jueves, 10 de octubre de 2019

London has fallen - Londres bajo fuego




A veces me gusta investigar qué tan malo es lo malo. London has fallen / Londres bajo fuego (Babak Najafi, 2016) película intermedia de la franquicia sobre el guardaespaldas Mike Banning (Gerald Butler) (antes viene Olympus has fallen / Ataque a la Casa Blanca (Antonio Fuqua, 2013) y hace poco se estrenó Angel has fallen / Presidente bajo fuego (Ric Roman Waugh, 2019)) ha recibido críticas que van de lo horrible a lo espantoso.


Como generalmente pasa cuando uno se prepara para ver algo que sabemos de antemano que es malo, por un mecanismo de contrariar lo que se dice o hemos leído…no nos resulta taaan malo.


Londres bajo fuego es de esas pochocleras en las que la psicología de los personajes, la lógica dramática, la progresión de la historia o el sentido común más elemental importan poco o  nada. Este tipo de película se rige por la instrumentación de secuenciar cada cuatro minutos una escena de violencia de algún tipo, explosiones, tiroteos, cuchilladas, patadas, peleas de puños o algún tipo de persecución, a pie, en moto, en auto, en bote o en avión. Y la efectividad se mide en si el interés se conserva hasta el final, algo que no siempre pasa ante la acumulación de efectos similares.


Aquí la excusa es el entierro de un primer ministro inglés que ha muerto de repente. Presidentes de las principales potencias se unirán en Londres a ofrecerle los respetos finales. El problema es que terminan siendo víctimas de un vengativo vendedor de armas, convenientemente islamista, que ha perdido a toda su familia en un ataque dirigido en su contra.


Ya de movida, como espectadores estamos en problemas porque no hay aquí bueno contra malo sino malo contra malo. Porque si el supuesto malo vende armas, el presidente yanqui, Benjamin Asher (Aaron Eckhart), también.


Los terroristas no se andan con remilgos y vuelan a casi toda la comitiva presidencial mundial, lo que más que conmoción emocional desata un anarquista placer culposo: ma’ sí, que los vuelen a todos. Pero como entendemos de qué va la franquicia, sabemos que no matarán al presidente yanqui (el ya mencionado bueno de Eckhart en su versión más WASP posible) o que lo harán al final de la película, solo nos resta esperar a que los tiros y las patadas nos espanten el aburrimiento.


En lo personal lo lograron hasta que llegan los 20 minutos finales, en los que estaba a punto de caerme dormido, a pesar del potente ruido de la banca sonora. Ojo, mi aguante no es el promedio, tanta bala sin suspenso suele aburrirme rápido. Y no es que sea un quisquilloso solo educado con cine de autor. Me gusta el cine industrial como el que más, pero me engancha que haya un mínimo de planteo dramático. Aquí la sorpresa pasa por saber quién es el traidor que está vendido a los terroristas, pero después del tiroteo 2.387.947 la identidad me interesaba menos que la vida privada de las hormigas venusinas.


En resumen, para un domingo a la tarde de lluvia, mucha lluvia.

Londres bajo fuego puede verse en Netflix.

Gustavo Monteros


jueves, 3 de octubre de 2019

In the shadow of the moon u Ocultos por la luna



A veces Netflix vende tan mal sus productos que uno se pregunta si alguien vio lo que están promocionando. Si se lee: “Un detective de Filadelfia se desmorona lentamente por su eterna obsesión con una misteriosa asesina en serie que comete crímenes indescriptibles”, es factible que se imagine que se trata de una película en la línea de Los siete pecados capitales, El silencio de los inocentes o Zodíaco. Y el resultado es algo más relacionado a 12 monos o Asesinos del futuro. Porque si bien en un principio hay una sospechosa de asesinatos en serie, la trama viene más para el lado de los saltos temporales y esas sorpresas.


In the shadow of the moon u Ocultos por la luna (según el título elegido para estas latitudes) de Jim Mickle es una típica muestra de cine clase B para matiné de acción y suspenso. El Cine B  como identidad ya no existe y menos las matinés, pero la referencia todavía alcanza a evocar una realidad que la nostalgia anhela.


Es de esas películas que uno valora cuando no tiene ganas de complicarse la vida, cuando se quiere ver una película que se ve sola, o sea que se sigue con apenas una parte de lo que ponemos en uso para ver una película. Si se la ve en modo “normal”, se la ve venir a una legua de distancia, se le adivinan las vueltas de tuerca y la actuación de Michael C. Hall parece más de madera que de costumbre, aunque sin importar cómo se la vea, las persecuciones están logradas y hay hallazgos en la dirección de arte.


