Para descubrir, para rever, una de las grandes películas de la historia del cine, una de las historias de amor más conmovedoras jamás hechas.
Ahora disponible en Netflix
Gustavo Monteros
jueves, 28 de junio de 2018
jueves, 21 de junio de 2018
jueves, 14 de junio de 2018
jueves, 7 de junio de 2018
Joel
Cecilia y Diego, una pareja en sus treinta largos, se han radicado hace pocos años en Tolhuin, un sufrido pueblo de Tierra del Fuego, a raíz del trabajo de él como Técnico Forestal. Ante la imposibilidad de concebir hijos, iniciaron un buen tiempo atrás el trámite de adopción. La repentina llegada de Joel, de 9 años, quien carga con una dura historia de vida, revoluciona sus vidas. Las ilusiones, un acelerado proceso de aprendizaje de la paternidad, y el desafío de educarlo e insertarlo en esa pequeña comunidad patagónica, pondrán bajo la lupa sus propios esquemas de vida, y un conflicto que se desata en la única escuela pública del lugar donde acude el niño, tensará el vínculo social y la propia relación de la pareja.
Joel, dirigida por Carlos Sorín, con Victoria Almeida, Diego Gentile, Joel Noguera, Ana Katz, Gustavo Daniele, Emilce Festa.
Cinema Paradiso 12:00 - 14:10 - 16:20 - 18:30 - 20:40 - 22:50
Ah, la deliciosa comedia No llores por mí, Inglaterra continúa en cartelera, en el Cine San Martín a las 19:20 y 23:10
Joel, dirigida por Carlos Sorín, con Victoria Almeida, Diego Gentile, Joel Noguera, Ana Katz, Gustavo Daniele, Emilce Festa.
Cinema Paradiso 12:00 - 14:10 - 16:20 - 18:30 - 20:40 - 22:50
Ah, la deliciosa comedia No llores por mí, Inglaterra continúa en cartelera, en el Cine San Martín a las 19:20 y 23:10
jueves, 31 de mayo de 2018
No llores por mí, Inglaterra
Sinopsis
En 1806 los ingleses invaden la ciudad de Buenos Aires, hasta entonces bajo el mando de la monarquía española. Instalados en este nuevo territorio, el general Beresford, para distraer a la población, les presenta un nuevo juego: el fútbol. La idea es tenerlos entretenidos hasta que lleguen los refuerzos desde Inglaterra. El general Beresford parece ser fuerte y seguro, aunque su estrategia estará guiada por su madre, una mujer de mucho carácter que digita su vida. A Manolete, una especie de empresario de espectáculos que está siempre a la pesca de algún negocio, le ha ido mal con su último emprendimiento y está en bancarrota. Piensa que el fútbol puede resultar un buen negocio y organiza un partido con los dos barrios históricamente enfrentados, Embocadura y La Rivera. Manolete despliega todo su ingenio para armar este espectáculo, con el aval de Beresford, pero el juego termina en una batalla campal. Sin embargo, Beresford necesita que los criollos sigan distraídos. Sabe que se está formando una resistencia armada y necesita a Manolete para su propósito. Entonces le ofrece a Manolete el gran partido del siglo: criollos versus ingleses en la Plaza de Toros. El gran evento se acerca, pero también el ejército comandado por Liniers por la reconquista de la ciudad.Dirección: Nestor Montalbano. Con Gonzalo Heredia, Mike Amigorena, Laura Fidalgo, Diego Capusotto, Mirta Busnelli, Luciano Cáceres, Matías Martin, Fernando Cavenaghi, José Chatruc, Fernando Lúpiz, Roberto Carnaghi, Evelina Cabrera.
Cinema San Martín 12:10 - 14:20 - 16:30 - 18:40 - 20:55 - 23:15
jueves, 24 de mayo de 2018
Isla de Perros
En las redes sociales (o antisociales) circula un meme
muy popular que dice: Es viernes y tu cuerpo lo sabe. Podríamos parafrasearlo y
poner: Hay una nueva película de Wes Anderson y tu cinefilia lo sabe. De entre
toda la amplia oferta de estrenos que van de una historia muy anterior de Han
Solo, a una interlocutora de la Virgen María, pasando por hombres argentinos
puestos a prueba y adorables alienígenas que le cambian la vida a un chico
solitario, los Andersianos sabemos qué veremos primero (y segundo y tercero) en
este fin de semana largo: Isla de perros.
