más allá de toda discusión, podemos asegurar categóricamente que fantasean. Plantean hipótesis que juegan a considerarlas reales y con las que experimentan hasta eventualmente descartarlas. La pedofilia es una aberración tan absoluta que la mera sospecha de su existencia lleva implícita el veredicto de culpabilidad. Es una sospecha que no admite tibiezas y que desata una histeria de persecución y ajustamiento. Por temor y por sentido común se aparta al sospechado pero también a la presunción de inocencia, sólo queda la posibilidad de la ratificación de la culpa.

La película no juega con nuestros juicios morales ni especula con vueltas de tuerca sorpresivas, sabemos con certeza que Lucas es inocente y se nos muestra con contundente claridad cómo el caso se forma. La tragedia se amplifica porque Lucas está asentado e integrado al pequeño pueblo en el que transcurre la historia. Sencillamente no puede armar las valijas e intentar otra vida en otro lugar. Todos lo conocen desde que nació y sin embargo basta la instalación de la sospecha para que lo desconozcan al instante. A la larga todos son víctimas de una cacería inútil, de una broma entre hermanos que pudo no tener ninguna consecuencia, de un ataque de celos que pudo desarmarse. Como siempre la parte  más indefensa pagará con su vida la ferocidad desatada.

El final puede parecer abierto y no, es uno de los finales más claros y definitivos de la historia del cine, y no digo más para que no se me escape una pista.

Por la índole del trabajo, los docentes son los más proclives a ser acusados de pedofilia. Cuando un caso adquiere trascendencia, la verdad sea dicha, por horrible que suene, casi se desea que sea cierto, porque de no serlo, una vida inocente queda arruinada para siempre.

La dirigió el danés Thomas Vinterberg (La celebración, Todo es por amor, Querida Wendy, Submarino) y lleva ganada con toda justicia unos cuantos premios en festivales internacionales, entre los más importantes, unos palmares del festival de Cannes del año pasado.

Consejo de amigo, véanla pronto, los cines locales le tienen poca confianza, ya que la estrenan en horarios restringidos, se exhibe a las 16:35 y a  las 21:05 en el Cinema Paradiso.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 7 de junio de 2013

Un lugar donde refugiarse



Hay gente que tiene mucha suerte en la vida y puede vender el pan de anteayer convenciendo a todos de que está recién horneado. El novelista estadounidense Nicholas Sparks es uno de los más mediocres (y son benévolo) que hayan existido. Sus historias ya eran vetustas la primera vez que se usaron, sus personajes tienen psicología cero, los conflictos que maneja ofenden la etimología del término. Sin embargo, sus libros se venden mejor que el pan fresco y prácticamente todos fueron llevados al cine con parejo éxito: Cuando te encuentre, La última canción, Querido John, Noches de tormenta, Diario de una pasión, Un amor para recordar, Mensaje de amor. El hombre es muy celebrado, ni que fuera Shakespeare (qué se le va a hacer, el éxito glorifica) y tiene ganados más millones de dólares que pulgas el perro callejero (si la envidia fuera tiña, y verde, yo ya sería el increíble Hulk). ¿Será que el hambre de historias de amor jamás se sacia? La cruelmente vilipendiada Corín Tellado al lado de este ladrón de gallinas es Virginia Woolf.

En el inicio de esta historia (de alguna manera hay que llamarla), una joven tirando a bonita (Julianne Hough) comete un acto de sangre (contra quien lo perpetra y lo que esta persona hace a continuación no cierra ni ahí, pero ¿a quién le importa?) y huye. Se sube a un ómnibus que va a Atlanta, pero se baja antes en una población costera (Sparks adora las poblaciones costeras, son tan evocadoras y fotogénicas), conoce a un viudo doliente pero querendón (Josh Duhamel), con dos hijitos encantadores, un nene y una nena, porque a Sparks las familias típicas y lo convencional le tiran. ¿Se enamorarán? Mejor no hago preguntas idiotas. Le aparece a la chica, en la miserable y sin embargo adorable cabaña que alquila, una mujer que querrá ser su amiga y que a la postre dará una vuelta de argumento que sería ligerísimamente interesante si la intriga no estuviera tan mal construida. El oscuro pasado de la chica no tardará en acecharla. ¿Cuándo? ¡El cuatro de julio! Porque Sparks es más patriotero que el tío Sam. Entonces…

Dirigió, es un decir, el sueco Lasse Hallström (El año del arco irís, ¿A quién ama Gibert Grapes?, El poder del amor, Las reglas de la vida, Chocolate, Atando cabos, Siempre a tu lado, Un amor imposible) que ya le llevara al cine al ¿novelista? Sparks, su Querido John.