La protagoniza Boyd Holbrook que pasara a la fama con las dos primeras temporadas de Narcos. El hombre tiene pasta de protagonista así que se carga el film al hombro y lo defiende con fervor y sudor de camiseta, lo que siempre se agradece. Como los productores creen que los looks del galán pueden ser un atractivo a no desdeñar, y como el director no se toma tan en serio el paso del tiempo, Boyd Holbrook envejece como Nacha Guevara, o sea el tiempo pasa y él sigue igual de reconocible como cuando era joven.



En resumen, In the shadow of the moon u Ocultos por la luna es ideal para fin de semana de lluvia cuando se extraña los Sábados de Súper Acción o alguna antigualla del estilo.


La produjo Netflix para su plataforma. No suma mucho, pero tampoco resta.

Gustavo Monteros

jueves, 26 de septiembre de 2019

El espía


Sacha Baron Cohen nació el 13 de octubre de 1971 en Londres. Después de un buen primario y un mejor secundario, recaló en la Universidad de Cambridge, donde estudió Historia con Niall Ferguson en Christ ‘s College. Su tesis fue sobre la participación judía en el movimiento de derechos civiles. Mientras en Cambridge participó en el Cambridge University Amateur Dramatic Club y estuvo en montajes de Cyrano de Bergerac y El violinista en el tejado.



Después de dejar la universidad, trabajó un tiempo como modelo y después como presentador en un canal de cable. En 1995 Channel 4 inició un concurso de presentadores cómicos, Sacha mandó un tape con un presentador albanés, una temprana versión de Borat. Ganó y después de pasear por varios programas, terminó en The 11 O’clock Show (1998), que mezclaba humor y noticias. Allí desarrolló el personaje del rapero Ali G. Fue tal el éxito que obtuvo su propio show Da Ali G Show (2000). Para este programa habrían de nacer los personajes de Borat y Brüno. En 2003, el show se trasladó a Estados Unidos, pero en 2002 la carrera cinematográfica de Sacha Baron Cohen, bajo la dirección de Mark Mylod,  se había iniciado con Ali G Indahouse.


En el 2006, gracias al cine, obtuvo su consagración internacional. Primero se lo vio con el equipo de Will Ferrell, que incluye como  habitués a John C. Reilly, Paul Rudd, Christina Applegate entre otros, en Talladega Nights, The Ballad of Ricky Bobby, rebautizada para el estreno local como Ricky  Bobby, loco por la velocidad, una parodia a los films de carreras. Dirigió Adam McKay.



Pero fue su proyecto personal el que le dio fama y gloria, la inolvidable Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan. Conocida aquí como Borat: El segundo mejor reportero del glorioso país Kazajistán viaja a América, o más bien, como en todo el mundo: Borat, así, a secas. Borat es un troglodita irresistible, “un reportero de televisión de Kazajistán con una actitud antisemita y misógina que viaja a los Estados Unidos para realizar un supuesto "documental" en el que se ríe de las costumbres estadounidenses. “ Un impresentable que por su desvergüenza no se vuelve detestable. Un auténtico logro cómico, desnuda el mentado enano fascista que algunos llevan dentro sin provocar rechazo, si bien en todo contexto el personaje es francamente repudiable. La dirigió Larry Charles.




En 2007 se da su primera colaboración con Tim Burton, nada más ni nada menos que en la transcripción cinematográfica de la obra musical de Stephen Sondheim: Sweeney Todd, The Demon Barber of Fleet Street, en donde corporizaba al barbero de origen italiano, Pirelli.


En 2009 lleva al cine a otro de sus personajes más característicos surgidos en aquel show inicial que lo puso en el mapa: Brüno, el modelo alemán al que calificarlo como über-gay es quedase corto. Es una farsa feroz al mundo de la moda, y a nuestras adicciones a las dietas, los gimnasios, el uso de cosméticos, la new age, el vegetarianismo y unos cuantos ismos más. La dirigió también Larry Charles.



En 2011 Martin Scorsese lo llama para su Hugo o La invención de Hugo Cabret, en la que interpreta un antipático vigilante de una estación de trenes, secundado por un dóberman e impedido por una pierna protésica. El hombre, claro, como las prostitutas de los cuentos, oculta un corazón de oro que no tarda en relucir.