Los Andersianos somos una banda amable, aunque si
alguien nos pregunta ¿cuál era Wes Anderson?, no nos dignamos responder,
nuestro ocasional interlocutor no merece pertenecer a la banda. Wes Anderson
lleva más de 20 años (22 para ser precisos) dando películas en el circuito
comercial, de modo que quien nos pregunta ya visto más de un Anderson y si no
le ha alcanzado para convertirse en un Andersoniano, nuestra prédica es inútil
y hasta redundante.
Anderson tiene una manera única de contar y hacer
imágenes (es tan peculiar que bastan un par de fotogramas para que cualquiera
levante el dedo y señale con un es un Anderson). No he visto esta todavía,
cuento las horas para hacerlo, y ya la recomiendo. No porque venga procedida de
elogios prodigados por los que la vieron (hasta sus detractores la celebran)
sino porque no hay Anderson que no merezca ser visto (del mismo modo que no hay
Bergman, Kurosawa, De Sica, Truffaut, Fosse, o el maestro que sigas, que no
merezca ser visto). Ojo, siempre se puede ser un Andersoniano, eso sí, no
esperes que te convenzamos. El amor es como la fe, da envidia tenerlo, pero no
es contagioso, se da o no se da.
Gustavo Monteros
jueves, 17 de mayo de 2018
Lady Macbeth
Versión muy libre de la clásica novela rusa de Nikolai Leskov, Lady Macbeth de Mtsensk (que llegó a ser ópera de Dimitri Shostakóvich). Dirige William Oldroyd, director teatral en su debut en el largometraje. La protagoniza Florence Pugh, acompañada por Cosmo Jarvis, Paul Hilton, Naomi Ackie, Christopher Fairbank, Golda Rosheuvel y Anton Palmer como el pequeño Teddy. Es muy recomendable, eso sí tiene un par de escenas fuertes pare espíritus sensibles, porque como su título lo indica la chica en algún momento llega al asesinato.
Gustavo Monteros
Gustavo Monteros
jueves, 10 de mayo de 2018
El amante doble
François Ozon es uno de los grandes favoritos de los
distribuidores locales, hemos visto casi todos sus títulos estrenados en los
cines. No es de extrañar, es impredecible (salta de un género a otro), es
arriesgado (juega siempre con temas que bordean lo escandaloso), elegante (su
cine es agradable hasta cuando no lo es) y prolífico (se mueve casi a un título
por año, la prodigalidad crea hábito y dependencia, lo que acrecienta lo
económico). Tiene ambiciones de “autor” y no te hace quedar mal cuando invitas
a “la última de”… Hasta ahora.
Nobleza obliga, vi su film el día en que nos comunicaron
que volvíamos a la tutela del FMI, algo que el que tiene memoria no puede
soslayar, incorporar y manejar, así como así, ya que casi todas las cosas que
pudieron ser regulares, fueron horribles por su designio y consejo. A lo que
voy es que la realidad me llevaba una y otra vez a los recuerdos de una
realidad nefasta, y se necesitaba una narración no tan apegada a la frialdad, a
la estética, a la cinefilia para abstraerme.
El amante
doble juega con unas cuantas fantasías como la de acostarse
con el psicoterapeuta o experimentar el sexo con gemelos. Como todo,
absolutamente todo en Ozon remite a la cinefilia, la frialdad deriva de
Chabrol, ¿dijimos mellizos?, volvamos a los mellizos de Cronenberg, los de su Dead Ringers/Pacto de amor corporizados
por seductora sinuosidad por el inmenso Jeremy Irons, y la anécdota surge de la
siempre rendidora premisa de preguntarnos qué filmaría Hitchcok en la
actualidad de ser eterno.
El problema es que habrá más espejos enfrentados que en
una vidriería, la historia tendrá más dobleces que el hojaldre, y tras el armado
del cuento al final, más que la supresión de la incredulidad se nos pide un
salto de fe, para desbrozar símbolos primero y compartir después el desenlace
de la terapia de la protagonista, que nos condujo con sustituciones y variantes
por el frágil laberinto de su mente. La pregunta del millón es si la situación
en la que se halla la protagonista interesa o no.