Los actores hacen como que actúan, lo cual prácticamente en titánico teniendo en cuenta lo insustanciales que son los personajes.

El trámite dura ¡115 minutos! (15 minutos sobraban para contar el inexistente argumento). Un lugar donde refugiarse busca el espectador después de haber pagado una entrada para ver esta cosa.

En fin, sólo para románticos y románticas incurables, muy incurables. Entonces por qué la vi, se preguntarán ustedes, si Nicholas Sparks me da más escozor que la hemorroide propia y la halitosis ajena. Porque no lo puedo evitar, ¡tengo más alma de bolero que telenovelera adicta! Amor, amoooor, nació de mí, nació de ti, de la esperanzaaa…

Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 31 de mayo de 2013

Ginger y Rosa



Ser adolescente fue, es y será un problema en cualquier lugar y tiempo. Aunque “adolescer” en medio de la crisis de los misiles de Cuba en 1962, cuando se suponía que el mundo podía volar por los aires de un momento a otro, tiene sus bemoles. Y si encima tu mejor amiga… no, mejor eso no lo cuento, porque sería una triple traición a la doble que sufre la pobre Ginger.

Ginger y Rosa son amigas desde la cuna y tienen mucho en común. Madres que no saben o no pueden conservar a sus hombres, padre ausente, una, y padre muy ausente, la otra.

Ginger (Elle Fanning) es hija de Roland (Alessandro Nivola), un profesor universitario, preso durante la Segunda Guerra Mundial por negarse a combatir, demasiado enamorado de la singularidad de su pensamiento y con la irreprimible urgencia de irse a la cama con sus alumnas, y Natalie (Christina Hendricks) un ama de casa que abandonó la pintura para ser esposa y madre. Rosa (Alice Englert) es hija de Anoushka (Jodhi May) una proletaria que llena su vida de hijos y de un hombre que se va casi con los títulos de apertura del film. Ginger tiene además un par de padrinos gay (no olvidemos que estamos a principios de los 60, de modo que son precursores de nuestra bienvenida cotidianeidad en el tema) Mark 1 (Timothy Spall) y Mark 2 (Oliver Platt), amigos o parientes de Bella (Annette Bening) una feminista librepensadora.

Ginger es más candorosa que Rosa, muy precoz en esto de probar lo que la vida tiene para ofrecer en cuanto a amores y gratificaciones sexuales. Pero Ginger es una luchadora nata, no se va a quedar cruzada a brazos a esperar que el mundo se evapore en una nube hongo, no, al menos protestará y escribirá poemas. Aficiones (¿futuras profesiones, quizá?) que la harán crecer y atravesar más o menos indemne la primera noche oscura de su vida.

Sally Potter (Orlando, La lección de tango, Las lágrimas de un hombre, Yes, Rage) entrega la película más clásica de su carrera y quizá la más personal, evoca la época de su propia adolescencia y dedica el film a su madre, partida recientemente. Hay mucho detalle que hará las delicias de los que recuerden aquella década y una singular elegancia y destreza narrativa. Cínicamente podríamos decir que teje la trama de un teleteatro en un momento de significancia histórica entre personajes intelectuosos y elocuentes, pero hace más que eso, le da resonancias particulares a una experiencia por la que todos atravesamos: la de dejar de ser niños.

Para lograrlo cuenta con la más luminosa de las aliadas posibles: Elle Faning, de 13 años durante el rodaje y de 15 ahora, es de esos seres privilegiados que parecen haber nacido para que la cámara los ame. Antes se le decía fotogenia y ahora se habla de carisma, pero no es eso, es algo más, algo que en mi cortedad sólo puedo definir como luminosidad. La cámara capta con amor todo lo que la chica expresa y la vuelve más nítida, bella, profunda e hipnótica a la vez. La Rosa de Alice Englert, hija de Jane Campion (El piano, Retrato de una dama, Humo sagrado, En carne viva), tiene lo suyo y ni que hablar del talentosísimo elenco, pero ante el portento de la Fanning se opacan, se difuminan.

En resumen, una muy buena oportunidad de disfrutar o conocer a una actriz única. (Aquí está “coloradita”, en lo personal la prefiero en su rubio natural como en Somewhere – En un rincón del corazón de Sofía Coppola o en Súper 8 de J.J. Abrams)
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 24 de mayo de 2013

Dos nacionales y un pochoclo

Tres estrenos hay esta semana, ninguno de los cuales podré ver por razones de fuerza mayor, lo que no es óbice para que les informe de qué van. Dos son nacionales y el otro es un tanque del más puro pochoclo.