En 2012 vuelve con otro proyecto personal: El dictador. Dice Wikipedia: “Durante años la República de Wadiya, en el norte de África, ha sido gobernada por el almirante general Haffaz Aladeen (Sacha Baron Cohen), un dictador infantil, lascivo, déspota, misógino, anti-occidental, machista, xenófobo y antisemita que se rodea de guardaespaldas femeninas. Aladeen se niega a permitir que el petróleo Wadiyano sea vendido internacionalmente y está trabajando en el desarrollo de armas nucleares. Después de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decide intervenir militarmente, Aladeen viaja a la sede de la ONU en Nueva York para dirigirse al Consejo.”  A partir de aquí solo enredos y problemas. Dirige Larry Charles.


Es también de 2012 su nuevo paso por el musical. Tom Hooper lo dirige en la versión cinematográfica del musical Les miserables. Junto a la inefable Helena Bonham Carter componen a la pareja (temible para empezar a hablar) Thénardier. Deliciosos y sublimes en su maldad. En el fondo unos sobrevivientes inescrupulosos.


En 2013 regresa brevemente a la escudería Will Ferrell y bajo dirección de Adam McKay participa con un cameo de Anchorman 2. The Legend Continues (llamada aquí ¡Al diablo con las noticias!) junto al mencionado Ferrell, Steve Carell, Paul Rudd, Christina Applegate, James Marsden, David Koechner, Greg Kinnear, Fred Willard, Chris Parnell y Kristen Wiig entre otros notables.





En 2016 vuelve a los proyectos personales y coprotagoniza con Mark Strong un más que improbable dúo de hermanos, uno (Strong) es un letal y elegante agente secreto, el otro (Baron Cohen) es un barra brava lleno de hijos y distante de cualquier sentido de elegancia. Una sátira a los filmes de acción con espionaje tipo Misión Imposible o la saga Bourne. La película se llama Grimsby y la dirigió Louis Leterrier.




En 2016 vuelve también a colaborar con Tim Burton en la continuación de las aventuras de Alicia o sea Alicia a través del espejo en el que hace el papel de Tiempo.


Y como le gusta sorprender, en televisión reaparece por partida doble en dos proyectos prácticamente opuestos. En 2018 para la Showtime hace Who is America?, donde despliega su histrionismo cómico. Y en 2019 para la plataforma Netflix hace El espía, donde recrea vida y hazaña de Eli Cohen.





El espía, creada por Gideon Raff, sigue las aventuras de este hombre común que termina por desarrollar un talento extraordinario para el espionaje y consta de seis episodios de estructura clásica, en los que Sacha Baron Cohen hace buen uso y abuso de su talento para los papeles serios.





El espía, como se dijo puede verse en Netflix. Altamente recomendable.


Gustavo Monteros

jueves, 19 de septiembre de 2019

Inconcebible



Unbelieavable, muy bien rebautizada al español como Inconcebible es una serie creada por Susannah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman que acaba de estrenar Netflix.


Se trata de lo que ahora se llama Policial de procedimiento, o sea de seguimiento del trabajo policial paso a paso. En este caso una seguidilla de violaciones a mujeres que bien podrían deberse a un mismo perpetrador.

En el primer caso, la víctima es una adolescente, Marie (Kaitlyn Dever) a la que por diversos motivos terminan por no creerle y hasta es acusada de falsa denuncia.

El segundo caso nos mostrará el trabajo de la detective Karen Duvall (Merritt Wever) quien por estar casada con otro policía se enterará de la investigación que lleva en un pueblo cercano la detective Grace Rasmussen (la maravillosa Toni Collette). Las dos detectives al cotejar datos concluirán que pueda tratarse de un mismo victimario.

La serie ilustra el tratamiento que se le da a lo que nosotros llamamos cuestiones de género. Y como parte de un realismo llano es curioso ver como los trámites de tan repetitivos se vuelven engorrosos para las víctimas, revictimizadas una y otra vez por un supuesto mecanismo diseñado para protegerlas. El primer episodio solo puede calificarse de kafkiano, parece un pie de página de El proceso.

La serie consta de 8 episodios, y si bien voy por el quinto, me animo a recomendarla porque no creo que descarrile en lo que me queda por ver.

Hay excelencia por todos lados, en el armado de la historia (el azar como en los buenos policiales participa mucho), en el compromiso de las detectives, en la delicadeza del tratamiento del tema y esas cosas que hacen que uno siga viendo algo con ganas hasta el final.

Las tres actrices mencionadas, como el resto del elenco, desbordan talento. Eso sí, si como yo, la ven por Toni Collette, sepan que recién aparece en el final del episodio dos.

Inconcebible puede verse  en Netflix.

