Por diversas razones, ninguna grave, gracias, no habrá crónicas esta semana. Mientras volvemos, los invito a ver este número de Oliver! (1968) de Carol Reed, en el que se evidencia que el delito es tan viejo como el hombre. No tiene subtítulos, lo siento, no conseguí una versión con ellos, pero no importa, la situación es muy clara.
jueves, 6 de noviembre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
El último amor
Si
el mundo fuera justo, Michael Caine sería declarado patrimonio cultural de la
humanidad, porque en esto de jugar a expresar emociones, grandezas y flaquezas
humanas, el hombre es único. De allí que uno se alegre cuando tiene un
personaje a desarrollar (como en este caso) y que uno se apene cuando está en
una historia que no lo merece (también como en este caso).
Último amor es
una de esas películas partidas, con una primera mitad buena apuntando a óptima
y una segunda tan mala que cae pésima.
El
Sr. Morgan (Caine, claro) es un norteamericano que deambula, como los tan de
moda zombis, por París (la ciudad luz siempre es un plus). Solo perdura hasta
que le llegue la hora de morir. La depresión que lo aqueja es muy comprensible
porque ha quedado viudo nada más ni nada menos que de Jane Alexander (que lo
ronda como un fantasma ya que cuando se recuerda a quien se ama, no hay muerte
vencedora). Un acto de gentileza en un bus le permite conocer a Pauline (la
luminosa Clémence Poésy). Entonces el
Sr. Morgan parece despertar a la vida otra vez. Todo nuestro interés y nuestra
simpatía están con él. Hacemos mal porque la historia tiene otros derroteros,
más crasos y vulgares. Para colmo de males la aparición de los hijos del Sr.
Morgan, un antipático Justin Kirk y una algo sobreactuada Gillian Anderson
termina por empeorar la cosa y mandarla bien al carajo.
Dirigió
con poco tino esta vez Sandra Nettelbeck que en el 2001 nos regalara ese banquete
que fue Deliciosa Martha sobre
aquella chef alemana muy particular (Martina Gedeck) que de repente tenía que
hacerse cargo de la sobrina, una chiquita de ocho años muy terca, mientras se
sentía amenazada por la llegada de un nuevo cocinero italiano (Sergio
Castellitto). Film que no mereció la horrible remake que le propinó Hollywood
con Catherine Zeta-Jones y Aaron Eckhart rebautizada Sin reservas. Si pueden vean o revean el primero y huyan mucho del
segundo.
Y en cuanto a este Último amor, no huyan demasiado, más que nada por Michael Caine,
que vuelve visible hasta el bodrio más atroz. Aquí tiene un par de escenitas
antológicas, con las que es imposible no conmoverse o sonreír, a pesar del
dudoso acento norteamericano que intenta. Pequeña imperfección que ratifica su
genio.
Un abrazo, Gustavo Monteros
¿Solo amigos?

Toparse
con una buena comedia romántica es más difícil que hallar el amor verdadero.
Por cada Cuando Harry conoció a Sally
o Un lugar llamado Notting Hill nos
tropezamos con cientos de intentos fallidos con los que nos aburrimos y
dormimos por más entusiasmo que les pongamos. ¿Solo amigos? de Michael Dowse no sé si está a la altura de los
clásicos mencionados, pero al menos está lejos de avergonzar al género.
Como
Harry y Sally, Wallace (Daniel Harry Potter Radcliffe) y Chantry (Zoe Kazan que
fuera la deliciosa Ruby Sparks)
comienzan como amigos. La dificultad para pasar a mayores radica en que ella
está en pareja (¿ideal?) con Ben (Rafe Spall). El amor está, claro, más cerca
de lo que imaginan, aunque como en la vida real reconocerlo y aceptarlo se
vuelve una aventura o una desventura. Los personajes son sólidos, las
situaciones están bien armadas y el conflicto central, si bien suena
adolescente, se sostiene y genera el apropiado suspenso sobre si la cosa
terminará en boda o en despedida final.
Radcliffe
y Kazan, por separado, son la mar de simpáticos, tanto que corremos el riesgo
de ahogarnos, de ahí que no sé si tienen mucha química entre ellos. Radcliffe
como galán todavía no ha aprendido la lección de los maestros Hugh Grant y
Colin Farrell, amar a las coprotagonistas por más que ellas no retribuyan
tamaña molestia. No importará a la larga y se estará siempre sobre terreno
seguro, porque pueden que no enamoren a la damita joven que les toque enfrente,
pero enamorarán al público que es el que paga, pierde el tiempo y pone la fe en
que lo entretengan un rato. Otro maestro anterior, el gran Cary Grant, hizo
carrera perdurable e incluso hoy no se lo olvida, amando a mansalva. Ser galán
es algo más que tener la tener la suerte de la buena prestancia y la seducción.