Arranquemos con el tanque. Se trata de Rápido y furioso 6 dirigida por Juntin Lin que ya dirigió algún que otro rápido y furioso anterior. Como van por la 6, supongo que ya se habrán chocado con alguna y sabrán más o menos de qué se trata, pero si hay sido tan afortunados como para no tener ninguna idea al respecto, les cuento que es una de autos, camiones, motos o cualquier otro vehículo que se conduzca, más hombres musculosos con una irreprimible pulsión por ponerse musculosas, más chicas curvilíneas de poca ropa. Hay algo que con muy buena voluntad podría parecerse a un argumento, aunque lo más importante, indiscutido motivo de su éxito, es que hay muchas explosiones, carreras, trompadas y balaceras. Y si no se es muy exigente, algo que podría parecerse al humor. La protagonizan Vin Diesel (el apellido lo destinaba al proyecto de cabeza) y Paul Walker. Están también Dwayne Johnson (conocido también como The Rock, por sus habilidades como luchador, no por sus virtudes histriónicas), Michelle Rodríguez y Luke Evans.
Hay gente que la pasa bomba con estas cosas. Yo, también, a veces, y en tardes de lluvia cuando las opciones son armar exámenes para los cuales nadie estudiará, animarse por fin a tirar los papeles que en la biblioteca están al borde de la avalancha o planchar setecientas camisas, me pueden llegar a encantar. No sé si tienen mucho que ver con el cine, salvo que se filman y se exhiben donde suelen dar películas, pero en fin, si uno está en vena para poner la mente en blanco, pueden ser divertidas.




El primer estreno argentino es Cuando yo te vuelva a ver de Rodolfo Durán (Cerca de la frontera, Terapias alternativas, Vecinos). Transcribo a continuación gacetilla de prensa:

Treinta años después de haberse radicado en España, Paco regresa a la Argentina para apadrinar la boda de un amigo. Retirado, con su hijo a cargo del negocio familiar y separado de su esposa española, está de visita para reencontrarse con sus afectos. Como siempre, en los últimos treinta años, Margarita arrastra hacia adelante su vida, con similar abnegación con la que empuja el carrito del supermercado, cargado de elementos para catering. Jubilada como docente, complementa sus ingresos de esta forma, junto con Ethel, su socia y amiga de su hija Valeria. Es justamente en la fiesta de casamiento, donde Paco como padrino y Margarita como encargada del servicio de catering, se van a cruzar nuevamente, aunque sin encontrarse, hasta que él la descubra en un video de la fiesta y el amor truncado por la ausencia y la negativa de ella a responder sus cartas, vuelva a renacer en una búsqueda desesperada por recuperar el tiempo perdido. El reencuentro, que será fraguado con la complicidad de Félix, el hermano de Paco, y de Ethel, los llevará a enfrentarse al empeño de Margarita en continuar huyendo de esa relación, a los reproches, la nostalgia y la inesperada confesión de un secreto guardado durante todos esos años.

Actúan Ana María Picchio (muchacha que de actuar sabe un rato y medio), Manuel Callau, Malena Solda, (el gran) Alejandro Awada, Miriam Lanzoni, Delfina Peña, Juana Dates, Nicolás Condito y Atilio Pozzobón.
Se exhibe en el CINEMA PARADISO  y va a las 15:40 - 19:20 - 23:10

 
 

El segundo estreno argentino es Rouge amargo de Gustavo Cova (Alguien te está mirando, 100 años de Carlos Gardel, Boogie el aceitoso, Gaturrro la película). Transcribo gacetilla de prensa:

Julián (Luciano Cáceres) se registra en un viejo hotel de una peligrosa zona roja de la ciudad. Ya en su habitación es sorprendido por violentos ruidos y desesperados gritos de mujer. Sin dudarlo, Julián saca su arma y sale al pasillo, encontrándose allí con Cyntia (Emme), una joven totalmente desnuda que le pide ayuda. Un extraño y violento hombre (Cesar Vianco) se enfrenta a Julián. Mientras pelean, él reconoce a la persona que yace muerta en aquella habitación: se trata de un famoso candidato a diputado. Antes de que llegue la policía, Julián logra reducir al asesino, y junto a Cyntia, escapan del hotel. Sin tener donde ir ni donde esconderse, deciden recurrir a Rita (Gustavo Moro), una travesti amiga de Cyntia, quien los refugia en su casa. Mientras tanto, un joven periodista (Nicolás Pauls) y un veterano policía (Rubén Stella) intentan descifrar el caso. Julián y Cyntia unen sus destinos para escapar de la justicia que los culpa del asesinato del político, mientras tratan desesperadamente de descubrir quién está detrás del crimen. Un crimen, un poder corrupto, varios secretos... Un ex presidiario, un prostituta y una travesti... ¿Quién puede creer en ellos?