Gustavo Monteros

jueves, 12 de septiembre de 2019

Hombres al agua



Hubo una vez un grupo de hombres suecos de mediana edad y de discutible estado físico que se inscribieron por distintos motivos en clases de nado sincronizado. Sin ningún talento especial para la disciplina, pero con mucha voluntad, progresaron. Tanto que terminaron participando en los juegos olímpicos de natación de 2007 y se llevaron medallas.



La peripecia tenía en la marca de su orillo destino de película. Y lo fue nomás, con sus auténticos protagonistas, un documental que se llamó Men who swim (Hombres que nadan, Dylan Williams, 2010)



Una recreación con actores era de esperarse. Tardó en llegar, pero llegó. Y por partida doble, y en el mismo año, una francesa y una inglesa, que se distribuyeron casi simultáneamente.



Ahora la francesa llega a Netflix. Dice estar inspirada, no basada en los hechos reales, de lo que debemos presumir que los conflictos de los personajes fueron dictados por los guionistas según la inspiración.



Son todos ampliamente queribles, francamente simpáticos y por el arte de los actores, los guionistas y el director y no por mandato del género o la producción. Son una manga de perdedores,  algunos alguna vez estuvieron mejor, otros ¡cómo habrá sido su vida! están mejor ahora. De edad mediana, de protuberancias varias y no de las elegantes que salen en las revistas de salud, con un ánimo por el suelo van a parar a nada sincronizado. La entrenadora no les va a la zaga. Lo demás es de esperarse en una feel-good movie (película optimista) Superarán las dificultades y no solo se lucirán, sino que volverán campeones. El quid de la cuestión, o sea la gracia de la película es ¡cómo! De eso, por supuesto, no diremos una palabra.



Gilles Lellouche, que dirigió con ganas y con un elenco sin fisuras, encabezado por el magnífico Mathieu Amalric, que aprovecha que el hueso es jugoso y lo roen con delicia, redondean una desventura que se sigue con mucho agrado y que desata sonrisas varias.


Hombres al agua (originalmente Le grand bain, 2018) puede verse en Netflix, como ya mencionamos.

Gustavo Monteros

jueves, 5 de septiembre de 2019

Un asunto de familia



Como es de esas películas de las que conviene no adelantar mucho para no develar lo que no se debe, recurramos a los datos.


Manbiki kazoku (literalmente quizá Un asunto de familia) conocida en su estreno en la Argentina como Somos una familia, recibió el título de Shoplifters para su distribución en los Estados Unidos. “Shoplifter” es el ratero de tienda, preferente de ramos generales, como un supermercado.


Estos títulos nos autorizan a hablar de dos características entonces: se trata de la conformación y apogeo de un núcleo familiar (como se sabe, ya desde hace tiempo, y gracias a Dios, o no, las familias no se definen por parentesco exclusivamente) que recurre, aunque algunos de sus integrantes trabajan, a “arrebatar” víveres para subsistir.


La dirigió uno de los directores más interesantes del cine contemporáneo (quizá ya un maestro) Hirokazu Kore-eda, del que el cine platense, poco afecto a lo que se salga del pochoclo,  estrenó Soshite chichi ni naru o De tal padre, tal hijo (2013) (que Steven Spielberg baraja rehacer en versión occidental) y Umi yori mo mada fukaku o Después de la tormenta (2016) aparte de la que nos ocupa que como dijimos se conoció como Somos una familia. De este director se espera con ansia su última película, la primera con estrellas occidentales, nada más ni nada menos que Catherine Deneuve, Juliette Binoche e Ethan Hawke entre otros, La verité (La verdad),


Somos una familia / Une affaire de famille / Sholifters / Un affaire di famiglia ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes, edición 2018.


Un asunto de familia puede ahora verse en Netflix y es la recomendación no del mes sino la del año. El cine de Hirokazu Kore-eda es de una humanidad tan flagrante que más que seductor se vuelve hipnótico. Deslumbra siempre porque revela costados insospechados de nuestra condición humana, y como ama vivir, las miserias que encuentra (aquí, entre otras, todas las implicancias de la comparación de las cicatrices) no le parecen un impedimento irremontable para que la vida continúe.


Decirles que es Imperdible es poco.

Gustavo Monteros



jueves, 29 de agosto de 2019

Zona blanca

Zona blanca es una serie franco-belga creada por Mathieu Missoffe que combina al menos tres géneros (el noir, el western y el fantástico) y logra salirse con la suya sin pagar condena por el delito.



El título (en inglés se cuenta por el color contrario: Black spot) refiere a que en el pueblo con bosque (o más bien bosque que quiere sacarse de encima al pueblo) donde transcurre la acción, los artefactos modernos que requieren de satélite (teléfonos, televisores, computadoras, etc.) andan cuando quieren, o sea casi nunca, y menos cuando se los necesita.