La cosa se inicia con una chica, Chloe (Marine Vacth,
descubierta por el mismísimo Ozon para Jeune
et jolie, aquí con un corte de pelo que la asemeja a la Juliette Binoche
incónica) que es invitada a hacer terapia porque su malestar de vientre no
obedece a ningún cuadro clínico y es probable que se trate de alguna
psicopatía, de allí que vaya a psicoanalizarse con Paul (Jérémie Renier) que
oculta un particular secreto, entonces…
Respecto a la pregunta hecha antes, en lo personal, no me
importaba mucho lo que le pasaba a la pobre Chloe, y me parecía que Ozon
recurría al sexo casi pornográfico y a audacias ginecológicas para
interesarnos. Procedimiento tan lícito como cualquier otro, siempre y cuando no
se le note tanto la hilacha como en este caso. Vacth y Renier muestran todos y
cada uno de sus lunares en los desfogues sexuales, y cerca del final, en
lamentablemente breve actuación reaparece Jacqueline Bisset y uno descubre que
fuimos muy injustos con ella, nunca la valoramos en plenitud, es una gran
actriz, claro, sin embargo es tan hermosa que siempre nos quedamos en su figura
escultural y en su rostro impar y no ahondamos en un talento actoral amplio y
flexible.
Ah, cerca del final, por las dudas nos estemos aburriendo
mucho, Ozon para acercarse al Cronenberg de Pacto
de amor apela a trucos de Grand Guignol, muy en consonancia con el Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott.
No sé, sin amenaza inminente del retorno al FMI quizá la
hubiera disfrutado más, pero no estoy seguro. Van por su cuenta y riesgo.
Gustavo Monteros
jueves, 3 de mayo de 2018
Yo soy Simón
Simón es adolescente y gay. O sea ha llegado el
momento en el que debe informarle al mundo su orientación sexual. Como es un
chico contemporáneo, por suerte ya no tiene “enclosetarse” como la opción más a
mano. Eso sí, aunque hayamos ido un par de pasos más allá en la permisibilidad
social, en la aceptación de las minorías, el mundo es heteronormativo y ser gay
y no morir en el intento sigue siendo todo un tema. Menos trágico que en los
cincuenta, como bien puede deducirse en la ganadora del Óscar de este año, esa
maravilla que es La forma del agua
del gran Guillermo del Toro, está bien, menos trágico, pero muy dramático al
fin.
Mientras Simón decide el cómo y el cuándo, otro
adolescente de su misma escuela da a conocer en una red social, bajo el seudónimo
Blue, que es gay, pero que no se anima a admitirlo públicamente. Simón
comenzará con Blue un intercambio de mails, que es el equivalente actual a la
vieja y querida relación epistolar. El intercambio ahonda el misterio, ¿quién
es Blue? Esta es la parte más interesante de la película, imaginar que todos
sus compañeros pueden ser el Blue en cuestión. Haberse quedado en esta
inquietud hubiera llegado a la exploración de las zonas grises, porque está la
asunción de la orientación sexual, pero existe también la voluntad de
exploración, de juego. Pero no se trata de una película indie experimental,
sino de una mainstream con un género en mente: la comedia romántica, de modo
que pasa a otro truco para progresar la acción: el chantaje. Simón se descuida
y deja abierto su correo en la sala de internet del colegio, entonces no
faltará quién lo mire y…
Yo soy Simón (Love, Simon en el original) de Greg Berlanti se impone a pesar de sus cortedades.
Se centra en una clase social acomodada predominantemente blanca, que juega a
la apertura hacia otras razas y clases, pero desde una asepsia, que todavía es
más declamada que incorporada. Esto hace que trama y personajes bordeen los de
un cuento de hadas, o la comedia romántica conservadora, tranquilizadora en sus
afirmaciones de que pueden que las formas cambien, pero todo sigue más o menos
igual. Sin embargo, como ya dijimos, a
pesar de esto, Yo soy Simón se sigue
con interés y empatía. Queremos que le vaya bien a Simón y a todos los demás,
porque como dice una tagline del afiche en inglés: “Todos nos merecemos una
gran historia de amor.”
Gustavo Monteros
Da la casualidad que en el mismo día en que publico esto, Página 12 incluye un artículo sobre salir del clóset en la clase media argentina, y como no hay que despreciar las casualidades, ahí va: https://www.pagina12.com.ar/112087-papa-quiero-contarte-que-soy-gay
jueves, 26 de abril de 2018
Las estrellas de cine nunca mueren
Una estrella de cine, en la acepción más clásica del
término, es un ser que más allá de su pulsante humanidad, ostenta
excepcionalidad de algún tipo, en general una belleza deslumbrante, un encanto
inexorable, una simpatía invencible o una fotogenia indeclinable, virtud o
virtudes agigantadas por la seducción de vivir en las sombras que son los
pliegues de ese sueño colectivo que es una película y por el misterio de la
creación de dichas sombras que parece haber descifrado el secreto del tiempo
porque ya son tan eternas como el amor y la desconfianza.