Los ganadores de la pantalla tienen que aprender lo que los perdedores de abajo
sabemos, para que sea factible que la chica se quede, hay que trabajar más que
el obrero del monumento al trabajo. Radcliffe lo tiene al alcance de la mano, y
cuenta además con la ventaja de su pasado de mago, así que ojalá lo comprenda y
obre en consecuencia.
En
realidad, lo único que me molestó, y mucho, de esta película es que todos los
personajes hablaran del mismo modo y tuvieran el mismo sentido del humor, una
mezcla de disparates con alusiones sexuales continuas. Puede que se quisiera
dar la idea de un grupo etario con un código en común, pero ¿y el jefe de
Radcliffe? Él sin duda no pertenece a dicho grupo y sin embargo habla igual. No
es que pretenda que los guionistas sean expertos en distintos registros de
habla, pero que todos, absolutamente todos, hablen en un estilo tan singular me
parece un error grosero.
En resumen, una comedia simpática con grandes posibilidades de convertirse con el tiempo en entrañable.
Un abrazo, Gustavo Monteros
jueves, 23 de octubre de 2014
Polvo de estrellas
Hay directores
con los que uno dialoga poco o nada. O solo esporádicamente. Es mi caso con
David Cronenberg. Salvo su Historia de
violencia, película que aprecio, que figura entre mis favoritas y que de
tanto en tanto no me molesta para nada revisitar, el resto de su filmografía me
tiene sin cuidado. De sus últimas películas, más allá de sus correcciones
formales, Un método peligroso me dejó
afuera y a Cosmópolis no terminé de
verla, el aburrimiento pudo más y me retiré del cine porque creí que roncaba. A
Polvo de estrellas la vi hasta el
final, fue mi acto de amor hacia Julianne Moore, que ganó el premio a la mejor
actriz de Cannes de este año por esta película. Pero ¿qué dicen los que sí
dialogan con Cronenberg?
“Hay cuerpos lastimados, con heridas de las visibles y
de las otras. Hay personajes certificadamente inestables y otros que, sin
certificado, igual podrían concursar para el premio de desequilibrado del año.
Hay familias disfuncionales que con sus retorcimientos renuevan y refrescan el
concepto hasta darle nuevas y perversas declinaciones. Hay fantasmas, tramas en
espejo y un poema -"Libertad", de Paul Eluard- que funciona como
leitmotiv de varios de los personajes y del desarrollo de la narración. Hay
tantas cosas en Polvo de estrellas y todas ellas son reconocidas marcas de
autor de David Cronenberg, que esta vez llevó a Hollywood su festival de
sangre, dolor y heridas.”
Natalia
Trzenko
“A priori, no es la típica película que podría
esperarse del director de Una historia violenta, porque el humor vitriólico no
suele ser su estilo, aunque en muchas de sus películas haya bastante más de qué
reírse de lo que parece. Sin embargo, a poco de que se la piense, se diría que
antes que una comedia cáustica a la manera de Todd Solondz (como se la
encasilló apresuradamente en el Festival de Cannes), Maps to the Stars es
literalmente una película de monstruos, como quizá Cronenberg no hacía desde
Festín desnudo.”
Luciano
Monteagudo
“Casi como si se tratara de un neuropsiquiátrico a
cielo abierto, la capital de la industria cinematográfica sirve como marco para
que Cronenberg despliegue sus preocupaciones habituales. Claro que esta vez,
quizás por su afán -o el de su guionista, Bruce Wagner- de mantenerse actual y
en contexto, la historia coral carece del espesor de films como Pacto de
amor;eXistenZ, mundo virtual o Crash, extraños placeres, por citar un puñado de
obras en las que el sexo, el amor filial y la violencia son, como aquí, armas
de doble y triple filo que lastiman a todos los involucrados.”
Natalia
Trzenko
“Monstruos. Eso y no otra cosa son todos y cada uno de
los personajes que habitan el Hollywood de Polvo de estrellas. Empezando por
Havana Segrand, esa actriz famosa pero –a causa de su edad– en peligroso
proceso de olvido y declive, una suerte de Norma Desmond (el personaje de
Gloria Swanson en Sunset Boulevard) del siglo XXI, que interpreta sin red la
gran Julianne Moore, rodeada de cremas, almohadones y pastillas. Havana vive
tan recluida en su propio ego –más grande aun que su inmensa mansión– que
cuando gana el papel que anhelaba más que nada en el mundo, porque la actriz
original, de quien se dice su amiga, acaba de perder ahogado a su pequeño hijo,
ella no tiene otra reacción que ponerse a bailar feliz alrededor de su piscina,
seguramente idéntica a tantas en Hollywood y a la que causó la muerte del
chico.”