El pueblito, como todo pueblo de policiales, condensa una alta tasa de asesinatos. Aquí es tan decididamente alta que envían a un fiscal,  Franck Siriani(Laurent Capelluto) a averiguar por qué. Le responderá (o más bien, no) la fuerza policial local integrada por la comisario Laurène Weiss (Suliane Brahim), dos sargentos, Martial Ferrandis (Hubert Delattre) apodado Osito (Nounours), y Louis Hermann (Renaud Rutten), un veterano viudo que no se saca el chaleco de pescador ni para bañarse. Y una aspirante a policía, Camille Laugier (Tiphaine Daviot), siempre azorada y eternamente repasando las preguntas que debe responder para poder acceder a la fuerza. (El motivo para el azoramiento se develará en una inesperada vuelta de tuerca) Y aunque técnicamente no pertenece a la fuerza, como debe haber un forense, la doctora del lugar, Leila Barami (Naidra Ayadi).



Uno de los secretos a voces de un buen policial son los personajes. Aquí todos tienen matices como para avergonzar a un cuadro de Turner. La comisaria parece enjuta, esmirriada, frágil, pero es más dura que piedra de meteorito. Hermann se define más por lo que ha perdido, que por lo que le queda. Es un conmovedor vacío caminando. La doctora no solo quiere tangos como la de del cine argentino, sino que disfruta del sexo como otros del chocolate. Pero mi favorito es Osito, un hombrote, tierno y romántico, que acaricia siempre un conejito de indias y que arrastra su sexualidad como una maldición, al grandote le gustan los hombres, pero ya no tanto solo por el sexo, ahora quiere enamorarse.



Como en la vieja y querida El fugitivo, cada episodio trata un caso que se resuelve, pero hay una macroestructura que sigue de capítulo en capítulo, el misterio de lo que le pasó a Laurène en su adolescencia en un ritual de iniciación en el bosque. La presencia ominosa que apenas se percibe ¿es un hombre o una figura sobrenatural?



Con lo que acabamos de mencionar se cubre lo de lo policial y lo fantástico, queda lo del western que es tanto temático como referencial. Respecto de lo último tenemos una banda sonora que coquetea aquí y allá con el country, el bar en un extremo del pueblo, al que todos acuden con religiosidad alcohólica es un saloon, hecho y derecho, comandado por una rubia veterana, Sabine Hennequin (Brigitte Sy) con más autoridad ética que una comisión médica para tal fin. Si bien hay un poblado con calle principal y vecindario, los que nos importan viven separados unos de otros por leguas de distancia, como en el western en el que el “vecino” vive prácticamente en otro pueblo. Y respecto de lo temático, el western se enseñorea en que la ley depende más del sentido moral de los policías que de su cumplimiento a pie juntillas. No es que hagan justicia por mano propia, pero hay una zona gris de “mejor lavamos la ropa sucia dentro de casa en vez de ventilarla en reportes y juzgados”. Y si bien la presencia de la figura con cuernos (¿un druida mítico?) se cierne ominosa sobre el misterio definitivo del pueblo, en el plano terrenal hay un villano de western, el dueño de la cantera y de medio pueblo  si nos descuidamos Gerald Steiner (Olivier Bonjour), padre del alcalde Bertrand Steiner (Samuel Jouy) que supo ser interés romántico de Laurène.



El cine y sus aledaños, la narración audiovisual en su conjunto, bah, es de todo menos inocente. Ya está todo hecho y cualquier cosa que hagamos llevará una cita, un rastro de cosas realizadas anteriormente. Lo queramos o no, seamos conscientes o no, siempre estamos citando rasgos o sombras de obras anteriores. A lo que voy es que ¿esto de mezclar noir y western no tiene algo de los Coen, en especial, los de Simplemente sangre? Y esto de un pueblo con peculiaridades ¿no es un poco Twin Peaks? Y sí… Y así podemos jugar con enfrentar espejos hasta armar un laberinto. ¿Para qué? Bástenos decir que las citas no casuales no son gratuitas y emanan del argumento.



En resumen, una serie que se perfila excelente y que le pide a las maestras del grupo, como The wire, Los Soprano, Breaking bad, Six feet under y demás, córranse, hagan lugar que aquí vengo yo. Sí, así de lograda es.