Gloria Grahame perteneció a esa estirpe exclusiva y
legendaria, a esa nobleza democrática abierta a todos y cerrada con los
elegidos, a ese hechizo perfumado que te destaca por sobre los demás y te aísla
en famas endebles, que son menos que nada, porque son pura ilusión y que se
ansían con más ahínco que las verdaderas, porque son sueño, quimera y
horizonte.
Gloria Grahame fue una auténtica estrella de cine, su
nombre no desata los ecos inmediatos de una Marilyn o de una Liza, para
mencionar solo dos que de nombre aparecen en esta película, no, exige una
módica cinefilia, módica porque si se fue co-estrella de Humphrey Bogart, no se
vive en el anonimato del despiste por mucho tiempo (In a lonely place, conocida tanto como En un lugar solitario como La
muerte en un beso, Nicholas Ray, 1950).
Es más, trabajó con directores notables en películas
muy recordadas: Frank Capra (It's a
wonderful life/¡Qué bello es vivir!, 1946), Edward Dmytryk (Crossfire/Encrucijada de odios, 1947),
Nicholas Ray (A woman's secret/El secreto
de una mujer, 1949), Nicholas Ray (In
a lonely place, 1950), Cecil B DeMille (The
greatest show on Earth/El espectáculo más grande del mundo, 1952), Josef
von Sternberg (Macao, 1952), Vincente
Minnelli (The bad and the
beautiful/Cautivos del mal, 1952), Elia Kazan (Man on a tightrope/Fugitivos del terror rojo/El circo fantasma,
1953), Fritz Lang (The big heat/Los
sobornados, 1953), Lewis Gilbert (The
good die young/Los Buenos mueren jóvenes, 1954), Fritz Lang (Human desire/La bestia humana, 1954),
Vincente Minnelli (The cobweb/La telaraña,
1955), Stanley Kramer (Not a stranger/No
serás un extraño, 1955), Fred Zinnemann (Oklahoma!, 1955), Ronald Neame (The
man who never was/El hombre que nunca existió, 1956), Robert Wise (Odds against tomorrow/Apuestas contra el
mañana, pero también como Reto al destino (¡?), 1959).
Su figura escultural y la salvaje belleza de su
rostro, como si un escultor lo hubiera dejado inconcluso, sin terminar de pulir
sus rasgos, hermosos por separado, pero que no terminan de amalgamarse en un
todo indisimulablemente armónico, la hicieron única para el noir, género que
prosperó en el cine de posguerra. Ganó un Óscar bajo las órdenes del gran
Vincente Minnelli en esa cruenta oda al cine de Hollywood que se llamó The bad and the beautiful en el original
y Cautivos del mal por aquí.
Las estrellas de cine nunca
mueren (Film stars don’t die in Liverpool, 2017)
de Paul McGuigan narra con sensibilidad y belleza el último romance de Gloria
con un joven actor Peter Turner (Jamie Bell en estado de gracia) al que conoció
mientras ennoblecía el oficio haciendo giras teatrales por el Reino Unido con Rain de Somerset Maugham o de El zoo de cristal de Tennessee Williams,
entre otras obras, y la dignidad con la que enfrentó las últimas instancias de
la enfermedad terminal que habría que matarla, agonía que asumió en sus propios
términos con la misma caótica libertad con la que vivió. Es necesario destacar
que no solo Peter sucumbió al romance con una estrella de cine, si no toda su
familia, conmueve el cariño con que su padre (Kenneth Cranham), su madre (Julie
Walters) y su hermano (Stephen Graham, casi irreconocible con su setentosa
melena) la tratan y respetan. Y no pasan para nada desapercibidas Vanessa
Redgrave o Frances Barber, como madre y hermana de Gloria, respectivamente. Y
es entrañable la amiga de Peter que hace Leanne Best.
Y si Gloria Grahame fue realeza hollywoodense, se
necesitaba una reina cinematográfica para encarnarla, y que mejor que la
exquisita Annette Bening, que firma otra actuación antológica, inolvidable por
añadidura. Y si bien Jamie Bell y Annette Bening obtuvieron nominaciones para
los BAFTA, la cosecha parece pobre ante la magnífica exhibición de sus
talentos, los robaron, bah, en la temporada de premios.