Actúan Luciano Cáceres, Emme (desde que la conocí en el musical Rita, la salvaje, ¡me encanta Emme!), Nicolás Pauls, Gustavo Moro, César Vianco, y Rubén Stella.

Va en el CINEMA OCHO a las 13:45 - 19:20 - 21:10

Y recuerde, perdón por insistir, por ser pesado, en caso de duda, opte siempre por lo nacional, porque como decía Mario Benedetti a propósito de otra cosa aunque bien podría aplicarse a nuestras películas, ellas vienen “con los ojos que siempre me miraron / las palabras que siempre me dijeron / con un cielo de ayer sobre los hombros / y el corazón deshilachado y terco”.
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 17 de mayo de 2013

El gran Gatsby




Y se largó el quinto Gatsby nomás. Dicho así parece una Polla de Potrancas o un Derby de Kentucky y no una nueva adaptación de la novela de Scott Fitzgerald, que va camino de competir con las damas de las camelias y las annas kareninas en cantidad de versiones cinematográficas. La primera fue de 1926, dirigida por Herbert Brenon  con Lois Wilson y Warner Baxter en los protagónicos. No queda rastro de esta película, ni una copia se encontró, aunque en una carta recientemente hallada, Fitzgerald dice haberla visto y que era malísima. La segunda es de 1949, dirigida por Elliott Nugent con Betty Field y Alan Ladd en los estelares. Ésta sí puede verse, tiene como una cosa de cine noir y los que quedan vivos al final hacen un mea culpa poco convincente y muy de aquellos tiempos. La tercera no es la vencida, pero sí la más conocida. Es de 1974, la dirigió Jack Clayton, con guión de Francis Ford Coppola con Robert Redford y Mia Farrow encabezando el elenco. Famosa entre otras cosas por la cámara con mucha vaselina que le daba al film un difuminado encanto. La cuarta es del 2000 y fue para la televisión, la dirigió Robert Markowitz con Mira Sorvino y Paul Rudd en la pareja principal, según parece es medio sosa  pero digerible. Y ahora llega con muchos bombos y platillos la versión de Baz Moulin Rouge Luhrmann con Leonardo Titanic Di Caprio y Carey Enseñanza de vida Mulligan como Jay Gatsby y Daisy Buchanan.

Baz Luhrmann dice que El gran Gatsby es una historia de amor. Hum, no sé.  No en el sentido estricto al menos. En cine se considera una historia de amor cuando A ama a B y es correspondido por B, y juntos o por su cuenta luchan contra los obstáculos que los separan. Aquí Gatsby ama a Daisy. Tanto que construyó una fortuna y se agenció una casa solariega para que Daisy reine en ella. Daisy lo quiere, sí, pero no lo suficiente como para tomarse la molestia de alcanzarle un vaso con agua y una aspirina en el hipotético caso de que al pobre Gatsby le doliera la cabeza. Estoy más de acuerdo con los que definen al Gatsby como la historia de una traición. Gatsby es traicionado por su amor y sus sueños. Cuando cree haber llegado a su Paraíso, descubre que por más optimismo que se tenga al pasado no se vuelve. Su amor fue un autoengaño y sus sueños, un espejismo. Los puritanos que llegaron al Nuevo Mundo para fundar una sociedad sin clases sociales y con igualdad de oportunidades para todos terminaron engendrando una aristocracia del dinero tan excluyente y caprichosa como la aristocracia de sangre. Se alienta al hombre emprendedor, el famoso self-made man, pero cuando llega, se buscan motivos para no considerarlo uno más de los elegidos.