Las dos temporadas de Zona blanca pueden verse en Netflix


Gustavo Monteros

jueves, 22 de agosto de 2019

Mindhunter



Mindhunter es una serie que indaga lo que hay detrás de una de las ficciones más populares del planeta, o sea, El silencio de los inocentes, esto de que una agente del FBI, la célebre Clarice (la divina de Jodie Foster) vaya a ver un asesino serial, nada menos que Hannibal Lecter (Anthony Hopkins encumbrándose entre los grandes para siempre) para que la ayude a pescar a otro.


Mindhunter se basa en el libro Mind Hunter, Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit de Mark Olshaker y John E. Douglas. Tiene como desarrollador y director principal a David Fincher (Alien 3, 1992, Seven, Pecados capitales, 1995, The game / Al filo de la muerte, 1997, El club de la pelea, 1999, La habitación del pánico, 2002, Zodíaco, 2007, El curioso caso de Benjamín Button, 2008, Red social, 2010, La chica del dragón tatuado, 2011, y la híper fabulosa Perdida, 2014). Se entronca, claro, con su Zodíaco, que contaba la caza del asesino serial con el mismo nombre que la película.


Mindhunter orbita sobre tres personajes: Holden Ford (Jonathan Groff), agente especial de la Unidad de Análisis de Conducta, basado en John E. Douglas; Bill Tench (Holt McCallany) compañero de la misma unidad, basado en Robert K. Ressler y Wendy Carr (Anna Torv) basada en la doctora Ann Wolbert Burgess. Y en la segunda temporada adquirirá especial relevancia el personaje de la esposa de Bill, Nancy Tech (Stacey Roca).


Esta serie que pisa la excelencia todo el tiempo tiene tres ejes narrativos, el retrato de los agentes y sus circunstancias, las entrevistas con los asesinos, y las intrigas palaciegas dentro del FBI. Más la injerencia de lo que van aprendiendo sobre un caso en particular, en la segunda temporada, por ejemplo, se concentra sobre los asesinatos de Atlanta durante los años setenta.


Además de Fincher, en la temporada uno, dirigen los distintos episodios:  Asif Kapadia, Tobias Lindholm y Andrew Douglas. En la temporada dos, solo dirigen David Fincher y Carl Franklin (Un paso en falso / One false movement, 1992, El demonio vestido de azul, 1995, Tiempo límite / Out of time, 2003)


Mindhunter puede verse en Netflix y los que deseen pueden también en la misma plataforma repasar algunos de los títulos de David Fincher. Hoy por hoy pueden verse La chica del dragón tatuado, Se7ven Pecados capitales, Red social, Zodíaco y la ineludible Perdida / Gone girl.

Gustavo Monteros



jueves, 15 de agosto de 2019

The meddler


Susan Sarandon es un peligro. Como Robert DeNiro o Diane Keaton hacen lo primero que les ponen en frente, como si sus agentes tuvieran como consigna aceptar lo que les suscriban sin siquiera leerlo.


Es domingo de elecciones y tengo que atemperar el suspenso, como dudo de hallar excelsitudes que me abstraigan, opto por una doble función de “Cuán malo es lo malo” y arranco con Monster in law (Una suegra de cuidado, Robert Luketic, 2005) con Jennifer López y Jane Fonda. Mala a secas, irredimible, sin ninguna súbita característica que la rescate de la medianía.


Sigo con The meddler (Una madre imperfecta, Lorene Scafaria, 2015) con Susan Sarandon y Rose Byrne. Y, oh sorpresa, no es tan mala como parecía. Bah, no es mala, en realidad.


Por el rango etario de su protagonista, es una comedia geriátrica, género que progresa por la abundancia de actores en la tercera edad, a Dios gracias, tan activos y creativos como en sus días más jóvenes. Susan, como el título en inglés lo indica, es una madre entrometida que se acaba de mudar a Los Ángeles para estar cerca (encima y alrededor) de su única hija, Rose Byrne, una promisoria guionista.


El personaje de Susan comparte un detalle presente en casi todas las comedias geriátricas, tiene un buen pasar. En este caso, tan pero tan bueno, que no sabe qué hacer con el dinero. (En este incipiente género ser pobre está proscrito.) Y así se pone a hacer buenas acciones con una conocida de su hija y con el vendedor de tecnologías varias, ya que su hija le limita el acceso a sus conflictos.


Y cuando uno cree que el film girará en los esfuerzos de la hija por liberarse de su madre metiche, no, el personaje de Rose Byrne se va a Nueva York a rodar un piloto de una nueva serie y mamá Sarandon queda sola.


La casualidad hace que conozca a un policía retirado, J.K. Simmons, y todos suponemos, con amplias posibilidades de acertar, que Susan dejará atrás finalmente el dolor y el vacío que le ha dejado la muerte de su querido esposo.