Y hago mías las palabras finales que le tributa el
personaje de Julie Walters: May the Lord
protect you, Gloria Grahame (Que el Señor te proteja, Gloria Grahame).
Gustavo Monteros
jueves, 19 de abril de 2018
Madame
Madame de Amanda Sthers arranca como una comedia social de costumbres y se
despeña de a poco a la comedia romántica.
La cosa es así, la
madame del título es Anne Fredericks (Toni Collette) una ricachona egoísta y
snob como pocas, que dará una exclusiva cena para 12 en su palacete de París.
Está casada con un hombre que le lleva unos cuantos años, Bob (Harvey Keitel) y
que está dispuesto a hacer lo que sea para que tenga una vida sin privaciones
de ninguna clase, por eso venderá incluso un Caravaggio que está en su familia
desde siempre. La venta se hará a través de un amigo marchante, David Morgan
(Michael Smiley) y el comprador es Antoine Bernard (Stanislav Merhar) que
aunque está casado con la bella Hélène (Violaine Gilibert) , mantiene con Anne una relación
extramatrimonial. El proyecto de la cena se desbarata por la súbita llegada del
primogénito de Bob, Steven (Tom Hughes), vástago de un matrimonio anterior de
Bob y que no simpatiza para nada con Anne, los comensales ya no son 12 y pasan a la
fatídica suma de 13, y como la hora se viene encima no queda más remedio que
sentar a la mesa a María (Rossy de Palma) mezcla rara de mucama, niñera y secretaria
de Anne. María, que pasa por una misteriosa aristócrata española, provocará la
curiosidad de David, a quien no se quiere sacar del error hasta que la venta
del Caravaggio se consume. Y entonces…
Madame es una película rara, no porque ostente cosas extrañas, sino porque
toma decisiones muy erradas y uno la sigue viendo. Toni Collette y Harvey
Keitel están miscast como nunca, no responden ni por asomo al tipo de personaje
que les dieron, pero defienden lo que les toca con gracia y esmero. La crítica
a las convenciones sociales de clase luce tibia, elemental y hasta obvia. Con las
réplicas hay que suponer que son brillantes, cuando en realidad son sosas y a
veces vergonzosas, como el supuesto chiste que involucra a HBO, que ya era malo
la primera vez y no obstante ¡se lo repite! Hay líneas de conflictos que se
abren para no cerrarse, como el amorío de Bob con su profesora de francés. Y si
bien Rossy de Palma da el rango del personaje que se le pide, no le escatiman
molestias, como cuando al principio la hacen ponerse una flor en la boca e
impostar un olé.
Madame tiene todo para ser desestimada como un bodrio hecho y derecho y sin
embargo se la ve con resignada simpatía. ¿Por qué? Por el arte de los actores.
Toni Collette, por ejemplo, puede que no sea la actriz ideal para corporizar
una snob inflexible, pero la acompaña el aura de personajes que amamos y le
agradecemos el convite. Puede que no sea el mejor festín que compartiremos con
ella, pero al menos no nos deja con hambre.
Gustavo Monteros
jueves, 12 de abril de 2018
La Cenicienta
No es difícil
comprender por qué el mito de la Cenicienta es tan popular, desde un esquimal
de pelo en pecho del delta del Yukón hasta una esbelta maorí de las Islas Cook
conocen la historia de la chica que perdió el zapato. Se considera a Charles
Perrault como su autor, aunque en realidad es su recopilador más famoso, puesto
que el cuento venía contándose casi desde el principio de los tiempos, habría
que ver si no se lo reconoce en los bisontes de la Cueva de Altamira.
A decir verdad tiene
todo para ser uno de los top best sellers de todos los tiempos: chica huérfana
a manos de una cruel madrasta y dos mezquinas hermanastras, un príncipe que da
un baile, un hada madrina de lo más oportuna, una noche de juega con plazo de
vencimiento, la pérdida del zapato en las escalinatas del palacio y la búsqueda
de la dueña que repara la injusticia sufrida y que se parece mucho a una noble
venganza.
El esquema esencial
del cuento (chica humilde que asciende socialmente por el matrimonio con un
burgués/aristócrata/millonario) vertebra miles de historias. En cine, de la
galera, sin profundizar demasiado en el tema, me vienen a la memoria dos
Cenicientas que tuvieron a Richard Gere como el príncipe: Reto al destino (An officer
and a gentleman, Taylor Hackford, 1982) y Mujer bonita (Pretty Woman,
Garry Marshall, 1990). En la primera Debra Winger era una proletaria rescatada
de la fábrica en la que trabajaba por el oficial reciente de reluciente traje
blanco y en la segunda Julia Roberts alcanzaba el estrellato al ser retirada de
la prostitución por un tiburón financiero.