Al igual que Moby Dick de Herman Menville, novela considerada infilmable hasta que Ray Bradbury, por inexorable insistencia de John Huston, logró con su guión desentrañarla, El gran Gatsby era una fortaleza inexpugnable que se resistía a ser adaptada  para el cine, hasta que Francis Ford Coppola armó el caballo de Troya que la hizo ceder. Ford Coppola le dio un consejo a Luhrman: construir la historia desde los personajes secundarios. Una más que buena idea  porque en El gran Gatsby la historia principal viene de segunda mano. El libro está narrado desde el punto de vista de Nick Carraway (Tobey Maguire), testigo de los hechos que se describen. De modo que el Gatsby y la Daisy que se conocen son los de Nick, no corporizaciones autónomas netas. Esto para el espectador puede parecer una disquisición técnica, pero para el guionista y el director es una complicación mayúscula que exige tomas de decisiones tajantes.  Por ejemplo, ¿Gatsby es como Nick dice que es?, o ¿es una idealización pergeñada por el recuerdo y la culpa de Nick? Toda adaptación cinematográfica de una obra literaria es una traducción y ya se sabe, traduttore traditore, de modo que ser fidedigno más que una realidad es una utopía. Tarde o temprano, los guionistas y directores se encogen de hombro y repiten “in for a penny, in for a pound” (en cana por un penique, má sí, mejor en cana por una libra) y comienzan a tomarse libertades que los alejan del material original. Luhrman también termina haciéndolo. Por más que copie frases de la novela y hasta las escriba en pantalla, la “fidelidad” está tan lejos como la luz verde que obsesiona a Gatsby, y no hablo del encuadre narrativo de que Nick tenga que contar la historia como una ¡terapia! para curarlo de la depresión y el alcoholismo…

Cuando se supo del proyecto, hubo intensos debates sobre si Luhrman era el director ideal para versionar esta novela. ¿Lo es? Sí y no. Lo es para expresar la paradoja principal del libro: la denuncia celebratoria; se denuncia que la riqueza es vacía y vulgar a la vez que se celebra su munificencia. Luhrman, se sabe, tiene un estilo visual excesivo, desbordante y puesto a subrayar las extravagancias de la dilapidación no hay quien lo iguale. No lo es tanto para bucear en emociones, para ahondar en relaciones. A veces estos debates prueban ser inútiles o como en este caso terminan por ser predicciones verificadas. Lo mejor por lejos (y rayando en lo hiperbólico) todo lo que tiene que ver con lo sensorial; las fiestas, por ejemplo, son desaforadas, descomunales, grandiosas. Como ya lo demostrara en Moulin Rouge pocas veces el cine logra ese nivel de magnificencia visual y sonora. Hay que tener mucho talento para apabullar así. Lo íntimo no se le da tan bien. Alguien dice por ahí que en Moulin Rouge no se le notaba porque los personajes eran más simples, aquí que tienen más dobleces que camisas con alforzas se evidencia que Luhrman no navega muy bien las aguas profundas.

Como corresponde al estilo Luhrman, las actuaciones arrancan como caricaturas de rasgos marcados, para diferenciar los personajes de la parafernalia escenográfica, y de poco van adoptando carnadura. Leonardo Di Caprio está magnífico como Gatsby, sabe que tiene un gran personaje y no lo desaprovecha. Tobey Maguire hace abuso de su simpatía para ocultar que los narradores de hechos ajenos son personajes aburridísimos a los que nunca les pasa nada, son como escribanos, sólo dan fe.  A pesar de su corta aunque luminosa carrera, quiero mucho a Carey Mulligan, pero la verdad sea dicha, aquí está medio insoportable. La culpa es tanto propia como de Luhrman y su coguionista, los tres se empeñan en transformar a Daisy en algo que no es, una mujer enamorada, por momentos parecen triunfar, pero el “cuento” de Fitzgerald los derrota, ¡y cómo! Joel Edgerton (Tom, el marido de Daisy) nos hace olvidar cerca del final el bigotito de villano que le encajaron. Elizabeth Debicki está muy bien como Jordan Parker, la amiga de Daisy, pero en realidad deja que el hermoso maquillaje, la estilizada peluquería más el despampanante vestuario que le tocó en suerte “hagan” su actuación. Myrtle (Isla Fisher) y George Wilson (Jason Clarke) no están muy desarrollados en esta versión y se quedan en estereotipos.

Hay mucho para disfrutar en este Gatsby, pero si se recuerda la versión de Redford, Farrow, Clayton es imperativo olvidarla. El Gatsby de 1974 fue el mejor Gatsby que el cine industrial de los setenta podía dar, elegante, parsimonioso, revelador. El Gatsby de Luhrman es el mejor Gatsby que esta contemporaneidad pochoclera nos puede dar, es desbocado, acelerado, ruidoso, abrumador. A cada tiempo, su aire. Pero el Gatsby de tan grande no se agota, así que hasta el próximo Gatsby.
Un abrazo, Gustavo Monteros