Como puede verse, no es la originalidad precisamente lo que distingue a esta comedia que deambula los lugares comunes esperables, sino la humanidad puesta en el trámite. En la mayoría de las vueltas de tuerca del argumento hay verdades, detalles reveladores que elevan el film de la fórmula en la que se apoya.


Todo gracias a una directora/guionista dispuesta a que su historia no quede ahogada en violines y ñoñerías al uso, tal como decretarle a la protagonista una enfermedad terminal que agudice la lección de vida recibida.


Y no menos mérito tiene el trío protagónico, acompañado por un elenco a la altura, que se prodiga gozoso en iluminarnos las conductas de sus personajes.


En definitiva, no es ninguna joya imperdible del séptimo arte, pero entretiene y acerca a sus personajes, lo que a veces no es poco, para nada.


The meddler, rebautizada por Netflix como Una madre indiscreta, puede verse en dicha plataforma al igual que Una suegra de cuidado.

Gustavo Monteros

jueves, 8 de agosto de 2019

Así nos ven



Los yanquis van a la guerra y es la guerra más justa del universo. Después se dan cuenta de que fue una guerra equivocada y se arrepientes de haber sido tan ingenuos. Y te hacen una película sobre haber ido y te hacen otra con las lamentaciones de haber ido. Y el ciclo se repite una y otra vez, y uno se pregunta: ¿los cosos estos no aprenden nunca a preguntarse antes de ir si debieran ir o no? Con los derechos humanos hacen lo mismo. Primero los trasgreden dejando a Torquemada y la Santa Inquisición a la altura de la Madre Teresa y después se desgarran las vestiduras y se flagelan al llanto de ¡cómo pudimos hacer semejante cosa! Cuando ya a esta altura, la cuestión tendría que ser “cómo podemos hacer para asegurarnos de que no se repita”


When they see us o Así nos ven no trata sobre algún atropello de los sesenta, tiempos en que los yanquis comenzaron a ser conscientes de que todos los ciudadanos, o al menos su gran mayoría, incluidos los negros, debían tener más o menos los mismos derechos. No, es bastante cercana en el tiempo, lo que provoca un estremecimiento de horror. Pasa en 1989. Y fue uno de los primeros casos en que se notó, para mal, claro, la influencia del millonario Donald Trump (de ahí también que conspicuos opositores al pelo de zanahoria figuren entre los productores de la miniserie: Oprah Winfrey y  Robert De Niro).


La cosa fue así. En la tarde-noche antes del inicio de las vacaciones escolares de verano de 1989, adolescentes negros se reúnen en el Central Park para festejar. En su mayoría de las clases populares o sea negros e hispano descendientes no tardan en desatar la paranoia de los blancos y anglosajones policías, que eligen manejar el posible desorden de la peor manera. Y ahí comienza el armado de una flagrante injusticia con una funcionaria temible es su odio hacia todo lo que tenga piel en su opinión turbia, una tal Linda Fairstein (Felicity Huffman en un pelucón imposible, otra que el de Barbara Stanwyck para Pacto de sangre, solo la pilosidad abundante nos indica que no es buena persona) y un hecho concomitante, el hallazgo de una mujer blanca joven ferozmente golpeada y violada. Se cae de maduro que se necesita al culpable, o en su lugar a un chivo expiatorio, y por supuesto se lo busca entre los adolescentes que fueron al parque.


El primer episodio de esta miniserie es sin duda el mejor y el más interesante, es el que trata cómo se armó el tsunami que arrasaría con todos los derechos civiles de un grupo de adolescentes, que se ven condenados a atravesar un literal via crucis, que uno no le desearía a su peor enemigo.


Los otros tres episodios se centran en el sufrimiento de cada uno de los cinco “elegidos” para cargar con la culpa del ataque y violación a la pobre mujer, que para colmo nada puede aportar, porque en un trauma profundo, no recuerde nada. Y este recuento de violencias y miserias suena lavado, diluido como si algunas conductas fueran perdonadas antes incluso de haber sido contadas. Es que las familias de los pobres involucrados no siempre tuvieron actitudes y decisiones ejemplares.


Queda también afuera del conflicto central el manejo de la prensa del caso, aparece como en muchas películas solo como el marco referencial. Tendría que tener un peso mayor, quizá no quisieron cargar las tintas sobre Trump que no hace más que tirar nafta a la fogata.