En las luchas
contemporáneas del feminismo, el mito de Cenicienta suena un poco obsoleto,
pero los conservadurismos de toda laya mantienen vivos estos cuentos como
tapadera de la preservación de otros privilegios, es casi como si dijera: la
riqueza no es mala, siempre puede rescatarse una sirvientita sucia e
insignificante y convertirla en princesa.
Por todo lo dicho, no
es de extrañar tampoco que la Walt Disney Company decidiera revisitar el mito
esta vez con actores de carne y hueso y no con dibujos como lo hiciera en 1950.
A esta versión se dice que la dirige Kenneth Branagh, aunque es solo un
concertador, La Cenicienta es una
película que casi se dirige sola, porque poniéndonos borgeanos, nació para realizar
un destino, en este caso canalizar la historia y el estilo Disney.
Los verdaderos
intérpretes de la velada nos son los actores o el director, sino el director de
arte, Dante Ferreti y la diseñadora de vestuario, Sandy Powell, aquí ungidos
como los responsables directos de perpetrar el legado Disney. Y lo logran con
creces, el típico barroco Disney (más cercano a la estética Liberace que a la
de Luchino Visconti) refulge enceguecedor. Todo es dorado, brillante, los
campos siempre están en flor, los días jamás están nublados (solo llueve para
calmar la ansiedad post-baile de Cenicienta), siempre es primavera o verano (en
la última escena hay una sugerencia de nieve, pero es solo para darle más
encanto a una maqueta casi vaticana en su distribución arquitectónica.
Como corresponde a la
tradición Disney, la protagonista está un poco enajenada en su soledad y habla
con animales para paliarla. Aquí son unos ratoncitos tan limpios como
simpáticos y un ganso, que de ganso solo tiene la forma. A mí siempre me dan
como que están un poco del ácido estas princesas, ¡hablan con pajaritos o
ratoncitos!, que encima les resuelven problemas prácticos como coser, remendar,
cocinar o lavar platos. Ojalá fueran tan fáciles de asociar en la vida real.
La única innovación
significativa es la villana (en realidad es una consecuencia del éxito de Espejito, espejito (Mirror, mirror, Tarsem Singh, 2012) con Julia Roberts como la bruja
de una reformulada Blancanieves. Película espejo en realidad de otra de 2012
(en Hollywood, los proyectos vienen en tándem, algo así como “si yo hago
ravioles, ella hace ravioles”), Blancanieves
y el cazador (Snow White and the
Hunstman, Rupert Sanders, 2012) en la que la bruja era nada menos que
Charlize Theron, papel que repetiría en El
cazador y la reina del hielo (The
Huntsman: Winter’s War, Cedric Nicolas-Troyan, 2016). O sea la de poner a
una gran estrella en su luminosa madurez como villana. Aquí el honor le cabe a
Cate Blanchett, que sale bellísima y elegantísima en cada escena, nunca los
superlativos fueron más justos. Y como para que no todo sea pasar por
Maquillaje y Vestuario, los guionistas le dieron una justificación a su
personaje, ya no es solo mala por designio divino.
La otra
particularidad es extra-arte, Kenneth Branagh y Helena Bonham Carter (el Hada
Madrina) fueron pareja y parece que la separación no fue cruenta porque pueden
trabajar juntos. Para nosotros, los espectadores, es un beneficio, combinan
bien sus talentos, tanto en sus roles director-actriz como cuando solo son
compañeros de elenco. Y como Kenneth es muy amigo de sus amigos, en donde él
esté si hay un lugar para Derek Jacobi, allí estará Derek Jacobi (aquí es el
rey). Casi irreconocible, por culpa del peinado, como el Gran Duque está el
gran Stellan Skarsgård.
La Cenicienta puede verse en Netflix. Si tienen alguna curiosidad
con el catálogo Disney disponible en Netflix, no se dejen estar y véanla, ya
anunciaron su divorcio y en breve Disney tendrá su propia plataforma.
Gustavo Monteros
jueves, 5 de abril de 2018
Los úlitmos cinco años
The last five years / Los últimos cinco años es una película musical de 2014. Tiene letra y música
de Jason Robert Brown y guión y dirección de Richard LaGravanese. Lo
protagonizan Anna Kendrick y Jeremy Jordan. Puede verse en Netflix.
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