Luciano
Monteagudo
“Más allá de la transparente denuncia a los excesos de
la sociedad de consumo e información representada por Hollywood, la historia y
los personajes de Polvo de estrellas tienen vida, respiran, aunque sea un aire
más bien contaminado. Y ninguna más contaminada que la estrella en decadencia
que interpreta Julianne Moore, una patética y malvada actriz que entre masajes,
terapias alternativas y desesperados intentos de salvar su carrera, se cruzará
con Agatha, una misteriosa joven, aparente víctima de un incendio, que llega a
Los Angeles en busca de algo más que las mansiones de las estrellas.”
Natalia
Trzenko
“Como siempre en el cine de Cronenberg, sus planos
parecen cápsulas cerradas, compartimentos estancos, donde sus personajes
aparentan ser menos de carne y hueso que proyecciones malignas del
inconsciente. Y para ratificarlo, en Maps to the Stars hasta fantasmas hay,
filmados por el virtuoso fotógrafo Peter Suschitzky (operador habitual de
Cronenberg) como si hubiera utilizado como modelo esa luz enceguecedora de las
piscinas de Beverly Hills que pintó David Hockney, pero con esa estética tan
pop de Hollywood transfigurada por unas pinceladas góticas, tan oscuras como
las limusinas con vidrios polarizados detrás de los cuales se ocultan el miedo,
la codicia y la desesperación por la fama.”
Luciano
Monteagudo
Muy bien,
¿y a mí qué me pareció? Si he de ser sincero (y no veo porqué no debería serlo)
me resultó una película bastante tonta, pagada de sí misma, como demasiado
consciente de una importancia que no tiene, con escenas de mal gusto, como la
de Julianne Moore, tirándose pedos y después limpiándose el culo en el
mismísimo inodoro, puestas para escandalizar o choquear a los desprevenidos y
encantar a los adolescentes, mezcla rara de comedia desaforada con tragedia
griega pasada de incestos, un auténtico bodrio cinco estrellas, bah.
En
resumen, depende de donde usted se ponga, puede pasarla muy bien disfrutando el
nuevo opus de un director importante o no vaya, que para las cosas del inodoro,
mejor quedarse en casa.
Gustavo Monteros
jueves, 16 de octubre de 2014
La esposa prometida
Ya
que podemos serlo, seamos categóricos por una vez. La esposa prometida es sin lugar a dudas la película socio-antropológica
más interesante del año. Se sitúa en un ámbito que nunca suele verse por
dentro.
Rama
Burshtein, su autora y directora, nació en Nueva York en 1967 y se formó en
Jerusalén. Hasta ahora sus obras, que excluyen el debate religioso-secular,
fueron dirigidas al público femenino de la comunidad jasídica ultraortodoxa a
la que pertenece. La esposa prometida
es la primera película sobre el mundo jasídico que se distribuye
internacionalmente.
Shira
de 18 años anhelaba casarse como lo dicta la norma de su entorno: en un
casamiento arreglado por sus padres con un joven igualmente inexperto. Una
imprevista tragedia la obliga a reformularse ese sueño. ¿Debe acaso
sacrificarse por el bienestar familiar?
Por
supuesto, chicas que deben elegir o aceptar marido en un confín rigurosamente
demarcado y reglado remite al instante a las novelas de Jane Austen.
Comparación que Rama Burshtein encuentra válida y pertinente porque la Austen
estuvo entre sus referencias para este film. Como en Emma u Orgullo y Prejuicio,
por ejemplo, opciones sociales, no tan restrictivas, que consideramos lógicas
están vedadas. No hay aquí voluntad de cambio o superación. Los personajes
habitan un espacio que los contiene y los conforma. Más de una vez, desde
nuestra formación cultural, el modo en el que se desenvuelven nos parece
constreñido. No lo es para ellos, este relato devela que hay alternativas y
hasta un hálito de libertad en el ceñimiento a los condicionamientos rígidos.
Al reflejar
un mundo tan cerrado, Rama Burshtein no puede evitar que lo que cuenta resulte
por momentos asfixiante o un poco mafioso. No es intencional, claro, es solo una
consecuencia natural del hábitat circunscripto y de los usos y costumbres
retratados.
Como
siempre la empatía depende de los actores, y Rama Burshtein cuenta con un
elenco notable en el que descuella Hadas Yaron como Shira, rol con el que alzó
el premio a la mejor actriz del Festival de Venecia de 2012.
En resumen,
una visita a un territorio que nos es ajeno a través de una historia que nos va
ganando lentamente y que llega a un final tan diáfano como misterioso (si ven
el film, comprobarán que la contradicción no es tal).
Gustavo Monteros
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