En definitiva, un tema riesgoso tratado con un tacto, que uno intuye cubre de piedad una realidad sencillamente vil, miserable y cruenta como pocas. Algo así como un tratamiento show-biz de un caso que merecía un acercamiento más descarnado. Tanto es así que se acompaña de un “documental” de Oprah Winfrey, lo que lo emparenta más a un lavado de culpas que a una revisión de situaciones que jamás debieron ocurrir.


Fue escrita y dirigida por Ava DuVernay que ya le había dado un tratamiento similar a la peripecia de Selma (2014). Por favor que alguien le haga una retrospectiva de la obra de Costa-Gavras en la que no falte Z (1969), La confesión (1970), Estado de sitio (1972) o al menos la no tan punzante Missing (1982) a ver si se le pega alto. Curiosamente Costa-Gavras se ocupó de la caza de perejiles en Sección especial (1975), película que no vimos en estreno en su momento por razones obvias.


Así nos ven es una producción Netflix y puede verse en dicha plataforma,
Gustavo Monteros

jueves, 1 de agosto de 2019

Sing, ¡ven y canta!



Sing, ¡Ven y canta! es simpatía a más no poder. Su autor director, Garth Jennings y su codirector Christophe Lourdelet recurren a dos tópicos de los más transitados en la historia del musical, el del teatro que debe salvarse y el de los aspirantes a estrellas que necesitan una oportunidad para lucirse. O sea el viejo cuento de los perdedores que deben redimirse, o para ponerlo con otro ejemplo, el del patito feo que debe comprender que es un cisne.


Tópicos de encanto garantizado. Claro, siempre y cuando se cumplan algunos requisitos previos, como que los personajes sean la mar de empáticos y que haya un gag tras otro, o una peripecia dramática de identificación básica. Ambos dos requisitos se cumplen aquí a rajatabla.


Y como de un espectáculo musical se trata, es menester que las canciones y que las interpretaciones sean tan admirables como deliciosas. Algo que también se cumple. Solo queda repantigarse, abrazar algún snack favorito y disfrutar.


Si optan por la versión original se toparán con la voces de Matthew McConaughey (Buster Moon), Reese Witherspoon (Rosita), Seth MacFarlane (Mike) (el gag de su versión de A mi manera es ¡inolvidable!, este sí que es un performer, no larga el micrófono ni aunque le tiren con un misil), Scarlett Johansson (Ash), John C. Reilly (Eddie), Taron Egerton (Johnny), ¡Tori Kelly! (Meena) (por Dios, qué voz tiene esta chica), Jennifer Saunders (Nana) y Jennifer Hudson (Nana de joven y cantando, su versión de Carry that weigh…¡guau!), Garth Jennings (Miss Crawly, una delicia de personaje, no en vano se la reservó el director/guionista), Peter Serafinowicz (Big Daddy, si querés saber a qué nos referimos con voz aterciopelada, aquí tenés un buen ejemplo) y Nick Kroll (Gunter).


Sing, ¡Ven y canta! puede verse en Netflix. Entretenimiento de cabo a rabo (y aquí hay unos cuantos rabos).

Gustavo Monteros

jueves, 25 de julio de 2019

Trapped

Ófærð (Trapped) es una serie islandesa creada por Baltasar Kormákur, actor, productor y director de instalada autoridad en el policial que llegó a filmar incluso en los Estados Unidos (Dos armas letales (2 guns, 2003) con Denzel Washington y Mark Wahlberg).


Trapped exhibe las características que aprendimos a apreciar en los policiales nórdicos: complejidad narrativa, personajes bien perfilados con motivaciones oscuras y profundas, aproximaciones a la tragedia griega y una resolución técnica impecable.


El protagonista es Andri Ólafsson, interpretado por Ólafur Darri Ólafsson, un urso de dos metros de presencia habitual en series yanquis como Quarry, The Missing, Emerald City, Lady Dynamite o True Detective y en películas como La increíble vida de Walter Mitty (Ben Stiller, 2014), El buen amigo gigante (Steven Spielberg, 2016) o  Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald (David Yates, 2018).


Ya hay dos temporadas disponibles de Trapped. Y como suele suceder con algunas series, la segunda temporada es mucho mejor que la primera, más lograda en todos los aspectos. Algo lógico, los personajes ya están corporizados, el arco narrativo es claro, el estilo ya está definido y se conoce hasta donde se puede ir y que no hacer. Y si bien los personajes principales se repiten y las historias se rozan, la segunda temporada puede seguirse perfectamente sin haber visto la primera.


Trapped puede verse en Netflix y es ineludible para los amantes del policial, los que no lo son pueden también disfrutarla mucho.

Gustavo Monteros